http://www.watchtower.org/s/20020708a/article_01.htm

TOME ESTE ARTICULO POR LO INTERESANTE QUE ES EL TEMA DE LA PORNOGRAFÍA Y LO NORMAL QUE ES PARA MUCHOS JOVENES, DONDE PASAN SUS HORAS Y DIAS INMERSOS EN ESTE GRAN PROBLEMA.

CUANDO los arqueólogos de la época victoriana comenzaron a excavar sistemáticamente en las antiguas ruinas de Pompeya, se toparon con algo que los horrorizó. Esparcidas entre los hermosos frescos y demás obras de arte, había numerosas pinturas y esculturas eróticas. Las autoridades, consternadas por la naturaleza escabrosa de los hallazgos, los almacenaron en museos secretos. A fin de clasificarlos, acuñaron el término pornografía (del griego pornográphos, “el que describe la prostitución”). Hoy día, se define la pornografía como “descripción escrita o representación real o visual de cuerpos humanos desnudos en actitudes relacionadas con el sexo y, por lo general, para despertar la morbosidad del lector o espectador”.

En la actualidad, la pornografía está muy extendida y la acepta la mayor parte de la sociedad moderna. Lo que antes se limitaba a determinados barrios de mala reputación donde se concentraban los cines indecentes y los burdeles, ahora es algo muy común en muchos lugares. Tan solo en Estados Unidos, la pornografía genera más de 10.000 millones de dólares anuales.

Algunos defensores de la pornografía sostienen que es un modo de darle vida a un matrimonio aburrido. Una escritora dice: “Estimula la imaginación. Enseña cómo obtener placer sexual”. Otros afirman que fomenta la franqueza sobre los asuntos sexuales. “La pornografía beneficia a las mujeres”, alega la escritora Wendy McElroy.

Ahora bien, no todo el mundo concuerda con lo anterior. A menudo se ha relacionado la pornografía con una amplia gama de conductas y actitudes dañinas. Algunas personas creen que hay cierta conexión entre la pornografía y las agresiones de que son víctimas las mujeres y los niños, como por ejemplo las violaciones. El infame asesino en serie Ted Bundy admite que tenía una “fuerte adicción a la pornografía violenta”. Señala: “Es algo que no percibes inmediatamente. No eres consciente de que tienes un grave problema. […] Pero este interés […] se va orientando hacia asuntos de naturaleza sexual que implican el uso de la violencia. Quiero dejar bien claro que se trata de algo gradual. No pasa de repente”.

En vista de la interminable polémica en torno a este asunto y de la gran difusión de material pornográfico, tal vez usted se pregunte: “¿Ofrece la Biblia guía al respecto?”.

La Biblia es franca en cuanto al sexo

Las Escrituras hablan con franqueza y sin rodeos sobre las cuestiones sexuales (Deuteronomio 24:5; 1 Corintios 7:3, 4). “Regocíjate con la esposa de tu juventud […] —aconsejó Salomón—. Que sus propios pechos te embriaguen a todo tiempo.” (Proverbios 5:18, 19.) Además, la Biblia da consejo y guía al respecto, e incluso especifica los límites a los que ha de atenerse el sexo: las relaciones sexuales fuera del matrimonio y toda conducta sexual pervertida están prohibidas (Levítico 18:22, 23; 1 Corintios 6:9; Gálatas 5:19).

Aun dentro de esos límites, se espera que haya ciertas restricciones y que impere el respeto. “Que el matrimonio sea honorable entre todos —escribió el apóstol Pablo—, y el lecho conyugal sea sin contaminación.” (Hebreos 13:4.) Este consejo contrasta muchísimo con la finalidad y el mensaje que transmite la pornografía.

La pornografía distorsiona el sexo

En vez de representar las relaciones sexuales como una bonita e íntima expresión de amor entre un hombre y una mujer casados, la pornografía rebaja y distorsiona el acto sexual. Da a entender que las aventuras amorosas y las relaciones sexuales pervertidas son emocionantes y aconsejables. Asimismo, concede gran importancia a la gratificación personal y poca o ninguna a los sentimientos de la otra persona.

La pornografía presenta a mujeres, hombres y niños como meros objetos de placer sensual. Un informe comenta: “La belleza la determinan las dimensiones de algunas partes del cuerpo, lo cual crea expectativas poco realistas”. Y otro estudio añade: “Comunica la idea de que las mujeres son figuras anónimas y sin personalidad, juguetes sexuales siempre a la espera de un hombre, que se desnudan y exhiben el cuerpo por dinero y por diversión. Por tanto, el mensaje que trasmite la pornografía jamás podrá conciliarse con la igualdad, la dignidad y la humanidad”.

La pornografía distorsiona la visión que se tiene del sexo opuesto

El amor, por el contrario, “no se porta indecentemente —escribió Pablo—, no busca sus propios intereses” (1 Corintios 13:5). La Biblia exhorta a los hombres a ‘amar a sus esposas como a sus propios cuerpos’ y a ‘asignarles honra’, no a tratarlas como simples objetos de gratificación sexual (Efesios 5:28; 1 Pedro 3:7). ¿Se porta decentemente el hombre o la mujer que contempla con regularidad imágenes de contenido sexual explícito? ¿Demuestra honra y respeto? En vez de amor, la pornografía fomenta los deseos egoístas.

Además, hay otro factor que debe tomarse en cuenta. Como sucede con cualquier otro estímulo impropio, lo que al principio pudiera excitar a una persona, deja de hacerlo enseguida. “Con el tiempo —dice un escritor—, [el consumidor de pornografía] necesita material más explícito y más degradante […]. Quizá presione a su pareja para que participe en actos sexuales cada vez más extraños […], y su capacidad de expresar afecto disminuye.” ¿Le suena a pasatiempo inofensivo? Pero existe aún otra importante razón para evitar la pornografía.

La Biblia y los deseos lascivos

Mientras que muchas personas creen que no hay nada malo en alimentar las fantasías sexuales, la Biblia indica lo contrario. Señala con claridad que existe una relación directa entre nuestro comportamiento y lo que introducimos en nuestra mente. “Cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo —observó el discípulo cristiano Santiago—. Entonces el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado.” (Santiago 1:14, 15.) Y Jesús dijo: “Todo el que sigue mirando a una mujer a fin de tener una pasión por ella ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mateo 5:28).

Como indican las palabras de Santiago y Jesús, el ser humano actúa impulsado por sus deseos internos. Cuando se alimentan, tales deseos terminan convirtiéndose en grandes obsesiones, las cuales son muy difíciles de controlar y pueden empujar a la persona a realizar determinada acción. Por lo tanto, lo que introducimos en nuestra mente a menudo influye de modo determinante en nuestra conducta.

Las fantasías sexuales pueden interferir directamente con la adoración que le rendimos a Dios. Por esa razón, Pablo escribió: “Amortigüen, por lo tanto, los miembros de su cuerpo […] en cuanto a fornicación, inmundicia, apetito sexual, deseo perjudicial y codicia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).

En este texto, Pablo relaciona el apetito sexual con la codicia, que es el deseo excesivo de algo que no se tiene.* La codicia es una forma de idolatría. ¿Por qué? Porque el codicioso antepone el objeto del deseo a todo lo demás, incluso a Dios. La pornografía alimenta el deseo por algo que no se posee. “Quieres la vida sexual de otra persona. […] No piensas en otra cosa más que en aquello que anhelas y no tienes. […] Adoramos lo que codiciamos”, comenta un escritor de temas religiosos.

La pornografía corrompe

“Cuantas [cosas] sean castas, cuantas sean amables, cuantas sean de buena reputación, cualquier virtud que haya […], continúen considerando estas cosas”, exhorta la Biblia (Filipenses 4:8). Quienes alimentan su mente con material pornográfico no están haciendo caso de la exhortación de Pablo. La pornografía es indecente porque expone de forma descarada los actos más íntimos y privados ante el público; es aborrecible porque degrada y deshumaniza a la gente, y demuestra falta de amor porque no promueve ni la ternura ni el afecto, solo los deseos egoístas.

Al representar actos inmorales y lascivos sin ningún miramiento, la pornografía debilita o sabotea los esfuerzos del cristiano por ‘odiar lo que es malo’ (Amós 5:15). Fomenta la práctica del pecado y contraviene totalmente la exhortación de Pablo a los efesios, a saber, “que la fornicación y la inmundicia de toda clase, o la avidez, ni siquiera se mencionen entre ustedes, tal como es propio de personas santas; tampoco comportamiento vergonzoso […] ni bromear obsceno, cosas que no son decorosas” (Efesios 5:3, 4).

La pornografía no tiene nada de inofensivo. Es explotadora y corruptora. Puede destruir las relaciones pervirtiendo la expresión natural e íntima de la sexualidad y convirtiéndola en el objetivo de curiosos enfermizos. Envenena la mente y la espiritualidad de quien sucumbe a ella. Fomenta el egoísmo y la codicia, y enseña a ver a los demás como objetos que solo sirven para satisfacer deseos lascivos. Socava los esfuerzos del cristiano por hacer el bien y tener una buena conciencia. Y más importante aún, puede dañar o incluso destruir su relación espiritual con Dios (Efesios 4:17-19). No cabe duda de que la pornografía es una plaga que debemos evitar (Proverbios 4:14, 15).

* Pablo no se refiere al apetito sexual natural, es decir, al deseo de tener relaciones íntimas normales con el cónyuge.

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