“algunas personas han levantado paredes tan altas a su alrededor que nadie puede llegar a conocerlos en realidad” (Enriquezca su personalidad, Florence Littauer, editorial Unilit 1993).

Muchos de nosotros nunca permitimos que nos lleguen a conocer realmente como somos, porque tenemos miedo al “que dirán”…tenemos miedo a expresarnos y a decir lo que sentimos, simplemente porque imaginamos que nos harán a un lado.

Nos protegemos en nuestro caparazón donde nadie nos podrá lastimar, donde nadie nos podrá ver en nuestro fango lleno de tristeza y soledad que nosotros estamos creando día a día; la única manera de salir de ese caparazón que hemos creado es darnos a conocer como somos.

“Mas tu, Jehová, no te alejes; fortaleza mía, apresúrate a socorrerme” Salmo 22:19 (Versión Reina Valera 1909) en los problemas, en mis tristezas, en todo lo que este pasando debo recurrir a Dios, él es mi ayuda y mi fortaleza. Debo de estar confiando y descansando en Dios.

Debo reconocer cuales son mis debilidades y mis fortalezas, al conocer cual es mi debilidades entonces me haré fuerte en lo que me debilita… debo de conocerme completamente, debo de aceptar mis errores y aceptar los consejos de quienes me aprecian.

Mis debilidades (mis miedos),  me harán fijarme en lo que debo de cambiar, mis debilidades (mis tristezas) me harán saber en donde debo ser feliz y como debo llegar a buscar esa felicidad que tanto anhelo tener.

No debo dejar que mis problemas hagan de mi una persona triste que ya no tiene futuro, en mis problemas debo reconocer que “pero él me dijo: Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por lo tanto, gustosamente haré mas bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mi el poder de Cristo” 2 Corintios 12:9 (Versión Biblia al Día)

Al dejar que el poder de Cristo me perfeccione, y me lleve donde él me quiera llevar, entonces seré fuerte, aprenderé a confiar en la Palabra de Dios como mi Señor y Salvador… para que vengan delante de la presencia del Señor esos tiempos de descanso por parte del Señor (Hechos 3:19)

Al poner toda mi vida en las manos de Dios, al aprender a confiar en Dios, entonces tendré lo que tanto he anhelado, Dios me guiará por sendas de justicia y veré su resplandor en todo mi ser, mi corazón se alegrará porque en él estaré confiando.

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