El carnaval es una celebración popular observada antes de la Cuaresma, en los países de cultura cristiana. El origen de la palabra carnaval es el latín carnem levare, que significa “quitar la carne”, refiriéndose a la abstinencia de comer carne durante los cuarenta días de la cuaresma.

La Cuaresma es un período de ayuno y penitencia observado por los católicos romanos como preparación para la Semana Santa. La duración del ayuno cuaresmal, durante el cual los fieles comen con medida y disciplina, fue establecida en el siglo IV y duraba cuarenta días.

La celebración del carnaval se reactivó en Europa durante la Edad Media, mientras la Iglesia de Roma enfatizaba la privación durante la cuaresma: ayuno y abstinencia.

La cuaresma o cuarentena –cuarenta días sin contar los días domingos- empieza el Miércoles de Ceniza y se prolonga hasta el sábado anterior al Domingo de Resurrección o Domingo de Pascua Florida.

Aunque las fechas de esta celebración varían de un país a otro, el carnaval dura usualmente unos tres días: desde el domingo hasta el martes inmediatamente anteriores al llamado “miércoles de ceniza”, que marca el inicio de la cuaresma; esos tres días de carnaval se denominan carnestolendas y en muchos lugares se aprovechan para comer en exceso por lo que no podrán disfrutar durante el largo período cuaresmal.

Cuando la Cuaresma se celebraba más estrictamente que ahora, los días de carnaval o carnestolendas incluían juegos, banquetes, bailes y diversiones de todo tipo, para esperar el largo período de abstención y penitencia con un cuerpo y una mente hastiados ya de todo placer y satisfechos de todos los deseos. En Louisiana, Estados Unidos, el día martes, anterior al miércoles de ceniza, recibe el nombre de Mardi Gras, o martes de grasa, aludiendo al consumo de carne rica en grasa.  En Portugal, igualmente, se le denomina “martes gordo”.

En algunos lugares el carnaval dura los seis días anteriores al Miércoles de Ceniza, desde el jueves anterior, al que se le llama “jueves graso”.

En muchos países el carnaval se celebra con bailes de disfraces,  máscaras, desfiles de carrozas, comidas especiales y banquetes. En algunos lugares alcanza excesos en el consumo de licor y demás drogas, orgías y desórdenes sexuales, etc. Los orígenes de estas orgías probablemente pueden hallarse en las fiestas paganas del buey Apis e Isis en Egipto, las fiestas a Dionisio en Grecia, y  a Baco en Roma, donde también se celebraban las fiestas lupercales y saturnales; así como también de las fiestas del muérdago en los países celtas: Irlanda, Inglaterra y Francia.

Actualmente el carnaval alcanza su máxima expresión popular el Brasil  (Río de Janeiro), Nueva Orleans, Niza –en Francia- y Las Islas Canarias. Las máscaras (o el antifaz) son talvez vestigios de las fiestas dedicadas a Baco y  a Cibeles.

Los cristianos no debemos participar en la celebración del carnaval, porque es un período de libertinaje, en los que se deja de lado la temperancia, templanza o dominio propio, que es uno de los frutos del Espíritu enumerados en Gál. 5:22 y 23. Además, en ninguna parte de la Biblia se dice que estamos obligados a observar abstinencia de alimentos o de otros placeres legítimos, como preparación para la celebración de la Semana Santa, cuando se rememora la pasión y crucifixión de Jesucristo.

Los cristianos debemos observar una conducta sobria, moderada y de autocontrol todo el tiempo y nunca caer en la indulgencia y la conducta licenciosa, como en el Carnaval, para compungirnos después  en el Miércoles de Ceniza y castigar el cuerpo con la abstinencia en las comidas, el sexo legítimo, la diversión y otras cosas que nos son permitidas.

Hay gustos, deleites y placeres que nos son permitidos por la Palabra de Dios, como la comida necesaria para mantener nuestros cuerpos fuertes y sanos; las relaciones conyugales íntimas dentro del matrimonio, con sabiduría y moderación, según I Corintios 7; el placer de viajar y vacacionar para mantener nuestro equilibrio emocional, etc.

Los excesos que acompañan a la celebración del carnaval en Brasil, Lousiana, Bolivia y otros lugares, tienen raíces en las fiestas paganas, centradas en el consumo de alcohol y drogas, música excesiva que lleva al frenesí y a la excitación, sexo sin límites, desórdenes y desvergüenzas que aparecen todas descritas en las estadísticas que siguen a esas festividades.

Los cristianos no debemos participar ni siquiera en las tradiciones leves en nuestro país, como la de quebrar cascarones, participar en bailes, o hacer travesuras como pintarse unos a otros y echarse harina en la cara, que es otra versión del Miércoles de Ceniza.

¿Por qué la ceniza?

La ceniza, en los tiempos bíblicos, era el símbolo del dolor, de la muerte, del sufrimiento, del luto. El Miércoles de Ceniza en la Iglesia Católica marca el primer día de penitencia de la Cuaresma, se llama así por el ritual de marcar una cruz de ceniza en la frente de los feligreses como señal de que participarán en la penitencia.

Probablemente la ceremonia fue iniciada por el papa Gregorio I, y fue luego sancionada para que la observara toda la Iglesia de Roma en 1091. Las cenizas de las palmas que se usaron durante la celebración del Domingo de Ramos el año anterior, se bendicen el Miércoles de Ceniza y luego el sacerdote dibuja con ellas una cruz sobre los fieles, recordándoles que fueron creados del polvo y al morir se convertirán  nuevamente en polvo.

Pareciera que el ritmo del año en quienes celebran el carnaval fuera:

  • Darle rienda suelta a la carne en carnaval
  • Compungirse y arrepentirse el Miércoles de Ceniza, y dejar imponerse el símbolo de la cruz para empezar un período piadoso de abstinencia.
  • Recordar con recogimiento, ayunos y abstención cada uno de los siete viernes siguientes, que culminan con el viernes mayor: el llamado viernes santo.
  • Celebrar el llamado sábado de gloria con prácticas, fiestas y bailes bulliciosos, y volver así de nuevo a la mundanalidad y a los deseos desordenados
  • Y, después de recordar el domingo de resurrección o pascua florida, volver al mismo ritmo de vida de pecar, confesarse, comulgar…  sin tener un cambio definitivo de vida y buscar crecer en la santidad.

Los creyentes en Cristo creemos en que debemos romper ese ritmo y hacer de nuestras vidas una vida triunfante todo el tiempo, según II Corintios 5:17, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

EL CARNAVAL NO DEBIERA TENER NINGÚN ATRACTIVO PARA LOS CREYENTES EN CRISTO, QUIENES VIVEN EN NIVELES SUPERIORES A LOS GOCES BAJOS DE ESTE MUNDO.