ESCRITOR: CARLOS MARROQUIN

Para comenzar es bueno establecer algunas definiciones:

=== eterno e inmortal

No hay que confundir los términos eterno con inmortal.

  • Sólo Dios es eterno, pues Él no tiene principio ni fin. Él Vive por siempre.

  • El hombre tuvo su principio  al  ser creado  por  Dios, y es inmortal porque existirá por siempre: en el cielo, o en el infierno, según  acepte  a  Cristo o lo rechace.

===cuerpo, alma y espíritu

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”                                                 I Tes. 5:23

En la Biblia Anotada de C. I. Scofield, se halla la siguiente nota sobre Gn. 1:26.

“El hombre fue creado conforme a ‘la imagen y semejanza de Dios’. Esta ‘imagen’ se descubre principalmente en la naturaleza tripartita del ser humano y en su carácter moral. El hombre es ‘espíritu, alma y cuerpo (I Tes. 5:23).  El ‘espíritu’ es la parte del hombre que ‘conoce’ (I Cor. 2:11), que le relaciona con la creación espiritual y la hace consciente de Dios.  El término ‘alma’ implica en sí mismo la posesión de una vida consciente, a diferencia de la vida vegetal, que es inconsciente.  Es en este sentido que los animales tienen también ‘alma’ (Gén. 1:24).  Pero este término tiene un contenido más vasto al aplicarse al hombre que cuando se relaciona con el reino animal.  El alma es el asiento de las emociones, de los deseos y afectos (Sal. 42:1-6). En las Escrituras, el ‘corazón’ es casi un sinónimo de ‘alma’. Debido a que el hombre en su estado natural se caracteriza principalmente por lo que le pertenece al alma o al ser físico, la palabra ‘alma’ se usa  con  frecuencia  como  un  sinónimo  de  individuo;  por  ejemplo,  Gn. 12:5.

El ‘cuerpo,’ que puede separarse del espíritu y del alma y se halla expuesto a la muerte, es no obstante una parte integral del hombre, como se demuestra en la enseñanza tocante a la resurrección (Jn. 5:28, 29; I Co. 15:47-50; Ap. 20:11-13).  El cuerpo es el asiento de los sentidos  (o sea los medios por los que el espíritu y el alma son conscientes del mundo que les rodea) y de la naturaleza caída proveniente de Adán (Ro. 7:23, 24).

Y, en cuanto a I Tes. 5:23, C. I. Scofield  dice lo siguiente:

“El hombre es un ser tripartito. Que el alma y el espíritu humanos no son idénticos se comprueba por el hecho de que ellos son divisibles (Heb. 4:12)*, y que el alma y el espíritu se distinguen de manera muy estricta en lo que toca a la sepultura y resurrección del cuerpo. Se siembra cuerpo natural (soma psuchikon: “cuerpo-alma”), resucitará cuerpo espiritual (soma pneumatikon), I Co. 15:44.  Afirmar, por lo tanto, que no hay diferencia entre alma y espíritu es afirmar que no hay diferencia entre el cuerpo mortal y el cuerpo de resurrección.  Según el uso bíblico, es posible trazar la distinción entre el espíritu y el alma.  Dicho en breve, la distinción consiste en que el espíritu es en el hombre parte por la cual él “conoce” su mente (I Cor. 2:11); mientras que el alma es el asiento de de los afectos, deseos y emociones, así como de la voluntad activa, el yo. “Mi alma está muy triste”(Mat.   (heb. nephesh) es  el equivalente  exacto  de  la  palabra  que  se  usa  en el N. T. (gr. psuche), y el uso de “alma” en el A.T. es idéntico con el uso que de este término se hace en el N.T.  (Comp. Dt. 6:5; 14:26; I Sam. 18:1; 20:4, 17; Job 7:11, 15; 14:22; Sal. 42:6; 84:2).

La palabra neotestamentaria para espíritu (gr. pneuma), al igual que el hebreo ruach en el A.T., puede traducirse “aire”, “aliento” y “viento”; pero su significado predominante es “espíritu”, ya sea de Dios  (por  ej.  Gn. 1:2; Mat. 3:16) o del hombre (Gn. 41:8; I Co. 5:5).

Debido a que el hombre es “espíritu”, él es capaz de ser consciente de Dios y de comunicarse con Él (Job 32:8; Sal. 18:28; Prov. 20:27); debido a que es “alma”, él es consciente de sí mismo (Sal. 13:2; 42:5, 6, 11); debido a que es “cuerpo” él tiene, por medio de sus sentidos, conciencia del mundo que lo rodea.

* Heb. 4:11. “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”

¿ES   EL   HOMBRE    INMORTAL?

A la interrogante en:

Job 14:14. “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?”

Jesús responde:

Juan 11:25-26: “Le dijo Jesús: ‘Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?’”

Inmortalidad  significa  la  existencia  consciente  y  eterna  del  alma

después  de  la  muerte  del  cuerpo  físico.

  1. A. La necesidad de la inmortalidad para

la vindicación del orden  moral.

“Para que la justicia de Dios pueda ser vindicada, es necesario que exista una vida futura. En la actual, tanto el bien como el mal quedan muchas veces sin recompensa y sin castigo; si no hubiera otras razones, las demandas de la justicia divina serían suficientes para probar el caso; de otra forma el orden moral del Universo no sería justo.

A menudo vemos los éxitos de los malos, sus ganancias injustas; que tienen las cosas buenas de este mundo y aparentemente gozan mucho más en esta tierra que sus vecinos que tratan de guardar los mandamientos de Dios y a los cuales la vida no se les presenta tan amable. A menudo vemos la verdad arrastrándose por el polvo y la mentira sentida en el trono. A un Nerón en un palacio y a un Pablo en una oscura prisión. Pensemos en las injusticias que a menudo ocurren en nuestros tribunales a causa de falsos testimonios; en los criminales que escapan del justo castigo que merecen sus crímenes.

Recordemos las injusticias que a menudo tienen lugar entre patronos y obreros, entre vendedores y compradores. En muchos hogares los flacos son víctimas de la crueldad y opresión de los fuertes. Los santos a menudo sufren reveses, pierden la salud o sus posesiones, son oprimidos y perseguidos. A menudo estas cosas ocurren a quienes no debieron ocurrir. Mirado desde el punto de vista de este mundo, tales hechos representan intolerables injusticias. Es irrazonable pensar que los que escapan de la justicia en esta vida, escaparán para siempre, o que las buenas obras de los justos nunca han de ser recompensadas. Es mucho más razonable creer en la inalterable ley que el mismo Creador ha escrito en nuestras conciencias a la vez que en la Biblia: “Todo lo que el hombre sembrare, esto también segará” y si esta siega no tiene lugar en esta vida, tiene que cumplirse en una vida posterior.

Negar la vida futura es abrir la puerta a toda indulgencia y crimen. Si la muerte lo termina todo, la vida en este mundo viene a ser una burla y la persona que puede proporcionarse los mayores placeres cualesquiera fueren los medios que para ello emplee, es la más afortunada y la que merece mayor admiración y envidia. Como Pablo lo expresa: “Si solamente para esta vida esperamos en Cristo, somos los más dignos de lástima de todos los hombres” (I Cor. 15:19).

Nuestra razón se rebela contra el pensamiento de que una existencia en la cual el pecado, la injusticia y el dolor son tan prominentes, ha de tener la muerte como fin de todo. La respuesta a los pecados, a las injusticias y a los méritos no recompensados de esta vida, es una vida futura con un juicio venidero, como aquel con el cual Pablo aterrorizó al pro-cónsul Félix (Hechos 24:25). Una vida futura en la cual la justicia y la santidad reinarán: La mera extinción del ser no sería suficiente castigo para los malvados y mucho menos una adecuada recompensa para los justos. Si hay un Dios sabio y justo, debe haber una vida futura. “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Gén. 18:25). Ningún ser justo puede tolerar un sistema en el cual tanto mal queda sin castigo y tanto bien sin recompensa.”                                                                (Págs. 77-79)

El salmista Asaf habla de una vida después de la tumba para explicar el porqué en ésta la virtud es tan a menudo pisoteada y el mal, prosperado, declarando que el saber esto fue duro trabajo para él, hasta que entró en el santuario de Dios y comprendió el fin de ellos.

Salmo 73:24-25. “Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?  Y fuera de ti nada deseo en la tierra.”

B.  ¿Qué enseña la Biblia sobre la inmortalidad del alma?

  • En el Antiguo Testamento:

Gén. 5:24. “Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque lo llevó Dios.”

-Dios no llevó a Enoc a un estado de inconsciencia, sino a disfrutar en Su presencia tras una vida piadosa en la tierra. Él y Elías son el tipo de los santos que serán arrebatados para estar siempre con el Señor. I Tes. 4:17.

Job 19:25-26. “Pero yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo, y que después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios. Lo veré por mí mismo; mis ojos lo verán, no los de otro. Pero ahora mi corazón se consume dentro de mí.”

-Job creía firmemente que después de la muerte de su cuerpo habría una gloriosa resurrección y que sus ojos verían a Dios.

-David tenía la convicción de que la tumba no era el final de la vida; estaba convencido de que resucitaría y viviría para siempre en la presencia de Dios.

Salmo 16:9-11. “Se alegró por tanto mi corazón y se gozó mi alma; mi carne también descansará confiadamente, porque no dejarás mi alma en el seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre.”

Salmo 17:15. “En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.”

Salmo 23:4 y 6. “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento… y en la casa de Jehová moraré por largos días.”

-David, esperaba ver a su hijo que había muerto, y lo expresa en estas palabras:

II Sam. 12:23. “Pero ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy hacia él, pero él no volverá a mí.”

-Salomón escribió que Dios mismo puso en el corazón del hombre la convicción de que su existencia es eterna.

Ecl. 3:11. “Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón del hombre.”

-Isaías predice el glorioso día de la resurrección cuando la tierra devolverá los cuerpos que durmieron en su seno.

Isaías 26:19. “Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra entregará sus muertos.”

-El profeta Daniel anunció el día cuando tanto los salvos como los no salvos se levantarán: unos para vida eterna y otros para vergüenza eterna.

Daniel 12:2-3. “Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados: unos para vida eterna, otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas, a perpetua eternidad.”

-Oseas predijo también la resurrección así como el final de la muerte y el hades anunciada en Apoc. 20:14.

Oseas 13:14. “De manos del seol los redimiré, los libraré de la muerte. Muerte, yo seré tu muerte; yo seré tu destrucción, seol.”

  • En el Nuevo Testamento:

II Tim. 1:10. “nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.”

I Juan 5:11-12. “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

-El Señor Jesucristo, con su sacrificio expiatorio, venció a la muerte y obtuvo para nosotros la resurrección para vida eterna.

Juan 5:28-29. “No os asombréis de esto, porque llegará la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; pero los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.”

Juan 3:16. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.”

Juan 14:2-3. “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis.”

Apoc. 1:17-18. “No temas. Yo soy el primero y el último, el que vive. Estuve muerto, pero vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.”

-Jesús reiteró que habrá una resurrección de los cuerpos: unos para vivir eternamente con Dios en el cielo; otros para sufrir eterna condenación en el lago de fuego. Es la persona quien decide su destino eterno por medio de aceptar a Jesucristo como su Salvador, o por rechazarlo.

II Cor. 4:16-18.Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día, pues esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”

II Tim. 4:6-8.Yo ya estoy próximo a ser sacrificado. El tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.”

-Los sufrimientos y tribulaciones, que en la corta vida terrenal hoy nos parecen tan largas, parecen  “momentáneas” comparadas con la gloriosa eternidad en la presencia de Dios. Esa esperanza mantiene encendida la fe.

Rom. 8:21-23. “Por tanto, también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora. Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

II Cor. 5:1-4.Sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial, pues así seremos hallados vestidos y no desnudos. Asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia, pues no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.”

-Pablo no sólo creía en que su alma viviría después de que muriera su cuerpo, sino creía que su alma no se sentiría desnuda para siempre, sino sería revestida de un cuerpo resucitado, glorioso y eterno para vivir con Cristo en la nueva tierra y los nuevos cielos predichos en Apoc. 21:1.

Heb. 11:19. “porque pensaba que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también lo volvió a recibir.”

-Abraham, cuando iba a sacrificar a su hijo Isaac, creía en que Dios podía resucitarlo  para cumplir las muchas promesas que había recibido acerca de él.

Hch. 7:55-56. “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: ‘Veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios’ ”

– Cuando el mártir Esteban agonizaba declaró que veía los cielos abiertos y el Hijo del Hombre a la diestra de Dios (Hechos 7:56), Esteban no iba a un estado de sueño del alma, sino a estar con su Salvador para siempre.

II Cor. 5:6-8. “Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista). Pero estamos confiados, y más aún queremos estar ausentes del cuerpo y presentes al Señor.”

-En el instante en que partimos del cuerpo estamos en la presencia de Cristo.

Fil. 1:22-24. “Pero si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger: De ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.”

– “Sin duda alguna [Pablo] no habría hablado en estos términos acerca de un estado de inconsciencia después de la muerte, pues esto es virtualmente una no existencia. ¿Qué satisfacción podría haber en estar inconscientemente “presente con el Señor”? Estas palabras no pueden tener otro significado que el de que Pablo esperaba estar inmediatamente consciente después de su muerte en la presencia de su amado Salvador. Con el ardiente deseo de rendir el servicio que tanto necesitaban las primeras iglesias, prefería vivir y trabajar, aun en medio de grandes sufrimientos, más que morir, a pesar de la gran ventaja que esto último significaba, para un hombre que había estado en el cielo (II Cor. 12:2), pero si la muerte hubiese sido la entrada a un estado de inexistencia e inactividad, no había lugar para tal dilema. “Estar presente con el Señor” pierde todo su significado, si no hay existencia consciente tras la muerte.”                 Págs. 136-7

C.  El estado intermedio.

Se le llama estado intermedio a la condición en la cual se hallan las almas entre la muerte del cuerpo físico y la resurrección de éste. Este estado es reconocido por todos los que creen en la resurrección y en el juicio final.

  • Para los católico-romanos este estado es el purgatorio en el que las almas están pagando sus culpas antes de pasar al cielo.

  • Para los Testigos de Jehová (ruselistas) y los Adventistas del Séptimo Día (sabáticos), este es un estado de inconsciencia en que las almas están en un sueño, hasta el día de la resurrección.

  • Para los cristianos evangélicos es un estado de existencia consciente, tanto para los justos como para los malos. Para los justos es un estado de descanso y de gozo; y para los malos, un estado de tormentos y tristeza.

Las declaraciones de Pablo en II Cor. 5:6-8 y Fil. 1:22-24, muestran claramente que el estado del creyente inmediatamente después de morir es más preferible que la vida en el mundo presente.

-Jesús le aseguró al ladrón crucificado que al morir iría con Él al paraíso.

Luc. 23:43. “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”

-Pablo testificó de haber sido arrebatado al cielo.

II Cor. 12:2-4. “Conozco a un hombre en Cristo que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.”

-Los santos siguen realizando sus obras al servir al Señor después de morir.

Apoc. 14:13. “Y oí una voz que me decía desde el cielo: Escribe: ‘Bienaventurados  de  aquí  en  adelante  los  muertos  que  mueren  en  el Señor’.

Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.

Juan 17:24. “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo esté, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado, pues me has amado desde antes de la fundación del mundo.”

-Dios es un Dios de vivos. En Ex. 3:6 y Mat. 22:31-32, Él se llama a Sí mismo el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, quienes están con él el cielo con los salvos de todos los tiempos. Así, las almas de Moisés y Elías vinieron del cielo y se reunieron con Jesús en el monte de la transfiguración y fueron reconocidos por los apóstoles. Un día todas estas almas vivas tendrán sus cuerpos resucitados y sus personas serán debidamente reintegradas, al igual que todos los santos, para heredar el Reino de Dios en un mundo totalmente restaurado.

Mat. 17:2-4.  “Allí se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías, que hablaban con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: «Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, haremos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.”

“Las Escrituras nos enseñan que el estado en el cual entran los justos después de su muerte, es un estado de conciencia, de santidad y de felicidad, que la resurrección y el juicio vendrán sólo a aumentar y a hacer permanente. La mente no pierde ninguno de sus atributos, ni su poder ni su conocimiento, al morir el cuerpo. Por el contrario, entra en un plano superior de existencia. El principal e inmediato resultado es que el alma, libre de las limitaciones de la tierra y limpia de los últimos vestigios de pecado, encuentra sus facultades mentales y espirituales aumentadas y está más viva y activa que lo que estaba antes.

La misma naturaleza de un alma finita, creada a imagen de Dios, implica un desenvolvimiento ilimitado. “Imagen” significa semejanza. El hombre es semejante a Dios y, por lo tanto, diferente de todo el resto de la Creación. Es: 1) un ser inteligente y pensador; 2) Un ser moral que posee sentido del bien y del mal; 3) santo, tal como fue creado originalmente y tal como será cuando su redención esté completa; 4) inmortal, pues posee un alma que vivirá por siempre jamás; y 5) legislador sobre los órdenes inferiores de la Creación –se le mandó, no solamente cuidar y guardar el jardín del Edén sino también “enseñorearse” de toda la tierra (Génesis 1:28 y 2:15), esto es, buscar y aprender cómo emplear para su propio bien los materiales de la tierra y las fuerzas de la naturaleza-. En consecuencia, el hombre dotado de tales capacidades, continuará creciendo en conocimiento, en sabiduría y en poder; no solamente durante la vida presente y el estado intermedio, sino por toda la eternidad.”                               Págs. 112-113.

“Debemos notar que el estado intermedio, a pesar de ser un estado de libertad del pecado y la pena, y al propio tiempo de perfeccionamiento personal, es no obstante todavía, en otros aspectos, un estado de imperfección. Esta imperfección consiste en primer lugar en que el espíritu está separado del cuerpo, lo cual, para la raza humana, es una condición anormal. El cuerpo, con sus órganos del sentido, es el instrumento a través del cual establecemos contacto con el mundo físico. Mientras continúe el estado incorpóreo, el alma no tiene, dentro de lo poco que conocemos, ningún instrumento con el cual establecer contacto con el mundo físico, o comunicarse con los individuos aquí.  La imperfección consiste, además, en el hecho de que ni al morir, ni durante la presente dispensación, se da la recompensa prometida a los hijos de Dios. No es a la muerte del creyente, sino a la segunda venida de Cristo, cuando, se nos dice, serán distribuidas las recompensas por las obras y abnegaciones de esta vida. Pablo nos declara que tiene preparada “la corona de justicia – añade- , la cual me dará el Señor Juez justo en aquel día, y no sólo a mí, sino a todos los que aman su venida” (II Tim. 4:8). Por lo tanto, Pablo no ha recibido todavía su corona, pues “aquel día” no ha venido aún. Pablo y todos los santos en el Paraíso están aguardando dicho día. Nuestro Señor nos enseñó también esta verdad cuando dijo de los que invitan a los pobres, que serán recompensados en el día de la resurrección de los justos. No hay ni un solo ejemplo en la Biblia que conecte la entrega de las recompensas prometidas con la muerte del creyente. Los bienes recibidos en el estado intermedio, grandiosos como son, sin duda, deben tenerse sólo como un anticipo de las cosas mejores que han de venir.

La vida del hombre, por tanto, se divide no en dos estados como se dice tan a menudo, sino en tres:

Primero: hay el estado que comprende desde el nacimiento hasta la muerte o sea la vida en el mundo presente, con el cuerpo natural.

Segundo: la vida entre la muerte y la resurrección, en el estado intermedio que es la vida [del alma] sin cuerpo.

Tercero: la vida con el cuerpo resucitado, que es el estado final y eterno.”

Págs. 114-115.

-Las Escrituras enseñan que los justos, al morir, están conscientes y entran inmediatamente en un estado de santidad y de felicidad, que la resurrección  vendrá sólo a aumentar y a hacer permanente.

-Los malvados, al morir, están conscientes y entran inmediatamente en un estado de sufrimiento consciente, que la resurrección y el juicio vendrán sólo a aumentar y a hacer permanente.

El principal pasaje en que se basan estas aseveraciones se halla en:

Lucas 16:9-31. “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.

En el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quieran pasar de aquí a vosotros no pueden, ni de allá pasar acá’.

Entonces le dijo: ‘Te ruego, pues, padre, que lo envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento’. Abraham le dijo: ‘A Moisés y a los Profetas tienen; ¡que los oigan a ellos!’. Él entonces dijo: ‘No, padre Abraham; pero si alguno de los muertos va a ellos, se arrepentirán’. Pero Abraham le dijo: ‘Si no oyen a Moisés y a los Profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levante de los muertos’ ”.

El relato de Luc. 16:9-31 es considerado por algunos como una parábola para no tomar al pie de la letra todas sus aseveraciones acerca de la vida consciente después de la muerte.  Los Amigos y los demás evangélicos dispensacionalistas lo consideramos una historia real.

En las más de cincuenta parábolas relatadas por Jesús nunca se mencionan los nombres de sus protagonistas, ni lugares determinados, mientras que en la historia de Lucas 16:9-31 sí se mencionan a Abraham y a Lázaro, y el hades.

(Pero, aun en las parábolas, los hechos son verosímiles, es decir, suceden en la vida real, y la relación entre las cosas es real, no afectada por la fantasía).

Creemos que el relato del rico y Lázaro es una historia verdadera para completar todo el cuadro con la información necesaria que la Palabra de Dios da los creyentes acerca de la vida futura.  Lo que en ella se despliega son verdades.

De esta historia podemos afirmar lo siguiente acerca del estado intermedio:

  • El rico estaba más consciente de los recuerdos pasados, o sea de su vida sobre la tierra, que lo que está una persona normal en esta vida, porque sabía lo que sucedía en los tres reinos: el suyo propio de condenación; el de Abraham y Lázaro, el cual vio por visión directa; y el mundo en el cual estaban aún sus cinco hermanos.
  • El rico continuaba teniendo en el estado intermedio el mismo carácter que tenía en la tierra. No hubo ninguna interrupción en su memoria, ni ningún cambio en su personalidad.
  • Él fue al tormento, no por ser rico, sino por ser tan duro de corazón que dejó que Lázaro se muriera miserablemente estando constantemente a su puerta. Vivió lejos de Dios en la tierra y así continúa hasta hoy.
  • Lázaro fue al paraíso, no por ser pobre, sino porque creyó en Dios y se acogió a su gracia salvadora. Vivió cerca de Dios en la tierra y así está hoy.
  • El estado de los justos y el de los malos después de la muerte, está fijado y no se puede cambiar.

Juan 8:24.Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados, si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.”

En resumen, se reitera que:

Las almas de los justos hechas perfectas en santidad son recibidas en el cielo donde contemplan la faz de Dios en luz y gloria, aguardando la completa redención de sus cuerpos; y las almas de los malos son arrojadas al infierno, donde permanecen en tormentos y completas tinieblas, esperando el juicio del gran día.   Aparte de estos dos lugares la Escritura no os enseña, ni nos da conocimiento de ningún otro.

Cuando Jesús presentó la historia de Lucas 16:9-31, Él no había consumado la redención en la cruz. El lugar de los muertos, o hades, contenía todavía a todos los muertos de todos los tiempos, en dos compartimientos separados, por ello unos y otros se daban cuenta de lo que pasaba  en ambos lados.

a) El seno de Abraham, el Padre de la fe, llamado también el Paraíso, albergaba a los salvos por la fe en todas las épocas, salvos por la fe en el Mesías que habría de venir, simbolizado en los diversos sacrificios expiatorios realizados desde el principio y luego reiterados en la ley mosaica. Este era un lugar de descanso, la antesala de los goces del cielo adonde serían trasladados y habrían de gozar la gloria completa en la presencia de Dios.

b) El lugar de tormentos, donde estaban todos los impíos de todos los tiempos, es un lugar de tormentos y tinieblas.

Cuando Jesús triunfó sobre Satanás en la cruz, al decir “consumado es”, la salvación que los santos habían gozado en promesa se concretó definitivamente. Jesús le dijo al ladrón que esa tarde estarían en el Paraíso, Luc. 23:43. Allí fue Jesús y anunció la consumación de la redención a los salvos que habían esperado hasta verdadera expiación (Ef. 4:8-10); y el Paraíso fue trasladado definitivamente al cielo. Lázaro y todos los salvos están  desde entonces en la presencia de Dios para siempre; y continuarán en ese estado aun después de la resurrección de sus cuerpos, cuando vuelva Jesucristo.

La situación en el lugar de tormentos no ha cambiado. El rico sigue y seguirá allí hasta la segunda la resurrección, la de los impíos, que recuperarán sus cuerpos para ser lanzados al Lago de Fuego que es la muerte segunda, o sufrimiento eterno, Apoc. 20:5-6; 11-15.

  1. D. La  Falsedad del Sueño de las Almas y la Aniquilación

  • El Sueño de las Almas

La doctrina del sueño de las almas sostiene que el alma se torna inconsciente al morir, y que continúa en esta condición hasta el día de la resurrección final. Según esta doctrina, las almas de los muertos están durmiendo en el sepulcro; esto es, en un mundo silencioso en el cual no existe conocimiento consciente ni actividad.

Esta doctrina es una de las teorías distintivas de los Testigos de Jehová y también de los Adventistas del Séptimo día.  Dice uno de sus escritores: “La luz del hombre, que es la vida, cesa al morir, y no vuelve a vivir hasta el día de la resurrección.” Los Testigos de Jehová insisten igualmente en que la vida del hombre cesa completamente entre la muerte y la resurrección final.

“Lo falaz de este argumento es que asume una posición que no pueden probar. El alma que es recompensada en el cielo o castigada en el infierno es la misma alma que vivió sobre la tierra. Si esta alma cesa de existir al morir, y se creara otra nueva en la resurrección, no sería la misma alma y no podría ser recompensada ni castigada justamente por lo que la otra alma hubiese hecho. Si se dice del alma incorpórea que “su luz y su vida cesa al morir”, es imposible que sea la misma alma que vuelve a la existencia en el día de la resurrección.”                                                                                           Pág. 130

“En oposición a esta doctrina del “sueño de las almas”, insistimos en que la muerte no es una extinción, sino simplemente una separación del alma y el cuerpo. El alma continúa existiendo con plena consciencia y actividad y en el día de la resurrección esta misma alma, y no otra nueva, se reunirá con el cuerpo. Podemos preguntarnos: ¿cómo puede una persona no existente volver a la existencia? ¿En qué sentido sería esta persona la misma que antes vivió?  Y respecto a los malos podemos preguntar también: ¿por qué los pecadores no existentes debería ser vueltos a la existencia para ser juzgados y aniquilados seguidamente, como afirman todas estas sectas que será su castigo?”                                                                                                    Pág. 131

“Debemos tener en cuenta, además, que la resurrección no se aplica jamás al alma sino solamente al cuerpo. No es el alma, sino el cuerpo el que resucita, esta es la enseñanza bíblica cuando se nos dice, por ejemplo, que en la crucifixión de Jesús se abrieron los sepulcros y “muchos cuerpos de santos que habían dormido se levantaron y saliendo de los sepulcros vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos” (Mat. 27:52-53). El alma no necesita resurrección: porque no muere.”                                                              Pág. 136

¡Poca consolación sería para Lázaro estar en el seno de Abraham en estado inconsciente, como algunos pretenden hacernos creer, sin saber siquiera que estaba allí!

Juan 14:6. “Jesús le dijo:  ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al

Padre sino por mí.’”

Juan 18:37.  “Le dijo entonces Pilato: ‘Luego, ¿eres tú rey?’ Respondió Jesús: ‘Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.’ ”

Es inimaginable atribuir al Hijo de Dios, quien le dijo a sus apóstoles y a Pilato que Él era la verdad, ignorancia de las cosas del más allá. Por lo tanto, lo que Él afirmó acerca del estado después de la muerte, en Lucas 16:9-31, es todo verdad.

  • La Aniquilación

El aniquilacionismo es la doctrina que sostiene que los malos sufrirán aniquilación, es decir dejarán de ser, de existir para siempre. Algunos cristianos de buena fe la sostienen porque la creen necesaria para defender el carácter de Dios, evitándole el cargo de crueldad.

“La Biblia no solamente no sugiere ninguna cesación del castigo para los malvados, sino que lo declara sin fin en los términos más tajantes. Dice que será “eterno” “para siempre”. Estas palabras son las más expresivas y tajantes del idioma griego. Son las mismas que se emplean para expresar la eternidad de Dios y para describir la duración del estado de los justos en el cielo.

I Tim. 1:17. “Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

Juan 5:24.  “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida.”

Juan 10:28. “Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.”

Rom. 6:23. “porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.”

Mat. 25:41. “Entonces dirá también a los de la izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”  “Irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna.”

En este último versículo se usa la misma palabra griega en ambos casos. Se dice que los malvados irán al “eis kolasin aionion” y los rectos “eis zoein aionion”. Por consiguiente, el significado debe ser el mismo en ambos casos. La palabra “aionion” se usa en el Nuevo Testamento 72 veces y denota siempre un sentido de duración, sin límites, eterna.

La escena del juicio de Mateo 25:31-46 implica la existencia continuada de ambos, tanto de los justos como los malos, recibiendo bendiciones los unos y castigo los otros. El paralelismo no existiría si los malos fueran aniquilados.”

Págs. 140-1

“Que los sufrimientos de los malos no tendrán fin lo vemos inequívocamente en los siguientes versículos:

Apoc. 14:11. “El humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. No tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.”

II Tes. 1:7-9. “cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Estos sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.”

Judas v. 7 y 13. “También Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra la naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.” “estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas.”

Mr. 9:43-44.  “Si tu mano te es ocasión de caer, córtala, porque mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga.”

Daniel declara que “Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados: unos para vida eterna, otros para vergüenza y confusión perpetuas” (Dan. 12:2). En estos versículos no se dice que los efectos de este castigo sean eternos, como sería en el caso de que los malos fueran aniquilados, sino que el propio castigo lo será. Se le llama “fuego, castigo, gusano, tormento o confusión” eternos. ¿Qué sentido tendría el que todo esto fuera eterno si los pecadores hubieran dejado de existir? Si estas expresiones no muestran que el castigo de los malos será eterno, no podemos comprender como puede expresarse más claramente en el lenguaje humano. Dios no aniquila a los malvados, sean hombres o ángeles, sino que los pone como espectáculo y ejemplo contra el pecado, que su santidad y justicia son puestos de manifiesto con semejante castigo.

Existe un paralelo muy estrecho entre la suerte de los malvados y la de los ángeles caídos, tal como se ve en Mateo 24:41.”

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