EE.UU.- La decisión de Barack Obama de apoyar el matrimonio entre personas del mismo sexo va camino de convertirse en uno de los ejes del debate nacional sobre la campaña de reelección a la Casa Blanca. Sin andarse por las ramas, la revista Newsweek corona esta semana en su portada al que califica de «primer presidente homosexual», a la vez que se interroga sobre cómo un hombre que se considera a sí mismo cristiano se las va a arreglar para que su doctrina avance en una nación abrumadoramente creyente. Las primeras en explotar las contradicciones del mandatario han sido las congregaciones evangélicas, que no dejaron pasar las celebraciones religiosas del domingo para cargar contra lo que consideran un «pecado». El asunto es tan delicado que puede marcar un antes y un después entre un sector de las bases demócratas que lo apoyaron incondicionalmente hace cuatro años.

Obama temía esta reacción de los evangélicos, de ahí que horas después de hacer su histórico pronunciamiento mantuviera una conversación telefónica con ocho prominentes pastores del país para transmitirles que le había costado dar ese paso pero que, desde la óptica de los derechos de los ciudadanos, le parecía la mejor manera de proceder. Como era de esperar, la mayoría mostró su desapego con la idea dejando claro que les iba a resultar muy complicado apoyar su reelección ante sus fieles. Un análisis de The New York Times a la reacción general del país muestra que el posicionamiento de Obama no ha enfrentado particularmente a eclesiásticos y seculares sino más bien a las iglesias entre sí. Aunque son mayoría las que no lo digieren, congregaciones luteranas repartidas en diferentes Estados colgaron la bandera del arco iris gay para dar la bienvenida a los homosexuales que se acercaron a los oficios el domingo. La reverenda Susan Schneider dijo que los hombres y mujeres homosexuales estaban incluidos cuando Jesucristo mencionó en uno de sus mandamientos que se amaran los unos a los otros. No está claro hasta dónde va a afectar esta tormenta religiosa a los intereses de Obama de aquí a noviembre. Algunos líderes demócratas -en privado a favor de las uniones gays- temen una importante sangría de votos en algunos de los Estados considerados clave. Toda la vida la derecha estadounidense se ha beneficiado de las batallas donde la moral está en juego y por eso Mitt Romney tiene las de ganar en un debate que se antojaba imposible en el plano federal.

El aspirante republicano, atenazado por las dudas que genera su vinculación a la iglesia mormona, se ve sin embargo forzado en estos preciosos momentos a gastar lo mejor de su discurso en defender sus credenciales como creyente. Medios norteamericanos se preguntan cuánto tiempo más necesita el candidato para que lo vean de una vez como un cristiano de ley.

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