“Entonces cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaro delante de todo el pueblo porque causa le había tocado, y como al instante había sido sanada” Lucas 8:47 (Versión Reina Valera 1909)

Puedo ver cerca de mi la mano de Dios, cuando estoy necesitado, cuando estoy pasando por el fuego de la tentación que abate mi alma y mi corazón, vienen a mi las lanzas y dardos del enemigo que aturden mi mente y mi corazón con pensamientos que me oprimen.

Recuerdo la que Dios fue clavado en aquella cruz que cargo por mi, él fue clavado en una cruz y muerto por mi culpa; Dios fue quien recibió esos latigazos que eran para mi, llevo aquella corona de espinas que lastimaban su cabeza y sangre brotaba de su frente.

Que remordimiento saber que ese que tenia que estar allí era yo y no él, ese cruel castigo debió ser pagado por mí, pero no seria capaz de estar allí, porque no tengo las fuerzas necesarias para soportar lo que Dios soporto por este pecador que merecía morir.

El solo pensar que yo fui el culpable que Cristo viniera a esta tierra a morir por mi, me llenó de culpa, me llena de tristeza mi corazón, al oír “y no fue necesario quebrar su huesos” Dios murió por mi y por ti… ¿y como le hemos pagado?… olvidándonos de Dios, olvidándonos de su sacrificio, olvidándonos de lo que él paso por nosotros.

Se que puedo venir a Dios y ser como aquella mujer que tocó su manto y quedó sana en el instante, “alguien me ha tocado, porque virtud ha salido de mí” se que puedo venir a Dios libremente y confesarle mi pecado, porque él vive, Dios se levantó de los muertos, y vive para siempre.

Tocar su manto me hará sano, me quitará el pecado que hay en mí, por su poder he sido liberado, por su poder he sido perdonado, “porque su sangre me limpia de toda maldad” esa seguridad de ser perdonado, de ser libre de mi pecado solo la puedo obtener si vengo a Dios y le confieso mi pecado.

“Si confesamos nuestros pecado, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecado, y limpiarnos de toda maldad” (Versión Reina Valera 1909) bendito amor que Dios nos ha dado, Dios desde el cielo al salvador mando a morir por mi, por ti murió, no despreciemos ese sacrificio que Dios hizo por mi y por ti.

Ven a Dios y toca ese maravilloso manto, perdón nos ofrece Dios, si tan solo venimos a él y confesamos que somos pecadores y obtendremos maravilloso perdón que Cristo nos ofrece.