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“¿O QUÉ SALISTEIS A VER?  ¿A UN HOMBRE CUBIERTO DE VESTIDURAS DELICADAS?   He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están” (Mateo 11:8).

“Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca;  NO HAY PARECER EN ÉL, NI HERMOSURA;  LE VEREMOS, MAS SIN ATRACTIVO PARA QUE LE DESEEMOS. DESPRECIADO Y DESECHADO ENTRE LOS HOMBRES, VARÓN DE DOLORES, EXPERIMENTADO EN QUEBRANTO;  Y COMO QUE ESCONDIMOS DE ÉL EL ROSTRO, FUE MENOSPRECIADO, Y NO LO ESTIMAMOS” (Isaías 53:2).

Amada Iglesia:

El joven pianista, un adolescente vestido de smoking negro, tocaba estupendamente y con brío el concierto para piano en Do menor de Rachkmaninof.    La sala de concierto era un gran anfiteatro para varios miles de personas, sentadas cómodamente en butacas abullonadas, extendidas por toda una gradería a desnivel, rodeada por un gran mezanine.   Había todo un sofisticado juego de luces y pantallas gigantes que mostraban el detalle de las manos en el piano.  Parecía la sala del conservatorio de una ciudad Cosmopolita y mundana.

Tremendo espectáculo que arrancó nutridos aplausos.

Cuando terminaron los golpes al teclado en la magistral pieza, el presentador, a quien no había distinguido a primera vista y quien a la distancia se me pareció al cantante mexicano Juan Gabriel, resultó ser otro cantante, pero nada menos que el cantante también mexicano, Marcos Witt!

Y el anfiteatro resultó ser el templo de la iglesia pastoreada por este cantante.   Y el escenario con gran piano de cola…¡el púlpito!

Me pareció extremadamente novedoso montar este espectáculo digno de Broadway como culto evangélico en la Iglesia, pero al ritmo desenfrenado que van ciertas iglesias, veremos extrañas cosas del mundo como parte de la adoración cristiana, para hacer más entretenidos los cultos y atractivos para la gente de mundo.

El presentador cantante Marcos Witt (ganador de premios Grammy), sin vergüenza alguna y con una sonrisa de presentador televisivo, entrevistó al talentoso joven dedicándole muchos halagos, y este resultó ser nada menos que el hijo de un músico del grupo de esa iglesia.   O sea que todas las prebendas y exhibiciones quedaron en familia y en beneficio de propio grupo comercial religioso.

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo.   Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”(1 Juan 2:15).

“!! Oh almas adúlteras!   ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?   Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4).

Recientemente habíamos visto exhibir espectáculos en púlpitos convertidos en canchas deportivas con pastores en uniforme de juego, o a “Cash” Luna disfrazado de sargento y el púlpito arreglado como arena de entrenamiento militar.   También hemos visto espectáculos de ballet coreografiado y a cantantes vedettes que venden las entradas al templo a precio de cualquier espectáculo del Puma, de Yuri o de Juan Luis Guerra, el grupo Reskate o el mismo Marcos Witt, competidores del mundano premio Grammy o del Premio Viña del Mar, además de los discos de oro por mayor número de ventas (y jugosas ganacia$).

Pero no habíamos visto sofisticados conciertos de piano en smoking exhibidos desde el santo púlpito y no que el púlpito tenga la condición idolátrica del sagrario católico, sino que su función como lugar merece respeto.

ES EL NUEVO EVANGELIO SHOW O EL EVANGELIO USADO COMO ESPECTÁCULO DIVERTIDO Y MUNDANO.

“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos;  de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los Cielos” (Mateo 6:1).

SHOW  DE  MILAGROS

A las pocas horas de haber visto ese show me llegó un e-mail al correo:  el anuncio de un “Festival de milagros” a realizarse en una ciudad de Argentina.    Me llamó la atención el título “Festival” y como todo festival, una fiesta de exhibición, disfrute y consumo, no de cualquier arte, sino de “milagros”.    Los milagros envilecidos como un producto más de exhibición, consumo y fuente de ganancia económica.

Da tristeza e indignación como enfocan ante las cámaras y micrófonos el milagro fotogénico y el que despierte mayor curiosidad.    Esta mercadería o festivales de milagros, vienen a reemplazar al mismo Señor Jesucristo, como fin de nuestra mirada y fe.

“Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24).

HAY MULTITUDES QUE TIENEN COMEZÓN NO DE OÍR LA PALABRA DE DIOS, SINO COMEZÓN DE VER MILAGROS Y SEÑALES, NO IMPORTA DE QUIEN O DE QUÉ DOCTRINA VENGAN.

¿Qué buscan, los milagros o al Señor que hace los milagros?

“Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal. El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal;  pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás” (Mateo 12:38).

Demandan señales, pero Cristo dijo que a esta generación no les será dada señal.   La generación que pone las señales por encima de la Palabra de Dios y las han convertido en un espectáculo más que causa prestigio y ganancia, no a Cristo sino a los milagreros que posan como toreros con una manta y tumban a la gente con soplidos, con hipnotismos y vaya usted a saber qué más.    Porque Janes y Jambres, en el Egipto de Faraón también hacían los mismos milagros de Moisés.    Tengamos cuidado con las señales y prodigios mentirosos.

“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí;  apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:22).

Gracias a Dios, Cristo sigue sanando y haciendo milagros hoy a pesar del mal uso que les dan. Pero, el día del Juicio, los milagros no salvarán a muchos que los hicieron y tuvieron su recompensa en la fama, el dinero y la cantidad de espectadores.

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