No hay mejor ejemplo que nuestro Señor Jesucristo, todos aquellos que pudieron ver a Dios encarnado, se maravillaban de lo bueno, lo amable, lo cariñoso que era con las personas necesitadas, siempre estaba allí para tenderle su mano al necesitado y al enfermo.

Si tuviéramos un minuto para poder hablar a solas con Jesús y poder estar frente a su presencia, ¿Qué le diríamos?… nos podrían venir miles de preguntas, miles de pensamientos e ideas de que preguntarle a Jesús. ¡Solo un minuto!

En un minuto podremos hacer muchas cosas, hablar por teléfono, hablar con nuestra esposa o esposo, nuestra novia o novio, en un minuto podríamos perder la vida, en un minuto podrán pasar varias cosas.

Hablar con Jesús es mas sencillo que vernos la mano y tomar el tiempo en el reloj, hablar con Dios no se necesita ver el reloj para medir los minutos, hablar con Jesús es más sencillo que hablar con nuestros amigos mas íntimos.

Para hablar con Jesús solo necesitamos… estar en nuestro cuarto, o ir caminado por la calle, ir manejando nuestro vehículo, mientras estamos con algún amigo, hablar con Jesús es muy sencillo, lo podemos hacer en cualquier instante, en cualquier momento.

Solo necesitamos olvidarnos por un momento de todo lo que nos rodea, de todo aquello que quita nuestra atención y que nos separa de ese momento tan especial que podemos tener con Dios, olvidarnos de nuestro entorno para agradecerle y decirle gracias por estar escuchando nuestra conversación.

Hablar con Dios es tan sencillo, que solo debemos expresar lo que sentimos, lo que necesitamos, lo que nos duele, lo que nos entristece, lo que nos alegra, lo que nos hace reír y llorar. Dios esta atento a nuestra plática, Dios nos oye sin importar el momento, la hora y el lugar no importa para Dios.

Solo quiere que hablemos con él, y le digamos lo que necesitamos… solo digámosle lo que sentimos en nuestro corazón y al final Dios contestará de la mejor manera a nuestra pequeña platica que tuvimos con el.

“Mira, la mano del Señor no es tan corta como para no poder salvar, ni su oídos tan sordos como para no oir” Isaías 59:1 (Versión Palabra de Dios para Todos).

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