escrito por Carlos Marroquín

UNA VIBRANTE VOZ DE ALERTA PARA AYER…   Y PARA HOY

UN ESTUDIO DEL LIBRO DEL PROFETA JEREMÍAS APLICADO AL PRESENTE

  • El  Libro  del  Profeta  Jeremías  tiene 52 capítulos;  y  es  el  tercero  más  extenso de la   Biblia después del Libro de los Salmos y el Libro del Profeta Isaías.
  • Su historia cubre unos 50 años.
  • Este libro fue consultado por Daniel (Dan. 9:1-2) para saber cuánto duraría el cautiverio de Judá, Jer. 25:11 y 29:10;  y fue citado por Jesús en Mat. 11:29; 21:13; 26:28.
  • El importante pasaje de Jeremías 31:31-34, es la porción más larga del Antiguo Testamento citada en el Nuevo Testamento, en Heb. 8:8-12.
  • Jeremías es el profeta de cuya vida e intimidad más se conoce.

Trasfondo histórico para entender mejor la profecía de Jeremías.

Para entender mejor el libro del profeta Jeremías, es necesario hacer un breve resumen de II Reyes caps. 21-25, y II Crónicas, caps. 33-36, que registran los reinados de los últimos siete monarcas del Reino de Judá y la decadente situación política, civil y espiritual por la cual Dios trajo sobre ellos el castigo: la invasión, la destrucción de la ciudad de Jerusalén, de su Templo y sus muros, y la masiva deportación de sus habitantes a Babilonia.

Durante los largos reinados de David y de Salomón su hijo – 40 años cada uno- el Reino de Israel había alcanzado el máximo esplendor y gloria, su mayor expansión territorial y estabilidad política, y la salud espiritual del pueblo siguiendo las leyes de Dios. A finales del reinado de Salomón, la idolatría de éste en su vejez, a la cual lo indujeron sus muchas mujeres,  sumado a la ostentación y el lujo desmedidos, sembraron la semilla de la crisis económica, la inestabilidad política y la apostasía que descendería a los más bajos niveles en los días de sus descendientes.

En 931 a. C., al morir Salomón,  su hijo Roboam rechazó la solicitud del pueblo de rebajar los altos impuestos establecidos por su padre. Como consecuencia, el reino se dividió en dos: el Reino de Israel, al norte, formado por diez tribus y con capital en Samaria; y el Reino de Judá, al sur, formado por dos tribus y con capital en Jerusalén.

El Reino del Norte inmediatamente cayó presa de la idolatría desde que Jeroboam lo separó. Sus reyes, casi todos malos, hicieron pecar a Israel con todo tipo de pecado y, tras unos 210 años, Israel fue invadido por los asirios, quienes deportaron a sus habitantes, los dispersaron y los hicieron perder su identidad étnica, cultural y religiosa. Éstas son las llamadas “diez tribus perdidas,” cuyos restos mezclados con otras etnias eran los samaritanos, que eran despreciados por los judíos en los tiempos de Cristo.

En II Re. 17:1-19 se describe la caída de Israel y sus causas:

“Adoraron a dioses ajenos… se edificaron lugares altos en todas las ciudades…  levantaron estatuas e imágenes de Aserá en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso. Quemaron incienso en todos los lugares altos, a la manera de las naciones que Jehová había traspuesto de delante de ellos… Servían además a los ídolos… Dejaron todos los mandamientos de Jehová, su Dios; se hicieron imágenes fundidas de dos becerros, y también imágenes de Aserá; adoraron a todo el ejército de los cielos y sirvieron a Baal; hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por el fuego, se dieron a adivinaciones y agüeros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, provocando su ira. Por lo tanto, Jehová se enfureció tanto contra Israel, que los quitó de delante de su rostro, y sólo quedó la tribu de Judá. Pero ni aun Judá guardó los mandamientos de Jehová, su Dios, sino que anduvieron en las costumbres que Israel había establecido.”

El Reino del Sur, en donde alternaron reyes malos y buenos, duró unos 345 años. Sin embargo, finalmente también se hundió en los múltiples pecados relacionados con la idolatría y el olvido de la Ley de Dios. Al igual que el Reino de Israel, Judá sufrió la misma suerte unos 135 años después, al ser invadida por Nabucodonosor, rey de Babilonia, y al ser deportados sus habitantes a esa nación.

En estos días previos al arrebatamiento de la Iglesia y al retorno de Jesucristo en gloria, la Iglesia está experimentando también una gran confusión y apostasía. Los grandes postulados del evangelio apostólico proclamados de nuevo en la Reforma Protestante: sólo la Escritura, sólo Cristo, sólo la fe y sólo la gracia, se han ahogado en un mar de nuevas enseñanzas y prácticas no bíblicas. Se trata de un ‘nuevo evangelio’ difundido por movimientos disfrazados de iglesias evangélicas, que pretenden tener una nueva revelación y un nuevo avivamiento. Y así como Babilonia amenazaba a Judá con la invasión, ahora se avecina la gran tribulación.

En las siguientes lecciones se tratará de presentar un paralelismo entre la decadencia moral de Judá y la contaminación del mundo -y de la iglesia cristiana- de hoy.   Así, Jeremías es el profeta con una vibrante voz de alerta para ayer… y para hoy.

Carlos H. Marroquín Vélez

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Bibliografía: “Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia.” Wilton M. Nelson. Editorial Caribe. 1998.

“Comentario Bíblico.” Matthew Henry. Editorial CLIE. 1999.

Biblia de la Versión Reina-Valera. Revisión de 1960.

Biblia de la Versión Reina-Valera. Revisión de 1995.

LECCIÓN 1:   “HE PUESTO MIS PALABRAS EN TU BOCA”  Jeremías 1:9

EL LLAMAMIENTO DE JEREMÍAS

Propósito de la lección: Presentar los antecedentes históricos que prepararon el escenario para la

larga predicación del profeta Jeremías, a fin de entender mejor su mensaje.

Capítulos para  preparar la lección: II Re. caps. 21 a 25; Jeremías cap. 1.

Lectura antes de comenzar la clase: Salmo 27.

Versículo para enfatizar y recordar: “Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto,

los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán,” Jer. 20:11.

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A.  Los últimos 5 reyes de Judá:

Durante sus últimos cien años, el Reino de Judá fue gobernado por siete reyes. Jeremías realizó su largo ministerio de 40 años durante los últimos cinco de ellos, advirtiendo sobre el inminente castigo y destrucción de la nación, a lo cual no tuvo respuesta.

Un resumen de cada uno de ellos servirá de trasfondo al contenido de la profecía de Jeremías.

Manasés:         reinó entre 687 – 642 a. C. ( 55 años )                               II Re. 21:1-18;  II Cr.  33:1-20

Manasés hizo lo malo ante Dios  y  llegó  a  ser  el rey  más perverso de todos en la

historia de los reyes de Israel y Judá.  La religión de Israel era entonces una mezcla de prácticas judaicas, asirias, babilónicas y cananeas: idolatría, astrología, espiritismo, adivinación, prostitución ritual, y aun sacrificios humanos.

Manasés colocó un ídolo de Aserá en el mismo Templo de Dios y puso altares paganos en sus atrios; adoró a “todo el ejército de los cielos;” instituyó agoreros y adivinos; sacrificó hijos suyos en el fuego al dios Moloch o Milcom, en Tofet en el valle de Hinom. Y además, derramó sangre inocente.  Hizo más mal que los amorreos antes que él. Por su maldad Dios decretó la destrucción total de Judá.

Los capitanes asirios lo capturaron y lo llevaron con encadenado a Babilonia. Sin embargo, estando cautivo, Manasés se arrepintió y reconoció que Jehová era Dios. Oró ferviente, Dios lo oyó y lo restauró a su reino.

Manasés sacó a los ídolos del Templo, reparó el altar de Jehová, destruyó los altares paganos en los atrios, e incitó al pueblo a volverse a Dios y a servirlo. Al morir fue sucedido por su hijo Amón.

Amón:             Reinó entre 642 y 640 a. C. (2 años)             (II Re. 21:19-26;  II Cr. 33:21-25)               También hizo lo malo como su padre. Pero, a diferencia de Manasés, no se humilló, sino aumentó su pecado.  Sus siervos lo asesinaron y lo sucedió su hijo Josías.

Josías:            Reinó entre  640 – 609 a. C.  ( 31 años )                           (II Re. 22:1-30;  II Cr. 34:1-27)

Aprovechando la decadencia del imperio  asirio, Josías recuperó los territorios del antiguo Reino de Israel;   rechazó la política de sometimiento a Asiria,  iniciada por Manasés; y, por un breve tiempo, Judá se desarrolló como un reino independiente.

Cuando el sacerdote Hilcías halló el Libro de la Ley en el Templo, Josías inició una

reforma religiosa en todo el reino. Limpió de ídolos el Templo y lo reparó. En varias ciudades desmenuzó los ídolos, demolió los lugares de prostitución idolátrica y expulsó a sus sacerdotes;  destruyó el altar de sacrificios humanos a Moloc en Tofet, y barrió con los encantadores y adivinos. Reinstituyó la fiesta de la Pascua, olvidada desde el tiempo de los jueces y la celebró como nunca.

Josías reiteró el pacto con Jehová y Su Ley, e instó a Judá a servirlo. Dios ya había decretado el castigo por causa del pecado de Manasés, pero prometió detenerlo hasta después del reinado de Josías.

La Biblia dice: “No hubo otro rey antes de él que se convirtiera a Jehová con todo su corazón, con toda su alma y  con todas sus fuerzas,  conforme a toda la ley de Moisés,  ni después  de él  nació  otro  igual,” II Re. 23:25.  Y también: “Hizo lo recto ante los ojos de Jehová y anduvo en los caminos de David,  su padre,  sin apartarse a la derecha ni a la izquierda,” II Cr. 34:2.

Durante su reinado Josías vio caer a Nínive, mientras ya se perfilaba el ascenso del nuevo poder: Babilonia.  Cuando el faraón Necao iba rumbo a Asiria, Josías le salió al encuentro para atacarlo. Necao trató en vano de disuadirlo y Josías murió en Meguido.

El reinado de Josías fue la última gloria pasajera que tuvo Judá, pues los cuatro reyes que le siguieron sólo precipitaron su ruina.

Joacaz: Reinó en 608 a. C. ( sólo tres meses )                              (II Re. 23:31-33;  II Cr. 36:1-4)

Joacaz, llamado también Salum, era hijo de Josías, y fue un rey malo.  Fue proclamado por el pueblo y depuesto por el faraón Necao, quien lo llevó a Egipto y allí murió. Necao impuso tributos sobre Judá.

Joacim:           Reinó entre  608 y 597 a. C.  ( 11 años )                     (II 23:34-37; 24:1-7;  II Cr. 36:5-8)

Era también hijo de Josías y fue impuesto en el trono por Necao, quien le cambió su nombre original Eliaquim a Joacim.  El fue también un rey malo.

Cuando Nabucodonosor, rey babilonio, derrotó al faraón Necao, en 605 a.C., Judá tuvo que tributar a Babilonia. Después de hacerlo por tres años, Joacim se rebeló y ya no pagó los tributos, por lo cual Nabucodonosor invadió Judá en 597 a. C., se llevó los utensilios del Templo de Jerusalén y los puso en su templo en Babilonia.  Joacim también fue llevado encadenado y allá murió.

Joaquín:          Reinó en 597 a. C.  ( sólo tres meses )     (II Re. 24:8-17;  II Cr. 36:9-10;  Jer. 52:31-34)

Era hijo  de  Joacim  y  se  le  llamaba también Conías o Jeconías.  Fue un rey malo.

Nabucodonosor vino a Judá cuando sus ejércitos ya la tenían sitiada. Capturó a Joaquín, a su madre, a sus esposas, a sus oficiales, príncipes y siervos, y los hizo llevar a Babilonia juntamente con los tesoros del Templo y de la casa real.  Fueron deportados los poderosos de la tierra: príncipes, hombres valientes y cortesanos y, además, artesanos y herreros, unos 10,000. Esta fue la primera deportación.  Sólo quedaron en Judá “los pobres del pueblo de la tierra.”

36 años más tarde, Evil-merodac, rey de Babilonia, liberó a Joaquín y lo hizo miembro de su corte por el resto de su vida.

Sedequías: Reinó entre 597 y 586 a. C.  ( 11 años )                         (II Re. 24:18-20;  II Cr. 36:11-13)

Matanías, hijo de Josías,  también, fue impuesto por Nabucodonosor, quien le cambió el nombre a Sedequías. Fue un rey malo y no se humilló ante el profeta Jeremías quien le hablaba de parte de Jehová. Los sacerdotes y el pueblo también aumentaron su pecado haciendo abominaciones y profanando el Templo.

Algunos en Judá apoyaban al rey cautivo Joaquín; otros, incluyendo a Jeremías, lo rechazaban y aconsejaban someterse a Babilonia.

En 591 a. C. Sedequías se rebeló contra Nabucodonosor y dejó de tributarle.  Jerusalén fue sitiada y después de dos años, en 587 a. C., fue tomada.  Sedequías fue capturado, y, antes de ser cegado, vio degollar a sus hijos. Luego fue llevado cautivo a Babilonia donde murió.

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B.  Quién era Jeremías. Jer. 1:1-19.

Jeremías nació en Anatot, pueblo cercano a Jerusalén, al noroeste, en el seno de una familia sacerdotal, alrededor de 647 a. C.  Fue llamado al ministerio cuando tenía unos veinte años de edad, durante el reinado de Josías. Profetizó unos cuarenta años, durante los reinados de los últimos cinco reyes de Judá, hasta la destrucción de Jerusalén en 587 a. C.

Al llamarlo a Su servicio, Dios le afirmó que lo había apartado desde antes de su concepción, y  le había asignado su misión de profeta antes de nacer.  Sería profeta ante las naciones de su tiempo que rodeaban a Judá.  Cuando se excusó de que era aún muy joven, Dios le aseguró que estaría con él y lo libraría para que cumpliera con su labor.

Luego Dios tocó su boca diciéndole que había puesto Su mensaje en ella; santificó sus labios para que hablara sólo las palabras que Él le mandaría (compare con Isaías 6:6-7). El Señor le confirió autoridad sobre naciones y reinos para “arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar”, pero también “para edificar y para plantar.”

Dios le prohibió casarse y tener hijos para que se dedicara totalmente a su ministerio, y también por los días tristes que vendrían sobre Judá en el futuro cercano. Sus profecías se dedican más que nada anunciar el castigo por apartarse de Dios, que Judá sufriría a manos del creciente nuevo imperio de Babilonia. Se le ha llamado “el profeta llorón” por lamentar el pecado de Judá y lo vano que era su predicación, de lo cual se queja en 20:7-8.  Sin embargo, Jeremías  sentía algo adentro impulsándolo: “había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.” Jeremías vivió siempre muy triste por la apostasía de su pueblo, y por la inminencia del castigo sobre ellos.

La primera lección objetiva que Dios le mostró fue una vara de almendro (en hebreo shaked), que se parece a la palabra apresuro (en hebreo shoked), indicándole -con un juego de palabras- que Él se apresuraba a cumplir el castigo sobre Judá. Luego le mostró Dios una olla con algo hirviendo adentro, que estaba por derramarse desde el norte, indicándole que de esa dirección –Babilonia-  vendría el mal sobre los moradores de su tierra.  Se le anunció a Jeremías que Jerusalén y las demás ciudades de Judá serían sitiadas y tomadas; la razón dada por Dios fue: “me dejaron, e incesaron a dioses extraños, y a la obra de sus manos adoraron.”

Dios le reiteró a Jeremías que no temiera anunciar el castigo a Judá; si se negaba a hacerlo, lo amedrentaría delante de ellos. Le recordó que lo había puesto como: “ciudad fortificada, como columna de hierro y como muro de bronce”, oponiéndoseles a los reyes, a los príncipes, a los sacerdotes y a todo el pueblo, al denunciar sus múltiples pecados y abominaciones, por lo cual serían atacados y destruidos en gran medida. El Señor le aseguró a su profeta que sus enemigos no lo derrotarían porque Él lo respaldaría.

Así emprendió Jeremías su larga y fiel labor de profetizar durante unos 40 años.

Preguntas para discusión en clase:

  1. 1. ¿Qué valores morales del mundo inconverso han contaminado a los creyentes?
  2. 2. ¿Qué prácticas de las religiones paganas han contaminado al pueblo cristiano?
  3. 3. ¿Qué creencias falsas disfrazadas de cristianismo han penetrado en la Iglesia?
  4. 4. ¿Cómo y con qué frecuencia denuncian esos pecados los líderes evangélicos?

LECCIÓN 2:   “TE ME HAS VUELTO SARMIENTO DE VID EXTRAÑA”  Jeremías 2:21

LA APOSTASÍA DE JUDÁ

Propósito de la lección:  Mostrar  el  reclamo  que  hace Dios del adulterio espiritual  de  Judá,  Su

vano llamado al arrepentimiento y los detalles del castigo que por ello le vendría.

Capítulos para preparar la lección: Jeremías caps. 2 a 9.

Lectura antes de comenzar la clase: Salmo 115.

Versículo para enfatizar y recordar: “Porque  dos  males  ha  hecho  mi  pueblo:  me  dejaron a mí,

fuente de  agua  viva,  y  cavaron para sí cisternas,  cisternas rotas que no retienen

agua.” Jer. 2-13.

A.  La triste infidelidad de Israel y de Judá. Jeremías 2:1 hasta 3:5.

Dios le recuerda a Jerusalén los tiempos de Israel en el desierto, cuando a pesar de sus fracasos, le era aún leal: “la fidelidad de tu juventud… el amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí.”  Llama a Israel “santo” que ofrecía las “primicias” de su nueva vida como nación. Entonces Dios juzgaba y castigaba a quienes le hacían daño.

Dios pregunta con dolor: “¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí y se hicieron vanos?” No preguntaron por Dios quien los sacó de la esclavitud de Egipto con mano fuerte y milagros; quien los guardó en el desierto y los llevó  a la tierra que fluía “leche y miel.”  Al contrario, contaminaron la tierra y se depravaron. Sus líderes no habían cumplido con su deber: los sacerdotes no lo buscaron; quienes tenían la ley no lo conocieron; los pastores se rebelaron; y los profetas profetizaron en nombre de Baal. Dios entró en contienda con los judíos, sus hijos y sus nietos, y trató de persuadirlos llamándolos al arrepentimiento.

Ni los paganos habían dejado a sus dioses para seguir a otros –aunque en realidad no son dioses-  porque se sentían satisfechos con ellos. En cambio Israel, y luego Judá, dejaron la gloria de Jehová, quien es “fuente de agua viva”, para seguir a los ídolos. Esto había sido como cavar pozos agrietados que no pueden contener el agua; pues los ídolos son vacíos, sin vida. Dios llama a los cielos a horrorizarse por esta acción de Israel.

Israel siendo libre, llegó a ser esclavo de las naciones paganas, las cuales le rugieron, lo devoraron y quemaron sus pueblos.  Los egipcios, quienes fueron humillados por Dios cuando ocurrió el éxodo de los israelitas, ahora habían llegado para golpearlos en la cabeza. Muy pronto muchos huirían como refugiados a Egipto a beber agua del Nilo. Muchísimos miles habían ido ya cautivos a Asiria, y pronto también irían a Babilonia, a beber agua del Éufrates. Por su pecado y necedades serían castigados, pues alejarse de Dios y dejar de temerlo es triste y trágico.

Desde hacía siglos, incontables israelitas habían dejado el pacto y la obediencia a la ley de Dios. En los lugares altos y en los bosques se habían contaminado practicando la “prostitución ritual”, con la que adoraban a Baal y a Aserá, y se habían comportado como rameras. Dios los había plantado como “vid escogida, simiente verdadera”; pero ellos se habían tornado en ramas de uvas silvestres. Israel fue como dromedaria alocada que se sale del sendero; y como asna salvaje que en su celo huele el viento buscando pareja para ayuntarse.  Los paganos hallaban a Israel siempre presta a prostituirse adoptando sus falsas y lujuriosas religiones.

Dios los llamaba a ser prudentes, pero Israel respondió que había amado a dioses extraños, que no podía ya cambiar, y que seguiría haciéndolo. Como el que roba y se avergüenza al ser sorprendido, así sería la afrenta que sufrirían los israelitas, sus reyes, príncipes, sacerdotes y profetas que habían caído en la idolatría. En su apostasía tomaban un madero y hacían un ídolo; labraban una piedra y fabricaban otro ídolo; y luego se postraban ante ambos honrándolos como sus dioses. Sin embargo, en días de angustia cuando sus dioses no les daban ayuda, entonces sí rogaban a Jehová que los librara. Dios se burla de los ídolos y los desafía a que defiendan a sus adoradores del inminente castigo. Había tantos dioses como ciudades en Judá.

Los israelitas se comportaron neciamente. A pesar de las tristes historias de apostasía, tragedia y castigo en el pasado, en tiempos de los jueces y de la monarquía, no aprendieron la lección de que la idolatría traía tristes consecuencias. Habían sido azotados sin escarmentar; antes bien mataron a  espada a los profetas que los exhortaban al arrepentimiento. Dios los había perdonado repetidamente y les había revelado Sus planes de hacerles bien. Pero ellos dejaron Sus santas leyes y se sintieron libres para hacer cuanto querían. Una virgen no olvida su vestido de bodas, pero Judá olvidó su pacto con Dios a quien prometió serle fiel. Se hizo liviana y buscó el libertinaje sexual en las religiones cananeas; y fue tal su depravación, que enseñó a pecar aun a las mujeres ya descarriadas.

Además de su idolatría, Judá había derramado sangre inocente. No sólo los asesinatos por venganzas, política, robo o mera violencia, como los cometidos por Manasés, quien llenó a  Jerusalén de sangre de extremo a extremo, sino también la muerte de muchos inocentes sacrificados en el fuego a Moloch.  Los judíos habían acusado a personas pobres que no tenían culpa,  y aun así se creían sin pecado. Por ello Dios los traería a juicio.

Dios usaría a Egipto para traerles vergüenza, como ya había usado a Asiria. En aquellos días unos apoyaban la alianza con Asiria, y otros, la alianza con Egipto, buscando seguridad ante sus enemigos. Por su rebeldía contra Dios, Judá saldría avergonzada con las manos en la cabeza, porque tanto asirios como egipcios serían a su tiempo también castigados y caerían junto con ellos. La única solución era volver a andar en las leyes de Dios, quien podía protegerlos de cualquier poder hostil.

Judá había fornicado física y espiritualmente, siendo infiel a Jehová; se había prostituido con muchos amantes. Sin embargo, Dios le ruega aún: “!Vuélvete a mí!”  No había lugar donde no se hubiera prostituido; se había ofrecido en los caminos y había contaminado la nación. Tenía frente de ramera que no mostraba vergüenza alguna por lo que hacía.  Un castigo inicial había sido la sequía, que hasta entonces había afectado sólo las lluvias tardías al final del  invierno, pero aún no a las lluvias fuertes.  Judá ya no podría llamar a Dios: “Padre mío, guiador de mi juventud”, porque sus maldades habían llegado al colmo.

B. Dios llama a Israel y a Judá al arrepentimiento. Jeremías 3:6 a 4:4.

Jeremías recibió esta palabra en días del rey Josías.  Aunque oficialmente ya se había hecho una reforma religiosa, el pueblo no era sincero en su fe. Dios le preguntó al profeta si había visto a la rebelde Israel, que había fornicado bajo todo árbol frondoso y sobre todo monte alto. Esto lo vio su hermana, la rebelde Judá, e hizo también lo mismo. No se arrepintió al ver el castigo a Israel por medio de Asiria: invasión, destrucción, exilio y pérdida de su identidad. Dios le dio carta de divorcio a Israel y la desechó. Pero Judá no aprendió; antes bien “adulteró con la piedra y con el leño.”  Judá no se volvió a Dios de corazón, sino “fingidamente”, hasta el punto que parecía “justa la rebelde Israel en comparación con la desleal Judá.”

Dios mandó a Jeremías a clamar hacia el norte, a Israel, para que se arrepintiera, pues Él es misericordioso y no guarda el enojo para siempre; le pide que regrese porque Él es su esposo.

Dios dio promesas para estos hijos apóstatas si se convertían, aunque fueran sólo unos pocos. Ofrecía volverlos a Sion y continuar con Su plan para ellos como nación: “os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia.”  Al pueblo de Dios le fallaron sus líderes: se habían desviado y dado mal ejemplo, en vez de guiarlo e instruirlo contra la idolatría.

Después que Judá sufrió la invasión y el exilio, la profecía de su retorno se cumplió sólo parcialmente al volver los judíos de Babilonia después de 70 años de cautiverio. La nación renació, revivió por casi seis siglos más. Pero de nuevo, después de rechazar a Jesucristo como su Mesías, Israel fue de nuevo destruida como nación, Jerusalén fue destrozada y su Templo quedó demolido hasta hoy.  Los romanos esparcieron a los judíos por el mundo en 70 d. C. y luego definitivamente en l35.

Esta promesa se ha estado cumpliendo cada vez más ante nuestros ojos: en 1948 el nuevo Estado de Israel fue fundado, y, después de 57 años, hoy cuenta con varios millones de judíos que han retornado desde todos los rincones del mundo. Israel, sin estar consciente de ello, recibirá pronto al Mesías, quien volverá para establecer Su glorioso Reino Milenial. Entonces Israel, sinceramente arrepentido, aceptará a Jesucristo como el Ungido, su Mesías, y cumplirá finalmente su misión de ser luz y guía a todas las naciones de la tierra.

Dios le recordó a Judá que si dejaba las abominaciones no andaría más “de acá para allá” y sería bendición a las naciones.

C. El castigo se aproxima. Jeremías 4:5-31; 7:32 a 8:2.

El profeta describió el castigo sobre Judá, al ser pronto invadida por Babilonia, así:  “Huid / quebrantamiento grande / el destruidor de naciones /  desolación /  tus ciudades quedarán asoladas y sin morador / vestíos de cilicio / endechad y aullad / desfallecerá el corazón del rey y el corazón de los príncipes / los sacerdotes estarán atónitos / miré…el campo fértil era un desierto / toda la tierra será asolada / se enlutará / te menospreciarán tus amantes, buscarán tu vida / angustia como de primeriza…”

Concluye diciendo: “!Ay ahora de mí! Que mi alma desmaya a causa de los asesinos.”

“Cíñete de cilicio, y revuélcate en ceniza; ponte luto como por hijo único, llanto de amarguras; porque pronto vendrá sobre nosotros el destruidor.”  (Los hebreos de luto vestían tela áspera de cilicio y rociaban ceniza sobre sus cabezas)

D.  Corrupción moral y obstinación de Jerusalén y Judá. Jer. 5:1-31; 6:6-30.

Dios retaba a recorrer Jerusalén y hallar al menos uno que hiciera justicia y buscara la verdad, y por él sería perdonada la ciudad.

Estas expresiones revelan la condición moral de la gente de Judá:

“Juran falsamente / los azotaste y no les dolió, los consumiste y no quisieron recibir corrección / no quisieron convertirse /  han enloquecido / no conocen el camino de Jehová / los grandes…. también quebraron el yugo /  juraron por lo que no es Dios /  los sacié y adulteraron / en casa de rameras  se juntaron en compañías / como caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de su prójimo /  pusieron trampas para cazar hombres / sus casas llenas de engaño / así se hicieron grandes y ricos / se engordaron / sobrepasaron los hechos del malo / no juzgaron la causa… del huérfano / se hicieron prósperos /  la causa del pobre no juzgaron / los profetas profetizaron mentira / toda ella está llena de violencia / injusticia y robo se oyen en ella / cada uno sigue la avaricia / desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores / andan chismeando / son corruptores… ”

Dios les aconsejó: “Paraos en los caminos, y mirad,  y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: ‘No andaremos.’ ”

E. El profeta sigue describiendo el pecado de Judá y su inminente juicio. Jeremías caps. 7-9.

7:18. “Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer las tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira.”

7:33.  “Serán los cuerpos muertos…  para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá quien las espante.”

8:1. Sacarán los huesos de los reyes de Judá, …príncipes… sacerdotes… profetas… moradores de Jerusalén fuera de sus sepulcros; y los esparcirán al sol y a la luna y a todo el ejército del cielo… en pos de quienes anduvieron, a quienes preguntaron, y ante quienes se postraron.”

9:11. “Reduciré a Jerusalén a un montón de ruinas, morada de chacales; y convertiré las ciudades de Judá en desolación en que no quede morador.”

Por tanta necedad y obstinación, Dios dijo: “¿No castigaré esto?… ¿Y de tal gente no se vengará mi  alma?”  “Estoy cansado de contenerme.”

Dios los sentenció: “Servisteis a dioses extraños en vuestra tierra, así serviréis a extraños en tierra ajena”; pero les tuvo misericordia y dijo: “no os destruiré del todo.”

Le advirtió a Jeremías, 7:16: “No ores por este pueblo…  ni me ruegues; porque no te oiré.”

F. Hoy también debemos hablar valientemente como Jeremías.

Como en los días de Jeremías, los cristianos de hoy debemos denunciar la apostasía predicha por Pablo en I Tim. 4:1 y II Tes. 2:3, donde y cuando sea necesario. Tendremos gran oposición, pero Dios ofrece protegernos y poner palabras en nuestra boca. Los ejemplos de Jeremías y Elías pueden inspirarnos.

En los días de Jeremías habían fallado los guías del pueblo: sacerdotes, profetas, los que conocían la ley y quienes eran llamados sus pastores: los ancianos y los levitas. Tenían también responsabilidad los que ocupaban posiciones de liderazgo: reyes, príncipes y demás nobles, gobernantes de ciudades, padres de familia, amos de los siervos y esclavos, dueños de plantaciones y negocios, etc. Hoy tienen gran responsabilidad de cuidar las ovejas que constituyen la Iglesia: los pastores, los predicadores, los maestros, los padres de familia y todos los que ejercen algún tipo de liderazgo, para que ellas no se extravíen tras las enseñanzas falsas disfrazadas como creencias y prácticas cristianas, pero que no se basan en las Escrituras.

Hay dos maneras en que un líder puede hacer que las ovejas caigan en la apostasía:

  1. enseñarla consciente y deliberadamente a los que están bajo su cargo;  o
  2. no prevenirlos contra ella en forma sistemática y periódica, por:
  • negligencia, o
  • falta de información

Es imperativo y urgente que todo líder se mantenga alerta y constantemente bien informado y actualizado sobre todas las corrientes que hoy presionan a la Iglesia de Jesucristo para descarriarla de la fe bíblica.

Preguntas para discutir:

  1. ¿Para qué fechas de este año ha programado el Concilio de su iglesia las pláticas de advertencia sobre las prácticas  y  enseñanzas  falsas difundidas por los medios de comunicación: radio, TV, literatura, música, etc.?
  2. ¿Está usted informado y actualizado sobre las corrientes peligrosas que afectan a los cristianos actualmente?
  3. ¿Quién en su iglesia se ha especializado el tema de las falsas enseñanzas ya apologética?

(Apologética es la defensa de la fe)

LECCIÓN 3:   “INVALIDARON MI PACTO” Jeremías 11:10

LA INFIDELIDAD DE JUDÁ

Propósito de la lección: a) Describir los dioses que sedujeron a Israel y a Judá.

b) Describir el neopaganismo que hoy seduce a la humanidad.

c) Presentar el sufrimiento de Jeremías al predicar a Judá.

Capítulos para  preparar la lección: Jeremías caps. 10-13.

Lectura antes de comenzar la clase:  Salmo 5.

Versículo para enfatizar y recordar:    “Mas  alábese   en  esto  el   que  se  hubiere  de  alabar:   en

entenderme y conocerme,  que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y

justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová. Jer. 9:24.

A. Consejos a los expatriados. Jer. 10:1-16.

Dios aconseja a los ya deportados a Babilonia y a los que pronto irían al exilio, que no aprendan las costumbres de las naciones paganas, ni tengan temor de las señales del cielo (astrología) creyendo que les presagian el futuro. La astrología y demás creencias de los idólatras son vanidad, crean sus propios dioses tallando un leño y labrando una piedra. Aunque los adornen con oro y plata para que luzcan mejor, tienen que ser clavados para evitar que se caigan al transportarlos, pues ni eso pueden hacer para ellos mismos. No pueden hacer ni bien ni mal.

Jeremías prorrumpe en adoración y alabanza a Jehová, diciendo que no hay como Él, que Su nombre y poderío son grandes. El profeta no entiende cómo existen personas que no temen a Dios, si Él es el Rey de las naciones, el único Dios vivo y eterno. Jehová hizo la tierra, ordenó el mundo, extendió los cielos, mueve las nubes, manda la lluvia, crea los relámpagos y el viento. En Su furor tiemblan la tierra y las naciones no pueden resistir Su indignación. Dios manda a Jeremías a proclamar: “Los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, desaparezcan de la tierra y de debajo de los cielos.”

Los idólatras están embrutecidos e infatuados, pero un día, aun ellos y los fabricantes de  ídolos, se darán cuenta de que no sirven para nada, que son sólo obra de talla y de fundición. No es así para quienes confían en el Hacedor de todo; ellos se gozan permanentemente con su Dios y Él se complace con Sus hijos, que son Su preciosa heredad.

B.  Asolamiento de Judá. Jer. 10:17-25.

Una vez más Dios aconseja a quienes aún viven en Judá como en una fortaleza, a prepararse para ir también al exilio, porque serán lanzados como con honda y con gran aflicción.  Judá llora por su quebrantamiento y el dolor de su llaga; a la fuerza ha tenido que reconocer que tuvo la culpa de su castigo y que debe sufrirlo. Lamenta estar destruida y llora el abandono de sus hijos. Se queja de que sus pastores – sus líderes- se envanecieron y dejaron a Jehová, y que sus rebaños  -sus discípulos-  se desbandaron por falta de instrucción en la ley de Dios.

Ya se oye el rumor de la inminente invasión del norte, y Judá sabe que se convertirá en morada de chacales. Jeremías, en nombre de Judá, pide que el castigo sea con misericordia y amor; sólo lo suficiente para arrancar la raíz del mal; no conforme a lo que merece, sino conforme al propósito de Dios en Su gracia.  Pide también que sean castigados sus castigadores paganos.

C. El Pacto entre Dios e Israel fue violado. Jer. 11:1-17.

Dios le recuerda a Judá que Él los llevó desde Egipto hasta la Tierra Prometida que fluía leche y miel, e hizo un pacto con ellos que incluía hermosas promesas si obedecían sus leyes, y ominosos castigos si no las cumplían. Desde el principio y sin cesar les repitió: “Oíd mi voz”, pero ellos no oyeron, sino siguieron la imaginación de sus perversos corazones, sirvieron a dioses extraños e invalidaron así el pacto. Dios los había castigado y perdonado repetidas veces, pero esta vez trae un castigo muy grande. Ellos le clamarán, pero Él nos los oiría.  Judá había sido para Dios como “olivo verde, hermoso en su fruto y en su parecer”, pero esta vez será quemado y sus ramas quebradas, pues lo habían provocarlo a ira  al “incensar a Baal.”

a.  La triste historia de la apostasía en Israel.

Dios, nuestro Creador y Redentor, demanda ser el único a quien debemos adorar. Así nos lo manda en Sus Diez Mandamientos: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las honrarás, porque yo soy Jehová, tu Dios, fuerte, celoso…” Ex. 20:3-5.

Dios también advirtió a Israel: “Guárdate de hacer alianza con los habitantes de la tierra donde has de entrar, para que no sean una trampa en medio de ti. Derribaréis sus altares, quebraréis sus estatuas y destruiréis sus imágenes de Aserá.  No te inclinarás ante ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, es un Dios celoso. Por tanto, no harás alianza con los habitantes de aquella tierra, no sea que cuando se prostituyan siguiendo a sus dioses y les ofrezcan sacrificios, te inviten y comas de sus sacrificios; o que tomen de sus hijas para tus hijos, y al prostituirse ellas tras sus dioses, hagan que tus hijos se prostituyan también yendo tras los dioses de ellas,” Ex. 34:12-16.

Desde sus inicios como nación en el desierto, mientras Moisés recibía las Tablas de la Ley, hicieron un becerro de oro al cual adoraron con las orgías sexuales  de los paganos. Ya en la Tierra Prometida, “Israel sirvió a Jehová durante toda la vida de Josué, y durante toda la vida de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que sabían todo lo que Jehová había hecho por Israel,” Josué 24:31.  Pero después, “los hijos de Israel comenzaron a habitar entre los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. Y tomaron a sus hijas por mujeres, y dieron sus hijas a los hijos de ellos, y sirvieron a sus dioses,” Jueces 3:5-6.

Durante el período de los jueces, la historia de Israel fue repetir el ciclo de: idolatría, opresión extranjera, clamor a Jehová por liberación, surgimiento de un libertador, restauración, reposo y, de nuevo, la apostasía. Este lamento se repite una y otra vez: “Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová y sirvieron a los baales,” Jueces 2:11.

Durante  el período de los reyes, hubo algunos tiempos de liderazgo positivo con David (y unos cuantos más: Asa, Josafat, Josías…).  Pero su mismo hijo Salomón, a pesar de su singular sabiduría, fue un mal ejemplo; en su vejez sus muchas mujeres lo llevaron a la idolatría: “Salomón siguió a Astoret,  diosa de los sidonios,  y  a Milcom, ídolo abominable de los amonitas.

E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, pues no siguió cumplidamente a Jehová como su padre David. Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón.” Por ello Dios dijo: “no ha andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, ni mis estatutos ni mis decretos, como hizo David, su padre,” II Re. 11:5-7, 33.

Al morir Salomón, el reino se dividió en dos: su hijo Roboam retuvo dos tribus: el reino de Judá; mientras Jeroboam separó diez tribus al norte: el reino de Israel.  Jeroboam llevó a Israel a la idolatría: “Después de tomar consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: ‘Ya habéis subido bastante a Jerusalén. Aquí están tus dioses, Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto’. Entonces puso uno en Bet-el y el otro en Dan,” I Re. 12:28-29.

El colmo de los reyes de Israel, casi todos malos e idólatras, llegó con Acab y su perversa esposa fenicia Jezabel. Entonces los israelitas mezclaban el culto a Jehová con los elementos idolátricos del culto a Baal. Por ello Elías les dijo: “¿Hasta cuándo vacilaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; si Baal, id en pos de él,” I Re. 18:21.  Elías contendió con ellos y los venció, tras lo cual ejecutó a 450 profetas de Baal, según lo mandaba la Ley.

Israel fue invadido por Asiria y llevado a otra tierra donde perdió su identidad étnica y espiritual. En Judá, donde alternaron algunos reyes buenos con muchos malos, Manasés fue el peor en la historia de ambos reinos. Cuando el buen rey Josías llevó a cabo su gran reforma espiritual, su tarea fue eliminar todo lo hecho por Manasés, II Re. 23:4-24:

V. 4.  Sacó del Templo los utensilios para adorar a Baal y Aserá, y al ejército de los  cielos.

V. 5.  Quitó a los sacerdotes que quemaban incienso a Baal, el sol, la luna, los signos del zodíaco

y todo el ejército de los cielos, en Jerusalén y demás ciudades.

V. 6.  Quemó y pulverizó la imagen de Aserá que estaba en el Templo.

V. 7.  Derribó los lugares de prostitución idolátrica en el Templo, donde las mujeres tejían tiendas

para la prostitución con que adoraban a Aserá.

V. 10. Destruyó el templo de Moloc en Tofet, en el valle de Hinom, donde se sacrificaban

humanos.  (En tiempos de Cristo éste era un lugar despreciable llamado Gehenna).

V. 11. Quitó los caballos y carros con que rendían culto al sol a la entrada del Templo.

V. 12. Quitó los altares sobre la terraza de la sala de Acaz, y los altares que Manasés puso en los

atrios del Templo para todo el ejército del cielo.

Vs. 13-14. Destruyó  los  lugares  altos  donde  Salomón  edificó  altares  a  Astoret,  a  Quemos  y

a Milcom, y quebró las estatuas y las imágenes de Aserá.  (¡Después de tres siglos!)

V. 15. Quemó  el  altar  en  el  lugar  alto  de Betel construido por Jeroboam, y su imagen de Aserá.

(¡Después de tres siglos!).

v. 19.  Demolió los templos en los lugares altos en Samaria.

v. 20.  Mató a los sacerdotes de los lugares altos.

v. 24.  Barrió con encantadores, adivinos y terafines (espiritistas; Deut. 18:11).

b.  Descripción de los dioses falsos que adoraron los israelitas en su apostasía.

Baal: dios cananeo de la fertilidad. En sus templos en los lugares altos había imágenes de él y otros dioses cananeos. Su religión era una mezcla de fe, magia y superstición; su culto era la fornicación, la sodomía y la prostitución de hombres y mujeres, para asegurar la fecundidad de los humanos y de la tierra. Sus seguidores  debían cumplir muchísimos preceptos difíciles para atraer el favor de los dioses y lograr la prosperidad material.

Aserá, Astarté (en plural Astarot): diosa cananea de la fertilidad, el complemento femenino de Baal, con quien siempre aparece asociada. Se le representaba con imágenes de madera y su culto era esencialmente prostitución en los bosques o lugares altos.

Moloc o Milcom: el dios sol de Amón, cuyo culto incluía sacrificios humanos, especialmente de niños tiernos. Unos eran quemados y otros sólo pasados por el fuego. Las víctimas vivas eran puestas sobre los brazos del ídolo, al rojo vivo por el fuego en el interior de la estatua hueca de bronce con cabeza de becerro. Al caer las víctimas al vientre, sus gritos eran ahogados por el sonido de tambores y flautas.  Dios había mandado: “No darás un hijo tuyo para ofrecerlo por fuego a Moloc; no profanarás así el nombre de tu Dios. Yo, Jehová,” Lev. 18:21.

Quemos: dios abominable de Moab, con características muy similares a los anteriores.

Tamuz: dios de la vegetación de Mesopotamia. Según su mitología, cuando el sol del verano secaba las plantas, Tamuz bajaba al mundo subterráneo y se celebraba su “muerte” con ritos especiales, como el llanto de las mujeres, mencionado en Ez. 8:14: “Me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al norte; y vi a unas mujeres que estaban allí sentadas llorando a Tamuz.”

D.  Jeremías es amenazado de muerte. Jer. 11:18-23.

Dios revela a Jeremías un complot para quitarle la vida. Él va a su tierra Anatot, como cordero manso e inocente, ignorando que los varones de Anatot planean destruirlo y acallar su mensaje. Jeremías se queja ante Dios y le pide juzgar su causa y Él le responde que los jóvenes de aquellos que lo amenazaban morirían a espada y sus hijos de hambre y no les quedaría remanente. Muchos en Anatot eran sacerdotes como Jeremías, sus compañeros de profesión.

E. Cuando Jeremías flaquea y se queja, Dios le responde. Jer. 12:1-17.

Aunque Jeremías confía en que Dios es justo y que no debe argüir con Él, algo inquieta su corazón y pregunta: ¿Por qué prosperan los impíos y viven bien los infieles?  David había preguntado lo mismo, Salmo 37:1-13. Parece que el castigo no les viene. Aunque hablan piadosamente, Dios esta lejos de sus corazones.  Jeremías dice que Dios conoce su justicia y ha probado que su corazón le es fiel. Entonces, ¿por qué sufre persecución? Por ello pide a Dios que aplique su justicia pronto, pues por los impíos se sufre la sequía por la que ya han muerto el ganado y las aves.  Dios le responde que si lo que ha sucedido hasta entonces lo ha cansado ya, cómo será al llegar lo peor: la persecución de los príncipes y los sacerdotes de Jerusalén, por lo cual tendría que huir.  Dios reconoce que él ha sufrido a manos de sus hermanos, de los que no se debe fiar aunque le hablen amigablemente.

El Señor dice que Él ha abandonado su Templo porque fue profanado;  y también ha dejado a Judá y a su pueblo amado, por lo cual ha decretado el castigo. Él culpa a los pastores por destruir Su viña y hollar su heredad, convirtiéndola en desierto y en soledad.

F. La señal del cinto podrido y la señal de las tinajas llenas. Jer. 13:1-14.

Jeremías recibió de Dios dos lecciones objetivas más:

a. Fue enviado a comprar un cinto de lino y ceñirse con él, cuidando de no mojarlo.  Así lo hizo. Luego Dios lo envió hasta el río Éufrates a esconderlo en la grieta de una roca. Pasado un tiempo, Jeremías fue enviado a recuperar el cinto y lo halló podrido. (No sabemos si literalmente hizo dos veces el camino de ida y vuelta hasta el Éufrates: unos 2000 kilómetros en total. Talvez haya tenido una visión, o experiencia interior; o sólo fue a un lugar cercano simbólicamente). De todos modos, la lección fue que así como el cinto se lleva apretado íntimamente al cuerpo, así había acercado Dios a Israel y a Judá para tener íntima comunión con ellos; para que fueran su pueblo escogido y le dieran fama, alabanza y honra; “pero no escucharon.” Por lo tanto, así como el cinto se pudrió, así se podriría la soberbia de Judá y de Jerusalén.

b. Dios envió a Jeremías a decir al pueblo que toda tinaja se llenaría de vino y que ellos le dirían  burlándose que ya lo sabían. El profeta habría de responderles que Dios embriagaría al pueblo, a  los reyes, sacerdotes y profetas, para destruirse el uno al otro, y que Él no tendría misericordia.

G. EL NEO-PAGANISMO DE LA NUEVA ERA CONDUCE OTRA VEZ A LOS ANTIGUOS DIOSES.

Muchas gentes, incluyendo cristianos, están acercándose o volviéndose a los antiguos dioses y a la idolatría atraídos sutilmente por el Movimiento de la Nueva Era. Esta última trampa satánica es una moderna visión del mundo, que es muy ajena y hostil al cristianismo. Es una síntesis de las religiones místicas del lejano oriente – hinduismo, budismo, taoísmo y el ocultismo occidental, disfrazada con bellos ropajes atractivos, que ha penetrado en casi todas las áreas de la vida humana: sociología, medicina, gobierno, ecología, ciencia, artes, educación, negocios, comunicaciones,  entretenimiento,  psicología,  cursos de motivación,  deportes  y  aun  la iglesia.

Su objetivo es convencernos de que:

  1. Somos dioses, sólo tenemos que despertar a la consciencia de que lo somos.
  2. Panteísmo: todo es Dios; y a la vez, monismo: todo es uno.
  3. Todos tenemos al ‘Cristo’ en nosotros, hay que descubrirlo (el Cristo de la Nueva Era)
  4. Evolucionismo: primero de los animales inferiores al hombre; ahora de hombre a dios.
  5. Jesús: uno de tantos guías enviados por Dios al mundo, como Buda, Confucio y Mahoma
  6. Creencia en Dios como Padre y Madre” y se ora: “Padre-Madre que estás en los cielos….
  7. Creencias de la religiones de la India: hinduismo y budismo, principalmente; y también de Egipto, Mesopotamia, China, Grecia, Roma, Persia, de los mayas, incas, celtas, africanos.
  8. Del hinduismo: viajes fuera del cuerpo a otros lugares y para sanar a otros; meditación al estilo yoga, éxtasis, reencarnación, karma (herencias ancestrales), desprecio del cuerpo físico, risa como terapia para el alma, chakras, etc.
  9. Esperanza del amanecer de un Nuevo Orden Mundial: la Nueva Era.
  10. Movimientos ecologistas o ambientalistas exaltando a Gaia, la madre tierra en abril 22.
  11. Artes marciales como puerta de penetración a la espiritualidad del Lejano Oriente.
  12. Medicina holística: contacto con fuerzas del cósmicas: acupuntura, iridología, etc.
  13. Tolerancia a formas aberrantes de conducta sexual: homosexualismo, bisexualismo, etc.
  14. Creencia en ovnis y extraterrestres. Interpretación de la Biblia incluyendo extraterrestres
  15. Familiarización con los demonios: búsqueda de ángeles guardianes y espíritus guías.
  16. Canalización de espíritus: servir de receptor para mensajes dictados por demonios
  17. Astrología y adivinación: horóscopos, signos del zodíaco, tarot, lectura de manos, etc.
  18. Percepción extrasensorial, clarividencia, adivinación, tarot, quiromancia.
  19. Promoción del ultrafeminismo. Corrientes que tienden al culto a la “diosa
  20. Exagerada defensa de los “derechos humanos” para promover el humanismo secular

(Sugerencia: Haga fotocopias de la lista anterior y distribúyala entre sus alumnos)

Preguntas para discusión en clase:

  1. ¿Qué dioses y religiones paganas se esconden detrás de los atractivos de la Nueva Era?
  2. ¿Cuáles prácticas de la Nueva Era están afectando a los hermanos en su  iglesia?
  3. ¿Cuánta orientación recibe usted de sus pastores y maestros acerca de estos peligros?

LECCIÓN 4: “SANTIFICAD EL DÍA DE REPOSO”  Jeremías 17:22

UN DÍA DEDICADO A  ADORAR A DIOS

Propósito de la lección:

  1. Ahondar más en la triste situación de Judá y los sufrimientos de Jeremías.
  2. Reconsiderar cómo observar en mejor forma el día de reposo.

Capítulos para  preparar la lección: Jeremías caps. 14-17.

Lectura antes de comenzar la clase:  Salmo 122.

Versículo para enfatizar y recordar:  “Acuérdate  del  día   de  reposo  para  santificarlo.   Seis días

trabajarás y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios,”  Éx. 20:8-10.

—–ooooo—–

A.  La sequía en Judá. Jer. 14:1-12.

Los habitantes de Judá se sentaban en tierra afligidos como de luto por la sequía, pero no por sus pecados. Había gran clamor en Jerusalén pues la sed afectaba a pobres y acomodados. Los nobles enviaban a sus criados a traer agua, y éstos volvían con sus tinajas vacías, confundidos, y sin saber qué hacer.  Por ello se cubrían las cabezas como cuando hay duelo.

La tierra estaba rajada y los agricultores desconcertados. Las venadas parían y dejaban a la cría para ir a conseguir hierba. Al no hallar comida ya no regresaban, pues no producían leche para darles. Los asnos monteses subían a las alturas buscando el aire más fresco, y también estaban confundidos porque no encontrar alimento.

Jeremías, como lo haría después Daniel, se identificó con su pueblo y oró reconociendo sus pecados y clamando a Dios, la esperanza de Israel y  su Guardador. Pregunta a Dios por qué  les ha sido como forastero o caminante que se ha ido, aunque sabía que estaba cerca. Pide a Dios que no los desampare. Dios le responde que el pueblo se había deleitado en vagar siguiendo a otros dioses, por lo cual serían castigados. Le repite a Jeremías que no ruegue por Judá, porque no oirá cuando ayunen, ni cuando ofrezcan holocaustos y ofrendas; sino que serán consumidos con espada, hambre y pestes.

B. Jeremías denuncia a los falsos profetas que alientan al pueblo. Jer. 14:13-18.

Jeremías se queja de que los profetas afirman, en nombre de Dios, que no habrá espada ni hambre, sino que vendrá paz.  Dios le responde que han profetizado falsamente, que Él no les ha hablado ni enviado; que hablan de sus falsas visiones, de su adivinación, engaño y vanidad de su corazón.  Por ello,  tales profetas morirán a espada y por hambre, como el pueblo al que engañan.

Dios manda a Jeremías a decirles que él llorará sin cesar por el quebrantamiento de “la virgen” que nunca antes había sido conquistada por ningún pueblo, porque los profetas y sacerdotes habían vagado por todo Judá sin cumplir su labor de orientar al pueblo.

C.  El profeta intercede de nuevo por su pueblo. Jer. 14:19-22.

Como uno del pueblo él pregunta a Dios si han sido desechados y aborrecidos totalmente; por qué han sido heridos sin remedio; por qué esperaban paz y curación y en vez de ello les llegó mal y turbación. Agrega que reconocen sus pecados y el de sus padres; también ora pidiendo que por amor de Su nombre, Dios no los deseche ni deshonre, ni anule Su pacto con ellos. Sólo Él como Creador y Sustentador hace llover, y esperan que por ser su Dios hará cesar la sequía.

D. Ni la intercesión de Moisés y de Samuel detendrían el castigo. Jer. 15:1-9.

Dios dijo que no escucharía ni la intercesión de Moisés y Samuel. (Moisés intercedió por Israel en el desierto después que habían adorado al becerro, Éx. 32:30; y Samuel convenció al pueblo para abandonar la idolatría y oró por él, I Sam. 7:3-15). Si le preguntaban, Jeremías debía contestar que les vendría: muerte, batalla, hambre o cautiverio; y cuatro formas más de castigo: espada, perros, aves de rapiña y bestias salvajes. Todo por causa del pecado de Manases en Jerusalén. Aunque éste se arrepintió, el pueblo no lo hizo; y a pesar de la reforma de Josías, los judíos habían vuelto a la idolatría.

Dios dijo: “estoy cansado de arrepentirme”. Había retardado el castigo varias veces por Su misericordia, pero ya no lo haría más. Llega un tiempo cuando Dios finalmente aplica Su justicia. No olvidemos que así como Él es amor perfecto, también es justicia perfecta.

E. Jeremías se queja nuevamente. Jer. 15:10-21.

El profeta lamenta que su madre haya dado a luz a un hombre contencioso y de discordias, pues, aunque él era pacífico, se había envuelto en controversias por el mensaje que  predicaba y sus enemigos buscaban su fracaso. Lo maldecían como al que toma un préstamo y no lo paga, a pesar de haberse abstenido de involucrarse en los negocios de esta vida por su ministerio.  Jeremías pide a Dios que lo reivindique, y no perezca él también en esos días difíciles, pues sufría por servirlo. Él se había alegrado con la palabra que Dios le había revelado; se había alejado de burladores; no se había enaltecido por confiársele las profecías, sino se había sentido sólo, abrumado y adolorido pues sabía lo que vendría. Se queja de no hallar consuelo pronto.

Dios consuela a Jeremías y le dice que si deja de dudar de Él y de Su carácter, seguirá siendo Su profeta. Le advierte no ceder ante sus enemigos, porque son ellos quienes deben convertirse a él. Le repite que será como muro fortificado de bronce y que, aunque se le opongan, no lo vencerán, pues será guardado y defendido de los fuertes. Esto nos recuerda el ánimo que Dios  dio a Elías cuando huía deprimido y se lamentaba de la persecución de Jezabel.

F. Dios le manda a Jeremías no tomar mujer ni tener hijos. Jer. 16:1-8.

Como los judíos no oían sus palabras, Jeremías debería hablarles ahora con sus acciones. El actuaría como quien espera tiempos difíciles: Dios le dijo que no se casara, ni tuviera hijos por las tragedias que vendrían: los jóvenes morirían de dolorosas enfermedades, a espada y por hambre; serían como estiércol y no serían ni llorados ni enterrados . Además, así tendría el profeta más libertad para realizar su ministerio sin preocupación por los suyos, en los días difíciles. No debería mostrar el luto por ninguno, dar pésames ni palabras de consuelo, porque Dios había quitado Su paz y Su misericordia; todos deberían ser lamentadores no consoladores. Jeremías tampoco iría a banquetes, pues no era tiempo de alegrarse, ni de festejos nupciales.

G. Vendría un duro castigo, pero Dios anuncia misericordia para el remanente. Jer. 16:9-21.

Pronto las gentes preguntarían por qué se anunciaba tanta tragedia; y se justificarían al decir:  “¿qué pecado es  el nuestro, que hemos cometido contra Jehová nuestro Dios?” No ver su pecado y no humillarse, era considerar injusto a Dios. La causa del castigo, que ya habían comenzado a sufrir, era que antes sus padres habían  servido a dioses ajenos y que ahora ellos habían hecho peor que sus padres, siguiendo la imaginación de sus malvados corazones.

En el exilio servirían a los dioses ajenos día y noche, talvez obligados por sus crueles  capataces, y allí se hastiarían de tales cultos. Con todo, Dios les anuncia que tendría misericordia del remanente de Su pueblo después del cautiverio. Entonces la gente ya no diría “Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de tierra de Egipto, sino: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había arrojado,” porque la esclavitud en Babilonia sería peor que en Egipto. Dios promete retornarlos a la tierra que dio a sus padres, pero antes los castigaría duramente por contaminar la tierra con su idolatría.

Esta profecía se cumplió en parte tras setenta años de cautiverio; siguió cumpliéndose en el último siglo; y se cumplirá plenamente durante el Reino Milenial de Cristo. Jeremías alabó a Dios, su fortaleza y refugio en la aflicción, al saber que un día los gentiles vendrían de todas partes, confesando su pecado al seguir la vanidad y la mentira, ya convertidos y glorificando al Mesías de Israel. Los judíos serían curados de su idolatría para siempre, y Jehová sería reconocido como el único Dios.

H. El pecado de Judá está escrito en su corazón. Jer. 17:1-18.

La maldad de Judá, más que escrita, estaba esculpida en su corazón “con cincel de hierro y con punta de diamante.”   Por ello perderían sus tesoros y su heredad de Dios, al ir al cautiverio.

En los vs. 5-14, Jeremías reflexiona sobre el corazón del hombre que es propenso a seguir a otro hombre en vez de confiar en Dios, lo cual él condena severamente. El fin del que hace esto es como el arbusto de retama en el desierto, que no ve el bien sino la desolación al marchitarse en tierra estéril y seca.  Esto contrasta con quien confía en Dios, que es semejante a árbol junto a corrientes de agua, que está verde aun en el calor y la sequía, y da fruto, como dice el Salmo 1.

El corazón humano es engañoso, ni la misma persona lo conoce, sólo Dios. Al leer Su Palabra, ella nos revela los rincones más profundos de nuestro ser interior. Según Heb. 4:12, “La palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”  Por ello  debemos exponernos constantemente a su luz reveladora para limpiarnos.

Judá gozaba de la presencia de Dios en el Templo, tenía su revelación en las Escrituras, y una misión como pueblo escogido ante el mundo. Jeremías concluye con que todos los que dejan a Dios serán avergonzados, pues dejar al manantial de aguas vivas es muerte. Ora para que Dios lo sane y salve; para ser liberado en el día malo que viene, y no ser avergonzado y abrumado.

I. El pueblo de Dios había olvidado el día de reposo. Jer. 17:19-27.

Dios mandó a Jeremías a predicar a la puerta de la ciudad de Jerusalén por donde entraban y salían los reyes de Judá, así como en las demás puertas. Debería amonestarlos para que el día de reposo no entraran carga con productos del campo para intercambiar con lo que producían en sus casas, ni hacer otro tipo de trabajo en ese día, sino santificarlo, como manda el cuarto mandamiento: “Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios,” Éx. 20:8-10.

Dios les decía: ”guardaos por vuestras vidas.” El sábado era reservado para servir y adorar a Dios, a la vez que sus cuerpos y espíritus descansaban para reanudar las labores de la siguiente semana. Los reyes eran los primeros que debían oír esta exhortación y hacer que los súbditos lo cumplieran. En su alejamiento de Dios tampoco habían cumplido con este mandamiento. Si todavía obedecieran guardando el sábado, recibirían muchas bendiciones. Guardar el día de reposo no era solamente no trabajar ese día, sino también todo lo asociado con él: recordarse de su Dios, gozarse con Él y adorarlo. La ciudad sería habitada para siempre y, de todos los sectores alrededor: la costa, el desierto y los montes, vendrían a Jerusalén trayendo ofrendas, sacrificios, incienso y alabanza al Templo.  Si no restauraban el guardar el sábado, sería otra causa para el castigo, con fuego que consumiría las puertas de Jerusalén y sus palacios.

Los primeros cristianos, según el Libro de los Hechos, comenzaron a reunirse el primer día de la semana, en vez del séptimo, conmemorando la resurrección del Señor que ocurrió ese día. Ha habido un gran debate entre los que guardan el sábado y los que guardamos el domingo, sin embargo, guardar el sábado o el domingo no agrega nada a nuestra salvación, la cual es por gracia, por creer en el sacrificio expiatorio de Cristo, y no por obras. Ya que la ley moral contenida en el Decálogo nunca cesará su vigencia, podemos confiar en que el principio detrás del mandamiento es apartar un día y dedicarlo totalmente a adorar y servir a  nuestro Señor. De ello se derivará una gran bendición para nuestra vida espiritual y material. En lo espiritual, por recrearnos en la comunión con Dios y adorarlo; y en lo material, porque ejercemos nuestra fe al suspender nuestras labores, sabiendo que aunque no produzcamos dinero ese día, éste no nos hará falta, porque Dios nos suplirá lo que nos falte, conforme a Sus riquezas en gloria.

J. El ejemplo de un empresario cristiano.

Truett Cathy, fundador de los restaurantes Chick-fil-A (Filetes de Pollo), desde niño se inspiró en Prov. 22:1, “Más vale el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama vale más que la plata y el oro.” Él se ha empeñado por ser un hombre íntegro que honra a Dios con sus negocios, y por hacer una diferencia en las vidas de sus empleados y la comunidad. Dios ha bendecido su honestidad y duro trabajo haciéndolo uno de los hombres cristianos de negocios más respetados en Estados Unidos y el mundo. Desde sus humildes comienzos en 1946, Chick-fil-A ha llegado a ser una gran empresa con más de 1000 restaurantes y más de mil millones de dólares en ventas anuales, todo mientras honraba a Dios al cerrar sus tiendas los domingos.

Cuando sólo tenía un restaurante, comenzó con la misión de su vida: ayudar a la juventud. Un día preguntó a su empleado Eddie Scott, qué planes tenía para después de terminar la secundaria. Como Eddie no le mencionó ir a la universidad, Cathy decidió ayudarlo. Puso un frasco en el mostrador de su restaurante con un letrero pidiendo donaciones para que Eddie estudiara. Muchos contribuyeron y Cathy puso lo que faltaba. Eddie llegó a ser el primero de 16,500 jóvenes que Truett Cathy ha ayudado a estudiar en la universidad, muchos de los cuales han regresado a trabajar con él.  Además, fundó el campamento cristiano Winshape y 12 hogares más que han cuidado de 1600 niños. Desde 1955, Cathy ha sido maestro de escuela dominical para niños de once años, muchos de ellos de padres solteros. Ha servido de guía a muchos jovencitos, contratado a algunos y enviado a muchos a la universidad.

Adaptado de: “En Búsqueda de la Fidelidad en su Trabajo”, por Herschel Thatcher

Un día Truett Cathy decidió probar su fe en Dios  y aprendió a cerrar su negocio los domingos para servir en la iglesia. Dios le ha dado honra y prosperidad, y con ella ha guiado espiritualmente a muchos en la Escuela Dominical, y ha ayudado a muchos otros a estudiar y proveyéndoles empleos.

El día de reposo debe observarse, pero sin olvidar la ley del amor y la misericordia. Jesús sanó en sábado Luc. 6:7-11; dijo que el sábado podía llevarse el buey o el asno que cayera en un hoyo; y que podía desatarlo para llevarlo a beber agua, Luc. 13:15;14;5; y que el día de reposo había sido instituido para bien del hombre, y no el hombre para servir ese día en una forma extrema. Es un buen consejo que el día del Señor no comerciemos, compremos cosas que podemos comprar otro día, ni nos involucremos en actividades que no contribuyan a nuestro descanso, o que no sean para la honra de Dios. Hay emergencias cuando podemos comprar comida, medicina, buscar asistencia médica, o dar ayuda a quien la necesita con urgencia. Dios dará en cada caso la sabiduría para guardar el día del Señor de modo que sea testimonio a nuestros hermanos en Cristo y a nuestros amigos y vecinos no cristianos, sin caer en los extremos que Jesús señaló.

Nuestras diferencias con los adventistas o sabáticos no es sólo sobre cuál es el día de descanso; hay muchas más y son muy serias diferencias. Sugerimos investigar al respecto.

Preguntas para discusión en clase:

  1. ¿En qué formas ha sido usted bendecido por guardar el día del Señor?
  2. ¿Ha tenido usted algunas luchas para guardar el día del Señor?

3.    ¿Qué podemos hacer en el  día de reposo para honrar mejor a Dios?

LECCIÓN 5: “COMO EL BARRO EN LA MANO DEL ALFARERO.”  Jeremías 28:6

HISTORIA DE DOS VASIJAS DE BARRO

Propósito de la lección:  a) Presentar otros episodios del sufrimiento  de  Jeremías.

b) La responsabilidad de los líderes de Judá por no alertar al pueblo.

c) Mostrar conceptos errados sobre Cristo que han desviado a muchos.

Capítulos para  preparar la lección: Jeremías caps. 18- 20.

Lectura antes de comenzar la clase:  Salmo 51.

Versículo para enfatizar y recordar: “Había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis

huesos; traté de sufrirlo, y no pude,” Jer. 20:9

A. La vasija que fue remodelada por el alfarero. Jer. 18:1-17.

Dios envía a Jeremías a una alfarería para que vea cómo la vasija que hace el alfarero se echa a perder. Luego Dios pregunta si no podría hacer Él lo mismo que el alfarero con la casa de Israel, que es como barro en sus manos. Él puede enviar Su palabra contra pueblos y reinos para arrancar, derribar y destruir; pero, si convierten, Él se arrepentirá de castigarlos, porque puede también edificar y plantar. Si Su pueblo peca y no lo escuchan, se arrepentirá del bien que había planeado darles. (Que Dios se arrepienta significa tener misericordia y perdonar; que el hombre se arrepienta significa reconocer su pecado, sentir dolor por él, abandonarlo y caminar en sentido contrario, hacia Dios).

Dios conmina a Su pueblo a convertirse y a mejorar sus caminos. Sin embargo, la gente obstinada responde: “en pos de nuestros ídolos iremos.” Dios manda averiguar en las naciones cuándo se ha oído cosa semejante a esta apostasía, y dice: “Gran fealdad ha hecho la virgen de Israel.” Este término denota cuánto estima Él a Judá y a Jerusalén, y el dolor que su pecado le ha causado. Su pueblo lo ha olvidado incensando a lo que es vanidad y ha tropezado. Por ello le ha venido desolación y ha sido objeto de burla, asombro y desconcierto para quienes lo ven; y Dios le mostrará las espaldas y no el rostro.

B. Una queja más del profeta. Jer. 18:18-23.

Los enemigos del profeta conspiran contra él: “Venid y maquinemos contra Jeremías… no atendamos a ninguna de sus palabras.” Confían en que “la ley no faltará al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al profeta,” y planean matarlo. Jeremías se queja ante Dios de que cavan hoyo para su alma, le dan mal por bien y ponen trampa a sus pies, mientras él había intercedido por ellos. Pide para ellos el castigo que Dios ya ha decretado por todos sus pecados.

C. La vasija que fue quebrada y no podía ya ser restaurada. Jer. 19:1-15.

De nuevo Dios envía a Jeremías al alfarero, esta vez a comprar una vasija de barro. Luego deberá llamar a los ancianos y sacerdotes, e ir con ellos al Valle de Hinom, frente a la puerta oriental de la ciudad. Allí dirá al rey de Judá y a los habitantes de Jerusalén, que Dios trae un mal sobre ese lugar por haber edificado altares a Baal y haberlos llenado con sangre de inocentes, al quemarle a sus hijos en holocausto.  El principal lugar de sacrificios había sido Tofet, en el Valle de Hinom, el cual se llamaría ahora “Valle de la Matanza.” Caerán muertos a espada y sus cuerpos serán comida para las aves y las bestias. Jerusalén será sitiada de tal modo, que no habrá comida y recurrirán al canibalismo: comer los cuerpos de sus muertos: hijos y amigos.

Después de este mensaje al rey sus súbditos, Jeremías quebrará la vasija como una ilustración ante su audiencia de cómo quedará Jerusalén: Destruida como una vasija que se rompe y ya no se puede restaurar. Les profetiza que serán enterrados en Tofet, porque ya no quedará lugar donde enterrar. Allí habían sacrificado a muchos inocentes a Baal y a Milcom, y allí se enterrarían a muchos de los muertos al ser invadidos. Las casas de Jerusalén y las de sus reyes serán inmundas, porque en los altares sobre sus tejados ofrecían incienso y libaciones.

Al regresar de Tofet, Jeremías predicó en el atrio del Templo y reiteró que vendrá el castigo porque ellos han endurecido su cerviz y no han escuchado a Dios.

D. El sacerdote Pasur azota a Jeremías. Jer. 20:1-6.

Pasur, el principal sacerdote del Templo, al oír la profecía de Jeremías, lo manda a azotar y a ponerlo en el cepo (dos piezas de madera para aprisionar los pies y a veces también el cuello) a la entrada al Templo.  Al día siguiente,  al ser liberado por Pasur, Jeremías le dice que Dios le ha dado un nuevo nombre: Magor-misabib (en hebreo: Terror por todas partes), pues un día sufrirá un constante pánico que aun contagiará a sus amigos antes que mueran a espada. Pasur y su familia irán cautivos a Babilonia, y será enterrado allí, junto a aquellos que creyeron sus mentiras.

E. Jeremías expresa su sufrimiento de nuevo. Jer. 20:7-18.

En este pasaje Jeremías habla de su lucha interna en que alternan las dudas y la confianza en Dios. Comienza diciendo a Dios que lo ha seducido y vencido para que sea su profeta, pero que por ello ha sido escarnecido y se burlan de él; que cada vez que proclama violencia y destrucción, él ha sufrido afrenta y escarnio. Por ello ha dicho que ya no se acordará más de Dios y no hablará en Su nombre. Sin embargo, dice: “había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.”

Oye las murmuraciones de muchos y siente temor al oír en diferentes partes: “Denunciémosle.” Sabe que todos lo observan esperando ver que tropiece y claudique, que falle para vencerlo. Luego reacciona y dice: “Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante.” Por tanto, sus perseguidores tropezarán, serán avergonzados y confundidos. Pide de nuevo a Dios que se apresure a cumplir el juicio porque a él le ha encomendado su causa.

El profeta incita a otros a alabar a Dios por librarlo de sus enemigos. Pero luego lamenta su situación, y aun maldice el día en que nació y al que alegró a su padre anunciándole su nacimiento.  Desea haber muerto antes de nacer y lamenta haber nacido para sufrir penas y dolor.

F.  Hoy como ayer, muchos siguen a dioses falsos al creer en conceptos falsos de  Cristo.

Mat. 24:11, 23-24, “Muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos.” “Entonces, si alguno os dice: ‘Mirad, aquí está el Cristo’, o ‘Mirad, allí está’, no lo creáis, porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si es posible, aun a los escogidos.

I Tim. 4:1, “Pero el Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.”

II Tes. 2:3, “no vendrá sin que antes venga la apostasía y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición.”

Así como el Israel en el pasado fue seducido y atraído por las falsas religiones, así también hoy, la Iglesia está sufriendo la seducción de una amplia gama de doctrinas pseudo- cristianas. No todo lo que tiene fachada de iglesia, forma de culto protestante-evangélica, o que use la terminología cristiana, es una iglesia bíblica. Debemos pedir a Dios el discernimiento para determinar si una enseñanza es el cristianismo bíblico, o es una herejía.  Los líderes: pastores, evangelistas, maestros de escuela dominical, discipuladores y todo aquel que tenga personas a su cargo para enseñarles, deben ser fieles para darles “todo el consejo de Dios,” Hch. 20:27. Que no se diga: “ ‘¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño!’, dice Jehová!”, Jer. 23:1. Esto incluye tanto cuidar de las ovejas, como instruirlas en la Palabra de Dios.

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¿Puede identificar usted qué sectas del cristianismo enseñan los siguientes conceptos de Cristo?

a. Cristo es hijo de Adán, quien llegó a ser Dios y nuestro Padre en el cielo. Cristo es nuestro hermano mayor, apartado para a ser el primogénito y Lucifer es su espíritu hermano.

b. Cristo no es Dios hecho carne; antes de venir aquí era el Arcángel Miguel, el primer ser creado por Jehová. No resucitó en cuerpo, sino como espíritu invisible y ya  regresó a la tierra en 1914.

c. Cristo participó de la naturaleza pecaminosa para ser tentado en todo. No consumó toda la expiación y, al no ser el Salvador perfecto, debemos cumplir la ley. Cristo finalmente pondrá nuestros pecados sobre el diablo y serán destruidos con éste y con los malvados.

d. Jesús fue quien mejor ha interpretado la idea de Cristo y nos dio su ejemplo; él es una de sus muchas encarnaciones que vienen a este mundo como Buda, Mahoma, Krishna, Confucio, etc.

e. Después de morir en la cruz, Cristo bajó al infierno y fue torturado por los demonios para probar la muerte espiritual por nosotros. Luego fue la primera persona nacida de nuevo.

f. Cristo nunca tuvo un cuerpo humano real, sólo parecía tenerlo, como un fantasma. Su muerte no fue expiación por el pecado y Su tarea fue sólo traernos la luz del conocimiento o gnosis.

f. Usted puede mover a Cristo a actuar a su favor con el poder de sus palabras habladas o el poder de su mente al visualizarlo; así también puede llevarlo a recorrer el pasado, a revivir con él las experiencias traumáticas y curar los recuerdos negativos y dolorosos.

Respuestas:

a. los mormones                            b.  los testigos de Jehová                            c. los adventistas

d.  la nueva era                              e. el movimiento de la palabra de fe           f. el gnosticism

g. el pensamiento positivo y la sanidad interior

Estimado líder, alerte debidamente sobre estos falsos conceptos a los que usted guía y enseña.

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G.   EL CRISTO DESCRITO EN LOS CUATRO EVANGELIOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS

  • Una Persona de la Trinidad: el Verbo que en el principio estaba con Dios y era Dios. Jn.1:1
  • El Hijo de Dios antes de Su encarnación apareció en el Antiguo Testamento muchas veces         en forma angélica. Los teólogos llaman “Teofanías” a estas apariciones, Gén. 12:7; 18:1
  • El Hijo de Dios, quien fue engendrado por el Espíritu Santo como humano en la virgen        María de Nazaret  y nació en Belén de Judea, Mat. 1:18-22; Luc. 1:26-38
  • Vivió sujeto a las leyes físicas como hombre perfecto durante treinta y tres años. Fil. 2:6-8
  • Hombre perfecto sin de dejar de ser el Dios eterno y poderoso, Juan 1:14; Col. 1:19, 2:9
  • Se entregó voluntariamente a muerte de cruz en expiación por los pecados de los humanos  para darnos salvación del infierno y vida eterna, si creemos en El. Jn.10:17-18
  • Resucitó de la tumba al tercer día venciendo para siempre a la muerte, Rom. 8:11
  • Después de aparecerse con cuerpo glorificado a muchos, ascendió al cielo y se sentó a la       diestra del Padre, donde intercede por nosotros, I Cor. 15:3-7; Luc. 24:50-51; Heb.7:25
  • Vendrá a arrebatar a Su Iglesia y luego establecerá su Reino Milenial, Jn.14:3; Apoc. 10:6
  • Juzgará a los vivos y los muertos, a los ángeles caídos, y, al poner a todos sus enemigos bajo sus pies, reinará con el Padre en la Nueva Jerusalén por siempre, I Cor. 15; Ap. 20-22

Preguntas:

  1. ¿Cuán conscientes están los líderes de la iglesia de todos los peligros que  acechan a sus ovejas, en estos tiempos de confusión y apostasía, y cómo las previenen?
  2. ¿Cuál era la actitud del Jeremías según lo relata él en Jer. 20:7-9.

3.   ¿Cómo distingue usted  cuándo se está predicando acerca de un falso cristo?

LECCIÓN 6: “YO MISMO RECOGERÉ EL REMANENTE DE MIS OVEJAS.”  Jeremías 23:2

EN DÍAS DE ANGUSTIA SE ANUNCIA EL REINO MILENIAL

Propósito de la lección:  Mostrar  la  misericordia  de  Dios, que anuncia el merecido castigo, pero

que también  promete  que  un  remanente  de  Judá   será  restaurado  y

guiado por el Mesías mismo.

Capítulos para  preparar la lección: Jeremías caps. 22:1-23; 23, 25 y 26.

Ya   que  los  escritos  de  Jeremías  no  siguen  siempre  un  orden

cronológico, se sugiere estudiar estos capítulos así: 25-26 y 22-23.

Lectura antes de comenzar la clase: Salmo 2.

Versículo para enfatizar y recordar: “Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo

justo,   y  reinará como Rey,  el  cual  será dichoso y actuará conforme

al derecho y la justicia en la tierra,” Jer. 23:5.

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A. Profecía de Jeremías a principios del reinado de Joacim. Jer. 25:1-14.

Jeremías había predicado desde hacía 23 años, desde el reinado de Josías hasta el cuarto año de Joacim, sin que lo oyeran, al igual que otros profetas. Su mensaje era que Nabucodonosor los castigaría, y que después de 70 años de cautiverio, Dios también castigaría a Babilonia y a su rey por sus maldades. Dios siempre juzga con justicia y oportunamente a las naciones del mundo, aunque no lo veamos cuando queremos. Esta porción sobre el cautiverio fue leída por Daniel muchos años después, Dan. 25:11; 9:10.

B. Las naciones probarán la copa de la ira. Jer. 25:15-38.

Jeremías dio a beber a las naciones la copa del vino del furor de Dios, o sea el anuncio profético de su juicio. Castigaría a Jerusalén y demás ciudades de Judá, sus reyes y príncipes, para ponerlos en ruinas y escarnio y en burla y maldición. Además, al faraón de Egipto, a la tierra de Uz, a Filistea y sus ciudades, a Edom, a Moab, a Amón, a Tiro,  a Sidón, a Dedán, a Tema y a Buz; a todos los reyes de Arabia, a los pueblos del desierto, a Zimri, Elam, Media, a los reyes del norte, a todos los reinos del mundo. El rey de Babilonia bebería después, pues el juicio comenzaría por Jerusalén, donde era invocado el nombre de Jehová.

¿Serían absueltos los demás? No. Todos caerían a espada.  Al castigar la maldad de los moradores de la tierra, Dios cantaría como cantan los lagareros al pisar la uva en el lagar. El es el Juez de toda carne y el mal iría de nación en nación. De nuevo se responsabiliza a los líderes: reyes, sacerdotes y profetas por no cuidar a sus ovejas, al pueblo bajo su cuidado: “Aullad, pastores, y clamad; revolcaos en el polvo mayorales del rebaño.”

C. Jeremías es amenazado de muerte una vez más. Jer. 26:1-24.

También en el principio del reinado de Joacim, Dios envía a Jeremías a profetizar en el atrio de Templo y hablar a todas las ciudades de Judá, por si talvez quisieran oír y volverse de sus caminos. Así anularía Dios el castigo que ya había decretado. Los sacerdotes oyen a Jeremías, lo apresan y dicen que ciertamente moriría. Todo el pueblo, y luego los príncipes, se juntan contra Jeremías en el Templo. Los sacerdotes, los profetas y los príncipes dicen al pueblo que Jeremías ha incurrido en pena de muerte, por haber profetizado contra Jerusalén. Jeremías responde que ha hablado en nombre de Jehová y que deben arrepentirse y cambiar de vida. Si lo matan, echarán sangre inocente sobre ellos y Jerusalén.

Los príncipes y el pueblo apoyan a Jeremías y dicen a los sacerdotes y a los profetas que Jeremías no merece morir, pues ha hablado en nombre de Dios. Algunos ancianos recuerdan al pueblo que, en tiempos del rey Ezequías, Miqueas de Moreset había profetizado contra Jerusalén y no lo habían matado. Ezequías se humilló y el castigo no vino.  Esta vez los ancianos no quieren cometer un mal contra sí mismos al condenar a Jeremías.

Otro profeta llamado Urías, al igual que Jeremías, también había profetizado contra  Jerusalén, y cuando el rey Joacim y sus príncipes lo oyeron, el rey trató de matarlo, pero Urías escapó a Egipto.  Joacim envió entonces hombres a Egipto, quienes lo capturaron y lo trajeron de regreso a Judá.  El rey lo ejecutó a espada y lo sepultó con deshonra.

Safán abogó por Jeremías para que no fuera entregado en manos del pueblo y ejecutado.

D. Profecía de Jeremías contra el rey Joacim y contra su hijo Joaquín. Jer. 22:1-30.

Dios envía al profeta a casa del rey Joacim. Le da un mensaje a él, a sus siervos y al pueblo.  Les dice que administren juicio y justicia, que libren al oprimido, que no engañen ni roben al extranjero ni a la viuda, y no derramen sangre inocente. Si obedecen tendrán honra: entrarán montados en sus carros y en caballos, con sus criados y su pueblo. Pero si desobedecen, su casa quedará desierta. Judá, hermosa como los bosques de Galaad y el Líbano, llegaría a quedar desolada y deshabitada, ya que Dios prepararía destruidores que los talarían y los quemarían.  Al  preguntar las gentes por qué había hecho Dios así con esta nación, se les diría que fue por romper su pacto con Jehová su Dios, y por adorar y servir a dioses ajenos.

No deben llorar a los muertos, sino a los que irán al exilio y no volverán jamás a su tierra natal. El rey Salum (llamado también Joacaz) ya había sido deportado a Babilonia y no volvería más. Jeremías denuncia a Salum, quien había edificado su casa sin aplicar la justicia, sirviéndose de las personas de balde, sin pagarles el salario por su trabajo. Él había hecho su casa muy lujosa y cómoda, pero injustamente. El profeta le recuerda a su padre, el rey Josías, quien había sido justo y a quien le había ido bien. Josías había juzgado la causa del afligido y del pobre, de lo cual dijo dios: “¿No es esto conocerme a mí?”

Al haber caído en la idolatría  y olvidado a Jehová, los judías habían también olvidado las leyes justas que Dios les había dado y al amor al prójimo que se demandaba de ellos.

Joacim también era avaro y derramaba sangre inocente, oprimía al pueblo y les causaba dolor. Joacim no sería llorado, ni recordado como un gran rey. Sería arrastrado y echado de la ciudad, y en sepultura de asno sería enterrado. Así murió en Egipto.

Los enamorados de Judá serían destruidos como ella. Dios le dice que en tiempos de prosperidad le había hablado y Judá había contestado: “No oiré.”  A sus pastores se los llevaría el viento y sus enamorados irían en cautiverio.

A Conías (llamado también Joaquín) quien ya se perfilaba como el sucesor de Joacim, Dios le dice que si fuera anillo de su mano derecha, aun de allí lo arrancaría; que iría cautivo con su madre y morirían en el exilio. Ninguno de sus descendientes heredaría su trono. Conías era un trasto que nadie quería.

E. Retorno del remanente de Judá y el anuncio de la venida del Mesías. Jer. 23:1-8.

Dios expresa su dolor por la irresponsabilidad de los líderes de Su pueblo: “!Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! dice Jehová.” Les dice que ellos  no han cuidado a sus ovejas, antes bien las han dispersaron y espantado. Promete que Él mismo recogerá el remanente de aquellas ovejas; de todas las tierras adonde las esparció las traerá  a vivir a su tierra, donde crecerán de nuevo y se multiplicarán. Y sobre todo, dice: “pondré sobre ellos pastores que las apacienten… y ya no serán menoscabadas.”

Los pastores mencionados una y otra vez eran los sacerdotes, los levitas, los profetas, los reyes y demás con influencia en el pueblo. Ellos debían guiar a las gentes en el estudio de la Ley y a servir de ejemplo. Sin embargo, muchas veces fueron ellos los primeros en caer en la tentación de la idolatría y la apostasía en general.

Se anuncia la venida del Mesías. Dios le levantará un renuevo justo a David, quien reinará como Rey, será dichoso y traerá juicio y justicia a la tierra. En su reinado Judá e Israel habitarán tranquilos y se le llamará Jehová justicia nuestra. Se anuncia el fin de la diáspora, o dispersión de los israelitas por todo el mundo, y habitarán en su tierra. Esto tendrá su pleno cumplimiento muy pronto, cuando Cristo retorne en gloria e instaure su Reino Milenial.

F. Dios reprende a los falsos profetas. Jer. 23:9-40.

Jeremías sufre quebranto y sus huesos tiemblan a causa de los falsos profetas. Dice que la tierra está llena de adúlteros, está seca y desierta. Tanto el profeta como el sacerdote son impíos y aun en el Templo se ha hallado su maldad. Los profetas de Samaria profetizan en nombre de Baal; los de Jerusalén son adúlteros, mentirosos y apoyan a los malos, por lo cual son como Sodoma y Gomorra. De los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra.

Dios dijo que no oyeran a los profetas que los alientan con vanas esperanzas, con visiones de su propio corazón y no de Dios. Anuncian que habrá paz y que no les vendrá mal. Profetizan mentira diciendo: “Soñe, soñé.” Dios les pide que si tienen  sueño y palabra realmente de Él que lo digan y la pongan a prueba. “¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?” Condena a los profetas que con sueños mentirosos y lisonjas hacen errar a su pueblo, por lo cual les enviará castigo, a ellos y a sus casas.

Si le preguntaran que profecía tenía de Jehová, Jeremías debería responder: “Os dejaré.”

G. El Reino Milenial.

Mar. 1:14-15: “Después que Juan fue encarcelado, Jesús fue a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado. ¡Arrepentíos y creed en el evangelio!” Él venía a instaurar Su reino milenial, pero Su pueblo no estaba preparado. Israel esperaba que su Mesías los libertaría de sus opresores políticos, los romanos, en vez de esperarlo como el Guía espiritual que los conduciría por sendas de justicia.

El mensaje de Jesucristo de “arrepentíos”, que desde unos días antes también estaba siendo predicado por Juan el Bautista, sólo fue creído por un pequeño remanente fiel que sí estaba preparado para el reino. Juan 1:11-12: “A lo suyo vino, pero los suyos no lo recibieron. Mas a todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” Con ese remanente fiel que lo esperaba, Jesucristo fundó Su Iglesia, que ha recibido ya el Reino de Dios en Su corazón, y espera Su retorno para ver el pleno cumplimiento del mismo en la tierra.  Apoc. 20:6 nos promete la llegada de ese reino y ese Rey: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.”

Zacarías 14:1-9 dice: “Viene el día de Jehová, y en medio de ti serán repartidos tus despojos. Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén. La ciudad será tomada, las casas serán saqueadas, y violadas las mujeres. La mitad de la ciudad irá al cautiverio, pero el resto del pueblo no será sacado de la ciudad. Después saldrá Jehová y peleará contra aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. En aquel día se afirmarán sus pies sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén, al oriente. El monte de los Olivos se partirá por la mitad, de este a oeste, formando un valle muy grande; la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur. Y huiréis al valle de los montes, porque el valle de los montes llegará hasta Azal.  Huiréis de la manera que huisteis a causa del terremoto en los días de Uzías, rey de Judá. Y vendrá Jehová, mi Dios, y con él todos los santos. Acontecerá que en ese día no habrá luz, ni frío, ni hielo. Será un día único, solo conocido por Jehová, en el que no habrá ni día ni noche, pero sucederá que al caer la tarde habrá luz. En aquel día saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno. Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día, Jehová será único, y único será su nombre. Toda esta tierra se volverá como llanura desde Geba hasta Rimón, al sur de Jerusalén; será enaltecida y habitada en su lugar.”

Observemos cómo día a día se cumplen las profecías en Israel, porque muy pronto se cumplirá allí todo lo descrito por Zacarías, Jeremías, Daniel, Isaías, Ezequiel y los demás profetas.

El libro del profeta Isaías ha sido llamado por algunos el “quinto evangelio”, porque unos siete siglos antes de Jesucristo, profetizó Su nacimiento; y también Su segunda venida para reinar.

a.  El Mesías como Siervo Sufriente:

  • Is. 7:12———-nacería de una virgen
  • Is. 9:6————el niño que nacería era el mismo Dios fuerte
  • Is. 53:1-12——el Redentor que murió en expiación por el pecado humano

b.  El Mesías como el Reinante Príncipe de Paz:

  • Is. 2:1-4———-la gloria futura de Israel
    • Is. 9:7————el Mesías traerá un extenso reino lleno de paz
    • Is. 35————-las glorias del reino
  • Is. 65:1-25——cielos nuevos y tierra nueva

Preguntas para discusión en clase:

1. ¿Cómo practica usted la justicia en sus relaciones como patrono con sus trabajadores?

2. ¿Qué significa “venga tu reino” en la oración modelo de Mat. 6:9-13?

3. ¿Cómo podemos recibir la corona de justicia que menciona II Tim. 4:8?

4. ¿Qué relación tiene I Pedro 2:9 con el Reino Milenial?

LECCIÓN 7: “TUVIERON POR FIRME EL MANDAMIENTO QUE LES DIO SU PADRE.”  Jeremías 35:16

LA ENSEÑANZA EFECTIVA DE LOS PADRES

Propósito de la lección:  a) Mostrar cómo el rey Joacim agregó a la rebeldía de su pueblo,

al quemar el rollo con la Palabra de Dios revelada a Jeremías.

b) Mostrar cómo la enseñanza firme y acertada de un padre era

recordada aun después de muchas generaciones.

Capítulos para  preparar la lección: Jeremías caps. 35, 36 y 45.

Para  estudiarlos  en orden cronológico, los capítulos para esta

lección se estudiarán así: 36, 45 y 35.

Lectura antes de comenzar la clase: Salmo 1.

Versículo para enfatizar y recordar: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos,

sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” Ef. 6:4.

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A.  La necedad del rey Joacim. Jer. 36:1-26.

En el año cuarto del reinado de Joacim, Dios mandó a Jeremías que tomara un rollo y escribiera en él todas las profecías contra Israel y Judá, y contra las demás naciones, desde los días de Josías hasta entonces. Dios daría una nueva oportunidad a Su pueblo: “Quizá oiga la casa de Judá todo el mal que pienso hacerles y se arrepienta cada uno de su mal camino, y yo perdonaré la maldad y su pecado,” v. 3.

Jeremías llamó a Baruc, su escriba, y le dictó todas las profecías que Dios le había dado. Ya que a él le estaba prohibido entrar en el Templo, Jeremías envió a su ayudante a leer el libro a las gentes, quienes habían acudido de Jerusalén y de las ciudades de Judá para participar en el día de ayuno. Al verse en aprietos, por el acoso de los babilonios y por la sequía, los judíos  buscaron a Dios, por lo menos de forma, para ayunar y rogarle que los librara. Dios esperaba que oyendo de nuevo Su exhortación, talvez podrían considerar sus malos caminos y arrepentirse.

Baruc leyó el libro desde un aposento en alto a todos los que asistían al templo. Cuando Micaías oyó toda la lectura, fue a la casa que el rey utilizaba durante el invierno y allí contó a los príncipes lo sucedido. Los príncipes mandaron traer a Baruc para que les leyera a ellos también el rollo y, cuando ellos lo oyeron, se dijeron uno al otro asustados que debían informarlo al rey.  Al preguntarle a Baruc cómo había obtenido las palabras de la boca de Jeremías, éste respondió que las había escrito mientras el profeta mismo se las dictaba. Los príncipes aconsejaron a Baruc que él y Jeremías se escondieran donde nadie lo supiera.

Los príncipes entraron donde estaba el rey y le informaron acerca de todo el asunto. El rey mandó traer el rollo y pidió que le fuera leído. Era invierno y el rey tenía un brasero cerca para calentarse. Cuando el siervo ya había leído algunas porciones, el rey tomó el rollo, lo rasgó con un cuchillo y lo lanzó al brasero. Al ver lo que hacía el rey, los presentes ni mostraron temor ni rasgaron sus ropas en señal de duelo; aunque tres de los príncipes le rogaron al rey que no quemara el rollo, él no quiso oír. Aún más, el rey envió hombres para apresar a Jeremías y a Baruc su escriba, pero éstos no los hallaron porque “Jehová los escondió,” v. 26.

B. Jeremías reescribe el contenido del rollo quemado por el rey. Jer. 36:27-32.

Dios mandó a Jeremías que tomara otro rollo y que escribiera otra vez lo que contenía el que Joacim había quemado. Luego debía decirle al rey que él había quemado el rollo porque allí se profetizaba la venida del rey de Babilonia para destruir su tierra y que no quedarían en ella ni personas ni animales. Por lo tanto, había dicho Dios, Joacim no tendría descendiente para que se sentara en su trono (Su hijo Joaquín ocupó el trono sólo tres meses).  Su cuerpo sería “echado al calor del día y al hielo de la noche,” v. 30; su maldad sería castigada en él mismo, en su descendencia y en sus siervos; y sobre Jerusalén y Judá vendría todo lo anunciado y que ellos no habían querido atender.  Baruc reescribió todo lo que le repitió Jeremías, y “aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes,” v. 32.

C. Dios le habla a Baruc. Jer. 45:1-6.

Dios le envió un mensaje a Baruc por boca de Jeremías cuando le dictaba el primer rollo. Baruc se había lamentado diciendo que Dios le había añadido tristeza a su dolor; que estaba cansado de gemir y que no había tenido reposo. Él sabía que al involucrarse con Jeremías en oponerse al pueblo y al rey, su vida estaría en constante peligro, y el temor se había apoderado de él.  Dios le dice  a Baruc que Él estaba a punto de destruir a los que había edificado, de arrancar a los que había plantado, y de arrasar a toda esa tierra. Si Baruc buscaba grandezas y comodidad en la vida, debía desistir de hacerlo, pues Dios traería mal sobre toda carne, y no era tiempo para buscar el bienestar porque eran días malos. Dios no le ofrece a Baruc que escaparía de sufrir, pero sí le promete que su vida sería preservada en todo lugar a donde tuviera que ir.

D. La enseñanza acertada de un Padre. Jer. 45:1-19.

Los recabitas eran parte del pueblo israelita. Descendían de Madián, hijo de Abraham y su segunda esposa, Cetura. Cuando huyó del faraón, Moisés se había refugiado entre los madianitas y se había casado allí. Después del éxodo de Egipto, algunos parientes de su esposa lo habían acompañado un tiempo en el desierto. Cuando éstos decidieron volver a su tierra, Moisés los invitó a quedarse con ellos y a servirles como guías en el camino por el desierto. Les ofreció también que compartirían con ellos la tierra prometida, Núm. 10:32; Jue. 1:16.  Así, al conquistar Canaán, los recabitas habitaron en el desierto de Neguev y llegaron a ser parte de Israel.

Varios siglos después, el rey Jehú de Israel, se encontró con uno de ellos, llamado Jonadab. Después de saludarlo el rey le dijo: “ ‘¿Es tan recto tu corazón como el mío lo es con el tuyo?’  ‘Lo es,’  respondió Jonadab,” II Re. 10:15. Así llegó Jonadab a ser un activo participante en la rebelión de Jehú contra la familia de Acab y la eliminación de todas las prácticas del culto a Baal.  Jonadab, hijo de Recab, fue el fundador de la casa de los recabitas y enseñó a sus hijos a vivir vidas disciplinadas, con pocas posesiones y placeres; a que no bebieran vino jamás, ni ellos ni sus descendientes; a vivir en tiendas de campaña, a no edificar casas, ni sembrar sementeras, ni plantar viñas, para no echar raíces en un lugar fijo y perder su fuerza y valentía. Debían dedicarse a la vida pastoril; y sus hábitos de vida austera los ayudarían a  vivir muchos días.

Los once años del reinado de Joacim estaban terminando. Dios advirtió una vez más a Judá que se arrepintiera antes de la culminación del duro castigo que ya había comenzado. Para ello se valió de una hermosa ilustración. Primeramente mandó a Jeremías a la casa de los recabitas para invitarlos a ir a uno de los aposentos del Templo y allí ofrecerles vino. Cuando el profeta puso delante de ellos “tazas y copas llenas de vino,” y les pidió que bebieran, la pronta respuesta de los recabitas fue: “No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos ordenó diciendo: no beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos,” v. 6.

En las primeras incursiones de Nabucodonosor y los sirios, los recabitas tuvieron que dejar sus tiendas para ir ocultarse en la ciudad amurallada de Jerusalén. Habían roto una de sus tradiciones que les había inculcado Jonadab unos tres siglos atrás. Lo habían hecho para salvar sus vidas, lo cual era justificable. Pero beber vino, eso no lo harían. Eso tenía que ver con la  moral y su vida disciplinada. Mientras Judá vivía en tiempos de decadencia moral, los recabitas habían logrado mantener sus hábitos.

Con esta excelente ilustración Dios amonestó nuevamente a Judá por medio de Jeremías. Así como fue firme la enseñanza de Jonadab dada muchos años antes, al mandar a sus descendientes no beber vino, y haber sido obedecido, ¿por qué entonces los hijos de Judá no habían atendido a la voz suprema de Jehová, su Creador, Libertador y Redentor? Él les había hablado repetidas veces por medio de Sus profetas, incluyendo a Jeremías, quienes los habían exhortado desde muy temprano, con mucha anticipación, para que se arrepintieran. Dios se queja de nuevo: “Ciertamente los hijos de Jonadab hijo de Recab tuvieron por firme el mandamiento que les dio su padre; pero este pueblo no me ha obedecido,” v. 16.

Jeremías dijo a los recabitas, que por haber obedecido a los consejos y mandatos de Jonadab su padre, Dios haría que no faltara varón de su linaje para que estuviera en la presencia de Él todos los días. El quinto mandamiento dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová, tu Dios, te da,”  Ex. 20:12.

E. ¿Qué dice la Biblia sobre las responsabilidades de los padres hacia los hijos?

No cabe duda de que gran parte de la decadencia moral actual se debe a que muchos padres han olvidado sus responsabilidades como educadores, formadores y ejemplos de sus hijos. Incluso en el pueblo cristiano hay bastante negligencia para asumir esta función con la seriedad y la preocupación que las siguientes porciones de las Escrituras demandan.

Deut. 4:9-10, “guárdate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos y a los hijos de tus hijos. El día que estuviste delante de Jehová, tu Dios, en Horeb, cuando Jehová me dijo: ‘Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán para temerme todos los días que vivan sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos’ ”.

Deut. 5:8-9: “No harás para ti escultura ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las servirás, porque yo soy Jehová, tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

Deut. 5:29: “¡Ojalá siempre tuvieran tal corazón, que me temieran y guardaran todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuera bien para siempre!”.

Deut. 6:6-7: “Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes”.

Jos. 24:15: “Si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.

Salmos 78:5-7: “Él estableció testimonio en Jacob y puso ley en Israel,  la cual  mandó a nuestros padres  que  la  notificaran  a  sus  hijos;  para  que  lo sepa la generación venidera,  los hijos  que  nazcan; y los que se levanten lo cuenten a sus hijos,  a fin de que pongan en Dios su confianza  y no se olviden de las obras de Dios; que guarden sus mandamientos.”

Salmos 127:3-4:Herencia  de Jehová  son los hijos;  cosa de  estima  el fruto  del  vientre.  Como  saetas en manos del valiente, así son los hijos tenidos en la juventud”.

Salmos 128:3:  “Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos, como plantas de olivo alrededor de tu mesa”.

Prov. 13:24: “El que no aplica el castigo aborrece a su hijo; el que lo ama, lo corrige a tiempo”.

Prov. 19:18, “Castiga  a  tu  hijo  mientras  haya  esperanza,   pero  no  se  excite tu ánimo hasta

destruirlo”.

Prov. 20:7: “Camina en su integridad el justo y sus hijos son dichosos después de él.”

Prov. 22:6: “Instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.

Proverbios 22:15: “La necedad está ligada al corazón del muchacho, pero la vara de la corrección la alejará de él”.

Proverbios 29:15: “La vara y la corrección dan sabiduría, pero el muchacho consentido vergüenza a su madre”

Luc. 2:39-42; 51-51: “Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios era sobre él. Iban  sus  padres  todos  los  años  a  Jerusalén  en  la  fiesta  de la  Pascua. Cuando  tuvo  doce  años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la Fiesta.” “Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret,  y   estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.

I Tim. 3:2-5: “Pero es necesario que el obispo sea irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; que no sea dado al vino ni amigo de peleas; que no sea codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?”

I Tim. 3:12: “Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien a sus hijos y sus casas”.

II Tim. 1:5, “Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también”.

II Tim. 3:14-15, agrega: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la alvación por la fe que es en Cristo Jesús”.

Preguntas para discusión en clase:

  1. ¿En qué aspectos de la vida cristiana ha educado a sus hijos ya?
  2. ¿En qué áreas de la vida todavía no ha instruido a sus hijos y nietos?
  3. ¿En qué ocasiones aprovecha usted para instruir a su familia?

LECCIÓN 8: “HARÉ NUEVO PACTO CON LA CASA DE ISRAEL Y… JUDÁ.”  Jeremías 31:31

CARTA DE JEREMÍAS A LOS EXILIADOS EN BABILONIA

Propósito  de  la  lección:  Analizar   el   anuncio  del   Nuevo  Pacto  de  Dios  con  Su  pueblo:

la  Dispensación   de  la  Gracia,    llamada   también   dispensación

del Espíritu Santo y de la Iglesia.

Capítulos para  preparar la lección: Jeremías caps. 22:24-30; 24, 29-32.

Lectura antes de comenzar la clase: Salmo 32.

Versículo para enfatizar y recordar: “Daré  mi ley en su mente,  y la escribiré en su corazón;  y yo

seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.” Jer. 31:33.

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A. La lección de los higos buenos y los higos malos. Jer. 24:1-10.

En 605 a. C., Nabucodonosor, derrotó al faraón egipcio Necao, y Judá tuvo que tributar a Babilonia. Joacim tributó sólo tres años y cuando dejó de pagar, Judá fue invadida por Nabucodonosor, quien saqueó el Templo y se llevó los utensilios que allí se usaban. Joacim fue depuesto y llevado en cadenas a Babilonia donde murió.

Su hijo Joaquín (Conías o Jeconías), fue rey sólo por tres meses. La ciudad, que había estado sitiada por algún tiempo, fue invadida de nuevo por Nabucodonosor, quien robó los tesoros del Templo y de la Casa real. Joaquín, su madre, sus esposas, sus oficiales, príncipes y siervos, artesanos y herreros, unas 10,000 personas en total, fueron llevadas cautivas a Babilonia (entre ellos Daniel). Quedaron en Judá sólo “los pobres del pueblo de la tierra.”

Entonces Jeremías recibe un nuevo mensaje para el pueblo. Dios le muestra dos cestas de higos delante del Templo. Una con higos muy buenos; y la otra, con higos muy malos, tanto que ya no pueden comerse. Dios le pregunta al profeta qué ve y éste responde: “Higos; higos buenos, muy buenos; y malos, muy malos, que de tan malos no se peden comer.”  Dios le contesta que los deportados a Babilonia son como los buenos higos, que han sido exiliados para bien; que Él pondrá sus ojos sobre ellos para prosperarlos y volverlos a su tierra de nuevo, donde los edificará y no los destruirá; los plantará y no los arrancará. Dios promete que entonces les dará un corazón para que conozcan que Él es Jehová, el Dios verdadero. Ellos le serán Su pueblo y Él será su Dios, porque se convertirán a  Él con todo su corazón.

Los que se queden en Judá: Sedequías -quien sería el último rey- sus príncipes, el resto de las gentes de la tierra y los que han huido a Egipto, serán como los higos malos. Sufrirán escarnio, infamia y burlas; su situación será como un refrán repetido para advertencia a otros, en todos los lugares adonde Dios los esparcirá. Morirán por la espada, por el hambre y por la peste, hasta ser barridos de la tierra que Dios les había dado a sus padres.

B. Carta que Jeremías envió a los ancianos exiliados en Babilonia. Jer. 29:1- 32:

Sedequías, el nuevo rey, era hijo del buen rey Josías, pero malo como los tres reyes anteriores. Jeremías escribió una carta a los ancianos, sacerdotes, profetas y al pueblo que había ido cautivo a Babilonia, la cual fue llevada por dos enviados de Sedequías a Nabucodonosor.  En ella se les aconsejaba a todos los exiliados que edificaran casas y las habitaran;  que plantaran huertos y disfrutaran el fruto de ellos; que establecieran familias y tuvieran muchos hijos. Se les exhortaba a vivir en paz donde estaban y oraran por esa ciudad ante Dios, pues la paz de ella los beneficiaría a ellos también. Advertía que no se dejaran engañar por sus profetas y adivinos, ni oyeran a quienes pretendían averiguar el futuro por medio de sueños, porque sus profecías eran falsas, aunque las dieran en Su nombre. El plan de Dios era que estuvieran allí setenta años, y al cumplirse éstos, él los visitaría y los  haría volver a su tierra. Les dice que entonces cuando lo invoquen, Él los escuchará; y cuando lo busquen, lo hallarán, porque lo buscarán con todo su corazón. Hará retornar a los cautivos y los reunirá de todas las naciones adonde los dispersó.

Los que se quedaron en Judá, dijo Dios, serían consumidos por la espada, por hambre y por las pestes; desechados como los higos malos que no se pueden comer.

En la carta Dios condena a dos falsos profetas adúlteros que pretendían hablar en Su nombre; les dice que los entregará en manos de Nabucodonosor, quien los matará frente al pueblo. Reprende también a Semaías por escribir desde Babilonia cartas a los de Jerusalén, en las que aseguraba a Sofonías que Jehová lo había puesto en el Templo para encarcelar “a todo hombre loco” que profetizara, y para ponerlo en el calabozo y en el cepo. También le reclamaba que no había reprendido a Jeremías por decir a los exiliados que su cautiverio sería largo y que debían edificar, plantar y disfrutar su tiempo allí.  Jeremías había oído la lectura de tal carta contra él, y en su carta respondió, de parte de Dios, que Semaías había hablado sin autorización haciendo confiar a los exiliados en una mentira. Por ello él sería castigaría sin ver el bien que Dios haría a Su pueblo.

C. Se predice de la Gran Tribulación y la final restauración de Israel. Jer. 30 y 31.

a. La larga diáspora o dispersión del pueblo judío:

Aquí comienza la larga diáspora del pueblo judío. Aunque muchos retornaron después del cautiverio de setenta años, muchísimos más quedaron dispersos por el imperio babilónico, y luego por los sucesivos imperios de los persas, los macedonios y los romanos, que dominarían aquella región.

En los días de Jesús, ni el 20% de todos los judíos vivía en Israel. Se hallaban dispersos entre los muchos países del imperio romano y aun más allá de éste. Jesús se presentó como el Mesías a Su pueblo, pero al enfatizar el arrepentimiento y la vida espiritual, más que expulsar a los romanos y tomar el poder, muchos lo rechazaron como el Rey, se le opusieron sistemáticamente hasta culminar con Su crucifixión.  Por ello Jesús dispuso posponer la instauración de Su reino en todo Su esplendor. Con el pequeño remanente judío que sí le creyó, y luego con los muchos gentiles que se sumaron, comenzó el Reino en el corazón de sus creyentes, que tendrá su pleno cumplimiento después del arrebatamiento de la Iglesia, después de efectuar el juicio de la Gran Tribulación contra quienes lo rechazaron, y después  de Su retorno en gloria, cuando todo ojo lo verá.

En 70 d.C., 37 años después que Jesús ascendió al cielo, los judíos se rebelaron contra Roma y ésta arrasó a Judea y destruyó Jerusalén. Miles fueron masacrados y los sobrevivientes vendidos como esclavos. Una nueva rebelión en 135 d. C. causó su dispersión definitiva por el mundo. Tras dieciocho siglos, a fines del siglo diecinueve, el Movimiento Sionista despertó en muchos judíos el deseo de volver a su patria ancestral. Los horrores del Holocausto, o matanza de judíos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, aceleraron la migración que culminó con la fundación del Nuevo Estado de Israel en 1948.  Hoy, después de 57 años de vida de esa nación, y después de 26 siglos de diáspora, los cristianos esperamos el pronto retorno de Jesucristo. Entonces, terminará la dispersión. Todas las promesas sobre el regreso total y sobre la gloria de Israel tendrán lugar en la instauración del Reino Milenial, cuando Jesucristo mismo reinará desde Jerusalén, conforme a la promesa hecha a David. II Sam 7:16; Is. 11:1-5; Jer. 23:3-8.

b.  Profecías de la Gran Tribulación que habrá en los tiempos finales.

Será un tiempo de espanto, terror e intranquilidad. Los hombres tendrán dolores como la mujer de parto y palideceran. Ha llegado el día del Señor de que hablan las Escrituras. Será día de Juicio y angustia para Jacob (otro nombre para Israel) pero éste será librado de él. Ese día acabará su prolongado yugo de servidumbre y serán rotas sus coyundas. Nunca más servirá a los extraños. Entonces servirán a Jehová su Dios y a David, su rey. No puede referirse al David que ya había reinado cuatrocientos años antes, sino a su glorioso descendiente, Jesucristo el Mesías, que reinará por mil años en la tierra, desde Jerusalén.  Aquí se anuncian tanto la primera venida de Jesús, cuando nació en Belén, como Su retorno en gloria para establecer Su Reino.

Para los judías habría un retorno en setenta años para reedificar el Templo y restaurar el muro. Judá, luego llamada Judea, tendría unos seiscientos años más de identidad como pueblo, pero sería finalmente dispersada por los romanos.  Habría una larga ausencia de dieciocho siglos,  y luego el renacimiento que observaron nuestros ojos en 1948.

Estos versículos ilustran a la vez la justicia de Dios y su misericordia, ambas perfectas: “Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí. Pero a ti no te destruiré, aunque te castigaré con justicia: de ninguna manera te dejaré sin castigo,” v. 11.  “Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová, porque ‘Desechada’ te llamaron, diciendo: ‘Esta es Sión, de la que nadie se acuerda,’ ” v. 17.

D. “Cada cual morirá por su propia maldad.” Jer. 31:27-30.

Dios le recuerda a Judá que restauraría la tierra: hombres y animales volverían a prosperar allí. Así como arrancaría, derribaría, trastornaría, perdería y afligiría, tendría cuidado de ellos y de nuevo los edificaría y plantaría.

Los judíos acostumbraban repetir el proverbio en v. 29: “Los padres comieron las uvas agrias y a los hijos les da dentera” [dientes destemplados]. Con ello se excusaban diciendo que eran sus antepasados quienes habían pecado y a ellos se les castigaba. Hacían una alusión equivocada a los pecados acumulados de la tercera y cuarta generación mencionados en Éx. 20:5-6; Núm. 14:18, pues éstos castigos sólo caen sobre los que “aborrecen” a Dios. Los justos pueden anularlos y evitarlos con su arrepentimiento y su conversión. Al comenzar una nueva generación que “ama y guarda los mandamientos” de Dios, las bendiciones se prologan para sus descendientes si continúan en la fe.

Los judíos no querían reconocer que ellos también habían pecado como sus padres, y debían pagar por sus propias maldades. Dios hace clara la regla que “Cada cual morirá por su propia maldad,” v. 30. Compare con Ez. 18:1-4.

[1]

¿Maldiciones ancestrales? Los promotores del “nuevo evangelio” difunden hoy la falsa enseñanza de las “maldiciones ancestrales” o “cargas generacionales.” Enseñan a los ya convertidos a una ceremonia de renuncia de defectos, enfermedades, pecados y sus consecuencias, heredadas de sus antepasados. Con ello minimizan el “milagro” del nuevo nacimiento, cuando el Espíritu Santo efectúa la regeneración y la adopción.

Gál. 1:4-7. “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: «¡Abba, Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.”

En ese “nuevo evangelio” que ya no predica arrepentimiento del pecado, ni conversión por medio de la fe en la sangre expiatoria derramada por Cristo, el nuevo nacimiento no es una obra milagrosa y profunda operada por el Espíritu Santo en el corazón de la persona, sino un cambio de actitud y de mentalidad. La conversión es meramente un cambio de actitud; es aprender a pensar positivamente; es aprender a vivir usando el poder de nuestras palabras habladas y el poder de nuestra mente, para cambiar la realidad que nos rodea, como pequeños diocesitos.  ¡Cuidado. Esto es producto de corrientes como el humanismo, el gnosticismo y el hinduismo!

E. Se anuncia la dispensación de la gracia o dispensación del Espíritu Santo. Jer. 31: 31-34.

“Vienen días, dice Jehová, en los cuales haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día en que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Pondré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: “Conoce a Jehová”, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos y no me acordaré más de su pecado.”

Se predice que habrá un nuevo pacto de Dios con Su pueblo Israel. El anterior se había invalidado por la infidelidad del pueblo. En el futuro Dios sustituirá el pacto hecho en el Monte Sinaí, por un nuevo convenio, y, además, Él va a cambiar el corazón de cada uno para que pueda obedecer a la voluntad de Dios y desear permanecer unido a Él para siempre. Este pacto será eterno con la casa de Israel y con la casa de Judá. Y algo muy importante, ya no será restringido sólo a Israel, incluirá a toda persona, de cualquier pueblo o nación. Sería un pacto universal.

En la dispensación de la Ley, el hombre puesto ante las normas de Dios para que se convenciera de que no podía cumplirlas y conducirlo a clamar perdón por gracia. Constantemente infringía los preceptos divinos y tenía que acudir a la salida provista: diversos sacrificios, ceremonias y ritos de purificación. El propósito de la Ley era convencer al hombre de que sólo con sus fuerzas no podía cumplir las demandas de Dios. Aun así había, y aun hay, gentes que tratan de cumplir la Ley a cabalidad y alcanzar su salvación. El fin era que el hombre clamara el perdón y la salvación por la misericordia y la gracia de Dios, como lo expresa David en el Salmo 51:1: “Ten piedad de mí, Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.” Y en los vrs. 10-11 se anticipa a la futura dispensación de la gracia y del Espíritu Santo cuando clama: “¡Crea en mí, Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí! No me eches de delante de ti y no quites de mí tu santo espíritu.”

En el Nuevo Pacto, o sea la dispensación de la gracia, Jesucristo ofrece la salvación: el perdón de los pecados gratuitamente y sólo por la fe en Su sacrificio expiatorio en la cruz, sin la ayuda de las obras. En la noche anterior a Su crucifixión, en lo que se conoce como la última cena, que fue la celebración de la cena de la Pascua, Jesús dio pleno cumplimiento al significado del Cordero Pascual que se había ofrecido aquella noche del éxodo de Egipto, unos catorce siglos antes. Ahora Él mismo se ofrece como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y, además, ofrece un nuevo pacto, con amplias bendiciones para quien decida aceptarlo.

Mr. 14:22-25: “Mientras comían, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y les dio, diciendo: ‘Tomad, esto es mi cuerpo.’ Después tomó la copa y, habiendo dado gracias, les dio y bebieron de ella todos. Y les dijo: ‘Esto es mi sangre del nuevo pacto que por muchos es derramada. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.’

I Cor. 11:25-26:Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: ‘Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebáis, en memoria de mí’.  Así pues, todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.”

II Cor. 3:5-6: “nuestra capacidad proviene de Dios, el cual asimismo nos capacitó para ser ministros de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu.”

Jesús prometió que al irse Él, vendría la Tercera Persona de la Trinidad, para capacitarnos a vivir en obediencia y en santidad:

Juan 14:16-17 y 26: “Y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce; pero vosotros lo conocéis, porque vive con vosotros y estará en vosotros.” “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

Con la ayuda del Espíritu Santo, el creyente da el fruto que Dios espera de él.

Gál. 5:18, 22-23: “Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la Ley.” “Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.”

Sólo con la regeneración efectuada en el hombre por obra del Espíritu Santo, y por Su presencia permanente en el corazón, se puede vivir en la bendición del nuevo pacto, cuya culminación será vivir con el Señor en las mansiones celestiales por siempre.

Juan 14:2-3: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis.”

Preguntas para discusión en clase:

a.   ¿Quiénes estarían incluidos en este nuevo pacto?

b.   ¿Cómo puede el creyente mantener su profesión de fe en el nuevo pacto?

c.   ¿Qué debe hacer el creyente para disfrutar las bendiciones del nuevo pacto?

d.   ¿Cómo puede usted refutar la enseñanza falsa de las maldiciones ancestrales?

LECCIÓN 9:   “OS PROFETIZAN FALSAMENTE EN MI NOMBRE”  Jeremías 29:21

PROFECÍAS LEGÍTIMAS Y PROFECÍAS FALSAS

Propósito de la lección:  Advertir  que  así  como  en  los  días  de  Jeremías  hubo falsos profetas,

así  dijo  Jesús  que  los  habría  en  los  días  anteriores  a  Su  retorno.

Capítulos para  preparar la lección: Jer. Caps. 21, 27 y 28.

Lectura antes de comenzar la clase: Salmo 53.

Versículo para enfatizar y recordar: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes

y ocultas que tú no conoces.” Jer. 33:3.

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A. El rey envía a dos siervos a consultar a Jeremías. Jer. 21.

El rey Sedequías envió a Pasur y a Sofonías a preguntar al profeta qué les pasaría a los judíos; si talvez Dios tendría misericordia y alejaría a Nabucodonosor. Jeremías respondió que las armas de Judá serían inútiles contra el enemigo, y que los caldeos los reunirían en medio de la ciudad y allí Dios los castigaría con gran enojo. Habría pestilencia en hombres  y animales; Sedequías sería entregado a los babilonios, juntamente con sus siervos, el pueblo y los sobrevivientes de la guerra y el hambre, los cuales no serían perdonados. Jerusalén sería quemada, y quienes se entregaran antes a los sitiadores vivirían.  Dios le pide de nuevo a la casa real hacer justicia y librar a los oprimidos para evitar Su ira.

B. La señal de los yugos. Jer. 27.

Desde los días de Joacim, Dios había mandado a Jeremías que fabricara yugos y sus correspondientes correas de cuero, y que los pusiera sobre su cuello. Debía también enviar un yugo y sus coyundas a cada uno de los reyes de Edom, Moab, Amón, Tiro y Sidón, por medio de los mensajeros que ellos enviaban ante el rey Sedequías a Judá. El yugo iría acompañado del mensaje de que Dios era el Creador de la tierra, de los hombres y de las bestias, y que con Su poder y autoridad repartió la tierra a quienes Él quiso. Ahora había dado poder a Nabucodonosor, su siervo, sobre aquella tierra y aun sobre sus bestias. Todas las naciones le servirían a él, a su hijo y a su nieto, hasta que Babilonia a su vez fuera también sometida a la servidumbre de otras naciones y reyes (Persia, Macedonia, Roma, etc.).  A quienes no se sometieran al yugo del rey de Babilonia, Dios los castigaría a espada, hambre y peste, hasta exterminarlos. Por tanto, no debían  creerle a los profetas que decían que no habrían de servir al rey de aquella nación, y que pronto regresarían los utensilios del Templo, pues no estaban profetizando la verdad.

C. Hananías profetiza falsamente. Jer. 28.

En el año cuarto de Sedequías, Hananías de Gabaón habló a Jeremías en el Templo delante de los sacerdotes y el pueblo, diciendo que Dios había quebrado el yugo de Babilonia y que en dos años haría volver los utensilios del Templo a Jerusalén; que haría volver a Jeconías y a todos los deportados. A esto respondió Jeremías: “!Amén. Así lo haga Jehová! Confirme Jehová tus palabras…”  Sin embargo, le dijo que todos los profetas anteriores habían predicho guerras, aflicción y pestilencia contra las naciones. Si ahora, cuando él anunciaba paz tal predicción se cumplía, sería señal de que era un verdadero profeta enviado por Dios. Ésa era la prueba del profeta genuino: que su profecía se cumpliera al pie de la letra, según lo establecía Deut. 18:22:  “Si el profeta habla en nombre de Jehová, y no se cumple ni acontece lo que dijo, esa palabra no es de Jehová. Por presunción habló el tal profeta; no tengas temor de él.”

Hananías quitó entonces el yugo que llevaba Jeremías y lo quebró diciendo que así sería roto el yugo de Nabucodonosor y Babilonia en dos años. Jeremías lo dejó, pero luego Dios lo mandó a decirle a Hananías que había quebrado yugos de madera, pero en vez de eso Dios había preparado yugos de hierro para ponerlos sobre aquellas naciones para servir a Nabucodonosor. Jeremías le dijo a Hananías que había hecho que el pueblo confiara en la mentira, pues Dios no lo había enviado, y, por tanto, moriría en el curso de ese año. Así fue. Falleció dos meses después.

D. Profecías por doquier. ¿Falsas o verdaderas? Mat 24:11

Los cristianos creemos que en la Palabra de Dios, las Sagradas Escrituras, se nos ha revelado todo lo necesario para ser salvos y vivir la viva cristiana en este mundo. El canon bíblico, o conjunto de los 66 libros inspirados, se cerró con el capítulo 22 del Apocalipsis, donde se nos exhorta a no quitar ni agregar nada al texto de las Escrituras.

La palabra profecía tiene dos acepciones: a) proclamar la palabra que Dios ha revelado; y b) predecir o pronosticar el futuro. El primer significado sigue practicándose cuando los predicadores entregan el mensaje de Dios desde el púlpito, la clase, la exhortación pública o en privado, y en otras instancias en que deba exponer la Palabra de Dios. En cuanto al segundo significado, creemos que se nos ha dicho todo lo que debemos saber acerca del futuro del pueblo de Dios y del mundo no creyente. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, contienen gran cantidad de profecías ya cumplidas y muchas que todavía deben por cumplirse, lo cual seguirá comprobando ante los incrédulos la inspiración de las Escrituras.

Sin embargo, está muy de moda en las iglesias de hoy dar profecías para la iglesia, a las personas individuales y aun para las ciudades, y el mundo. En muchas de éstas se citan porciones bíblicas, y son exhortaciones dirigidas a individuos o a toda la iglesia, muy similares a lo que se hace en una predicación. En otras ocasiones se hacen predicciones o pronósticos sobre hechos futuros, que muchas veces caen dentro del campo de la adivinación, pues no tienen que ver nada con la obra y la gloria de Dios, sino con asuntos personales; o son sólo pensamientos o deseos del supuesto profeta. Son muchas las profecías que han probado ser falsas, porque su cumplimiento no vino. Otras pueden haber caído en la coincidencia y parecen haberse cumplido. Hasta se ridiculizan las supuestas profecías sobre noviazgos que no se realizaron, sobre elecciones políticas que no se ganaron, matrimonios que debían disolverse, etc.

Sin querer ser dogmáticos, podemos afirmar que las predicciones ya no se dan. Todo el futuro de la humanidad está revelado, esperando sólo su cumplimiento. Si hubiere acaso aún alguna profecía, dentro de la soberanía divina, ésta nunca va a contradecir nada del contexto de la Biblia, ni lo ya revelado en ella. Sería talvez una nueva advertencia sobre algún juicio a determinada nación, ciudad o persona, pero en tal caso su contenido estaría ya en las Escrituras. En cuanto a la salvación del hombre y la vida cristiana, todo está dicho desde los días de Jesús, quien también nos advirtió que muchos que profetizarían en Su nombre, serían rechazados:

Mat. 7:22, “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Entonces les declararé: ‘Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!’ ”

Su venida estará precedida de falsos profetas:

Mat. 24:24, “porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas

A los que pretenden tener nuevas revelaciones es bueno recordarles que las Sagradas Escrituras, con sus 66 libros, pueden hacer al cristiano cabalmente equipado, enteramente capacitado para toda labor que la vida cristiana le demande realizar:

II Tim. 3:16-17 “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

El conocimiento de Cristo y Su Palabra son suficientes para enseñarnos en todo lo necesario. No es necesaria ninguna nueva revelación:

II Pe. 1:3, “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.”

Preguntas para discusión en clase:

1. ¿Alguna vez escuchó usted una profecía que no se cumplió? ¿De qué se trataba?                            2.  ¿Qué asunto básico relacionado con la salvación y la vida cristiana no se halla en la Biblia?     3.   ¿En qué forma ha sufrido usted oposición por la causa de Jesucristo?

LECCIÓN 10: “TOMARON ELLOS A JEREMÍAS Y LO HICIERON ECHAR EN LA CISTERNA”

Jeremías 38:6

ENCARCELAMIENTO DE JEREMÍAS

Propósito de la lección:  a. Recordar  al  cristiano  que  “todo  el  que  quiere vivir piadosamente

padecerá persecución.”

b.  Enfatizar que toda ayuda a un siervo de Dios será recompensada.

Capítulos para  preparar la lección: Jer. Caps. 32-34;  37-38;  39:14-18.

Lectura antes de comenzar la clase: Salmo 7.

Versículo para enfatizar y recordar: “Y cualquiera que  dé a uno de estos pequeñitos un vaso de

agua fría solamente,  por cuanto  es discípulo, de cierto os digo que no

perderá su recompensa.” Mat. 10:42.

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A. Jeremías compra una propiedad. Jer. 32.

Llegó el año décimo del reinado de Sedequías, el penúltimo.  Jerusalén estaba sitiada por los babilonios y Jeremías preso en el patio de la cárcel en la casa del rey, pues éste lo había apresado por profetizar que Jerusalén sería tomada por Nabucodonosor, que Sedequías no escaparía, sino que vería a su captor cara a cara e iría preso a Babilonia.

Estando allí, Dios le reveló a Jeremías que un primo suyo vendría a venderle una heredad en Anatot, pueblo natal del profeta, porque él tenía el derecho legal de rescatarla. Así sucedió y Jeremías compró la propiedad. Luego mandó a Baruc su escriba a poner la carta de venta sellada y firmada por testigos de la transacción, y una copia de ella abierta, en una vasija. El profeta pregunta a Dios por qué le ha permitido comprar la propiedad, si Judá va ser entregada a los caldeos. Dios le recuerda el éxodo de Egipto y como se dio la tierra de Canaán a sus antepasados;   pero,   como  no  cumplieron  el  pacto,   habían  llegado  a  sufrir  aquel  gran  mal.

Le recuerda la terrible idolatría en que habían incurrido y su provocación al profanar aun Su Templo. Dios le recuerda su retorno del cautiverio, tanto el inmediato después de setenta años, como el pleno retorno de la diáspora en el lejano futuro. Aquella compra de Jeremías era simbólica de que a pesar de aquel mal inminente, un día volverían a disfrutar de su tierra, a comprar propiedades y a prosperar nuevamente.

B. Jerusalén sería prosperada otra vez. Jer. 33.

Estando aún en la cárcel, Dios habló a Jeremías por segunda vez. Le dio la hermosa promesa: “Clama a mí y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”, vr. 3. Dios comparte con Sus hijos fieles, conocimientos para enriquecer su experiencia espiritual y para que lo sirvan mejor. Mat. 11:25-27, “Jesús, dijo: ‘Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.’ Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.”

Dios prometió que establecería y perdonaría a Su pueblo; que éste le sería nuevamente de gozo, alabanza y gloria; y que los pueblos que lo verían, temerían y temblarían. Habría abundancia de nuevo en la costa mediterránea de la Sefela, en el desierto del Neguev, en Benjamín y en los alrededores de Jerusalén.  Esto se cumplió parcialmente cuando regresaron los cautivos con Esdras y Nehemías. Aunque siempre sujeta a otros  (persas, macedonios y romanos), Judá fue reconstituida como una entidad nacional con relativa autonomía durante cinco siglos más, hasta ser disuelta por Roma en 70 d. C. y definitivamente en 135.

Jesús vino a establecer Su reino mesiánico y sus leyes fueron expuestas en el Sermón de la Montaña, Mat. 5-7. Sin embargo, el rechazo de los judíos pospuso el cumplimiento de dicho Reino.  Hoy nos hallamos en espera del Arrebatamiento de la Iglesia. Luego ocurrirá el juicio de la Gran Tribulación, y al final de ella tendrá lugar el Retorno de Cristo en gloria, para instaurar su glorioso Reino Milenial.  Hasta entonces se cumplirá plenamente Jer. 33:15-16, “En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo justo, que actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra. En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará segura. Y se le llamará: “Jehová, justicia nuestra”. Ese Renuevo será Jesucristo mismo.

Dios dice que así como no se puede cambiar el ritmo y la sucesión del día y la noche, así tampoco se invalidaría Su pacto con David acerca de una futura restauración. Dios no había desechado a la familia sacerdotal de Leví, ni a la familia real de David. Tendría aún misericordia y descendencia de ellas y ellas Lo servirían.

C. Jeremías le revela al rey que no morirá a espada. Jer. 34:1-7.

Mientras Nabucodonosor y sus ejércitos peleaban contra Jerusalén y las ciudades fortificadas que aún resistían, Dios mandó a Jeremías a reiterarle al rey que la ciudad sería destruida, pero que él no moriría a espada, sino en paz; sería endechado y le quemarían incienso.

D. La codicia había endurecido los corazones. Jer. 34:8-22.

Era práctica común en Israel que cuando las personas incurrían en deudas que no podían pagar, o en serios crímenes, se entregaran en servidumbre por su propia voluntad o por sentencia de un juez.  Pero la Ley mandaba que cada 7 años (Éx. 21:2; Deut. 15:12) los siervos hebreos debían ser liberados.  Israel, que había sido esclavo en Egipto y había sido liberado de este duro yugo, debía practicar la misericordia con sus propios esclavos. Pero no lo habían cumplido; su codicia los había endurecido para aprovecharse perpetuamente de sus siervos y prosperar en sus negocios.

Movido por el cerco impuesto por los caldeos y por los mensajes de Dios a través de Jeremías, el rey Sedequías había dispuesto promulgar libertad para los siervos judíos. Los príncipes y el pueblo obedecieron su decreto, pero, unos días después se arrepintieron y los volvieron a sujetar. Por tan vil actitud, se confirmó el castigo que les vendría por medio de la pestilencia y el hambre, y serían afrentados ante el mundo. Dios haría volver a los ejércitos babilonios que ya se habían retirado, y consumaría Su castigo sobre ellos.

E. Encarcelamiento de Jeremías. Jer. 37.

Sedequías envió a dos personas a pedirle a Jeremías que intercediera ante Dios por los judíos.   Por entonces Jeremías podía entrar y salir de Jerusalén, porque no había sido puesto en la cárcel aún. El faraón de Egipto salió con su ejército y los caldeos (babilonios) lo oyeron y se retiraron de Jerusalén. Dios habló a Jeremías y le dijo que los egipcios que venían a ayudar a Judá se habían regresado y que los caldeos regresarían; por tanto, no debían creer que éstos se irían definitivamente, pues no lo harían. Y dijo, además, que si de los caldeos quedaban sólo soldados heridos, éstos se levantarían y quemarían Jerusalén.  Al retirarse los caldeos por causa del faraón, Jeremías salió de la ciudad hacia tierra de Benjamín para alejarse del pueblo. Un capitán lo detuvo y lo acusó de desertar de su pueblo y pasarse con los caldeos. Él lo negó, pero fue llevado ante los príncipes, quienes se enojaron, lo azotaron y lo pusieron preso en la cárcel que había en la casa del escriba Jonatán.

El rey envió a sacarlo y en secreto le preguntó: “¿Hay palabra de Jehová?” Jeremías dijo que sí, y que Sedequías sería entregado en manos de Babilonia. El profeta a su vez preguntó al rey por qué lo habían apresado y dónde estaban los profetas que afirmaban que Nabucodonosor no vendría a tomaría la ciudad.  Luego suplicó al rey que no lo regresara a la casa de Jonatán para no morir allí.  Sedequías ordenó que lo pusieran preso en el patio de la cárcel,  custodiado,  y que le dieran una torta cada día, hasta agotarse el pan.

F. Jeremías es puesto en una cisterna. Jer.. 38:1-13.

Algunos oyeron a Jeremías predicar al pueblo que quienes se quedaran en Jerusalén morirían por la espada, el hambre o la pestilencia, y que quienes se entregaran a los caldeos vivirían. Los príncipes dijeron al rey que con tales palabras desanimaba a los hombres de guerra que  aún quedaban, pues ya no tratarían de defenderse; qué Jeremías no buscaba la paz para el pueblo sino el mal.  Sedequías les dijo que Jeremías estaba en sus manos y que él no podía oponérseles. Éstos entonces lo echaron en una cisterna que había en el patio de la cárcel. En ella no había agua sino un lodo fino en el cual se hundió el profeta. Ebed Melec, eunuco etíope, que servía en la casa real, se compadeció del profeta y habló al rey en su favor, diciendo que moriría de hambre, pues no había ya más pan. El rey ordenó al eunuco que tomara a treinta hombres y sacara a Jeremías de la cisterna antes que muriera. Usando sogas y trapos el profeta fue izado del fondo, pero continuó preso en el patio de la cárcel.

Contrasta la indecisión del rey Sedequías, quien, aunque temía a Jeremías y tuvo algunas consideraciones con él, no tomó la iniciativa de llamar al pueblo al arrepentimiento, como lo había hecho el rey de Nínive para evitar el castigo inminente profetizado por Jonás,  Jon. 3:6-10.

G.  Sedequías consulta a Jeremías. Jer. 38:14-28.

El rey mandó a llamar a Jeremías a su presencia, en la tercera entrada al Templo, y le pidió  no encubrirle nada de lo que le preguntaría. Jeremías le dijo que temía decirle la verdad porque lo mataría, y que si lo aconsejaba no lo escucharía, pero el rey le aseguró que no le quitaría la vida, ni lo entregaría en manos de los príncipes que buscaban matarlo. El profeta le dijo que si se entregaba al rey de Babilonia, viviría; Jerusalén no sería quemada y él se salvaría junto con su familia. Pero si se negaba a entregarse, ni él ni los suyos escaparían de la destrucción de Jerusalén. El rey expresó su temor de que los judíos desertores que se habían unido a los caldeos lo escarnecerían. Jeremías le aseguró que no sería así y que confiara en el mensaje de Dios que él le había entregado. Sedequías pidió a Jeremías que no dijera nada de aquella entrevista a ninguno, y cómo había de responder a los príncipes que lo interrogarían.

El profeta les contestó conforme al mandato del rey, y permaneció en el patio de la cárcel hasta el día en que cayó Jerusalén ante los babilonios.

H. “Recompensa de profeta recibirá.” Jer. 39:14-18.

Estando aún en la cárcel, Dios dio a Jeremías un mensaje para el eunuco etíope Ebed-melec: él sería testigo del castigo a Judá, pero sería librado de todo mal; no sería entregado en manos de los invasores a quienes temía, por haber creído en Su palabra, lo cual demostró al interceder por Jeremías ante el rey y sacarlo de la cisterna donde seguramente habría muerto.

Ayudar a los siervos de Dios tiene su recompensa, Mat. 10:40-42, “El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. Y cualquiera que dé a uno de estos pequeños un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.”

Preguntas para discusión en clase:

1.  ¿Cómo puede usted permanecer firme en sus convicciones cuando hay amenazas?

2.  ¿En qué forma la codicia del dinero llevar a algunos a oprimir a sus empleados o siervos?

3.  ¿En qué maneras pueden incurren algunas iglesias en oprimir y explotar a sus pastores?

4.  ¿Qué cosas puede usted como persona para cumplir lo que aconseja Gál. 6:6?

Lección 11. “Y LOS CALDEOS…  DERRIBARON LOS MUROS DE JERUSALÉN.” Jeremías 39:8.

LA CAÍDA DE JERUSALÉN

Propósito de la lección:  Advertir que, así como las profecías que Dios dio a través de Jeremías se

consumaron  debidamente,  así  también  se cumplirán las profecías que

aún están por cumplirse en el futuro inmediato y lejano.

Capítulos para  preparar la lección: Jer. 39 y 52..

Lectura antes de comenzar la clase: Salmo 137.

Versículo para enfatizar y recordar: “Yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian

serán tenidos en poco.” I Sam. 2:30.

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  1. Reinado de Sedequías. Jer. 52:1-3.

Sedequías (llamado también Matanías) reinó once años y, como todos sus antecesores excepto Josías, hizo lo malo ante los ojos de Jehová. Su rebelión contra Nabucodonosor, al dejar de pagarle tributos, precipitó el castigo de Dios y sufrió la invasión y el cautiverio.

  1. B. Caída de Jerusalén. Jer. 39:1-10; 52:4-11.

Durante un año y medio Jerusalén sufrió el asedio de los caldeos, quienes habían edificado baluartes por todos lados, mientras el hambre hacía serios estragos en la población.  Por fin cayó la ciudad cuando el muro fue abierto y los príncipes babilonios penetraron en ella. Sedequías y sus oficiales huyeron de noche rumbo al este y fueron alcanzados en Jericó. El rey fue capturado, llevado ante Nabucodonosor y sentenciado. Sus hijos fueron degollados en su presencia y sus nobles murieron en igual forma. Sedequías fue cegado, engrilletado y deportado a Babilonia, donde estuvo preso hasta su muerte.

Nabuzaradán, rey de la guardia, llegó luego a Jerusalén y quemó el Templo, la casa real, todas las casas de la ciudad y todo edificio grande. También transportó a todo el resto del pueblo que había sobrevivido. Las columnas de bronce del Templo fueron quebradas, así como sus basas y el lavatorio de bronce. Los utensilios de oro, plata y bronce fueron todos transportados.

Los dos principales sacerdotes fueron capturados, juntamente con tres guardias del atrio, un capitán, siete de los consejeros íntimos del rey, el secretario de la milicia y sesenta hombres del pueblo, y fueron llevados ante Nabucodonosor quien los mató.

Los cautivos que Nabucodonosor transportó a Babilonia fueron: en el año séptimo de su reinado (597 a.c.) 3023 personas; en el año dieciocho (587 a. C.) , 832 personas; y en el año veintitrés (582 a. C.), 745 personas. En total, 4600. Estos números pueden ser sólo de varones adultos, quienes llevaron consigo también a  sus mujeres e hijos, con los cuales el número asciende a unos 10,000,  de acuerdo con lo registrado en II Re. 24:14-16.

Así se consumó la deportación tan largamente anunciada y fueron arrancados los judíos de su tierra. Sólo quedaron en Judá los pobres del pueblo, quienes recibieron viñas y heredades por orden de Nabuzaradán. En la justicia divina, los pobres que habían sido oprimidos y víctimas pacientes de sus explotadores, ahora fueron recompensados debidamente.

  1. Nabucodonosor muestra su cuidado por Jeremías. Jer. 39:11-14 y Jer. 40:1-6.

Nabucodonosor había ordenado a Nabuzaradán que velara por el bienestar de Jeremías: que no sufriera daño alguno, sino le concediera lo que él pidiera, antes que la ciudad fuera capturada definitivamente. Jeremías fue liberado y volvió a su casa a vivir entre el pueblo. Sin embargo, posiblemente cuando la ciudad fue saqueada y sus habitantes hechos cautivos, los babilonios que no conocían las órdenes en cuanto a Jeremías, lo capturaron y éste tuvo que marchar encadenado juntamente con los deportados hasta Ramá.  Allí Nabuzaradán lo liberó nuevamente.

Es interesante notar las palabras del capitán babilonio al decirle a Jeremías, frente a los judíos, que aquel mal había sido ordenado por Dios porque habían pecado contra Jehová,  y no habían oído su voz. El capitán puso a Jeremías a escoger entre acompañarlo hasta Babilonia donde él velaría por su bienestar, o irse a vivir donde escogiera. Le sugirió que podía ir a residir en Mizpa, donde vivía Gedalías, el gobernador de Judá nombrado por Nabucodonosor. Al despedir Nabuzaradán a Jeremías, le dio provisiones y un presente. Así cumplió Dios Su promesa de “yo honraré a los que me honran,” I Sam. 2:30; y también cumplió Su palabra a Jeremías “yo estoy contigo para guardarte y para defenderte…  te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes,” Jer. 15:20.

Jeremías se fue a vivir a Mizpa y habitó entre la gente del pueblo que había quedado.

  1. De vuelta a las raíces.

Unos catorce o quince siglos antes de Jeremías, Dios habló a Abraham en Ur de los Caldeos, en medio de la idolatría, y le pidió que dejara a los suyos y fuera a una tierra donde Él lo haría el padre de un gran pueblo. Abraham obedeció y, de él y de su esposa Sara ya ancianos, y ella además estéril, Dios formó a Su pueblo escogido, a través del cual  se revelaría a todo el mundo.

Ahora, en días de Jeremías, Israel es llevado cautivo a la misma tierra de donde había salido Abraham, a sus raíces históricas, para aprender de nuevo, en medio de la idolatría y la dura servidumbre, a servir al Dios verdadero. Allí en Babilonia, a través de un remanente fiel, Dios reenseñó a Su pueblo la verdadera fe. En el exilio se dieron los hermosos ejemplos de fidelidad como Daniel, Ananías, Misael, Azarías, Ester, Esdras, Nehemías, Zorobabel y muchos más.  Este remanente regresó años después a reedificar el Templo y los muros de Jerusalén, y a restaurar Israel por unos cinco siglos más, para servir de marco a la venida del Mesías, Jesús de Nazaret.

  1. EL PROGRAMA  DE DIOS PARA EL FUTURO.

Así como Dios le reveló a Jeremías, que después de la desolación de Judá y Jerusalén, habría un futuro glorioso. Nosotros tenemos también promesas similares de que viene un tiempo glorioso para la humanidad, después del juicio de la Gran Tribulación que ya se aproxima. Usted puede seguir el programa para el futuro que Dios nos ha revelado ya en las Sagradas Escrituras:

(Use la ayuda didáctica que se le sugiere en el apéndice al final)

PRIMERA PARTE: Desde nuestros días hasta el retorno de Jesús en Gloria.

1.  Como en los días de Noé:  Mat. 24:37-40. “Pero como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre, pues como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre.

2.  Guerras y rumores de guerra:

Mat. 24:6-8. “Oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca, pero aún no es el fin. Se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestes, hambres y terremotos en diferentes lugares. Pero todo esto es sólo principio de dolores.”

3.  El rapto o arrebatamiento de la Iglesia:

I Tes. 4:16-17. “El Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo. Entonces, los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.”

I Cor. 15:50-51. “Os digo un misterio: No todos moriremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados.”

Juan 14:3. “Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis.”

4.  Los cristianos ante el Tribunal de Cristo:

Cor. 3:12-15: “Si alguien edifica sobre este fundamento con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la pondrá al descubierto, pues por el fuego será revelada. La obra de cada uno, sea la que sea, el fuego la probará. Si permanece la obra de alguno que sobreedificó, él recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quema, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.”    II Cor. 5:10: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.”

Rom. 14:10: “Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.”

5.  La gran tribulación en la tierra para los no arrebatados:

Mat. 24:21. “porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.”

6.  Las bodas del Cordero:

Apoc. 19:7-9: “ ‘Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente  (pues el lino fino significa las acciones justas de los santos).’ El ángel me dijo: ‘Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.’ ”

7.  El retorno de Cristo en gloria:

Apoc. 19:11-16. “Entonces vi el cielo abierto, y había un caballo blanco. El que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, en su cabeza tenía muchas diademas y tenía escrito un nombre que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre y su nombre es: La Palabra de Dios. Los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, lo seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro. Él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. En su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores.”

Preguntas para discusión en clase:

1.  ¿Cuáles  eventos  del futuro puede enumerar de  memoria  para  predicar o enseñar?

2.  ¿Qué significa para la Iglesia la promesa de Apoc. 3:10?

3.  ¿Qué noticias recientes y actuales han sido cumplimiento de profecías para hoy?

Lección 12. “JEHOVÁ HABLÓ… NO VAYÁIS A EGIPTO.” Jer. 42:19.

LOS JUDÍOS SE REFUGIAN EN EGIPTO

Propósito de la lección:  a. Recordar  que  es  mejor  obedecer  a Dios que a nuestro criterio  o a

nuestra conveniencia;

b. Volver a enfatizar la fidelidad de Jeremías, quien fue obligado por los

suyos a ir al exilio, donde terminó su carrera con integridad.

Capítulos para  preparar la lección: Jer. Caps. 40-44.

Lectura antes de comenzar la clase: Salmo 14.

Versículo para enfatizar y recordar: “Y entraron en tierra de Egipto,  porque  no obedecieron a la

voz de Jehová.” Jer. 43:7.

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A. Gedalías y el remanente de Judá. Jer. 40:7-12.

Cuando los jefes del ejército judío que estaban dispersos por el país se enteraron de que Gedalías había sido nombrado para gobernar el remanente en Judá, vinieron a éste a Mizpa. El gobernador les aseguró que si aceptaban servir al rey de Babilonia, les iría bien y no deberían temer nada. Les dijo que podían tomar y guardar los productos de la tierra: el vino, el aceite y los frutos del verano, y que permanecieran en las ciudades donde estaban. Así lo hicieron ellos y los demás judíos que se habían dispersado por Moab, Amón y Edom, quienes también habían vuelto.

B. Ismael conspira contra Gedalías y le da muerte. Jer. 40:13-16 a 41:10 .

Los principales jefes del ejército fueron a Mizpa y advirtieron a Gedalías que el rey de Amón había enviado a Ismael para matarlo, pero aquél no les creyó. Uno de los príncipes se ofreció para ir en secreto a matar a Ismael, pensando evitar así que los judíos bajo el cuidado de Gedalías se dispersaran; pero éste lo disuadió pues no creía que hubiera un complot contra él.

Ismael, quien era del linaje real, y varios de sus hombres vinieron a Gedalías y comieron con él. Pero, de repento, se levantaron Ismael y sus hombres y mataron a Gedalías a espada, así como a los judíos y caldeos que estaban con él en Mizpa. Un día después, cuando nadie sabía aún del asesinato, llegaron unos ochenta hombres de Siquem, Silo y Samaria, con barbas raídas, ropas rotas y rasguñados, trayendo ofrendas e incienso para el Templo. Ismael salió de Mizpa llorando y les pidió que vinieran a ver a Gedalías.  Al entrar en la ciudad, Ismael los degolló y los echó en una cisterna con la ayuda de sus esbirros, excepto a diez que salvaron sus vidas a cambio de ofrecerle sus tesoros de trigo, cebada, aceite y miel que tenían almacenados. Luego llevó cautivo al resto del pueblo y a las damas de la corte real, rumbo al este para pasarse con los de Amón.

C. Johanán hace huir a Ismael. Jer. 41:11-18.

Cuando Johanán y los príncipes que lo acompañaban oyeron de todo el mal que había hecho Ismael, tomaron a sus hombres, fueron a pelear contra él y lo hallaron en Gabaón. Todos los cautivos que había tomado Ismael en Mizpa se alegraron al ver a Johanán y a su gente, y se unieron a ellos, mientras Ismael logró escapar con ocho de sus hombres hasta Amón.

Johanán y su gente se fueron y habitaron cerca de Belén, planeando emigrar a Egipto, pues tenían miedo de que los caldeos vinieran y tomaran represalias porque Ismael había matado a Gedalías, quien había sido puesto por Nabucodonosor.

D. Mensaje de Jeremías a Johanán. Jer. 42:-

Johanán, los oficiales del ejército y todo el pueblo vinieron a Jeremías a pedirle que intercediera por ellos ante Dios, pues eran un pequeño número. Ellos querían que Dios les enseñara qué debían hacer y qué rumbo tomar, y prometieron obedecerlo en todo.

Jeremías oró y después de diez días Dios le respondió.  Convocó a Johanán, a los oficiales y al pueblo y les dijo que se quedaran en Judá y que Dios los libraría de la mano del rey de Babilonia, que tendría misericordia de ellos y los prosperaría. Pero, que si marchaban a Egipto, donde creían estar más seguros, sufrirían maldición, espanto y afrenta; que aún allí los alcanzaría la espada, el hambre y la pestilencia, y morirían todos sin volver a ver su tierra. El profeta los reprendió por haber comenzado a desobedecer a Dios, pues ya se hallaban en camino a Egipto.

E. La migración a Egipto. Jer. 43:1-13.

Al oír el mensaje de Dios por boca de Jeremías, Johanán y otros príncipes con gran altivez lo rechazaron diciendo que era mentira y que no lo había enviado Jehová. Acusaron a su escriba Baruc por haberlo incitado contra ellos, para que fueran entregados en manos de los caldeos y ser muertos por ellos o deportados a Babilonia. Así, Johanán y sus oficiales condujeron a todo el remanente de Judá hasta Egipto, incluyendo a Jeremías y a Baruc. Dios le habló a Jeremías y le dijo que tomara piedras grandes y las cubriera con arcilla, sobre el enladrillado de la casa del faraón en Tafnes, a la vista de todos los judíos. Les advertiría que Dios llevaría a Nabucodonosor y que sobre aquellas piedras pondría su trono y extendería sobre él su bandera. También asolaría Egipto, quemaría sus templos y sus dioses, y cautivaría a su pueblo. Luego, sin tener ninguna interrupción, saldría del país en paz.

F. Jeremías profetiza en Egipto a los judíos. Jer. 44: 1-30.

Dios dio a Jeremías un mensaje para los judíos refugiados en Egipto, les recordaba su idolatría y el castigo que ya habían sufrido a manos de los babilonios. Les reclama que continuaran ofreciendo incienso a los dioses ajenos en Egipto, y que por ello volvería Su rostro contra ellos y acabaría de destruirlos. No escaparían de la espada, del hambre y de la peste, excepto algunos fugitivos. Las mujeres habían ofrecido incienso a Istar (Astarté o Áserá), “la reina del cielo” asiriobabilónica, con el consentimiento de sus maridos. Éstos, que eran ateos o indiferentes, permitían a sus mujeres continuar en la idolatría y fueron también arrastrados como le aconteció a Salomón. Arrogantemente, una gran multitud de mujeres dijo al profeta que no oirían a Jehová a por medio de él, sino adorarían a la “reina del cielo” como hicieron sus padres y sus reyes, pues así habían sido felices, nada les había faltado y no habían sido castigadas. Al haber dejado de adorarla les había faltado todo y muchos habían muerto por la espada y el hambre.

Dios decretó que los judíos idólatras fueran también castigados en Egipto. Primeramente el faraón Hofra fue derrocado por sus enemigos en una revolución interna, por 570 a. C.; y luego los babilonios derrotaron al faraón Amasis, por el año 567 a. C.

G. De vuelta al paganismo. Esta vez era el plan de Dios que Su pueblo fuera cautivo a Babilonia para recibir corrección y renovar su fe. A la vez les prohibió a los que quedaron en Judá que fueran a refugiarse a Egipto. Esta nación siempre fue el símbolo del pecado y de la servidumbre de la cual  Dios sacó a Su pueblo en el éxodo para instalarlo en la tierra en la cual Él cumpliría el plan de salvación para la humanidad. Esta vez Egipto les sería de nuevo de azote y una tentación para continuar en la idolatría. Así lo comprobaron los que marcharon allá pensando hallar protección de los babilonios.

Más adelante, sí fue el plan de Dios que José, María y el niño Jesús hallaran refugio, durante un breve tiempo, en tierras de Egipto, Mat. 2:13-14; 19-22.

El relato no da indicios del final de la vida del fiel profeta Jeremías. Sin embargo, las múltiples promesas de Dios, quien lo había llamado a Su servicio, abundan en afirmaciones de que lo libraría siempre de sus enemigos. Dondequiera que haya dejado de existir en esta tierra,  Jeremías fue a su tiempo agregado a la gloriosa larga lista de los héroes de la fe. Sólo Dios sabe cuánto fue el impacto que su incansable mensaje durante cuarenta años, causó tardíamente en el corazón de los que fueron al exilio, donde tuvieron tiempo de sobra para creerle…

H. EL PROGRAMA DE DIOS PARA EL FUTURO.

(Use la ayuda didáctica que se da en el apéndice, al final de las lecciones)

SEGUNDA PARTE: Desde el retorno de Cristo en gloria hasta el Reino Milenial.

7. El Retorno de Cristo en gloria:

Mat. 24:31-32. “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria.”

8. El juicio de las naciones:

Mat. 24:32. “Y serán reunidas delante de él todas naciones; entonces apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.”

9. El juicio del pueblo de Israel:

Ezequiel 20:34-38. “Os sacaré de entre los pueblos y os reuniré de las tierras en que estáis esparcidos, con mano fuerte y brazo extendido, y en el ardor de mi ira; os traeré al desierto de los pueblos y allí litigaré con vosotros cara a cara. Como litigué con vuestros padres en el desierto de la tierra de Egipto, así litigaré con vosotros, dice Jehová, el Señor. Os haré pasar bajo la vara y os haré entrar en los vínculos del pacto; y apartaré de entre vosotros a los rebeldes y a los que se rebelaron contra mí; de la tierra de sus peregrinaciones los sacaré, pero en la tierra de Israel no entrarán. Y sabréis que yo soy Jehová.”

Mat. 19:28. “Jesús les dijo: ‘De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido, también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.’ ”

10. Satanás atado durante mil años.

Apoc. 20:1-3. “Vi un ángel que descendía del cielo con la llave del abismo y una gran cadena en la mano. Prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Lo arrojó al abismo, lo encerró y puso un sello sobre él, para que no engañara más a las naciones hasta que fueran cumplidos mil años.”

11.  Instauración del Reino Milenial:

Apoc. 20:6. “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.”

Preguntas para discusión en clase:

1.  ¿Qué pasa cuando los creyentes  ya no escuchan las exhortaciones de los enviados de Dios?

2.  ¿Dónde ha escuchado usted actualmente la expresión “reina del cielo”?

3.  ¿Cuál es el orden en la autoridad del hogar que Dios establece en Ef. 5:22?

Lección 13: “TE DI POR PROFETA A LAS NACIONES.” Jer. 1:5.

PROFECÍAS CONTRA LAS NACIONES VECINAS A JUDÁ

Propósito de la lección: Mostrar:

  1. el gobierno soberano de Dios al retribuir a cada nación según Su sabiduría, Su justicia y Su misericordia;
  2. hacernos confiar en que también se cumplirán debidamente todas las profecías con las bendiciones concernientes a los salvos.

Capítulos para  preparar la lección: Jer. 46-51.

Lectura antes de comenzar la clase: Salmo 46.

Versículo para enfatizar y recordar:  “Tú,  siervo  mío  Jacob,  no  temas,  dice  Jehová,  porque yo

estoy  contigo;  porque  destruiré  a  todas  las  naciones  entre  las  cuales  te  he

dispersado;  pero a  ti  no  te destruiré del todo, sino que te castigaré con justicia;

de ninguna manera te dejaré sin castigo.” Jer. 46:28.

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Ayuda didáctica:   Se sugiere usar el mapa que se adjunta, para ubicar las naciones mencionadas en esta lección.

A.  Profecías contra las naciones vecinas de Israel.

Israel y todas las naciones alrededor habían provocado a Jehová con su idolatría y prácticas depravadas, y era ya tiempo de traer el juicio contra ellas, comenzando por Israel a quien Dios había escogido para revelarse al mundo y hacerlo el objeto de su amor y grandes bendiciones. El castigo sobre Israel ya se había consumado, y asimismo el de las naciones alrededor, bajo la fuerza arrolladora del rey babilonio Nabucodonosor. Sólo faltaba Egipto y la misma Babilonia.

Debe notarse la mención que se hace de los dioses falsos de Moab, Amón, Egipto y Babilonia: Quemos, Milcom, Amón, Bel, Marduk, por cuya adoración estos pueblos habían provocado a Dios y habían también contaminado a Israel.

Los capítulos 46 a 51, contienen profecías contra Egipto, Filistea, Moab, Amón, Edom, Damasco (Siria), Cedar y Azor, Elam y Babilonia.

B. Profecías contra Egipto.

  1. Profecía acerca del faraón Necao. Jer. 46:1-12.

Cuando el faraón Necao pasó por Judá en su camino a defender a Asiria, el buen rey Josías le salió al encuentro para disuadirlo y Necao lo mató. En el año cuarto de Joacim, hijo de Josías, Dios decretó su venganza contra el faraón, al anunciar a Jeremías la derrota del Necao por los babilonios en la batalla de Carquemis, lo cual aconteció cumplidamente.

b.  Profecía acerca de una expedición de Babilonia contra Egipto. Jer. 46:13-26.

Jeremías también profetizó la expedición que Nabucodonosor emprendería para asolar a Egipto. Posiblemente se trata de la invasión Egipto, después de la caída de Jerusalén, en tiempos del faraón Amasis en 568 a. C.   Él también profetizó que Egipto volvería a ser habitada como antes.

c.  Palabras de consuelo para Israel. Jer. 46:27-28.

En medio de las calamidades que sufriría Israel, Dios le da palabras de aliento, prometiéndole que volvería del cautiverio y que Él destruiría a las naciones entre las cuales había sido dispersado.

C. Profecía contra Filistea. Jer. 47:1-7.

Jeremías recibió esta profecía antes que el faraón egipcio destruyera la ciudad filistea de Gaza. Los babilonios vendrían también y dominarían toda Filistea, una franja al oeste de Jerusalén en la costa mediterránea. Juntamente con ella serían destruidas sus aliadas, las ciudades-puertos fenicias de Tiro y Sidón, y “el resto de la costa de Caftor” [la isla de Creta] v. 4.

Los filisteos eran vecinos y enemigos jurados de Israel, al cual habían hostigado desde sus inicios hasta que David los humilló. Ahora les venía un castigo tan terrible, que los hombres no podrían cuidar y defender a sus hijos por la debilidad de sus manos, al ser aterrorizados por el sonido de los casos de los caballos, el alboroto de los carros y el estruendo de sus ruedas. A Babilonia se le llama “espada de Jehová.”

D. Profecía contra Moab. Jer. 48:1-47.

Moab ya había sido castigada antes por los asirios en cumplimiento de otra profecía. Ahora se le profetiza su desolación a manos del ejército de Nabuzaradán, capitán de la guardia de Babilonia, unos cinco años después de la caída de Jerusalén.

Su dios Quemos iría en cautiverio junto con sus sacerdotes y príncipes, por lo cual Moab se avergonzaría de él, v. 13, por ser un dios falso que no había podido librarlos. Serían exterminados quienes habían sacrificado en los lugares altos y los que habían incensado a los ídolos, v. 35. Los moabitas se habían burlado de Israel. Eran soberbios, arrogantes, orgullosos, altivos, altaneros, jactanciosos, y se habían engrandecido contra Jehová.  Con todo, Dios haría volver a los cautivos de Moab, posiblemente por misericordia de la descendencia de Lot.

¿Cuánto más tendría Dios merced de Israel, Su pueblo escogido?

D.  Profecía contra Amón. Jer. 49:1-6.

Se le acusa de haber ocupado los territorios dejados por Israel cuando marchó al cautiverio. Amón sería castigado, sus ciudades quemadas y convertidas en ruinas. Su dios Milcom o Moloc sería también llevado en cautiverio juntamente con sus sacerdotes y príncipes. Pero, al igual que Moab, sus cautivos volverían también, posiblemente por descender de Lot.

E. Profecía contra Edom. Jer. 49:7-22.

Los edomitas o idumeos eran descendientes de Esaú = Edom, nieto de Abraham. Dios vengaría el odio ancestral que ellos tenían hacia Israel, desde el resentimiento de Esaú contra Jacob. Su destrucción sería grande como la de Sodoma y Gomorra y nadie moraría más allí. Temán, un pueblo en Edom, era famoso por sus sabios, pero se habían corrompido. Por ello el león destructor, Nabucodonosor, llegaría para destruirlos; llegaría también como águila y su pavor haría que sus valientes sintieran angustias como mujer que está en dolores parto.

F. Profecía contra Damasco (capital de Siria). Jer. 49:23-27.

Habría tan gran confusión ante la inminencia de la invasión de Babilonia, que sus habitantes se derretirían, desmayarían y serían presas del pánico. Buscarían huir y se llenarían de temblor, angustia y dolores como de parto. Sus habitantes lamentarían la ruina de su ciudad, que era motivo de su gozo y orgullo.  Sus jóvenes caerían en las plazas y sus soldados morirían; sobre sus muros se encendería el fuego que consumiría sus casas. Siria había sido una amenaza y un verdugo para Israel.

G. Profecía contra Cedar y Azor. Jer. 49:28-33.

Cedar o Quedar era un pueblo formado por tribus árabes nómadas descendientes de Ismael, hijo de Abraham y Agar, su sierva egipcia. Hazor o Jazor estaba formado también por tribus árabes que vivían en asentamientos fijos. Ambos pueblos fueron asolados por Nabucodonosor. La profecía incitaba a subir contra Cedar y a destruir a los hijos del oriente; a tomar sus tiendas, sus ganados, las cortinas de sus tiendas, sus utensilios y sus camellos. Hazor se convertiría en morada de chacales. No hay indicación de masacres, sino sólo de saqueos y de ser esparcidos.

H. Profecía contra Elam. Jer. 49:34-39.

Esta profecía fue dada a Jeremías al inicio del reinado de Sedequías, por 597 a. C. Los elamitas eran descendientes de Sem (Gén. 10:22), y fueron un poderoso imperio hasta caer en poder de Asiria (640 a. C.). Elam estaba al este de Babilonia y separada de ésta por el río Tigris. Tenía buenos arqueros, por lo cual Dios le dice que quebraría su arco y que sería dispersada por los cuatro vientos. Su rey y su príncipe serían destruidos al venir Dios a sentase para juzgar a esa nación; pero sus cautivos volverían a su tierra en los últimos días.

I. Profecías contra Babilonia. Jer. 50.

En el gobierno soberano de Dios sobre el universo, la tierra y sus reinos, Él mueve a sus instrumentos para llevar a cabo los designios de Su justo y sabio gobierno. Así, Babilonia y su fuerte rey Nabucodonosor fueron utilizados para traer juicio contra los pueblos idólatras de su alrededor, principalmente sobre el pueblo de Israel a quien se le había dado un tratamiento especial como el pueblo escogido, a través del cual la luz de la revelación divina debería brillar hacia todas las naciones.

Pero, cuando Babilonia y Nabucodonosor habían ya cumplido su papel como la “espada de Jehová,” Jer. 47:6, y sólo unos cuantos años después de la muerte de este rey, le llegó su turno a esta poderosa nación. Ella también fue castigada por su idolatría y otros pecados que practican todos los que no creen en Jehová y quienes no siguen Sus santas y sabias leyes.

La profecía contra Babilonia fue la última en cumplirse. Los más relevantes pasajes de ella dicen que sería tomada y que sus dioses principales Bel y Marduk (Merodac) serían avergonzados y deshechos. Las demás esculturas de sus ídolos serían también quebradas, al ser dominada por Media y Persia, procedentes del norte.

Mientras tanto, Israel y Judá se arrepentirían y buscarían a Dios; se volverían a él y harían un pacto que no olvidarían. Dios los había castigado, pero ahora les dice que salgan de entre los caldeos, pues vendrían pueblos del norte a tomarla. Serían botín y sus saqueadores serían saciados. Los babilonios se habían gozado destruyendo Su heredad, pero ahora ellos serían convertidos en desierto, sequedal y páramo. Babilonia sería asolada y deshabitada, objeto de asombro y burla, pues había pecado también y a su vez sería castigada. Dios mandó: “Haced con ella como ella hizo,” v.15.

Israel era como rebaño descarriado dispersado por los leones. Los asirios lo devoraron primero y Babilonia los deshuesó después. Por tanto Babilonia sería castigada como ya lo había sido Asiria. Se había ensoberbecido contra Dios y Él traería Su espada contra los adivinos y éstos se entontecerían. Era una tierra de ídolos por lo cual sus habitantes se volvían tontos, por ello sería destruida como Sodoma y Gomorra y nunca más sería habitada por los siglos.  Aunque el depuesto dictador de Irak gastó recientemente grandes sumas de dinero para reconstruir Babilonia, ésta no será habitada jamás, de acuerdo con las profecías.

Cuando el rey de Babilonia oyera de su destrucción, sus manos se debilitarían, sería presa  de la angustia y de dolores como de parto. La tierra temblaría al oír que Babilonia fue tomada y el grito se oiría entre todas las naciones.

J.  Más profecías contra Babilonia. Jer. 51.

Dios dice que Israel y Judá no habían enviudado de Él, aunque habían pecado. Babilonia había sido la copa de oro que había embriagado a toda la tierra y las naciones se habían aturdido. Ahora Dios había despertado a los reyes de Media para venir sobre Babilonia a tomar sus ricos tesoros. Los ídolos habían mostrado ser inútiles y no tener espíritu en ellos, pero Jehová, el Dios de Israel, era el Formador de todo, el Creador. Él destruiría a los ídolos de Babilonia y toda su tierra sería avergonzada. Su muro ancho, sobre el cual podían correr varios carros a la vez, sería derribado y sus altas puertas quemadas. Estos habían sido construidos con el agotamiento y aun la sangre de sus miles de esclavos.

Jeremías escribió esta profecía y la envió a Seraías, el camarero principal de Sedequías, cuando fue con el rey a Babilonia, en el año cuarto de su reinado. No hay otro registro de tal visita, pero es probable que el rey de Judá haya ido allá a rendir homenaje a Nabucodonosor. Jeremías  pidió a Seraías que al llegar a Babilonia leyera el rollo con la profecía contra Babilonia, y que después de leerlo lo atara a una piedra y lo echara en el río Éufrates diciendo: “Así se hundirá Babilonia y no se levantará,” v. 64.  Unos 54 años más tarde, mientras Belsasar, nieto de Nabucodonosor, celebraba un banquete y bebía en los vasos de oro que su abuelo había llevado del Templo de Jehová en Jerusalén, Darío rey de Media invadió Babilonia. El rey Belsasar murió esa misma noche.

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K. EL PROGRAMA DE DIOS PARA EL FUTURO.

(Use las ayudas didácticas que se sugieren en el apéndice al final de las lecciones)

TERCERA PARTE: Desde el reino milenial hasta la Nueva Jerusalén y la eternidad con Dios.

12. Reyes y sacerdotes con Cristo:

Apoc. 20:6. “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.”

13. La última rebelión de Satanás y el juicio de los ángeles caídos:

Apoc. 20:7-10. “Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla. Su número es como la arena del mar. Subieron por la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; pero de Dios descendió fuego del cielo y los consumió. Y el diablo, que los engañaba, fue lanzado en el lago de fuego y azufre donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.”

I  Cor. 6”3. “¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?”

14. Cielos nuevos y tierra nueva:

Apoc. 20:1. “Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían pasado y el mar ya no existía más.”  II Pe. 3:7-12. “Pero los cielos y la tierra que existen ahora están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos… Entonces los cielos pasarán con gran estruendo, los elementos ardiendo serán deshechos y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas… esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!”

15. El juicio de los impíos ante el gran trono blanco.

Apoc. 20:11-15. “Vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo y ningún lugar se halló ya para ellos. Y vi los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios. Los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida. Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. El mar entregó los muertos que había en él, y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos, y fueron juzgados cada uno según sus obras. La muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. El que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego.”

15. Desciende la Nueva Jerusalén; la eternidad con Dios:

Apoc. 21:2-4. “Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de parte de Dios, ataviada como una esposa hermoseada para su esposo. Y oí una gran voz del cielo, que decía: ‘El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron.’ ”

Preguntas para discusión en clase:

1. ¿Cómo le ha ayudado en su vida personal estudiar la historia y labor de Jeremías?

2. ¿Qué bendición le produce el saber detalladamente el programa de Dios para el futuro?

3. ¿Cuáles de las naciones alrededor de Israel son nuevamente una amenaza para esa nación?