Cuando somos jóvenes podemos hacer todo lo que queramos, las fuerzas nos sobran y somos incansables, tomamos decisiones que muchas veces son equivocadas y cuando vemos ya es demasiado tarde para podernos arrepentir de lo malo que hemos hecho.

Cuando estamos en la etapa de enamoramiento, nuestro cerebro anda por las nubes…y el corazón queda completamente desconectado, solo obedecemos a nuestros impulsos dejando atrás todo consejo de nuestros padres, amigos y familia y mucho peor aún dejamos atrás el consejo de Dios.

Algo así le sucedió a Sansón, era nazareo (dedicado a Dios desde el nacimiento)… era fuerte, era único, no había otro hombre en la tierra y no lo ha habido como sansón, hombre fuerte. Y hallando una quijada de asno fresca aún, extendió la mano y la tomó, y mató con ella a mil hombres. Jueces 15:15

Todo lo que le sucedió a Sansón fue por errores de el mismo, el estaba casado, pero se enamoro de Dalila, de una Filistea; que tenía prohibido entrar en parentela con el pueblo enemigo, pero a Sansón eso no le importo.

Viendo Dalila que el le había descubierto todo su corazón, envió a llamar a los principales de los filisteos, diciendo: Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón. Y los principales de los filisteos vinieron a ella, trayendo en su mano el dinero. Jueces 16:18

Nosotros en nuestra vida debemos de ser fieles a lo que Dios nos ha mandado a través de su Santa Palabra. No debemos de dar nuestro brazo a torcer y dejar que Dios sea quien nos guíe, así como Sansón que al final reconoció que solo en Dios podía ser fuerte.

Al final de la vida de Sansón termina sin ojos, pero le pide a Dios que le permita tener de nuevo su fuerza para poder terminar con el pueblo Filisteo que estaban celebrando una fiesta, Dios le concede esa petición, pero al mismo tiempo Sansón fallece.

Nosotros debemos de estar siempre al lado de Dios, confiando solo en él, y veremos como nuestra vida cambia. Para estar alegres y bendecidos siempre. Porque Dios lo que promete lo cumple.

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