“Si yo no hubiera admitido el pecado en mi corazón, mi Señor no habría escuchado. ¡Pero Dios escuchó realmente! Él prestó atención a mi oración”.

Salmo 66:18-19

El elefante en el cuarto

Es malo estar en problemas. Pero es peor estar en problemas y en malos términos con Dios. Según este pasaje, escrito por el Rey David, si abrigamos actitudes pecadoras en nuestros corazones o voluntariosamente nos permitimos actividades pecadoras, no deberíamos esperar que Dios responda a nuestras oraciones.

Esto no es porque Dios no nos ama. Él nos ama. No es porque Dios no quiere ayudarnos. Él desea liberarnos. Es simplemente que el Dios santo no puede guiñar al pecado o ver de otro modo. La intimidad con Dios requiere la honestidad, la humildad, la pureza.

Para nosotros intentar acercarnos a Dios sin primero afrontar los hechos en los cuales hemos ofendido y herida a Él a sabiendas es un ejercicio fútil. El pecado es “el elefante en el cuarto” que debe ser reconocido y tratado. Una vez que hacemos esto, nosotros nuevamente disfrutamos del dulce compañerismo con Dios. Limpio y perdonado, podemos estar seguros de que él oye nuestras súplicas de ayuda.

Orando por la Promesa de Dios:

Señor, Tú no escuchas a mis oraciones cuando he no admitido el pecado en mi vida. Por tu Espíritu dame la humildad que necesito para tomar una dura mirada a mi alma. Muéstrame, Dios, cualquier actitud y acciones incorrectas que tenga que reconocer. Quiero estar bien contigo. Quiero estar cerca de Ti. Gracias por prometer oír a aquellos que se humillan a sí mismos y reconocen su pecado. Que mis pecados, que me bloquean de Ti cuando no los confieso, se conviertan en un puente hacia Ti cuando los admito, los abandono, y experimente tu perdón.

Tomado de “Orando por las promesas de Dios en Tiempos Difíciles por Len Wood (Tyndale) pgs 8-9″

Anuncios