La palabra “pecado” se encuentra cientos de veces tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamentos de la Biblia. La primera vez que se la menciona es en Génesis 4:7, donde se dice que estaba al acecho a la puerta del primer asesino del mundo, Caín; así la segunda referencia la encontramos en Génesis 15:8 donde causa la violenta destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra. Y la última referencia a la palabra “pecado” se la puede hallar en Apocalipsis 18:5, donde invoca a la ira total de un Dios encolerizado sobre los sistemas económicos y políticos de todo el orbe.

Dios odia el pecado, razón por la cual este es una asunto que produce la muerte del que cae en él. En la Biblia hay dos palabras en el Nuevo Testamento griego que definen el pecado:

A). HAMARTEMA (“Errar en el blanco”). Aquí el pecado puede ser contemplado como cualquier actitud humana errada o desviada de su correcta dirección.

B).   PARABASIS (“Traspasar una línea prohibida”).  Esta definición de lo que es pecado, ocurre cuando el hombre pasa deliberadamente o accidentalmente la línea de la Ley de Dios. En 1 Juan 3:4 encontramos esta definición con estas solemnes palabras: “Y todo aquel que comete pecado, infringe también la ley, pues el pecado es infracción de la ley.” También Hechos 1:25 y Santiago 2:11 hablan de esa INFRACCIÓN de la Ley de Dios.

El pecado es la carencia de conformidad con las leyes éticas de Dios. Es una transgresión a la ley divina o una disconformidad hacia esa ley. También se puede considerar pecado a cualquier cosa o acción que no expresa el carácter santo de Dios.

Origen del Pecado

La tradición cristiana sostiene que antes de la creación de nuestro planeta, y de las criaturas que habitan en ella, una criatura angelical poderosa llamada LUCERO o LUCIFER condujo una maléfica rebelión fracasada contra Dios y Su autoridad, e introdujo en el universo un elemento malvado desconocido hasta entonces llamado PECADO. LUCERO se convirtió en diabolos (“Diablo”), siendo así la fuente y el poder del pecado (Ver Ezequiel 28:11-19; Isaías 14:12-15; Lucas 10:18; 1 Juan 3:8; Apocalipsis 12:3-4.

El Pecado de Adán y Eva

Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: de todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de el comieres ciertamente morirás.” (Génesis 2:16-17). Pero en Génesis 3:6 leemos que Adán y su esposa pecaron al entrarles la codicia y el deseo de ser como Dios, conocedores del bien y del mal. Su pecado fue la desobediencia a la ley de Dios acerca de no comer del “fruto prohibido”. Por eso Pablo enseña que por causa de Adán todos los hombres mueren (Romanos 5:12).

Satanás propuso a los primeros padres a que siguieran su mismo camino de independencia de Dios. Esto significaba apartarse de Su voluntad y de Sus planes. La ambición, la codicia, y el orgullo impíos, desgraciaron a la primera pareja humana como a Satanás.

Dos Caminos de Vida

Un camino de vida es el de estar de acuerdo con la voluntad de Dios. Ese fue el deseo original de Dios para con el hombre. El otro camino consiste en rechazar y abandonar al Creador y rebelarse contra su voluntad y autoridad. Esta última filosofía es de inspiración diabólica, satánica, mortal, destructiva.

Jesús habló que hay dos caminos: Uno ancho, que conduce a la perdición; y el otro—angosto—que conduce a la vida (Mateo 6:13,14). Por cierto que el camino ancho representa a la vida sin restricciones, sin privaciones, sin leyes, sin prohibiciones, y sin Dios. En cambio, el camino angosto es el sendero de la renunciación, de la privación, de la negación del “EGO”, de la sujeción a Dios y a Sus leyes éticas. Pero Jesús es enfático al decir que la puerta y el camino angostos son los que conducen a la vida. En otras palabras, la vida de pecado es muerte (Leer Romanos 6:21), mas la vida santa equivale a la vida eterna en el reino de Cristo. Por eso Jesús dice: “De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.” (Lucas 18:29,30).

Todos Hemos pecado

No hay ningún hombre o mujer que pueda afirmar que nunca ha pecado, pues todos hemos ofendido a Dios con actos o pensamientos pecaminosos (Romanos 3: 9-18). Pero Dios quiere que el hombre sea perdonado de sus pecados pasados, y restituirlo a Su presencia. La Parábola del Hijo Pródigo es un buen ejemplo de ese deseo divino para con los pecadores (Lucas 15:11-32).

Jesús no vino a condenar sino a perdonar a los pecadores arrepentidos. Él tampoco condenó a la prostituta que fue descubierta en el acto mismo, sino que le dijo: “Ni yo te condeno; vete  y no peques más. (Juan 8:11). ¡Qué tal bondad del Señor hacia el pecador! Pero eso sí, ¡NO DEBE SEGUIR PECANDO!, pues su bondad se convertirá en severidad.

La Permanente Táctica Satánica

El Diablo (“La Serpiente”) sembró en la mente del hombre las semillas de la desconfianza y de la incredulidad. La intención de Satanás fue hacer caer a Adán como cabeza del pacto, sin embargo se dirigió a Eva, porque ella no era la cabeza y por lo tanto no tendría el mismo sentido de responsabilidad. Ella no había recibido el mandato directamente de Dios sino en forma indirecta, y en consecuencia, sería más susceptible al argumento diabólico y a la duda.

El procedimiento o táctica del Diablo es claro: Primero, siembra la semilla de la duda, al poner en discusión la buena intención de Dios y sugiriendo que Su mandato es un atropello a la libertad y a los derechos del hombre. Como la semilla ya tenía raíz, añade las semillas de la incredulidad y del orgullo, negando que la trasgresión a la ley divina tuviera que resultar necesariamente en la muerte. Además, afirma que comiendo del “árbol prohibido” se volverían como Dios. ¡El mismo deseo que tuvo LUCERO cuando cayó en pecado! (comparar Génesis 3:5 con Isaías 14:12-15). Así, las grandes esperanzas engendradas en Eva de ser una diosa con su esposo, la indujeron a mirar codiciosamente el “árbol prohibido” y sus frutos. Así la tentación dio como fruto el pecado, y éste la muerte de la primera pareja humana. Obviamente la tentación no es pecado, pero si lo es cuando obedecemos a la tentación y caemos por su seducción.

El diablo pinta al pecado como al bello, agradable, e inocuo. Claro, el pecado tiene sus sensaciones agradables al principio, pero después dará su fruto—¡La muerte! Satanás es un gran estratega, y un ser maquiavélico en extremo. El es el gran engañador y seductor. Él usa la Publicidad para propagar sus mentiras. Él le hace creer que tomar cierto tipo de licor, o cierta marca de cigarrillos lo convertirá en un “Dandy”, cuando en realidad usted se podrá convertir en un esclavo de vicios mortales.

El Diablo le seducirá a usted a ser un “hombre de mundo” y lo inducirá a la ambición desmedida o a la codicia. Él le dirá que para tener éxito en la vida, tendrá que ser un hombre atractivo a las mujeres, ostentar dinero, carros lujosos, ropa exclusiva, y cosas como éstas. También le dirá que “la vida es una sola” y que hay que “sacarle el jugo mientras que se pueda”. Le dirá que no hay Dios, sino sólo usted. Él lo ensoberbecerá haciéndole creer que usted es lo más importante del mundo, el más inteligente, el más sabio, el más bueno y justo de la tierra.

También el diablo le hará creer que usted no fue creado por nadie sino que vino por azar en el proceso de la evolución. Le hará creer que después de esta vida no hay otra, o en el mejor de los casos, que seguirá reencarnando en otros seres hasta llegar a ser perfecto. Él le dirá que no existe un cielo y un infierno; un premio y un castigo; que todo es relativo, y que no hay absolutos.

Hacer lo Bueno

Santiago escribió: “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” (4:17). Es claro que para no pecar hay que hacer el bien que Dios nos enseña a través de Su Palabra. “La ley de Dios es santa, justa y buena”, dijo Pablo (Romanos 7:12). Por tanto, ¡tenemos hacer como dice la ley de Dios! “Porque: El que quiere amar la vida y ver buenos días, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.” (1 Pedro 3:10-12). “Apártate del mal, y haz el bien, Y vivirás para siempre. Porque Jehová ama la rectitud, y no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados; mas la descendencia de los impíos será destruida” (Salmo 37:27-28). “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo qué darle.” (Proverbios 3:27,28). “El cual (Dios) pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que perseverando en bien hacer…” (Romanos 2:6,7). “Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos…que echen mano a la vida eterna.” (1 Timoteo 6:18,19).  “Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien.” (2 Tesalonicenses 3:13).

Hijos del Diablo

Jesús dijo a los fariseos hipócritas que lo querían matar: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.” (Juan 8:44). Y San Juan mismo escribe en su Epístola Primera: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.” (3:8).

Es claro que los pecadores impenitentes son hijos del diablo. Este ángel caído sugestiona a los hombres y los induce a la desobediencia a Dios. Eso ya lo explicamos arriba. Lo cierto es que los pecadores no saben que están siendo manipulados por el diablo mismo. Ellos están haciendo lo que el diablo les sugiere por los diferentes medios que él dispone. Por eso Santiago nos aconseja claramente: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (4:7). ¿Está usted dispuesto a someterse o rendirse a Dios para hacer lo que Él manda? ¡Es la única forma para que el diablo no lo manipule!.

¿Cree Usted que No Merece Ser Perdonado por Dios?

El diablo ha hecho creer a muchos pecadores que ya no tienen el perdón de Dios. Este maléfico ser es el “Acusador de los hermanos” (Apocalipsis 12:10), el que se presenta ante Dios para señalar a los pecadores. Pero aunque usted o cualquiera haya cometido horrendos pecados—¡Dios los perdonará y los olvidará! Mire usted lo que Dios dice a través de su vocero Isaías, el profeta: “Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” (Isaías 1:16-18). Y finalmente Jesús dijo: “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.” (Lucas 18:27).

Como puede ver, Dios está dispuesto a perdonarlo si es que usted decide arrepentirse de todo corazón de todos sus pecados. Usted deberá confesarlos a Dios declarando sus pecados con sus nombres, por ejemplo: Fornicación, adulterio, borrachera, homosexualidad, hurto, estafa, mentira, asesinato, idolatría, codicia, odio, envidia, etc. Pero primero usted tendrá que creer en el evangelio de Cristo, el cual lo motivará al arrepentimiento verdadero. Cuando uno oye el evangelio del Señor Jesucristo uno empieza a comprender cuán grande ha sido su impiedad y su vida mundana. Ello lo impulsará a usted a aceptar su pecado o pecados, arrepentirse, y finalmente bautizarse para pertenecer a la iglesia de Dios ( Leer Hechos 2:37-42). ¡Dios le bendiga en su decisión por Él!