Siempre tendremos buenos momentos en nuestra vida, momentos en los cuáles son sentiremos dichosos por un éxito obtenido, haber concluido una carrera universitaria con buenas notas, o simplemente haber terminado lo que inicié tiempo atrás. Esos buenos momentos hacen que sea una mejor persona cada día, y por nada del mundo deben venir las nubes grises a opacar mi felicidad. Siempre habrán momentos tristes, sería imposible que todo fuera felicidad, estaríamos viviendo en un sueño eterno si creemos que nunca lloraremos o que nunca nos enfermaremos o perderemos a un ser querido. La vida tiene momentos alegres y momentos tristes, pero no debemos quedarnos siempre en esos momentos tristes de nuestra vida, sino ver la luz al final del túnel; ese túnel al final tiene una salida, el trayecto posiblemente sea difícil de llevar, saldremos mal heridos, terminaremos con lágrimas en el rostro, pero de una o de otra forma llegaremos a la salida y veremos esa luz que tanto esperamos ver cuando pusimos el primer ladrillo para edificar nuestros sueños. Una persona sin sueños, es alguien que no tiene metas, las metas hacen de nosotros personas más eficaces, porque tendemos a esforzarnos más por lo que deseamos obtener al finalizar.

                El camino de seguro será largo, tropezaremos en alguna piedra, eso es seguro. Pero no debe existir la palabra derrota o decir “aquí me rindo”; claro que no. Las piedras en el camino solo son pequeños momentos donde titubee, donde tuve duda si seguía adelante o me quedaba parado en el mismo lugar y ver como los demás llegan a la meta. Tener duda en mí mismo, hace que no vea todo el potencial que Dios ha puesto en mi cuerpo, en mi corazón, en mi mente; todo está en confiar no en mis fuerzas ni en mis capacidades, sino que lo que tengo que hacer para llegar con éxito a la meta que me propuse. En esos momentos de duda podrán venir recuerdos de tristeza, de soledad, de frustración, pero no se quedarán para siempre, son pasajeros, pero en mi está si los hago permanentes o los dejo escapar mientras sufro ese enojo que llena mi ser. Sentirme frustrado no es malo, la frustración no me hace daño, pero si me hace impotente para seguir adelante. Muchas veces he sentido frustración, al no estar cómodo en el lugar donde trabajo porque no fui hecho para esa labor, frustración de verme en un lugar al que no pertenezco. Pero si permito que esa frustración se quede conmigo para siempre, estaré derrotado. Recordar los buenos momentos donde he triunfado harán que siga adelante, recordar cuando luche por lo que más deseaba y el resultado fue el que quería, me darán la fuerza necesaria para luchar por mis sueños.

                Dios siempre está allí, pero hay momentos donde no veo a Dios en ningún lugar de mi vida, ¿Qué ha pasado? simplemente deje de confiar en Dios, llegar a creer que Dios está lejos de mí, es pensar en algo que sería imposible, pero la frustración, la tristeza, la duda, hacen que crea que Dios se alejó de todo lo que hago. Pero la verdad es otra. Dios no se alejó de mí, yo me alejé de Dios, llegue a un punto de no querer saber nada de Dios, pero es imposible dejar de creer en alguien que ha estado allí toda tu vida, como no creer en alguien que te ha dado salud, que te ha dado vida y que te permite ver todo lo que Dios ha hecho en esta tierra. Imposible dejar de creer en Dios, pero la duda, la frustración pueden hacer que dejemos de creer en Dios, lo único que podemos hacer es; detenernos por un minuto, ponernos a pensar en que hemos fallado y admitir nuestro error, y pedir perdón a Dios de todo corazón, y volvernos a Él, esa es la solución correcta, es la solución más directa que debemos hacer, no es fácil aceptar nuestros errores, pero Dios todo lo sabe, conoce todo de nosotros. Su fidelidad es eterna, su amor es indescriptible, su amor es eterno, siempre nos perdonará, estemos como estemos, nos perdona. Pero debemos parar de seguir haciendo lo malo y cambiar nuestro rumbo en la vida.

                Esos momentos de soledad harán que piense en modificar mi conducta, en ser una mejor persona, en ser alguien mejor cada día, y dejar que la frustración y la duda desaparezcan por completo. La mejor solución es dejar que Dios se encargue de mis problemas, yo solo debo hacer lo que está a mi alcance, lo que no puedo controlar es de Dios.

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