¿SÁBADO O DOMINGO?

Por Carlos H. Marroquín Vélez

Cuando Jesús predijo los angustiosos días de la tribulación, no estaba hablando con los gentiles, sino con los judíos, quienes en ese tiempo futuro todavía estarán guardando la Ley y el sábado.

Mat. 24:20. “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado.”

Jesús todavía no había muerto y resucitado, y la costumbre de reunirse el primer día de la semana no había comenzado aún.

La comunidad judeo-cristiana de Jerusalén, que constituía la primera iglesia, continuó observando el sábado, al igual que las demás costumbres religiosas judías: la celebración de las fiestas, la asistencia al Templo a orar, orar en determinadas horas, etc. Esto lo vemos en los siguientes pasajes:

Hch. 2:1. “Cuando llegó el día de Pentecostés estaban todos unánimes juntos.”

Hch. 2:46.  “Perseveraban unánimes cada día en el Templo, y partiendo el pan en las casas comían juntos con alegría y sencillez de corazón.”

Hch. 3:1. “Pedro y Juan subían juntos al Templo a la hora novena, que era la de la oración.”

Hch. 10:9. “Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta.”

Pero, cuando la Iglesia fue creciendo en el número de convertidos gentiles, se hizo necesario realizar el Primer Concilio de la Iglesia, que se describe en Hch. 15.   Su fin era determinar si los nuevos creyentes gentiles debían cumplir los preceptos de ley ceremonial judía o no.  La resolución final de dicho Concilio, en la cual  no se incluye el guardar el sábado, fue la siguiente:

Hch. 15:28-29. “pues ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; si os guardáis de estas cosas, bien haréis.”

La Ley mosaica tenía tres aspectos: la ley ceremonial, la ley civil y la ley moral.  Los preceptos ceremoniales y civiles, que eran para Israel, no fueron impuestos a los gentiles. Los preceptos morales siguen en pie, pero el cristiano los cumple con la ayuda del Espíritu Santo que ha efectuado la regeneración en ellos.

En el precepto de trabajar seis días y reservar uno para descansar y adorar a Dios, los cristianos continuamos cumpliendo su aspecto moral y espiritual: dejar un día las labores cotidianas y dedicarlo a Dios nuestro Creador: adorarlo, meditar en Su Palabra, servirlo, y descansar para tener comunión con la familia y con los otros creyentes.  El aspecto ceremonial de guardar estrictamente el sábado, como hacían los judíos, ya ha pasado. Jesús dijo en Mar. 2:27, “El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo.”

Los cristianos nacidos de nuevo, guiados por el Espíritu Santo, en la libertad de la gracia y motivados por el trascendental y glorioso hecho de la  resurrección, dedican el domingo para cumplir el aspecto moral de la adoración, la comunión y el servicio.

Por ello, Pablo aconseja a los creyentes en Colosas que no hagan caso a las críticas por no guardar la Ley.

Col. 2:16. “Por tanto, nadie os critique en asuntos de comida o de bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o sábados.”

A los Romanos Pablo les aconseja no tener disensiones por diferencias de opinión en cuanto guardar un día u otro.

Rom. 14:5-6. “Uno hace diferencia entre día y día, mientras que otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido de lo que piensa. El que distingue un día de otro, lo hace para el Señor; y el que no distingue el día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y también da gracias a Dios.”

Sin cristiano, tiene dudas sinceras si debemos continuar guardando el sábado o estuvo bien la discreción de los apóstoles de moverlo al domingo, para conmemorar cada semana la resurrección del Señor, no es algo reprobable. Cualquier gente puede tener tales consideraciones, como ha ocurrido entre los Amigos respecto del bautismo con agua. Es legítimo discutir el asunto, hacer un estudio bíblico, atender a la conciencia y a la dirección de Dios, para escoger la convicción que nos parezca mejor, sin mayores distanciamientos.

Pero si la insistencia sobre guardar el sábado proviene de una secta, como la de los sabáticos, llamados también adventistas, el asunto no es sólo decidir entre si descansar el sábado o el domingo. Si el origen de estas dudas proviene del adventismo, se trata de un paquete de varias doctrinas que ellos tienen: guardar el sábado, no comer cerdo y otros animales inmundos, cumplir la Ley de Moisés (lo cual es una negación de Ef. 2:8-10, que nos afirma que la salvación es sólo por fe y no por obras), creer que entre la muerte física y la resurrección el alma no está consciente, una explicación de la expiación diferente que contiene una cierta desviación, fijar fechas fijas para la segunda venida de Cristo, y otras enseñanzas  que son diferentes a las que sostienen las iglesias evangélicas.

La resurrección ocurrió el primer día de la semana, según el relato de los cuatro evangelios:

Mat. 28:1. “Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro.”

Mrc. 16:2. “Muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, recién salido el sol.”

Luc. 24:1. “El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas.”

Juan 20:1. “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro, y vio quitada la piedra del sepulcro.”

A partir de entonces, los cristianos decidieron reunirse el primer día de la semana: el domingo, como el día de la resurrección de Jesucristo, el gran acontecimiento con el que el Padre mostró su aprobación al ministerio de su Hijo encarnado, que nos asegura su triunfo sobre la muerte, al ser primicias de los que durmieron, y que nos alimenta la esperanza de nuestra propia resurrección.

Celebrar el domingo es recordar el magno acontecimiento de la resurrección.

Desde entonces, la iglesia siguió cumpliendo el mandamiento de Éxodo 20: 8-10, “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios”.

En la dispensación de la Ley se celebraba el reposo del Padre después de la creación; en la dispensación de la gracia, celebramos el reposo que la creación caída y deteriorada por el pecado, tendrá por la culminación de la redención lograda por la resurrección de Jesús.

Antes se descansaba el último día de la semana después de los afanes de seis días de trabajo. Ahora comenzamos la semana inspirados en la esperanza de la resurrección.

En el Libro de los Hechos de los Apóstoles, se ve cómo los discípulos solían reunirse el primer día de la semana.

Hch. 20:7. “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo que tenía que salir al día siguiente, les enseñaba, y alargó el discurso hasta la medianoche”

I Cor. 16:2. “Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.”

Juan, el autor de Apocalipsis, recibió la revelación del futuro un primer día de la semana.

Apoc. 1:10. “Estando yo en el Espíritu en el día del Señor oí detrás de mí una gran voz, como de trompeta.”

A través de los siglos, Dios ha bendecido los servicios evangelísticos de los domingos por la noche, en los que miles se han convertido a Jesucristo.

Dios ha bendecido la escuela dominical, en la que millones han sido edificados durante los dos siglos de vida de esta institución.

Guardar el sábado o el domingo no agrega nada a nuestra espiritualidad, mucho menos a nuestra salvación. La salvación es sólo por recibir a Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador, creyendo en que Su sacrificio fue la expiación por los pecados de la humanidad.

Los cristianos deberíamos volver a la antigua práctica de dedicar todo el día domingo a reunirnos en la iglesia, a disfrutar la comunión con la familia, a asistir a eventos cristianos, a servir a Dios y al prójimo y a descansar.

El domingo de mayor relevancia debería ser el Domingo de Resurrección, porque ése día es el que le da significado a cada primer día de la semana.

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