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La palabra “apóstoles” literalmente quiere decir mensajeros, enviados o delegados. No cualquiera podía ser apóstol simplemente por voluntad propia; tenían que ser personalmente elegidos para esa investidura por el Señor Jesucristo. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles (Lucas 6:13). Todos eran hombres; ningún apóstol era mujer.

Según el libro de Hechos 1:21-22, un apóstol tenía que ser un testigo ocular de Cristo a lo largo de todo su ministerio público incluyendo la etapa posterior a su resurrección.

A la iglesia del Nuevo Testamento se le permitía nombrar diáconos (Hechos 6:5) y constituir ancianos (Hechos 14:23), pero no podían nombrar apóstoles. El nombramiento de apóstoles venía directa y únicamente de Cristo. Aun en el primer capítulo de Hechos la decisión final para sustituir a Judas Iscariote fue dejada en manos del Señor. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido (Hechos 1:24).

También nos damos cuenta que en el Nuevo Testamento la misma palabra griega “apóstoles” se utiliza para describir hombres elegidos por las iglesias para llevar información o ayuda de una iglesia a otra. (Ver 2Cor. 8:23; Fil. 2:25; Hechos 14:14). Sin embargo, no debemos confundir a estos últimos con los doce personalmente elegidos por Cristo como sus apóstoles.

Pablo gozó de un apostolado único. Aunque no había seguido a Cristo durante su ministerio público, vio efectivamente a Cristo resucitado y fue especialmente nombrado por El, tal como lo afirma en Gálatas 1:1, Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo …). De nuevo Pablo explica, y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. (1 Cor. 15:8).

Cristo llamó a Pablo aun cuando la época de nombrar apóstoles había concluido. Nótese que Pablo fue el último de todos sobre la tierra en ver al Señor de una manera visible como testigo ocular de su resurrección. Nadie ha visto a Cristo de igual manera desde la experiencia de Pablo. Es así como Pedro pudo suponer que ninguno de sus lectores había visto al Señor: A quien amáis sin haber visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso (1 Pedro 1:8). Ninguno de los así llamados apóstoles hoy en día, cumple con estos requisitos bíblicos.
Su propósito:

Según Efesios 2:20 correspondió a los apóstoles desempeñar un papel fundamental y especial en el desarrollo inicial de la iglesia neotestamentaria: edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. Este papel incluía al menos tres funciones. En primer lugar, estos hombres eran testigos indiscutibles de la resurrección de Cristo, ya que todos ellos habían visto personalmente al Señor en su cuerpo resucitado. En segundo lugar, a ellos fue revelado el misterio de la economía del Nuevo Pacto: la iglesia, compuesta a la vez de judíos y de gentiles (Efesios 3:1-10). En tercer lugar, ellos recibieron la inspiración para escribir la Santa Escritura infalible, que pudiera ser leída por todas las generaciones venideras. Cada libro del Nuevo Testamento fue escrito ya sea por un apóstol o por alguien directamente relacionado con un apóstol. Un poco antes de su muerte, el último apóstol sobreviviente nos dice que este aspecto de su trabajo fue completado de una vez y para siempre (Apocalipsis 22:18-19). A partir de entonces no ha habido revelaciones inspiradas o genuinas.

Su duración. El ministerio de apóstol fue de duración limitada debido a que su labor estaba limitada al período del establecimiento de los fundamentos de la iglesia. Los fundamentos se ponen una vez únicamente, y a partir de ellos se construye los demás; no ponemos fundamentos de manera repetida y sin término. No hay lugar para apóstoles hoy día, porque los fundamentos fueron puestos hace mucho tiempo. El cristianismo bíblico ha construido sobre esos fundamentos durante aproximadamente 2000 años. Es una locura completa y arrogancia descarada atreverse a compararse con Pedro y Pablo y adoptar el título de apóstol hoy en día.

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