“No es de ningún modo, vergonzoso confiar en Dios; por el contrario, es algo honroso para los hombres confiar en Él, que es fiel y verdadero, y si por ello tienen que sufrir, lo hará con gozo. Apréstese, pues, con un valor santo, usted está aprendiendo, por medio de la gracia, a vivir descansando, por fe, en la promesa de Dios” Charles Spurgeon

Ser hijo de la promesa como Isaac e Ismael, uno dado por Dios a sus padres en avanzada edad, otro nacido de la egipcia, una lucha incesante entre ellos, hermanos del mismo padre pero con una gran diferencia.

Uno de la esclava y otro de la libre, uno dado por Dios para una promesa maravillosa y otro nacido para ser fuerte y con una conducta envidiosa. Ambos creados por Dios para enseñarnos a comportarnos y ser fieles a Dios.

Uno fiel y dedicado a Dios para serle fiel, para servir a Dios en cuerpo, alma y espíritu, mientras tanto el otro, dedicado a la rudeza, egoísta, dedicado solamente a alcanzar los tesoros de esta tierra, y uno de ellos a alcanzar los tesoros que no se ven y que están en el cielo, donde vive Dios.

Somos como la mayoría de las personas, que fuimos creados para poder servir y dar  Dios lo mejor de nuestras habilidades, pero muchas veces podemos ser como Isaac e Ismael, que andamos viendo lo que los demás hacen y como los demás actúan.

Debemos de ser nosotros mismos siempre, debemos ser fieles a Aquel que nos llamo y por quien estamos vivos en esta tierra llena de egoísmo, envidias, podemos ser como la fruta que es cortada del árbol, que al estar en la rama no se pudre, porque esta siendo alimentado, pero al ser cortada, su vida se va terminando poco a poco.

Así somos muchos de nosotros, que al ser separados de Dios nuestra vida se va terminando poco a poco, y si queremos permanecer  y ser siempre hijos de la Promesa de Dios debemos de permanecer en, y con Dios para todo la eternidad, vendrán problemas pero debemos de ser fuertes y no alejarnos de nuestro Dios.

Ser cristianos reales y verdaderos, no es solo el ir a la iglesia todos los días, sino que debemos de ser fieles, verdaderos y dar lo mejor de nosotros a Dios todos los días, y no olvidemos que siempre que estemos al lado de Dios debemos de agradecerle todo lo que Dios ha hecho en nuestra vida, nuestro caminar será bendecido para toda la vida.

El hombre viene a ser exactamente lo que son sus esperanzas. Si su esperanza descansa en la promesa de Dios, estará, o debiera de estar, bien su vida”

(Génesis 16, 17 y 18)