Este Estudio no es de mi autoria, lo encontre en una página de internet, lo coloco acá porque el contenido me gusto mucho….espero les ayude como me ayudo a mi cuando lo leí

 

Para desarrollar este tema, es importante definir en primer lugar, lo que es la tentación y al mismo tiempo la relación que existe entre prueba y tentación.

Podemos dar las siguientes definiciones:

 

Tentación: Es el estímulo que excita e induce al hombre a obrar mal. Luego entonces, todos los estímulos externos e internos que nos inducen a hacer lo que es malo son tentación.
Prueba: Es la razón o argumento con que se demuestra la verdad o falsedad de una cosa. Analizando las dos definiciones llegamos a la conclusión, de que las tentaciones que enfrenta el creyente por parte de el tentador son en realidad pruebas que tenemos que pasar para demostrar nuestra fidelidad, rectitud y amor a Dios.

 

I – INTRODUCCIÓN.

 

Las tentaciones son muchas y de muy diversas clases. Porque todos los malos pensamientos de nuestra mente que suscita nuestra concupiscencia o los atiza el tentador, que nos inducen a transgredir la ley, son tentaciones; y las mismas cosas que en sí no son malas, sin embargo por arte e industria de Satanás se convierten en tentaciones cuando se nos ponen ante los ojos, a fin de que mediante ellas nos apartemos de Dios (Santiago 1:2-14; Mateo 4:1-3; 1ª Tes. 3:5). De éstas últimas, unas están a la derecha, y otras a la izquierda. A la derecha, las riquezas, el poder, el honor y otras semejantes, que muchas veces bajo la apariencia de bien y majestad que parecen tener, ciegan los ojos y engañan con sus halagos “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2ª Cor. 11:14), para que cogidos en tales astucias y embriagados en su dulzura, se olviden de Dios. A la izquierda, cosas como la pobreza, la ignominia, el menosprecio, las aflicciones y otras por el estilo, con cuya aspereza y dificultad se desaliente, pierda el ánimo y toda confianza y esperanza, apartándose el hombre finalmente por completo de Dios. El dejar de enfrentar, resistir y vencer las tentaciones para pecar interrumpe nuestra comunión con dios, debilita nuestra capacidad para obedecer y deshonra el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

 

II – LA FUENTE DE LA TENTACIÓN.

 

a) Satanás: De acuerdo a la Biblia, a Satanás se le reconoce como el tentador, y a la luz de Mateo 4:3, vemos que Fue Satanás el que tentó a nuestro señor Jesucristo en el desierto tratando de interponerse en los planes divinos de Dios. Satanás tienta para causar daño, destruir la fe y la obediencia y provocar exasperación y rebeldía en contra de Dios “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” 2ª Cor. 11:3. El diablo ha usado esta misma tentación en multitudes de seguidores de Cristo. Tales creyentes una vez tuvieron una verdadera hambre de Dios. Eran ungidos, llenos de oración, y llenos del poder del Espíritu Santo. Pero entonces fueron llevados a un desierto de sufrimiento, necesidad y desesperación. Y Satanás les tentó a dudar que su prueba era dirigida por Dios. Consultar además 1ª Cor. 7:5; 1ª Tesalonicenses 3:5; 2ª Cor. 2:11; 1ª Tesalonicenses 2:18.

 

b) El mundo: El mundo despliega sus atractivos para tentar al creyente en los deseos de la carne, de los ojos, la vanagloria, el poder y las riquezas y con esto envolverlo e intentar alejar al creyente de Dios “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” 1ª Juan 2:17. Consultar además Salmo 1:1; Génesis 39:6-10; San Juan 17:14-16.

 

c) El pecado que mora en nosotros: La fuente más poderosa de tentación, sin embargo, es nuestra propia carne, ya que son nuestros deseos hacia las cosas prohibidas lo que nos seduce e induce a desobedecer a Dios. “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.” Santiago 1:13-14. Consultar además Gálatas 5:16-18; Efesios 4:22-32; Colosenses 3:8.

 

III – EL ANTÍDOTO CONTRA LA TENTACIÓN.

 

El antídoto para vencer las tentaciones nos lo dio nuestro Señor Jesucristo en San Mateo 26:41 “Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma”. Es importante que el cristiano practique la oración, que esté en comunión constante con Dios solicitando su apoyo, misericordia, guía e inteligencia para de ésta manera ser siempre vencedor ya que es imposible estar exento de las tentaciones.

 

Si analizamos la 6ª petición de la Oración del Señor: “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal…” San Mateo 6:13. Esta petición responde, a la promesa que Dios nos ha hecho de imprimir su ley en nuestros corazones. Mas por cuento no obedecemos a Dios sin una continua batalla y con duros y crueles encuentros, pedimos aquí que se nos provea de fuertes armas, y que nos ampare con su asistencia para que podamos alcanzar la victoria. Con ello se nos advierte que no solamente tenemos necesidad de que la gracia del Espíritu Santo ablande nuestros corazones, los enderece y encamine en el servicio de Dios, sino que también necesitamos su socorro, que nos haga invencibles contra las acechanzas de Satanás y sus violentos ataques.
Así que pedimos en ésta petición a Dios nuestro padre, que no permita que seamos vencidos por las tentaciones que luchan contra nosotros, bien sea aquella que nuestra concupiscencia produce en nosotros mismos, bien aquellas a las que somos inducidos por la astucia de Satanás; sino que con su mano nos mantenga y levante, para que animados por su esfuerzo y virtud, podamos mantenernos firmes contra todos los asaltos de nuestro maligno enemigo, sean cuales sean los pensamientos a los que nos quiera inducir. E igualmente, que todo cuanto se nos presenta de una parte o de otra, lo convirtamos en bien; es decir, que no nos ensoberbezcamos con la prosperidad, ni perdamos el ánimo en la adversidad.
Sin embargo no pedimos aquí que no sintamos tentación alguna, pues nos es muy necesario que seamos estimulados y aguijoneados por ellas, para que no nos durmamos en el ocio. Porque no sin razón deseaba David ser probado (Salmo 26:2), y no sin motivo prueba el Señor a los suyos, castigándolos cada día con afrentas, pobreza, tribulación y otro género de cruces (Gn. 22:1; Dt. 8:2; 13:3; 2ª Pedro 2:9). Pero Dios no tienta, sino que El prueba a sus hijos de otra manera muy diferente que Satanás. Satanás tienta para perder, destruir, confundir y aniquilar al hombre como la obra de Dios que es; Dios prueba para probar y experimentar la sinceridad de los suyos, para corroborar su fuerza con el ejercicio, mortificar su carne, purificarla y abrazarla; pues si no fuese tratada de esta manera, se revolvería y desmandaría. Además Satanás acomete a traición a los que están desapercibidos, desarmados, para destruirlos. Y aunque es cierto que Dios no tienta a nadie, sí prueba nuestra fe en El y en sus promesas, por lo tanto debemos de considerar que la tentación va implícita, y Satanás aprovecha esos momentos difíciles en que nos encontramos para seducirnos, convencernos y hacer que reneguemos de Dios y de sus promesas.

 

IV – CONCLUSIÓN.

 

Aunque el creyente está en constante lucha contra las tentaciones, Dios, en su Palabra nos ha dado una promesa en la cual debemos de confiar y sabemos que el es fiel para cumplirla. Pues Dios no permite que seamos tentados más de lo que podemos resistir, y hace que la tentación termine felizmente para que los suyos puedan sufrir con paciencia todo cuanto les envía “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.” ( 1ª Cor. 10:13). Hebreos 2:18; 4:15.

Pero el creyente debe poner su parte, esforzándose cada día para huir de las tentaciones ya que es un requisito que se nos exige como fieles creyentes en Jesucristo. “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Santiago 4:7.
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