Anhelamos que un día no muy lejano todo esto que vemos será destruido y seremos levantados a una nueva vida, una mejor vida en un lugar especialmente preparado para aquellos que han guardado y esperado a su Creador para estar a su lado.

Si en algún momento de tu vida te has topado o encontrado con alguien que te ha hecho esta pregunta… ¿Dónde vivirás después de morir?…tal vez tengas una respuesta o quizás no tengas respuesta a esa pregunta…

Ese gran día será como cuando una novia esta vestida de blanco esperando a quien será su esposo, nosotros somos esa iglesia pura y sin mancha que esta lista y dispuesta esperando a Aquel que murió por nosotros para vivir para siempre.

Esta tierra que habitamos ya no resiste mas, la hemos destruido, la hemos terminado, fue creada para poderla cuidar y mantener y tratarla bien, pero el pecado que hay y había en nuestros corazones hizo que la tierra se fuera destruyendo poco a poco, nosotros tenemos la culpa de eso… (Romanos 8:21-23)

Siempre han existido personas que nos han hablado del amor de Dios, de que Dios murió por nosotros y que Él siendo Dios vino a este mundo a morir por cada uno de nosotros, y hay muchas personas que hacen oídos sordos a esas frases, solamente buscan a Dios cuando están en dificultades, es su ¡Salvavidas!

Es tiempo en que reflexionemos un poco y veamos como estamos con Dios, como esta nuestra vida, y en donde pasaremos una eternidad, ya muchas personas nos han dejado, y sabemos donde están ahora, y otros quizás no queremos saber en donde se encuentran, porque conocíamos su estilo y forma de vida.

Algún día a nosotros nos tocará estar frente a Dios y allí veremos y conoceremos a Dios tal como Él es, será un acontecimiento maravilloso pero debemos de estar preparados para ese encuentro con nuestro Dios. (Hebreos 12:2)

Nuestro galardón será único, será especialmente para nosotros, pero debemos de ganarlo, no es una competencia…sino de ser Hijos de Dios. y de hacer la diferencia y de demostrar que Dios vive en nuestros corazones y en nuestras vidas. Que Dios hará el resto.

Solo estemos a cuenta, y preparémonos para vivir piadosamente y como Dios quiere, hagamos el bien pero más que todas las cosas, cuidemos nuestro corazón de todo lo malo, que tendremos nuestra recompensa.

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