Cariño es ese sentimiento intenso, cálido, que te hierve en el fondo del pecho. Es un sentimiento limpio, inocente, que se desborda sin saber porqué ante determinadas personas.

A diferencia del amor, no exige fidelidad ni prendas, ni es posesivo, tampoco es carnal. El cariño es como la inspiración, lo sientes sin saber porque, cuando oyes su voz, cuando miras sus ojos, cuando lees sus cartas. Es claro y transparente como unas aguas vírgenes, mana del alma y se desborda por los ojos, por las manos, por las palabras.

Es muy parecido a la ternura, otro de los sentimientos que ennoblecen al hombre, pero esta es una sensación espontánea, un arranque del corazón, mientras que el otro, te une indisolublemente a esa persona con tanta fuerza como el verdadero amor.

¿Cómo diferenciar al uno del otro? El amor implica cariño, no puedes amar a alguien que no te inspire una inmensa ternura y un cariño profundo, pero este es caprichoso, no atiende a razones, ni pide correspondencia, se complace con su propia existencia como Narciso y es capaz de sobrevivir al tiempo y al espacio.

Es un sentimiento propio de corazones nobles y desinteresados, una de las flores que forman el ramillete de la felicidad.

El Señor te guiará siempre; te saciará en tierras resecas, y fortalecerá tus huesos. Serás como jardin bien regado, como manantial cuyas aguas no se agotan.

ISAIAS 58:11