Siempre nos enredamos en situaciones de las que nos es difícil escapar. Estamos luchando contra los gigantes que nos tienen atados. Nos hundimos. No vemos la puerta de salida por ninguna parte. No sabemos que hacer o por donde escapar de este círculo vicioso en el que nos metimos, nadie nos llevó allí, por nuestra propia cuenta estamos enredados y no bendita salida nunca la podemos encontrar. A lo lejos vemos una puerta, tomamos la perilla para abrir la puerta y escapar de este lugar que nos asfixia lentamente. Llegará el día en que no pueda escapar y me quede en este lugar para siempre.

                Así es el pecado que está en nosotros, nos atrapa lentamente, nosotros lo buscamos, nosotros sin ayuda le dimos permiso para que habitara en nuestro ser. Sabemos que vivimos en pecado. Pero no lo queremos aceptar, nos acomodamos, tenemos una llaga sobre la herida que no nos deja ver la llaga podrida que tenemos dentro de nuestro ser. El pecado nos inunda  lentamente, hasta llegar al punto de sentirlo parte de nuestra vida, nuestra vida por completa se vuelve una rutina donde no tengo conciencia de la vida llena de maldad que llevo. Es como si estuviera dando vueltas en el mismo lugar. El pecado no permite que la luz entre a mis ojos y me permitan ver todo lo bueno que tengo frente a mi vista, el pecado hace que no sienta dolor, que no sienta pena por mi mismo, me acomode a esta vida llena de maldad que llevo.

                Algo dentro de mí me hace ver que mi manera de vivir no es la adecuada, pero no encuentro como escapara de esta vida que llevo. La solución podrá estar a mi alcance. Pero estoy tan bien con mi vida que no hago es esfuerzo de levantarme y buscar la salida. Estoy enredado en una vida viciosa, mi manera de vivir es la misma día a día. Existen soluciones y hay puertas por donde salir. Enredado en el pecado, prefiero estar acá que hacer el esfuerzo de buscar salir de mi vida llena de pecado, pero no me siento bien con lo que hay dentro de mí, sé que estoy viviendo y haciendo lo malo, mi conciencia que constriñe día a día, Dios me habla a mi corazón y sé que solo no podré salir de este enredo que yo mismo he creado.

                No tengo la fuerza necesaria para salir. ¿Estoy luchando solo? Claro, para salir de la vida de pecado no tengo que luchar yo, sino dejar que Cristo peleé por mí, solo Él es capaz de ayudarme a encontrar la salida.

                Debo reconoce que necesito de Dios en mi vida y que soy pecador. Dios me ama tal como estoy, con mi corazón, me mente, mi ser inundado de pecado, Dios me limpiará por completo, solo debo entregarme a él y el resto es de Dios, únicamente debo admitir mis pecados, declarándole a Dios que soy pecador, Dios hará todo lo demás.

Romanos 4:5 En cambio, Dios declara inocente al pecador, aunque el pecador no haya hecho nada para merecerlo, porque Dios le toma en cuenta su confianza en él.

La gracia de Dios me perdonará, debo aceptar su maravillosa gracia para ser liberto del pecado que existe en mí, el resto de mi vida, Dios se hará cargo de ella.

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