ESCRITO POR: CARLOS MARROQUIN:

Aunque hasta aquí nuestro pastor no ha tocado directamente el tema de los juegos de azar, yo he observado que en la iglesia ninguno participa en ellos, excepto dos o tres hermanos a quienes he visto comprando números de una rifa clandestina que se llama “Pisto Listo” y se juega cada sábado por la noche. El número lo dan a las nueve de la noche a través de una radio, que oigo desde una tienda vecina a la casa donde vivo.

¿Qué me puede decir usted, hermano? ¿Podemos participar los creyentes en loterías, rifas, sorteos y demás cosas del estilo? ¿Debe recibir la iglesia ofrendas y diezmos procedentes de ganancias obtenidas en juegos de azar?

En diciembre compré un número de una lotería extraordinaria de Año Nuevo y me gané Q500. Yo pensé en dar mis diezmos a la iglesia, pero no sentí libertad de hacerlo; no me atreví a preguntarle al pastor por temor de que me reprendiera. Lo peor es que “me piqué” con el dinero que gané y en los dos meses pasados compré más números. Pero en vez de ganar de nuevo, gasté lo que ya había ganado. Decidí detenerme, porque no quiero que se me vuelva un hábito.

¿Qué puede aconsejarme? Ore por mí. Espero su respuesta y gracias de antemano.

Su hermano en Cristo,

Alberto Pinos

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Loma Alta, Marzo 23, 2006

Apreciado hermano Alberto:

Gracias por su sincera carta en la que demuestra su deseo de aprender sobre la vida cristiana. Oro por que Dios lo guíe cada día y le enseñe a través de Su Santa Palabra todo lo necesario para ser un siervo fiel de Él.

En cuanto al tema de los juegos de azar, le estoy adjuntando unas notas que escribí hace algún tiempo sobre el asunto. Espero que aclaren sus dudas y las comparta con otros que tengan también preguntas al respecto. Déle una copia a su pastor para que lo discuta en la iglesia cuando haya oportunidad.

Atentamente,

Andrés Roca

EL CRISTIANO Y LOS JUEGOS DE AZAR

En el Diccionario de la Real Academia Española leemos que la palabra azar proviene del árabe “az-zahr”,  que significa “dado para jugar.”

En el juego de dados se usan pequeños cubos de madera, marfil o plástico, con números marcados con puntos en cada uno de sus seis lados. Estos dados se lanzan sobre una superficie plana y al detenerse se leen las caras que dan hacia arriba. La combinación de los números determinan quién es el ganador.

Todo lo decide la casualidad, llamada también fortuna, suerte o azar.

Existe una diversidad de objetos para realizar juegos de azar además de los dados: naipes o cartas, perinolas, monedas especiales o corrientes. Algunos son más complicados como las ruletas, aparatos mecánicos y electrónicos que al activarse dan resultados impredecibles, dependientes del azar, el acaso, la ventura, la eventualidad, o las leyes matemáticas de las probabilidades, que se aplican para garantizar grandes ganancias a los dueños de casinos y organizadores de rifas y loterías. Se dan unas cuantas oportunidades para que el jugador gane, suficientes para atraerlo, seducirlo y desplumarlo cuando ya ha quedado atrapado, primero en el hábito y luego en la adicción o vicio compulsivo.

Al ganar una vez, después de múltiples fracasos, el entusiasmo del jugador se enciende de nuevo y continúa jugando, cada vez con la esperanza de obtener un jugoso premio. Sin embargo, muchas veces pierde aun más de lo que ganó. Se vuelve un círculo vicioso en el que queda atrapado, a veces por el resto de su vida.

Entre los más aparatos mecánico y/o electrónicos más seductores están los llamados “traga níqueles”o “traga monedas”, que han causado terribles estragos en las economías de muchas personas.

Son también juegos de azar las rifas, las loterías, los bingos, los sorteos, los juegos de naipes, las apuestas en las carreras de caballos, de galgos, etc., así como las peleas de gallos.

La ruleta rusa es uno de los excesos en los que, por amor a una atractiva suma de dinero, se arriesga la vida, cuando alguien se atreve a activar una pistola sobre su sien, esperando que no se dispare la única de seis balas que puede contener. Más de una vez el azar ha producido consecuencias fatales para el atrevido jugador.

Desde los que empiezan lanzando al aire una moneda y apostando si cae “cara o escudo”, hasta los que terminan protagonizando riñas sangrientas en los palenques, apostando a los gallos, son movidos por la codicia.  Lo que está detrás de toda esta creciente práctica de los juegos de azar es la ambición por obtener dinero fácil, sin mayor esfuerzo.

En algunos casos hay también una pasión enfermiza por el placer de ser el ganador sobre los demás, aunque para ello se invierta dinero. Esto también indica un desbalance emocional en la persona.

¿Qué dice la Biblia?

Cuando Adán y Eva pecaron por desobedecer a Dios, fueron expulsados del huerto del Edén. Al obedecer a su Creador ellos podían tener toda Su provisión para sus vidas; pero cuando escucharon a Satanás, dudaron de los mandamientos divinos y escogieron desobedecer, les vino el fracaso.

Fuera del paraíso terrenal tendrían que luchar por su supervivencia para obtener los bienes con los cuales cubrirían las necesidades de su vida diaria.

Entre otras consecuencias, la tierra se les tornó hostil: les produjo espinas y cardos, y era difícil trabajarla. Desde entonces comerían sus alimentos con dolor después de las duras jornadas de trabajo.

Hay que aclarar que el trabajo no fue introducido después de la caída como un castigo. Desde el principio Adán y Eva debían trabajar; tenían que “labrar y guardar” el jardín del Edén que Dios les había preparado, Gén 2:15.  Éste trabajo era una ocupación agradable, creativa y deleitable. Fue hasta después de la caída cuando el trabajo se volvió pesado y doloroso.

Sin embargo, aunque el trabajo llegó a ser más difícil, fue providencialmente una bendición también, pues es una prevención para frenar el pecado. El trabajo mantiene ocupada la mente, reta a la inventiva y la creatividad, sus frutos dan satisfacción. Se ha repetido muchas veces que “una mente ociosa es taller del diablo” y que “la pereza es la madre de muchos males”. Por lo cual, la mejor terapia para la humanidad caída es el trabajo productivo, honrado y sistemático.

¿Qué dice la Biblia?

Dios decretó:

Gén. 3:18, “Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra.”

Para el hombre que conoce a Dios hay hermosas promesas:

Sal. 128:1-2, “Bienaventurado  todo  aquel  que teme a Jehová, que anda en sus caminos.

Cuando comas  el  trabajo  de  tus  manos,  bienaventurado  serás  y  te irá

bien.”

Para quien evita el trabajo y cae en la tentación de la avaricia, hay grandes peligros.

Prov. 1:19,  “Así  son  las  sendas  de  todo  el  que  es dado a la codicia,  la cual quita la

vida de sus poseedores.”

Prov. 15:27,  “Alborota su casa el codicioso.”

Mr. 4:19, “pero los afanes de este siglo, el engaño de las riquezas y las codicias de otras

cosas, entran y ahogan la palabra, y la hacen infructuosa.”

I Tim. 6:8-10,  “Así  que,  teniendo sustento  y  abrigo,  estemos  ya  satisfechos; pero los

que quieren enriquecerse caen  en  tentación y lazo, y en muchas codicias

necias y dañosas que hunden  a los  hombres en destrucción y perdición,

porque  raíz  de  todos  los  males es el  amor al dinero, el cual codiciando

algunos,  se  extraviaron  de  la  fe   y  fueron  atormentados  con  muchos

dolores.”

Cuando se rehúye realizar el trabajo en forma continuada, hasta las fuerzas comienzan a disminuir y llega la pereza.

Prov. 21:25, “El deseo del perezoso lo mata, porque sus manos no quieren trabajar.”

Prov. 24:10, “Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida.”

La diligencia en realizar un trabajo arduo nos provee dinero y bienes para nuestras necesidades y para ayudara a otros que padecen necesidad, con lo cual recibimos las bendiciones de Dios.

Hch. 20:35,  “En  todo  os  he  enseñado  que,   trabajando  así,   se   debe  ayudar   a   los

necesitados los   necesitados,  y  recordar   las  palabras  del  Señor  Jesús,

que dijo: ‘Más bienaventurado es dar que recibir.’ ”

Ef. 4:28,   “El  que  robaba,  no robe más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es

bueno,  para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.”

I Tes. 4:11,  “Procurad    tener    tranquilidad,    ocupándoos   en   vuestros   negocios   y

trabajando  y  trabajando  con  vuestras  manos de la manera que os hemos

mandado.”

II Tes. 3:10-12,  “Y  cuando  estábamos  con   vosotros  os  ordenábamos  esto:   que  si

alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Ahora  oímos que algunos de

entre vosotros andan  desordenadamente,  no trabajando en nada,  sino

entrometiéndose en lo ajeno.  A  los tales mandamos y  exhortamos por

nuestro  Señor  Jesucristo  que,  trabajando sosegadamente,  coman su

propio pan.”

¿Cuál es el pecado en los juegos de azar?

Supongamos que en una rifa  o  una  lotería  se  venden  mil  o  diez  mil  números,

y que una sola persona, o unos diez solamente se llevan todos los premios en dinero o en objetos, descontando la ganancia del organizador. Todos los participantes, en mayor o menor grado, ambicionan, dependiendo del azar, quedarse con lo aportado por los demás, que son cientos o miles de ambiciones como la suya.  Aunque algunos sólo juegan por diversión, hay muchos para quienes jugar ya se ha convertido en un modo de vida, en un mal hábito y hasta en un vicio.  Así que el ganador se está aprovechando de lo aportado por muchas personas a quienes la codicia y la costumbre de obtener dinero fácil, sin trabajar, ya les está causando o les causará problemas. Y un cristiano sensible no puede aprovecharse de eso ni disfrutar ni el dinero ni el premio obtenido en esta forma.

Si usted, hermano cristiano, le preguntara a su conciencia y a Dios en oración acerca de participar en rifas, loterías y otros juegos de azar, ¿cuál cree usted que sería la respuesta?

Otros pecados asociados con los juegos de azar.

Otros pecados y desgracias en que incurren las personas cuya codicia los lleva a los juegos de azar son:

  • La superstición: el deseo de ganar lleva a muchos a confiar en supuestos números de suerte, como el 3, 4, 7, 12, etc. (numerología)
  • La astrología: en muchos horóscopos se sugieren números para jugar lotería, asociados con los signos del zodíaco. Se asegura que cada personas tiene ciertos números que lo favorecen.
  • Creencia en los sueños: se cree que determinados sueños están asociados con ciertos números, para lo cual hay libros que indican a cuáles apostar.
  • Sistemas: muchos jugadores empedernidos desarrollan sistemas de juego, en los naipes; o aplican los que otros les dan, para manipular las máquinas “traga monedas.”
  • Compañías dañinas: los juegos de azar, realizados muchas veces en lúgubres lugares clandestinos, llevan a muchos a asociarse con aventureros, vagos y gentes de mala fama. Mientras tanto, otros lo hacen en lujosos casinos rodeados de aventureros y tahúres de buena apariencia.
  • Deudas: al perder el dinero del sueldo y los ahorros, muchos incurren en deudas, tomar dinero “prestado” a escondidas, hacen préstamos a altos intereses que los ahogan y conducen a la bancarrota, al robo, al vicio y aun al suicidio.

Grandes negocios  y  herencias  se han perdido en las mesas de juego y en     los  casinos,  a  manos  de  quienes  llegaron  a  los  extremos  del  vicio del      dinero fácil a través de los juegos de azar.

Todo lo anterior está muy lejos de las virtudes que el Apóstol Pablo nos manda buscar en este pasaje:

Fil. 4:8,  “Por  lo  demás,  hermanos,  todo lo que es verdadero, todo lo honesto,                     todo   lo   justo,   todo   lo   puro,    todo  lo  amable,    todo  lo  que  es  de  buen  nombre;  si  hay  virtud  alguna,  si  algo digno  de alabanza,  en esto pensad.”

¿Qué puede hacer la iglesia para evitar el problema de los juegos de azar?

  • Prevenir periódica y sistemáticamente a los hermanos sobre esta práctica peligrosa. Una plática cada semestre sería aconsejable.
  • Impartir clases sobre mayordomía del dinero y los bienes materiales, incluyendo los consejos bíblicos para el bienestar económico.

(Solicite “Apuntes para la Educación Cristiana”, No. 1)

  • Advertir en forma general, antes que se dé el caso, que en la iglesia no se aceptan diezmos ni ofrendas procedentes de ganancias en juegos de azar.
  • No utilizar el recurso de las rifas para recaudar fondos para proyectos de la iglesia y sus distintas sociedades y grupos. Se sabe que hay grupos cristianos que recurren a este método.
  • Enseñar a los niños y jóvenes los hábitos de trabajo y ahorro y a que se mantengan alejados de los juegos de azar, aunque se diga que se hace sólo por diversión, sin apostar dinero. Sin darse cuenta pueden ir cayendo en la tentación de las apuestas.

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Medite en las promesas de Dios que le ofrecen Su provisión segura:

Mat. 6:24-33. Ninguno puede servir a dos señores, porque odiará al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Por tanto os digo: No os angustiéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se angustie, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os angustiáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?

No os angustiéis, pues, diciendo: “¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?”, porque los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas.

Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”