Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Texto clave:

Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 Samuel 16:7).

La engañosa “buena presencia”

Los seres humanos generalmente nos fijamos en la apariencia exterior de una persona para poder emitir un veredicto sobre ella, si es buena o mala; amable o descortés; educada o vulgar; elegante o chabacana, etc, etc. Es decir, juzgamos según las apariencias y no según lo que hay dentro del corazón de las personas. Sin embargo, para conocer realmente a una persona, debemos pasar algún tiempo con ella para saber qué hay en realidad en su corazón, pues de la abundancia del corazón habla la boca.

Ahora bien, muchos cristianos juzgan a los ministros y sus ministerios cristianos según el tamaño de la organización, la posición económica de sus miembros, la apariencia del pastor y de los bienes que posee, su carisma, sus buenos modales, su estilo de predicar, y su influencia entre los jóvenes y en los hogares. Así, muchos creen que un pastor es bueno y bendito si es que tiene riquezas, una gran feligresía que diezma y ofrenda regularmente, y si predica cosas bonitas del agrado de todos. ¿Pero es sabio juzgar a los supuestos siervos de Dios bajo estos subjetivos parámetros? Yo creo que no!

Los rasgos de un buen líder cristiano

El apóstol Pablo vio al pastor idóneo, no por su estatura, ni por su buena presencia, o por sus bienes materiales, sino por otros aspectos que son más importantes, como está registrado en su 1 carta a Timoteo 3:2-7, que dice:

“Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?);  no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (1 Timoteo 3:2-7).

¿Qué obtenemos acá del Pastor o líder cristiano?

1.- El obispo debe ser irreprensible

2.- Marido de una mujer

3.- Sobrio

4.- Prudente

5.-Decoroso

6.- Hospedador

7.-Apto para enseña.

8.- No dado al vino

9.- No pendenciero

10.- No codicioso de ganancias deshonestas

11.- Amable

12.- Apacible

13.- No Avaro

14.- Hijos en sujeción

15.- No un neófito

16.- Buen testimonio de los incrédulos

Todo esto es lo que el Señor busca de uno que lo va a representar, cualidades que debe tener un líder ejemplar que refleja el carácter de Cristo. Acá en ningún momento Pablo dice que el Pastor debe ser un hombre bien parecido, de alta estatura, acaudalado, exitoso en el mundo, famoso, de buena labia, carismático, ecuménico, tolerante y muy diplomático. Tampoco dice que debe tener una megaiglesia para atraer a miles y miles de potenciales conversos para que dejen sus diezmos y ofrendas para la misión evangelizadora. El Señor no está interesado en un ministro conformado al gusto o parecer del hombre natural, el cual quiere encontrar simplemente un líder que le predique cosas agradables al oído y que lo guíe hacia la salvación sin mayores exigencias o prohibiciones.

El apóstol Pablo es el que nos da las verdaderas y sanas pautas para que escojamos a un líder que sea realmente genuino, que tenga buen testimonio, aun de los incrédulos, que no sea codicioso de ganancias deshonestas, las cuales son adquiridas con engaños o de manera ilegal, además que sea sobrio, prudente (sabio), amable, apacible, manso, y no neófito de la Palabra. Todo esto refleja el carácter del buen pastor, un hombre con un corazón realmente transparente y sin malicia, apto para toda buena obra.

¿Pero qué vemos en los ministros “cristianos” de hoy y en sus ministerios?

Vemos a Pastores codiciando dinero, riquezas, fama, prestigio, poder, e influencia dentro y fuera de la iglesia. Incluso vemos a Pastores que se enredan en la política de este mundo y que aspiran dirigir su nación. Vemos a pastores que se rodean de adulones, de hombres exitosos, y que viven como si fueran príncipes en este mundo decadente. Vemos a Pastores que predican sermones aguados, sosos, y espurios. Evangelios que son gratos al oído del público asistente y que no producen temor, arrepentimiento y conversión genuinos en la audiencia.

Un buen número de congregaciones tradicionales se han convertido en MEGAiglesias que son meros clubes sociales, donde se presentan espectáculos banales y música mundana disfrazada de virtud. Vemos a gente no conversa participando de la santa cena sin ninguna restricción, y chicas supuestamente cristianas con jóvenes sin una pizca de devoción cristiana, y los pastores nada les dicen a éstos individuos mientras dejen sus ofrendas en los platillos. Simplemente se busca que haya más concurrencia y no calidad. Ahora no importa mucho si la gente que asiste es honesta o no, o si en verdad están buscando al Señor o sólo alguna pareja simpática para casarse, o tal vez algún beneficio económico. Pero si algún creyente escrupuloso llama la atención a los líderes por estas cosas que enlodan a la congregación, ellos simplemente responden que la asistencia es enorme y que se les hace imposible conocer a todos los asistentes. Es decir, estos pastores o líderes no pueden conocer y dirigir a sus rebaños, y a los lobos que merodean por allí, porque éstos son demasiados y ellos pocos. Buena excusa, pero pésima administración.

Entonces nos preguntamos: ¿Son buenas las megaiglesias si los pastores no van a poder pastorear bien a miles de sus ovejas? ¿Son realmente idóneos estos líderes para gobernar la iglesia y aptos para enseñar al rebaño? No me parece! De allí que es mejor que el Pastor tenga un rebaño manejable, en donde él pueda ejercer idóneamente su cargo. Desafortunadamente se piensa que las iglesias de 80, 100 o 200 miembros son pequeñas porque el Pastor es ineficiente, descuidado, inoperante, y hasta maldito, o poco bendito. Pero eso no es verdad. El Pastor sabio que verdaderamente es sabio, cuidará eficientemente a sus ovejas, y atenderá sus necesidades. Si ella crece, designará a otros líderes para que se encarguen de los nuevos conversos en nuevas congregaciones. Lo que es más increíblemente es que en las megaiglesias los parroquianos deben sacar cita para ser atendidos por el Pastor hasta con un mes de anticipación. ¿Será esto posible? Ni en el Seguro Social de mi país el médico te da una cita para dentro de un mes porque en la espera te puedes morir. Así que, hablando sinceramente, hay más madurez cristiana, mayor calor humano, y una auténtica fraternidad y unidad en las iglesias medianas o pequeñas que en aquellas que cuentan con 40,000 asistentes en cada culto.

Pablo alabó el crecimiento espiritual de las iglesias y nunca alentó a que se hicieran ricas, materialmente hablando

Muchos cristianos se fían de los signos exteriores de riqueza y “prosperidad” (“Iglesicrecimiento”) como un indicador inequívoco de la bendición celestial, cuando en realidad es todo lo contrario. Recordemos que el apóstol Pablo se alegraba, no tanto por el crecimiento numérico de las iglesias como por el progreso espiritual y moral de sus miembros. Pablo dijo en Romanos 1:8 de los creyentes de Roma: “Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo”. Acá Pablo se interesó y se alegró primeramente de que la fe de aquellos creyentes de Roma se divulgaba en todo el mundo. Su interés y alegría estaba en la fe de los creyentes. Igual ocurre en Colosenses 1:3,4 donde Pablo dice: “Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos”, y a los efesios (1:15), les escribe: “Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones”. Y a los creyentes de Tesalónica Pablo les dice: “Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás” (2 Tes.1:3).  Así que Pablo no estaba tanto interesado en el crecimiento numérico de la iglesia como por el progreso espiritual de los creyentes. El se alegró por el CRECIMIENTO de la fe de los creyentes, y no por el crecimiento en el número de sus miembros. El jamás puso primero el crecimiento numérico por sobre el crecimiento espiritual de los creyentes. Y Juan, dirigiéndose a la iglesia de Laodicea del tiempo del fin, escribe: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo (Apo. 3:17)”.

Hoy los cristianos buscan Iglesias ricas y poderosas aunque carezcan de calidad

Hoy sucede exactamente lo contrario. Los líderes están más preocupados por contar con más miembros en sus congregaciones que ver que sus feligreses crecen en la fe y en el conocimiento del Señor. Los pastores han convertido sus ministerios en centros de reclutamiento de colaboradores económicos y no de militantes comprometidos a la causa de Cristo, para que sean luz del mundo, y genuinos paradigmas de la fe, de la esperanza y del amor a los incrédulos del mundo.

Finalmente Dios ve el corazón de los hombres, y él conoce a sus ovejas y siervos comprometidos a su causa. El no se dejará engañar por las apariencias o por las palabras. El ve la fe y los hechos de sus siervos,  y juzgará precisamente según los hechos de cada quien. El hombre puede engañar al hombre con una aparente piedad, pero Dios ve el corazón, y juzgará conforme a las intenciones del corazón. Así que los hombres podrán hacer muchas maravillas en el nombre del Señor y podrán hasta expulsar demonios y sanar enfermos, pero él ve el interior de la persona y juzgará según las verdaderas intenciones de su corazón. Aquellos que sólo de labios adoran a Dios pero sus corazones están lejos de él, buscando lucrar con la palabra y hacerse poderosos, recibirán su justo castigo en el día de las cuentas. Muchos falsos maestros y evangelistas que se presentan como “ungidos”, “apóstoles”, y “pastores” quedarán excluidos del reino del mesías, porque fueron hacedores de maldad. Tuvieron la apariencia de piedad, pero por dentro eran lobos rapaces que destruyeron a sus ovejas.

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