La pornografía tiene algunas características que la hacen similar al voyerismo, y es lo que alimenta al voyerismo, es decir, ese vicio que consiste, en encontrar placer cuando una persona ve un acto sexual realizado por otras personas. Cuando alguien deliberadamente practica eso, cae en un vicio y se expone a que demonios tomen dominio de esa persona y la hagan caer en situaciones, a veces, muy difíciles de sanar.
Pero la pornografía es el mal que alimenta no sólo la imaginación de la persona, sino la que la lleva, la que la conduce a otros males, porque una persona que mira películas pornográficas o revistas pornográficas no va a ver a la mujer o al hombre como un ser integral, una criatura de Dios, sino simplemente como objeto de placer. A esa persona se le va a hacer muy difícil establecer una relación normal con una pareja después. De una u otra manera, va a querer reproducir esas escenas y todo ese tipo de cosas que forman parte de la pornografía, y entonces eso va a acarrear no sólo daño en su mente y en su corazón, sino también en esa otra persona.

Hay algo más grave aún: la pornografía no sólo explota la relación entre un hombre y una mujer en forma grotesca, sino entre hombres y entre mujeres y entre grupos de hombres y mujeres, y puede llegar hasta el extremo más increíble, y ese es el alimento más fecundo para los peores pecados imaginables.

¿Saben ustedes cómo se produce la mayor cantidad de homosexuales, cómo se llega a ser homosexual? Ellos probaron todo tipo de relaciones con parejas del sexo opuesto y llegó el momento que eso no les satisfizo; y cada vez, cuando esta pasión sexual es desatada, va necesitando más y más cosas grotescas para alimentarse, y para encontrar satisfacción. Es como el drogadicto, que primero necesitaba una porción, luego tuvo que ser doble porción y después triple porción, porque no se conforma con una ni con dos. Todo esto produce un camino tan desenfrenado, una corrupción tan grave que el alma de la persona se corrompe definitivamente.

Por eso, amado joven, tenemos que huir de estas cosas. Y en 2º de Corintios 7:1, dice: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”.Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu. Queremos decir algo sobre la televisión por cable. No puedo condenar a nadie, ni podemos dejar de amar a todos los hermanos y Dios los ama a todos, pero hay un dolor que quisiéramos evitar a nuestros hermanos, y hay un peligro del cual quisiéramos advertirles: la televisión por cable en una familia cristiana es un peligro. Así de simple.

Podrán decirse miles de excusas: “Es que sólo vemos este canal y aquel otro”. “Es que los niños ven televisión cuando nosotros estamos en casa”. “Siempre hay un adulto aquí en la casa”. Miles de excusas podrán decirse, pero no faltará la oportunidad para que los niños, que no tienen, como se dice, un criterio formado (en realidad, aunque lo tengan), van a acceder a la televisión por cable y a películas que no convienen, y eso va a ir alimentando la concupiscencia de su corazón y eso va a desembocar en la masturbación, y va a desembocar en la pornografía y en todo lo demás.

“No proveáis para los deseos de la carne, sino vestíos del Señor Jesucristo”, dice la palabra (Rom.13:14). Mira: sería muy contradictorio que una persona tenga televisión por cable – los canales de películas – y más encima arriende películas subidas de tono, y que después diga: “Señor, líbrame de la concupiscencia”. Sería una burla. No hay que alimentar estas cosas, no hay que echarle leña al fuego, si es que queremos que el fuego se apague.

Qué decir de las películas. Es muy difícil que una persona entre a algún lugar donde se arriendan películas, y que mientras va pasando por los estantes buscando una película “sana” no se tope con una “no tan sana” y no sienta la tentación de arrendarla.

Hay, lamentablemente, creyentes adultos que han caído en pecados sexuales por coquetear con esas películas. Si tú entras a esos lugares, verás que allí no sólo hay documentales y películas para niños, o películas para menores de 14 años. Hay de todo. ¡Oh, hemos visto tantas veces que se comienza por la películas infantiles, documentales, etc., y de pronto … se ensartó, y fue difícil escapar! (Y algunos no han escapado).

Al hablar así, estamos yendo contra toda la corriente del mundo. Somos anticuados, somos fuera de época, somos todo lo que tú quieras. Pero queremos decirte: “Somos gente santa. Somos gente de arriba, somos ciudadanos del cielo”. Y tú estás puesto en la época más crucial de la historia: a las puertas de la venida del Señor. Pero también estás en el momento más difícil, porque nunca en otra época histórica el cristiano había recibido tal bombardeo de concupiscencia por todos lados. Nunca antes había sido posible ver películas de ese tipo en la propia casa. Cuando éramos jóvenes (los que hoy ya no lo somos) y estudiábamos, la única manera de ver películas era ir al cine. Pero ahora es todo más fácil. Los jóvenes están más expuestos.

Todos estamos más expuestos. Que el Señor nos ayude.

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