Ser preso de la maldad que vive en nuestro ser, nuestro corazón se siente desdichado, ser preso del orgullo que impera en nuestro diario vivir, ser preso de las malas palabras que dañan el corazón y hieren sentimientos.

Ser preso de la pornografía, ser preso del sexo ilícito, ser preso del robo, ser pero de las mentiras que nos atañen día a día, todos somos presos de lo malo que hay en nuestro corazón…y deseamos con todos nuestros deseos ser libres.

La libertad la vemos lejos, vemos mas cerca lo que esta a nuestro derredor que no es nada bueno por cierto, vemos personas odiándose por cosas sin sentido, vemos personas que riñen por situaciones que tienen solución, pero somos presos.

El orgullo que hay en nuestros corazones nos cautiva, nos daña, no podemos caminar libremente, porque vivimos de una mala manera, debemos de abrir los ojos y ver las cosas de una manera diferente, debemos abrir los ojos y ver lo bueno que tenemos delante de nuestra vista.

Somos libres del pecado, somos libre de la  vanagloria, porque Dios ya pago el precio, Dios murió por ti y por mi, y gracias a esa maravillosa muerte fuimos levantados y hechos nuevas personas, nuevas criaturas que vamos como la luz de la aurora, perfeccionándonos día a día.

La libertad que podemos gozar y que tu puedes gozar, solamente Dios te la da, es un regalo inmerecido, es un regalo único que Dios te ofrece y lo tienes a tu lado, solamente debes de escoger ser libre.

Hay dos maneras de vivir…una; siendo esclavo del pecado, siendo tu mismo en todas las cosas, y numero dos; siendo libre, dejando que Dios gobierne y guie tu vida a una mejoría maravillosa.

Tu tienes el derecho de escoger lo que mejor te parezca, nadie puede cambiar tu manera de pensar, Dios puede pero Dios te da la opción de escoger…tu escoges lo malo o lo bueno, ser libre o ser esclavo, la decisión esta en tus manos todos los días.

Juan 8:36 Así que, si el Hijo los hace libres, serán verdaderamente libres.