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Una tierra nueva
Dios prometió restaurar a la tierra a su original belleza y perfección… Y los animales también serán restaurados a como eran antes: serán inofensivos y perfectos como cuando fueron creados.

Reino de Dios debería ser uno de los temas más conversados por los seres humanos, y sorprendentemente, los que están llamados a predicarlo, sólo lo mencionan someramente y eventualmente en sus homilías.  Inclusive, muchos de los que lo predican hoy, no lo entienden en su real dimensión.

Dicen algunos eruditos de habla inglesa que el “Reino de Dios” ha sido extirpado de los sermones de las iglesias y que es casi imposible encontrar este tema en las enseñanzas de las religiones tradicionales, protestantes o católicas. El panorama en los países de habla hispana parece tener una ligera variación ahora: es decir, las iglesias SÍ mencionan mucho el Reino de Dios por nombre. Lo mencionan, lo invocan en sus discursos, en sus predicaciones, hasta en sus lemas.

Dos de las sectas más populares de los últimos años aluden al Reino oficialmente de forma directa. Por ejemplo, los miembros de la Watchtower afirman en la revista “Atalaya”, que venden a un precio voluntario y simbólico, estar “anunciando el reino de Jehová (es decir de Dios). Por otra parte, lo que la gente conoce popularmente como la “Iglesia Pare de Sufrir” tiene como nombre oficial “Iglesia Universal del Reino de Dios”.

Y no son pocas las iglesias evangélicas que dicen hablar del “reino de Dios” en sus publicaciones, libros y campañas. Sin embargo, todos estos grupos han perdido el sencillo sentido original de la expresión.

Si les preguntamos a los llamados cristianos por el significado de la frase “Reino de Dios”, la respuesta suele ser confusa. La mayoría no tiene claro el significado ni se ha puesto a pensar al respecto. Algunos dirán que significa que “Jesucristo reina en los cielos” y que el reino de Dios es allá mismo en los cielos. Otros dirán que el Reino de Dios es la Iglesia de Dios en la tierra o que es Cristo reinando en el corazón de cada creyente. Para los miembros de la Watchtower el Reino de Dios es la ida al cielo de 144.000 elegidos literales, desde ese cielo gestionarán un reparto de parcelas en una tierra donde no explican específicamente como estará gobernada, ya que si los gobernantes estarán en el cielo, ¿de qué manera podrán gobernar la tierra? Y si nombraran algunos representantes en la tierra como especulan algunos de ellos: ¿para que se necesita entonces llevar a 144.000 creyentes al cielo? Eso sería como decir que para gobernar Uruguay yo necesito trasladar a 144 senadores a Ecuador y que desde allí los senadores van a gobernar Uruguay, pero mediante representantes locales. Realmente confuso.

¿Apoya la Biblia semejante confusión? ¿Qué enseña la Biblia respecto al Reino de Dios?

“Reino de Dios” en la Biblia significa precisamente eso: un reino, es decir, una monarquía divina, un territorio, gobernadores, y súbditos; siendo Dios el gobernante absoluto, y su representante designado, el Mesías.

Si buscamos la palabra “Reino” en una concordancia de la Biblia versión Valera de 1995, veremos que la primera vez que aparece este vocablo es en Génesis 10:10 que se refiere a Nimrod, un violento cazador y opositor de Jehová. Se nos dice de este personaje, lo siguiente:

“Y fue el comienzo de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar. ”

Aquí tenemos el primer registro de un gobierno humano sobre la tierra. Antes de Nimrod, el único gobernante que habían conocido los humanos había sido el propio Yahweh, el Dios Creador en el jardín de Edén, hasta que optaron por desobedecerlo y rechazarlo injustamente como su gobernante.

Allá, en los tiempos de Nimrod, fueron los primeros tiempos en que, como diría más tarde Salomón en su libro de Eclesiastés: “el hombre se enseñorea del hombre para mal suyo” (Eclesiastés 8:).

A partir de entonces, los gobiernos humanos se hicieron más y más sofisticados… ¡y también más organizados y ambiciosos en sus metas! Los pequeños reinos locales se transformaron en potencias, y las potencias en imperios.

A esa dominación, a ese ejercicio del poder por parte de un ser (o grupo de seres) sobre una nación y territorio, a eso se refieren las Escrituras como “Reino”, tal como lo podemos apreciar en el primer texto en que la expresión aparece. Aún hoy día, ciertas potencias que conservan el sistema monárquico se refieren a sí  mismas como “Reinos”, tal como el Reino de España o el Reino Unido (Inglaterra).

Dios, el soberano legítimo del universo, permitió estas formas de gobierno humano inspiradas en el espíritu independentista de la serpiente original, por varias razones. Por un lado para que quedara patentemente claro el fracaso de los intentos humanos (y demoníacos) para traer la felicidad a los humanos sin la guía de su Creador. También estos gobiernos traerían, dentro de su imperfección, un cierto orden mínimo sin el cual la vida misma en el planeta podía haber llegado a la extinción hace mucho tiempo.

Sin embargo, el hecho de que Dios tolere a estos gobiernos humanos desde el principio no quita que El tiene sus propios planes al respecto. Veamos la primera vez que aparece la palabra “Reino” en las Escrituras con referencia a Dios, es decir, la primera alusión directa al Reino de Dios. Se encuentra en el libro de Éxodo 19:6. Allí, Yahweh, el Dios de Israel, les promete a los israelitas que si guardan sus mandamientos y su pacto, con el tiempo llegarían a ser parte del gobierno de Dios sobre la tierra. Así Dios deja en claro que el cumplimiento de las promesas de heredar la tierra hecha a Abraham en el pasado, se llevarían a cabo mediante un proceso político terrestre:

“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.” (Éxodo 19:5,6)

Así es estimados: si los israelitas cumplían el pacto con Dios, ellos serian privilegiados sobre todos los pueblos, porque nótese lo que dice Dios “mía es toda la tierra”.  Y sobre esa tierra es que llegarían a ser un  Reino de Sacerdotes y gente santa.

Aunque los israelitas en su conjunto no cumplieron el pacto y sólo un resto permaneció fiel, esto no anuló los planes de Dios. Por el contrario, la promesa de llegar a ser parte de un gobierno político que cambiaría la realidad de la sociedad humana fue extendida a los no israelitas (o gentiles) siglos después, de lo cual quedó el registro en las Escrituras Griegas Cristianas.

El libro de Apocalipsis promete que llegará el día en que estos elegidos por Dios de Israel y de entre las naciones gentiles gobernaran en la tierra:

“y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”  (Apocalipsis 5:10)

Aquellos que especulan y afirman que los 144.000 escogidos de Israel de que habla el Apocalipsis forman en realidad “un nuevo Israel” que irá a gobernar al cielo, en tanto que una “gran muchedumbre tomada de todas las naciones” forman un grupo que vivirá en la tierra, tienen un problema con el texto de Apocalipsis 5:9, 10. Allí dice claramente que quienes gobiernan son “de todo linaje y lengua y pueblo y nación”, descripción idéntica a la que se da de la Grande Muchedumbre.

El mensaje de las Escrituras es claro: habrá un tiempo en que un Mesías, junto a un grupo de escogidos, gobernará el planeta tierra. Esa fue la esperanza de los judíos de la antigüedad, y es también la esperanza de muchos judíos incluso hoy día, y la de cristianos verdaderos por siempre.

El mismo hecho de que el Mesías designado por Dios requiera de los servicios de co-gobernantes adicionales nos indica que el gobierno es un gobierno político literal sobre el planeta. Como el Reino se extenderá por todo el mundo habitado, gobernantes designados de ese Reino deberán vivir en cada región del mundo para hacer cumplir las leyes de Dios.

Notemos que interesante lo que dice el Salmo 47:8,9:

“Reinó Dios sobre las naciones;

Se sentó Dios sobre su santo trono.

Los príncipes de los pueblos se reunieron

Como pueblo del Dios de Abraham”

Quizá este Salmo tenga un sentido profético y aluda al momento en que Dios comenzará a reinar sobre las naciones de la tierra mediante su propio Hijo, el Mesías, y mediante los príncipes elegidos. De estos príncipes también habla el Salmo 45:16:

“En lugar de tus padres serán tus hijos,

A quienes harás príncipes en toda la tierra.”

Piense estimado en lo siguiente: ¡La esperanza cristiana es una esperanza muy dinámica!

La mayoría de las religiones tienen promesas de vida más allá de la muerte, de maneras extrañas, inimaginables, pero generalmente pasivas. Muchos orientales creen en la esperanza de que sus “almas” sean liberadas del ciclo de reencarnaciones y entren un estado llamado “Nirvana” de descanso eterno. Otras religiones, incluyendo el cristianismo apóstata, dan a sus fieles una visión de la esperanza cristiana totalmente pasiva, donde el creyente “vuela” al lado de Dios en el cielo y ahí se queda en su presencia simplemente a descansar y a ser feliz.

¡Pero la verdadera esperanza cristiana es mucho más maravillosa! Dios nos promete para el futuro, no simplemente un “lugar de descanso”, nos promete trabajo. MUCHO TRABAJO. Como gobernantes, primero que nada para administrar el territorio de su Reino en manos de Su Mesías. Este Mesías, Jesús, fue el que prometió claramente estas funciones a sus seguidores en armonía con las promesas previas de su Padre:

“Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.” (Lucas 22:29,30)

Así que: ¡nada de descansar en una nube tocando el arpa! La Biblia lo que promete no es una experiencia pasiva, sino una muy activa en un Reino totalmente real, es decir, un gobierno organizado sobre un territorio, sobre la tierra. Sólo en la tierra podrían los apóstoles sentarse en una mesa a comer y beber, ¿cierto? Y sólo en la tierra podrían ellos juzgar a las 12 tribus de Israel.

Pablo nos recuerda varias veces esas responsabilidades a futuro que vendrán con la inmortalidad y la vida eterna:

“¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?” (1 Corintios 6:2)

Creo que hay pocos textos en la Biblia más claros que éste, para demostrar que el Reino de Dios es un suceso político sobre el planeta que estamos pisando: la tierra y no un concepto abstracto en el corazón de los seguidores. Allí el apóstol dice claramente que el mundo será “juzgado por los santos”. Lo dice dos veces en un solo versículo. Y como para realmente establecer que no se trata de ningún evento “figurativo” compara ese acto de juicio sobre el mundo en el futuro con el acto de juzgar cosas pequeñas aún en este.

La idea del versículo de Pablo es clara: si el planeta tierra va a ser juzgado por los cristianos, los cristianos ya deberían ser capaces de juzgar asuntos menores entre ellos. (Como por ejemplo, pequeños pleitos y cosas así).

Es imposible comprender la Biblia desde principio a fin si uno no acepta la realidad de que el Reino de Dios es un sistema político organizado sobre la tierra, del cual participan:

1- Dios como organizador.

2- El Mesías, Jesús, como regente supremo y juez.

3- Los seguidores del Mesías como co- regentes.

No hay ningún texto bíblico que contradiga esta noción, y sí hay un texto atrás de otro que afirma esa clara idea.

Así que la próxima vez que escuche la frase “El Reino de Dios”, no se imagine unas cuantas nubes con angelitos en ellas y tal vez a “San Pedro” con un manojo de llaves al cinto de su túnica blanca abriendo la puerta. La próxima vez que escuche la frase “El Reino de Dios”, sepa que la Biblia promete que es un GOBIERNO REAL y MUNDIAL del cual usted está invitado a formar parte.

Hay muchos candidatos políticos que solicitan de sus seguidores que apoyen las campañas políticas y luego, en caso de ganar, los premian con algunos cargos de gobierno. Y sus seguidores les sirven encantados, en miras a dicha recompensa, sean estos candidatos justos o no.

¿No deberíamos nosotros ser sabios y hacer “campaña” a favor del Reino de Dios ahora, no sólo sabiendo que seremos premiados con altos cargos en el mismo, sino que ese Reino es la solución total a los problemas que han afligido a la humanidad?

No necesita una carrera previa amigo. No necesita conocimientos previos. No necesita títulos. Ni dinero. Sólo necesita sed y hambre de justicia. Porque Jesús, el rey principal de ese futuro Reino prometió claramente que quienes tuvieran hambre y sed de justicia serían saciados.

Usted está llamado a involucrarse. A ser parte de ello, aún desde ahora. La causa es justa como ninguna. El premio es incomparable. ¡Que Dios le conceda apreciar esta oportunidad única y que sea usted uno de aquellos destinados a gobernar junto al Mesías en el Reino venidero sobre una tierra renovada!

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