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En Daniel 7, el profeta de Dios (Daniel) tiene una visión celestial en donde el Hijo de Dios es llevado ante el Padre (el Anciano de Días) para recibir de Él un reino, poder y autoridad. Más adelante, este mismo reino es compartido por todos los santos, quienes, a su debido tiempo, reciben igualmente el Reino de Dios. Dice así dicha visión: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con la nubes del cielo venía uno como un Hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio (shaltan), gloria (yegar) y reino (malku), para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido…Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre…y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino…y que el reino, y el dominio y la majestad de los reino debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno (malkut ’alam), y todos los dominios le servirán y obedecerán” (Daniel 7:13,14,18,22,27).

Notemos que mientras al Señor Jesucristo se le da un reino, gloria y dominio en el mismo cielo, ante la misma presencia del Anciano de días (El Padre), no se dice lo mismo de los santos. Es decir, Daniel no ve que también los santos reciben el reino, el poder, y la gloria en el cielo mismo como ocurrió con Jesús (el Hijo del hombre). Esto nos lleva automáticamente a descartar una supuesta partida al cielo de los santos para que puedan compartir o coheredar con Cristo el reino.

¿Entonces dónde reciben el reino los santos?

En Mateo 25:31,34 encontramos la respuesta puntual y precisa que no admite confusión alguna. Dice así: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria…Entonces el rey dirá a los de su derecha (los santos): Venid, benditos de mi Padre, HEREDAD EL REINO preparado para vosotros desde la fundación del mundo”.

Este pasaje enseña tres cosas básicas:

1.- Los santos aún no han recibido el reino porque Jesús no ha regresado.

2.- Los santos no recibirán o coheredarán el reino en el cielo.

3.- Jesús se sentará en su trono de gloria sólo al volver.

“Y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino” nos dice que habrá un tiempo para el establecimiento del reino.

¿Qué tiempo es ése?

La Biblia no nos deja sin respuesta! En Hechos 3:19-21 leemos qué tiempo es ése al que se refiere Daniel. Dicen esos versículos: “Así que arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan del Señor TIEMPOS DE REFRIGERIO, y el envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS, de que habló Dios por boca de sus santos profetas (incluyendo Daniel) que han sido desde tiempo antiguo…y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, TAMBIÉN HAN ANUNCIADO ESTOS DÍAS” (v.24).

Así que los santos recibirán el reino sólo cuando lleguen los tiempos para la restauración de todas las cosas predichas por los profetas de Dios. Si los santos recibieron el reino restaurado en el siglo I, ¿por qué no han sido restauradas todas las otras cosas?

¿Un reino de mil años o eterno?

El profeta Daniel nos dice que el reino del Mesías es un reino eterno (malkut’olam), pero a San Juan se le dice que el reino dura mil años. ¿Cómo entender o explicar esta aparente contradicción? Sin duda la Biblia no se contradice, pues es la misma Palabra de Dios revelada a los hombres. Las veces que los detractores han creído encontrar contradicciones en las Escrituras, ellos han salido avergonzados cuando se les demostró que ellos estaban errados.

Pues bien, “eterno” viene de la palabra Hebrea ‘olam” (esconder), y significa el tiempo escondido o era, como el sustantivo aión, y por ella la palabra o su adjetivo aionios. Hay 448 pasajes en donde aparece la palabra olam. Su equivalente en Griego ‘aión’ significa “era”, y se encuentra 128 veces en 105 pasajes. La palabra griega AION (sustantivo) y su derivado AIONIOS (adjetivo) son las que en la septuaginta (traducción del hebreo al griego del antiguo testamento elaborada en el siglo 3 A.C.) equivalen a la hebrea OLAM.

La palabra olam es usada para el tiempo, ya sea para el pasado distante o el futuro distante, o como un tiempo que es difícil de saber o percibir. Esta palabra es con frecuencia traducida como eternidad o para siempre, pero en la lengua española es entendida mal como que significa una envergadura continua de tiempo que nunca se termina. En la mente Hebrea es simplemente lo que está en o más allá del horizonte, un tiempo muy distante. Una frase común en el Hebreo es “l’olam va’ed” y es por lo general traducida como “por siempre y para siempre” pero en el hebreo no significa esto.

En Mateo 12:32 Jesús se refiere al equivalente del Hebreo ‘Olam’ (i.e “aión”) con estas palabras: “A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo (‘aión’) ni en el venidero”. Es decir, hay un aión presente y otro venidero. Cuando hablamos de la vida eterna, Jesús dice que es “para la era venidera”. De allí que “vida eterna” es la vida de en la era venidera, la era del reino. Es la vida para el futuro, un futuro que es desconocido o imposible de fechar. Del mismo modo, el “reino eterno” es el reino de la era venidera, la era del futuro distante, un futuro imposible de fechar. Así, pues, cuando Daniel habló del reino, él lo vio como un reino aún muy distante, para la era futura, la era mesiánica.