Cuando se nos quedan viendo por la forma en que nos comportamos, nos ven por la forma en que estamos vestidos, en la forma en que podemos caminar, en la forma en que decimos algunas frases…siempre nos hallan “defectos”…no somos perfectos.

Cuando nos miran de una forma despectiva, haciéndonos inferiores a las demás personas…simplemente por se distintos a ellos, “todos somos diferentes, no hay uno solo idéntico”

Cuando nos juzgan por el tipo de zapatos que llevamos puestos, todos somos distintos uno de otros, todos somos diferentes, no hay uno solo…solamente debemos de aceptarnos tal como somos.

Cuando los demás nos ven raros o diferentes, debemos de darle gracias a Dios por habernos creado distintos, con debilidades que nos hacen fuertes de los demás, esas debilidades nos hacen fuertes, nos hacen ponernos a pensar en lo que debemos de cambiar.

Podemos llegar a sentirnos tristes porque nos ven diferentes… podemos llegar a pensar de que nadie nos quiere o no nos aceptar por ser diferentes en nuestra forma de pensar y de actuar, sobre todas las cosas, debo de quererme y aceptarme como Dios me ha creado.

Cuando los demás nos ven raros, debemos de fortalecernos en Aquel que nos da la fuerza necesaria para salir adelante en todos los problemas que tengamos, debemos de poner un poco de nuestra valentía y decirnos que “todo lo podemos hacer en Cristo que es nuestra única fortaleza”

Esas fuerzas que nos vienen cuando nos sentimos tristes, vienen de parte de Dios… él es quien nos da fuerzas y nos ayuda a salir adelante… mas debo de ser fuerte y salir adelante, debo de aceptarme con mis fortalezas y mis debilidades, pero debo de ponerlas en Dios.

Por cuanto soy débil soy fuerte en Dios. “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 2 Corintios 12:9 (Versión Reina Valera 1909)

Debo de reconocer que cuando soy débil… es cuando soy fuerte porque el amor de Cristo me fortalece, por tanto debo confiar en lo que Cristo ha dicho de mí, y no en lo que los demás han dicho de mí… “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa en nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” Tito 2:13 (Versión Reina Valera 1909)