En más de alguna ocasión hemos pasado horas haciendo un trámite, o haciendo fila en un supermercado, o en un banco. Y el tiempo no transcurre como nosotros quisiéramos, todo lo queremos instantáneamente; no queremos perder el tiempo en lo más mínimo, el dicho el “tiempo es oro”; queremos que sea realidad en nuestra vida.

            Nos falta tener un poco de paciencia y saber esperar el tiempo debido, por querer hacer todo rápido las cosas nos salen mal hechas, mediocremente; no buscamos la perfección sino la rapidez. En ésta época del avance tecnológico, donde todo está al alcance de nuestros dedos hace de nuestra vida más rápida, todo lo deseamos en el instante, y algunas veces debemos esperar. Debemos esperar sentados en una silla del corredor del hospital cuando visitamos a un familiar o un amigo, y la espera se nos hace tan agónica, por la misma ansiedad de vivir sin descansar tan solamente un minuto. Nuestro cuerpo necesita descanso, si no aprendemos a descansar, llegaremos al colapso físico y nervioso. Día tras día debo aprender a relajarme, aprender a ser paciente. Respirar lentamente y tomar asiento me ayuda a relajar mi mente y mi cuerpo, debo saber que no puedo ir tan rápido como quiero ir, todo no se puede hacer rápido. En ese ir y venir de nuestra vida, debo saber que tener paciencia me ayudará a tomar decisiones importantes, decisiones que serán decisivas en mi vida o en las de alguien más. Si no tengo paciencia y no se respirar profundamente a la hora de tomar una decisión, probablemente la decisión que tome afectará mi vida y quienes están a mi lado. Es importante que aprenda a ser paciente. Debo estar consiente que no todo se hará a la velocidad de la luz. No puedo conducir mi automóvil a gran velocidad, seguramente termine estrellándome.

            Cada vez que salgo en mi automóvil, veo que las personas pasan a mi lado como si fuera el último día de sus vidas, en mi lentitud aprecio el paisaje que me rodea, veo claramente lo que tengo a mi alrededor, y puedo estar atento. En cabio si voy rápido no presto atención a mi derredor alrededor, solo deseo llegar a mi destino sin importar el tiempo que me lleve, entre menos sea mejor. Porque no nos ponemos a prueba, por un día hagamos nuestras tareas a velocidad normal, y veremos el resultado de ellas, seguramente será bueno, porque mi mente y mi cuerpo van a la misma velocidad. Que sucederá si mis tareas las realizo rápidamente, seguramente cometeré errores, haré malos cálculos, y lo más probable, me toque hacer de nuevo el trabajo; es necesario que aprenda a controlar mi impaciencia, y aprender a tener paciencia. Como dice el salmista: “Pacientemente esperé a Jehová”, Salmos 40:1

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