http://www.culturallegacy.org/templates/System/details.asp?id=25220&PID=117109

Todos los días leemos, escuchamos o vemos lo que nos reportan los noticieros a nivel local, nacional o mundial:


· Crimen y violencia. Asesinatos, secuestros, robos, etc.

·Inseguridad social.

· Inestabilidad económica.

· Inestabilidad política.

· Inestabilidad en los hogares.

· Incremento de divorcios.

· Padres que asesinan a sus hijos.

· Niños que asesinan a sus padres, abuelos o hermanos.

· Niños que asesinan niños.

· Violaciones sexuales, tanto en el hogar, como en las calles.

·Sacerdotes que abusan sexualmente de niños y jóvenes.

· Terrorismo.

·Hombres suicidas que se explotan matando e hiriendo a otros seres humanos.

· Autos-bomba que ocasionan enormes destrucciones, tanto de vida humana como material.

· Terremotos que dejan miles de muertes.

·Huracanes que dejan a su paso muerte y destrucción.

·Millones de muertes debido a sequías.

·Millones de muertes debido a guerras, guerrillas.

·Millones de muertes debido a enfermedades como el sida, el cáncer o el paludismo.

·Tragedias ecológicas por errores humanos que acarrean males incalculables para el mismo ser humano y para los seres vivientes.



De esto y mucho más es de lo que las personas son testigos. Se preguntan cuánto tiempo más podrán seguir soportando ver y escuchar todas estas desgracias.

Las preguntas que miles de millones de personas se hacen son:

¿Qué está sucediendo en el mundo?
¿Habrá alguna solución para esta enfermedad de la humanidad?
¿Se podrá erradicar todo este sufrimiento y maldad en el mundo?
¿Se puede eliminar la desesperación y cambiarla por una esperanza real y duradera?
¿Dios es el culpable de toda esta miseria?
¿Cómo se puede creer en un Dios amoroso y Todopoderoso si no hace nada para eliminar este mal mundial?


Una fe práctica

Lo que voy a mencionar puede sorprender. La verdad es que Dios ya hizo algo al respecto para solucionar el problema de la maldad y el sufrimiento en la humanidad. ¿Cuándo lo hizo? Hace cerca de dos mil años, exactamente cuando envió a Su Hijo a una parte de la tierra llamada Israel. Cuando Él nació, Israel se encontraba bajo la ocupación del poderío romano. Creció viendo la violencia, la pobreza y todo tipo de enfermedades y abusos sociales. Cuando llegó el momento de que diera a conocer la Verdad a la humanidad tenía 30 años y, por tres años, dedicó Su vida a dar a conocer el amor de Dios a las personas de todos los niveles sociales. Sanó a los enfermos y liberó a quienes estaban atormentados por demonios. Le demostraba a la gente cuánto los amaba Dios. Trajo una dimensión de amor, fe y esperanza a todo el que aceptaba Su mensaje, esta dimensión traía como resultado que las vidas se transformaran y encontraran significado en medio de tanta oscuridad.

No todas las personas que escucharon a Jesús y vieron lo que hacía lo aceptaron, muchas más bien se declararon sus enemigas. Estos enemigos trabajaron arduamente para que fuera arrestado, golpeado y, finalmente, entregado a las autoridades romanas. Éstas, a su vez, lo llevaron al lugar en el que ejecutaban a todos los criminales y lo ejecutaron. Para los romanos, y para los judíos, esta ejecución fue una más de las miles que ya estaban acostumbrados a presenciar, una estadística más en las noticias. Aparentemente, nada de trascendencia había sucedido. Los judíos habían eliminado a Quien los estaba poniendo en evidencia y los romanos habían aplicado sus métodos para imponer orden social.

Hoy en día, muchas personas consideran que la fe cristiana es irrelevante, que está conformada por un montón de supersticiones, que sólo es especulación o la forma de ganancia de algunos, que es una fuente de fanatismo o que está fuera de la realidad. Esto está lejos de ser verdad, ya que la vida y la muerte de Jesús demuestran todo lo contrario. La Historia y la Arqueología demuestran que Jesús fue una persona real y que lo clavaron a un madero real con clavos reales y que derramó sangre real. Está comprobado que la ejecución que los romanos llevaban a cabo en una cruz era una de las formas más crueles y temidas usadas en aquel tiempo. Bastante realidad para el ojo humano que las presenciaba.

El cristianismo bíblico no es ciego al sufrimiento humano. Igual que lo que presenciamos en las noticias, la crucifixión de Jesús demuestra que algo terrible sucede en la humanidad. A diferencia de las noticias que escuchamos, vemos o leemos, lo sucedido a Jesús en la cruz no se quedó como una noticia sin solución, más bien nos señala que hay solución a todo problema de la raza humana. Lo sucedido a Jesús en la cruz nos demuestra que Dios ha tomado el asunto en Sus manos para cambiar la desgracia del drama humano.

La crucifixión de Jesús no fue un evento más, más bien fue el gran evento que cambió la historia de la humanidad. La muerte de Jesús liberó el poderoso amor de Dios para todo el mundo y ese poderoso amor cambiará nuestra vida, dándole verdadero significado.


La raíz de toda la maldad humana

Existe una verdad inalterable: todos los que nacemos vamos a morir. Todos tenemos los días contados. Nadie quiere morir, pero, a la vez, la mayor parte de la humanidad no sabe cómo vivir una vida realmente significativa. La Biblia tiene buenas y malas noticias para nosotros. Iniciemos con las malas.

El problema de la maldad y el sufrimiento no sólo es el resultado de las acciones de los demás. Es muy fácil ver los daños que otros están ocasionando y culparlos, señalándolos con el dedo acusador. Pero el problema de la maldad está mucho más cerca de lo que nos imaginamos, está en nuestro corazón.

No existe un libro que se iguale a la Biblia. Que describa con honestidad el sufrimiento y la maldad del ser humano en el mundo y que nos confronte a fondo con nosotros mismos.

Jesús fue muy claro cuando dijo:
“Lo que sale de la persona es lo que la contamina. Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona.” Marcos 7:20-23

Jesús dice que el problema del ser humano se describe en una sola palabra. Una palabra que no es muy aceptada, mal comprendida y que se ha abaratado mucho: “pecado”. La palabra pecado en griego es HAMARTIA, que, traducida literalmente significa errar el blanco. Su uso va en relación a un arquero que no acierta al centro del objetivo. El pecado es la manifestación de la distorsión moral. La palabra pecado describe el principio, la fuente de la acción o el elemento interno que produce las acciones.

Jesús revela que el pecado es un poder organizado, que actúa por medio de los miembros del cuerpo, aunque el asiento del pecado esté en la voluntad. Pecar significa errar el objetivo por el cual Dios nos creó.

En otra parte de la Biblia leemos:
“pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios.”
Romanos 3:23

¿Qué piensas de esto? ¿Tiene sentido? Yo sé que sí tiene sentido. Hay personas que se consideran muy buenas porque dicen que no han hecho nada malo o nada grave en su vida. Quienes piensen así están equivocados porque nuestra naturaleza se inclina a actuar mal, aunque nuestra definición de maldad, influenciada por nuestra cultura, sea diferente. La Biblia es específica cuando señala que todos somos culpables. Todos hemos hecho cosas de las cuales nos sentimos avergonzados. Aunque nunca nos hayan sorprendido, en nuestro interior sabemos que nuestras acciones fueron de maldad. Hemos dañado a muchas personas, aunque muchas nunca se hayan dado cuenta del daño que les hemos causado, lo más doloroso es que nos hemos hecho daño a nosotros mismos.

A través de la Biblia vemos cómo se señala al pecado como lo que es, un poder organizado, una acción negativa que arruina nuestros mayores objetivos en esta vida. Jesús revela que el problema está arraigado en lo más profundo de nuestro ser y eso es lo que hace que nuestra vida lleve caminos distorsionados o equivocados. El pecado es como el cáncer, su objetivo es destruir la vida. Aunque muchas personas no se dan cuenta que tienen cáncer hasta que el dolor se manifiesta. Otras se dan cuenta que tienen cáncer cuando se enfrentan al diagnóstico. De la misma manera, el pecado tiene como fin destruir la vida, pero las personas pueden seguir viviendo, dándole la espalda a la realidad dañina que el pecado está causando en su vida. Lo mejor es encarar la situación y preguntarnos si hay remedio para el pecado.

El siglo veinte, el más sangriento de la historia humana

Los médicos inteligentes buscan curar las enfermedades comprendiéndolas, en primer lugar. El mismo ejemplo se puede aplicar al pecado. Si queremos ser honestos y conocer la razón de tanto mal en la humanidad, es necesario saber cómo trabaja el pecado en nuestro mundo.

Los intelectuales del movimiento filosófico del pensamiento humanista desarrollaron la idea de centrar en el ser humano todos sus logros y, a la vez, excluir toda realidad de lo divino. ¿Qué significa esto? Que el hombre, por un poco más de cien años, ha proclamado que puede ser muy sabio sin necesidad de reconocer la existencia ni la participación de Dios en los asuntos de la humanidad. Exaltar al ser humano como si fuera dios no es novedad. Desde la antigüedad se llegó a esos niveles de exaltación, no hay nada nuevo bajo el sol. En el siglo XX las ideas humanistas florecieron. El humanismo le ha adjudicado al hombre, al ser humano, atributos que sólo le corresponden a Dios. Como la soberanía o autonomía, el entendimiento total de todas las cosas por su gran racionalidad y la perfección moral. Los resultados de la decadencia social, hasta el día de hoy, son evidentes para quienes nos quieren ocultar que son las ideas humanistas las que nos llevan a ese desplome.

A finales del siglo XIX los humanistas habían proclamado sus convicciones, que el ser humano había llegado a una madurez intelectual, por lo tanto, la idea de hacer la guerra entre las naciones, así como las guerras civiles, habían quedado en el pasado. Anunciaron a la humanidad que el progreso científico garantizaría una maravillosa existencia de paz que nunca antes había experimentado la historia de la raza humana. Proclamaron abiertamente que el ser humano, por naturaleza era bueno, ya que había evolucionado a un nivel superior, dejando atrás la ley de la selva que les garantizaba la “sobrevivencia de los más fuertes”.

El siglo XX fue recibido con gran expectativa como el inicio de un milenio de paz, pero, en México, todo este optimismo y euforia sería despedazado con los primeros disparos de la revolución que estalló en 1910. Cuatro años después, en 1914, estalló la Primera Guerra Mundial que dejó a treinta millones de muertos en el campo de batalla. Muchos creyeron que esta guerra había sido la última de todas las guerras. En 1920 nació la Liga de las Naciones, para que no se repitiera esa maldad en el ser humano, su objetivo principal era mantener la paz, pero, en menos de veinte años, casi todos sus miembros se encontraban involucrados en la Segunda Guerra Mundial, que costó casi noventa millones de vidas. En 1946 desapareció la Liga de las Naciones, sucediéndole la Organización de las Naciones Unidas, con la idea de liberar a las futuras generaciones del azote de la guerra. Por casi cincuenta años el mundo vivió bajo la amenaza de una extinción nuclear debido a la Guerra Fría. En 1967, el Secretario de la Defensa de la Gran Bretaña admitió que éste había sido el siglo más violento de la historia. Desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, las guerras han continuado y han muerto millones de personas. Además de los muertos en las dos grandes Guerras Mundiales, otros tantos han muerto por acciones militares incluyendo las de José Stalin en la entonces U.R.S.S., que mandó masacrar a millones de sus compatriotas, la Revolución Cultural China que fue aún más violenta que la Rusa, agreguemos la de Pol Pot de Camboya, la de Viet Nam, el genocidio en varias naciones africanas, las purgas étnicas en Europa Oriental, el conflicto que no parece tener fin en Medio Oriente y guerras civiles en todos los continentes.

Negar que el siglo XX fue el siglo de asesinatos masivos no tiene nombre. Todos justifican sus acciones asesinas, lo hizo Adolfo Hitler al usar la ley de la sobrevivencia del más fuerte para justificar el holocausto, masacrando a aquellos que consideraba incompetentes para sobrevivir. Las acciones de Stalin, de Hitler y de otros dementes sociales demostraron con una clara evidencia que en el corazón del ser humano no existe tal cosa como la bondad o que a la humanidad le espera un gran futuro de paz. El optimismo se ha ido desvaneciendo conforme somos testigos del incremento de la violencia y el crimen por todas partes del mundo. Este panorama no deja mucho margen para que nuestra cultura desarrolle un optimismo real.

La Biblia tiene razón al decir:
“Y NO CONOCEN LA SENDA DE LA PAZ”. Romanos 3:17

Tan solo hemos echado un vistazo a la razón de por qué el siglo veinte fue el más sangriento de la historia y por qué el siglo XXI amenaza con ser mucho más violento que el anterior, con todas sus armas nucleares, las llamadas bombas inteligentes, mísiles de gran alcance y toda la tecnología destructiva que se vislumbra para este siglo. La raíz de este mal es el pecado. Ya dije que el pecado es un sistema organizado, su fruto fue muy evidente en el mundo durante el siglo veinte y ya está demostrando lo que puede hacer en el presente siglo. ¿Qué significa todo esto y cómo nos afecta en el área personal?

La resistencia a Dios

El pecado es la causa principal por la cual las personas no mantienen una buena relación entre sí. No se requiere mucha inteligencia para comprender esta verdad, ya que lo vemos a nuestro alrededor. Un vistazo a la violencia en la que vive la sociedad en sus hogares y en las calles lo manifiestan. A esto habrá que agregarle el aumento de la desconfianza, el odio, la corrupción que hay por todos lados, los matrimonios heridos o destrozados, alargando así la lista de divorcios “legales”.

Sin embargo, de todas las relaciones, la de mayor importancia para toda persona es la relación con Dios, la cual está dañada. La resistencia hacia Dios nos separa de Él. Esa separación de Dios nos causa un enorme sufrimiento, tanto si lo entendemos y lo aceptamos como si no lo hacemos. El sufrimiento es real, lo vivimos, si somos honestos, no debemos negarlo. Para miles de millones de personas la vida carece de significado o propósito y eso no es vida. Independientemente del nivel cultural, social o económico de la persona, la vida de miseria es evidente. Éste no fue el plan, o propósito, de Dios para la humanidad y debe quedar muy claro. Sobre todas las cosas, Dios nos creó para que viviéramos una relación de amor personal con Él. ¿Qué hemos hecho? Resistirnos a ese amor y huir, según nosotros lo logramos al escondernos de Dios, ignorar Sus normas o, sencillamente, negar Su existencia.

Jesucristo fue muy claro al señalar la elección del ser humano cuando dijo:
“La luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos.” Juan 3:19

Uno de los proverbios del rey Salomón dice:
“Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte.” Proverbios 14:12


¿Qué esperanza podemos tener cuando nos resistimos al amor de Dios?
¿Cómo podemos decir que sabemos vivir si estamos en un mundo de tinieblas creado por el propio hombre?




Un mundo en tinieblas
CAPÍTULO 2
A las personas nos gusta tener esperanza en lo que la vida pueda ofrecer, sin embargo, miles de millones de personas se levantan a diario sin una verdadera esperanza o una dirección hacia dónde ir.

Esta realidad hace que la mayoría opte por buscar alternativas que, lejos de darle significado a su vida, le dan un giro muy trágico y se dan por vencidos.
Algunas personas buscan escapar de las presiones de la realidad de su vida y el mundo que las rodea. Ésta es la razón por la cual el mundo del entretenimiento tiene tanto éxito, ya que les ofrece un aparente escape de sus realidades personales y sociales.


En este mundo no existe una sola persona que no anhele o desee tener verdadero significado en su vida. Esta verdad hace que en los intentos por encontrar esta realidad se vayan enredando más y más en situaciones destructivas y caigan en adicciones como el alcohol, las drogas, el sexo, el dinero, el poder, las posesiones y muchas otras. ¿Resuelven estas adicciones sus problemas? ¡Para nada! Al contrario, crean mayor cantidad de problemas. Una vez que se arraiga la adicción, las personas se dan cuenta de que no pueden vivir sin ella, pero tampoco con ella.

Reaccionan ante una cruda realidad, dándose cuenta de que están viviendo un espejismo, un sueño irreal de la vida y se sumergen en una depresión muy peligrosa, además de los problemas de salud física, mental y espiritual que ya tienen.

¿Por qué existen adicciones? Porque el ser humano busca lo más valioso de la vida como la felicidad, la libertad, la paz y el amor. Si no existe una clara comprensión de la perspectiva de la vida y del mundo que lo rodea, su búsqueda termina en adicciones que lo esclavizan y lo llenan de temores.

Son muchas y variadas las adicciones que atrapan a las personas, hacer una lista de ellas tomaría mucho espacio, sin embargo, reflexionemos en algunas de ellas. Como en la adicción por obtener el éxito material, por querer ingresar a las filas de los ricos y famosos, por buscar afanosamente llenar sus cuentas bancarias, obtener los autos de mayor lujo, la ropa más costosa, construir una casa con lo más sofisticado de la tecnología y llenarla de costosas adquisiciones para embellecerla, llenarse de joyas impresionantes, ser el centro de atención en las páginas sociales y se le puede agregar mucho más a esta lista.

En el proceso de conseguir todo este bienestar material destruyen sus relaciones conyugales, familiares y sociales. No sólo no logran la estabilidad ni la seguridad, sino que nunca alcanzan la meta de la felicidad, la libertad, la paz y el amor.

Cuando llegan a la cima del supuesto éxito material, toda la capacidad que demuestran en valor, determinación, disciplina, perseverancia y creatividad hace que el vacío de su ser interno sea más grande que cuando iniciaron su ascenso.

En este mundo de tinieblas encontramos una enorme cantidad de ofertas para que el ser humano encuentre ese camino que lo salvará de una vida de miseria. Debido a la obscuridad en la que se vive, cualquier cosa que brille y prometa alcanzar tan anhelada felicidad atrae a los sentidos, presentándola como la solución deseada para lograr esa vida de plenitud y satisfacción.

Existe gran cantidad y variedad de productos en el mercado que promete la salvación al ser humano. Algunos de ellos son: la yoga, kriya yoga, meditación de todo tipo, dermo-visión, todo tipo de terapia floral y aromática, sanidad por medio del reiki, el toque terapéutico para retirar la mala energía, feng shui, taoísmo y sonidos curativos, todo tipo de corriente esotérica, metafísica, chi-kung, terapia de sanación japonesa toko-tama, astrología, prácticas de espiritismo, regresiones, bioenergética, terapias de renacimiento, meditación de canalización, viajes astrales, puertas a otras dimensiones, neurolingüística esotérica, estudios transpersonales, danza prehispánica, temazcales, contacto con ángeles, terapia con cuarzos, runas vikingas, I ching, tarot, güija, seguidores de gurús hinduistas, el pathwork, eneagrama, radioestesia, meditación shamánica, tai-chi, visualización, lectura de auras, shiatsu, radiestesia, numerología, cromoterapia, magia negra, magia blanca, limpias, hipnoterapia, todo tipo de artes marciales, las diversas religiones como el budismo, hinduismo, islamismo, así como el pseudocristianismo y muchas otras cosas más. Lo que todas estas soluciones tienen en común es que ninguna de ellas llena ese vacío del corazón humano. Habrá quien rechace lo que aquí afirmo y diga que sí hay resultados. Mi respuesta es que es verdad, pero, ¿qué clase de resultados?, toda persona honesta que haya buscado soluciones en lo antes expuesto reconoce que el vacío en su vida continúa.

Una verdad inalterable es que la ceguera espiritual es más poderosa y obscura que la física. La sordera espiritual es más profunda que la física. La expresión que afirma que “lo barato sale caro” también se aplica a las corrientes antes mencionadas que ofertan una salvación ficticia. Necesitamos soluciones reales y duraderas, no superficiales o instantáneas. Nos urge tener la paz con Dios. Necesitamos Su perdón, ya que es lo único que quita la culpabilidad a nuestras acciones erróneas, necesitamos que nos integre a Su verdadera familia, que se restaure la relación con Él, la relación que desde un principio estableció como base fundamental para nuestro desarrollo personal, familiar, económico y social.

Dios nos creó con lo más valioso que nos pudo dar, la libertad para escoger estar unidos a Él o para rechazar esa relación. En un mundo de tinieblas sólo podemos encontrar a Dios si lo deseamos de todo corazón. Dios no nos va a imponer que lo busquemos o que lo amemos. Dios nos oferta Su sabiduría que es más valiosa de lo que podemos concebir, como está escrito:

“A los que me aman, les correspondo; a los que me buscan, me doy a conocer. Conmigo están las riquezas y la honra, la prosperidad y los bienes duraderos. Mi fruto es mejor que el oro fino; mi cosecha sobrepasa a la plata refinada.” Proverbios 8:17-19

El deseo de Dios no es que vivamos en incertidumbre o ansiedad. No nos dio la vida en la matriz de nuestra madre para hacernos miserables. Sus planes para nosotros son incomparables, así lo establece en Sus promesas:

“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes -afirma el SEÑOR- planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. Entonces ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé. Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón. Me dejaré encontrar -afirma el SEÑOR-, y los haré volver del cautiverio.”
Jeremías 29:11-14a



El camino a la liberación
CAPÍTULO 3
Parece increíble, pero es cuando se está en una condición tal en la que se reconoce que la vida carece de significado, en la que se admite que los problemas son demasiado sofocantes, cuando se siente la carga de una vida de esclavitud o cuando la necesidad es tan profunda que no se sabe a dónde voltear o a quién recurrir, es entonces cuando la vida puede dar un cambio radical para bien. Un cambio en el cual se es liberado de toda esa obscuridad interna. Y es que es precisamente en esa condición de derrota en la que nos damos cuenta de que la excelente noticia de lo que Jesús vino a hacer para liberar a la humanidad de la enfermedad ocasionada por el pecado tiene todo el sentido del mundo. Jesús dijo que “los enfermos son los que necesitan al médico.” (Mateo 9:12)También dijo que había venido a “buscar y a salvar lo que se había perdido.” Lucas 9:10

Nuestra ignorancia acerca de Jesús impide que apreciemos el valor de Quién es, lo que vino a hacer y lo que está haciendo hoy y siempre por las personas. Consideremos lo que la Biblia dice que Jesús es. Aproximadamente 800 años antes de que Jesús naciera se dijo esto de Él:
“La joven concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamará Emanuel”. Isaías 17:14

Emmanuel significa “Dios con nosotros.” Mateo 1:23

También nos revela Sus cualidades:
“Porque nos ha nacido un niño,
se nos ha concedido un hijo;
la soberanía reposará sobre sus hombros,
y se le darán estos nombres:
Consejero admirable, Dios fuerte,
Padre eterno, Príncipe de paz.
Se extenderán su soberanía y su paz,
y no tendrán fin.
Gobernará sobre el trono de David
y sobre su reino,
para establecerlo y sostenerlo
con justicia y rectitud
desde ahora y para siempre.” Isaías 9:6-7


Una persona muy cercana a Jesús describe algo de su humanidad y divinidad al decir que Jesús, siendo Dios, “se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” Juan 1:14

Aunque, de momento, para nuestra mente finita esto sea algo incomprensible, Jesús manifestó ampliamente a Dios involucrándose en los asuntos de la vida cotidiana del ser humano. Trabajó y vivió como ser humano hasta el momento en que fue cruelmente castigado y clavado a la cruz.

¿Por qué lo hizo o lo permitió si era Dios? Para liberarnos del poder esclavizador del pecado y de sus terribles efectos destructivos.

Los romanos utilizaban uno de los más terribles y humillantes castigos: la crucifixión. En la cruz fue en donde Jesús pagó no por lo que la condena Romana sentenció, sino por lo que la Justicia Divina requería.

También nos puede costar comprender que en la cruz Dios respondió a nuestra necesidad de ser liberados de nuestro sufrimiento humano, pero eso es exactamente lo que sucedió. Dios estaba recibiendo todos nuestros dolores, enfermedades y sufrimientos, en pocas palabras, estaba cargando con todos nuestros pecados. Jesús no merecía este castigo por la sencilla razón de que Él no pecó, Su vida fue intachable, por lo tanto, fue inocente. Aun así, se hizo pecado por nosotros. 2 Corintios 5:21

Dios estaba manifestando Su amor por nosotros porque, a pesar de ser pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8

En esa muerte vergonzosa que Jesús padeció por nosotros en la cruz fue en la que Él cambió nuestro pecado y maldad. Ese cambio consiste en quitarnos lo que nos mantenía en una vida negativa para darnos una vida de mayor abundancia.

En esa cruz fue en la que Jesús liberó el poder misericordioso, perdonador y sanador para cualquiera que venga ante Él y se lo pida. Pero tiene que pedirlo.

Aunque se desee tener una vida significativa, es imposible obtenerla sin aceptar lo que Jesús hizo, ya que las tinieblas de este mundo fueron vencidas por Cristo en la cruz y las cambió por una maravillosa Luz.

En esa cruz la terrible muerte se convirtió en vida para nosotros. En esa cruz nuestro odio se convirtió en amor hacia Dios y hacia nuestro prójimo. En esa cruz nuestra esclavitud y opresión se convirtió en una libertad incomparable. En esa cruz nuestra ansiedad se convirtió en una profunda alegría. Así es, en esa cruz nació nuestra liberación a una vida plena y, sin este reconocimiento y aceptación de lo que Dios hizo por nosotros en esa cruz, es imposible obtener un futuro prometedor.




El amor de Dios
CAPÍTULO 4
Las buenas noticias para toda la humanidad son que no todo terminó con la muerte de Jesús en la cruz, de lo contrario no habría sido una victoria para todos nosotros, sino una derrota. Jesús no sólo estaba destruyendo en la cruz el poder del pecado que esclaviza a las personas, sino que estaba conquistando a la misma muerte.

Recordemos que la historia nos revela que Dios resucitó a Jesús al tercer día de haber muerto. Jesús, al resucitar, venció a la muerte, esa victoria sobre la muerte también es un triunfo sobre las tinieblas y sobre los poderes del enemigo de Dios y de la humanidad, Satanás, y sobre todas sus huestes de maldad.

Lo vergonzoso de la muerte de Jesús en la cruz se convierte para nosotros en el acceso a la vida significativa que tanto anhelamos. Ésta es la incomparable y maravillosa noticia: en la cruz inicia el poder transformador para la humanidad. En esa cruz es en donde todo lo negativo se transforma en positivo. Las tinieblas allí se transforman en luz, la muerte en vida, la infelicidad en felicidad, la desesperación en esperanza, el odio en amor, el rencor en perdón, el temor en una poderosa fe real, la amargura en alegría, la incertidumbre en certeza. En esa cruz es en la que el infierno perdió su poder y se nos liberó para vivir victoriosamente en esta vida presente y la que, al final de nuestro camino terrenal, nos garantiza el acceso al Cielo por toda la eternidad.

Jesús no quedó sepultado en una tumba, ¡Jesús está vivo! No hay que creer a los escépticos ni a los ateos. Ellos no caminaron con Jesús, no lo vieron en la cruz, mucho menos lo vieron resucitar. Los que acompañaron a Jesús por tres años como discípulos dieron testimonio de que Jesús resucitó. ¡Jesús está vivo! Aunque sea difícil de creer lo que voy a decir, es la verdad: ¡Jesús está aquí en la tierra! Esta verdad ha sido verificada en cada generación por los últimos dos mil años. Jesús se encuentra vivo y activo entre nosotros para quitar la maldición del pecado, la cual nos perjudica, y destruir las obras de maldad que Satanás ha venido ejerciendo sobre la humanidad. Todo pecador que acepta esta verdad es perdonado. Los enfermos encuentran sanidad. Las relaciones en la familia y fuera de la misma son restauradas.

La cruz es la expresión del amor de Dios más elevado, el amor que Él ha demostrado por nosotros. Muchos hombres se han proyectado, y se siguen proyectando, como el camino a la salvación. Todos ellos, fundadores y líderes de religiones, tienen algo en común: han muerto y sus sepulturas dan testimonio de ello. Ninguno de ellos pudo lograr lo que sólo Jesús logró: ser crucificado por los pecados de la humanidad y resucitar al tercer día. Ninguno de ellos da la ayuda que desesperadamente necesitamos.

Muchos han querido ser los que señalan el camino a una vida significativa y otros han sido los que han seguido sus instrucciones. Tarde o temprano esos seguidores se dan cuenta de que en ese camino sólo existe mayor confusión que la que tenían al iniciarlo.

Jesús es el Único que puede salvarnos y señalarnos cómo podemos viajar en esta vida con seguridad y sin confusión. Él lo dijo bastante claro:
“-Yo soy el camino, la verdad y la vida- le contestó Jesús-. Nadie llega al Padre sino por mí.”
Juan 14:6




El poder de Dios a nuestra disposición
CAPÍTULO 5
El amor que Dios demostró por nosotros quedó plenamente manifestado en esa cruz. Dios no sólo ha demostrado Su amor, sino que toda la creación manifiesta el poder creativo de Dios. Él, finalmente, tiene todo poder sobre todas las cosas.

La Biblia revela que Cristo Jesús no sólo demostró Su amor hacia nosotros obedeciendo al someterse a la muerte en la cruz, sino que, junto con el Padre creó el universo. Además declara que Jesús manifestó la expresión exacta de la naturaleza de Dios y que sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder. Hebreos 1:3

¡Asombroso! ¿Verdad? Sin embargo, cuando estaba colgado en esa cruz no reflejaba ser muy poderoso. No se veía Jesús nada diferente que los otros dos que fueron crucificados con Él. Más bien se veía desfigurado por los severos golpes que recibió en el rostro, su cuerpo, torturado por los latigazos que los romanos le infligieron, su carne, desgarrada con una corona de espinas que le rasgó el cuero cabelludo haciéndolo sangrar profundamente. Los que presenciaron Su crucifixión se burlaban de Él al verlo clavado en la cruz, exigiéndole que, si era Hijo de Dios, se bajara y entonces, le creerían, sus mejores amigos lo habían abandonado. Ahí, en esa cruz, estaba clavado el cuerpo de Jesús, lleno de sangre, debilitado hasta el grado de morir, agonizando. Sin embargo, el poder de Dios se puso a nuestra disposición en la cruz.

¿Increíble? ¿Cómo puede ser esto posible? ¿Verdad que es difícil de asimilar?

La Física nos puede ayudar a comprender cómo es posible esto. Tomemos el ejemplo del átomo, en el que operan dos fuerzas, la negativa y la positiva, cuando se divide, el positivo se separa del negativo y el poder es liberado. Ese poder que se ha liberado puede tener dos efectos: destruir o beneficiar.

Regresemos a la cruz, ahí está Jesús colgado, experimentando las dos fuerzas. Una de ellas es la negativa, que representa nuestros pecados y la otra es la positiva, que representa el amor de Dios. Aunque se vea a un Jesús todo desfigurado por la crueldad del hombre, no por eso deja de ser el Hijo perfecto de Dios y, como ya lo vimos, en la cruz Él se hizo pecado por nosotros (2 Corintios 5:21) Esa cruz se convirtió en el centro de todas las fuerzas del universo, allí se concentraron todas las fuerzas del bien y del mal.

En esa cruz fue donde finalmente Jesús venció toda la maldad que había dominado al ser humano. En ese mismo instante, un nuevo poder fue liberado. Aunque no lo entendamos, en el momento de Su muerte se inició la vida indestructible. Para nosotros, en la concepción inicia la vida y, simultáneamente, la muerte, porque todos vamos a morir. Todo el poder de la maldad, con sus diversas manifestaciones de muerte, odio, temor, culpabilidad, ira, pleitos, enemistades, enojos, celos, disensiones, inmoralidad, perversión sexual, homicidio, adicciones de todo tipo, envidias, y mucho más, fue vencido. Simultáneamente, el poder salvador de Dios se hizo disponible para todo aquel que lo pida de todo corazón. Este poder de Dios sería mejor comprendido tres días después de que Jesús fuera descolgado de esa cruz y sepultado. ¿Qué sucedió al tercer día? ¡Jesús resucitó victorioso sobre la muerte! Con Su resurrección queda plenamente manifestado ese maravilloso poder de Dios.

Desde ese maravilloso día y en cada generación que desde entonces ha pasado, millones de personas han corroborado en su vida ese poder de Dios. Millones de personas más en esta generación son testigos del poder de Dios y de lo que hace a través de ellos. Las futuras generaciones lo corroborarán igualmente. Ese poder de Dios es la nueva vida que ofrece a todo al que se acerca a Él.

Ese mismo poder de Dios está a nuestra disposición para que obtengamos Su perdón por toda la culpa, consecuencia de nuestras acciones. También nos da la capacidad de perdonar aún a aquellos que nos han lastimado severamente. Nos permite distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, tanto de nuestras acciones, como de las de los demás.

Ese poder nos llena de una nueva dimensión de Su amor. Dimensión que nos impulsa a amarlo, agradeciéndole que nos ame de una manera que jamás habíamos experimentado y que nos llene de Su amor. Ese amor Suyo es el que nos permite amar a nuestro prójimo de una manera que nunca creímos que fuera posible.

Puede ahora surgir la pregunta: ¿será posible que Dios quiera darme ese poder? ¿Será posible que mi vida realmente pueda ser transformada en algo mucho mejor? ¿Será verdad que Dios me pueda amar a mí a pesar de la manera en que he vivido y de lo que he hecho?




El poder de tu voluntad
CAPÍTULO 6
Desde que nos levantamos para iniciar un nuevo día, hasta que nos acostamos, tomamos decisiones que van desde lo más trivial, hasta lo más importante. Toda decisión dará su fruto para bien o para mal. En cada decisión nuestra voluntad desempeña un papel importante. Sin embargo, hay una decisión que será la más importante de todas las decisiones que tomemos en esta vida. ¿Cuál es esa decisión? Aceptar o rechazar la oferta que Dios nos brinda para que nos reconciliemos y desarrollemos una relación personal con Él.

En algunas sociedades se escucha mucho acerca de la fe cristiana, ya sea que se consideren ateos, agnósticos, católicos, ortodoxos orientales, protestantes o evangélicos. En tiempos de Navidad se nos recuerda el nacimiento de Jesús. En Semana Santa se celebra Su crucifixión, Su sepultura, Su Resurrección y Su Ascensión. Si se profesa la fe cristiana, durante todo el año se nos está recordando que el sacrificio de Jesús en la cruz es la respuesta a todas nuestras necesidades. Muchos estarán de acuerdo, no porque sea una realidad en su vida, sino porque, sencillamente, lo han escuchado. Para que esta verdad sea una realidad, debemos llegar a un punto en nuestra vida en el que reconozcamos de todo corazón que nos estamos hundiendo o asfixiando. En esta condición de desesperación sabemos, con toda honestidad, que nuestra vida carece de verdadero significado y ya no deseamos seguir engañándonos. En ese momento debemos pedir Su ayuda y, a la vez, estar dispuestos a comprometernos con Él, ya que, si no lo hacemos, continuaremos navegando a la deriva. Dios nos ha dado el gran poder de la voluntad, Él respeta la decisión que tomemos y, si somos sabios, sabemos que necesitamos actuar urgentemente para cambiar el rumbo destructivo al que se dirige nuestra vida a toda velocidad. Muchas personas ignoran esta oportunidad, confío en que tú no lo hagas, estás a tiempo para reaccionar.

Ningún ser humano nos puede salvar. Tampoco debemos creer que por pertenecer a la iglesia nos vamos a salvar. No debemos ni siquiera concebir que nuestras obras de caridad son una garantía para salvarnos. Mucho menos, concebir que nos podemos salvar por nuestra propia cuenta. Lo único que podemos hacer es usar el poder de nuestra voluntad y creerle al Señor Jesucristo para salvarnos (Hechos 16:31). Aceptar lo que Él logró por nosotros en la cruz y tener la confianza en que Él nos da todo lo que necesitamos para vivir una vida significativa.

Puede ser que en este momento te llegue la duda y cuestiones todo esto. No estás solo, para nadie es fácil creer que así, tan sencillamente, pueda cambiar la vida. Estamos acostumbrados a aceptar que todo lo bueno tiene un gran precio. Pero una verdad que jamás cambiará es lo que Dios promete, ya que Él no es hombre para mentirnos, si Él lo dice, lo cumplirá. Números 23:19

Desde nuestra concepción, los planes de Dios son de bienestar, en Sus planes está incluido darnos un futuro prometedor y de gran esperanza (Jeremías 29:11-14a). Por un poco más de dos mil años, en cada generación, millones de personas han comprobado que las promesas que Dios revela en la Biblia son verdaderas y que son para disfrutarse en esta vida.




El camino a la restauración
CAPÍTULO 7
Es imposible que una persona restaure su relación con Dios si antes no llega a la cruz y reconoce que necesita ayuda, pero no una ayuda superficial que lo haga sentirse bien de momento. Hablamos de una necesidad muy profunda, un deseo de cambiar su estilo de vida negativo por una vida significativa.

Si esta necesidad de ayuda para el cambio ya es una realidad se está listo para iniciar la restauración con Dios. En este momento es necesario hacer dos cosas muy importantes, no porque te lo diga yo, sino porque Jesús lo dijo:

“Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas.”
Marcos 1:15
¿Qué significa esta declaración de Jesús?, ¿por qué es importante que hagas lo que dice?

El primer acto que pide es arrepentirse. La expresión “arrepiéntete” la escuchamos muy frecuentemente, así como escuchamos la palabra “pecado”. Arrepentirse significa “cambiar tu manera de pensar”. ¿Cuántos veces has tomado una decisión y te das cuenta de que no fue la correcta?, ¿qué has hecho? Cambias tu manera de pensar porque sabes que no estás haciendo lo correcto y al cambiar tu manera de pensar corriges el rumbo que llevabas para hacer lo correcto.

Cuando se va a cambiar una decisión, se debe tomar el tiempo necesario para evaluar la situación. Tienes que darte un tiempo para examinar tu vida, la manera en que la has desarrollado y, con toda honestidad, reconocer tus fallas. Enseguida tendrás que pedirle a Dios que te perdone por todos los errores cometidos, pedirle que te salve y te libere de ese pasado. Arrepentirse significa que estás dispuesto a renunciar a tu vida de pecado y restaurar tu relación con Dios. Si cambias tu actitud, le envías la señal correcta a Dios y Él cambiará tu situación. Proverbios 4:14-15

La segunda acción que pide es creer. Jesús dijo que simultáneamente al arrepentimiento debes creer las buenas noticias que revelan que Dios tiene un maravilloso plan para tu vida. En el creer la fe desempeña un papel importante. Toda persona tiene fe y la fe exige dos cosas: acción y decisión. La Palabra de Dios es muy clara al decir que creamos en la obra que Dios hizo al enviar a Jesucristo. Juan 6:29

Muchas personas confunden la fe con sentimientos y están en un grave error. La fe es una acción y tú decides creer. Como puedes ver, tú tienes fe para decidir creerle a Dios. No confundas creer en Dios con creerle a Dios. Miles de millones de personas cada día se levantan y creen en Dios “a su modo”, sin embargo, su vida sigue sin tener verdadero significado. ¿Por qué? porque no le creen a Dios. Creerle a Dios es lo que marcará la diferencia. Si en este momento le crees a Dios, el Señor de manera inmediata verificará tu sinceridad y tu pasado.

A Él no le interesa qué hayas hecho ni quién seas, de acuerdo a lo que las personas o la sociedad piensen de ti. En un momento, a la velocidad del pensamiento, y en cuanto te arrepientes y le crees a Dios, de manera instantánea, entras de manera real y segura a la salvación.

Dios nunca te fallará, Jesús no te fallará si les eres fiel. Dios te hace la promesa para tu bienestar, pero tú decides si la aceptas o la rechazas. Su Palabra así lo establece:

“Clama a mí y te responderé…”
Jeremías 33:3
“Invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás”. Salmos 50:15


Como puedes apreciar, todo lo que tienes que hacer es tener un diálogo con Dios como dialogarías con una persona de confianza y le pedirías ayuda. Insisto, dile a Dios que te perdone y te salve. Jesús mismo intervendrá a favor tuyo ante Dios.

Para hacerlo no necesitas ir con persona alguna o lugar especial, allí donde te encuentras en este momento, si quieres, lo puedes hacer, porque Dios sí quiere darte una vida de calidad.



Tu reconciliación con Dios
CAPÍTULO 8
En este momento reconoces que es la decisión más importante de tu vida. ¿Deseas reconciliarte con Dios y ser parte de Su familia? ¿Deseas salir de una vida de tinieblas para entrar a una maravillosa vida donde la sabiduría e inteligencia de Dios te guiarán? ¡No demores más el aceptar el reconciliarte con Dios, Él te espera, no te rechazará porque te ama!

Jesús declaró:
“Al que a mí viene, no lo rechazo.”
Juan 6:37

Tal vez te preguntes cómo inicia el diálogo con Dios para reconciliarte con Él. Puedes usar tus propias palabras tal como lo sientes o puedes usar el texto siguiente:

Amado Padre Celestial,

De lo más profundo de mi corazón agradezco tu invitación a reconciliarme contigo. Tú conoces la clase de vida que he llevado. No te son desconocidos todos mis pecados, sufrimientos y adicciones. Desde este momento renuncio a mi vida de maldad y acepto lo que Jesús hizo en la cruz por mí.

Señor Jesucristo, te creo y sólo en Ti pongo mi confianza y declaro de todo corazón que Tú eres el Hijo del Dios viviente.
De todo corazón creo en lo que estoy declarando y confieso con mi boca que Tú eres mi salvador, mi Señor y mi Dios.

Gracias, Señor Jesús, por dar Tu vida en la cruz por mí. Amado Padre, gracias por aceptarme en Tu familia de la cual formo parte en este momento. Espíritu Santo, abro mi corazón y mi vida para que me llenes de Tu ser como lo hiciste con Jesús. Guíame como Lo guiaste a Él para seguir este nuevo camino todos los días de mi vida.

Espíritu Santo, Te creo y Te recibo como mi maestro y guía.

Todo esto lo pido en el poderoso nombre de Jesucristo.

¡Así sea!


Has nacido de nuevo.

Si hiciste esta afirmación de todo corazón, debes saber que no eres la única persona que lo ha hecho ya que cientos de millones de otras personas, en varias partes del mundo, han nacido de nuevo al decidir seguir a Jesús.

En ningún momento dudes de que Dios no sólo te escuchó, sino que te aceptó. Tal vez no sientas que se ha iniciado una transformación en ti, recuerda que tu decisión no está basada en una emoción, sino en fe. Permíteme hacer esta comparación: no toda mujer que se embaraza sabe que está embarazada, pero lo está. El óvulo y el espermatozoide se unieron y en ese instante inicia la vida humana. Tu espíritu se ha unido al Espíritu de Dios y tu nuevo ser ha surgido, instantáneamente.

Puedes tener la plena seguridad que has iniciado una nueva vida (2 Corintios 5:17)dentro de tu ser y esa vida es la vida de Dios que ahora le da significado a todo tu futuro que inicia hoy.

Deseamos ofrecerte algo más.
Si hoy has recibido a Jesús como tu Salvador, nos gustaría que leyeras
“Una vida nueva para ti”, en esta publicación encontrarás una explicación más profunda acerca de la decisión que acabas de tomar.

Es para mí un verdadero honor haberte podido apoyar a que inicies una vida significativa en Cristo Jesús.
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