Llegar al pleno conocimiento de nosotros mismos requiere tiempo, paciencia, dedicación, fuerza de voluntad, podemos tener todo lo necesario para examinarnos, pero dentro de nosotros existe una fuerza que nos impide auto-examinarnos. Tenemos miedo a adentrarnos en lo más profundo de nuestro corazón, nuestra mente. Realizar un examen interno requiere tiempo, y tiempo es lo que menos queremos perder en esta vida que nos enseña que todo es instantáneo, nos han acostumbrado a ir rápido por el camino que tenemos que recorrer.

Dios hizo una creación perfecta, sin un solo error, las flores dan belleza a la creación que Dios nos permite observar diariamente, y ver una flor requiere tiempo, fijarse en cada uno de los pequeños detalles que le dan forma, que le dan un color único y especial, pero nunca nos detenemos a observarla, solo vemos que hay flores por todas partes, pero raras veces, nos tomamos el tiempo necesario para apreciarla. Apreciar sus hojas, sus pistilos, sus ramas, su color, su tamaño, su forma.

Todo pareciera ser que venimos programados a caminar rápido y no prestar atención a esos detalles que Dios nos regaló en su creación. No nos interesa detenernos y apreciar nuestro alrededor. Deseamos que todo se haga rápido, porque el tiempo es oro, dice un refrán. Quizás para alguien que no le interesa ver lo que le rodea, sea oro; pero para las personas que realmente disfrutan de la vida, es preferible detenerse y observar lo que nos rodea, prestar atención aquellas cosas que existen allí, pero como llevamos prisa, simplemente las obviamos, ¡que desconsiderados somos los seres humanos!

¿Por qué somos tan desconsiderados? La respuesta es fácil. Así hemos escogido ser, desconsiderados con quienes nos rodean y lo que es aún peor y más complicado y difícil de descifrar, con nosotros mismos también lo somos. Pero Dios no nos creó así, fuimos nosotros durante en todo este tiempo que hemos vivido en esta planeta que Dios creó tan detalladamente que hemos escogido vivir de esa manera.

Debemos detenernos un instante y reflexionar conscientemente. Cuál es la razón por la que no nos tomamos un pequeño tiempo para apreciar esos pequeños detalles que vemos todos los días, si es que realmente los podemos ver si siempre llevamos prisa. Simplemente no los vemos, nuestra mente nos lleva por otro camino, y obviamos lo que tenemos frente a nosotros.

Un amigo podría pasar frente a nosotros, y simplemente no lo veríamos, vamos ocupados pensando en algo más, el cerebro siempre está trabajando al igual que nuestra vista, pero no olvidemos algo, somos nosotros quienes controlamos nuestro cuerpo, el cerebro nos da las órdenes para que el cuerpo las ejecute, pero nosotros decidimos que hacer, que decir, donde ir. Pero estamos mal acostumbrados. Todo lo deseamos instantáneamente, nos han educado mal. Pero aún podemos redefinir el curso de nuestro rumbo.

Como el capitán del barco ve el faro a lo lejos que le indica que está cerca de la costa, cambia el rumbo si fuera necesario hacerlo. Porque no ver ese faro a la distancia que nos indica que debemos detenernos un instante y reflexionar. Reflexionar en lo que Dios nos regala, en los pequeños detalles que hacen de la vida más hermosa y bella para disfrutar plenamente. Requiere tiempo. Pero esos pequeños detalles requieren tiempo, pero nosotros tomamos las decisiones, nos las toma nadie más, debemos bajarle revoluciones a nuestra vida. Por nuestro bien, debemos ir despacio y reflexionar, ¿Cuántos detalles he dejado escapar?

Reflexionemos y veamos cuantos pequeños detalles hemos dejado pasar; pequeños detalles que con el tiempo se vuelven grandes. Recordemos que todo tiene su tiempo, el mismo Dios dice que todo bajo la tierra tiene su tiempo, incluso él se tomó un tiempo para poder crear todo lo que nuestra vista puede apreciar. Dios mismo contempló su obra y dijo: “he  aquí que era bueno en gran manera”…el mismo creador observó detalladamente su obra, ¿Por qué no hacer lo mismo con lo que tenemos a nuestro derredor?, nos tomará un instante…muy pequeño…pero será muy gratificante.

No nos vendría mal realizar un auto-examen y ver muy dentro de nosotros, llevará tiempo ver dentro de nuestro corazón, ese pequeño músculo que bombea la vida, es allí donde Dios depositó la vida para cada ser humano, la Biblia dice: “sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón…” así que debemos guardar, cuidar y proteger nuestro corazón, dentro de él puede residir amor así como odio, alegría y tristeza; el corazón guarda lo que nosotros elijamos; entre más basura depositemos en él, más basura terminaremos siendo.

Nadie puede darnos lo que no queremos, así funciona con nuestro corazón, nadie puede introducir en él, lo que nosotros no deseamos; si queremos tener un corazón alegre, debemos elegir como forma de vida, la alegría.

Lo que menos debemos de tomar para nuestro corazón es el odio, rencor, tristeza, todo aquello que nos lastima, debemos evitarlo. Nos pueden inducir a hacer lo que no queremos hacer, pero somos quienes elegimos si lo hacemos o no lo hacemos; el odio va llenando nuestro interior, hasta que se apodera completamente y respiramos odio, respiramos rencor. Examinar nuestro corazón a profundidad, reflexionar en esos momentos donde hemos sentido que andamos mal. Es allí cuando debemos detenernos y ver en que hemos fallado, si podemos enmendar el error hagámoslo, pero si es demasiado tarde, asumamos las consecuencias.

Examinar lo más profundo  de nuestro corazón implica mucho amor propio, ese querer cambiar o mejor dicho eliminar completamente esa basura que hemos ido introduciendo en nuestro corazón, esa basura entró temporalmente, en un enojo, cuando hice algo que no era bueno, cuando tomé una decisión desagradable, decidimos ingresarla, pero se quedó para siempre.

Meditemos un instante en nuestro corazón, y veamos si aún  tenemos esos rencores que hemos elegido tomar, sabemos que están allí; se han quedado por mucho tiempo, y ahora es el momento de echarlos fuera, y para siempre. Tomemos esa decisión de sacarlos, posiblemente se han apoderado de una buena parte de nuestro corazón, pero podemos borrarlos, somos capaces de hacerlo, somos fuertes, y en nosotros existe algo que llamamos fuerza de voluntad, todos tenemos fuerza de voluntad, pero hay momentos que olvidamos que está con nosotros.

                “porque de él mana la vida”, de nuestro corazón salen manantiales de vida, la Biblia así lo dice, porque Dios así lo escogió. Si esos manantiales de vida que Dios puso en nuestro corazón están tapados. Debemos buscar muy dentro de nosotros y destaparlos nuevamente para que esos manantiales surtan vida a todo nuestro ser. Felicidad, amor, alegría, sinceridad, humildad, fortaleza. Somos capaces de hacerlo, si los metimos allí, nosotros somos quienes podemos sacarlos, para que nunca más vuelvan a entrar.

                Ese auto-examen nos confrontará con los deseos malos que se han apoderado, esos rencores que hemos escogido tener. Esa lucha interna que vamos a tener, no la podemos dejar pasar, debe ser lo más pronto posible. No debemos esperar mucho tiempo. Nadie me conoce mejor que yo mismo. Ese auto-conocimiento no es ser orgulloso, es ser realista, es conocerme internamente, es conocer mis habilidades, mis debilidades, mis fortalezas, mis sueños, mis tristezas, conocerme me hace más fuerte. De ese auto-conocerme debe ser la razón para que me dé cuenta que debo echar fuera todo lo que me daña y no permite que tenga felicidad con quienes me rodean. El día que me libere seré feliz.

Si no puedo hacerlo solo, debo buscar ayuda, y quien más que mi creador, Dios conoce cada milímetro de mi cuerpo, solo él conoce cada célula que forma mi cuerpo, porque el vio cuando era formado en el vientre de mi madre, que alegría saber que Dios me conoce tal como soy.

                Acudir en busca de su ayuda es la mejor opción que debo hacer, algunos podrán decir que no es la única opción, y hacen bien, porque Dios dejo a los psicólogos, a los expertos en la salud mental, pero solo Dios puede ver en lo más profundo de nuestro ser, él puede tocarnos con su mano y decirnos al oído que parte de mi corazón debo sanar, que parte de mi conducta debo cambiar y cómo hacerlo para que pueda ser feliz conmigo mismo, primero debo amarme yo, después a quienes me rodean; sería ilógico que ame cuando no sé qué es el amor. Debo amarme tal como Dios me creó, si me amo tal como soy, seré realmente feliz.

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