Por César Aníbal Villamil

En los últimos días del mes de junio, vimos a Mark Sanford, gobernador de Carolina de Sur, EE.UU., confesar públicamente que había tenido un romance extra matrimonial con una mujer argentina. Quedé pensando en tres palabras que el gobernador incluyó en su confesión: «Todo empezó inocentemente».

Veinte años atrás, Christianity Today publicó una nota anónima que llevaba por título: «Video seducción». La nota contaba la historia de un pastor de jóvenes que se había involucrado con la pornografía a través de las películas pornográficas que alquilaba cerca de su casa.

no-1Parar antes de comenzar

Si bien no recuerdo todos los detalles de la nota, sí recuerdo que el autor comentaba que «todo había empezado inocentemente». Un fin de semana que su esposa había asistido a un retiro espiritual, él pensó que podía alquilar algunas películas subidas de tono –aunque no pornográficas– para «estar al tanto de lo que veían los jóvenes de aquella época». Poco a poco comenzó a alquilar películas más fuertes hasta que, finalmente, alquiló su primera película pornográfica. «Cuando comencé con las películas pornográficas, ya no pude parar», comentaba en la nota. Gracias a Dios, este joven pudo salir de la trampa de la pornografía, aunque no sin mucho esfuerzo y ayuda.

Diez años atrás, apareció la película «8 milímetros» que presentaba la historia de un investigador privado que como parte de una investigación se metía en el ambiente de las prácticas pornográficas más aberrantes. Es una película muy fuerte pero aleccionadora. En cierto momento de la película, un muchacho que atendía una tienda de artículos y películas pornográficas, le dice a Nicolas Cage, el actor principal: «Una vez que te metes en la pornografía, el diablo no te deja salir». ¡Gran verdad! Entrar en la pornografía es muy fácil, salir es otra cosa. Muchos expertos dicen que una vez que una escena pornográfica entra en la mente, su imagen permanece ahí por mucho tiempo. Se establece una suerte de fortaleza muy difícil de erradicar.

El 24 de enero de 1989, el asesino serial Ted Bundy fue ajusticiado en los EE.UU. Si bien por años negó todos los cargos, en 1980 reconoció que era verdad y confesó los asesinatos de más de 30 mujeres y un niño de 12 años, a los que previamente había violado. Semejante barbaridad gatilla una pregunta: ¿Qué clase de hombre hace este tipo de cosas? También podríamos preguntar: ¿Qué cosas producen este tipo de hombres? Creo que lo que sigue nos ayudará a responder estas preguntas.

La noche anterior a su muerte, Ted Bundy fue entrevistado por el Dr. James Dobson (un resumen de la entrevista puede ser vista en Focus on the Family ), y de la conversación podemos aprender muchas cosas relacionadas a la pornografía. Déjenme compartirles algunas de ellas.

Bundy comentó que parte de la tragedia que opacó aún más toda su historia es que él había nacido en un «hogar maravilloso» y que sus amorosos padres lo habían educado con dedicación y amor, junto a otros cinco hermanos y hermanas.

«Cuando éramos niños, fuimos el foco de la atención permanente de nuestros padres. Asistíamos a la iglesia regularmente; mis padres no bebían, ni fumaban, ni malgastaban su dinero en los juegos de azar. Nunca hubo abusos físicos ni peleas en nuestro hogar. Si bien no era un hogar perfecto, el nuestro era un sólido hogar cristiano», mencionó Bundy.

Luego prosiguió, «los asesinos seriales, violadores, y otros criminales que han cometido algún tipo de violencia sexual no son inherentemente monstruos. Son los hijos y los esposos de la sociedad. Básicamente, yo era una persona normal. Aquellos que se relacionaban conmigo no sabían mis secretos. En realidad ni se los imaginaban.

»Mi involucramiento en la pornografía no sucedió de un día para otro, fue un proceso, por etapas. Como en toda adicción, uno comienza de a poco y luego se enreda más y más hasta llegar a niveles insospechados. Es un proceso que puede durar años».

Ante una pregunta del Dr. Dobson, Bundy responde: «Aunque no soy un sociólogo, puedo decirle que durante los años que estuve en la cárcel he conocido a muchos hombres que cometieron violencia sexual y, sin excepción, cada uno de ellos, estaba profundamente involucrado con la pornografía.

»Ustedes me van a matar y eso protegerá a la sociedad de lo que yo podría hacer. Pero déjeme decirle que caminando en libertad hay mucha, mucha más gente adicta a la pornografía, y la sociedad no está haciendo nada al respecto».

Por supuesto, hay gente que dice haber visto pornografía y esto no la afectó como a Ted Bundy; pero así son las adicciones, afectan a unos más que a otros. De todas maneras, el peligro es tan real que más vale nunca probar.

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Bundy continuó diciendo que cuando tenía 12 o 13 años conoció lo que él llama la «pornografía suave» (en contraposición a la pornografía más tenebrosa). «Desde ese momento, me atrapó. A partir de allí fue todo cuesta abajo».

«Una vez que uno se convierte en un adicto, comienza a requerir cosas cada vez más fuertes. El nivel de excitación requiere cada vez más hasta llegar a un punto donde ya nada lo satisface. Ahí comienza el verdadero peligro para la sociedad. Uno quiere dejar de “simplemente ver” y desea probar. Las revistas y las películas ya no son suficientes».

Por último, agregó: «Lo que muestran hoy las películas de cable eran consideradas pornografía fuerte 20 años atrás» (recordemos que esto fue dicho en 1989).

Aunque Bundy admite que no puede culpar únicamente a la pornografía por los crímenes que cometió, también dice que la pornografía ayuda a moldear un comportamiento violento