“Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, Y en sus mandamientos se deleita en gran manera” Salmos 112:2 (Versión Reina Valera 1909), con humildad, con sinceridad, con franqueza… debo reconocer ante Dios que mi vida y todo mi ser necesita de él siempre; debo aprender que dependeré de Jehová toda mi vida.

Mi sinceridad… mi humildad… mi franqueza… y un corazón disponible para estar delante de Dios para contarle todo lo que hay en mi ser, lagrimas podrán brotar de mis ojos en señal de arrepentimiento, y doblar mis rodillas para pedirle perdón a mi creador y Salvador.

“Bueno y recto es Jehová; Por tanto, él enseñara a los pecadores el camino” Salmos 25:8 (Versión Reina Valera 1909), el reconocer que soy pecador, y que mi vida iba camino a una muerte eterna donde nadie podía salvarme y brindarme una mano para ayudarme a salir del fango que rodeaba mi ser… entonces vino a mi mente…

“Pero los ojos del perverso fallarán (en encontrar consuelo), no encontraran vía de escape y su esperanza se volverá total decepción” Job 11:12 (Versión Traducción Kadosh Israelita Mesiánica de Estudio)

Entonces apareció ante mí el Hijo de Dios para liberarme, perdonarme, limpiar mis heridas y lavar mi corazón, mi mente de todos los malos pensamientos que inundaban mi ser y preparaban mi inminente derrota.

Mi llanto él enjugaba en sus brazos de amor, me decía a mi oído lo mucho que me quería, lo mucho que sufrió en esa cruz cuando murió por mi, cuando esa lanza atravesó su costado… que era para mi…

“Se humilló a sí mismo todavía más, haciéndose obediente hasta la muerte; ¡y muerte en la estaca como un criminal!” Filipenses 2:8 (Versión Traducción Kadosh Israelita Mesiánica de Estudio).

En esa Cruz, fui liberado… fui totalmente perdonado de toda maldad, gracias a la muerte de Cristo en la Cruz, la razón de mi vida debe ser agradecerle a Dios por ese sacrificio que hizo al dar a su Único Hijo por haber muerto por nosotros, pero aun mas agradecido cuando RESUCITÓ para interceder por mi ante Dios Padre y declararnos perdonados.

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y el ser humano: Cristo Jesús, que fue hecho hombre y se entregó a sí mismo en rescate por todos. 1 Timoteo 2: 5,6ª (Versión CST-IBS)