Todos nosotros en más de alguna ocasión nos hemos planificado rutinas para mejorar nuestra salud física. Estamos tan acostumbrados a vivir una vida llena de rutinas que pocas veces nos salimos de ella, ya la conocemos de memoria que no hay necesidad de anotarla en un calendario o llevar una nota con nosotros. Nuestra vida la acomodamos de tal forma que nos prohibimos salirnos de esa rutina que ya conocemos. Probablemente así nos educaron nuestros padres o nuestros abuelos, o con las personas con quienes pasamos la mayoría de nuestra niñez y juventud. Nos decían “has esto de esta forma, no hay otra manera de hacerlo, a mí me funciona así, y por la tanto te va a funcionar”. Y lo creía, me funcionaba.

Me acostumbré a las rutinas de alguien más y las adapte a mi propia forma de vida, sentía que me funcionaba, y así era. Si probaba hacerlo de una forma diferente el resultado variaba. No conocía otra manera nueva de lograr el mismo resultado. Tarde o temprano tendría que probar un método diferente, buscar una forma distinta de la que me habían educado siendo aún niño, tenía que ir contra la corriente. Tendría que desobedecer y el resultado posiblemente sería fracaso total. Lo intentaría aunque fracasara.

Mi mente estaba programada para hacer las tareas de la misma forma, no podía buscar opciones nuevas. Todos hemos pasado por ese proceso. En la escuela nos enseñan a seguir un patrón, estamos educándonos, nos están enseñando a seguir indicaciones, si las evadimos, lo más seguro es un castigo o una llamada de atención. Así crecimos, no podíamos tomar atajos, los atajos no son seguros, pero son más rápidos y puedo llegar al mismo lugar más rápido que alguien más. Pero que me asegura que tendré éxito si escojo tomar un atajo. Nadie me da la seguridad. Pero debo intentar. Dicen que intentar es “probar hacer algo, que nunca voy a llegar a realizar”. Pero si en vez de la palabra “intentar” utilizo “probar”, “aventarme hacer algo”. De repente puedo tener éxito. Pero debo de probar un método que funcione.

Ese método talvez solamente lo pueda utilizar yo. Nadie más puede usar mis métodos. Simplemente porque a mí me funciona, sé cómo aplicarlo en la tarea que debo de realizar. Y lo que cuenta es eso, que me funcione. Que obtenga lo que quiero de la forma que lo quiero hacer.

Siempre encontraremos más de alguien que nos dirá. “Eso se hace de esa forma”, “no hay otra manera de lograrlo”, y así puede ser, no hay otra manera de lograrlo para él o para ella. Pero para mí existe otra forma de hacerlo, a mi manera. Para eso debo de ir contra la corriente. Quien puede impedir hacer lo que deseo, usando mi propio método, usando mi propia estrategia, simplemente hacerlo. El resultado probablemente sea el mismo, pero lo logré.

Vivimos de tal forma que hacemos las cosas como los demás quieren. ¡Qué frustrante! Dirás no me siento frustrado porque esa fue la forma que me enseñaron, ¿pero porque no hacerlo de una forma distinta? La respuesta talvez sea: No conozco otra forma. No me enseñaron hacerlo diferente.

Acaso no somos lo suficientemente capaces de hacerlo de forma diferente, que podemos perder si probamos un método diferente. Posiblemente me pueda funcionar, o tal vez no. Que puedo perder si en la primer prueba fracaso. Ese fracaso es temporal.

Crear buenos hábitos en nuestra vida conlleva realizar cambios en nuestra manera de pensar, manera de actuar, en cómo nos expresamos. Llegar a pensar y actuar diferente puede traer consigo dificultades en un principio, implica ir en contra de pensamientos y actitudes que han estado viviendo dentro de nosotros por mucho tiempo, desde nuestra niñez o juventud, es en esta segunda etapa de nuestra vida donde aprendemos hábitos que sabemos que están malos, pero tenemos que hacerlos para agradar a las personas con quienes nos relacionamos. Pero llega un punto donde debe imperar mi forma de pensamiento, donde me exprese libremente sin prejuicios, y lo que las personas digan o piensen de mí, no debo hacerlo propio. Porque al final, se apodera de todo mi ser.

Todo buen hábito requiere un seguimiento, un esfuerzo diario, practica constante hasta que logre el objetivo que propuse alcanzar. Muchas veces tendré que llevar una agenda o un cuaderno de notas donde escriba lo que tengo que hacer, el hábito está naciendo. En esa agenda probablemente anotaré: que actividad haré ese día, el objetivo, el tiempo que me tomará hacerlo, y el logro que obtendré. Puede ser tedioso en un principio, pero todo esfuerzo vale la pena. Me sentiré feliz conmigo mismo cuando alcance lo que me propuse cuando tome la agenda o el cuaderno de notas y escribí lo que quería alcanzar, lo veía como un sueño, algo imposible, el camino se veía lejos, distante, ahora que llegue a la meta, reconozco que valió el esfuerzo que hice.

Un buen hábito entra para quedarse y formar parte de mi casa, que es mi mente, mi corazón, mi ser; debo ser constante en todo lo que haga, debo desaprender los malos hábitos que aprendí. Podrá ser difícil y casi imposible, desaprender algo que lo he llevado por mucho tiempo, pero no es imposible dejarlo de hacer, está en mi dejar de hacer algo que sé que perjudica mi manera de vivir, de actuar, de pensar. Esfuerzo es la constante, esforzarme por desaprender lo que mal aprendí, dejar que entren buenos hábitos lleva consigo fuerza de voluntad, voluntad para cambiar y empezar hacer lo que me beneficiará en mi presente y mi futuro.

Solamente tú puedes decidir si deseas incorporar buenos hábitos en tu vida que te harán mejor persona, te harán  a cambiar tu forma de pensar y actuar, tu eres quien decide, nadie puede decidir por ti, tu elijes por ti, nadie puede elegir lo que tu deseas hacer, tú piensas lo que tu desees pensar. Tu escoges qué camino tomar, el camino que te llevará por buenos lugar donde no existirán consecuencias, o el camino donde podrás encontrar espinas y montañas que te harán el camino cuesta arriba. Tú elijes.

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