ESCRITO POR: CARLOS MARROQUÍN

EL CASTIGO ETERNO

El punto 5º. de la Declaración de Fe de la Iglesia

Evangélica Amigos de Guatemala dice que creemos:

“En el juicio de Dios sobre los pecadores y el

suplicio eterno

para  los  que  finalmente  rechazan  a  Jesucristo.”

Esta afirmación cobra mayor relevancia actualmente

cuando un “nuevo evangelio”, que no es bíblico sino

apóstata, ha alterado el significado de algunos

términos del lenguaje cristiano dándoles nuevos giros;

ha introducido nuevas creencias y prácticas; y ha

minimizado y aun abandonado la enseñanza de varias

doctrinas bíblicas que están claramente enfatizadas en

las Escrituras. Una de éstas es la del castigo eterno

para quienes finalmente rechazan a Jesucristo como

su Salvador.

El castigo eterno es la consecuencia final de la caída del hombre en el pecado.

Cuando Dios creó al hombre y a la mujer y los colocó en el Jardín del Edén “para que lo labraran y lo guardasen”,  Gén. 2:15, Su plan era darle todas Sus bendiciones espirituales y materiales a las criaturas que había creado a  “su imagen y semejanza”, con la única condición de que éstos permanecieran sujetos a Su santa voluntad. Para ello los sometió a una prueba que para algunos hoy parecería infantil, pero que para el mundo inocente de ellos significaba mucho.

Gén.3:16-17. “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: ‘De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y el mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”

Satanás, quien antes ya había caído por querer ser igual a Dios, Is. 14:12-15; Ez. 28:11-19, hizo caer a Eva y a Adán por medio del engaño. Primeramente puso en duda la Palabra de Dios, al decirle a Eva: “No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.”

La tentación a la que cedieron Eva y luego Adán, consistió en desear ser como Dios, ser autónomos y no depender de Él en las decisiones que tomaran en sus vidas. La caída de hombre y la mujer trajo como consecuencia la muerte, como Dios les había ya advertido.

La muerte significa separación, la cual ocurre en tres etapas:

  1. La muerte espiritual o separación de Dios. El pecado hizo que Adán y Eva perdieran la comunión con Dios y como consecuencia experimentaron la vergüenza, el sentimiento de culpa, la conciencia de haber pecado: haber errado al blanco, no haber cumplido con el propósito divino para sus vidas. Esto les causó tristeza y opacó su existencia; perdieron su vitalidad espiritual y su capacidad para cumplir la voluntad de Dios.

A  Adán y a Eva les vinieron las tristes consecuencias que se describen en Gén. 3:6-19.

  1. La muerte física o separación del ser interior (alma y espíritu) del cuerpo. Aunque no se vio inmediatamente, la separación de Dios causó en Adán y Eva un constante deterioro a sus cuerpos materiales: enfermedad, envejecimiento y, finalmente, les sobrevino la muerte física.

Todos los descendientes de Adán y Eva participamos de la naturaleza pecadora de Adán y Eva y hemos heredado las consecuencias de la caída, Rom. 3:23; 5:17-19. Así padecemos desde la concepción y el nacimiento las secuelas del pecado, al recibir un cuerpo mortal, afectado por una diversidad de males y deficiencias. Y, finalmente, también experimentaremos la muerte de nuestro cuerpo.

Sin embargo, hay una gran diferencia entre lo que sucede a la persona que antes de experimentar la muerte física, obtiene la salvación por medio creer en el sacrificio que Jesucristo efectuó en la cruz del Calvario, para pagar por nuestros pecados, Rom. 3:24-26; 5:1; 8:1.

Cuando muere una persona que es salvada por Cristo, su alma va directamente a la presencia de Dios, Fil. 1:23.  Allí esperará hasta cuando Jesucristo venga a  esta  tierra  para  el  Rapto  o  Arrebatamiento  de Su Iglesia.  Su  alma  vendrá  con  Jesús

-al igual que las almas de los demás salvos- para reunirse con su cuerpo resucitado y glorioso, I Tes. 4:13-17; I Cor. 15:52-53; su personalidad total será reintegrada (espíritu, alma y cuerpo) para vivir por la eternidad con el Salvador, Juan 14:3.

Cuando muere una persona que no es salvada por Cristo:

  1. La muerte segunda o castigo eterno en el lago de fuego. Al fallecer el cuerpo físico de una persona que no fue salvada por la fe en Cristo, su alma va al Hades, al lugar de tormentos que se describe en Lucas 16:19-31).  Allí esperará mil años después de haber ocurrido la resurrección de los salvos, hasta que ocurra la resurrección de los no salvos. Entonces tendrá nuevamente un cuerpo y, con su personalidad total reintegrada, comparecerá ante el juicio del Gran Trono Blanco,  y será condenada al castigo final en el Lago de Fuego que es la muerte segunda. Ap. 20:11-15.

El mismo Señor Jesucristo enseñó sobre el castigo eterno:

Fue el mismo Señor Jesucristo, quien es todo amor y hoy espera pacientemente a los pecadores arrepentidos que quieran ser salvos, quien más habló de ese estado final para los que finalmente rehúsen venir a Él.  El castigo eterno aparece mencionado en la Palabra de Dios por medio de diferentes expresiones: infierno, horno de fuego, lago de fuego, fuego eterno, tormentos, tinieblas de afuera, lloro y crujir de dientes, muerte segunda, etc.

El castigo eterno:

Mat. 25:46. “Irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna.”

El infierno:

La palabra infierno viene de la palabra latina infernus: la parte de abajo, con la cual se ha traducido la palabra hebrea seol, que aparece 75 en el A. T. y también las palabras griegas hades, que aparece 11 veces en el NT; gehenna, que se usa 12 veces en el NT; y tartaros.

Mat. 5:22.  “y cualquiera que le diga “Fatuo”, quedará expuesto al infierno de fuego.”

Mat. 5:29, 30. “Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala y échala de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.”

Mar. 9:43-48. “Si tu mano te es ocasión de caer, córtala, porque mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga. Y si tu pie te es ocasión de caer, córtalo, porque mejor te es entrar en la vida cojo, que teniendo dos pies ser arrojado al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo, porque mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser arrojado al infierno, donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga.”

Mat. 23:15. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito y, cuando lo conseguís, lo hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.”

Mat. 23:33. “¡Serpientes, generación de víboras!, ¿cómo escaparéis de la condenación del infierno?”

Santiago y Pedro también mencionan el infierno:

Stg. 3:6. “la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.

II Pe. 2:4. “Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los arrojó al infierno y los entregó a prisiones de oscuridad, donde están reservados para el juicio.”

Cristo prometió librar a Su iglesia del poder del Hades:

Mat. 16:18. “Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no la dominarán.”

El fuego eterno que fue preparado para el diablo y los ángeles caídos:

Mat. 25:41: “Entonces dirá también a los de la izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.’ ”

Judas también habla de ese fuego eterno: “También Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra la naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.” Judas v. 7.

Esta cita no sólo se refiere al fuego que acabó con tales ciudades y sus habitantes  físicamente, sino, de acuerdo con todo el contexto bíblico, sino se refiere también al fuego eterno donde se hallan las almas de ellos desde entonces.

Tinieblas de afuera;   horno de fuego;  lloro y crujir de dientes:

Mat. 8:12. “pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.”

Mat. 22:13. “Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”

Mat. 13:41, 42. “Enviará el Hijo del hombre a sus ángeles, y recogerán de su Reino a todos los que sirven de tropiezo y a los que hacen maldad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.”

Mat. 13:50. “y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.”

Tormentos:

Luc. 16:23-25. “En el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”. Pero Abraham le dijo: “Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado.”

Resurrección de condenación:

Juan 5:28, 29. “No os asombréis de esto, porque llegará la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; pero los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.”

El profeta Daniel dice que los impíos resucitarán para afrenta y confusión eternas: “Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados: unos para vida eterna, otros para vergüenza y confusión perpetua.” Dan. 12:2.

Penas del infierno:  separación de la presencia de Dios para siempre:

Mat. 7:21-23. “No todo el que me dice:  ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Entonces les declararé: ‘Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!’. ”

II Tes. 1:9. “Estos sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.”

En el Libro de Apocalipsis al castigo eterno se le denomina la muerte segunda en un lago de fuego:

Lago de Fuego:

Ap. 19:20. “La bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre.”

Ap. 20:10. “Y el diablo, que los engañaba, fue lanzado en el lago de fuego y azufre donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.”

Ap. 20:14, 15. “La muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. El que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego.”

Segunda muerte:

Ap. 2:11.El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El vencedor no sufrirá daño de la segunda muerte’ ”

Ap. 20:6.Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.”

Ap. 20:14. “La muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.”

Ap. 21:8.Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda».”

Grados de castigo:

Mat. 11:21-24.  “¡Ay de ti, Corazín!  ¡Ay de ti, Betsaida!  Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras. Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, será mas tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.”

Las llaves que el Cristo resucitado tiene de la muerte y del Hades, simbolizan Su poder sobre la muerte.

Hch. 2:27. “porque no dejarás mi alma en el Hades ni permitirás que tu Santo vea corrupción.”

Ap. 1:17, 18. “Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: ‘No temas. Yo soy el primero y el último, el que vive. Estuve muerto, pero vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades. ’ ”

Juan 5:21-23.Como el Padre levanta a los muertos y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida, porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió.”

Juan 5:25-29. “De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Como el Padre tiene  vida  en  sí  mismo,  así  también  ha  dado  al Hijo el tener vida en sí mismo; y, además, le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del hombre. No os asombréis de esto, porque llegará la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; pero los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.”

El castigo es una necesidad en la justicia de Dios, la cual es perfecta.  Así,  Él quita la vida y envía al infierno a quienes rechazan Su salvación:

Mat. 10:28.No temáis a los que matan el cuerpo pero el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”

Luc. 12:5. “Os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que, después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno. Sí, os digo, a este temed.”

Mat.18:9.Os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que, después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno. Sí, os digo, a este temed.”

Rom. 6:23. “porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.”

II Tes. 1:6-10: “Es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, mientras que a vosotros, los que sois atribulados, daros reposo junto con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Estos sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron; y vosotros habéis creído en nuestro testimonio.”

Ap. 20:11-15.Y vi los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios. Los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida. Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. El mar entregó los muertos que había en él, y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos, y fueron juzgados cada uno según sus obras. La muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. El que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego.”

Un breve vistazo al estado intermedio, después de la muerte del cuerpo:

Luc. 16:19-31. “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo, llamado Lázaro que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.

Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.

Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.

Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.

Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.

Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.

Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.”

En este relato del mismo Señor Jesucristo, Él nos muestra brevemente un hecho ocurrido antes de consumar la expiación por medio de su muerte en la cruz del Calvario; cuando las almas de todos los que morían iban a un lugar llamado Hades, o morada de los muertos, donde había dos secciones:

a) el seno de Abraham, llamado también el Paraíso, adonde iban a descansar todos los salvos en las diferentes dispensaciones o tratos que Dios ha hecho con el hombre para proveerles salvación. Abraham, el padre de la fe, es el personaje que representa a todos los que han creído en Dios y sido salvos por fe y por gracia en todas las edades de la historia de la humanidad.

Según la narración de Jesús, en el Paraíso las almas tenían consuelo y descanso, disfrutaban de su salvación confiando en las promesas del Antiguo Testamento. Ellos esperaban hasta que se consumara la muerte del Mesías, y pagara así la expiación demandada por la justicia divina, la cual fue simbolizada durante siglos al ofrecer los distintos sacrificios de animales limpios, antes y después de instituirse la ley de Moisés.

En el Seno de Abraham los santos aguardaban también la resurrección de sus cuerpos para la reintegración total de su personalidad: espíritu, alma y cuerpo. I Tes. 5:23.

Al ver Juan el Bautista que Jesús iniciaba su ministerio, anunció que ya había llegado “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”,  Juan 1:29.

b) el lugar de tormentos de los muertos impíos, donde han estado todos aquellos que han rechazado la provisión divina para ser salvos en todas las dispensaciones de la historia humana.  De acuerdo con el relato del Señor, allí había tormento, llamas y aun angustia por los parientes no salvos que aún vivían en el cuerpo.

Para muchos, como los testigos de Jehová, este relato de Luc. 16:19-31 no es hecho histórico, sino sólo una parábola. Pero aquí se menciona por nombre a Lázaro y a Abraham, mientras que en ninguna de las parábolas que Jesús usó en sus enseñanzas se da el nombre de los personajes que intervienen. Compruébelo usted examinando las parábolas del hijo pródigo, el sembrador, la perla de gran precio, el trigo y la cizaña, etc.

Por lo tanto, la narración del rico, Lázaro y Abraham es una historia real.

El relato de Lucas 19 nos enseña que la decisión acerca de nuestro destino eterno: cielo o infierno, se hace antes de morir. Una vez muerto el cuerpo, ya no hay oportunidad.  Aquel lugar de tormento en el Hades no es ningún purgatorio, o castigo temporal para purificarse, del cual se pueda escapar algún día. Abraham no le dijo al rico que esperara un tiempo hasta purgar sus culpas, sino le dio a entender que no se podría trasponer el abismo que separaba ambos lugares.

El lado que llamamos Paraíso o seno de Abraham, pronto sería removido de allí para siempre y llevado a lo que hoy llamamos el cielo, a la misma presencia del Señor.

Leemos en Luc. 23:39-43. “Uno de los malhechores que estaban colgados lo insultaba diciendo: ‘Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.’ Respondiendo el otro, lo reprendió, diciendo: ‘¿Ni siquiera estando en la misma condenación temes tú a Dios? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; pero este ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: ‘Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino.’  Entonces Jesús le dijo: ‘De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.’ ”

La fe del ladrón en la cruz revela:

  • Fe en la encarnación de Jesús: llamó Señor al hombre que allí agonizaba.
  • Fe en la vida santa y perfecta de Jesús: creía que su muerte era injusta.
  • Fe en la resurrección: Jesús se levantaría de la muerte que pronto le vendría.
  • Fe en que Jesús volvería y gobernaría como Rey.
  • Fe en la salvación por gracia: reconoció su pecado y clamó por misericordia.

Según Juan 19:31-33, Jesús ya había expirado cuando los soldados romanos les quebraron las piernas a los dos ladrones, para apresurar su muerte. Mientras el cuerpo de Jesús era bajado de la cruz, su espíritu se hallaba ya en el paraíso, dando las gloriosas buenas nuevas de que la salvación ya estaba consumada, para gozo de quienes esperaban en el seno de Abraham.

En Efesios 4:8-10 leemos: “Por lo cual dice [la Escritura en Sal. 68:18]: ‘subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres.’ Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.”

Aquí se le llama cautividad al conjunto de todos aquellos salvos que por siglos y aun milenios habían esperado el pago por su salvación, de la cual gozaban en promesa, por fe en las profecías.

Desde entonces, el Paraíso se halla en el mismo cielo, en la presencia de Dios. Cuando Pablo, escribe, más de treinta años después de la muerte de Jesús, afirma en Fil. 1:23, “teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor.” Ya no se refiere a ir al seno de Abraham, sino a estar presente delante de Su Salvador.

La sección donde se halla el rico en tormentos, continúa en el Hades, juntamente con todos los muertos impíos. Nos entristece decirlo, pero es la verdad bíblica. Están siendo atormentados en el presente, hasta el día de su resurrección, cuando volverán a retomar su cuerpo, solamente para ser lanzados en el Lago de Fuego, que es la muerte segunda. Ap. 20:11-15; Juan 5:28, 29; Dan. 12:2.

Se llama muerte segunda, porque la primera ya ocurrió en sus dos aspectos: la muerte espiritual y el fallecimiento de sus cuerpos al separarse de su ser interior, el cual sufre actualmente los tormentos en el Hades. La segunda muerte será el sufrimiento por la eternidad en su persona reintegrada: el cuerpo resucitado y su ser interior, en el lago de fuego. El cuerpo, que fue el instrumento para los pecados de la violencia, de la inmoralidad sexual, del orgullo, la gula y otros pecados, experimentará la eterna tortura de aquel lugar “donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga.”

Cuándo llegarán al lago de fuego los que serán castigados allí.

Los desobedientes a Dios, quienes han rechazado Su salvación, irán siendo lanzados al Lago de Fuego, o muerte segunda, en el siguiente orden:

  1. 1. Las dos bestias descritas en Apocalipsis 13:
    1. a. La primera bestia, que sube del mar, llamada también el anticristo, o sea el dictador mundial que se levantará durante la tribulación para gobernar sobre toda la humanidad que no participe en el glorioso arrebatamiento de la Iglesia. Ap. 13:1-10.
    2. b. La segunda bestia, que sube de la tierra, llamada también el falso profeta, que llevará a las multitudes a adorar al anticristo. Ap. 13:11-18.

Esto sucederá al volver Jesucristo en gloria, siete años después del arrebatamiento o rapto, al final de la gran tribulación, antes de establecer Su Reino Milenial. Ap. 19:20.

  1. 2. Los sobrevivientes de los siete años de tribulación, que no se convirtieron durante ese tiempo sino más bien persiguieron a los creyentes judíos y gentiles. Mat. 25:31-46.

  1. 3. El diablo y sus ángeles, después de protagonizar la última rebelión contra Jesús, sus santos y la ciudad santa, al final del Reino Milenial. Ap. 20:10.

Es bueno observar que la bestia y el falso profeta que habrán estado en el lago de fuego durante todo el Reino Milenial, todavía estarán allí al llegar el diablo y sus ángeles. Esto refuta la enseñanzas del aniquilacionismo, que sostiene que el castigo eterno será como un fogonazo instantáneo que eliminará por siempre a los enemigos de Dios, sin mayor sufrimiento.

  1. 4. Los muertos impíos de todos los tiempos que serán resucitados después del Milenio. Ap. 20:5; 11-15.

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RESUMEN:

  1. a. LAS ALMAS DE LOS QUE RECHAZAN A JESUCRISTO Y SE PIERDEN,  DESPUÉS DE LA MUERTE DE SUS CUERPOS FÍSICOS SUFRIRÁN PRIMERAMENTE EN EL HADES.

“y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos,

y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Luc. 16:22-23.

  1. b. CUANDO LOS CUERPOS DE LOS IMPÍOS RESUCITEN, DESPUÉS DEL REINO MILENIAL, CONTINUARÁN SUFRIENDO POR SIEMPRE EN SU SER TOTAL: CUERPO, ALMA Y ESPÍRITU, EN EL LAGO DE FUEGO, QUE ES LA MUERTE SEGUNDA.

Ap. 20:4-5, 15.Pero los otros muertos [los que no fueron salvos]  no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.”  “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.”

Ante este cuadro triste del futuro que espera a los que mueren sin Cristo, el mismo Salvador nos recuerda en Juan 3:16:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

La mayoría de las sectas del cristianismo niegan la aseveración bíblica del castigo eterno.

Hay dos corrientes principales en cuanto al castigo final de los impíos:

A. El universalismo:

Esta falsa doctrina ha sido enseñada casi desde los orígenes del cristianismo. Comenzó a difundirse en Alejandría con el nombre de “restauración” y continúa aún en nuestros días.

El Universalismo es una corriente teológica que enseña la salvación universal.  Afirma que todos los hombres, ángeles y demonios serán finalmente salvos; que Dios restaurará todo el orden creado, incluyendo al mismo diablo, a un estado perfecto. La palabra “restauración” se utiliza para designar esta creencia, en la cual no existe ni la noción del castigo, ni la justicia de Dios, y que enseña que aunque los malos sufran por un tiempo, saldrán purificados para ir al cielo.

Esta falsa enseñanza hace que la muerte de Cristo sea una farsa, y niega muchas de sus enseñanzas, como Mr. 9:43-48 y Luc. 16:22-31; niega la enseñanza de las Escrituras sobre la doctrina del castigo eterno.

B. El aniquilacionismo:

Esta otra corriente, por su parte, afirma que sí habrá castigo, pero que el sufrimiento no será perenne.  Los impíos y sus conciencias serán aniquilados instantáneamente y el castigo eterno consistirá en que dejarán de existir y desaparecerán para siempre.

a.  Esto es lo que los adventistas del séptimo día, conocidos también como ‘sabáticos’, creen sobre el fin de los impíos:

Los impíos serán aniquilados; totalmente destruidos. “Su destrucción será, en efecto, un acto de amor y misericordia de parte de Dios.”  Según ellos no hay castigo eterno; no hay infierno perenne como Jesús lo enseñó.

Compare con lo que dice Ap. 14:11; Mat. 25:46; Luc. 24:25.

Apoc. 14:9-11. “Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que recia la marca de su nombre.”

b.   Esto es lo que los testigos de Jehová, o ‘russelistas’ creen sobre el fin de los impíos:

  • Que el infierno, como un tormento de fuego, donde los pecadores permanecen después de la muerte hasta la resurrección, no existe; que ésta es una doctrina no bíblica; y que el infierno es la tumba común de la humanidad, un lugar de descanso en la esperanza, donde los que mueren duermen y esperan inconscientes hasta que Dios los resucite.
    • Que la muerte segunda, el lago de fuego, no dura para siempre, sino que es la aniquilación total de los que sean echados en él.
    • —Si este estudio le ha enseñado algo, compártalo con otras personas.