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Cristo dijo: <> (Mt. 24: 4, 5; 24) Desde hace algún tiempo hasta esta parte, se están levantando personas que se autodenominan apóstoles y profetas. Muchos de ellos eran pastores, y otros no tenían ningún ministerio conocido o reconocido. No obstante, ahora reclaman tener autoridad; una autoridad jerárquica en muchos casos, que no podemos encontrarla en el Nuevo Testamento, y con ella, pretenden ser cabeza en distritos, ciudades, regiones, incluso en países y continentes, con la intención de derribar toda barrera denominacional al estar todas esas iglesias o congregaciones bajo su “manto apostólico y profético”, y establecer un Gobierno, es decir, una jerarquía, que más bien nos recuerda el proceder de la institución eclesial católica. Y no es que actúan como lo hacía el apóstol Pablo, yendo a los lugares donde Cristo no había sido todavía predicado (Tito 1: 5), para no edificar en fundamento ajeno (Ro. 15: 20, 21), sino que su “ministerio” está dirigido a las iglesias y ministerios ya existentes. Prestemos atención a lo siguiente. Cuando leemos en Efesios 2: 20-22, <>, se nos habla básicamente del cambio de muerte a vida, de ser ciudadanos de esta tierra que desaparecerá con todas sus obras un día (2 Pr. 3: 10, 11) a ser ciudadanos de la Nueva Jerusalén (Fil. 3: 20). Cuando se menciona acerca de ser edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, no se está hablando de autoridad jerárquica eclesiástica, sino que se está refiriendo al crecimiento o madurez que el creyente obtiene cuando es edificado en la doctrina de los apóstoles y profetas; es decir en la doctrina de aquellos hombres que recibieron la inspiración, la revelación de la Palabra que es la Biblia, la Palabra de Dios (1). Aquel ministerio fue irrepetible, porque el canon bíblico está cerrado. No obstante, el entendimiento de esos “modernos apóstoles y profetas” es muy distinto al escritural. Ellos, torcidamente de hecho, sí aseguran que la porción de la Escritura que hemos leído tiene que ver con un supuesto Gobierno autócrata de la Iglesia de Jesucristo. C. Peter Wagner, precursor a ultranza de la llamada Nueva Reforma Apostólica (New Apostolic Reformation), dijo públicamente en un medio televisivo hace unos pocos años: <> (2) ¿Cómo es que no dicen la verdad? ¿Es que no la conocen? C. Peter Wagner En este artículo nos estaremos volcando mayormente en la cuestión de los profetas, ya que en el anterior lo hicimos con la de los apóstoles. Por lo tanto, primeramente, veamos el primero y mejor de los ejemplos acerca de qué es un profeta. Este es Jesús de Nazaret, nuestro Salvador y Señor. 1. Jesucristo, el profeta por antonomasia Definiendo qué es un profeta, diremos que un profeta es aquel a quien Dios reviste de Su autoridad para que comunique Su voluntad a los hombres y los instruya. El principal de los apóstoles fue Jesucristo hombre, así también el principal de los profetas. Pedro predicando a voz en cuello en Jerusalén poco después de aquel bendito Pentecostés, exclama diciendo: <> (Hechos 3: 22, 23) Pedro se estaba refiriendo a Jesús. ¿Qué hizo Jesús como profeta? El fue quien vino del Padre para enseñarnos que Él mismo es el Camino al Padre. Jesucristo fue más que un profeta, Él cumplió en sí mismo la profecía. Además de hablar de cuestiones que se tendrían que cumplir en el futuro (escatología), lo principal del Señor como ministerio profético fue la declaración de la verdad. Cristo vino a declararnos la verdad, y ese fue su principal mensaje profético. Esa verdad, que es El mismo, nos hace libres (Jn. 8: 31, 32) A lo largo y ancho del Antiguo Testamento vemos acerca de muchos profetas de Dios (también de falsos profetas). No obstante, llegó un momento en el cual la revelación se hizo total y completa. Cuando el ministerio profético de Jesucristo se puso en marcha, al llegar Él a este mundo y principiar su ministerio, culminándolo, estando Él ya ascendido en los cielos, dando a conocer su revelación por medio del apóstol Juan (libro de Apocalipsis, último libro de la Biblia) Así pues, Dios habló a Su pueblo en el Antiguo Pacto a través de los profetas, y en el Nuevo Pacto lo hace a través de Su Hijo (Hebreos 1: 1, 2). Por lo tanto, el antiguo oficio de profeta quedó cesado por el Hijo, siendo el último de esos profetas Juan el Bautista (Lc. 16: 16). Cristo nos ha dado la Palabra, la cual está escrita y el canon cerrado. En ese sentido, no esperamos ya más revelación que compita con la Palabra escrita, o que se le pueda añadir a la misma. En todo caso, en este tiempo actual, lo que puntualmente hable el Espíritu Santo por profecía, palabra de ciencia, etc. (1 Co. 12: 7-10) siempre irá de acorde a lo ya revelado en la Biblia y nunca emitirá doctrina contraria o discorde a la misma, o que cree confusión y división en el cuerpo de Cristo, ya que Dios jamás se contradice. El falso G12 Un claro ejemplo de esto último es la lamentable Visión de los Doce (G12). Ese es un claro ejemplo de revelación extrabíblica, y antibíblica, que ha causado mucha confusión y división en las iglesias. Obviamente, nada que cree confusión y división en el cuerpo de Cristo puede venir de Dios, más aún, cuando dicha supuesta revelación, ni se encuentra en la Biblia, ni se puede encontrar, porque no es algo que Dios haya revelado (por la razón expuesta, de que el canon está cerrado) El profeta antiguo ya no existe, pero su mensaje, sí En cuanto a que decimos que el antiguo oficio de profeta quedó cesado, no estamos insinuando aquí de ninguna manera que el mensaje veterotestamentario ya no vale. Todo lo contrario. La Palabra es muy clara al respecto:<> (Efesios 2: 20) La Iglesia de Jesucristo está edificada sobre el fundamento del Antiguo y el Nuevo Testamento, es decir, sobre los profetas y los apóstoles, siendo la principal piedra angular, el mismo Jesucristo, y como edificio vivo de Dios (1 Pr. 2: 5), crecemos a modo de templo santo en el Señor (Ef. 2: 21). Con excelencia se expresa el Dr. Ervin de León al decir: <> (3) ¡Nótese que dice que todavía están vigentes los profetas originales, y no los actuales falsos, que intentan emularlos! El Dr. Ervin de León 2. Entendiendo mejor acerca de los oficios ya cesados Leemos en Efesios 2: 20, donde se nos dice que somos miembros de la familia de Dios: <>. Esos profetas son los hombres del Antiguo Testamento (Lc. 16: 16; Heb. 1: 1), que dieron a conocer, inspirados por el Espíritu Santo, la Palabra de Dios. Entiéndase entonces, que el fundamento de nuestra fe cristiana son los apóstoles (N. T.), y los profetas (A.T.), siendo la principal piedra del ángulo de ese edificio Jesucristo mismo. Seguidamente leemos en Efesios 4: 11 que Cristo: <<…constituyó a unos, apóstoles, a otros, profetas…>>. En el contexto correcto, estos profetas mencionados, son los que Cristo, que es el Verbo de Dios, usó para trasmitir el Logos a Su pueblo, es decir, la Palabra escrita. Entonces, podemos entender que los apóstoles y profetas citados por Pablo en este pasaje son los mismos que cita en Efesios 2: 20. Por lo tanto, son oficios que concluyeron, porque esas personas ya no están entre nosotros, ya que no existe una “sucesión apostólica”, aunque su legado, por llamarlo así, que es la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) lo tenemos en nuestras manos. Por lo tanto, intentar “resucitar”, o como eufemísticamente dice Bill Hamon, “restaurar” (4) esos oficios, como pretenden estos “neo-reformistas apostólicos”, él entre ellos, es algo imposible e inaceptable; ¿es que necesitamos nueva doctrina? ¿es que requerimos de una segunda Biblia? Bill Hamon Según el orden de Ef. 2: 20, y Ef. 4: 11, los apóstoles, que eran los testigos de la vida de Cristo van por delante de los profetas, que son los hombres usados por Dios en el Antiguo Testamento (véase también Ef. 2: 20), porque el Nuevo Testamento interpreta el Antiguo Testamento. Otro aspecto es que, a diferencia de la palabra apóstol, que es trascripción, y no traducción del griego al castellano, la palabra que se traduce por profeta es correcta traducción. 3. El ministerio profético neotestamentario Si la revelación doctrinal, lo que llamamos la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo ya ha sido revelada y dada a los santos (Judas 3), ¿qué más poder esperar en este sentido, y para qué sirve el ministerio profético entonces, y a qué nivel se extendería? Estas son preguntas importantes, y merecen respuesta. Lo cierto es que la revelación neotestamentaria no es todo lo explícita que nos gustaría acerca del asunto, no obstante, podemos deshilvanar algunos conceptos. En 1 Corintios 12: 27, 28, leemos: <> Aquí Pablo nos habla de que hay profetas en la iglesia. Un poco más adelante, en 1 Corintios 14: 29ss. leemos: <> Es evidente que estos profetas no ejercen el oficio de aquellos hombres como Isaías, Ezequiel, Nahum o Sofonías, por poner algunos nombres. Estos profetas profetizaban en las reuniones cristianas uno por uno, con el fin de que todos aprendieran y todos fueran exhortados (1 Co. 14: 29-32). Hoy en día es igual. Además de eso, es la voluntad de Dios que todo cristiano profetice también (ver 1 Corintios 14: 1-3, aunque eso no le hace necesariamente ser un profeta, según 1 Co. 14: 29. Consolar, exhortar y confirmar Vemos que en Hechos 15: 32, se nos dice: <>. Por esa declaración vemos que la finalidad del ministerio profético neotestamentario en adelante, es la de consolar, exhortar, y confirmar a los hermanos. Por la lectura de ese pasaje del libro de los Hechos, vemos que esas acciones de Judas y Silas se enmarcaban en un contexto doctrinal concreto. Los nuevos creyentes de origen gentil fueron consolados a causa de lo declarado en aquel concilio en Jerusalén (Hchs. 15). Fueron liberados de imposiciones concernientes a la ley (Ro. 10: 4). Por lo tanto, el ministerio profético neotestamentario, tuvo por misión llevar a los creyentes a la verdad liberadora de Cristo, la cual ya nos ha sido revelada. Este fue el principal sentido de su existencia. Allí donde sea necesario, el mismo ministerio procede hoy en día. Prediciendo hechos concretos Dos de las pocas menciones que hace el libro de Hechos acerca de la acción de algún profeta en concreto es en relación al profeta Agabo: <> (Hechos11: 27, 28) Como vemos aquí, el profeta en cuestión, dio a conocer un suceso que iba a ocurrir en un futuro inmediato. Si nos damos cuenta, Agabo estaba por el Espíritu Santo hablando de un evento en lo natural, particular y puntual; nada que ver con asuntos de índole doctrinal o por el estilo. ¿Podemos esperar hoy en día un tipo de ministerio como el de Agabo?, Sí podemos, aunque también es cierto acerca del notable abuso que se está haciendo de él, sobretodo en los círculos carismáticos y neo-pentecostales. Prediciendo sobre individuos En Hechos 21: 10, 11, la acción del mismo Agabo tiene tintes parecidos, aunque fue una profecía hacia una persona, concerniente a esa persona, en este caso el apóstol Pablo. Por cierto, démonos cuenta que un “simple” profeta le da una profecía al “gran” apóstol San Pablo. ¿Cuántos de los grandes “súper apóstoles” de hoy en día estarían dispuestos a recibir una profecía de alguno de los Agabos que se sientan en las bancas del fondo de la iglesia? Volviendo a la cuestión, podemos deducir entonces que el profeta o profetisa de hoy en día también recibirá entendimiento por parte del Espíritu Santo acerca de acontecimientos presentes o futuros que nos sean desconocidos, pero que nos serán muy útiles de conocer a la hora de interceder, echar fuera demonios, orar, tomar decisiones, etc. En este sentido también, debemos declarar que creemos en la vigencia de los dones del Espíritu, dados por Éste <> (1 Co. 12: 11) Todo esto, como vemos, nada tiene que ver con nuevas revelaciones de índole doctrinal, que compitan con la revelación bíblica, o la contradigan. Levantando la verdad Básicamente, el verdadero ministerio profético, tanto en la época neotestamentaria, como en la actual, está encaminado a hacer resaltar la verdad ya revelada de Cristo, si es preciso, contendiendo ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Judas 3). Algunas reseñas escriturales al respecto las encontramos en: Hchs. 11: 27; 13: 1; 15: 32; 1 Co. 12: 28; 14: 29-32 (aunque este último se refiere a los santos profetizando). Y por supuesto, también existen los falsos profetas: <> (1 Juan 4: 1). De estos últimos estaremos hablando a continuación. 4. Los falsos nuevos profetas Según el Diccionario Bíblico, los falsos profetas, además de los que hablan en nombre de un dios falso (Dt. 18: 20; 1 R. 18: 19; Jer. 2: 8; 23: 13), son los que engañan invocando el nombre de Jehová (Jer. 23: 16-32). Estos últimos son de tres clases 1º- Impostores, conscientes de su engaño; seducidos por su deseo de ser objeto de la consideración dada a los verdaderos profetas, y que son populares a causa de sus palabras que muchos gustan oír (1 R. 22: 5-28; Ez. 13: 17, 19; Mi. 3: 11; Zac. 13: 4) 2º- También entre ellos, están todos aquellos que son de hecho satanistas o similares que han entrado encubiertamente en la iglesias y en sus organizaciones y ministerios. Hay más de ellos; muchos más de lo que nuestra mente pueda llegar a aceptar, y están perfectamente organizados piramidalmente, ocupando muchos lugares de preeminencia ministerial, sobretodo en el neopentecostalismo actual. Nadie puede darse cuenta de lo que en realidad son, a no ser que el Espíritu Santo los delate. Tienen a su disposición miles de demonios especializados en hacerles ver ante los demás como verdaderos siervos y siervas de Dios. 3º- Personas sinceras e incluso piadosas, fundándose en ocasiones sobre la Ley, pero persuadiéndose a sí mismas de haber sido llamadas por Dios al ministerio profético, cuando no es así. A pesar de su sinceridad, son falsos guías. Bien, tal como ocurrió en el Antiguo Testamento, está ocurriendo hoy en día. En estos tiempos, no obstante, abundan más que nunca los falsos profetas. Pensemos, que el pretender recibir nuevos mensajes de Dios, nos llevará a darle más valor a los mismos y dejar la Biblia en un segundo plano, y este es un gran peligro que se corre, sobretodo cuando se adjudica a los profetas y profetisas, o pretendientes a serlo, un peso superior al que deberían, según enseñan las Escrituras. Balaam golpeando a su mula que le increpaba. Balaam, el falso profeta por excelencia. “Nuevos apóstoles” y “nuevos profetas” yendo de la mano Para aquellos que creen y enseñan acerca de los “nuevos apóstoles y profetas”, dicen que ambos tienen que trabajar de la mano. Según ellos, los profetas son los que buscan de Dios la nueva revelación, la cual pasan a los apóstoles que la supervisan, modelan, ordenan, estructuran, y le dan forma de doctrina. Una vez conseguido ese proceso, lo dan a conocer como dogma a todos los pastores o ancianos que tienen bajo su supervisión, esperando que estos lo enseñen a sus congregaciones como Palabra de Dios. Ese es el método que la iglesia católica romana ha empleado desde que existe como tal a través de sus concilios y las declaraciones ex cátedra de sus “infalibles” papas. ¿Qué diferencia habría entonces? Esta actuación contradice directamente lo enseñado por la misma Biblia, cuando se refiere a todos los creyentes como tenedores de la unción del Santo, y no ignorantes de todas las cosas, ni de la verdad (1 Juan 2: 20, 21), o cuando se nos asegura que todos los creyentes somos sacerdotes pertenecientes al sacerdocio real y universal (1 Pedro 2: 9) ¡Un gran problema tenemos cuando se levantan “ungidos e infalibles” instructores de carne hueso que pretenden darnos nueva revelación! Lo nuevo, lo novedoso… ¿lo bueno? En el sentido que venimos argumentando, John Eckhardt, defensor del nuevo mover apostólico como lo llaman, claramente y sin ambages asegura acerca de esos nuevos apóstoles, diciendo: <> (5) (6) Ciertamente, lo declarado por Eckhardt contradice abiertamente la misma Palabra, ya que no se puede “establecer nueva revelación”. Claramente la Biblia nos advierte que no se puede quitar de la misma, ni añadir a la misma (Deut 4: 2; 12: 32; Prov. 30: 5, 6; Ap. 22: 19). Si así se hace, necesariamente esa nueva revelación no vendrá del Espíritu Santo, y si no viene de Él, entonces es doctrina de demonios (1 Ti. 4: 1). Lo que enseñan como verdad de Dios muchos de esos maestros, no deja de ser un idilio con el engaño expresado en su momento por el mismo diablo en el jardín del Edén, prometiendo a la humanidad dominio sobre la vida (Gn. 3: 4), y conocimiento sin límites (Gn. 3: 5). Entre otras herejías, estos hombres enseñan que la Iglesia, organizada bajo un Gobierno autocrático piramidal, va a dominar el mundo entero, llamándole a eso la “dispensación del reino”, pasando, de la dispensación de la iglesia mortal, a la de la iglesia inmortal.” (7) y con un conocimiento (o revelación) constante y en aumento, eso sí, a través de algunos escogidos de entre todos los cristianos, a los que se les llama ungidos (ver Mt. 24: 24) En realidad, estos hombres que dicen ser arquitectos de un nuevo paradigma, los cuales han prometido un río, en realidad han vendido a la Iglesia un pozo seco (8) El Rev. Mario E. Fumero, en su libro “Los virus espirituales”, escribe acerca de esta cuestión del dominio, diciendo así: <> (9) El Rev. Mario E. Fumero con un servidor en su reciente visita a Madrid, España Adornando el pastel Estos nuevos profetas y profetisas, así como sus aprendices de turno, para dar a conocer e impactar con sus mensajes, utilizan un lenguaje muy saturado de expresiones grandilocuentes y de amplio barniz escritural. Siempre, invariablemente y sin dudar, antes de dar su profecía, dicen: “¡Así dice el Señor!” o, “El Señor te dice”. Eso produce en el oyente un efecto poderoso. Si lo que va a decir el profeta o la profetisa es la palabra de Dios, entonces habrá que prestar atención para obedecer…Esto, al oyente temeroso de Dios, le quita la libertad de escoger, casi le obliga a aceptar el mensaje sin más. Luego vienen las supuestas profecías, que suelen ser así: “Así dice el Señor: Te he llamado a ser un líder en mi ejército y llevar a mi pueblo a un nuevo nivel; toma tu autoridad y decláralo al mundo espiritual” U otro ejemplo: “Te he llamado en esta hora para que no retrocedas sino que avances en una nueva dimensión espiritual; a tus palabras le seguirán señales y milagros, porque yo estoy ungiendo en este día tu ministerio con un nuevo poder creativo y la autoridad que viene de mi trono…etc. etc.” Antes de avanzar con esta argumentación, cabe decir que hoy en día el profetizar continúa tal y como el apóstol Pablo enseñó a los Corintios (1 Co. 14: 1-3), y nada a cambiado en este sentido, pero no estamos hablando de esto. Estamos advirtiendo acerca de los falsos profetas que profetizan “lo bueno”, y “lo nuevo” utilizando siempre expresiones impresionantes que suenan a gloria, pero que están muy carentes de la verdad y realidad de Dios. Por eso nos va a ser muy necesario aprender a discernir. Demos ejemplo: Cualquier profeta o profetisa que exalte todo posicionamiento dominionista, acerca de nuestra autoridad aquí en la tierra para levantar el Reino en este tiempo sin estar Cristo presente, o por el estilo, es un falso profeta o profetisa. Cualquier profeta y profetisa que exalte el ego de la persona a la que se dirige la profecía; diciéndole que va a tener una unción mayor que todos, que va a hacer grandes milagros, más que la mayoría, que va a conquistar las naciones y ser profeta a las naciones, etc. etc. es un falso profeta o profetisa o actúa como tal. Recuerdo los mensajes de una afamada profetisa norteamericana que viene muy a menudo a España. Profetizaba a todos los presentes en un congreso cosas así: “Así dice el Señor: El avivamiento llegará en el año 2003 a España” (el año 2003 llegó, y pasó, y no ocurrió nada). Curiosamente, el mismo mensaje lo dio Benny Hinn cuando vino a Barcelona hace ya varios años. Cindy Jacobs, profetisa dominionista/neo reformista. La profetisa en cuestión dijo en una ocasión en un congreso en Madrid, España hace algunos años: “Pastores y líderes, no se preocupen, porque dice el Señor, dice, que el dinero viene, ¡viene! Y viene de Alemania, para que compren sus templos y no tengan ya que alquilarlos”. Jamás ocurrió tal cosa. A todos sin excepción les predicaba “lo bueno”, y en aquella ocasión, a los gitanos españoles cristianos, que estaban allí, muchos en número, les dijo de parte del Señor que se prepararan porque el Señor les mandaba ir al Medio Oriente, (10) a ¡¡Irak, a predicar el Evangelio, justo durante la guerra en su mayor apogeo!! Ese tipo de profecía, tan común en los círculos dominionistas/neo-reformistas, se parece tanto a lo expresado por el profeta Jeremías, cuando de parte de Dios exclamó: <<…desde el profeta hasta el sacerdote todos hacen engaño. Y curaron la herida de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz>> (Jeremías 8: 10, 11) Quieren complacer a muchos, cuando estos buscan que se les profeticen “lo bueno” y no lo correcto: <> (Isaías 30: 10) No en vano la Palabra nos insta a examinarlo todo, que significa, ponerlo a prueba, y sólo retener lo bueno (1 Ts: 5: 21) 5. Cuidado con las falsas “coberturas” No obstante, la seguridad y convicción con la que actúan tras los púlpitos y sobre las plataformas multitudinarias no deja de asombrarnos. Son capaces de llamar nuestra atención, y convencernos de que necesitamos su ministerio, que sin él, nos quedamos extremadamente cojos, y por supuesto, ¡sin cobertura! Por cierto, la palabra cobertura no he podido encontrarla en la Biblia. Un muy amigo mío, pastor de una pequeña, pero espiritualmente poderosa congregación, había estado por algunos años bajo la “cobertura” de un supuesto apóstol; y digo supuesto apóstol, porque ese varón no fundó la iglesia de mi amigo. En un momento dado, mi amigo, que en aquel entonces todavía creía en el supuesto ministerio de esos apóstoles busca-iglesias, le pidió que supervisara su congregación. Pasaron algunos años, y mi amigo aprendió, maduró, y llegó a sus conclusiones. Decidió, por tanto, junto con su presbiterio, que había llegado el momento de avanzar en otra dirección que la propuesta por su “apóstol”. Se lo comunicó, y…¡cual sería su sorpresa cuando ese varón “apóstol” no aceptaba su decisión, sino que por tiempo estuvo porfiando con él, hasta que, acabados sus recursos dialécticos, casi metiéndole miedo en el cuerpo, por cuanto iba a perder “su cobertura”, finalmente tuvo que asumir, aunque a regañadientes, la decisión de mi amigo junto con el resto de los ancianos! La bandera de la “cobertura” fue la que hizo ondear con más fuerza ese varón contra mi amigo. Ese tiempo, fue terrible, porque él deseaba hacer la voluntad de Dios, y esa es la razón por la cual tuvo que enfrentarse a ese hombre, habiendo querido evitar todo tipo de polémica, pero no siendo eso posible. Sí es cierto que la Palabra nos insta a estar en una iglesia local y no dejar de congregarnos, (He. 10: 25), en ese contexto, el creyente está bajo el cuidado y protección del Espíritu Santo, porque está cumpliendo con el requisito escritural. Cada congregación madura y establecida, es soberana (Ap. 2 y 3); es guiada por el Espíritu Santo, y el Señor la protege y cuida. Por eso digo, ¡cuidado con las coberturas! Porque la mayoría de las veces, no son tales coberturas, sino ataduras. La excepción es la de esos verdaderos enviados que predican el Evangelio allí donde son enviados, se convierte gente, y se empieza una congregación. Evidentemente, en los primeros años de andadura como iglesia local, la verdadera y eficaz cobertura, no sólo de ese misionero, sino de la iglesia que le envía, será más que útil y deseable. Entrometiéndose Pero el asunto va mucho más lejos que el de la simple cobertura. El asunto es un asunto de acción y de verdadera intromisión en la labor de las iglesias locales. No obstante, estos hombres están convencidos de su llamamiento divino en este sentido: <> (11) Este nuevo movimiento apostólico/profético está dirigido a promocionar todo lo que de control e imposición había en el movimiento llamado en inglés discipleship/shepherding (*)bajo el título y excusa del crecimiento numérico eclesial. Así pues, el deseo y ambición de crecimiento es uno de los motores que impulsan a muchos a creer casi cualquier cosa con tal de obtener resultados, siguiendo de hecho la pauta maquiavélica de que el fin justifica los medios. (* Discipleship/shepherding fue – y sigue siendo – una manera de entender el discipulado, expresado en un gran control e imposición sobre el individuo, teniendo éste que dar cuentas a su líder absolutamente de todo relacionado con su vida. La libertad del individuo, ya no era más) Imprescindibles hombres Acerca de estos profetas modernos, dice Bill Hamon: <> (12) ¡Realmente, han entrado pisando fuerte! Así pues, se pretende que toda la Iglesia de Jesucristo siga las instrucciones y revelaciones pretendidamente de Dios; sus palabras han de ser la guía que las iglesias deben seguir. Lamentablemente, esto está ya ocurriendo. Muchos maestros y pastores de congregaciones comunes y corrientes, todos bien intencionados y amantes del Señor, no se aperciben de que enseñan, entre otras, cosas de una gran trascendencia extra y anti bíblica, aprendidas de esos hombres y mujeres, quizás porque las han oído de ellos mismos, de otros pastores, o en la “TV cristiana”, o en la radio, en ciertas publicaciones, en congresos de “avivamiento” o “proféticos”, por internet, etc. etc. Han sido impactados por las palabras y el espíritu de ellos, aun y sin percatarse. Se enseñan conceptos o doctrinas que no se encuentran reflejadas en la Escritura, y se les da mayor importancia que la Escritura en sí, a muchas de ellas. Un ejemplo de esto último, entre los numerosos mensajes hoy en día, sería justamente el levantamiento y justificación de ese mover presuntamente apostólico profético del que estamos hablando. Pensemos que cualquier revelación extrabíblica, según sea el contenido de la misma, niega la suficiencia de la Biblia (Jn. 8: 31, 32; 2 Ti. 3: 16, 17; 2 Pr. 1: 3) Pero como apuntaba Hamon, <>. Según se nos dice, no podemos llegar a estar completos y equipados para toda buena obra solamente con la revelación de la Biblia. Para afrontar los nuevos desafíos que vienen sobre el mundo y la Iglesia, vamos a necesitar a esos profetas y apóstoles ungidos para que nos dirijan, y de ese modo poder obtener ese esperado “avivamiento mundial”, y consecuentemente poder “conquistar y dominar las naciones para Cristo”. Así dicen, y aseguran…¡pero no les creemos! ¿Orden divino? Sigue diciendo Hamon al respecto: <> (13). Prestemos atención a ese “orden divino”. John Eckhardt, también habla sobre ese “orden divino”: <> (14) Esta es una expresión que se oye muy a menudo de parte de estos hombres y mujeres. (*) Nótese que ese “encarnado”, es decir, hecho carne, cuerpo de Cristo, al que heréticamente se refiere Hamon, no es sino la falsa creencia de que Cristo está “encarnado” o “corporizado” en la Iglesia, sobretodo a través de los “ungidos”. Pero ese presunto “orden divino” no es más que el “Nuevo Orden” que en esencia es tan viejo como el mensaje de la serpiente del Génesis, y que pretende transportar a la Iglesia de Jesucristo, engañándola, a los pies de la Bestia Anticristo, a través de su Falso Profeta (Ap. 13). Concluyendo Hoy en día, a mucho pueblo de Dios, y a muchos ministros, les pasará lo que dijo Dios a Su pueblo entonces: <> (Oseas 4: 6), esto es, si no se vuelven a la Palabra, tal y como está escrita. Me causa mucha tristeza la situación actual eclesial. Cuando se habla de “avivamiento”, lo que ocurre, es que contrariamente, una mayoría del pueblo de Dios, ni siquiera lee la Biblia, y consecuentemente, no la conoce. Creen que “avivamiento” es ver a muchos en muchos Congresos y Conferencias; mucho emocionalismo; y mucha música… En el libro de Proverbios encontramos: <> (10: 21) El pastor y el maestro tienen la responsabilidad ante Dios de enseñar la sana doctrina desde el púlpito, pero el oyente tiene exactamente la misma responsabilidad ante Dios en cuanto a cerciorarse de que esa enseñanza es como deba ser, para ser aceptada y creída, o si no, desechada, pero… ¿cómo lo harán, si no leen ni conocen suficientemente la Biblia? Dios les bendiga. Miguel Rosell Carrillo, Pastor de Centro Rey, Madrid, España http://www.centrorey.org

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