Querer a alguien muy especial, amarla con todas las fuerzas, tenerle respeto, extrañar y desear a veces que queremos estar a su lado para poder darle un abrazo con todo nuestro cariño y amor.

Soñar que estamos a su lado, que le vemos y poderla oír tan cerca de nosotros, sentir su corazón palpitar cuando estamos a su lado; poder tomarle la mano y decirle un Te Quiero con todas nuestras fuerzas.

Mas la distancia nos separa, la extrañamos de una forma tan especial que cada vez que hablamos con ella o con el, sentimos que lo tenemos muy cerca de nosotros, muy cerca de nuestro corazón, sentimos que podemos escuchar su voz cuando estamos pensando en la persona amada.

A través de la distancia aprendemos a amara a alguien con todas nuestras fuerzas, no le hemos visto personalmente, tan solo ver fotografías, escuchar su voz por teléfono cuando queremos saber como esta su día, si esta bien de salud, si todo le ha ido bien en lo que ha hecho, y decirle un Te Quiero que sale de lo mas profundo de nuestro corazón que sentimos lagrimas correr de nuestra mejía, porque la extrañamos, la apreciamos y deseamos estar a su lado y poder tocar su mejía y decirle

Te Quiero. Como podemos extrañar a alguien a quien no vemos, amarla, amarlo, quererlo, quererla, así fue el amor de Dios que envió a su Único Hijo a Salvarnos, solo que Dios ya nos conocía, Dios sabia como nos íbamos a llamar, como seriamos físicamente, en donde viviríamos, con quien nos casaríamos o que será de nuestra vida. Dios nos amó tanto que murió en una cruz por nosotros, siendo malos, Dios se dio por ti y por mi, si amamos a alguien, demostrémosle que la queremos, que la amamos con todas nuestras fuerzas con amor puro, amor que desciende del trono de Dios, que la respetamos y a pesar de la distancia solo la vemos a ella, solo la queremos a ella, y que ella ocupa un lugar muy especial en nuestro corazón, al lado de Dios, si Dios nos amó tanto…amemos a esa persona especial como Dios nos ama y nos amará.

Santiago 1:17 Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.