En más de alguna ocasión he sentido la necesidad de huir. Huir a las malas costumbres, huir a mi pasado, huir a los temores que no quiero enfrentar, huir de las personas que no deseo tener relación. En fin, siempre he huido de varias situaciones en mi vida. Viene a mi mente la historia de Jonás. Me podrás preguntar que tiene que ver la historia de Jonás, con el deseo se huir o escapar a ciertas situaciones de nuestra vida. Tiene mucho en común, siempre que he leído la historia de este hombre de Dios. Siempre me hago la misma pregunta; ¿No era más fácil obedecer desde un principio? Claro que era lo más fácil, era lo que tenía que hacer Jonás, pero; no obedeció. Y muchas veces nos sucede igual, no obedecemos; siempre queremos hacer lo que queremos y deseamos, el resultado pareciera que no nos interesara o no pensáramos en el resultado. Pero al final obtenemos una paga, obtenemos lo que queremos, quizás nos fue bien o tal vez no. Como Jonás que tuvo que ir por caminos distintos, pero hizo lo que Dios le había ordenado al principio, fue desobediente; prefirió no obedecer, era lo más fácil aparentemente. Sufrimiento fue lo que obtuvo Jonás, tuvo que pasar por varias situaciones para entender la voluntad de Dios, pero lo hizo, de mala gana, pero termino obedeciendo la orden que le fue dada desde el principio.

Así nos sucede a nosotros, no obedecemos. No aceptamos responsabilidades, y lo que es más difícil aún; no aceptamos lo que las demás personas nos dicen y huimos de las responsabilidades, huimos de los compromisos, siempre estamos ideando maneras y formas únicas de huir a las responsabilidad que se nos han dado. Si nos han dado cierta responsabilidad, ¿Por qué no cumplir con ella? No nos gusta que nos digan cómo se deben hacer las cosas, ¡claro que no!; humildad diría yo, seamos humildes y nos irá mejor en todo lo que hagamos.

Jonás hizo todo lo posible para huir de la presencia de Dios, su resultado fueron varios, no pudo escapar de la presencia de Dios ni de la orden que tenía que cumplir. Primero se embarcó, con qué resultado. Una gran tormenta aconteció, y cada uno los marineros oraban a sus dioses, mientras Jonás dormía tranquilamente. Al oír esto, los marineros se aterraron aún más, y como sabían que Jonás huía del SEÑOR, pues él mismo se lo había contado, le dijeron: — ¡Qué es lo que has hecho! Jonás 1:10. Él mismo propuso dar la solución para que los marineros no fueran muertos en la tormenta. Tírenme al océano; parafraseando decir algo así: yo soy el causante de esta tormenta, láncenme al océano y ustedes se salvarán. Esto estaba diciendo Jonás y la Biblia lo afirma.

Ahora que sucede con nuestras vidas. ¿Debemos de huir siempre? o ¿enfrentar lo que tenemos delante de nuestra vista? Yo diría, enfrentemos lo que tenemos delante, porque huir si de una o de otra manera terminaremos haciendo lo que en un principio no quisimos, no es más fácil hacerlo desde el principio; porque llorar cuando podemos evitarlo. Somos humanos y lo más fácil es escapar. Pero ya es tiempo de aceptar nuestras responsabilidades y enfrentarlas. Hagámoslo, enfrentemos nuestros temores y nuestros más grandes miedos. Jonás sabía porque huía. Él sabía que Dios los perdonaría. Esa fue la razón, sabía que Dios es un Dios perdonador.

Jonás 4:1 Pero esto disgustó mucho a Jonás, y le hizo enfurecerse.

Jonás 4:2 Así que oró al Señor de esta manera: — ¡Oh Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando todavía estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis, pues bien sabía que tú eres un Dios bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor.

Por eso Jonás huyo, Dios perdonó la ciudad completa. Que tiene que ver esto con nuestra vida y no hacer las cosas que debemos hacer. Muy sencillo, siempre trataremos de huir de todo lo que podamos, pero de la presencia de Dios jamás podremos escapar, así como Jonás nos dejó su ejemplo, nosotros podemos hacer lo mismo con alguien más. Enfrentemos lo que tenemos que hacer, pero recordemos que siempre terminaremos haciendo lo que teníamos que hacer desde el principio, eso incluye tener una relación con Dios.

Jonás 4:11 Y de Nínive, una gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no distinguen su derecha de su izquierda, y tanto ganado, ¿no habría yo de compadecerme?

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