ésar Aníbal Villamil

Sin dudas, la pornografía es altamente adictiva y daña a los individuos y a la familia, y envilece a la sociedad. Hoy en día es imposible negar las evidencias médicas, científicas y sociológicas acerca del carácter destructivo de la pornografía. A medida que nuestra juventud sea expuesta a la pornografía a edades más tempranas, veremos a una sociedad más disgregada, y a matrimonios y familias destruidas.

Como hombres y mujeres cristianos debemos estar concientes sobre los peligros de la pornografía. No pensemos: «A mí no me va a pasar». Menospreciar el poder detrás de la pornografía es el primer paso hacia claudicar ante ella. Recordemos que todo comienza «inocentemente» hasta que, sin darnos casi cuenta, estamos atrapados en la telaraña más vil.
Como padres de las nuevas generaciones no cejemos en nuestros esfuerzos para combatir la pornografía en todos los ámbitos.

noComuniquemos claramente a nuestros hijos los peligros inherentes –pero seguros– detrás de la pornografía; no permitamos que comiencen. Aunque la tecnología puede ser una valiosa herramienta en las manos de nuestros hijos nada puede remplazar la sabiduría y el ejemplo de padres piadosos que comunican valores anunciándolos y practicándolos.

Como iglesia no dejemos de pronunciarnos en contra de la promiscuidad y la pornografía implícita que muchas veces inundan las pantallas de nuestros televisores. Declaremos enfáticamente sobre los daños ocasionados por la pornografía –en cualquiera de sus niveles– y comuniquemos la belleza del diseño de Dios para la sexualidad.

Lamentablemente, por distintas razones, el tema de la sexualidad ha llegado a ser un tabú en muchas iglesias. No temamos enseñar bíblica y socialmente acerca de la sexualidad. Una sexualidad convenientemente aprendida nos puede alejar de la promiscuidad y la pornografía. Los cristianos tenemos un poderoso mensaje que enaltece el valor y dignidad de las personas creadas a la imagen de Dios. La sexualidad es un gran don de Dios que nos acerca en amor y nos une en intimidad dentro del matrimonio; no la degrademos con nuestras actitudes pecaminosas y enseñemos a otros a utilizarla con dignidad.

Si alguna vez somos tentados por la pornografía hagamos como hizo José, con la esposa de Potifar, huyamos rápidamente y acerquémonos a Dios en oración en busca de su ayuda. También puede resultar útil la compañía de otros hermanos que acudan a nuestro socorro en los momentos de tentación.

Recordemos que aunque comience «inocentemente», como en los casos que vimos más arriba, seguramente terminará de forma catastrófica.

Para tener en cuenta
Los últimos días de junio se conoció que luego de muchas deliberaciones, Apple se dejó tentar por los contenidos para adultos y profundizó el mordisco de su manzana.
De a poco el erotismo está llegando al espacio más privado del hombre: su teléfono móvil. A través del iTunes, el almacén virtual de la empresa fabricante del iPod, se pueden descargar canciones, juegos, libros, aplicaciones y videos musicales, y ahora también suma a su grilla habitual el pornosoft.
La aplicación (App) que encendió la mecha se llama Hottest Girls. Y por la módica suma de 1,99 dólar envía fotos de chicas al iPhone o el iTouch. Eso sí, para recibirlas hay que ser mayor de 17 años.

Si hasta el momento la oferta de contenidos pornográficos se limitaba a imágenes fijas, textos, ebooks y algún que otro ringtone, la próxima revolución consistirá en videochats en directo.

Nota final: Lamentablemente, el tema de la pornografía no es un tema al que se le dé la importancia capital que tiene en América Latina. Una importante Asociación de Iglesias nos informó que no hay un esfuerzo común que vaya en contra de la proliferación de la pornografía en Internet.
Creemos que sería muy útil crear foros de discusión o grupos de trabajo para combatir en forma clara contra la pornografía y los resultados funestos de la misma sobre la sociedad en su conjunto.