QUÉ DICE LA BIBLIA ACERCA DE LA LUCHA ESPIRITUAL?

Recopilación y adaptación de Carlos H. Marroquín Vélez.

Orígenes del concepto carismático de la “guerra espiritual”:

La práctica de la llamada “guerra espiritual” tiene sus raíces en el Movimiento de la Palabra de Fe; y ha sido difundida en las tres últimas décadas por los líderes de la “tercera ola” del pentecostalismo. La tercera ola surgió por 1980, por el impulso al crecimiento de la Iglesia promovido por C. P. Wagner y John Wimber.

C. Peter Wagner es el pionero y profeta de la “guerra espiritual”, la cual también enseñan Jack Hayford, David (Paul) Yonggi Cho, Omar Cabrera, Ed Silvoso, Héctor Torre, Larry Lea, etc. También está siendo difundida por organizaciones como Juventud con una Misión, Operación Movilización, Cruzada Estudiantil para Cristo y la asociación Marcha para Jesús, por lo cual la literatura de estos autores y organizaciones deben leerse con la debida cautela y discernimiento.

Es importante saber que Wagner y Wimber consideran como fuentes importantes de revelación de la teología no sólo “la Biblia y la tradición” (como la Iglesia Católica), sino la también “la Biblia y la experiencia”, (como el carismatismo o neopentecostalismo). Cuando la Biblia deja de ser la única y exclusiva fuente de fe para toda doctrina y práctica del cristianismo, estamos entrando en los terrenos de las herejías y de la apostasía.

Sólo Dios tiene un completo conocimiento de la guerra espiritual que se efectúa en los lugares celestiales. Él no nos ha dicho todo lo que sucede en esas áreas, pero sí nos ha dicho todo lo que los creyentes en Cristo tenemos que saber para protegernos y completar con éxito nuestra misión aquí en la tierra.

La palabra de Dios tiene toda la información necesaria sobre la guerra espiritual:

II Tim. 3:16-17, “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

II Pe. 1:3, 4, “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia; por medio de estas cosas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de las pasiones.

En algunos sectores de la cristiandad, hoy día, se pone en duda la infalibilidad de la Escritura. Otros no cuestionan la infalibilidad, pero enseñan que no todo está en la Escritura, y que se puede obtener información también de otras fuentes. Esas otras fuentes generalmente contradicen los principios bíblicos.

El hecho de que actualmente muchas prácticas dentro del cristianismo se basen en enseñanzas ajenas a las Escrituras, demuestra que muchos cristianos ya no las consideren suficientes para “toda buena obra.” Entre éstas prácticas están: atar demonios, pretender ejercer dominio sobre el diablo y enseñar técnicas para pelear contra los espíritus territoriales.

En vez de confiar solamente en lo que enseña la Biblia, muchos buscan información extrabíblica acerca de Satanás y sus demonios, y terminan confiando más en la información obtenida de líderes ex-ocultistas y de sus diversas experiencias con los ángeles caídos. Muchos de los nombres dados a los demonios y sus jerarquías, han sido recibidos por medio de supuestas revelaciones; o por información de ex–satanistas que se han ‘convertido’ y aportado sus nombres. El problema está en que recibieron esa información antes de convertirse, por tanto, es  información falsa, pues fue dada por Satanás, quien es mentiroso desde el principio.

Desde el principio Satanás despertó dudas en Adán y Eva acerca de la Palabra de Dios. Buscar información fuera de lo que Dios nos ha dicho en la Biblia, es dudar de Él y criticar Su carácter como Dios santo, justo, amoroso. Satanás les dijo a Adán y Eva que Dios les estaba ocultando algo al no decirles que sus ojos serían abiertos y que conocerían el bien y el mal, y les hizo creer que serían como dioses. No es extraño que muchos hoy prediquen que los creyentes son dioses.

La guerra espiritual está también conectada con la creencia promovida por el Movimiento de la Palabra de Fe, de que somos dioses o pequeños dioses, y que así como lo hizo Dios al crear lo que existe, nosotros podemos usar ciertas leyes espirituales para crear lo deseamos.

La doctrina de la “guerra espiritual” enseña que hay que atar al hombre fuerte (el diablo), despojarlo de lo que ha robado, para ver las profecías que Dios nos ha dado y que han de realizarse en la Iglesia. El desear ser como Dios es la antigua mentira y tentación puesta por Satanás delante de Adán y Eva, y sigue siendo la tentación ante la que caen muchos todavía. Los propugnadores de esta enseñanza, sutil o abiertamente, afirman que el hombre es un dios o un pequeño dios; que las palabras habladas o dichas oralmente tienen poder de crear (declaración positiva); y que la mente usada intensivamente puede también crear (pensamiento positivo).

En la “guerra espiritual” carismática juegan un papel muy importante el poder de las palabras habladas, así como el poder de la mente proyectada fuera de nuestro cuerpo para sanar y cambiar la realidad.

Rasgos de la “guerra espiritual” carismática:

La práctica de la “guerra espiritual” incluye las siguientes creencias:

  • Demonios territoriales y la conquista de esos territorios
  • Identificación de los demonios por sus nombres y sus tareas.
  • Diálogo con los demonios para ver si están siendo dominados.
  • Demonios que controlan pecados específicos: alcoholismo, lujuria, robo, vicios, burla, homosexualismo, etc.
  • Personas con el don del espionaje espiritual para averiguar los planes del diablo y atacarlo.
  • Afirmación de que “el cielo necesita de la iniciativa de los creyentes en la tierra” para efectuar la “guerra espiritual. ”
  • “Herencias o cargas ancestrales” y la substitución de la sangre heredada de Adán.
  • Culpar más al diablo y a las “cargas ancestrales”, heredadas de los antepasados, que a la persona por sus pecados cometidos.
  • Doctrina de la “identificación”: además de Su muerte física en la cruz, Jesús fue al infierno a sufrir muerte espiritual torturado por los demonios.
  • Expulsar demonios tanto de inconversos como de los creyentes.
  • Insultar al diablo y a sus demonios, burlarse de ellos y atarlos.
  • Uso de diversos recursos de autoayuda, incluyendo la psicología contaminada con las enseñanzas de Sigmund Freud y Carl Gustav Jung.

La guerra espiritual: oración, uso de la Biblia  y fe en Jesucristo.

Demonios territoriales y la conquista de tales territorios:

La falsa enseñanza de que ciertos demonios dominan determinados territorios toma  como base principalmente en Dan. 10:13-20.

Dan. 10:13, 20-21, “Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia.”   “Él me dijo: “¿Sabes por qué he venido a ti? Ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia; al terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá. Pero yo te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad: nadie me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe”.

Según estos versículos hay demonios llamados “príncipe de Persia” y “príncipe de Grecia”, que tienen alguna región bajo su control. Sin embargo, en el resto del A.T. y en todo el N.T. no hay más información sobre ángeles territoriales.

Rita Cabezas afirma haber recibido revelación de que bajo Satanás hay seis principados demoníacos mundiales; y que debajo de cada uno de éstos hay seis gobernadores sobre cada nación.

Identificación de los demonios por sus nombres y tareas:

La Biblia sólo menciona dos demonios por nombre:  Beelzebub y Apolión. El primero es el príncipe de los demonios, Mat. 9:34; 12:24;  y el segundo, llamado también Abadón, es el ángel del abismo que será suelto durante la Tribulación, Ap. 9:11.

(Por influencia de la Nueva Era, está de moda averiguar los nombres de supuestos “ángeles protectores o guardianes” personales. Así han aparecido una gran cantidad de nombres. Sin embargo, los únicos dos ángeles de Dios mencionados en la Biblia por nombre son Miguel:  Dan. 10:13, 21; Judas v. 9; Ap. 12:7-9; y Gabriel: Dan. 8:16; 9:21; Luc. 1:19, 26. Todos los demás nombres de supuestos “ángeles guardianes”, son mera conjetura y no se trata de los ángeles de Dios).

Muchos exorcistas preguntan el nombre de los demonios que poseen a una persona y proceden a expulsarlos. A veces se enfrascan en una discusión con ellos.

Sólo una vez, en Luc. 8:30, preguntó  Jesús el nombre de un demonio, sólo para que se revelara que eran muchos de ellos. Sus nombres no importaron. Jesús los expulsó a todos por igual, y nunca instruyó a sus apóstoles que preguntaran sus nombres; ni hay ninguna instrucción en el N.T. sobre tal práctica.

Mucha de la información extrabíblica sobre los demonios se obtiene directa o indirectamente de episodios con estos espíritus malignos y luego se agrega a la enseñanza sobre el tema en la iglesia. Si alguien aporta información obtenida cuando aún andaba en el ocultismo, su información tiene una fuente ilegítima, pues el diablo “Cuando habla mentira, de suyo habla, pues es mentiroso y padre de mentira”, Juan 8:44.  Lo triste es que tal persona confíe aún en tal información después de convertirse.

Ahora está de moda expulsar demonios del alcoholismo, o del homosexualismo, de la lujuria, del robo, de la burla y demás vicios, etc., pero la Biblia no dice que haya demonios a cargo de pecados específicos.

Herencias o maldiciones ancestrales:

La Biblia enseña que nuestra lucha espiritual, como creyentes, se desarrolla en tres áreas principales: contra el diablo, contra el mundo y contra la carne.

La mundanalidad tiene su origen en el orgullo del hombre, en querer desafiar a Dios, en tratar de ser autónomos y apoyarnos en nuestros propios conocimientos y sabiduría, en el deseo controlar y tener poder, sin depender de nuestro creador ni consultarle.

En el N. T. se acusa a la carne como la fuente de pecado y el más influyente enemigo que enfrenta el creyente. En las 12 epístolas se hallan los temas más importantes que tenían que enfrentar los creyentes de ese tiempo. Sin embargo, los demonios se mencionan sólo diez veces y la mayoría sólo para una enseñanza específica sobre ellos. Mientras tanto, hay más de 50 referencias a la carne como el principal enemigo del cristiano. La carne es otra forma de referirse a la naturaleza pecaminosa.

La “guerra espiritual” del carismatismo carga más la responsabilidad de los pecados sobre los demonios o el diablo, que sobre la persona. “El diablo me hizo hacerlo” es una excusa muy común para culpar a otros por el pecado arraigado en la persona. Así se “ata” a los demonios y se practican exorcismos.

También se recurre a culpar a las herencias ancestrales, o maldiciones que una persona tiene sobre sí por los pecados de sus padres, abuelos, bisabuelos y demás antepasados. Olvidan que, aunque en el segundo mandamiento se dice que hay consecuencias por el pecado hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que “aborrecen” a Dios, hay misericordia y bendiciones a millares, o sea hasta la milésima generación, para los que “aman” a Dios y “guardan” sus mandamientos, Éxodo 20:4-6.

Si una persona proviene de una familia que ha cometido terribles pecados, el milagro de la conversión, entendido como un nuevo nacimiento, en el que el Espíritu Santo efectúa una total regeneración, las maldiciones o consecuencias legales se cortan automáticamente:

Rom. 8:1-2, “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.”

El milagro de la conversión incluye, sin necesidad de ninguna ceremonia de liberación de las “cargas ancestrales,” la venida del Espíritu Santo a efectuar la adopción como hijos que nos hace llamar a Dios: “Abba, Padre.”

Rom. 8:15-16, “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios, pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: ‘¡Abba, Padre!’. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.”

Gál. 4:4-7, “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ‘¡Abba, Padre!’. Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.”

Gál. 3:13, “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros (pues está escrito: ‘Maldito todo el que es colgado en un madero’).”

Rom. 5:1, “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.”

Estos versículos son suficientes para que los creyentes no sean engañados y puestos bajo el temor de que tienen que hacer ciertas ceremonias de renuncia de las maldiciones ancestrales. El arrepentimiento, la confesión de toda una vida de pecado, y la petición sincera de que Cristo venga a morar en sus corazones, en la persona del Espíritu Santo, nos trasladará automáticamente del reino de las tinieblas al reino de la luz de Dios.

Hay muchos ejemplos en la Biblia en los cuales hijos de padres y abuelos perversos, se entregaron a Dios de todo su corazón y sus vidas fueron toda una bendición. Uno de estos ejemplos es el del rey Josías, hijo del malo rey Amón y nieto del perverso rey Manases, quien a pesar de su arrepentimiento, provocó a Dios para castigar a Judá al cautiverio, decreto que no fue revocado. Josías realizó una reforma religiosa y se dice de él: “No hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas,”  II Re. 21-23.

La única forma de librarse de las ataduras del enemigo es entregarse a Cristo de todo corazón:

Juan 8:36, “Así que, si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres.”

Col. 1:13, “Él nos ha librado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”

Muchas de las ideas y conceptos de la psicología moderna tienen su origen en experiencias demoníacas. La mayoría de las universidades aún consideran como pilares en el desarrollo de la psicología a maestros como Sigmund Freud, ateo y evolucionista; y a Carl G. Jung, espiritista que incursionó en una diversidad de actividades ocultistas: adivinación, hipnotismo, consulta de espíritus guías, etc.

Cuando Pablo y sus colaboradores cruzaron gran parte del Imperio Romano, no anduvieron reprendiendo demonios territoriales, ni mencionan el concepto en ningún lugar de la Escritura. Pablo se enardecía viendo la idolatría de Atenas, Hch. 16, sin embargo, no expulsó a los supuestos demonios que dominaban la ciudad, antes bien predicó en el Areópago, presentando los temas del arrepentimiento, el juicio final, la muerte y resurrección de Cristo.

Uno de los maestros de la “guerra espiritual” enseña que el cristiano obtiene su autoridad sobre el diablo por medio de la “sustitución de la sangre”. Para ello hace una oración a Dios pidiéndole que una nueva sangre fluya en su cuerpo y limpie la vieja estructura genética, sus pecados, enfermedades y toda su naturaleza. Pide una transfusión total de la sangre de Cristo en sustitución de la sangre heredada de Adán. De esta manera el derecho de propiedad de la persona ha sido traspasado a Cristo. Con la nueva sangre se obtiene un nuevo código genético que la  transforma en guerrero de Dios y puede vencer al diablo y vivir en paz.

La torcida doctrina de la “identificación”:

Los primeros líderes del herético Movimiento de la Palabra de Fe, Willian Kenyon y Kenneth Hagin, desarrollaron la doctrina de la “identificación”, que afirma que Jesús, además de Su muerte física en la cruz, fue al infierno a sufrir allí también la muerte espiritual al ser torturado por los demonios. Con ello Él completó nuestra salvación, tras lo cual nació de nuevo. Así se convirtió en el primer hombre nacido de nuevo.

Ellos afirman que en la cruz Jesús sólo murió corporalmente; la “muerte espiritual”, según ellos, ocurrió antes y se transformó en un ser demoníaco adoptando la ‘naturaleza de satanás’. Por eso la verdadera reconciliación o redención ocurrió en el Hades, en el cual fue atacado por todos los demonios del infierno para destruirlo. Por haber sufrido tal humillación a manos de los demonios, Jesucristo ganó para nosotros el poder para vencer al diablo en la batalla espiritual.

Sólo después de hacer la “oración de guerra,” y haber atado al diablo y a sus ángeles caídos, y después de haber conquistado los territorios dominados por ellos, puede haber libertad para predicar el Evangelio a una persona, ciudad o país.

Jesús no obtuvo nuestra salvación pagándole un rescate al diablo en el infierno. La Biblia dice que con la ofrenda de Su cuerpo, simbolizado por el derramamiento de Su sangre, hizo perfectos a los santificados.

Los que enseñan que Jesús por Su “muerte espiritual”adoptó la “naturaleza de Satanás”, para transformarse en un “ser demoníaco”, olvidan que Él no podría haberlo llamado Padre.

Lucas 23:45-46, “El sol se oscureció y el velo del Templo se rasgó por la mitad. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Habiendo dicho esto, expiró.” Este pasaje indica que Jesús estaba en comunión con el Padre antes de morir, la cual se había interrumpido por nuestros pecados.

Con su muerte corporal Jesús rasgó el velo del templo para mostrar simbólicamente que el camino a Dios se había abierto desde ese momento por la sangre expiatoria de Cristo.

I Pe. 2:24, “Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. ¡Por su herida habéis sido sanados!

Heb. 10:5, 10, “Por lo cual, entrando en el mundo dice: ‘Sacrificio y ofrenda no quisiste, mas me diste un cuerpo.”En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”

Col. 1:19-20, “porque al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.”

Heb. 9:14, “¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”

Ef. 1:7, “En él tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.”

I Tim. 1:5-6, “pues hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.

Rom. 3:24-25, “y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.”

II Cor. 5:21, “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él.”

Jesús descendió al Hades, según Efesios, para anunciar a los que esperaban en el Seno de Abraham la culminación de la redención en la cruz; y además, según algunos, a testificar a los incrédulos antediluvianos que podrían haberse salvado si hubieran creído el mensaje de Noé.

Ef. 4:7-10, “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: «Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres». Y eso de que «subió», ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.”

Luc. 16:22-25,  “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. En el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quieran pasar de aquí a vosotros no pueden, ni de allá pasar acá’ ”.

I Pe. 3:18-19, “Asimismo, Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; y en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.”

Expulsar demonios tanto de inconversos como de los creyentes.

Los apóstoles expulsaron demonios al ser retados por el diablo, pero nunca los sacaron de creyentes, sólo de personas no convertidas, Hch. 16:16-18. No han un sólo caso en que se haya liberado a creyentes en Cristo; sin embargo, ésta es otra práctica no bíblica de la “guerra espiritual” carismática.

Un demonio no puede entrar y tomar control de un creyente, porque el Espíritu Santo mora en él. Los cristianos no pueden ser poseídos por el diablo y sus demonios. En el creyente nacido de nuevo, el cuerpo es el templo de Dios, “vosotros sois el templo del Dios viviente”, II Cor. 6:16; y del Espíritu Santo, “vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo,” I Cor. 6:19.

Juan 14:23, “Respondió Jesús y le dijo: ‘El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él.’ ”

El hecho de que la Trinidad protege al creyente y mora dentro de él, es razón suficiente para que afirmar que un creyente no puede ser poseído. Además, en el N.T. nunca se menciona la posesión demoníaca como algo de lo cual los creyentes tenían por qué preocuparse después de la resurrección y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Si, como afirman muchos, los creyentes pueden ser poseídos, ¿por qué las epístolas, que se escribieron para enseñarles cómo vivir una vida triunfante, no mencionan nunca este peligro y cómo tratarlo si ocurriera?

La música efectúa cambios en el mundo espiritual:

Los que practican la “guerra espiritual” también propugnan por la unidad ecuménica entre las diversas denominaciones cristianas evangélicas, sectas del cristianismo y la iglesia católica romana.

La música es un instrumento usado por ellos para cambiar el mundo invisible. Lo curioso es que en mucha de esta música, la cual se ha difundido en todas las iglesias evangélicas en mayor o menor grado, ya no se enfatizan la encarnación en la Navidad,  la cruz de Cristo, su sangre expiatoria, el arrepentimiento, el nuevo nacimiento, la vida de santidad, negarse a sí mismo, llevar la cruz cada día, andar por el camino estrecho, el castigo eterno en el infierno, su pronto retorno para instalar su reino milenial, y otros temas básicos del evangelio bíblico. Esto muestra que sólo alaban a un “Cristo genérico” que queda bien con cualquier iglesia y aun con religiones no cristianas, revelando su tendencia decididamente ecuménica.

Nadie critica la música de alabanza y adoración, porque alabar y adorar son elevados deberes cristianos, y porque exalta el señorío de Cristo, su poder, su amor, su gloria y su gracia. Sin embargo, la llamada “Música Cristiana Contemporánea” no alude a las enseñanzas distintivas del evangelio bíblico que ya se han enumerado.

Todo líder cristiano responsable debería elegir con mucho cuidado los himnos y demás cantos que se usan en la iglesia. Los himnos también predican y debemos asegurarnos que su mensaje transmita enseñanzas sólidas a los hermanos, en vez de letras muy vagas y generalizadas que no dicen mucho.

Insultar al diablo y a sus demonios, burlarse de ellos y atarlos:

Muchos hoy acostumbran desafiar abiertamente a Satanás y maldecirlo a él y sus demonios, tanto en privado como en público. Paul Yonggi Cho no los ata, sino deja que los ángeles de Dios lo hagan. Las Marchas para Jesús desfilan por las calles y ciudades, mientras oran y atan a los demonios territoriales para liberar los países y regiones de las maldiciones.

Los guerreros de la guerra espiritual carismática dicen tener autoridad sobre el diablo, basados en Luc. 10:19, “Os doy potestad de pisotear serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.” De ello deducen que también pueden tener autoridad sobre el mismo diablo.

Según el pasaje anterior podemos frustrar y destruir las obras y maquinaciones del diablo; también estamos confiando en las promesas de que Dios nos guardará de los ataques de Satanás, porque Cristo intercede por nosotros y como el Buen Pastor cuida a Sus ovejas. Pero en cuanto a maldecir al diablo y atarlo, como muchos pretenden hacerlo el día de hoy, es bueno recordarles lo que hizo El mismo arcángel Miguel:

Judas 9, “Pero cuando el arcángel Miguel luchaba con el diablo disputándole el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: «El Señor te reprenda.”

La expresión y práctica de “atar”, la basan en Mat. 18:18. Sin embargo, en el contexto en que se halla indica que se refiere a la autoridad de los cristianos congregados en el nombre de Jesús, para imponer disciplina en la Iglesia. “Atar y desatar” es admitir en la iglesia, o suspender y expulsar de la congregación a los creyentes, según lo decidan sus autoridades guiadas por Dios.

Esta expresión no está usada en relación con los demonios, pues supuestamente podría aplicarse el “atar”, pero nunca podria aplicarse el “desatar”, pues es obvio que nadie querría, ni debería hacerlo.  Una vez atado Satanás y sus demonios, deberían permanecer así;  cada vez irían disminuyendo los que anduvieran sueltos, hasta que finalmente acabarían todos atados.

Durante el tiempo en que se ha estado atando demonios, ya se habría neutralizado a todos.   Si en verdad estuvieran siendo atados los demonios, ¿por cuánto tiempo se les ata? ¿Cuándo y cómo logran desatarse? Pues es lógico que los que pretenden tener autoridad sobre ellos no los desatarían nunca.  Lo que sí podemos asegurar es que cuando en una población las personas se convierten genuinamente a Cristo, después de arrepentirse, nacer de nuevo y someterse a ser guiados por el Espíritu Santo en toda la vida, ha habido cambios notorios en la sociedad, si necesidad de la ceremonia de atar demonios expresada verbalmente.

En muchas partes se ha atado demonios repetidamente, pero las conversiones no hay aumentado, o han sido meramente afiliaciones a iglesias sin una verdadera conversión al Cristo de la Biblia. Mientras tanto, la inmoralidad, las guerras, la drogadicción, el crimen y otros males van en aumento, pese a la constante práctica de atar a los demonios de los países y ciudades.

El milenio será establecido por Cristo al voler en gloria:

La Biblia predice que antes de la venida de Cristo, el mundo será como en los días de Noé: lleno de inmoralidad y violencia. Y así está el mundo hoy. No se dice que antes de Su retorno habrá un avivamiento generalizado, antes bien se anuncia una apostasía a gran escala:

Mat. 24:37-39, “Pero como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre, pues como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre.”

II Tes. 2:3, “pues no vendrá sin que antes venga la apostasía y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición.”

I Tim. 4:1-2, “Pero el Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, de hipócritas y mentirosos, cuya conciencia está cauterizada.”

II Tim. 3:1-5, “También debes saber que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos. Habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanidosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, sin templanza, crueles, enemigos de lo bueno, traidores, impetuosos, engreídos, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella. A esos, evítalos.”

Luc. 18:8,  “Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿hallará fe en la tierra?.”

Muchos de los que están difundiendo la guerra espiritual, generalmente no creen en el inminente retorno de Cristo, en el Rapto pretribulacionista y en la tribulación premilenial. Muchos de ellos propugnan por la teología del “dominio del mundo”, que enseña que la iglesia, efectuando la “guerra espiritual”, tomará posesión de la tierra, la transformará en un paraíso paulatinamente e instalará el reino milenial. Creen en un retorno postmilenial de Cristo, es decir que la iglesia traerá la transformación del mundo y Jesús reinará después.

Nuestra lucha contra las huestes espirituales de maldad en los aires:

La Biblia claramente enseña que la batalla espiritual se da en tres frentes de batalla simultáneamente: a) contra el diablo;  b) contra el mundo; y c) contra la carne. Así debemos hacerlo nosotros.

Romanos 1:1-17, “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Lo que era imposible para la Ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne, para que la justicia de la Ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. El ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz, por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la Ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

Pero vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios está en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, pero el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús está en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que está en vosotros.

Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne, porque si vivís conforme a la carne, moriréis; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios, pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: «¡Abba, Padre!». El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”

Gálatas 5:16-21, 24, “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne, porque el deseo de la carne es contra el Espíritu y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la Ley. Manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lujuria, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, divisiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas. En cuanto a esto, os advierto, como ya os he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.”

I Juan 2:15-17, “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él, porque nada de lo que hay en el mundo—los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida— proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

Juan 15:18-19, “Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os odia.”

Juan 17:14, “Yo les he dado tu palabra, y el mundo los odió porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.”

Gálatas 6:14, “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo.”

Efesios 2:1-2, “Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.”

Santiago 1:27, “La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y guardarse sin mancha del mundo.”

Santiago 4:4, “¡Adúlteros!, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios.”

I Juan 5:9, “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.”

Los creyentes evangélicos siempre hemos creído en la guerra espiritual como se describe en    Ef. 6:10-20, donde se describe la “armadura de Dios.” Allí se habla de ‘resistir’ (v. 13), estar firmes (v. 14), apagar dardos de fuego (v.16); no se habla de atacar. Se recomienda orar mucho y usar la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios  (vs. 17 y 18),  que  es  el  ejemplo  dado  por  Jesús  cuando  fue  tentado. Él había orado y ayunado por cuarenta días, y usó tres porciones de Deuteronomio para derrotar al diablo (Mat. 4:1-11), que se retiró al verse vencido. En ningún momento Jesús ató a Satanás. Eso lo hará a su tiempo, y enviará a un ángel a hacerlo, Ap. 20:10.

En I Pe. 5:8-9, el apóstol aconseja resistir firmes en la fe; y Santiago 4:7, lo ratifica al decir que si lo resistimos, el diablo huirá.

Las armas de Efesios 6 son defensivas, no ofensivas. Cuando en II Cor. 10:3-6 se habla de armas en Dios para la “destrucción de fortalezas”, se refiere a oponernos a las enseñanzas y prácticas de los “falsos apóstoles”.   II Cor. 10 y 11 enseñan que la guerra espiritual es pelear con la Palabra de Dios contra los falsos maestros y sus erróneas enseñanzas. Ya vendrá el día cuando Dios encadenará a satanás y lo lanzará para siempre en el lago de fuego, Ap. 20:1-10; y el día cuando Dios permitirá a sus hijos juzgar a los ángeles caídos, I Cor. 6:3.

I Juan 5:18-19, “Aquel que fue engendrado por Dios lo guarda y el maligno no lo toca. Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.”

II Tim. 3:12, “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”.

I Tes. 2:18, “Por eso quisimos ir a vosotros, yo, Pablo, ciertamente una y otra vez, pero Satanás nos estorbó.”

II Cor. 4:4, “esto es, entre los incrédulos, a quienes el dios de este mundo les cegó el entendimiento, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”

Ap. 2:10, “No temas lo que has de padecer. El diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. ¡Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida!

Rom. 16:20, “Y el Dios de paz aplastará muy pronto a Satanás bajo vuestros pies.”

Ap. 20:1-3; 7-10, “Vi un ángel que descendía del cielo con la llave del abismo y una gran cadena en la mano. Prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Lo arrojó al abismo, lo encerró y puso un sello sobre él, para que no engañara más a las naciones hasta que fueran cumplidos mil años. Después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.” “Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla. Su número es como la arena del mar. Subieron por la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; pero de Dios descendió fuego del cielo y los consumió. Y el diablo, que los engañaba, fue lanzado en el lago de fuego y azufre donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.”

I Cor. 6:3, “No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?” Al final del milenio, los cristianos juzgarán a los ángeles caídos.

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¿Qué debe hacer Ud. si se enfrenta de emergencia con un caso de posesión demoníaca?

  • Pedir a Dios el discernimiento para conocer si se trata realmente de una posesión demoníaca, o sólo un trastorno físico  y/o mental. I Cor. 12:10; I Juan 4:1-2.
  • Llamar a los ancianos de su iglesia para que oren por usted y la persona poseída. Stg. 5:13-15; y no buscar personas que practiquen la guerra espiritual que se ha criticado aquí.
  • Orar a Dios, quien tiene toda autoridad, pidiendo que Él libere a la persona. I Re. 18:36-37.
  • Recordar la observación del Señor Jesús sobre la necesidad orar y ayunar. Mat. 17:18-21.
  • Evitar gritos, gestos y escándalos. Demostrar la fe y la seguridad que tiene el cristiano.
  • Usar la Palabra de Dios, la cual es viva y es eficaz. Ef. 6:17; Heb. 4:12.
  • La prueba de que la persona ha sido liberada  y salva será su confesión voluntaria de que Jesucristo de Nazaret, es el Hijo de Dios, su Señor y Salvador.  Rom. 10:9; I Cor. 12:3.

CONCLUSIÓN:

Cuando se pone en duda que la Biblia tiene todo lo que el cristiano necesita para vivir su vida espiritual; cuando se duda de la inspiración e infalibilidad de las Escrituras; cuando se acude a fuentes de información extrabíblicas que contradicen el texto de la Palabra de Dios; cuando se acaricia la idea de que el hombre es un diocesito; cuando se enseña que la salvación de Jesucristo incluyó no sólo su muerte física, sino también su muerte espiritual en el Hades; cuando se cree que un cristiano, templo del Espíritu Santo, puede ser también poseído por el diablo, ya nos hemos alejado una gran distancia del evangelio bíblico.

Cuando la música y la predicación han dejado de demandar el arrepentimiento, ya no enfatizan la muerte de Cristo en la cruz, el derramamiento de Su sangre expiatoria, la total regeneración del creyente por el Espíritu Santo; cuando ya no llama pecadora a la persona, porque se le considera un dios, y en vez de ello se culpa de sus pecados a sus antepasados y a los demonios, se trata de un nuevo evangelio que no es bíblico, sino una herejía.

Cuando se desestima el milagro del nuevo nacimiento, la justificación por la fe, la adopción como hijos, la seguridad de que nada nos podrá separar del amor del Padre, porque Cristo intercede por nosotros y el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra flaqueza para saber cómo orar conforme a Su voluntad; cuando en vez de predicar la entera consagración que lleva a la entera santificación, y se aplican al creyente métodos de autoayuda, de motivación y la psicología desarrollada por hombres sin Dios, y se le pide que renuncie a las cargas ancestrales y poderes malignos ocultos que no fueron afectadas por su conversión, estamos seguramente en los días finales de la dispensación de la gracia, llegando al colmo de la apostasía.

  • Bibliografía: Triunfando en la Batalla. Thomas Ice y Robert Dean Jr. Editorial Llamada de Medianoche. Guatemala. 19
  • Explosión  Carismática. Wolfgang Bühne. Editorial Clie. España. 1194.

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