ESCRITO POR:

Bill O’Connor

En años recientes muchas Iglesias han casi reemplazado los himnos con coros de alabanza y adoración. La idea no está del todo mala. Los coros ayudan a llenar la necesidad de una mayor espontaneidad, profunda emoción                     e involucramiento de toda la congregación. Yo, al menos, sin embargo,             no quiero ver que los himnos tradicionales sean enteramente desplazados.             A continuación hay 10 razones para mantener los himnos en nuestros servicios de adoración:

  1. 1. Los grandes himnos nos mantienen en contacto con nuestra herencia cristiana.

“Castillo Fuerte es Nuestro Dios” nos hace viajar hasta los días de la Reforma Protestante y nos permite oír las palabras de Martín Lutero. “Gozosos, gozosos” nos expone a la música de Beethoven y nos permite disfrutar de la maestría melódica de uno de los grandes compositores en la historia de la Iglesia. Los himnos de Charles Wesley nos sumergen en el espíritu del avivamiento wesleyano. Los himnos nos recuerdan a nuestros fundadores, nuestra historia y nuestras doctrinas distintivas.

2. Los himnos nos exponen a una buena cantidad de la más grande música    que se ha  escrito hasta hoy.

“Gozosos, Gozosos” es la “La Oda a la Alegría” de la Novena Sinfonía de  Beethoven; “Reposa, alma mía” tiene la melodía de “Finlandia” de Jan Sibelius. Nuestros himnos ponen ante nosotros la música de siglos pasados,                  de principios del siglo veinte y de la presente década. Los coros carecen de esa rica y amplia variedad musical

3. Los himnos nos exponen a la poesía..

Las palabras de los himnos son algunas de las más bellas jamás escritas. Por ejemplo, considere un estrofa del himno “Reposa, alma mía”, escrito por Katharina von Schlegel:

“Reposa, alma mía: el Señor está a tu lado;

la cruz de angustia y dolor pacientemente lleva;

permite que tu Dios ordene y provea;

En cada cambio Él fiel permanecerá.

Reposa, alma mía: tu mejor Amigo, tu Amigo celestial,

por  espinosos senderos te guía a au gozoso final.”

4.  Los himnos dan a nuestra adoración un sentido de majestad y belleza.

(párrafo omitido intencionalmente)

5. Los himnos graban las verdades cristianas en nuestras mentes y   corazones.

Muchos cristianos que no pueden citar 10 versículos de las Escrituras, pueden fácilmente cantar los versos de una docena de himnos que están basados  en las Escrituras, o son directamente tomados de ella. Los conceptos cristianos son guardados en nuestras mentes, listos para ser evocados cuando los necesitamos. Muchos fueron puestos allí por cantar repetidamente los grandes himnos. Nuestros himnos nos han enseñado que Dios es fiel, que Él provee un firme cimiento para nuestras vidas, que Su amor no nos abandonará, y que debemos tomar tiempo para orar.

6. Los himnos son el método más efectivo para enseñar la doctrina cristiana.

Si usted anuncia que va a predicar una serie de sermones sobre los atributos de Dios, la mayoría de las personas bostezarán y expresarán un silencioso hmm… Si usted elabora una clase temática acerca de cada uno de los atributos de Dios y permite que los grandes himnos realicen la enseñanza, las personas aprenderán acerca de Dios sin darse cuenta de que están siendo expuestos a la teología sistemática.

7. Los himnos contribuyen a la profundidad de nuestra experiencia cristiana.

La mayoría de los coros apelan al lado emocional del adorador. Los himnos estimulan nuestras mentes así como nuestras emociones y pueden dar como resultado una más profunda respuesta emocional. Considere la profunda y eterna verdad y entendimiento de Dios que se expresa en el himno “Inmortal, Invisible”, de Walter C. Smith.

“Inmortal, invisible, el solo sabio Dios,
en luz inaccesible, velado a nuestros ojos,
Sumamente bendito y glorioso, el Anciano de Días,
Todopoderoso, victorioso, Tu grande nombre alabamos.”

8. Los himnos nos ayudan a elevar nuestros corazones a Dios.

Es imposible cantar palabras como las de “Inmortal, Invisible” (y realmente piense acerca en lo que estamos cantando) sin sentir la presencia de Dios. Tales himnos nos alejan de nosotros mismos, de nuestros problemas, de las presiones del momento y nos llevan hasta la sala del trono en el cielo.

9. Los himnos exaltan y magnifican al Señor Jesucristo.

Los escritores de himnos tuvieron una experiencia con Cristo que tenía que ser explicada, un encuentro que tenía que ser compartido. Ellos pusieron el corazón de su experiencia y su encuentro en sus himnos. Considere la naturaleza intensamente personal de la primera estrofa de “¿Y puede ser?” de Wesley.

“¿Y puede ser que yo llegara a tener

un interés en la sangre del Salvador?

¿Murió por mí, quien causó Su dolor?

¿Por mí,  quién Lo persiguió hasta la muerte?

¡Maravilloso amor! ¿Cómo puede eso ser

que Tú, mi Dios, tuviste que morir por mí?

10. Los himnos hacen más que cualquier otro recurso para ayudarnos a  adorar a Dios.

El poder de los grandes himnos es tal que usted no puede estar expuesto a ellos con un corazón abierto sin que se sienta movido a la adoración.             Los himnos cuidadosamente planeados y programados para cantarse en un servicio de adoración allanan el camino para el sermón y le dan al mensaje una mejor posibilidad de dejar un impacto duradero. La clave para una experiencia de adoración bien equilibrada es proveer un balance entre los coros y los grandes himnos.

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