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Santiago 1:14, pero cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.

 

Por “tentación” él no se refiere al intento de tentar a alguien. Porque acerca de Jesús está escrito: “no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo sentido, tal y como somos, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). Sin embargo, Santiago se refiere a ceder a la tentación y no simplemente estar sujetos a la tentación.

 

Nuestra carne está innatamente inclinada al pecado. De hecho, la palabra “carne” (sarx en griego) es a menudo traducido como “carne” en la Biblia.

 

Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:16,17) Si uno cede a la carne, renunciando a la batalla, esa persona será atraído y seducido. ¿Y por qué uno se rendiría a la carne, sino únicamente debido a los malos deseos? La razón por la que la gente peca es por los malos deseos que tienen. Y mientras que la eliminación de las fuentes de la tentación puede tener algún impacto en el comportamiento, la causa del pecado no son las tentaciones, sino los malos deseos. Es por eso que el evangelio ofrece no sólo un cambio en las circunstancias, sino una regeneración y santificación de todo el ser de la persona.

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