ESCRITO POR: Opal S. Reddin

Una mujer joven seria se acercó a su pastor antes del servicio el domingo por la mañana:

“Pastor, quiere orar por mí?” Él le preguntó si había algo que la preocupara en particular.

“Sí,” respondió ella, “necesito ser liberada de una maldición ancestral.”

“No,” le aseguró el pastor, “usted no tiene una maldición ancestral.”

“Pero, Pastor, usted no entiende,” continuó ella, “mi padre tenía un temperamento violento, y yo estoy también afectada por un mal temperamento.”

El Pastor le explicó que, aunque ella estaba reaccionando como lo había hecho su padre, se trataba de un comportamiento aprendido.               La enseñanzas acerca de la maldición ancestral no son escriturales.      Él le recordó que las explosiones de ira son algunas de las obras de la carne, y que el Espíritu Santo da poder para vencerlas (Gálatas 5:16, 20). La joven se sintió aliviada y feliz cuando conocer la verdad le dio libertad.

El poder de la influencia de los padres

Cuando consideramos la influencia de los padres, entendemos por qué algunos creen que pueden ser víctimas de maldiciones ancestrales.      Es difícil sobreestimar el poder del  ejemplo de los padres. La primera oportunidad de darle forma a un nuevo ser humano es un privilegio inestimable y una tremenda responsabilidad. Los padres pueden hacer de un hogar un lugar de felicidad y paz, o un vivo infierno.

La Palabra de Dios nos da tanto instrucciones como ejemplos. En el Antiguo Testamento, Dios mandó a Su pueblo que enseñara Su Palabra diligentemente a sus hijos (Deuteronomio 6:7-9). Pablo escribió,        “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).

A los padres se les da el principal liderazgo y responsabilidad. Dios dijo de Abraham, “Porque Yo sé que él mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino del Jehová” (Génesis 18:19).    Por el contrario, David fue “un hombre conforme el corazón de Dios,” pero demasiado ocupado y demasiado indulgente para disciplinar a sus hijos (1 Reyes 1:6). Él vivió para experimentar el amargo dolor de la muerte de un hijo rebelde. Solamente un padre amoroso puede sentir empatía con el lamento de David en 2 Samuel 18:33.

Las madres también ejercen una tremenda influencia. Pablo felicitaba a Timoteo por “la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice” (2 Timoteo 1:5). Por contraste, hubo una joven mujer que podía ser considerada bajo una maldición generacional, si tal cosa fuera posible. Su danza fue tan atractiva que su padrastro, Herodes el Tetrarca, le prometió cualquier cosa que ella deseara. Leemos los resultados trágicos: “Ella, instruida primero por su madre, dijo: ‘Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista.’ ”     Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre. (Mateo 14:8, 11).

La Diferencia entre Influencia y Maldición

Ya que el término maldición generacional no está en la Biblia, debemos determinar su significado por el uso literario. De acuerdo con el Diccionario Webster, una generación es sólo un paso en la línea de descendencia de un ancestro; la duración promedio de la vida entre el nacimiento de los padres  y el nacimiento de sus hijos.”  Una maldición es “una oración o invocación para que venga un daño o mal sobre uno; el mal que viene es en respuesta a la imprecación o retribución;           es clamar el poder divino o sobrenatural para enviar un dolor sobre alguien.”

Vemos fácilmente que un nuevo factor ha entrado en la ecuación cuando el término maldición es entendido. O Dios o Satanás ha sido invocado y de alguna manera está involucrado en daño o mal sobre la víctima. Los que estén bajo maldiciones generacionales nacerían ya destinados a cometer ciertos pecados, dominados por una fuerza más allá del control humano. Este es un área distinta de la mera influencia de los padres, que requeriría alguna clase de intervención de un poder más grande que la fuerza de la maldición. De este escenario que se propone ha venido la enseñanza concerniente a las maldiciones generacionales y el ministerio de romper esas maldiciones.

El Popular Atractivo de la Teoría de las Maldiciones Generacionales

Hay muchas razones para la popularidad del concepto de las maldiciones generacionales. Un concepto obvio es la renuencia de la mayoría de los humanos de reconocer su culpa por sus malas acciones. Las teorías psicológicas han convencido a muchas personas de que ellas no son realmente pecadoras, sino víctimas de la sociedad en general y de los padres en particular.

La mayoría de los que enseñan el concepto de las maldiciones generacionales también afirman que pueden romper dichas maldiciones para los que pasan al frente en sus reuniones. En una era en que todo es instantáneo, la promesa de una rápida transformación moral es muy  llamativa.

Si la enseñanza de las maldiciones generacionales es verdad, entonces cada creyente debería preocuparse en hacer que sus maldiciones sean rotas. Yo intento demostrar que eso no es verdad y por qué no es verdad. Cada doctrina debe soportar la prueba de la plomada de Dios. “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les  ha  amanecido” (Isaías 8:20).  La  Palabra  de  Dios  es  la  Verdad – inerrante, inmutable y absoluta (2 Timoteo 3:16-17). Examinaremos la teoría de la maldición generacional por medio de la Palabra.

¿ES ESCRITURAL LA TEORÍA DE LAS MALDICONES GENERACIONALES?

La mayoría de los maestros que enseñan sobre las maldiciones generacionales comienzan su base escritural con Éxodo 20:5, 6.       Para probar su punto, ellos consideran la iniquidad una categoría especial de transgresión. Dios dijo: “No te inclinarás a ellas, ni las honrarás (las imágenes); porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.”

¿Es la iniquidad un pecado excepcional?

Los defensores de las maldiciones generacionales arbitrariamente toman el término iniquidad como sinónimo de maldición generacional, implicando que la iniquidad es un pecado especial. Ellos creen que las personas pueden caer bajo una maldición por la cual ellos no son responsables, pues la han heredado. Los maestros de las maldiciones generacionales basan mucho de su argumento en el uso del término iniquidad, haciéndolo una clase especial de pecado. Ellos también enseñan que si una persona repetidamente comete un pecado, éste llega a ser una iniquidad que puede ser transmitida a través de su herencia consanguínea.

¿Es la iniquidad una categoría especial de pecado? No. Los lenguajes bíblicos tienen una cantidad de términos que expresan hacer lo malo, pero todos ellos significan pecado. El paralelismo y la repetición son rasgos comunes en las Escrituras: “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad” (Salmos 32:5); “Y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades” (Hebreos 10:17). Lucas 13:27 nos muestra que todos los pecadores son “obradores de iniquidad.” El hecho claro es que toda iniquidad es pecado y todo pecado es iniquidad.

Lo que dijo Dios en Éxodo 20:5-6.

Nadie debería ser desviado por la enseñanza de las maldiciones generacionales si pone cuidadosa atención a lo que Dios dijo.             (1) El término maldición no se halla allí. Dios estaba advirtiendo acerca de Su juicio sobre el pecado de la idolatría, el cual genera a otros pecados.                                                                                                             (2) Dios quería que Su pueblo supiera que una cultura idólatra tendría un impacto desastroso sobre su descendencia hasta la tercera y cuarta generación. La frase tercera y cuarta no debe ser un punto exacto donde  se detendrían los resultados del pecado, porque cada nueva generación comenzaría la cadena otra vez. Y – tome nota – el juicio caería solamente sobre los que odian a Dios.

Los que enseñan las maldiciones generacionales señalan que en el mismo versículo, Dios promete misericordia hasta mil generaciones de los que aman a Dios. Como Pablo escribió: “Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20).

¿Está maldita la línea consanguínea familiar?

Además de tratar de presentar la iniquidad como una clase especial de pecado, los que enseñan las maldiciones generacionales han asociado a la familia con ella, lo que ha dado como resultado una de sus frases claves: “iniquidad familiar.” Ellos afirman entonces que la iniquidad es transmitida a las personas a través de la sangre de la familia. Aquí hay hechos básicos acerca de las Escrituras para que usted realice un estudio adicional:

  1. 1. La única familia totalmente afectada por el pecado (iniquidad) es la familia humana. Por un hombre el pecado entró en el mundo   (Romanos 5:12). Como resultado del pecado de nuestros padres, todos los humanos hemos nacido con una naturaleza que está inclinada a pecar (Efesios 2:3).

  1. 2. Cada bebé es concebido con esta naturaleza pecaminosa inherente (Salmos 51:5), pero los niños no son responsables hasta que ellos personalmente cometen pecado (Romanos 5:13). Pablo describe cuándo se alcanza la edad en que ya se es responsable (Romanos 7:9).
  2. 3. La única línea de sangre que está involucrada con la naturaleza pecaminosa es la que desciende de Adán (Romanos 5:17-19) y Eva     (1 Timoteo 2:14). “Y de una sangre [Dios] ha hecho todo el linaje de los hombres” (Hechos 17:26).  La sangre humana puede transmitir enfermedades físicas, pero no puede llevar espíritus o iniquidades.    Una transfusión de sangre del más vil pecador no podría contaminar a nadie; igualmente, la sangre del santo más semejante a Cristo no podría hacer santa a otra persona.

  1. 4. Hay limpieza en la sangre del postrer Adán (1 Corintios 15:45).      Por Su sangre la Iglesia es comprada (Hechos 20:28), justificada (Romanos 5:9), y purificada (Hebreos 9:22).

¿Pasan maldiciones los espíritus familiares?

Muchos maestros de las maldiciones generacionales dicen que malos espíritus pueden ser transmitidos de los padres a los hijos. Al igual que la teoría de la herencia por medio de la sangre, ésta también es una enseñanza no escritural y peligrosa. Aunque los términos familia y familiar vienen de la misma raíz y están relacionados en significado,    el término espíritu familiar no está asociado en la Escritura con una familia humana. El espíritu se llama familiar porque una persona se ha hecho familiar con los malos espíritus, quienes le dan información que no podría saberse de otra manera. En el Antiguo Testamento Dios mandó que cualquiera:   “que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir” (Levítico 20:27). En el Nuevo Testamento, a los creyentes se les ha dado el poder de expulsar espíritus de los pecadores endemoniados que desean ser liberados de ellos (Marcos 16:17; Hechos 16:18).

¿Debe alguien renunciar a los pecados de sus ancestros?

Como un hijo de Dios, aquí y ahora yo rechazo y renuncio a todos los pecados de mis ancestros…  Yo cancelo toda obra demoníaca que me haya sido pasada de mis ancestros… Yo ahora mando que cada espíritu familiar que esté en o alrededor de mí, se vaya al abismo y permanezca allí hasta el Día del Juicio. 1

Hay tres errores en esta declaración:

1) Usted no posee los pecados de sus ancestros, de modo que usted no puede renunciar a ellos; usted sólo posee sus pecados (Jeremías 31:30).

2) Ningún demonio está en un hijo de Dios (1 Juan 4:4).

3) Dios no nos ha dado autoridad para enviar a los espíritus familiares al abismo; Jesús mismo envió a algunos a entrar en cerdos, pero no ir al abismo (Marcos 5:13).

¿Es una casa una generación?

Ya que la palabra casa (en griego, oikos) puede en algunos casos ser traducida “familia,” los que enseñan las maldiciones generacionales creen que el término en (Mateo 12:42-45) significa “generación.”       De acuerdo con ellos, la casa que es limpiada por Jesús puede describir a  una persona con una maldición generacional.

Sin embargo, los diccionarios griegos no dan lugar a ninguna definición  de oikos como se usa aquí. En el contexto, oikos significa el “corazón de una persona, un lugar de habitación ya sea para Jesús o para Satanás.” La frase “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre” (12:43), muestra que Jesús estaba hablando no de una familia,            ni tampoco de una generación, sino de un individuo. La única casa en peligro era una que estuviera vacía. La casa que está ocupada por Jesús no está en ningún peligro de ser ocupada por demonios.

La Teoría de las Uvas agrias y la dentera

Los israelitas tenían una muy bien desarrollada teoría acerca de las maldiciones generacionales.: “Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera” (Ezequiel 18:2; Jeremías 31:29). Algunos usan este dicho para explicar la maldición sobre los hijos. Dios, sin embargo, les dijo a sus profetas que dijeran a Israel que ya no lo usaran (Ezequiel 18:3, 4, 20). Jeremías escribió: “Cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera” (31:30).

Hemos discutido el poder de la influencia de los padres; de mayor magnitud es el poder del escogimiento individual que Dios ha dado a cada persona. Los primeros dos hijos tenían la misma herencia y el mismo legado. Uno llegó a ser el primer asesino y el otro el primer mártir de la fe (Génesis 4:8-16; Hebreos 11:4). Vemos este mismo principio en los reyes de Israel (2 Crónicas 28-35). El perverso Acaz fue el padre del piadoso Ezequías; su hijo y su nieto, Manasés y Amón, fueron idólatras, pero Josías, hijo de Amón, fue el líder un gran avivamiento en Israel.

En un mensaje titulado: “Son Verdad las Maldiciones Generacionales?” Eddi Gwin demostró el pensamiento falso que hay detrás de esta teoría. Sus palabras de sabiduría traen tanto un examen del corazón como consuelo: “Su entera línea de parentesco puede ser impía; ¿por qué es usted tan diferente? Porque usted escogió servir al Señor. Algunos de ustedes, padres piadosos, tienen hijos descarriados. No es culpa de ustedes. Ellos hicieron la elección.” 2

El libre albedrío o libre escogimiento es un misterio, sin embargo,       es una realidad. Respetamos la sabiduría de Dios al conferir este don a cada persona. Nunca debemos dejar de orar por los seres amados que  no son salvos, y nunca debemos excusar el cometer cosas malas llamándolo una maldición generacional.

¿QUIÉN PONE UNA MALDICIÓN?

Una pregunta que yo repetidas veces he hecho a los que creen en las maldiciones generacionales es ésta: “Si hay una maldición generacional, ¿quién puso la maldición? Muchos evaden la pregunta. Algunos dicen: “Los padres lo hicieron,” pero luego ellos se dan cuenta de que la Escritura nunca dice eso. Además, no hay base escritural para decir que Satanás pone una maldición (a pesar de todo el daño que él causa).

Finalmente, la respuesta es: Dios pone la maldición. Entonces yo pregunto: “¿Piensa que usted puede romper una maldición que Dios puso? La respuesta usual es: “No había pensado de ese modo antes.”

El hecho grandioso es que, es Dios quien en verdad ha maldecido el pecado y a los pecadores (Mateo 25:41). La maldición original de Génesis 3 afecta a cada ser humano y toda la creación (Romanos 8:19-23). Algunos ejemplos de maldiciones específicas puestas por Dios son: Caín (Génesis 4:11); todos los que maldijeran a Abraham y a su descendencia (Génesis 12:3); todos los israelitas que fueran culpables de los pecados enumerados en Deuteronomio 27, 28; los que robaran a Dios (Malaquías 3:9). Hay otras, pero ninguna es generacional.      Nadie puede romper una maldición puesta por Dios –excepto Él mismo. Él se deleita en romper las maldiciones tan pronto como la gente se vuelve a Él en arrepentimiento. Un excelente ejemplo es Nínive    (Jonás 3:10).

Uno de los más bellos ejemplos de la liberación efectuada por Dios es la de Ruth la moabita. Por causa del excepcional pecado de los moabitas, Dios los excluyó de la adoración en el Tabernáculo (Deuteronomio 23:3). Esto habría incluido a Ruth así como a su bisnieto, David. Cuando Ruth dijo: “Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios,” ella fue aceptada como una israelita (Ruth 1:16,17). Ella fue bendecida singularmente y colocada en el linaje de Jesucristo (Mateo 1:5).

El pueblo escogido de Dios debería haber tenido un mejor conocimiento para no haber usado la excusa de las maldiciones generacionales para los pecados. ¿Cómo pudieron ellos olvidar su historia registrada en Números 22-24? Cuando Balaam trató de maldecir al pueblo de Dios,   él no pudo hacerlo. Él tuvo que decirle al frustrado y furioso rey Balak: “¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo?… Dios no es hombre, para que mienta…  He aquí, he recibido orden de bendecir; él dio bendición, y no podré revocarla” (Números 23:8, 19, 20). Ser un creyente, aun un recién convertido, es ser bendecido, y toda maldición es revocada. Nadie puede bendecir a quien Dios ha maldecido, y nadie puede maldecir a quien Dios ha bendecido.

MISERICORDIA A MIL GENERACIONES

A Stanley Horton, un erudito y teólogo altamente respetado, se le preguntó: “¿Necesita un cristiano hacer algo en cuanto a una maldición generacional?” Él respondió:

La así llamada maldición generacional se refiere al Segundo Mandamiento… (Éxodo 20:4-6). La palabra odiar en hebreo es un participio que indica una acción característica, o continua. Así, los hijos, nietos y bisnietos que siguen odiando a Dios cosechan un efecto acumulativo de los juicios de Dios.

Por otro lado, los que se vuelven del odio a Dios y escogen amarlo, cosechan algo mucho mayor. Ellos llegan a ser parte de un linaje que cosecha los beneficios del amor de Dios derramado sobre mil generaciones de gente piadosa que los precedieron. Así que, los que aman a Dios no sufrirán ningún juicio o maldición por lo que sus padres o ancestros hicieron. 3

El salmista cantó: “Se acordó para siempre de su pacto; de la palabra que mandó para mil generaciones” (Salmos 105:8). Cada persona sobre la tierra puede reclamar esta gloriosa promesa de bendición simplemente por volverse de odiar a Dios a amarlo. El momento en que usted se vuelve a Él, usted llega a ser heredero de los beneficios de todos sus ancestros piadosos. Aun si usted tiene que ir todo el camino de regreso hasta Noé, usted tiene por lo menos un ancestro piadoso (Génesis 6:9), y él vivió hace menos de mil generaciones.

Las buenas nuevas del Evangelio son: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado de un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles” (Gálatas 3:13, 14). No necesitamos ni podemos agregar a la obra consumada en el Calvario. No hay maldición sobre aquellos que están en Cristo. Cuando usted se encuentre con gentes que hablen acerca de las maldiciones generacionales, dígales cómo recibir bendiciones generacionales.