Cuando Adán y Eva cayeron en pecado, Dios los condenó a la pena capital, pero no sin antes sufrir de dolores y fatigas físicas durante su existencia en la tierra. No obstante, tan grande era el amor de Dios, que en el mismo día de la caída humana Él estaba preparando la redención del hombre por medio de su Hijo Jesucristo. Leamos lo que dice Apocalipsis 13:8 “…del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.” Aunque Cristo sería inmolado muchos milenios después, su inmolación se produjo en el mismo momento de la creación del mundo, en los planes y propósitos insondables de Dios. La profecía de Génesis 3:15 señala una continua y prolongada lucha entre el bien y el mal. Y aunque aparentemente el mal saldría victorioso al comienzo, al final el verdadero vencedor sería el bien, representado por Cristo, su iglesia, y su “reino eterno”. Por fin Satanás y sus demonios serán derrotados por Cristo y arrojados a su lugar de tormento por la eternidad.

 

El permiso del mal claramente sirve a los propósitos de Dios, no sólo para probar a los hombres, sino también para enseñarles a ellos algo más importante aún: EL CARÁCTER AMOROSO Y MISERICORDIOSO DIOS PARA CON LOS PECADORES. Y es que a Adán y Eva les faltaba conocer a Dios. No sabían que Dios es infinitamente misericordioso. La creación del hombre, del planeta tierra, y del universo, DEMOSTRABA que Dios es Todopoderoso y Sabio, pero: ¿Mostraba su gran AMOR y MISERICORDIA para los infortunados pecadores? ¡No lo creo! En ningún momento los primeros padres apelan a la misericordia de Dios para obtener el perdón.

 

Según Pablo, a Dios se le “conoce” por las cosas que Él hizo (Romanos 1:19,20), pero él NO está diciendo que se  pueden conocer los atributos morales y espirituales de Dios por las cosas que Él creó, sino más bien Su “ETERNO PODER” y “DEIDAD”. Definitivamente con la creación NO SE PUEDEN CONOCER LOS SENTIMIENTOS Y PROPÓSITOS MÁS RECÓNDITOS DE DIOS, ¡es imposible saberlo! Es como pretender conocer el carácter de un ingeniero por la casa que edificó, o el de un alfarero por la cerámica que hizo con sus manos. Lo máximo que podríamos saber es su inteligencia y buen gusto, pero: ¿sabremos si son buenos padres, fieles esposos, dóciles, sobrios, mansos, humildes, comprensivos, sabios, respetuosos, tolerantes, templados, etc? ¡ Es imposible saberlo! De igual modo, los hijos NO pueden conocer a sus padres si estos NO DEMUESTRAN A SUS HIJOS SU CARÁCTER O PERSONALIDAD CON ACTITUDES, como por ejemplo: El cariño que les brindan, la atención prestada, la manutención permanente, la instrucción que les inculcan, el buen ejemplo que les dan, etc. Un padre de familia no puede esperar que sus hijos le amen y obedezcan si antes éste no se SACRIFICA por ellos y los ama con buenas acciones. Los padres deben darse enteramente por su familia para que puedan cosechar buenos hijos, útiles a la sociedad.

 

El Sacrificio de Jesucristo

Lo mismo ocurre con Dios, el PADRE. Él se había propuesto DEMOSTRAR, de manera clara y contundente, Su carácter amoroso y misericordioso para con los hombres a través de un ACTO extraordinario y ÚNICO. Dios daría en SACRIFICIO a su propio Hijo Unigénito para la salvación de la humanidad. El texto clave es Romanos 5:10 que dice: Mas Dios MUESTRA (o “DEMUESTRA”, según otras versiones) SU AMOR CON NOSOTROS, en que siendo pecadores, CRISTO MURIÓ POR NOSOTROS”. Por su lado, el mismo Señor Jesucristo dijo: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). ¿Entiende ahora que la única forma de poder saber que Dios tiene un “corazón de oro” es por medio de la entrega que Él efectuó de Su amado Hijo Unigénito, Jesucristo, para su inmolación en la cruz del Calvario a favor de los pecadores? Dios DEMOSTRÓ que realmente amaba al hombre y que quería redimirlo. Ahora nadie podría alegar que Dios era severo, duro e inflexible. Imaginémonos por un momento cómo se habrá sentido Dios al ver a Su Hijo muriendo en la Cruz. Pero Él nos dio a Su Hijo para salvarnos y así arrebatarnos de las garras del Diablo. ¡Qué extraordinario acto de amor y desprendimiento por todos nosotros de parte de Dios y de Su Hijo!¡Ambos nos amaron! (Ver Efesios 5:2). Si la primera pareja humana no hubiera caído en desgracia, entonces no hubiera sido necesario que Dios mandara a su Hijo al mundo, y en consecuencia NUNCA HUBIERAMOS CONOCIDO EL AMOR DE DIOS Y DE CRISTO POR TODOS LOS HOMBRES. ¿Se imagina usted si Cristo no hubiera muerto por nosotros?¿Amaría usted realmente a Dios y a Su Hijo? ¡Piénselo un rato! Tal vez usted sólo le tendría un respeto reverente al Creador, pero no necesariamente amor. Dios permitió la caída humana para demostrar su AMOR a los hombres. También Dios permitió la REBELIÓN satánica, porque sin este maligno espíritu, ¿quién habría tentado a la primera pareja humana? El diablo, sin saberlo, ¡sirvió a los propósitos de Dios!

 

 

La Vida Eterna: La Consumación del Amor de

Dios

El apóstol Judas dice: “Conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para VIDA ETERNA. Nótese que dice que conservemos el amor que Dios nos tiene, pues haciéndolo así ganaremos la vida eterna. Es decir, la consumación del amor de Dios para con nosotros es la herencia de la vida eterna. Esta vida eterna está con Su Hijo, la cual traerá en su segunda venida en gloria.

 

El amor de Dios se traduce en salvación. Salvación es ganar la vida eterna, y la vida eterna es vivir en el reino de Dios (Leer Mateo 19:16-25) Ahora somos hijos de Dios, y tenemos una comunión estrecha con el Dios Creador, implicando con ello que somos sus herederos de Sus riquezas. Dice Pablo: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:17).

 

Conclusión

 

Sólo el Dios de la Biblia ha demostrado Su amor por los hombres haciendo un gran sacrificio nunca antes visto para redimirlos o salvarlos de su condición caída. Ningún otro Dios de las religiones del mundo ha podido hacer semejante acto supremo de dar lo más importante que puedan tener para DEMOSTRAR Su carácter de amor y misericordia infinitos por sus adoradores. He aquí una prueba mayúscula de la superioridad de la religión cristiana sobre las otras religiones del mundo. Los cristianos tienen toda la razón del mundo para amar a Su Dios, porque Su Dios los amó primero a ellos, y como respuesta, Dios se “ganó” el recíproco amor de Sus adoradores. ¿Pueden realmente amar a sus dioses los creyentes de otras religiones cuando en realidad esos dioses no hecho ni demostrado nada simple o extraordinario por ellos? Lo máximo que podrán sentir es un temor reverente a sus dioses, pero no necesariamente un amor verdadero hacia ellos.

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