Cuando vamos a la playa o los centros turísticos, vamos preparados para poder tener un buen rato de alegría, llevamos muchos implementos, porque sabemos que vamos a divertirnos y poder regresar tarde a la casa.

Desde muy temprano estamos preparando todas lo que necesitamos, para estar seguros que no olvidamos nada, absolutamente nada, especialmente si llevamos niños pequeños, debemos de asegurarnos de llevar un salva vidas para que pueda meterse a la piscina tranquilamente y no le pueda suceder nada malo.

Ahora adaptemos ese salva vidas a nuestra propia vida, siempre que nos vemos metidos en problemas, y no vemos ni encontramos la salida en ningún lado, buscamos nuestro salva vidas, pero solo lo buscamos cuando estamos en problemas, porque no tener o llevar puesto el salva vidas a todas partes que vallamos, sin importar si vamos cerca o lejos, o a la montaña, o a otro país, llevemos el salva vidas, quizás lo podamos necesitar y como lo llevamos puesto no hay necesidad de buscarlo.

Ese salva vidas que debemos de llevar a todas partes, no es físico, no lo podemos ver, no lo podemos tocar, no sabemos si esta delante o detrás de nosotros, pero si lo podemos sentir en nuestro corazón, en nuestra vida, vallamos donde vallamos va con nosotros, sin importar la distancia, el día o la hora que es, va con nosotros, es quien nos cuida, nos defiende, nos ayuda, ese salva vidas se llama Jesucristo.

Jesucristo es nuestro salva vidas, pero no un salva vidas temporal, no es de aquellos que solo hay que buscarlo cuando tenemos problemas, ¡claro que no! Hay que tenerlo todos los días de nuestra vida, Él nos ayuda, nos defiende, pero no lo busquemos cuando vemos las puertas cerradas, no hagamos eso, unos lo buscan en los problemas y de allí se olvidan de Dios, no seamos así, Dios nunca se olvida de nosotros, pues tampoco nos olvidemos de él, y busquémosle siempre, todos los días de nuestra vida y nos irá bien en todo lo que hagamos.

1 JUAN 5:20 Sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al Dios verdadero. Vivimos unidos al que es verdadero, es decir, a su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna.

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