El término Halloween es la transformación que sufrió la frase en inglés All Hallows Even: “Noche de Todos los Santos”, que se celebra la noche del 31 de octubre. Esta era la vigilia, la víspera o noche anterior al Día de Todos los Santos, 1 de noviembre, observado por la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Anglicana. El Papa Gregorio III (731-741) asignó esta fecha para celebrar la fiesta cuando él consagró una capilla a todos los santos en la basílica de San Pedro, en Roma. Gregorio IV extendió la fiesta a toda la iglesia en 834.

Los folkloristas creen que las costumbres populares de Halloween exhiben rasgos del festival romano de la cosecha, dedicado a Pomona (diosa romana de los frutos) y de la religión de los druidas, los sacerdotes celtas. Estas influencias se deducen del uso de nueces y manzanas como comidas tradicionales de Halloween, y de las figuras de brujas, gatos negros y esqueletos comúnmente asociados con la ocasión. En los países latinos la noche del 31 de octubre es sólo una ocasión religiosa, pero en Gran Bretaña, Irlanda y los Estados Unidos, las antiguas costumbres populares persisten juntamente con la celebración eclesiástica.

La evidencia de que Halloween refleja influencias del festival de Pomona es escasa, pero la festividad sí muestra claramente muchas conexiones con la religión de los druidas de la era precristiana de Irlanda y Escocia. El año celta terminaba el 31 de octubre en la noche de Samhain, el señor de la muerte, y era celebrada con ritos tanto religiosos como agrícolas. Era el tiempo para trillar los cereales y preparar los alimentos para la estación invernal. Para los druidas, la noche de Samhain era tanto “el fin del verano” como un festival para los muertos.

Los celtas creían que los espíritus de los difuntos regresaban a sus moradas terrenales y visitaban a sus parientes, buscando calor y ánimo al acercarse la época del frío intenso. Para ellos era muy común “recibir” a los muertos, quienes regresaban para convivir con los vivos. Creían también que las almas pecadoras de los muertos habían sido transferidas, durante el año anterior, a cuerpos de animales; y que a través de sacrificios y regalos, los pecados se podían expiar. Así, esas almas quedaban liberadas para reclamar un galardón celestial. Samhain juzgaba las almas y decretaba si su existencia podía continuar en un cuerpo humano o en el de un animal.

En la festividad de Samhain se practicaba la adivinación y los augurios para el nuevo año. Estas prácticas mágicas buscaban responder preguntas tales como quién moriría durante el siguiente año, la identidad de los futuros esposos y las posibilidades de buena fortuna.

Según la mitología celta, en Halloween Samhain provocaba a las huestes de los espíritus malignos, y era una ocasión cuando hadas, brujas, duendes, gatos negros y malos espíritus aterrorizaban a las gentes, raptaban infantes, destruían cosechas y mataban animales de granja. Por ello los druidas encendían grandes hogueras en la cima de las colinas para rechazarlos a todos. Las fogatas también guiaban a los espíritus de los difuntos a volver a casa. La ceremonia del fuego en Halloween persistió, particularmente en Escocia, hasta el siglo 19.

Hay pocas dudas de que la iglesia cristiana buscaba eliminar o sustituir el festival druida de los muertos, introduciendo la observancia alternativa del Día de Todos los Santos el 1 de noviembre. Esta fiesta fue establecida apara honrar a todos los santos, conocidos y desconocidos, pero no pudo desplazar la celebración pagana de Samhain. En 998 d. C., Odilo, abad del monasterio de Cluny, hizo otro esfuerzo para cristianizar la ocasión, por medio de instituir en todos los monasterios de su orden la festividad del Día de Todas las Ánimas, el 2 de noviembre. Esta celebración, cuyo fin era rogar por las almas que estaban en el purgatorio, tuvo algún éxito aunque incompleto, al neutralizar un tanto los ritos paganos antiguos.

A medida que el cristianismo se difundía gradualmente sobre Europa y las Islas Británicas, intentaba desplazar o suprimir los cultos paganos preexistentes, dedicados a la adoración de deidades tales como Apolo, Diana o Ymir. Aunque la Iglesia pudo destruir los templos y formas externas de adoración de estas religiones paganas, no pudo erradicar completamente la fe y las creencias de sus sacerdotes y adoradores. Durante la Edad Media éstos hallaron un escape en la brujería, que estaba dedicada a la adoración a Satanás. Este culto incluía reuniones periódicas, conocidas como “sábados de brujas,” en los que se entregaban a festejos y orgías. Uno de los más importantes de estos sábados se celebraba en Halloween. Se afirmaba que las brujas llegaban a estas fiestas volando sobre escobas, llevando gatos negros, sus constantes acompañantes. Historias de estos sábados son la fuente de buena parte del folklore de Halloween.

Para finales de la Edad Media, la celebración de All Hallows Even era una celebración bien establecida en el calendario anual de la Iglesia Católica Romana. Sin embargo, después de la Reforma Protestante en el siglo 16, los protestantes rechazaron ésta y otras celebraciones importantes como Navidad y la Pascua de Resurrección. Sin embargo, las costumbres populares de Halloween, de origen pagano, florecieron en Irlanda, Escocia, Gales, partes de Inglaterra y en localidades aisladas como las islas Orkney y Shetland. En estos lugares los habitantes encendían hogueras en las cimas de las colinas en la noche del 31 de octubre, y jugaban juegos de Halloween, tales como “pescar a mordidas” manzanas que flotaban en cubos de agua.

También se dedicaban a la adivinación por medio de arrancar hojas de repollo, poner piedras o nueces en el fuego, y lanzar un zapato sobre la casa. Tal adivinación ocurría aún en la entrada a la iglesia, lugar que se creía era especialmente confiable para averiguar eventos futuros.

Las travesuras y diabluras eran también comunes en Halloween en las áreas rurales de Irlanda y Gran Bretaña. Grupos de celebrantes iban de un lugar a otro y obstruían las puertas de las casas con carretas, cargaban con portones y arados, golpeaban en las ventanas, lanzaban verduras contra las puertas y cubrían chimeneas con lodo, de modo que el humo no pudiera escapar. En algunos lugares, las muchachas y los muchachos vestidos con ropas del sexo opuesto, y luciendo máscaras, visitaban las casas para hacerles bromas pesadas. Estas actividades generalmente se parecían a la conducta traviesa y perniciosa atribuida a las brujas, hadas y duendes. La costumbre actual de preguntar “¿Trick or treat?” ( “¿Una travesura o un regalo?” ), se parece a una antigua práctica irlandesa asociada con All Hallows Even, en la que grupos de campesinos iban de casa en casa, pidiendo comida y otros obsequios en preparación para las festividades de la noche. A los donadores generosos se les aseguraba la prosperidad y a los tacaños se les hacían amenazas. Estas contribuciones eran a menudo demandadas en nombre de Muck Olla, una antigua deidad druida; o de San Columbano Cille, monje cristiano quien predicó en Irlanda durante el siglo sexto.

Los inmigrantes de Gran Bretaña e Irlanda llevaron las costumbres seculares del Halloween a los Estados Unidos de América, pero el festival no llegó a ser popular en ese país sino hasta la segunda mitad del siglo 19. Talvez porque ya había sido popular durante mucho tiempo entre los irlandeses, quienes emigraron allí en grandes cantidades después de 1840. En cualquier caso, un cierto número de los símbolos tradicionales de Halloween y prácticas populares aparecieron en los Estados Unidos a fines del siglo 19. Entre éstos estaban la figura de la bruja, el gato negro, la cabeza de un muerto cortada en una calabaza, candelas, ‘pescar’ manzanas flotantes a mordidas, la costumbre de “trick or treat”, máscaras, fiestas y hacer diabluras. Aunque algunas iglesias celebraban Halloween con servicios religiosos, la mayoría de las personas la consideraban un festival secular, lo cual reflejaba la prevalente actitud protestante norteamericana hacia un buen número de festivales y días festivos de la Iglesia Católica.

Durante las últimas décadas del siglo diecinueve, las travesuras de Halloween llegaron a ser comunes en los Estados Unidos y a menudo descendían hasta el vandalismo. En las áreas rurales se obstruían los caminos atravesando cercas, se ponían carretones en el techo de los graneros, se arrancaban portones, se tumbaban letrinas y otras construcciones que estaban fuera de la casa, y se escondían animales de granja. En las ciudades y pueblos, los muebles de los vestíbulos eran colgados de los postes del teléfono, se volcaban los depósitos de basura, se abrían las llaves del agua y se enjabonaban las ventanas de las casas y tiendas. En algunas ciudades los entusiasmados celebrantes llenaban bolsas de tela con harina y las frotaban en la ropa de los que pasaban.

PARTE DE LA SIMBOLOGÍA POPULAR DURANTE

LA CELEBRACIÓN DE HALLOWEEN

Murciélagos y vampiros, calaveras, esqueletos, diablos, momias, calabazas, brujas volando en escobas, fantasmas, casas embrujadas, sombreros de brujas, lechuzas, gatos negros, niños disfrazados pidiendo golosinas de puerta en puerta: “trick or treat”, etc.

Todo lo grotesco, fantasmal, bizarro, espantoso y tenebroso de esta celebración, contrasta con lo que aconseja el apóstol Pablo: