AGRADECIMIENTO
Se le agradece a Hermano Maudiel Arévalo por autorizar la publicación de esta obra. La
misma es un valioso aporte para enriquecer el conocimiento bíblico de los miembros de la Iglesia
Evangélica “Amigos” y de todos los cristianos que buscan la verdad de las Escrituras. Así, pues, que
no falte en la biblioteca personal una copias de esta obra “HACIA UN CONCEPTO ADECUADO
DEL BAUTISMO EN AGUA”.
Santiago Martínez
Editor
PUBLICACIONES LITERARIAS “AMIGOS”
6 Calle 9-01, Zona 1. Teléfono: 9420149
Chiquimula, Guatemala, C. A.
© Derechos Reservados
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ÍNDICE
PÁGINA
INTRODUCCIÓN
CAPITULO I. ANTECEDENTES DEL BAUTISMO EN AGUA
A. EL USO DEL AGUA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO COMO SÍMBOLO ESPIRITUAL
B. ISRAEL Y LAS CULTURAS CIRCUNVECINAS EN EL PERÍODO
INTERTESTAMENTARIO
C. LA PRÁCTICA JUDÍA.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
CAPITULO II. ENSEÑANZA DE JESÚS ACERCA DEL BAUTISMO EN AGUA
A. EL PAPEL DEL BAUTISMO EN O CON AGUA EN EL MINISTERIO DE JUAN EL
BAUTISTA
B. ENSEÑANZA DE JESÚS SOBRE EL BAUTISMO EN AGUA
C. PRÁCTICA DEL BAUTISMO POR LOS DISCÍPULOS DE JESÚS, DURANTE SU
MINISTERIO
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
CAPITULO III. ENSEÑANZA APOSTÓLICA SOBRE EL BAUTISMO EN AGUA
A. LA PRÁCTICA BAUTISMAL APOSTÓLICA SEGÚN EL LIBRO DE LOS HECHOS
B. ENSEÑANZA PAULINA SOBRE EL BAUTISMO EN AGUA
C. ANÁLISIS DE OTRAS ENSEÑANZAS APOSTÓLICAS EN QUE TAMBIÉN SE USA EL
VERBO “BAPTIZO”
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
CAPITULO IV. HACIA UN NUEVO CONCEPTO DEL BAUTISMO
A. LA IMPORTANCIA ATRIBUIDA AL BAUTISMO SACRAMENTAL Y SU RELACIÓN
CON LA VERDAD BÍBLICA
B. HACIA UN CONCEPTO ADECUADO DE LA GRAN COMISIÓN
C. HACIA UNA DEFINICIÓN BÍBLICA DEL BAUTISMO DE JESUCRISTO
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA GENERAL
3
INTRODUCCIÓN
Fue la proposición de un profesor en la rama de exégesis bíblica, lo que dio origen a la
inquietud de desarrollar el tema teológico del bautismo en agua. Esto vino a alimentar una serie de
inquietudes sobre el tema, especialmente, respecto a un gran bagaje de conceptos que, a través de la
historia, ha surgido sobre el bautismo, en cuanto a cómo debe practicarse, a quiénes debe
administrársele, quiénes deben administrarlo y lo que significa en sí, factor que hace visible la
diferencia de conceptos e interpretaciones, y sus consecuencias manifiestas, como divisiones y
alteraciones.
Estos factores impulsan a acudir a la Biblia, para hacer un estudio exegético sobre los pasajes
considerados como enseñanza del bautismo sacramental, proponiéndose que una reinterpretación de
estas enseñanzas bíblicas, conducirá a un concepto adecuado del mismo. Esto podría servir como una
alternativa unificadora, a la problemática ya mencionada.
Se entiende por “concepto adecuado”, el ubicar el bautismo en agua en el lugar preciso donde
esté acorde con sus antecedentes históricos, que han servido como base para cimentar el edificio de tal
práctica externa. Además, le da su importancia de acuerdo con su contexto bíblico histórico, y a la
función que ha desempeñado según la enseñanza escritural.
Para el logro de tal objetivo, se cree necesario incluir aspectos inherentes al tema, a fin de tener
una visión más o menos general del asunto. Aspectos como:
1. Antecedentes del bautismo con agua en el Antiguo Testamento.
2. En la práctica ritual en los pueblos circunvecinos a Israel.
3. En la práctica judía durante el período intertestamentario.
4. El bautismo de Juan el Bautista como antecesor del ministerio de Jesucristo.
5. La enseñanza de Jesucristo
6. La práctica y enseñanza apostólica,
7. Y la enseñanza paulina, tomado como un punto aparte de los demás apóstoles.
Por tanto, en el presente trabajo no se pretende hacer un estudio exhaustivo sobre aspectos
inherentes al acto sacramental, como: la importancia o el significado en la vida cristiana, la forma en
que debe administrarse y a quiénes debe administrarse. Tampoco se pretende hacer un estudio
histórico de su práctica, ni del significado que se le ha atribuido durante los veinte siglos del
cristianismo; y mucho menos convertirlo en un instrumento apologético contra las distintas
interpretaciones que han aflorado sobre el tema a través de la historia, asumiendo una actitud
peyorativa sobre la importancia que se le ha dado.
Algunos aspectos serán incluidos someramente, a fin de conocer a grandes rasgos las distintas
implicaciones. Con base en tales implicaciones y resultados, se cree necesario introducir un nuevo
enfoque sobre el tema.
Por tanto, se pretende únicamente hacer un estudio exegético-bibliográfico sobre las enseñanzas
del bautismo en agua, usando el manejo de conceptos, convirtiéndose la Palabra de Dios en el libro de
texto, a fin de lograr un concepto adecuado. Esto implica la necesidad de considerar todos los pasajes
bíblicos que están conectados con la palabra “baptizo”.
4
Entre algunos conceptos pertinentes que se desea someter a prueba como hipótesis de trabajo,
para la formulación de un concepto adecuado del bautismo en agua, están:
1. La práctica de los lavamientos en el Antiguo Testamento, en el período intertestamentario, y el
bautismo de Juan el Bautista, como factores influyentes que determinan la práctica bautismal
apostólica.
2. La práctica bautismal como señal externa tiene su importancia acorde con su contexto bíblicohistórico.
3. Probablemente no existe una enseñanza bíblica específica que sustente la necesidad de la práctica
bautismal para hoy día, ni la demanda rigurosa como un mandamiento de Dios.
4. El agua, o el bautismo en agua, como medio de gracia, puede ser un factor simbólico que apunta a
la obra de Jesucristo.
Sin embargo, el presente trabajo no pretende restar los méritos que se le dan al bautismo en
agua, ni negar tales concepciones, pues la meta principal es hacer un enfoque más sobre el mismo
como necesario o complementario, dada la situación del caso y la relatividad del asunto. Por ello,
estamos conscientes de que muchos no compartirán algunas conclusiones en el desarrollo del tema.
Creemos necesario este enfoque por ser un aporte a la Teología Cristiana; también por
constituirse en una herramienta de fe para aquellos que comparten este nuevo concepto sobre el
bautismo, a fin de dar defensa de su fe con mansedumbre a quienes lo demanden. Además, es una
alternativa bíblica a la problemática polémica legalista, resultante de la práctica del bautismo durante la
historia del cristianismo, buscando la unidad fraternal en el vínculo de la fe. Y, por último, por ser un
estímulo a otros para ahondar en el tema sin prejuicios religiosos, hasta encontrar la verdad. Con esto
se está diciendo que no se pretende tener la última palabra sobre este asunto.
En el desarrollo de la investigación se ha usado la Biblia REINA-VALERA, revisión 1960,
como libro de texto, pero se han incluido otras versiones para el análisis en el estudio exegético.
Los métodos usados en la elaboración del presente trabajo han sido la exégesis bíblica y la
investigación bibliográfica, aplicados a todos los pasajes bíblicos neotestamentarios que usan la palabra
“baptizo”, y las que tienen la misma raíz verbal, como: “baptisma”, “bautismós” y “baptos”. El uso de
esta familia de palabras no está limitado al rito sacramental, sino también a los lavamientos levíticos,
las abluciones, el bautismo con el Espíritu Santo, y otras aplicaciones.
El procedimiento seguido en el desarrollo del trabajo exegético es el siguiente:
1. Se ha estudiado el texto bíblico en relación con su contexto bíblico e histórico.
2. Se han considerado las funciones idiomáticas y su relación con la estructura del texto.
3. Se han sacado conclusiones en relación con las fuentes bibliográficas afines al tema, y con base en
los resultados obtenidos en la exégesis bíblica.
5
Las abreviaturas en las citas bíblicas son las mismas usadas en el índice de la Biblia ya
mencionada. Las más importantes son:
LIBROS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
Ex. Éxodo.
Lv. Levítico.
Is. Isaías.
Ez. Ezequiel.
LIBROS DEL NUEVO TESTAMENTO
Mt. Evangelio Según San Mateo.
Mr. Evangelio Según San Marcos.
Lc. Evangelio Según San Lucas.
Jn. Evangelio Según San Juan.
Hch. Hechos de los Apóstoles.
Ro. Epístola a los Romanos.
Co. Epístola a los Corintios.
Gá. Epístola a los Gálatas.
Ef. Epístola a los Efesios.
Fil. Epístola a Filipenses.
Col. Epístola a los Colosenses.
Tit. Epístola a Tito.
He. Epístola a los Hebreos.
P. Epístola de Pedro.
6
CAPITULO I
ANTECEDENTES DEL BAUTISMO EN AGUA
A. EL USO DEL AGUA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO COMO SÍMBOLO ESPIRITUAL.
Jehová, el soberano Dios, al escoger a Israel como Su pueblo, tenía como propósito formar una
nación santa para que sirviera de luz a las naciones.
Entonces, al revelarse al pueblo judío, lo hizo por medio de distintos recursos, como: el
sacerdocio y el culto ceremonial, la revelación profética y otros medios. Tanto en el culto ceremonial,
como en la revelación profética, se hace uso del agua como símbolo de limpieza. Por tanto, en los
libros de la ley y en los profetas, encontramos alusiones del agua que tienen una significación
simbólica de verdades espirituales.
El teólogo A. Hamman, dice: “La religión israelita conocía baños y lustraciones, encaminados a
obtener o recobrar la pureza legal”.1 En el culto levítico, a los sacerdotes se les obligaba a observar una
serie de lavamientos antes de efectuar sus sacrificios; algunas veces lavaban sus vestiduras antes de
ejercer su oficio2 y, otras veces, se lavaban el cuerpo entero.3
El autor ya citado agrega: “Judith en campo enemigo y pagano, se bañaba todas las mañanas en
una fuente antes de orar a Jehová, además en el libro de los Jubileos, Abraham pide en su testimonio a
Isaac, que se lave las manos y los pies, antes y después de la ofrenda del sacrificio”.4
Los profetas también hacen alusiones al agua, en un sentido muy significativo y pertinente,
tratando de describir la obra de Jesucristo en la Cruz del Calvario, y el ministerio del Espíritu Santo; y,
sobre todo, los efectos en los corazones de los hombres como señal del nuevo pacto. Hablando sobre
la alianza divina con el hombre por medio de Jesucristo, Salvador Vergés dice:
“Se desliza entre las capas que forman la temática anterior el elemento del agua, como
imagen preferida por los profetas preexílicos (Ez. 35, 24-47), quedaba descrita la esperanza
mesiánica en la abundancia de las aguas”. 5
También el profeta Isaías menciona el agua como un símbolo del Espíritu de Dios, y, en
especial, como un símbolo de Su obra.6
Es necesario hacer notar que los teólogos católicos y otros ven, en tales alusiones al agua en el
Antiguo Testamento, un aspecto prefigurativo del bautismo cristiano. Vergés dice:
“Aun en medio de la oscuridad del Antiguo Testamento brilla siempre una luz que va
iluminando los pasos a Israel, a manera de signo sensible del plan divino de salvación,
revelado al mundo. Este signo, sin embargo, sólo tendrá su pleno esplendor en el Nuevo
Testamento cuando Cristo instituya el bautismo, por el que el hombre alcance la salvación al
confirmarse con Cristo e insertarse en la comunidad de los salvados, la Iglesia, como nuevo
Pueblo de Dios.” 7
7
Por tanto, aunque no resultan obvias las afirmaciones de estos teólogos, porque la Palabra de
Dios no especifica tal enseñanza, se observa que ejerció una influencia tremenda en la vida judía, en el
tiempo de la formación del cristianismo. Y no sólo en ellos, sino también en la historia del
pensamiento cristiano, pues muchos ven en tales alusiones los antecedentes del bautismo.8
SUMARIO
El agua se había constituido en un elemento muy conocido para el pueblo de Israel en el tiempo
de Jesucristo, como resultado de su uso en el Antiguo Testamento, y significaba limpieza. Además, era
un símbolo del plan de redención, el cual había sido anunciado por los profetas muchos siglos antes.
B. ISRAEL Y LAS CULTURAS CIRCUNVECINAS EN EL PERÍODO
INTERTESTAMENTARIO
1. Situación política
Después del retorno, siglo VI y V a. C., muchos judíos regresaron a Israel mientras otros se
quedaron en tierras medo-persas. Luego, las conquistas de Alejandro el Grande abrieron oportunidades
a la migración y a la colonización. También los sucesores de Alejandro, los seléucidas y los
ptolomeos, aumentaron la colonización, “ofreciendo ciudadanía y exención de impuestos a los que
quisieran emigrar hacia los nuevos dominios, muchos judíos (…) establecieron sus nuevos hogares en
las florecientes colonias helénicas.”9
Así, los judíos en el período intertestamentario, fueron dispersados por todo el imperio de
Alejandro el Grande; y después, en el seno del imperio romano, crecieron rápidamente. Sólo en
Alejandría, se calculaba en millones la población de judíos.
Las causas que dieron lugar a esta dispersión fueron muchas, entre ellas: la conquista
extranjera, las agitaciones que sacudieron al pueblo santo, y, sobre todo, el factor económico y
comercial.10 Esta dispersión contribuyó a que el pueblo judío se rozara con todas las culturas
circunvecinas, lo cual trajo resultados muy visibles en el aspecto económico, político, y especialmente
en el religioso.
2. Situación Religiosa
Nos limitaremos a hacer una descripción breve del aspecto religioso de las tres culturas más
importantes en el período intertestamentario: la griega, la romana y la judía.
El mundo religioso greco-romano se caracterizó por ser politeísta. La historia enseña la mezcla
religiosa de estos dos imperios, como resultado de la influencia helénica sobre los conquistadores
romanos.
Además de ser un pueblo religioso politeísta, observamos también la práctica de religiones
mistéricas, con influencia oriental. De Asia vinieron el culto a Cibeles, la Gran Madre, el mitraísmo y
otros más; y de Egipto, el culto a Isis y a Osiris.
8
El historiador M. Tenney sintetiza el mundo religioso de este tiempo, de la manera siguiente:
a. El panteón greco-romano, combinación de dioses griegos y romanos. (El autor se refiere al
politeísmo religioso).
b. La adoración al emperador.
c. Las religiones de misterios.
d. La adoración a lo oculto; y
e. Las filosofías. 11
La religión judía, en este período se caracterizaba por su etnocentrismo religioso, su celo sobre
las observancias de la Torá y las tradiciones; y, sobre todo, su anhelo profundo de judaizar el mundo
helénico, por medio de la propaganda religiosa y el proselitismo. Karl Kautsky, citando a Filón dice:
“Todos los hombres (…) están siendo conquistados por el judaísmo y exhortados a la virtud: bárbaros,
helenos, europeos, asiáticos, todas las razas de la tierra”.12
El escritor Feaver, en su libro “El mundo en que vivió Jesús”, procura enfocar cómo estas tres
culturas convergen en un mismo punto de vista de la historia, preparando así el terreno para la venida
de Jesucristo.13
Es oportuno enfatizar que las culturas griega y romana ejercieron un papel determinante en la
cultura judía. Hablando sobre los judíos, Feaver hace la siguiente interrogante: “¿Por qué los judíos,
cuya religión se basaba en la revelación de Dios dada en el Antiguo Testamento, vivían ligados a tantas
prácticas religiosas y doctrinas que la Biblia no respalda?” 14 La respuesta a la pregunta de Feaver es
lógica, debido a la ligadura que envolvía a estas tres culturas en el desarrollo de la historia, como una
mezcla política-religiosa, viviendo en un mismo plano geográfico e histórico.
Es muy probable que en este contacto de Israel con los pueblos vecinos estén las raíces de la
práctica del bautismo en agua, como una influencia de las prácticas de los pueblos circundantes, porque
no se registran hechos históricos fidedignos, que aseguren con certidumbre que los israelitas
practicaran el bautismo en agua como un acto legal de iniciación antes de la dispersión, ni que fuera
parte del culto religioso en la adoración a Dios, a pesar de lo familiarizados que estaban con el uso y
símbolo del agua.
3. La práctica bautismal en los pueblos circunvecinos
El hombre, durante todas las edades, ha efectuado ritos y ceremonias que expresan su
reconocimiento de seres superiores a ellos y su necesidad de adorarlos; además, expresan el deseo de
una unión mística con dichos seres.
El bautismo, por ejemplo, es una institución religiosa muy antigua, practicada por los hindúes
desde tiempos remotos. Lo hacían sumergiéndose en el río Ganges para lavar sus culpas.15
El teólogo católico Salvador Verges, al hacer un enfoque sobre la historicidad de las prácticas
bautismales, dice:
9
“Observemos la presencia de ritos purificadores en Egipto, en Babilonia, entre las religiones
mistéricas del helenismo; y para citar algo muy conocido, la práctica actual de la India con
sus piscinas sagradas, en donde deben sumergirse para purificarse varias veces al año”.16
Las religiones de misterios fueron comunes tanto en el mundo oriental como el helénico. Se les
llamaba así por practicar ritos de carácter sacro, que constituían una iniciación en los secretos religiosos
y divinos. Robert y Feuillet, dicen que “el conocimiento de estos secretos garantizaba la protección del
dios o de la diosa de los misterios y era para el iniciado una prenda segura de felicidad póstuma”.17 La
creencia en la inmortalidad formaba la base de todos los misterios.
También los ritos mistéricos actuabanon en forma muy profunda en el sentimiento religioso de
sus participantes, alimentando aspiraciones tales como una vida inmortal y la unión personal con la
divinidad. A los iniciados en las religiones mistéricas no se les exigía cualidades morales, pero sí una
práctica escrupulosa de los ritos y purificaciones.18
No es de extrañar que las religiones orientales mistéricas, como las de los egipcios y babilonios,
ejercieran una influencia considerable sobre los helénicos, pues sus tradiciones místicas y religiosas se
relacionaron con los griegos, debido al contacto por factores políticos y de otra índole.
Los griegos se caracterizaron por la práctica politeísta y adoraron a una infinidad de dioses.
También practicaron los ritos de iniciación que correspondían a las religiones mistéricas. Entre los
misterios, algunos eran locales, y su culto se celebraba en un sólo santuario, como en el caso de los
misterios de Deméter y de Eleusis. Había otros que se podían celebrar en todas partes, como los
misterios de Dioniso y los de la diosa siria, Isis.19
Para una mejor comprensión del culto de estas religiones mistéricas, se cita un ejemplo entre las
principales:
“Los misterios helénicos más antiguos y más populares eran los de Dioniso. A comienzos
de nuestra era se celebraban en todas partes en el mundo grecorromano. Aunque Dioniso
acabó por no ser más que una figura simbólica, en su culto persistía algo del espíritu y de
los ritos que en los orígenes habían arrastrado y cautivado a las masas. Los misterios
dionisíacos incluían ayunos, purificaciones, cantos salvajes, danzas frenéticas y banquetes
sagrados. El iniciado, arrebatado por una especie de éxtasis o de delirio religioso, se sentía
liberado de todo lo que podía poner obstáculo en él a la acción divina, se abandonaba al
influjo del dios, cuya presencia se hacía sentir en él, y recibía entonces la promesa de una
vida bienaventurada después de la muerte”. 20
Russell dice que la influencia helénica sobre el judaísmo, no fue sólo en campo literario y
cultural, sino también en el espiritual. Hablando sobre la atmósfera religiosa helénica, dice:
“… Por su misma naturaleza creó una definida atmósfera espiritual, que era en muchos
aspectos completamente ajena a los puntos de vista religiosos de los judíos. Los distintos
festivales y ceremonias, ligados con casi cada parte de la vida social griega, habían de dejar
su huella sobre la vida religiosa y las costumbres del pueblo”.21
10
La idea de un rito, como iniciación en la relación con un ser divino, no fue de origen judío, pues
en las religiones mistéricas muchos siglos antes, ya contaban con tal principio religioso. “Todos los
misterios contaban como elemento esencial una serie de ritos cuyo conjunto constituía la iniciación”.22
Estas religiones como ya se ha mencionado, florecieron en el tiempo de Pablo y tenían muchos
adeptos, en especial, en el mundo helénico, penetrando hasta el Asia Menor. Fue así en estas
religiones, donde se establecieron los primeros contactos entre el paganismo y el cristianismo. Russell
dice: “numerosos judíos, especialmente de la dispersión, fueron muy influidos por la filosofía religiosa
que acompañaba a esta particular forma de cultura griega”. 23
A pesar de la práctica bautismal en estas naciones, y sobre todo en las religiones mistéricas,24
no es de extrañar que estas religiones, resultaban inadecuados para satisfacer las necesidades
espirituales de sus seguidores. A pesar de las promesas de perdón, inmortalidad, y otras; ellos
buscaron otras fuentes religiosas para suplir tales necesidades. Feaver dice: “con todo, las religiones
mistéricas prepararon el corazón de los hombres para el evangelio”.25 ¿Influyeron las prácticas del
bautismo en la mente de los gentiles y judíos que recibieron el evangelio? ¿De qué otra manera se
explica que el eunuco pidiera de inmediato el bautismo? Este evento posiblemente explique la
influencia de dichas prácticas.
C. LA PRÁCTICA JUDÍA.
En esta sección, no se pretende hacer un enfoque religioso de la vida judía en el tiempo de la
dispersión, sino mostrar en forma breve, algunos medios o recursos de los que echaron mano, para
lograr sus objetivos de expansión religiosa; y, sobre todo, hacer resaltar la práctica del bautismo en
agua como uno de los requisitos previos para iniciarse en la fe judía.26
El celo religioso era parte inherente en sus vidas, estaban prestos aun a morir con tal de sostener
y propagar sus ideales. A pesar de haber obtenido libertad política y religiosa en el período de los
Macabeos, existía una continua lucha contra el helenismo, con el propósito de expandir su fe
monoteísta. Russell hace una cita directa del señor T. W. Manson, para explicar este asunto:
“A través de todo este período, los judíos lucharon, no por ideales modernos como éstos,
sino por la vida de “Israel”: donde “Israel” es un todo orgánico que incluye la fe monoteísta,
los cultos en el templo y la sinagoga, la ley y las costumbres incorporadas en la Torá, las
instituciones políticas que había aparecido durante el período post-exílico, el deseo de
dominio sobre la Tierra Santa, y cuantos sueños de un gobierno mundial israelita puedan
haber estado allí para reemplazar el gobierno de los imperios gentiles” (T. W. Manson, The
Servant Messiah, 1956, p.5). 27
El deseo de propagarse y establecer sus sueños sobre un reino mesiánico, su anhelo por
mantener su fe, su odio contra las prácticas paganas y, sobre, todo su etnocentrismo religioso, fueron
factores que influyeron en la propaganda judía y el proselitismo.28
Las formas para la conversión de los gentiles al judaísmo variaban considerablemente, pero los
tres requisitos principales eran: la práctica de la circuncisión, la inmersión en agua, a fin de purificarse
de la corrupción pagana, y un sacrificio. No es de extrañar que muchos prosélitos no aceptaban todos
los reglamentos de la ley.
11
Muchos, fuera de Palestina, se contentaban con adorar a Dios, creer en la venida del Mesías, y
pasar por alto la circuncisión. Y se daban por satisfechos los nuevos miembros de la comunidad en
limpiar sus pecados por la inmersión (bautismo).29 Kautsky, agrega que quizá estos piadosos,
“Constituían el más importante campo de reclutamiento para la congregación cristiana cuando ésta
comenzó a operar fuera de Jerusalén”. 30
1. El Proselitismo
El mundo helénico-romano floreció en diversas áreas: la ciencia, la literatura, el arte, pero
también se caracterizó por ser muy religioso. Como se ha dicho anteriormente, ellos practicaron una
serie de ritos con el fin de saciar su sed espiritual; esto fue imposible encontrarlo en sus costumbres
religiosas-paganas.
Pese a esta situación que invadía a estas dos culturas, se constituyeron en un terreno propicio
para asimilar las costumbres religiosas judías (y aquéllas también influían en los judíos), en las que
muchos, al adherirse, encontraron satisfacción a su sed espiritual. Berr dice:
“Las necesidades religiosas de los paganos de aquel tiempo, ya no se satisfacían con las
viejas religiones nacionales, ya se orientaban, cada vez más con una decisión más clara,
hacia las creencias y los cultos de oriente. Gran ventaja para el judaísmo, también religión
oriental, pero más pura, más desembarazada del ritualismo inquietante y del desmesurado
misticismo que todas las otras.” 31
A pesar de la influencia de las religiones orientales sobre el helenismo, la judía era más
completa, pues en ella se daba un monoteísmo puro, la piedad era un factor inherente en la relación
estrecha con la divinidad, tenía la Torá, un código moral completo que señalaba perfectamente el
camino a quien se sometía a ella, la esperanza de la resurrección era muy pertinente por sus
proclamaciones mesiánicas.32
Los escrúpulos de los judíos hacia los gentiles y sus costumbres paganas, les ganaron el odio y
la aversión de éstos; sin embargo, muchos gentiles adoptaron el judaísmo y la Torá como su norma de
vida.
El proselitismo fue muy numeroso en las ciudades como Alejandría y Antioquia; en Damasco
casi todas las mujeres pudieron adherirse; el número fue tal, que muchos apostataron nuevamente.
Luego, el número de los “temerosos de Dios”, quienes no eran prosélitos en todo el sentido de la
palabra, por no llenar todos los requisitos, era mucho mayor en tiempos apostólicos.33
La circuncisión era uno de los impedimentos más grandes para aceptar la fe judía y, por tal
razón, muchos se conformaban con observar ciertos aspectos de la ley con el fin de ser recipientes de
las promesas judías; pero no eran bien vistos. Sin embargo, formaban parte de la sinagoga, como
símbolo de haber renunciado a sus dioses paganos, y de su adhesión al culto judío. No se les
consideraba como miembros de la comunidad cultural judía, y sólo eran llamados “temerosos de Dios”.
12
Un ejemplo de este caso lo podemos observar en el libro de los Hechos de los Apóstoles: el
Centurión de la Compañía llamada la Italiana, Cornelio de Cesarea. La Palabra de Dios lo describe
como “piadoso y temeroso de Dios…”.34
Los prosélitos que aceptaban todas las condiciones para ingresar al judaísmo, eran
circuncidados y luego bautizados; y el efecto del baño bautismal era el suprimir la impureza levítica.
“Consistía en una inmersión total, que iba acompañada de una especie de alocución bautismal. Sus
efectos eran definitiva incorporación a la comunidad de Israel y la liberación de toda impureza
pagana”.35
J. Leopoldty y W. Grundmann agregan:
“En todo caso, se aplicaba a los prosélitos el dicho de que “el prosélito se asemeja en su
incorporación (al judaísmo) a un niño recién nacido”; esto quiere decir que ni Dios ni los
estudiosos de la Torá tenían en cuenta su primitivo modo de vida pagana, pero también que
se estimaban rotos sus vínculos naturales, de parentesco y nacionalidad.
En efecto, a partir de ese momento era considerado como miembro del pueblo de la Alianza
de Israel, aunque no estaba obligado a la observancia de toda la Torá y se le estimaba judío,
como ponen de manifiesto las inscripciones.” 36
En este tiempo, el bautismo era exigido a las mujeres como un símbolo de purificación, pero
después de la preponderancia de la escuela de Hilel, hacia fines del siglo I, fue considerado como un
rito de iniciación.37
2. La práctica de los Esenios
En el período intertestamentario, especialmente en los dos últimos siglos, surgieron algunas
sectas religiosas y otras de índole político. Entre las más importantes están las de los fariseos, los
saduceos, los esenios y los zelotes.38
En el presente estudio se hace necesario hablar acerca de los esenios y, sobre todo, de su vida
religiosa, debido a que la práctica bautismal era parte inherente de su vida piadosa.
Todos los autores y eruditos de la historia afirman que su origen es incierto, por tanto, hay que
limitarse a decir que su nombre estaba conectado con el sentido de la palabra griega “hosios”, que
significa “santo”.39
Según Josefo, los esenios se dividían en cuatro clases, no dice cómo, pero Shurer ha supuesto,
con mucha verosimilitud, que se trataba de niños, de novicios de los dos grados y de los hermanos,
propiamente dichos.41
Es interesante mencionar que, aunque hay diferencias de opinión en cuanto a quiénes integran
estos grupos (Josefo dice que admitían a niños; Filón dice que sólo a adultos), el autor Henry Berr hace
resaltar la existencia de un noviciado que incluía dos períodos, uno de un año y otro de dos años; y que
un baño ritual marcaba el paso del primero al segundo.42
13
La rigurosidad de los esenios era muy semejante a la de los fariseos, en cuanto a la vida
ascética; pero aun mayor, su influencia en la vida judía era pertinente. Según Tenney, muchas de sus
tendencias ascéticas son comparables, en algunos aspectos, con las del monasticismo que se desarrolló
en la Iglesia Primitiva. La relación con la vida judía es tal, que algunos han pretendido que Juan
Bautista y Jesús fueron esenios, o, por lo menos, influidos por éstos.43 Tal afirmación no es sostenible,
pues el ascetismo esénico contrasta con el cristianismo.
Es probable que las costumbres y prácticas rituales (el bautismo) de los esenios, sirvieran como
trasfondo al cristianismo y ejercieran influencia en la vida religiosa judía del primer siglo A. C.
Henry Berr, hablando de los Esenios, termina así:
“Lo que efectivamente nos interesa en el esenismo no es solamente que haya sido algunas
veces sospechoso de haber engendrado a Jesús, es que nos muestra en el plan de la ortodoxia
judía una asociación de pietistas escrupulosos que superpuso a la Torá una regla de vida, una
disciplina, especulaciones, prácticas rituales, propiamente extrañas a la tradición yahveísta
normal y que hacen penetrar el espíritu, así como las representaciones de una gnosis
cosmológica, en la religión nacional. Y nos ofrece una muestra muy notable de
sorprendentes floraciones religiosas que pudieron expandirse en la vieja tierra judía”.44
Tanto los esenios, como la práctica bautismal proselitista, debieron ejercer una influencia
imaginable en la práctica posterior.
3. La Comunidad de Qumrán
Los descubrimientos de los manuscritos antiguos en el año 1947, sobre las alturas del Mar
Muerto, y una serie de investigaciones realizadas, hablan sobre la vida religiosa de la comunidad de
Qumrán.
Para Tenney es difícil establecer paridad en semejanza con los esenios, pues la comunidad de
Qumrán se diferencia en muchos aspectos rituales, como ofrecer sacrificios en el templo, que los
esenios no hacían; algunos se casaban, mientras que los esenios se abstenían del matrimonio por
motivos de pureza. También dice:
“El parecido entre el grupo de la colonia de Qumrán y la descripción que Josefo hace
del grupo de los esenios es bastante fuerte para servir cuando menos de base a una
relación entre ambos si es que no se puede concluirse que eran totalmente idénticos”.45
Una de las semejanzas entre los esenios y la comunidad de Qumrán, es que ambos enfatizaban
la pureza. El ascetismo riguroso de los esenios era resultado de su anhelo por encontrar la pureza. Los
de la comunidad de Qumrán, también la enfatizaban.46
Había mucha similitud en la práctica de ritos, tanto los esenios como los de Qumrán,
observaban el bautismo y su comida ritual. En la comunidad de Qumrán se practicaba el bautismo
como un rito de iniciación y purificación para pertenecer a la comunidad, después de un período de
prueba.47 Pedro Gringoire, hablando sobre los manuscritos de Qumrán, dice que el rito no ejercía un
poder mágico, sino tenía que ser precedido por un arrepentimiento sincero.
14
El dice:
“Sus dos ritos principales eran la ablución lustral, o bautismo, y la comida común. La
primera por inmersión en uno de los estanques, debía ir precedida por el arrepentimiento
y la purificación espiritual. Era el símbolo de una purificación que ya había tenido lugar
antes, y no un medio o símbolo de una purificación simultánea o futura.
El transgresor (…) no puede “purificarse con baños en agua”. “Las abluciones se
repetían de tiempo en tiempo. Y según parece no intervenían en ella un oficiante, sino
que cada quién se las administraba a sí mismo”.48
CONCLUSIÓN
Resumiendo lo expuesto en el desarrollo de los antecedentes del bautismo en agua, se puede
decir:
1. El agua es un elemento muy conocido para el pueblo judío desde sus orígenes. Lo sabemos por
las distintas evidencias bíblicas en el Antiguo Testamento, en que el agua es concebida como
símbolo de pureza.
2. Durante el período intertestamentario, el pueblo judío mantuvo un contacto muy cercano con los
pueblos circunvecinos, quienes practicaban desde mucho tiempo antes una serie de ritos y
ceremonias religiosas, incluyendo el bautismo en agua, como parte de la adoración a sus dioses.
Es muy probable que la práctica bautismal judía, como rito de iniciación, tenga sus raíces en
estas prácticas de las religiones mistéricas.
Al menos se puede decir con certidumbre, que los gentiles acostumbraban estas prácticas mucho
tiempo antes que los judíos.
3. Los judíos practicaron el bautismo en agua, con mucho énfasis, desde el período
intertestamentario, y, especialmente, en los dos últimos siglos A. C. Esto es observable en la
expansión de la fe judía por medio del proselitismo en la comunidad esénica y en la de Qumrán.
Lohfink dice que en el período post-exílico las purificaciones rituales crecieron
desmesuradamente, y que los lavamientos prescritos en el Antiguo Testamento alcanzaron un
nivel hasta la inmersión completa. La comunidad de Qumrán muestra que por esta época se
traspasa ya el ámbito de lo puramente ritual, “en la regla de la comunidad se habla de lavatorios
en conexión con conversión y recepción del Espíritu”. 49
4. Todas estas prácticas bautismales muestran que los judíos estaban plenamente familiarizados con
el bautismo en agua. Y aunque no se acepta que el bautismo cristiano tenga su modelo en
algunas de estas prácticas, se puede decir con mucha certidumbre que constituyen un factor
determinante en la práctica apostólica, como una base donde se cimentaría el edificio del
bautismo cristiano.
15
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
1. A. Hamman, El Bautismo y la Confirmación. (Barcelona: Editorial Herder, 1977, 3a. Edición).
p. 24.
2. Lv. 11:32,40.
3. Lv. 14:8; 15:3-13, 18.
4. Hamman, op. cit., p. 23. Las alusiones citadas por el autor, son tomadas de libros apócrifos; por
tanto, no están incluidos en el Canon del Antiguo testamento.
5. Salvador Vergés, El Bautismo y la Confirmación. (España: Editorial Apostolado de la Prensa,
S.A., 1972). p. 19
6. Is. 44:3.
7. Vergés, op. cit., p. 19.
8. D. H. Small, Las Bases Bíblicas para el Bautismo de los Infantes. (México: Talleres de
Tipográfica Indígena, 1971). pp. 127-133.
9. Merrill C. Tenney, Nuestro Nuevo Testamento. Una Perspectiva Histórica Analítica. (U.S.A.:
Editorial Moody, 1973). p. 145.
10. Henry Berr y otros, La Evolución de la Humanidad. El mundo judío hacia los tiempos de Jesús.
(México: UTEHA, 1959, Tomo 43). p. 196.
11. Tenney, op. cit., pp. 90-97.
12. Karl Kautsky, Orígenes y Fundamentos del Cristianismo. (Salamanca: Ediciones Sígueme,
1974). p. 259.
13. Douglas Feaver, El Mundo en que Vivió Jesús. (San José: Editorial Caribe, 1972). p. 7.
14. Ibid.
15. Diccionario Enciclopédico U. T. E. H. A. (México: UTEHA, 1968, Tomo II). P. 191.
16. Vergés, op. cit., p. 22.
17. A. Robert y A. Feuillet, Introducción a la Biblia. (Barcelona: Editorial Herder, 1970, 3a.
Edición, Tomo II). p. 49.
18. Ibid, p. 50.
19. Ibid, p. 49.
16
20. Ibid, pp. 49, 50.
21. D. S. Russell, El Período Intertestamentario. (El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1973).
pp. 16, 17.
22. Robert, Feuillet, op. cit., p. 49.
23. Russell, op. cit., p. 19.
24. Véase, Macgregor and Purdy, Jew and Greek: Tutors Christ. The Jewish and Hellenistic
Background of the New Testament. (Edimburgh:The Saint Andrew Press, 1959, Second
edition). pp. 273-329., los autores ahondan el tratamiento del tema sobre las religiones
mistéricas en el helenismo, sus prácticas rituales, y sus contactos o roce con el judaísmo.
25. Feaver, op. cit., pp. 69,70.
26. S. G. F. Brandon, Diccionario de Religiones Comparadas. (Madrid: Ediciones Cristiandad,
1975, Tomo I). pp. 284,285.
27. Russell, op. cit., p. 37.
28. Kautsky, op. cit., p. 249.
29. Ibid, p. 261.
30. Ibid.
31. Berr, op. cit., p. 213.
32. J. Leipoldty, Grundmann, y otros, El Mundo del Nuevo Testamento. Madrid: Ediciones
Cristiandad, 1973, Tomo I). P. 322.
33. Ibid, p. 324.
34. Hch. 10:2
35. Gerhard Lohfink, “El Origen del Bautismo Cristiano”, Selecciones de Teología. (Barcelona,
España, No. 63, Julio-septiembre de 1977). p. 229.
36. Leipoldty, Grundmann, op, cit., pp. 323,324.
37. Mario Righetti, Historia de la Liturgia. (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1955, Tomo
II). pp. 638, 639.
38. Tenney, op. cit., pp. 138-145.
39. Ibid, p. 141.
17
40. Ibid.
41. Berr, op. cit., p. 168.
42. Ibid, pp. 167, 168.
43. Tenney, op. cit., p. 142.
44. Berr, op. cit., p. 176.
45. Tenney, op. cit., p. 144.
46. Véase, Pedro Gringoire, “Los Manuscritos de Qumrán”. (México: Casa Unida de Publicaciones
1971). p. 14., cp Tenney, op. cit., p. 143. Los autores hablan sobre la vida religiosa de la
comunidad de Qumrán, y su énfasis sobre la pureza.
47. Tenney, op. cit., p. 143.
48. Gringoire, op. cit., p. 14.
49. Lohfink, op. cit., p. 229.
18
CAPÍTULO II
ENSEÑANZA DE JESÚS ACERCA DEL BAUTISMO EN AGUA
A. EL PAPEL DEL BAUTISMO EN O CON AGUA EN EL MINISTERIO DE JUAN EL
BAUTISTA.
Después de un largo período de tiempo entre el Antiguo y Nuevo Testamento, Dios visitó a su
pueblo por medio de Juan el Bautista, quien traía un mensaje vespertino que afectaría el destino del
pueblo de Dios (Israel) y del mundo entero, con buenas nuevas de esperanza.
Se cree necesario incluir el ministerio de Juan el Bautista, en primer lugar como introductorio a
las enseñanzas de Jesús, y debido al enlace que caracteriza los ministerios de estos dos personajes. Es
notorio cómo el ministerio de Juan desemboca en el de Jesús, y aquél mengua y termina mientras Jesús
comienza su ministerio público.1
En segundo lugar, es aquí donde muchos intérpretes de la Biblia ven el origen del bautismo
cristiano, el cual se cree que fue encomendado por Jesucristo y practicado por la Iglesia Primitiva.2
En último lugar, se cree que el bautismo en agua practicado por Juan proporcionó una
influencia en la mentalidad apostólica, y en su práctica subsecuente al mandato de la Gran Comisión
dada por Jesucristo.
Para esto es necesario destacar algunos aspectos del ministerio de Juan el Bautista.
1. El Objetivo del Ministerio de Juan el Bautista
En el siglo VIII A. C., al profeta Isaías se le reveló, por parte del Altísimo, el objetivo del
ministerio de Juan.
“Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a
nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se
enderece, y lo áspero se allane.
Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente le verá; porque la boca de
Jehová ha hablado.” 3
Sabemos con certidumbre que era una profecía sobre Juan el Bautista, porque al inicio de su
ministerio, él mismo se identifica como el cumplimiento de ésta, y lo hace citando casi literalmente lo
anunciado por Isaías.4
Haciendo un estudio comparativo sobre los pasajes que hablan del ministerio de Juan, diríamos
que el objetivo central de su ministerio era “preparar el camino del Señor”, lo que incluía: preparar al
pueblo judío por medio de un llamado al arrepentimiento; el anuncio de que el Reino de Dios se
acercaba; 5 y la presentación del Mesías prometido al pueblo de Israel, para que éste lo conociera y lo
recibiera como el enviado de Dios, lo cual realizó en la parte final de su ministerio.6
19
Esto es confirmado en la declaración siguiente:
“Juan tenía una misión doble. La primera era para el pueblo de Israel, trayendo al
arrepentimiento y a la fe del pacto de sus padres; y expresando esta transformación por el
bautismo. La segunda era la de ser el precursor del Mesías, anunciando su venida e
identificándole delante del pueblo. Dentro de esta segunda fase de su misión, Juan había de
reconocer a Jesús como el Mesías y darle posesión a su ministerio mesiánico…”. 7
2. El mensaje central de Juan el Bautista
Habiendo aclarado específicamente la misión de Juan el Bautista, durante su corto ministerio
como precursor del “Cordero de Dios” que quita el pecado del mundo,8 será fácil entender lo que la
Biblia dice en cuanto a su mensaje o predicación.
La palabra de Dios, por medio de los tres evangelistas sinópticos, aclara enfáticamente que el
mensaje de Juan era: “exhortar al pueblo al arrepentimiento para perdón de pecados, y ser librados del
juicio de Dios”.
Mateo 3:1-2 Marcos 1:4 Lucas 3:3
“En aquellos días vino Juan
el Bautista predicando en el
desierto de Judea, y
diciendo: Arrepentíos,
porque el reino de los cielos
se ha acercado.”
“Bautizaba Juan en el
desierto, y predicaba el
bautismo de
arrepentimiento para
perdón de pecados.”
“Y él fue por toda la región
contigua al jordán, predicando
el bautismo del
arrepentimiento para perdón
de pecados.”
Debemos aclarar que el bautismo de agua practicado por Juan a quienes confesaban sus
pecados, era parte inherente de su predicación sobre el arrepentimiento.
También Mateo agrega la frase “porque el reino de los cielos se ha acercado”, que es otro
aspecto del mensaje de Juan.
Max Meinertz, hablando sobre el mensaje de Juan el Bautista, referente al reino de Dios, dice:
“Así, pues, el reino de Dios era bien futuro. En este punto, lo nuevo y sensacional de la
predicación del Bautista era el anuncio de su proximidad (ή γ γ ι κ ε ν ). Lo que los
profetas habían predicho para un futuro incierto, y cuya proximidad sólo había
anhelado vehementemente en realidad. Las palabras del Bautista no podían entenderse
más que en el sentido de que Dios mismo había de instaurar definitivamente el feliz
estado de su dominio absoluto”. 9
Small dice: “Debemos sacar en conclusión que la misión de Juan era preparar el camino del
Señor, y que su ministerio fue preparatorio, introductivo, transitorio, y que confería autoridad”.10
Parece modesto decir, que aun Juan consideró su ministerio como un factor preliminar para el
ministerio del Mesías, lo cual se observa por la manera de enjuiciar su propio bautismo.11
20
Por tanto, se deriva que el ministerio de Juan Bautista sirve como un enlace entre el Antiguo
Pacto y el Nuevo; venía a confirmar el cumplimiento de las profecías hechas por los profetas en cuanto
a la Persona de Jesucristo. Se reconoce que esto es un punto de disputa, pues algunos teólogos creen
que Juan forma parte del Nuevo; pero esto no es comprobable, pues Jesucristo mismo dijo que Juan el
Bautista es el mayor de los profetas nacidos de mujer.12
Small está de acuerdo con este punto, cuando expresa que Juan está más íntimamente ligado a
la antigua dispensación que a la nueva, y que es un eslabón de contacto entre las dos dispensaciones.13
Al venir Jesucristo, el ministerio de Juan había cumplido ya su misión y, por tanto, debía cesar.
El teólogo inglés, Roberto Barclay, al presentar su defensa al rey Carlos II de Inglaterra, con el
fin de justificar y sustentar bíblicamente sus creencias, hablando sobre la afirmación de Juan “Es
necesario que él crezca, pero que yo mengüe”, dice:
“De esto resulta que el crecer o el tomar de lugar del bautismo de Cristo es el menguar o el
abolir el bautismo de Juan; así que si el bautismo con agua fue una parte particular del
ministerio de Juan, y no parte del bautismo de Cristo (…) es lógico, pues, que no debe
continuar.” 14
Otro aspecto del mensaje de Juan el Bautista es el testimonio breve que hace de la persona de
Jesucristo. Es un testimonio lleno de contenido y esperanza, para un pueblo que estaba esperando
vehementemente el cumplimiento de las promesas de Dios sobre el Reino Mesiánico. Todo lo que
Juan dice de Jesús es parte integral de las buenas nuevas sobre el establecimiento del Reino de Dios,
que sería establecido por Jesús.
Juan presenta a Jesucristo como el que bautizaría con el Espíritu Santo y fuego,15 como el “Juez
divino”,16 el “Cordero de Dios”,17 y como el “Hijo de Dios”.18
En relación con su mensaje, se diría que la misión de Juan era profética, y que Jesucristo es en
quien se cumpliría todo lo que él anunciaba. Sin embargo, Juan no introduce nada nuevo para ser
observado, pues todo lo anunciado por él era profecía que se estaba cumpliendo; pero sí, demandó una
preparación plena.
Max Meinertz dice:
“Según los datos que poseemos, no parece que el Bautista haya descrito detalladamente
las bendiciones que había de traer el reino de Dios; tampoco anunció una nueva ley para
la vida de los hijos de Dios.
Lo que se exige es genuina preparación para el gran acontecimiento.”19
3. La función del bautismo en agua en el ministerio de Juan Bautista
Suponemos que todos los teólogos reconocen a Juan como enviado de Dios, como el precursor
de Jesucristo para preparar al pueblo, a fin de que éste lo reconociera como el Mesías prometido;
también hay acuerdo casi general sobre el mensaje central de Juan.
21
Sin embargo, surge una controversia en cuanto a la interpretación de la práctica externa con el
bautismo en agua; a esta práctica se le dan diversas interpretaciones, de acuerdo con la teología
bautismal de cada teólogo. Esto es natural, pues cada uno afirma que permanece en la verdad,
mostrando sus evidencias que parecen sólidas.
Una de estas interpretaciones es la sostenida por aquellos que afirman que Juan es el iniciador
del bautismo cristiano, y que más tarde es confirmado por Jesucristo al encomendarlo en la Gran
Comisión. Además, afirman que tal práctica fue administrada por Juan por medio de una total
inmersión, y que no hay otra forma bíblica, excepto ésta.20
La otra interpretación importante la defienden quienes afirman que el bautismo de Juan cesó al
concluir su ministerio. Por tanto, aquél no tiene nada que ver con el bautismo cristiano, el cual fue
instituido por Cristo, está asociado con el descenso del Espíritu Santo, y es el rito iniciatorio de la
entrada en la Iglesia. Además, afirman que fue practicado por aspersión.21
Al presentar las dos interpretaciones anteriores no se está restando importancia al bautismo de
Juan practicado en su tiempo; pero se cree necesario interpretar su significado con base en el mensaje
central de su ministerio, pues esto elimina su importancia.
La Palabra de Dios, dice al respecto:
a. Era un bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. “Bautizaba Juan en el desierto, y
predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados”.22 El bautismo es inherente a la
acción del arrepentimiento, y la preposición “ε ί ς “, usada por Mateo, sirve para designar el propósito
por el cual era administrado el rito.23
Juan aplicaba el bautismo en agua con el propósito de señalar o identificar a aquéllos que se
habían arrepentido sinceramente, como un testimonio de su decisión; a éstos les garantizaba el perdón
como recipientes de la promesa de Dios.
La Palabra de Dios es clara al ejemplificar el caso, cuando Juan el Bautista rehusó bautizar a
algunos fariseos que no demostraron un arrepentimiento sincero; además, los acusó de hipócritas y los
exhortó a mostrar frutos dignos de arrepentimiento. Esto confirma que Juan administraba el bautismo
como un sello o testimonio externo de aquellos que creían a su mensaje y se comprometían a esperar
vehementemente la promesa del Mesías.24
b. No un bautismo para perdón de pecados.
Sería antibíblico entender literalmente la frase “bautismo de arrepentimiento para perdón de
pecados”. Observando el contexto bíblico, se diría que es el arrepentimiento el factor indispensable
para recibir el perdón de pecados, era el mensaje central de Juan como preparatorio para participar de
la promesa anunciada. Luego, entonces, el bautismo en agua iba unido al arrepentimiento del penitente,
no como un sello que garantizara el perdón, pero sí, como un acto simbólico de la obra de Jesucristo en
los corazones de los hombres. En este sentido, se diría que tal bautismo tenía un carácter profético.
c. Al objetivo de la práctica bautismal por Juan el Bautista, se han sugerido muchas alternativas.
22
S. H. Small, dice:
“Representaba la purificación de pecado por el arrepentimiento, y la fe en el que había de
venir. También significaba la identificación renovaba del pecaminoso pueblo de Israel, con
las promesas del pacto de Dios a la nación…
El símbolo exterior de esta transformación, grabada interiormente, era el bautismo. Así, el
bautismo de Juan representaba la señal y el sello del arrepentimiento, de la fe, de la limpieza
y de la restauración a las condiciones de fidelidad del pacto.”25
A. Hamman, representante de la teología católica, dice que este bautismo preconizado por Juan
quiere expresar que Dios interviene para operar la conversión y la remisión de pecados.26
El teólogo Max Meinertz, hace su aporte de la siguiente manera:
“Este bautismo era una confirmación de los sentimientos de penitencia del bautizado, el
cual, al recibirlo, hacía algún género de confesión de sus pecados (Mt. 3:6; Mr. 1:5) y
después recibía la certidumbre de que Dios le había perdonado… Sin embargo, aquel
bautismo era más que una simple expresión de los sentimientos de penitencia. Y estos
afectos se debían precisamente a que era una señal de que se reconocía la inminencia
del reino de Dios.” 27
Un aspecto importante es que el bautismo de Juan tuvo un impacto indiscutible. Además, su
importancia es respaldada por la Palabra de Dios, aunque es difícil establecer sus atributos concretos,
porque la Biblia no los especifica. Posiblemente, Juan lo usó también como símbolo del bautismo de
Jesucristo con el Espíritu Santo. De todas maneras, este rito era provisional y profético, y tenía que
menguar al aparecer lo profetizado: la verdad en sí.
Meinertz agrega: “Pero lo peculiar de Juan no reside en el acto del bautismo como tal, (…) en la
inmersión en el agua para conseguir la purificación simbólica. Pues los baños culturales eran cosa
conocida ya en el judaísmo…”. 28
Hamman agrega:
“Este rito bautismal es a la vez provisional y profético. Está centrado en la inminente
venida del Mesías, que le otorga la ejecución histórica y realiza su significado.
El cometido de Juan es preparar al Señor un pueblo bien dispuesto y manifestar el
Mesías a Israel. Aún cuando la materialidad del rito subsiste más allá de la misión de
Juan, el Mesías le dará un significado nuevo en el Espíritu”. 29
Es indiscutible que al terminar el ministerio de Juan terminaría también su bautismo. Juan
profetizó al respecto, así: “Yo a la verdad os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu
Santo”.30
B. ENSEÑANZA DE JESÚS SOBRE EL BAUTISMO EN AGUA.
1. El bautismo de Jesús efectuado por Juan el Bautista
23
Al hablar de la enseñanza de Jesús sobre el bautismo en agua, se hace necesario analizar el
bautismo de Jesucristo administrado por Juan, pues muchos ven en este acto una enseñanza clara de
que el Señor dio un ejemplo de obediencia a los preceptos divinos.
A. S. Rodríguez dice:
“Pero Cristo no sólo es bautizado para cumplir como humano con las exigencias de una
ordenanza que había sido divinamente instituida, sino que al someterse al rito, da a sus
discípulos de todos los siglos y de todas las naciones, una lección objetiva de obediencia a
los mandamientos divinos”. 31
S. E. Anderson, cree que Jesucristo se bautizó para ser un ejemplo de justicia (Juan 13:17;
14:15), y que nosotros debemos seguir su ejemplo, así como Él se bautizó.32
Hay diversidad de criterios en cuanto a las razones que la Biblia da sobre el por qué Jesús fue
bautizado. Se incluirá el criterio de diferente opinión teológica, para sustentar los resultados de la
interpretación bíblica. Se comenzará por mencionar las causas por las que Jesús no se bautizó, con la
aclaración de que el lector debe tener en mente lo expuesto sobre el ministerio de Juan el Bautista.
a. El bautismo de Juan era para arrepentimiento, pero Jesús es Santo en plenitud. Por tanto, no
necesitaba bautizarse en señal de arrepentimiento, confesando sus pecados.
b. Jesús no se bautizó para reconocer la superioridad del ministerio de Juan el Bautista. ¿Por qué Juan
se rehusaba a bautizar a Jesús? Los pasajes bíblicos ,33 al menos mencionan dos razones:
a) Jesucristo, al llegar para ser bautizado por Juan, le responde: “Deja ahora, porque así conviene que
cumplamos toda justicia”.34
Para entender las palabras de Jesús es necesario entender el sentido de la palabra griega. La
palabra “justicia”, tiene un sentido legal que implica el cumplimiento legal de la ley, y, en este sentido,
Jesús se bautizó a fin de cumplir con todas las demandas de la ley judía como un buen israelita; de
igual manera, lo sometieron a la circuncisión a la edad de ocho días.35
Por tanto, le era necesario bautizarse como un cumplimiento de la ley, pues el ministerio de
Juan todavía estaba bajo esta dispensación, y Jesús expresó su relación de sumisión a la ley y los
profetas.36 Roberto Barclay dice que a Jesús no sólo se le circuncidó, sino que Él también se sometió
al ministerio de Juan y guardó las fiestas y ritos judíos. Ésta fue la razón que Jesús dio a Juan para que
lo bautizara.37
En el mismo sentido legal de la palabra “justicia”, la ley exigía o demandaba pena de muerte
por el pecado humano.38 Entonces, al ser bautizado, Jesucristo estaba identificándose con el pueblo, no
como un pecador, pero sí como un Redentor, asumiendo su ministerio como Mesías y como el Cordero
que derramaría Su sangre para redención de la humanidad.
El apóstol Pablo dice que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros
maldición…”;39 Chafer menciona la interpretación de que Cristo, mediante el bautismo, se identificó
con los pecadores, tomó el lugar de ellos y cumplió su propósito al morir en la cruz.40
24
b) El apóstol Juan, al narrar el testimonio de Juan el Bautista, expresa la segunda razón: “Y yo no le
conocía; más para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua”.41
Juan el Bautista pudo haber manifestado a Jesús como el Mesías prometido, sólo por medio de
su mensaje; pero aquí, Juan relaciona su bautismo con la identificación de Jesús para el pueblo. Esto
implica que fue necesario que Jesús se bautizara, para que el pueblo lo reconociera, por medio de esta
identificación objetiva. Este testimonio público sería confirmado por el Padre, cuando diera testimonio
de él por medio de la voz del cielo.42 Este testimonio del Padre identificaría a Jesucristo como Hijo de
Dios, ante Juan y ante el pueblo.
De esto se deduce que Jesús también se bautizó como señal objetiva de la inauguración de su
ministerio, como el Mesías y Salvador del mundo. Los evangelistas sinópticos dicen que Jesús fue
llevado al desierto por el Espíritu de Dios, para ser tentado,43 así, sería probada su fidelidad en el
comienzo de su ministerio.
Además de las razones bíblicas que explican el por qué Jesús se bautizó, se pueden citar a
escritores que hablan de este asunto. Rodríguez dice: “El bautismo de Cristo fue su consagración
pública a la obra para la cual había sido enviado, y en él recibió la unción divina para esta obra”44
Hamman agrega que Dios, por medio de la voz del cielo, distingue a Jesús de los pecadores y proclama
e inaugura su misión mesiánica. “La escena se presenta como la consagración pública y solemne de su
misión profética, regia y mesiánica”.45
El doctor Chafer no ve relación alguna entre el bautismo de Cristo y el cristianismo, ni mucho
menos en la forma en que Jesucristo fue bautizado, debido a una gama de razones que hicieron único el
acto de Cristo al bautizarse. Él dice:
“Si admitimos que el bautismo cristiano representa la crucifixión, la muerte, la sepultura y la
resurrección, no hubiera habido sentido en el hecho de que Cristo hubiera ordenado que los
cristianos cumplieran lo que él iba a cumplir esencialmente.
… Si aceptamos que el bautismo cristiano es una señal y un sello de la presencia y de la obra
del Espíritu Santo en el creyente en Cristo, eso es igualmente extraño a cualquier aspecto del
programa de Cristo. El bautismo de Cristo, fue un acto oficial y nosotros seguimos a Cristo
en lo moral y no en asuntos oficiales. Se pueden demostrar igualmente que el bautismo de
Cristo es diferente del bautismo usual de los cristianos”. 46
Si la Biblia no se ha equivocado al expresar las razones para el bautismo de Jesucristo, no se
puede encontrar evidencia para sustentar la posición de que así como Él se sometió al bautismo de Juan
en obediencia al Padre, así también nosotros debemos hacerlo siguiendo Su ejemplo.
Concluiremos indicando que el bautismo de Jesús pudo haber tenido un efecto imaginable en la
vida de los apóstoles y de la Iglesia Primitiva, como factor determinante en la práctica bautismal.
2. El significado de la palabra “β α π τ ι ζ ω ” en las enseñanzas de Jesús.
Es necesario enfatizar que en los Evangelios no se encuentra una enseñanza específica sobre la
práctica del bautismo en agua. Para muchos será una declaración escéptica o radical, pero no se
pretende tomar una actitud de esa índole. Lo que sí deseamos es apegarnos a la Palabra de Dios para
25
hacer un estudio desinteresado sobre las distintas ocasiones en que Jesús mencionó la palabra
“baptízo”, o algunos de sus derivados.47
En muchas ocasiones Jesús menciona la palabra “agua”48 sin hacer alusión al rito bautismal,
sino a otros aspectos que no conciernen al presente trabajo; por tanto, no se tomarán en cuenta en el
estudio a realizarse.
Entre los pasajes a considerarse, están:
Mateo 20:22; Marcos 10:38.
Para la interpretación de estos pasajes es indispensable considerar el trasfondo, o el hecho que
motivó a Jesús a expresar la palabra “baptízo”, o sea, la petición de Jacobo y Juan.
La petición de ellos estaba relacionada con el futuro reino de Jesucristo, pero ignoraban la
verdad de que para establecer dicho reino, Jesús tenía primero que destruir el reino satánico por medio
de su muerte en la cruz del Calvario.
Jesús, al hacerles la pregunta, “¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con
el bautismo con que yo soy bautizado?”, se está refiriendo a un bautismo de sufrimiento, de muerte.
Anderson, refiriéndose a estos versículos, dice: “Los anteriores versículos son otro ejemplo del
uso metafísico de la palabra bautizar. Los sufrimientos de la crucifixión que le esperaban al Salvador
habrían de abrumarlo”.49 Esta verdad es comprensible sin necesidad de seguirla discutiendo; sin
embargo, el Dr. Clarke añade al tema, que Juan y Jacobo participaron de las aflicciones de Cristo.50
La frase “ η̃ τ ό β ά π τ ι σμα ǒ έ γ ώ β α π τ ί ζ ομα ι β α π τ ι σ θ η̃ν α ι “, de los pasajes
estudiados, no aparecen en el evangelio de Mateo 20:22 en el idioma original. Josef Schmid dice que
la exposición de Marcos es la más originaria: “en el vs. 22b ha suprimido Mateo la imagen del
bautismo del dolor, innecesario junto a la del cáliz del martirio”.51
b. Lucas 12:50.
También se hace referencia a un bautismo de sufrimiento, de muerte; la angustia de Jesucristo
en esta ocasión era razonable, por la pena que sufriría al morir en la cruz. El concepto de bautismo
usado por Jesús al referirse a su muerte, es semejante al usado por Pablo en Romanos 6:3,4, al referirse
a la muerte de Jesucristo, como el medio provisto por Dios para dar muerte al pecado.
c. Mateo 21:25; Marcos 11:30; Lucas 20:4
Considerando el contexto, Jesucristo pregunta a los sacerdotes y ancianos del pueblo sobre el
bautismo de Juan; pero él, no está dándole el sentido en relación con una nueva institución del rito,
pues su objetivo es distinto. Él pregunta sobre el bautismo de Juan, en consecuencia de la provocación
causada por los sacerdotes y ancianos.
Para entender el sentido de la pregunta de Jesús, “El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del
cielo, o de los hombres?”, se debe expresar lo siguiente: 1) Jesús al hacer la pregunta tenía un propósito
específico: poner a los ancianos y sacerdotes en una emboscada sin salida, pues ellos habían rechazado
26
el bautismo de Juan por su incredulidad, y también estaban provocando a la autoridad divina de Jesús,
poniéndolo en tela de duda. 2) La frase “el bautismo de Juan”, se refiere tanto al mensaje central de
Juan, como al rito; o sea, que Jesús se refería en sí a la misión y ministerio de Juan el Bautista. 3) Este
pasaje no tiene un propósito educativo, sino apologético.
d. Mateo 28:19 y Marcos 16:16.
Son los otros pasajes en los que Jesús menciona la palabra “baptizo”; éstos serán tratados más
ampliamente en la próxima sección.
Small dice: “La gran comisión es el único pasaje donde Jesús ordenó que se administrase el
bautismo”.52
Si Small y otros comentaristas, que hacen la misma afirmación, tienen razón, necesitamos hacer
un análisis exegético de la Gran Comisión para comprobar positiva o negativamente la anterior
afirmación. Por el contrario, en los Evangelios hay muchas referencias al agua que no hablan de
bautismo. En los pasajes ya comentados no se encuentran evidencias de que Jesús enseñara la práctica
de un nuevo rito.
3. Análisis de la Gran Comisión.
¿Incluye la gran comisión el mandato de bautizar en agua? ¿La palabra “ β α π τ ί ζ ο ν τ ε ς ”,
tiene un significado más profundo que la simple práctica externa? ¿El mandato de bautizar incluye la
participación humana o divina? ¿Cuál es la esencia de la Gran Comisión? Éstas y muchas preguntas
más podrían derivarse de un análisis exegético de la Gran Comisión.
Este pasaje es el punto de partida de todas las iglesias evangélicas, y no evangélicas, para
considerar el bautismo en agua como un mandamiento de Dios, y para administrarlo dentro de la
Iglesia; y el no hacerlo equivale a desobedecer los mandamientos del Señor.
Un estudio concienzudo de la Gran Comisión53 enseñará la esencia concreta del significado que
Jesucristo quiso darle, considerando algunas interpretaciones a que los exégetas han sometido este
pasaje.
No se desea pasar por alto la impresión que los apóstoles pudieron tener al escuchar la Gran
Comisión de labios de Jesús. Quizá esto pudo influir para que ellos en un principio creyesen que Jesús
hablaba del bautismo en agua, lo que podría ser confirmado por la práctica inmediata del rito. Este
argumento no es sostenible, si se consideran algunas razones que explican el porqué de la presencia de
tal práctica, como el trasfondo histórico-religioso del bautismo y el celo religioso de los judíos.
Si esta interpretación ya mencionada fuese sólida, entonces sería necesario decir que la práctica
apostólica depende de la Gran Comisión. Sin embargo, Lucas expresa que las últimas palabras de Jesús
hacia sus discípulos incluía la promesa de un bautismo con el Espíritu Santo, y en lo sucesivo en el
libro de los Hechos, se observa la revelación progresiva del Espíritu Santo, haciéndolos recordar o
corrigiéndoles que el bautismo divino es con el Espíritu, y no con agua, y que éste se recibe sin
necesidad de aplicar el rito.
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La Gran Comisión pudo constituirse en una de las tantas razones que influyeron en la práctica
bautismal apostólica, pero no hay evidencia que garantice que ésta sea la principal o la única razón,
pues Lucas no dice que lo demandaran como mandamiento del Señor; si menciona un mandato de
bautizar, sólo describe la costumbre. Sin embargo, la tradición continúa con mucha fuerza, y su
enseñanza como mandamiento de Dios es imprescindible.
A. S. Rodríguez hablando de la práctica apostólica, como resultado de la Gran Comisión dice:
“Los apóstoles y primitivos cristianos comprendieron perfectamente el espíritu de la gran
comisión. No encontramos en el Nuevo Testamento indicio alguno de que ellos dejarán de
administrar el bautismo a las personas que ya habían creído, sino al contrario, ‘los apóstoles
hicieron evidentemente imperativo el bautismo en todo lugar, porque ellos no podían
obedecer la comisión sin hacerlo así’”. 54
No se cree necesario discutir la declaración del autor antes citado,55 pero se desea exponer
algunos factores externos e internos del texto, que explican las razones del por qué la Gran Comisión
no refiere a un mandato de “bautizar”.
a. Evidencias externas.
1) No es adecuado interpretar la palabra “bautizándolos” en Mateo 28:19, como el bautismo en
agua, porque en la Gran Comisión,56 no se menciona la palabra “agua” en conexión con el
mandamiento de bautizar.
Según la estructura del texto, la acción del verbo “baptizo” está unida y en conexión, no a una
sustancia (agua), sino a la esencia divina.
La interpretación más congruente podría ser el mandato de bautizar en agua, éste era el
bautismo conocido y practicado dentro del pueblo judío, y no se conocía otro sistema de bautismo; y
para muchos esto resulta obvio. Pero el texto indica que la substancia en que debe efectuarse el
bautismo es en el Nombre “del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”, y no en agua. Esto indica que
Jesucristo hablaba de un nuevo bautismo.
Se dice que, según el sentido técnico de la palabra “baptizo”, este mandato tiene que ver con el
bautismo ritual, pues no existe otro concepto sobre tal palabra; además, era el acostumbrado; pero éste
es un concepto muy limitado. Jesucristo, al usar esta palabra, lo hizo aplicándola a nuevos conceptos;
por tanto, no se puede limitar únicamente al bautismo en agua.
Roberto Barclay dice que es necesario poner a prueba a los que edifican su edificio sobre la
enseñanza del bautismo en agua en la Gran Comisión, pues el texto guarda silencio, y no existe razón
alguna para alejarse de su significado literal; es necesario verlo en globo, para una exacta
interpretación.57
Si Jesucristo hubiera deseado instituir el bautismo en agua, como sacramento de iniciación o de
recepción de la Iglesia, lo habría indicado más específicamente, pese a las implicaciones que esto
presentaría en el futuro. Es importante mencionar que, según las fuentes fidedignas de los Evangelios,
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no existe ninguna ocasión durante el ministerio de Jesús en que Él enseñara o hablara visiblemente del
bautismo en agua.
Seguramente al expresar el mandato de bautizar, estaba pensando en un concepto más
significativo, relacionado con la redención que ya había sido consumado por Él.
2) Otro factor externo, que no se puede eludir, es que Lucas y Juan el apóstol no mencionan el
mandato de bautizar en la Gran Comisión.58 ¿Por qué no lo mencionan? Sería difícil sustentar las
razones que expliquen tal fenómeno; sin embargo, mencionan el meollo de la Gran Comisión, que era
“anunciar el evangelio de Jesucristo para arrepentimiento y perdón de pecados”, el cual es tomado en
cuenta por los cuatro Evangelios.
Si el mandato de bautizar en agua fue instituido por Jesucristo, como un acto indispensable de
nuestro culto hacia Él para dar testimonio de nuestra fe, inevitablemente los autores debieron incluir
tal mandato en la Gran Comisión; pero no lo hicieron de todas maneras. Pero los dos evangelistas
hablan de la promesa del Espíritu Santo, que era la gracia de Dios revelada en el nuevo bautismo de
Jesucristo.
3) Si Jesucristo instituyó el bautismo en agua como un mandato para Su Iglesia, resulta lógico
preguntarnos por qué no dio una forma precisa y definida para su debida administración. Jesucristo
durante su ministerio, a pesar de sus limitaciones físicas, usó en muchas ocasiones algunos de sus
atributos divinos. En Su omnisciencia Él sabía que al instituir el bautismo en agua como mandamiento,
y no dar una forma exacta para su aplicación, traería problemas de interpretación en el seno de la
Iglesia; y no sólo esto, sino habría contiendas por las diferencias de criterios a que sería sometido tal
mandato.
Si él sabía esto en Su omnisciencia, resulta inconcebible aceptar que el Maestro no haya
considerado necesario dar una forma de administrarlo, a pesar de las secuelas que resultarían.
Posiblemente algunos objetarán que el bautismo por inmersión ya era conocido y practicado por los
judíos, y que, por tanto, no era necesario dar una forma precisa de cómo administrarlo. Otros dirían que
la forma de administrarlo no importa sino su significado, y por ello no fue necesario que Jesús se
interesara en detallarlo.
Entonces, se plantean dos alternativas: Si Jesús demanda el bautismo sacramental, como
muchos teólogos han pretendido demostrar, no es justificable por qué no diera una forma de cómo
debía administrarse, conociendo los problemas que esto traería en el desarrollo de la Iglesia. Si se
acepta que no era necesario explicar cómo administrarlo, entonces Jesús es cómplice de tales
contiendas y desacuerdos que hoy día existen en el pensamiento teológico.59
b. Evidencias Internas.
Las evidencias internas de dilucidarán como resultado del estudio exegético del texto, tomando
en cuenta las funciones idiomáticas en la lengua original.
El texto de Mateo 28:19 en el idioma original, es como sigue: ” π ο ρ εθ έ ν τ ε ς ο ύ ν
μα θη τ εύ σα τ ε παντα τά έ θ νη, β α π τί ζοντ ε ς α ύ τ ο ύ ς ε ί ς τό όνομα του ̃ πατρός
καί το υ ̃ υ ί ο υ̃ καί ά γ ίο ς π νε ύμα το ς ”.
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1. El significado de la palabra “ β α π τ ί ζ ω ”
A. Rodríguez, en su libro “Mensaje del Agua”, cita por lo menos a cuarenta y cuatro autores de
distintas denominaciones, sin incluir bautistas, quienes afirman que el significado principal de esta
palabra es: “Sumergir, zambullir, hundir, teñir, inmergir, lavar, sepultar, etc.” 60
Para ampliar más concretamente el significado de la palabra “baptizo”, citamos al teólogo
Chafer, quien ve dos significados en la palabra estudiada. Uno, que es el sentido primario, implica
“sumersión”: “Un envolvimiento físico (dentro de) en un elemento, el cual tiene poder para influenciar
o cambiar aquello que es envuelto”. El otro, el sentido secundario, lo define de la siguiente manera:
“Se refiere a una cosa que se ha traído bajo el poder transformador o influencia de otras cosas”.61
2) La función y acción verbal de “ βαπτίζ οντες ”
Está conjugado en “nominativo plural, masculino, participio presente, voz activa”.62
La función de “hacer discípulos” se realiza por la acción del bautismo, esto dando por sentado
el factor precedente e indispensable de la predicación del evangelio. La función del verbo
“bautizándolos”, puede ser denotada por la conjugación del verbo en participio, “que explica la manera
en que se realiza la acción del verbo principal”, en este caso sería un participio modal.63 El presente
muestra que la acción de bautizar es simultánea al verbo principal.64
O sea que el acto de bautizar sería la manera, o una de las maneras imprescindibles, en que se
realizaría el mandato de “hacer discípulos”. Este acto era tan importante porque cambiaría la relación
del hombre: de pecador arrepentido a discípulo del Señor; e incluiría un cambio de posición: el pecador
que está separado de Dios por sus pecados, al ser bautizado sería unido a la Trinidad. Este acto sería
realizado únicamente por el bautismo de Jesucristo con el Espíritu Santo; sin tal cambio de posición y
relación, no hay verdaderos discípulos.
Otro aspecto que se debe mencionar es la función de la voz activa. La mayoría de teólogos
interpretan la acción de “baptízontes”, como acción de los apóstoles, por estar en voz activa. La voz
activa “describe al sujeto como produciendo la acción o representando al estado expresado por la idea
verbal”.65
En este caso tratado, es posible que la función de la voz activa sea causativa, en el sentido que
“El sujeto está algunas veces representando como relacionado con la acción por medios
intermediarios”.66 Entonces, es posible que en la acción de bautizar de la Gran Comisión, aunque es
interpretada usualmente como la acción directa de los discípulos, que ellos fueran únicamente
representantes de la acción del verbo “baptízo”, como intermediarios de la acción divina de unir a los
creyentes con la Santa Trinidad, en el sentido de que ellos harían partícipes a los demás de la promesa
del bautismo con el Espíritu Santo.
Pero la mayoría de los teólogos tienen que interpretar la Gran Comisión añadiendo el mandato
de bautizar en agua como un mandamiento del Señor, para representar exteriormente la obra de
Jesucristo efectuada en el interior del hombre, cuando éste acepta el plan de salvación; cuando la
función del verbo está representando una acción más significativa, como la unión del creyente con la
Trinidad y el sometimiento a su autoridad, que no puede ser efectuado por una práctica sacramental.67
30
En reacción a la interpretación ya expresada, Roberto Barclay, afirma que la palabra “baptízo”
se refiere al bautismo con el Espíritu santo.
Él dice:
“El bautismo con el Espíritu, aunque no se hace sin Cristo ni su gracia, es hecho
instrumentalmente por los hombres preparados por Dios para ese propósito; de manera pues,
que no hay ninguna obscuridad en decir que el bautismo con el Espíritu se expresa como la
acción de los apóstoles.
Porque aunque es Cristo por su gracia quien da dones espirituales, siempre el apóstol habla
de impartir dones espirituales (Romanos 1:11); también les dice a los Corintios que él los
había engendrado mediante el evangelio (I Corintios 4:15). Sin embargo, engendrar
hombres en la fe es la obra de Cristo y su gracia, no de hombres…”. 68
3) Análisis de la frase “ ε ί ζ τ ό ő υ ομα ”.
Esta frase es indispensable analizarla haciendo un estudio muy cuidadoso de ella, por
constituirse en un aspecto importante para explicar la forma del bautismo encomendado, y sobre todo,
la “esencia del bautismo”.
Como la Gran Comisión no relaciona el verbo ” β α π τ ί ζ ο ν τ ε ς ” con la palabra “agua”, sino
que va unida a la frase “ ε ί ζ τ ό ό υ ομα ”, deducir a qué bautismo refiere Jesús, da lugar a mucha
discusión. Por eso es necesario analizar esta frase.
El teólogo Berkhof, hace un comentario sobre la frase “en nombre de”, y dice que la Vulgata
traduce estas palabras por la expresión latina “innomene” (en el nombre), traducción seguida por
Lutero “in namen”. Lo interesante es que él llega a la conclusión de que esta frase significa “sobre” la
autoridad del Dios Trino”, citando a Robertson en su “Grammar of the Greek New Testament, p. 649”.
Y la preposición “ ε ί ζ ” (en) indica su fin, y puede interpretarse “en relación con” y queda en
completa armonía con lo que Allen expresa en su comentario sobre Mateo: “La persona bautizada era
introducida de manera simbólica “dentro del nombre de Cristo”, es decir, que entraba a un estado de
cercanía con él y de compañerismo con él”.69
El autor añade: “Este es el significado dado por Thayer, Robinson y prácticamente también por
Cramer-Koegel, en sus respectivos Léxicos. Es también el sentido adoptado por comentadores como
Mayer, Alford, Allen, Bruce, Grashlide, y Van Leewen”.70
Al citar lo anterior, no queremos decir que estas personas de antaño no aceptaran el bautismo
en agua como mandamiento; lo que deseamos enfatizar es que ellos, según lo comenta Berkhof, han
interpretado la frase “ ε ί ζ τ ό ό υ ομα ” como un acto simbólico “dentro del nombre de Cristo”, que
se efectuaría en el bautismo. Se diría que esta frase significa, más que un acto simbólico, un cambio de
relación, en la cual el hombre queda cubierto por la gracia divina, como resultado del bautismo de
Cristo.
Sin embargo, también Berkhof cree de la siguiente manera, y lo expresa citando a Dissman en
su “Biblie Studies”, donde se refiere a muchos ejemplos del uso de la palabra “ónoma”:
31
“Interpretada a esta luz, la fórmula bautismal indica que mediante el bautismo (es decir,
mediante todo lo que el bautismo significa), aquel que lo recibe queda colocado en una
relación especial hacia la revelación divina, o hacia Dios tal como se ha revelado, y como
revela que ha de ser él para su pueblo, y al mismo tiempo se convierte en deber del que ha
sido bautizado vivir a la luz de esa revelación”. 71
Aunque en tal cita el autor se refiere al bautismo en agua, que el lector establezca su propio
juicio: ¿Tal cambio de relación es efectuado por el bautismo en agua, o por la participación divina por
medio del Espíritu Santo?
Con el desarrollo del concepto anterior no se procura anular el aspecto temporal del bautismo
ritual; hacerlo sería en vano, pues la Iglesia Primitiva lo siguió practicando. Intentamos ser objetivos y
encontrar un concepto de bautismo correcto, que explique el resultado del cambio de relación entre el
creyente y la Trinidad, ese acto que menciona Berkhof, “dentro del nombre de Cristo” o de la Trinidad,
que es más que una mera simbología. Este nuevo concepto no está anulando la práctica temporal del
rito, pero sí está demostrada la naturaleza del bautismo comisionado por Jesucristo.
Como resultado del análisis de la frase “ ε ί ζ τ ό ό υ ομα ”, se diría que la preposición “ ε ί ζ
” en Mateo 28:19, precediendo al pronombre “ α ύ τ ο ύ ς ” en caso acusativo, podría significar
“dentro, hasta o a, para, por”, que señalan dirección o propósito.72
Según el significado secundario de “baptizo”, usado por Chafer, unido a la frase “ ε ί ζ τ ό
ό υ ομα ”, con uno de los significados “ ε ί ζ ” cuando denota o señala “dirección”, la traducción del
mandato de bautizar podría ser: “trayéndolos (hacia adentro, a, hasta) del nombre de la Trinidad”, en el
sentido de que los que reciben el evangelio sean incorporados en el Nombre o en la Persona de la
Trinidad (triuno), o sea, cubiertos por la gracia y el poder transformador, y debajo de su autoridad.
Haciendo una paráfrasis de la Gran Comisión se traduce así: “por tanto, id, y haced discípulos a
todas las naciones, trayéndolos hacia adentro del Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo; …”
Chafer dice que el acto de bautizar no podría ser meramente un surgimiento dentro de un
elemento, porque es presentado en un estado permanente.73
SUMARIO
Después de un análisis concienzudo sobre la enseñanza de Jesucristo acerca del bautismo, se
concluye que en los Evangelios no se especifica una enseñanza sobre el bautismo ritual, aunque
Jesucristo en algunas ocasiones usó el agua como simbolismo de verdades espirituales.
En el mandato de bautizar en la Gran Comisión, Jesucristo está introduciendo un concepto
nuevo de la palabra “baptízo”, aplicado a un bautismo espiritual en que el creyente es cambiado de
posición en un acercamiento y compañerismo con la Trinidad. Es el resultado del bautismo de
Jesucristo con el Espíritu Santo.
C. PRÁCTICA DEL BAUTISMO EFECTUADO POR LOS DISCÍPULOS DE JESÚS,
DURANTE SU MINISTERIO.
32
Es indispensable analizar brevemente la práctica del bautismo en agua realizado por los
discípulos de Jesús, durante Su ministerio, por repercutir en la práctica apostólica posterior.
El único mandato de bautizar registrado en las Escrituras fue dado por Jesucristo hasta después
de su resurrección; éste es la prueba de los cuatro evangelistas, aunque resulte difícil precisar el
momento exacto.
Los autores de la Enciclopedia de la Biblia” dicen que es difícil precisar el momento de la
institución del bautismo cristiano. “La práctica constante comprobada en los hechos, indica que se
refería a un mandato preciso del Señor”. “Siendo el bautismo cristiano una aplicación en su triunfo
sobre el pecado del mundo, un don del Espíritu (Juan 7:39), creemos que no se dio la orden de bautizar
hasta después de la Resurrección”.74
Si lo afirmado por los autores antes citados es cierto, y si los Evangelios no mencionan otro
mandato semejante al de la Gran Comisión, entonces, ¿qué clase de bautismo practicaban los
discípulos del Señor? ¿Les dio Jesús el ejemplo de bautizar en agua? ¿Qué enseñan los Evangelios
sobre todo esto? Se tratará de analizar algunos pasajes bíblicos para dar una respuesta a tales
interrogantes.
1. ¿Registran los evangelios algún pasaje en el cual Jesús bautizara con agua?
En los Evangelios encontramos, por lo menos, dos pasajes que hablan al respecto: Juan 3:22 –
4:2 y Lucas 7:29. Se han incluido como un solo pasaje las citas de Juan, pues son versículos
complementarios.
“Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y
bautizaba. Juan Bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas,
y venían, y eran bautizados. Porque Juan no había sido aún encarcelado.”
“Cuando, pues, el Señor entendió que los Fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza
más discípulos que Juan (Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos) …”. 75
Después de analizar estos pasajes, observamos:
a. Este pasaje no tiene como propósito dar una enseñanza sobre la práctica del bautismo ritual; en un
sentido general está refiriéndose al ministerio de Jesús y sus discípulos.
Este caso ocurrió al inicio del ministerio de Jesús y, según la declaración en Juan 4:2, eran los
discípulos quienes bautizaban y no Jesucristo. Entonces, el verbo “bautizaba” mencionado en Juan 3:
22, no tiene que ver una práctica bautismal de Jesucristo, sino de los discípulos, lo cual guarda estrecha
relación con el bautismo de Juan el Bautista.
Esto se confirma con el hecho de que algunos discípulos de Jesús habían sido discípulos de
Juan el Bautista, y estaban familiarizados con esta práctica; entonces, es probable que ellos se sintieron
motivados a seguirla practicando por creerla de importancia, lo cual Jesucristo no reprobó.
Si Jesucristo aprobó tal práctica en el inicio de su ministerio, ni quiere decir que ellos
bautizaron como mandato de él, ni que esta práctica siguiera después de la muerte de Juan el Bautista,
porque la Palabra de Dios no lo registra. Tampoco indica que Jesucristo creyera necesaria tal práctica
33
(con esto no se está diciendo que Él desaprobara la importancia que tenía el bautismo de Juan), pues,
de lo contrario, él también hubiese bautizado. Pero no lo hizo, seguramente por razones justificables
que no ameritan ser mencionadas en este caso.
b. En este pasaje el apóstol Juan tiene como objetivo principal enseñar el decrecimiento del ministerio
de Juan el Bautista, cuyo fin era preparatorio; indica que Jesucristo ya estaba presente, y que Él era el
cumplimiento del mensaje profético del Bautista. Esto se evidencia cuando el apóstol contrasta el
ministerio de Jesús y el de Juan: uno creciendo y el otro decreciendo.
Posiblemente lo relatado en Lucas 7:29, sea también una práctica apostólica del bautismo en
agua, asimilado de la práctica juanina, pero no como mandato del Señor.
Lohfink dice:
“Los sinópticos no conocen ninguna práctica bautismal de Jesús. El cuarto evangelio, en
cambio, lo menciona en 3:22 y 4:1. Pero ambos textos son, al menos, sospechosos de
apuntar a una tendencia determinada: la de mostrar la superioridad del movimiento de
Jesús sobre el Bautista, manteniendo una distancia entre uno y oro personaje”. 76
2. ¿Reciben los discípulos de Jesús alguna comisión de seguir administrando el bautismo de Juan?
La Palabra de Dios no menciona ninguna ocasión en que Jesús haya enseñado a sus discípulos
que siguieran administrando tal bautismo. Pero Juan 4:2 sí menciona que eran los discípulos los que
bautizaban; no hay duda de que Jesús no reprobó tal práctica, sino que le dio su visto bueno,
colaborando así con la administración del bautismo de Juan, hasta que terminó el ministerio de éste.
El escritor Lorna Brockett dice: “Algunos de los discípulos de Jesús habían sido discípulos de
Juan el Bautista, y Jesús pudo haberles autorizado el uso de este rito bautismal, como señal de
arrepentimiento, al comienzo de su ministerio”.77 Si Jesucristo lo permitió, es explicable; pero el que lo
haya comisionado para su práctica, no es específico en la Biblia.
¿Continuó la práctica apostólica después de la muerte del Bautista durante el resto del
ministerio de Jesús? Si Juan había terminado ya su ministerio, no existía razón para que se siguiera
administrando, porque el bautismo ritual era parte de su ministerio que tenía un fin preparatorio y no
permanente.
El mensaje de Juan era trascendente y no podía cesar, el bautismo sólo representaba una verdad
que ya había tenido su cumplimiento; por tanto, no era necesario que siguiera. Por eso los Evangelios
no especifican que los discípulos siguieran bautizando después de la muerte de Juan, ni que Jesús les
haya ordenado seguirlo practicando, o que debía cesar. El silencio de los cuatro Evangelios tiene
mucho que decir sobre la importancia de seguir practicando el bautismo de Juan o no, cuando Jesús no
administró el bautismo a nadie, ni dio un mandato de bautizar antes de su resurrección.
Guillermo Stanton, hablando sobre el bautismo practicado por los discípulos de Jesús, dice:
“Es seguro que éstos bautismos eran con la aprobación de Jesús, pero después del
encarcelamiento de Juan se busca en vano una cita que indique que Cristo haya bautizado a
algunos, o que haya establecido un bautismo en su propio nombre”. 78
34
Esta misma idea es compartida por Small, cuando afirma que Jesús contribuyó a administrar el
bautismo de Juan, por medio de sus discípulos, pero que al morir Juan el bautismo cesó.70 Clarke
termina de corroborar esto al afirmar que el bautismo de Juan debe cesar.80
Jesucristo, al llamar a sus discípulos, no los bautizó en agua, pero les prometió que serían
pescadores de hombres.81 Al enviarlos a predicar el Evangelio de dos en dos, después de la muerte de
Juan el Bautista, no les dio orden de bautizar pero sí de anunciar el Evangelio, y también poder o
autoridad para sanar, limpiar leprosos, resucitar muertos, echar fuera demonios.82
CONCLUSIÓN
1. El bautismo administrado por Juan el Bautista tenía una función muy particular, con base en su
ministerio que también era único. La función primordial era servir como sello o testimonio de
los que confesaban sus pecados, lo cual indicaba que estaban listos en espera de la promesa
mesiánica.
2. Juan anunció el decrecimiento de su bautismo y ministerio, pero profetizó también el bautismo
de Jesucristo con el Espíritu Santo, que lo reemplazaría. Así, el bautismo de Juan se constituyó
en un símbolo o figura del bautismo de Jesucristo y, en este sentido, desempeñó una labor
profética. Este bautismo ritual se constituyó en un factor determinante en la práctica apostólica
después de la muerte y resurrección de Cristo.
3. El bautismo administrado por Juan a Jesucristo tenía funciones superiores que no guardan
semejanza con el bautismo sacramental en el propósito de su administración, pues el de
Jesucristo estaba relacionado con su ministerio e identificación mesiánica como el Cordero de
Dios. Por tanto, no puede ser un ejemplo para dar la enseñanza de que así como Cristo se
bautizó nosotros también debemos bautizarnos, siguiendo su modelo.
4. Durante el tiempo de Su ministerio, Jesucristo no encomendó ni administró el bautismo ritual a
nadie; aunque el había observado seriamente las demandas de la ley, incluyendo el bautismo de
Juan.
Durante el inicio de Su ministerio, Jesucristo permitió que sus discípulos administraran el
bautismo de Juan, seguramente con los mismos fines de éste, pero esto no quiere decir que Él haya
bautizado por medio de sus discípulos. Para que esta práctica bautismal tuviera una imagen de
carácter legal, como mandamiento de Dios, era necesario que él lo comisionara.
5. El único mandato de “bautizar” encomendado a los apóstoles lo encontramos después de la
resurrección de Jesucristo. Se han mostrado evidencias muy lógicas que demuestran que este
mandato no es un bautismo en agua, sino que se refiere a un mandato de bautizar en la substancia
de la Trinidad, o sea, de sumergir o traer a los arrepentidos adentro de, o hacia la gracia y el
poder transformador de la Santa Trinidad, efectuándose un cambio de relación entre el pecador
arrepentido y la Divinidad.
Este es un acto realizado por el Espíritu Santo, pero con la intervención humana en la
predicación del Evangelio, que sería el medio para traer a los perdidos a Jesucristo, y en ese
momento en que el pecador responde al llamado, efectuarse tal cambio de relación.
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NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
1. Juan 3:28-30.
2. Este concepto, afirmado especialmente por bautistas, dice que Juan el Bautista introdujo el
bautismo cristiano, y que Jesucristo lo confirmó al bautizarse y al encomendarlo en la Gran
Comisión. véase:
A. S. Rodríguez, Mensaje del Agua. (El paso: Casa Nazarena de Publicaciones, 1939, 2a
edición). pp. 49-57.
S. E. Anderson, ¡Su Bautismo es Importante! (El paso: Casa Bautista de Publicaciones,
1964). pp. 80-83, 178-202.
3. Isaías 40:3-5.
4. Mateo 3:3; Marcos 1:2,3; Lucas 4:4-6.
5. Mateo 3:1-12; Marcos 1:1-8; Lucas 3:1-9; 15-17; Juan 1:19-28.
6. Mateo 3:13-17; Marcos 1:9-11; Lucas 3:21-22; Juan 1:19-34.
7. Small, op. cit., p. 135.
8. Juan 1:29.
9. Max Meinertz, Teología del Nuevo Testamento. (Madrid: Ediciones Fax, 1966). p. 17.
10. Small, op. cit., p. 135. cp. ibid, p. 18.
11. Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:26, 31, 33.
12. Mateo 11:9.
13. Small, op. cit., p. 134.
14. Roberto Barclay, Proposición Número XII Sobre el Bautismo. (Chiquimula: Publicado por la
Junta Anual “Amigos” de C. A., 1968).
15. Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16.
16. Mateo 3:12; Lucas 3:17.
17. Juan 1:29.
18. Juan 1:34.
36
19. Meinertz, op. cit., p. 17.
20. Véase, Rodríguez, op. cit., 49-57. Él menciona al menos dos razones del porqué ellos creen en
dicha forma: a. son idénticos el bautismo de Juan y el bautismo cristiano. b. En ambos se
usó la misma forma: “por inmersión”, y ocurrieron las mismas circunstancias.
Cp. Lofhink, op. cit., pp. 230-236. Aquí, el autor asume tales puntos de vista, y agrega que
la iglesia asimiló el contenido del bautismo de Juan, pero con algunas modificaciones
como: la protección del juicio, el anuncio de la salvación.
21. Véase, Small, op. cit., pp. 137-140, 147.
22. Marcos 1:4.
23. Marcos y Lucas no usan la preposición “ ε ί ζ “, sino la frase está unida sin la preposición.
24. Mateo 3:7-10; Lucas 3:7-14.
25. Small, op. cit., pp. 136, 137.
26. Hamman, op. cit., p. 28.
27. Meinertz, op. cit., p. 18.
28. Ibid.
29. Hamman, op. cit., p. 29.
30. Marcos 1:8.
31. Rodríguez, op. cit., p. 61.
32. Anderson, op. cit., pp. 47, 48.
33. Mateo 4:13-17; Marcos 1:9-11; Lucas 3:21-22; Juan 1:19-34.
34. Mateo 3:15.
35. Lucas 2:21.
36. Mateo 5:17.
37. Barclay, op. cit., p. 23.
38. Gálatas 3:10.
39. Gálatas 3:13.
37
40. L. S. Chafer, Teología Sistemática. (Dalton, Georgia: Publicado bajo los auspicios de
Publicaciones Española, 1974, Tomo II). pp. 505-511. Donde menciona esta
interpretación sobre el bautismo de Jesucristo, aunque no está de acuerdo con ella; pues
cree que la razón principal era para su consagración en su oficio sacerdotal. Cp.
Enciclopedia de la Biblia. (Barcelona: Ediciones Garriga, 1969, 2a edición. Columnas
1073-1081). Donde afirman que Jesús asumió su papel como siervo de Jehová, cargando
con el pecado del pueblo.
41. Juan 1:31.
42. Mateo 3:17; Marcos 1:7,9-11.
43. Mateo 4:1; Marcos 1:12-13; Lucas 4:1.
44. Rodríguez, op. cit., p. 64.
45. Hamman, op. cit., p. 37.
46. Chafer, op. cit., p. 518, 519. (La cita textual realizada contiene extractos tomados textualmente
de distintos párrafos en las páginas ya citadas).
47. Mateo 20:23 y sus paralelos Marcos 10:38, 39; Lucas 12:50; Mateo 21:25 y sus paralelos Marcos
11:30; Lucas 20:4; Mateo 28:19 y Marcos 16:16.
48. Mateo 10:42; Marcos 9:41; Lucas 16:24; Juan 2:7; 3:5; 4:10, 7:38, y otros.
49. Anderson, op. cit., p. 140.
50. Adam Clarke, Comentario de la Santa Biblia. (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1974,
Tomo III). p. 53.
51. Josef Schmid, El Evangelio según Mateo. (Barcelona: Editorial Herber, 1973, 2a edición). p.
427.
52. Small, op. cit., p. 151.
53. Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-18.
54. Rodríguez, op. cit., p. 11.
55. Es muy probable que los apóstoles, en un principio, interpretaron la comisión como bautizar en
agua; pero no tiene solidez porque, al analizar Los Hechos de los Apóstoles, se observa el
Espíritu Santo y Su ministerio como resultado del bautismo prometido por Jesucristo.
56. Mateo 28:19; Marcos 16:16; Lucas 24:46-49; Juan 20:22-23.
57. Barclay, op. cit., p. 24.
38
58. L. 24:46-49; Juan 20:22, 23.
59. Se usan las palabras “contiendas o desacuerdos de interpretación”, las discrepancias de opinión
entre los diferentes teólogos, y sobre todo la preeminencia que se da a desmentir los
criterios de otros, con el fin de defender su propia interpretación. Véase, Righetti, op. cit.,
pp 628-633; Vergés, op. cit., 151-165, donde enjuician a Karl Barth, por su forma de creer
sobre el bautismo, que no está de acorde a su interpretación.
60. Rodríguez, op. cit., pp. 21-24.
61. Chafe, op. cit., p. 976.
62. Stengenca-Tuggy., La Concordancia Analítica Greco-Española del Nuevo Testamento.
(Maracaibo: Editorial Libertador, 1075). p. 110.
63. Dana y Mantey, Gramática Griega del Nuevo Testamento. (El Paso: Casa Bautista de
Publicaciones, 1975). p. 220.
64. Ibid, p. 222.
65. Ibid, p. 150.
66. Ibid, p. 151.
67. Véase, Hamman op. cit., P. 44, dice que el bautismo efectúa la incorporación al pueblo
mesiánico.
G.H. Lacy, Introducción a la Teología Sistemática. (El Paso: Casa Bautista de
Publicaciones, 1972). pp. 342,343, quién dice que el bautismo simboliza la obra del
Espíritu Santo en los corazones de los cristianos.
68. Barclay, op. cit., p. 27.
69. L. Berlhof, La Teología Sistemática. (U.S.A.: T.E. L.L., 1972, 2a edición). p. 747.
70. Ibid.
71. Ibid, p. 747.
72. Dana-Mantey, op. cit., pp. 100, 110.
73. Véase, Chafer, op. cit., pp. 972,973, donde el autor afirma que en Mateo 28:19, 20:23; Lucas
12:50; y I Corintios 10:2, no se representa una sepultura física, y no puede ser surgimiento
dentro de un elemento, porque ellos son presentados como en un estado permanente. O sea
que el significado del uso de la palabra “baptizo”, tiene que ver con el segundo concepto.
74. Enciclopedia de la Biblia. Columna 1074.
75. Juan 3:22-24, 4:1-4.
39
76. Lohfink, op. cit., p. 227.
77. Lorna Brockett, Teología del Bautismo. (México: Ediciones Paulinas, S.A., 1971). p. 14.
78. Guillermo Stanton, “El Bautismo Estudios”. (Chiquimula: Junta Anual “Amigos”, 1976, 2a
edición). p. 6.
79. Small, op. cit., p. 146.
80. Clarke, op. cit., p. 169.
81. Marcos 1:16-20, 3:13-19; Juan 1:35-42, 43-51.
40
CAPITULO III
ENSEÑANZA APOSTÓLICA SOBRE EL BAUTISMO EN AGUA
¿Practicaron los apóstoles el bautismo en agua en el inicio de la Iglesia Primitiva? El Libro de
los Hechos de los Apóstoles da por sentado tal verdad. ¿Dieron los apóstoles el énfasis que hoy día se
da al bautismo en agua? La poca evidencia bíblica que registra la historia sobre la práctica de ellos, y
la inmensidad de literatura que hoy se registra sobre el bautismo como sacramento, dará una respuesta
satisfactoria.
¿Causó dilemas y divisiones la práctica apostólica? ¿Se asemeja al cuadro que hoy día vemos
en la Iglesia, siguiendo el ejemplo apostólico? La respuesta del lector a estas interrogantes dependerá,
en parte, de su convivencia con los distintos problemas que esta práctica ha afrontado, como resultado
de las acciones humanas.
Una breve mirada a la historia de la Iglesia desde los padres apostólicos hasta nuestra era, nos
enseñará que la mayoría de pensadores, teólogos y eminentes cristianos, han entendido que los
apóstoles, en sus prácticas y en sus escritos, enseñaron la administración del bautismo como mandato
del Señor.1
Respetando el sentir casi general de dicha interpretación, en el presente capítulo se pretende
hacer un estudio cuidadoso sobre el Libro de los Hechos y sobre la enseñanza apostólica, a fin de dar
una respuesta a la interrogante ¿enseña la Palabra de Dios con mucho énfasis el bautismo en agua,
según los escritos apostólicos?
A. LA PRÁCTICA BAUTISMAL APOSTÓLICA SEGÚN EL LIBRO DE LOS HECHOS
Lucas hace una descripción de algunos casos en que los apóstoles ejercieron tal práctica; pero
no registra una práctica constante y permanente. Esto se observa con mayor claridad en el ministerio de
Pablo.2 También Lucas es inconsistente al no presentar con claridad el asunto de que Pedro exigiera el
bautismo en cada oportunidad donde él predicara el Evangelio.3
A propósito, no se está tratando de decir que ellos no practicaron el bautismo, pero sí se puede
decir lo siguiente como introducción al capítulo, a saber:
El libro de los Hechos no tiene como propósito darnos una enseñanza clara que la práctica
apostólica sea resultado de la Gran Comisión. De lo contrario, Lucas habría sido fiel en anotar la
administración del bautismo en cada caso particular, y en expresar que los apóstoles, al demandarlo, lo
hacían como mandato del Señor. ¿Por qué no lo hizo? Seguramente se objetará que la práctica era tan
usual que no era necesario que lo hiciera, o que Lucas no tenía como objetivo central tal enseñanza.
Seguramente sea así, pero entonces, ¿por qué se enfatiza con tanta rigurosidad hoy día que la
práctica apostólica es resultado del mandamiento del Señor, sin tomar en cuenta el propósito del autor?
¿Por qué se dice que es mandamiento del Señor algo que ya era practicado, y que ellos lo habían
acostumbrado?
41
Lucas hace una descripción clara del mensaje apostólico. Ellos predicaban “el Evangelio de
Jesucristo”, enfatizaban el ministerio del Espíritu Santo como el vehículo de la extensión del Reino de
Dios, aplicando el Evangelio en los corazones de los hombres, administrado la salvación y bautizando
a todos aquellos que creían como resultado de la promesa del Señor.4
Silverio Zedda, dice:
“Se puede decir, por tanto, que el objetivo del autor es demostrar realizada la palabra de
Jesús: “Pero recibiréis la virtud del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis
mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los extremos de la tierra”. 5
Entonces, ¿qué objetivo tiene Lucas al narrar algunos casos donde los apóstoles administraron
el bautismo en agua? ¿Quiere decirnos que debemos seguir hoy con esa misma práctica? Se tratará de
hacer un estudio breve sobre el uso que Lucas hace de la palabra “baptizo”. Esto aclarará mejor su
objetivo al hacer dichas alusiones.
1. El uso de “ β α π τ ί ζ ω ” en el libro de los Hechos apostólicos
Analizando todo el libro, descubrimos que la experiencia propia del autor se constituyó en una
de las fuentes principales para escribir su libro; además, es posible que haya consultado a testigos
oculares, pero lo importantes es que sus fuentes son muy fidedignas.6 Con base en su escrito fidedigno,
se analizarán los distintos usos.
Lucas sólo usa las palabras “baptizo” y “baptismas”. La más usual es “baptizo”,
mencionándolo veintiún veces, y se refiere a la acción de bautizar; “baptismas”, seis veces, para
referirse directamente al bautismo de Juan.7
La interpretación más usual, dada a todos los usos de dicha palabra, tiene que ver con la
práctica del bautismo en agua para ingresar a la Iglesia y recibir el don del Espíritu Santo.8 Para su
mejor comprensión, es necesario el estudio exegético de “baptízo” y “baptismos”.
a. Diferentes usos de la palabra “ β α π τ ί σμα ”
1) En Hechos 1:22, Lucas usa el verbo para referirse al bautismo de Juan, con el fin de hacer
notorio el inicio público del ministerio de Jesucristo, o más directamente, al momento en que Jesús fue
bautizado por Juan el Bautista (Mateo 3:13-17), como punto de partida de su ministerio.
2. En Hechos 10:37, describe el ministerio de Juan como antecesor del ministerio de Jesús.
3. En Hechos 13:25, Pablo la usa para describir el ministerio de Juan, como preparatorio para
la venida del Mesías.
4. En Hechos 18:25, se usa para describir la enseñanza o predicación de Juan, o sea “su
llamado al arrepentimiento y el anuncio sobre el Mesías”, relacionado con el rito; esto era lo único que
conocía Apolos, y, por supuesto, no podía enseñar otra cosa en Éfeso. Esta misma idea se nota en
Hechos 19:3-4.
42
En Hechos 19:3, la expresión “bautismo de Juan”, no significa el acto ritual, pues ésta era una
función secundaria de Juan, (aunque está inherente en la expresión); pero indica que los discípulos
habían creído al mensaje de Juan y se habían sometido a esta enseñanza. La idea se complementa en el
v. 4, al aclararse que Juan bautizó en señal de arrepentimiento o de que creían a su mensaje.
b. Los diferentes usos de la palabra “ β α π τ ί ζ ω ” .
1) En Hechos 1:5a, se usa para describir la acción de “bautizar en agua”, a todos aquellos que
creían y se arrepentían. La función del verbo en aoristo, que no tiene esencial significación temporal
sino indefinida,9 podría indicar el significado o lo que representaba este rito, “el arrepentimiento del
que se bautizaba”, el cual debía seguir como factor indispensable para recibir el bautismo de Jesucristo
con el Espíritu Santo. Pero el rito, por ser parte del ministerio de Juan, ya había pasado su significación
temporal.10
2) En Hechos 1:5b y 11:16b, Lucas usa “ β α π τ ί σ θ ή σ ε σ θ ε ” , para hablar sobre la promesa
de Jesucristo a los apóstoles, “el bautismo con el Espíritu Santo”. Los discípulos del Señor, ya habían
recibido el bautismo de Juan, pero no habían recibido el de Jesucristo, por tanto, estaban incompletos.
3) Hechos 2:38, 41, se constituye la gran declaración de Pedro, a los habitantes que estaban en
Jerusalén, durante la fiesta del Pentecostés, sobre el mandato del “arrepentirse y bautizarse”, para
recibir el perdón y la promesa del Espíritu. Aquí es donde se encuentra el mejor argumento para decir
que la Gran Comisión incluía el mandato de bautizar en agua, porque Pedro y los demás apóstoles así
lo entendieron y lo demandaron a los nuevos creyentes.
¿Por qué se afirma esto con tanta autoridad? Es la interpretación que parece razonable a
primera vista, que podría ser confirmada por la práctica subsecuente de los apóstoles, registrada en los
Hechos. Sin embargo, Lohfink ve que tal práctica aparece como misteriosa pues no hay indicios de
que fuera introducida con rigurosidad.
El cree que talvez sea una práctica de comunidad aramea; luego agrega que la única solución es
que Jesucristo la encomendara a la Iglesia. Pero los textos que lo apoyan son Marcos 16:16 (no
auténtico, pues se cree que fue añadido en el siglo II); y Mateo 28:19 sólo muestra que Mateo retrotrae
el bautismo teológicamente al Resucitado, pero no puede demostrar que desde el comienzo fue objeto
de tradición una orden de bautizar del Resucitado.11 O sea, en el sentido de hacer notar que fue
Jesucristo, quien lo encomendó. El autor comparte también la idea de que Lucas, a pesar de su interés
por el bautismo y el Resucitado, no se refiere a ninguna orden de bautizar.
¿Qué uso da Lucas al verbo “baptizo” en el mandato de Pedro? Al comparar el llamamiento de
Pedro con el de Juan el Bautista,12 se observa que Pedro únicamente está reproduciendo el llamamiento
del Bautista en el nombre de Jesucristo, y que recibirían la promesa del Espíritu Santo. O sea, debían
de bautizarse en el nombre de Jesucristo y recibirían la promesa del Espíritu.
Lucas posiblemente usa el verbo “ β α π τ ί σ θ ή τ ω ” para referirse al bautismo en agua
practicado por los apóstoles, y, en este caso, se deja ver la influencia tremenda del bautismo de Juan el
Bautista, el cual ya había sido practicado por ellos al inicio del ministerio de Jesús. En el v. 41 dice
que fueron bautizados; el verbo, tanto en 2:38, como en el v. 41, está conjugado en tiempo aoristo;
posiblemente el autor haga resaltar el ingreso del arrepentido al pueblo de Dios, donde debían seguir
permaneciendo; y el modo imperativo demuestra su demanda inexcusable, según el v. 38.
43
Si se administró el bautismo ritual, posiblemente se deba a la influencia del bautismo de Juan
en los apóstoles, y esto se deduce por la similitud del llamamiento expresado por Pedro con el de Juan.
Pero, la exigencia de tal bautismo para que el cristiano entre a formar parte de los seguidores de Jesús,
quizá sea resultado de la influencia judía del proselitismo.
Pedro estaba consciente de que este movimiento cristiano estaba plenamente desligado del
judaísmo, pues lo habían rechazado; y, sin embargo, se observa la continuación de la misma tradición,
pero con las innovaciones ya mencionadas.
A. S. Rodríguez dice:
“El bautismo de Juan y el bautismo cristiano eran idénticos, porque idénticos eran los
requisitos que para someterse a él se exigían. El bautismo de Juan es semejante al cristiano,
en que en ambos se usó la misma forma y concurrieron las mimas circunstancias”. 13
Entonces, ¿para qué fue el costumbrismo ritual judío sobre el bautismo en agua traspasado a la
Iglesia Cristiana, por medio de los apóstoles, pero con las innovaciones relacionadas con el plan de
salvación?
Hamman dice:
“Si en las orillas del Jordán… …el rito sigue siendo el mismo, su significado ha cambiado: la
profecía se ha hecho realidad, gracias a la obra de Jesús; el bautismo cristiano en lo
sucesivo, es una participación en la salvación de Cristo y en la acción de su Espíritu”. 14
Los autores citados corroboran la tesis de que el bautismo cristiano practicado por los apóstoles
es una costumbre asimilada, o secuencia del bautismo de Juan.
4) En Hechos 8:8, el escritor usa la misma palabra “ έ β α π τ ί ζ ο ν τ ο ” , que puede ser
traducida como: “se bautizaban, eran bautizados”. La función verbal es importante; el verbo está en
imperfecto, en voz pasiva, e indica que es una acción pasada progresiva,15 indicando el acto de Felipe
de bautizar progresivamente, a todos aquellos que creyeran a su mensaje.16
De Hechos 18:8, se puede decir lo mismo, por su conjugación verbal semejante, pues tiene que
ver con el acto mismo de bautizar en agua.
5) En Hechos 8:36, 38 y 10:47,48, encontramos dos eventos en los cuales se observa la práctica
del bautismo en agua, aunque no por los apóstoles. En ambos, Lucas está usando la misma
conjugación verbal “ β α π τ ί σ θ ή ν α ι ” , conjugada en el tiempo aoristo, en voz pasiva. Son unos de
los pocos pasajes donde claramente se especifica que se refieren a un bautismo ritual.
¿No es el eunuco un prosélito que ya había aceptado la fe judía? Seguramente que sí.
Entonces, era conocida para él la práctica bautismal judía; y es justificable que pidiera a Felipe el
bautismo como señal de su ingreso a la nueva fe en Jesucristo. Este hombre sólo estaba siguiendo la
fiel tradición judía.
44
En Hechos 10:44-48, Jesucristo enseña a Pedro que no es necesario bautizar en agua para
pertenecer al pueblo de Dios, pues es el bautismo con el Espíritu Santo el que sella y efectúa la unión
entre el creyente y Su cuerpo (la Iglesia). Lo hizo al derramar el Espíritu Santo sobre los que estaban
escuchando a Pedro en Cesarea.
Esto causó un trastorno mental a los judíos que estaban con Pedro, por sus prejuicios religiosos
y raciales. ¿Ha dado Dios el Espíritu a los gentiles que no han sido bautizados en agua para pertenecer
al pueblo de Dios? Pedro, seguramente dominado por sus prejuicios, o por no quedar mal con los
fieles de la circuncisión, hizo que los hermanos de Cesarea se bautizaran en agua, para que el ingreso
de ellos en el pueblo de Dios fuese legal desde el punto de vista humano. Jesucristo ya los había
bautizado, pero la tradición continuaba.
6) En Hechos 9:18; 16:15; y 16:33, se narra el bautismo administrado por Pablo a Lidia y a su
familia, y luego a la familia del carcelero de Filipo. En los tres casos, el autor usa la palabra griega
“ έ β α π τ ί σ θ η ” , para indicar el acto del bautismo. Pero, ¿a qué realmente se está refiriendo el autor?
En Hechos 9:18, observamos el resultado del mandato de Ananías a Saulo. Según el relato que
Saulo hizo de su conversión ante el tribuno en Jerusalén, después de ser arrestado en el templo, en
Hechos 22:16, Ananías le dice a Saulo: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y
lava tus pecados, invocando su nombre”.
Según el sentido técnico de “baptízo”, Lucas está hablando de un bautismo en agua,17 lo cual
no es aplicable en muchas ocasiones por el contexto del relato. Si Lucas está hablando de un bautismo
ritual, entonces Ananías, al dar el doble mandato de “bautízate y lava tus pecados”, se está refiriendo al
bautismo ritual. Pero Saulo (o Pablo) no podía lavar sus pecados con el agua, lo tenía que hacer
invocando el nombre del Señor.
Según la conjugación verbal de “ β α π τ ί σ α ι ” en 22:16, en tiempo aoristo, indica que el
autor puede estar describiendo el propósito o el simbolismo por el cual Ananías demandaba el
bautismo; si es que tal demanda se está refiriendo al acto de bautizar en agua.
Un factor pertinente en esto es que, en Hechos 9:17, Ananías describe el mandato de Dios,
quien lo había enviado hasta Saulo para que recibiera la vista y fuese lleno del Espíritu Santo, y no para
bautizarlo en agua. E inmediatamente Ananías impuso sus manos; y en el v. 18 vemos sus resultados:
“recibió la vista y fue bautizado”.
Aunque no se rechaza la idea de que Pablo haya sido bautizado en agua, la función gramatical
del verbo aoristo en el v. 18, y la doble función del mandato de Dios a Ananías, no respalda
favorablemente esta interpretación. Así, la frase “fue bautizado”, es más aplicable a la acción del
Espíritu. Además, ¿en qué otra parte se registra el bautismo de Pablo con el Espíritu Santo?
En Hechos 16:15 y 16:33, vemos la misma forma verbal. Siguiendo la tradición de bautizar, se
puede decir que el autor está indicando el acto del bautismo ritual. Pero, en los dos casos, no hay
indicios de que Pablo lo administrara. La función verbal en aoristo expresa el propósito de la
administración del bautismo para ingresar a la fe cristiana; el verbo no indica en sí el acto de entrada,
sino el acto de seguir permaneciendo dentro de la fe cristiana; esto es posible si ellos practicaban el
bautismo ritual como rito de iniciación, que es muy probable; de lo contrario, tal forma verbal en
aoristo es más aplicable al bautismo espiritual que a un acto externo.
45
Si el bautismo en agua se demandó como un rito de iniciación, es muy dudoso, porque el
apóstol Pablo no era dominado por prejuicios religiosos judíos, y no se registra que él los haya
bautizado. Es posible que los siervos de Pablo administraran el bautismo, 18 por eso no indica que él
considerara el rito como necesario o como mandato del Señor. De lo contrario, no hubiera escrito a los
corintios que Jesucristo lo había enviado a predicar el Evangelio, y no a bautizar.
7) En Hechos 19:3-6, se ve una estrecha relación entre el bautismo de Juan y el de Jesús con el
Espíritu Santo. Pablo está interesado en la condición espiritual de estos discípulos de Éfeso; la
pregunta en el v. 2, muestra su interés porque ellos estén bautizados con el Espíritu Santo.
Según el v. 3, estos discípulos ya habían sido bautizados en el bautismo de Juan, o sea, que
permanecían creyendo fieles en las enseñanzas de Juan como buenos discípulos (en señal de eso habían
recibido el bautismo ritual), pero no conocían de la gracia de Jesucristo y del bautismo con el Espíritu.
William Barclay dice:
“Aquellos cristianos incompletos, o medios, sabían de la condenación; conocían acerca del
deber moral de ser mejores; pero no conocían la gracia de Cristo y la obra del Espíritu
Santo. Inevitablemente su religión era cuestión de conflicto y no habían llegado todavía a la
etapa de ser una cuestión de paz”. 19
Según el v. 5, fueron bautizados seguramente en agua, es posible que esto haya sucedido como
resultado de la acción de los compañeros de Pablo, si es que tal hipótesis se apoya en evidencias
concretas; pero una interpretación literal no es respaldada por la forma conjugada del verbo. Éste
indica el propósito del bautismo, de ingresar a la Iglesia siguiendo la misma tradición.20 Pablo cree que
este bautismo no es suficiente; en el v. 6, él impone sus manos para que sean bautizados con el Espíritu
Santo, quien realiza la verdadera unión de los discípulos que estaban en Éfeso, con Jesucristo.
Podría surgir la objeción de que en el v. 5 el autor está usando la misma frase que se usa en
Mateo 28:19 (griego— página 71). Entonces, ¿por qué no se ha interpretado la Gran Comisión como
bautizar en agua, y sí en Hechos 19:5? La respuesta es que Jesucristo nunca administró el bautismo en
agua a ninguno; los discípulos sí lo hicieron, siguiendo una secuencia de la tradición judía.
Por tanto es razonable entender el v. 5 como una práctica en agua, pero la interpretación de
Pablo sobre la Gran Comisión, se deja ver en el v. 5, en que impone sus manos para que reciban el
Espíritu.
SUMARIO
1. Lucas usa la palabra “báptisma”, para referirse al bautismo de Juan el Bautista, viéndolo de
distintos puntos de vista.
2. Lucas usa la palabra “baptízo” en tiempo aoristo, posiblemente para referirse al propósito
por el cual bautizaban los apóstoles, o sea para admisión dentro del pueblo cristiano, como señal
externa de arrepentimiento y aceptación de la nueva fe en Jesucristo, donde debía permanecerse
46
fielmente, siguiendo así el método usado por Juan el Bautista. Esto es factible y explicable si se acepta
la práctica apostólica como resultado de la influencia judía sobre el bautismo, lo cual es muy probable.
Por tanto, Lucas da más énfasis al propósito por el cual se administraba el bautismo, que al acto
en sí. Esto tiene sentido al considerar el uso continuo que hace del tiempo aoristo, y la dificultad que se
presenta al usarlo para expresar al acto en sí; o sea que es más aplicable al propósito de la práctica.
3. En algunos casos, como el de Pablo, se cree que la referencia al bautismo es más aplicable a
la acción del Espíritu Santo que al acto humano.
4. Lucas usa la forma verbal “baptízo” para referirse directamente a la promesa y obra del
Espíritu Santo, el bautismo de Cristo, que fue administrado por los apóstoles por medio de la
imposición de manos.21 Además de usarla para referirse al bautismo ritual.
5. Lucas, al describir la práctica apostólica, no lo está haciendo con un propósito de enseñanza,
sino, más que todo, describiendo una costumbre que sin duda alguna tenía sus antecedentes en la
práctica judía. De lo contrario, habría sido específico en anotar que tal práctica era resultado del
mandamiento del Señor.
Lohfink dice:
“Lucas no ha encontrado en la tradición cristiana ninguna orden de bautizar en boca de
Jesús. Y siempre ha llamado la atención la dura e inesperada aparición de la praxis
bautismal en Hechos 2:38-41”.
Más adelante añade:
“Lucas no ha podido mostrar coherentemente el hecho de que los doce, de repente, se
pongan a bautizar con agua; todo esto me parece tan notable que ahí debe haber un
fragmento de historia real”. 22
2. La Promesa del Espíritu Santo y el ministerio apostólico como resultado de la Gran Comisión
El hombre debe gratitud a Jesucristo por Su promesa de no dejar huérfanos a sus discípulos,
sino que les enviaría al Espíritu Santo.23 Tal promesa la confirmó después de Su resurrección, antes de
ascender al cielo, la cual está registrada por Lucas en Hechos 1:5. Jesús parte de algo conocido para
explicar lo desconocido, a fin de que los discípulos entendieran la obra del Espíritu en sus vidas.
El bautismo con el Espíritu Santo sería el motor que los capacitaría con potencia y energía
divinas para realizar la Gran Comisión, 28 como testigos de Jesucristo.
En el capítulo 2, el autor se preocupa por mostrar el cumplimiento del bautismo de Cristo con el
Espíritu Santo, al describir Su venida. Este evento constituye la inauguración del ministerio apostólico,
seguido por la predicación de Pedro, a través de la cual miles de personas conocen a Jesucristo y son
bautizados con el Espíritu Santo, como la promesa de Dios para todos. El resultado es que fueron
incorporados a la fe en Jesús y, según el v. 42, perseveraban en la enseñanza, en la comunión fraternal
y en la comunión con Dios.
47
En el capítulo 4, Lucas tiene gran cuidado de narrar una segunda visita del Espíritu Santo a los
apóstoles y los demás fieles. Como resultado fueron llenos del Espíritu y hablaban con denuedo la
palabra de Dios;25 y los apóstoles “todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y
predicar a Jesucristo”.26 El Espíritu seguía manifestándose y salvando a los que creían.27
En el capítulo 6, los apóstoles no desean en ningún momento desatender su vida de oración y su
ministerio de cumplir la Gran Comisión, predicando la Palabra, por atender otras actividades como el
aspecto social, que no puede sustituir el meollo central de la misión apostólica. Por tanto, se ve el
interés de Lucas de poner en relieve la “comisión de los apóstoles y su profundo interés en cumplirla”.
Como resultado: “Crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba
grandemente en Jerusalén; también muchos sacerdotes obedecían a la fe”.28
Después de una ola de persecución contra la Iglesia por su expansión inmediata, el Evangelio
de Jesús continúa predicándose por toda Judea y Samaria. En Hechos 8:25, Lucas resume brevemente
el ministerio de Pedro y Juan: “Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron
a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio”. También vemos a
Felipe desempeñando una ardua labor en la predicación del Evangelio en Samaria y por todas las
ciudades hasta llegar a Cesarea.29
En el capítulo 9, Pablo es llamado a “predicar el Evangelio de Jesucristo” entre los gentiles y
judíos.30 Este asunto es más claro cuando Pablo relata su conversión en su defensa ante el rey Agripa,
en la cual relata su llamado así:
“Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por
ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti,
librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos,
para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que
reciban pro la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”. 31
Es un enigma la causa de por qué Jesucristo no dio a Pablo una enseñanza directa de bautizar en
agua en la comisión que le fue dada. Sin embargo, detrás de tal misterio o enigma debe existir una
razón llena de contenido que lo explique.
En el capítulo 10, el Espíritu Santo enseña a Pedro que tiene que predicar el Evangelio de
Jesucristo a los gentiles, pues en Él no hay judío, ni griego. El Espíritu Santo es derramado de igual
forma como sucedió en el día del Pentecostés. Con esta experiencia, Pedro recordó con facilidad que
el bautismo en agua era de Juan, pero que el bautismo de Cristo es con el Espíritu Santo. Esto lo
expresó en su informe a la iglesia en Jerusalén, lo que demuestra que al mandar a bautizar a los
hermanos de Cesarea, no lo hizo porque éste fuese el bautismo instituido por Jesucristo, sino como
resultado de la tradicional influencia judía.
Desde el capítulo 13 hasta el 21, vemos al Espíritu Santo participando en la administración de
la salvación, respaldando así el ministerio de Pablo en sus distintos viajes misioneros. Es interesante
notar que en todos los lugares adonde Pablo iba predicando el Evangelio, hacía discípulos, establecía
iglesias, y sólo se registran cuatro casos donde se administra el bautismo. Pero en todos estos casos, en
ninguno de ellos se especifica que sea Pablo quien administre el bautismo, excepto en el caso de
Corinto, donde Pablo dice haber bautizado a unos pocos: a Crispo, a Gayo y a la familia de Estéfanas.32
48
Esto indica la poca costumbre que tenía el apóstol Pablo de administrar el bautismo ritual, en
gran parte, por la forma en que él entendió la Gran Comisión; y también por estar convencido de que
ésta no incluía un mandato de bautizar en agua, sino era un bautismo espiritual con el Espíritu Santo,
administrado por Jesucristo e inherente a la predicación del Evangelio.
SUMARIO
a. En todo el libro de los Hechos no se ve ninguna enseñanza en la que Lucas tome tiempo para
explicar el bautismo en agua como mandamiento del Señor, aparte de la práctica apostólica registrada,
que tiene sus orígenes y antecedentes en la práctica judía y, especialmente, en el bautismo de Juan.
Esto demuestra la imposibilidad que dependa del mandato de la Comisión.
Se deja abierto el criterio de que éste pudo haber sido de mucha bendición para quienes lo
practicaron, como también, la creencia de que ellos lo practicaron porque sintieron que era la voluntad
de Dios. Sin embargo, se cree necesario ahondar mucho más en el tema, para llegar a conclusiones
más concretas.
b. Lucas enfatiza la predicación del evangelio de Jesucristo y el ministerio del Espíritu Santo,
bautizando, administrando la salvación e incorporando a los nuevos creyentes en la fe de Jesucristo,
como resultado del cumplimiento de la Gran Comisión y del ministerio del Espíritu.
c. Lucas narra al menos tres casos en que los apóstoles (Pedro, Juan, Pablo y Ananías quien no
era apóstol), imponen sus manos como señal de que administraban el bautismo con el Espíritu Santo,
que había sido prometido por Jesucristo antes de ascender al cielo.
3. La práctica bautismal apostólica, ¿resultado de un mandato divino?
Deseamos presentar algunas razones que usualmente no son consideradas para interpretar la
práctica apostólica o, al menos, a las que no se les da la importancia debida antes de llegar a la
conclusión de que ésta es resultado del mandamiento del Señor. Por tanto, no creemos prudente aceptar
dicha conclusión tan literalmente.
a. Castro Cubells dice:
“Todo el cosmos sacramental del cristianismo se ha de comprender en el contexto
preparatorio del judaísmo y el sentido religioso del culto que vamos buscando, sólo se
puede percibir en la historia de la salvación que lentamente preparó la etapa de la
promesa y la Alianza”. 33
Si el ritualismo judaico, incluyendo el bautismo de Juan, era sólo preparatorio para el nuevo
pacto, al inaugurarse éste por medio de Jesucristo en la Cruz del Calvario, tales principios rituales
quedan como obras muertas. De ahí que no podamos conciliar el hecho de que Jesucristo instituya
algo nuevo como el bautismo cristiano, cuando la sustancia (el agua) es la misma, y cuando el
significado que la Iglesia le da como simbolismo, ya Jesucristo lo ha cumplido por medio de Su
Persona.
49
Tal declaración es razonable si recordamos que el bautismo era una práctica muy arraigada
desde el período intertestamentario, que se consolidó con la práctica del proselitismo de los esenios, el
bautismo de Juan el Bautista, el bautismo de Jesús realizado por Juan y la práctica de los discípulos de
Jesús al inicio de su ministerio. Estos factores fundamentaron la importancia del bautismo en agua para
todo buen judío, y, sobre todo, la observación y demanda rigurosa para aquellos que aceptaban la fe
judaica.
Este mismo espíritu se observa especialmente en el inicio de la Iglesia Primitiva como una
secuencia de la costumbre judía. Es lógico que ellos sintieran la necesidad de incorporar tal rito dentro
de la Iglesia, debido a toda la gama de antecedentes ya mencionados, que no son tomados en
consideración, en el sentido estricto de la palabra, al tratar de explicar la práctica repentina de los
apóstoles.
Entonces es fácil entender por qué Pedro en su primer sermón resulta evangelizando y
llamando a miles de prosélitos al arrepentimiento y a bautizarse. Guillermo Stanton dice que es posible
que Pedro trate de aplicar el método evangelístico “del bautismo en agua” para arrepentimiento, pues
no tenía otro conocido.34
b. El agua tenía un significado muy profundo para todo judío, factor que guarda estrecha relación con
la práctica bautismal. Desde el Antiguo Testamento, ella representa limpieza, purificación y, sobre
todo, era el símbolo que apuntaba a la “promesa del Nuevo Pacto”. 35 También los esenios
consideraban el agua como símbolo de limpieza interna. ¿No es ésta razón suficiente para explicar el
porqué los apóstoles siguieron bautizando?
El escritor Castro Cubells hablando sobre el signo del agua, dice:
“…es gracia y bendición de Dios y está estrechamente relacionada con la fidelidad del
pueblo”.
Luego agrega: “A lo largo de los relatos bíblicos vemos cómo el agua es signo de gracia y
de espíritu, de perdón, de amor, de sabiduría y de ley. El agua es vivificada por el Espíritu
en anunciar de más profundos misterios que hemos de encontrar en el Nuevo Testamento”.
36
¿No es razón suficiente para explicar el porqué los apóstoles siguieron bautizando? ¿No es
buena razón para justificar tal práctica? Es necesario tomar este aspecto como trasfondo para entender
la práctica apostólica, sin olvidar que el agua apuntaba a Jesucristo, o sea que su simbolismo ya había
tenido su cumplimiento.
Esto no elimina la práctica apostólica y la importancia que podría tener para ellos, pero sí pone
en duda que el bautismo ritual fuese un acto de obediencia al mandato de Jesucristo de bautizar en
agua.
c. Jesucristo no señaló a los apóstoles una línea que marcara el final de la antigua dispensación, con su
culto ritual y ceremonial judío, y el inicio de la nueva dispensación de la Iglesia, que se caracterizaría
por la dispensación del Espíritu y de la gracia, y su culto en espíritu y verdad.
Stanton dice:
“Cristo no marcó para los apóstoles una línea divisoria entre el judaísmo y el evangelio, ni
entre el período preparatorio del ministerio de Juan y la plenitud de la nueva dispensación
50
del Espíritu Santo y la iglesia. Les dio pequeños indicios de ellos, entonces les encomendó a
la instrucción del Espíritu Santo, quién les iba guiando a la medida que ellos podían
caminar”. 37
d. Jesucristo y Juan el Bautista no profetizaron un bautismo en el nombre del Señor Jesús, pues la
Gran Comisión dice que debe ser en el nombre de la Trinidad. Pero ambos profetizaron un bautismo
nuevo con el Espíritu Santo que sería administrado por Jesucristo, y también por los apóstoles como
representantes del Señor, al imponer sus manos sobre los nuevos creyentes.
Todos estos aspectos es necesario tomarlos en cuenta para explicar favorablemente la práctica
apostólica, ubicándola de acuerdo con su contexto bíblico e histórico.
Castro Cubells dice:
“Podemos decir que Cristo no establece ningún signo nuevo religioso, sino que lleva a
término los presentados por la revelación del Antiguo Testamento. Y esta continuidad
con el Antiguo Testamento no sólo se da en la obra histórica de Cristo, sino en su
continuación pneumática o Ecclesia. La Iglesia es el nuevo Israel que, con los mismos
signos transfigurados, continúa el drama de la historia sagrada del pueblo elegido. Toda
la constelación sacral de la Iglesia Cristiana hunde sus raíces en las sacralidades judías”.
38
Se desea hacer alusión a dos aspectos mencionados por el autor:
1) Jesucristo no estableció ningún rito nuevo, y los del Antiguo Testamento, Él los llevó a su feliz
término, en el sentido de que Él fue el cumplimiento de todo lo anunciado por ellos. 2) El autor afirma
que se da una continuidad entre los ritos del Antiguo Testamento y los de la Iglesia, pero ya
transfigurados.
B. ENSEÑANZA PAULINA SOBRE EL BAUTISMO EN AGUA.
1. El concepto paulino de “ β α π τ ί ζ ω ”
El apóstol usa únicamente “baptizo” y “baptisma”, de entre las distintas formas que tienen la
misma raíz del verbo “baptízo”. Pablo usa “Baptízo” trece veces en las epístolas a los Romanos, I
Corintios y Gálatas; y utiliza “báptisma” tres veces en Romanos, Efesios y Colosenses.39
Kittel dice que el sentido técnico de la palabra “baptízo” es “sumergirse o estar sumido”, se usa
en un sentido cúltico y con menos frecuencia para hablar de los lavamientos judíos; también se usa en
el sentido técnico de bautizar.40
El autor antes citado sostiene que todo el sentido técnico del verbo significa o se usa para el
“bautismo en agua”. Esta definición ayudará a entender el concepto paulino de “baptízo”, pues en la
mayoría de veces lo relaciona con la acción de morir, sepultar, resucitar, ser revestido, que no son
atribuidos a un bautismo en agua, porque el apóstol al hablar de tales acciones, habla de la realidad
misma y no de algo simbólico.
51
1) En Romanos 6:3, Pablo usa el verbo “ έ β α π τ ί σ θ ημε ν ” , para designar la identificación entre el
creyente y Jesucristo. A este acto él lo llama “bautizados en Cristo Jesús”; y está hablando de un
bautismo espiritual con el Espíritu, quien identifica o une al bautizado con quien lo recibe, que es
Jesucristo.
Esta acción de ser bautizados nos identifica también con la muerte de Cristo. Pablo está
hablando de un bautismo semejante al del concepto usado por Jesús en Lucas 12:50.
Somos identificados con Cristo en el sentido de que así como Él murió para expiar el pecado,
también nosotros quedamos bajo el poder de Su muerte y morimos al pecado, como resultado de ser
bautizados en Jesucristo con el Espíritu Santo. O sea, que es una identificación análoga.
2) En I Corintios 1:13, Pablo tiene presente la práctica bautismal que es deducida por su contexto. El
verbo “ έ β α π τ ί σ θ η τ ε ” lo relaciona con la interrogante “¿fue crucificado Pablo por vosotros?”. De
otra manera, si Jesucristo es uno, y todos han sido bautizados en Él por Su Espíritu, entonces no hay
lugar para las divisiones. Esto explica la profunda preocupación del apóstol al procurar resolver este
problema.
3) En I Corintios 1:14-17, Pablo está usando el concepto técnico del verbo, según la definición de
Kittel, al hablar sobre el bautismo en agua.
Pablo afirma haber bautizado a algunos.
4) En I Corintios 15:29, el apóstol está hablando del bautismo en favor de los muertos. Según
Anderson, Pablo se está refiriendo al bautismo cristiano y, aunque Foschie (sacerdote italiano) dice que
este versículo tiene más de cuarenta interpretaciones, él cree que se está refiriendo al bautismo
sacramental.41
Lo visible es que Pablo usa la forma verbal “ β α π τ ί ζ ο ν τ α ι ” para hablar de una costumbre,
ya sea de los corintios o de alguna cultura pagana, de bautizarse en agua a favor de los muertos para
que estos resuciten. Pablo toma este argumento en favor de la verdad fidedigna de la resurrección de
Jesucristo.
5) En I Corintios 12:13 y Gálatas 3:27, Pablo usa las formas verbales “ έ β α π τ ί σ θ η τ ε ” ,
para designar al bautismo con el Espíritu Santo. En I Corintios 13:13, claramente dice que “por un solo
Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo”, que es la Iglesia del Señor.
En Gálatas 3:27, se usa la frase “revestidos de Cristo”, para referirse a los que han sido
bautizados por Jesucristo. Tal naturaleza de vestimenta, que tiene que ver con el carácter y beatitudes
de Cristo en el creyente, no pueden ser consecuencia de un bautismo sacramental.
Con el análisis de estos conceptos no se está diciendo que Pablo en alguna ocasión no tuviese
en mente el bautismo ritual como símbolo de alguna verdad. Se está procurando ser objetivos en el uso
del verbo, en relación con su contexto, o sobre la verdad enseñada.
6) En I Corintios 10:2, se usa la palabra “baptízo” con un significado muy amplio, especialmente para
designar o describir la relación entre el pueblo y Moisés, y entre el pueblo de Dios.
52
Anderson dice: “Este bautismo es claramente figurativo, y no tiene conexión alguna con la
ordenanza del bautismo, cuyo significado los cristianos en Corinto conocían muy bien…”42
b. El uso de la forma verbal “ β α π τ ι σμα ”
1) En Romanos 6:4, el apóstol está usando la forma verbal “ β α π τ ί σμα τ ο ς ”, para expresar la
identificación que hay entre el creyente y Jesucristo, ya expresada en el v. 3, “sepultados juntos para
muerte” por el bautismo.
Ampliando lo ya mencionado, se diría que hay estrecha semejanza de relación entre la muerte
del creyente al pecado y la muerte de Jesucristo por nuestros pecados. El profeta dice: “sepultará
nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”.43 Así como Jesucristo
resucitó, nosotros también resucitaremos a una nueva vida.
Entonces, la semejanza está, no en el contenido inherente a los distintos actos de morir,
sepultar, resucitar, sino en la paridad de semejanza cómo se efectúan estos actos en cada caso
particular.
Small, hablando de Romanos 6:1-11, dice:
“Recuérdese que los primeros ocho capítulos de Romanos son un discurso teológico, y nada
se dice en absoluto acerca de asuntos prácticos tales como la administración de la iglesia, los
sacramentos y su administración o formas particulares de culto. Romanos se circunscribe a
las realidades espirituales, de las cuales los sacramentos no son sino señales y sellos visibles.
El bautismo espiritual está primordialmente a la vista en el capítulo 6, no el bautismo con
agua…”. 44
2) Efesios 4:5. Si Juan anunció que el bautismo de Jesucristo sería con el Espíritu Santo, y
Jesús lo confirmó al prometerlo a los apóstoles, no se ve dificultad en decir que Pablo está hablando del
bautismo con el Espíritu. Sin embargo, algunos dicen que Pablo habla del bautismo sacramental.45
3) En Colosenses 2:12, Pablo usa un concepto semejante al usado en Romanos 6:4. Aunque el
contexto puede indicar que la función del verbo “ β α π τ ι σμψ ̃” es doble.
El primer concepto estaría relacionado con el bautismo espiritual, por el que somos sepultados
al pecado y vivificados para Dios. Luego, el segundo concepto puede estar relacionado con el
bautismo de “muerte”, aludiendo a la muerte de Jesús como el medio provisto por Dios para expiar el
pecado.
Small agrega:
“No hay mención ni pensamiento de bautismo por agua en Romanos 6 ni en Colosenses 2.
Es el bautismo espiritual el que se tiene a la vista en ambos pasajes”. 46
c. Además del concepto paulino de “baptízo” y “baptísma”, se observa que el apóstol usa también la
palabra “ λ ο ν τ ρ ψ ̃ ” , en Efesios 5:26, que se traduce como “lavamiento del agua”, y en Tito 3:5,
como “lavamiento de la regeneración”. En ambos, el significado central es “lavamiento, que podría ser
interpretado como alusiones o figuras del bautismo cristiano.
53
En Efesios 5:25, la palabra “ λ ο ν τ ρ ψ ̃ ” , unida a agua, únicamente está cumpliendo la
función de símbolo o analogía, para explicar la acción purificadora de la Palabra. Jesucristo al orar
por sus discípulos, dijo: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”.47
En Tito 3:5, la frase “ λ ο ν τ ρ ο υ ̃ π α λ ι γ γ ε ν ε σ ί α ς ” , que se traduce “lavamiento de la
regeneración”, es interpretada como enseñanza paulina del bautismo en agua, pero esta enseñanza no
guarda relación con el contexto o con la verdad central que el apóstol trata de presentar, Pablo está
hablando de la regeneración espiritual efectuada por el Espíritu, y no por obras de justicia que nosotros
hubiésemos hecho. Entonces, la palabra “lavamiento”, únicamente simboliza la naturaleza de la obra
realizada por la sangre de Jesucristo. Con base en el concepto de “baptízo” en el contexto paulino, es
más comprensible tal verdad.
2. Enseñanza paulina sobre el Bautismo
La parte anterior, se ha limitado únicamente a explicar el uso que Pablo hace en los distintos
casos en que menciona el verbo “baptízo”. Pero ahora, tomando en cuenta el análisis estructural del
texto y algunas funciones idiomáticas, se procurará ampliar su enseñanza sobre el bautismo.48.
Se da por sentada la formación religiosa y académica de Pablo como un factor indispensable
para conocer e interpretar su enseñanza. Él tuvo una preparación y formación en las Escrituras bajo
uno de los maestros de más nombre en su época, Gamaliel.
Como fariseo, Pablo conocía perfectamente el Antiguo Testamento, el ceremonialismo levítico
judío, y todo el trasfondo que se puede conocer sobre los antecedentes del bautismo como rito exterior.
Al tener su experiencia con Jesucristo y haber recibido por revelación de Dios todo lo
concerniente al Evangelio, indudablemente Pablo entendió perfectamente que todo el trasfondo
ceremonial apuntaba a Cristo, y, por tanto al venir Él, todo lo cumplía en Sí mismo. Lo practicado
ritualmente durante la antigua dispensación, quedaba atrás como obras muertas. Esto lo da por sentado
en sus escritos apostólicos, especialmente en Romanos, Gálatas y Colosenses, y tiene mayor solidez si
se acepta la tesis de que Pablo es también el autor de la Epístola a los Hebreos.
De otra forma, Pablo no habría enseñado con convicción a los de Colosas que ellos en Cristo
están completos.49
El apóstol conocía perfectamente la cultura helénica y el costumbrismo religioso de éstos,
quienes observaban una serie de ritos, incluyendo algunas prácticas bautismales paganas.
Todo esto explica en gran parte la actitud de Pablo hacia las prácticas externas, y el estilo de sus
escritos, en los que da realce a las enseñanzas directas de Jesucristo, y no a asuntos exteriores o
prácticos rituales.50
a. Romanos 6:3-4; Colosenses 2:12.
Pablo está hablando sobre el bautismo, pero en el idioma original no se hace alusión al agua, “
έ ν ΰ δ α τ ι ”, como el medio en el cual es administrado el bautismo mencionado.
54
Pablo está usando la preposición “ε ί ς ”, y, según Kittel denota el objetivo buscado, pero
también hay nociones especiales debilitadas, donde se constituye en “el elemento constructivo de una
forma de bautismo”.51 Por tanto, la frase de Romanos 6:3 “ε ί ς τ ό υ θ α ν α τ ο ν α ύ τ ο υ ̃
έ β α π τ ί ο θ ημε ν ”, señala un bautismo en Jesucristo “ε ί σ χ ρ ι σ τ ό ν ” , identificándose así con su
muerte.
Es la muerte de Jesucristo el medio de redención para hacer posible el bautismo con el Espíritu
del que habla seguramente el apóstol. La acción de ser bautizados en su muerte está expresada en
el v. 14, lo que expresa o se manifiesta por medio de una identificación con Cristo, “sepultados
juntamente con él para muerte por el bautismo”.
Aunque Pablo no menciona un bautismo con el Espíritu, es sobreentendido que de éste está
hablando, pues, gracias a la muerte de Cristo morimos al pecado y a nuestra naturaleza pecaminosa,
por medio de su bautismo con el Espíritu Santo. Así, somos partícipes de una nueva vida, la cual es
manifestada en parte desde el comienzo de la conversión, pero que según el v. 5, la disfrutaremos
totalmente en semejanza de Cristo en la resurrección.
Por tanto, no debe reinar el pecado en nosotros. Esta interpretación es una enseñanza muy
semejante a la de Colosenses 3:12.
Muchos ven en estos pasajes la enseñanza del bautismo sacramental como símbolo de la muerte
y resurrección de Cristo; es posible que Pablo lo tuviera en mente para expresar estas verdades, pero no
hay indicios que favorezcan esta enseñanza.
Berkhof dice que estos pasajes “Representan la regeneración bajo la figura de un quedar
sepultado y volver a resucitar”.52 Este argumento es apoyado por la función de las preposiciones “ δ ι ά
” en Romanos 6:4, y “ έ ν ” en Colosenses 2:12. Éstas indican que el bautismo es el medio por el
cual se hace posible nuestra sepultura o muerte al pecado, en cuyo aspecto somos identificados con
Cristo, en cuanto a la similaridad de paridad en el acto de morir.
Cárdenas, en su tesis “Exégesis de Romanos 6:3,4”, dice que la traducción “ δ ι ά ” debe ser
“por medio de”;53 y según la “Gramática griega del Nuevo Testamento”, la traducción de “ έ ν” en
Colosenses 2:12, cuando está ejerciendo la función de causa, puede ser traducida “por causa de”.54
En Colosenses 2:13-15, el apóstol en forma dramática continúa describiendo la victoria de
Jesucristo en la cruz del Calvario. En el v. 13 dice que nos dio el perdón de todos nuestros pecados; en
el v. 14, que Él abolió todas las demandas de la ley judía expresadas en ordenanzas externas,
clavándolas en la cruz, en el sentido de que él mismo era el cumplimiento de todo. Al escribir a los
efesios, les dice: “aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en
ordenanzas…”55 Así, Jesucristo proveyó un sacrificio de perfecta redención.
b. I Corintios 1:13-17.
Para encontrar la enseñanza de Pablo es necesario tomar en cuenta el problema de fondo que
trata de resolver. Esto nos mostrará que Pablo no está enseñando ninguna clase de bautismo, sino
únicamente está procurando resolver un problema de división dentro de la iglesia en Corinto. Según el
55
contexto, una de las causas que originó este problema fue la práctica del bautismo en agua, el cual
había sido administrado a discípulos carnales.
En el v. 13, Pablo alude al sacrificio de Jesucristo para argumentar la inoperancia de tales
divisiones. Todos han recibido de la gracia de Él, no existe razón para que unos se consideren mejores
que otros. En el v. 14, les dice que no han sido bautizados en Pablo, ni en Cefas, ni en Apolos, sino en
el nombre de Jesucristo.
En este tiempo, ser bautizado en nombre de alguien implicaba que tenían que ser discípulos de
éste.56 De esta manera desea expresarles que al ser bautizados en Cristo se constituyen en discípulos
de Él y no de algún hombre. Esto es aclarado en I Corintios 12:13, donde les enseña que todos han
sido bautizados en Jesucristo por un mismo Espíritu, y por ello no hay justificación para estar en
contiendas y divisiones.
Pablo defiende su posición como apóstol en vs. 14-16, añadiendo que no es cómplice de tales
divisiones, pues sólo había bautizado a unos pocos, pues no tenía la costumbre arraigada de bautizar.
Muchos explican esta actitud paulina diciendo que él no está despreciando el mandato de bautizar, pues
bautizó a los primeros del grupo y después se lo encomendó a sus compañeros de viaje.57
Si Pablo encomendó tal práctica a sus colegas, no se registra en las Escrituras; y si fuera así, eso
no resta la culpabilidad de los corintios en tales divisiones. Pero su defensa es más fuerte, según el v.
17, al declarar que Jesucristo no lo envió a bautizar, sino a predicar el Evangelio.
Pablo enfatiza el meollo de la Gran Comisión. Si el mandato de bautizar fuese parte de ella, él
no habría tomado tal actitud. Aunque se trate de justificar la reacción de Pablo diciendo que no él está
rechazando el bautismo como mandato del Señor, sino dando énfasis a la función de predicar, su
declaración verbal demuestra lo contrario. El problema que trataba de resolver no era causa para tomar
dicha actitud.
Pablo reconocía la práctica bautismal dentro de la Iglesia Primitiva, no como mandamiento del
Señor, sino posiblemente como una costumbre absorbida del judaísmo,58 de la que él había participado
en pocas ocasiones por razones que no son reveladas específicamente, pero que son deducibles.
c. I Corintios 10:2
Pablo no está enseñando aquí sobre el bautismo ritual, ni del espiritual con el Espíritu; por
tanto, no será discutido excepto lo ya expresado.
d. I Corintios 12:13, Gálatas 3:27
Pablo enseña el bautismo de Jesucristo con el Espíritu Santo. Todos hemos sido bautizados por
un mismo Espíritu; por tanto, nadie es más importante, todos somos iguales. Small describe
detalladamente la obra del Espíritu Santo en el bautismo así:
“Así que la obra del Espíritu Santo es efectuar la unión del creyente con Cristo, y esto lo
hace él: (1) trayendo la vida de Cristo dentro del creyente; (2) colocando al creyente dentro
56
de Cristo mismo; (3) colocando al creyente del verdadero compañerismo del pueblo de
Dios, la Iglesia”. 59
Esta unión “ ε ί ς ε ˝ ν σ ω ̃μα έ β α π τ ί σ θ ημε ν ” , en el cuerpo de Jesucristo es realizada por
el Espíritu Santo, según I Corintios 12:13, en el bautismo de Cristo. A los de Éfeso les habló de un
sólo bautismo “ε ί ς κ ύ ρ ι ο ς, μί α π ί σ τ ι ς , έ ν β ά π τ ι σμα ” , o sea “Un Señor, una fe, y un
bautismo”.
La frase “un bautismo”, se ha constituido en argumento para afirmar el mandato de Jesucristo
de un bautismo ritual, que está plenamente ligado al bautismo con el Espíritu; o sea, que Pablo con
dicha expresión está hablando de la unión de los dos bautismo (sacramental y espiritual) como uno
solo.60
El teólogo Roberto Barclay, al escuchar tal interpretación acerca de la enseñanza paulina en
Efesios 4:5, dice:
“Esta expresión ha tomado lugar, no porque esté fundada sobre el Testimonio de las
Escrituras, sino porque fuerza a las Escrituras para hacerlas estar de acuerdo con su principio
del bautismo en agua; así no se necesita otra respuesta más que rechazarla, siendo
repugnante a las palabras claras del texto que no dice que haya dos bautismo, uno de agua y
otro del Espíritu, que hacen un bautismo así como hay una fe y un Dios”. 61
En su declaración sobre la interpretación de este pasaje, añade:
“Primero, sólo hay un bautismo, así como un Señor, una fe, etc. Segundo: Este un bautismo,
que es el bautismo de Cristo, no es lavarse o sumergirse en agua, sino ser bautizado por el
Espíritu. Tercero: El bautismo de Juan era solamente una figura de la Substancia, y aunque
éste permanezca, la figura debe cesar”. 62
Entonces, el apóstol, tanto en I Corintios 12:13 como en Efesios 4:5, está hablando del
bautismo espiritual realizado por el Espíritu Santo, porque el de agua no puede efectuar la verdad que
describe en este pasaje.
Esta misma verdad es enseñada en Gálatas 3:27, “ ό σ ο ι γ ά ρ ε ί ς χ ρ ι σ τ ό ν έ β π τ ί σ θ η τ ε ,
χ ρ ι σ τ ό ν έ ν ε δ ύ σ α σ τ ε ” , o sea, “todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis
revestidos”.
Es una de las declaraciones más hermosas que se encuentran en los escritos de Pablo, en la
cual, en forma pertinente describe el bautismo con el Espíritu y sus resultados gloriosos. Así, al ser
bautizados con el Espíritu, somos revestidos de Cristo, tanto de Su carácter como de Su gracia. Hemos
sido colocados en Jesucristo, en Su cuerpo, y recibido adopción como hijos de Dios; todos somos uno
en Cristo y, además, somos herederos según la promesa.63
En un análisis exegético sobre este pasaje, Chafer llega a la conclusión de que la idea general
de este bautismo del cual habla Pablo es “ser puesto en Cristo”, o sea, ser introducidos en él y Su
familia (la Iglesia). Su resultado es el hecho filial, v. 28, al unirse a Cristo se es parte de Su familia y es
evidente por las Escrituras que esto es obra del Espíritu Santo. Añade: “El error tal como hacer esto un
57
efecto emanado del bautismo ritual, sólo es excedido por los que lo hacen meramente una experiencia
emocional o excitante”.64
Esta interpretación tiene más realce si se considera el contexto. Según los versículos 19-23, la
ley se ha constituido en nuestro ayo, estamos condenados bajo pecado y encerrados bajo las demandas
de la ley. Pero, al venir Jesucristo, v. 24, ya no estamos bajo las demandas de la ley pues ésta ha
cumplido su misión de conducirnos a Cristo; ahora somos hijos de Dios (vrs. 25-26).
Por tanto, ya no estamos esclavizados por tales demandas (ritos y ceremonias), ahora somos
parte de Cristo, uno con Él, gracias a Su obra redentora y a Su promesa del Espíritu, quien también nos
ha renovado a Su imagen.
Sin embargo, muchos interpretan este pasaje como una enseñanza de Pablo sobre el bautismo
ritual.65
Small, al hablar sobre este versículo y sobre todo el resultado del bautismo paulino, dice:
“Es la figura de ponerse un vestido; una figura que no tiene ninguna semejanza con la
inmersión. Habla del aspecto fundamental de unión con Cristo, que tiene que ver con que
nos cubramos con la justicia de Cristo. Todavía nadie ha disputado que esto debe tener una
analogía con los ritos bautismales. El hecho claro es que ni Romanos 6 ni Gálatas 3:27 se
refieren al modo de administrar el bautismo. Ambos pasajes hablan de determinadas
relaciones espirituales, que están representadas por nuestra unión con Cristo, o por nuestro
bautismo en Cristo”. 66
En cuanto a la afirmación de Small, él reconoce que la enseñanza paulina es sobre verdades
espirituales, que lógicamente se hacen efectivas como resultado del bautismo de Jesucristo por Su
Espíritu. Pero, además, él ve la enseñanza del bautismo humano, como el medio por el cual el
convertido se une a Cristo simbólicamente, y que representa tales verdades espirituales.
Aunque Pablo tenga en mente este rito para ilustrar mejor su enseñanza, no vemos ninguna
pretensión del autor en promover tal práctica.
SUMARIO
1. Pablo, al hablar del bautismo en agua, lo hace en relación con un problema que procura resolver,
y no para enseñar tal rito como mandato de Dios. Por tanto, el apóstol no enseña que el bautismo
sacramental debe observase como mandamiento de Jesucristo.
2. Al relacionar el bautismo en agua con la predicación del Evangelio, Pablo reconoce que su
misión de parte de Jesucristo es predicar, y no bautizar.
3. En todas las enseñanzas de Pablo sobre el bautismo, encontramos que únicamente bautizó a unos
pocos discípulos, seguramente debido a la concepción que él tenía del rito, como resultado de
una práctica judía y no de un mandato del Señor.
58
4. El mensaje central de Pablo es acerca del bautismo espiritual y de los resultados de éste, como
“ser vivificados”, “ser revestidos”, “ser unidos a Jesucristo o a Su Cuerpo”; él está hablando del
bautismo de Jesucristo con el Espíritu Santo.
5. No se rechaza en ningún momento la posibilidad de que en alguna ocasión el apóstol usara el
bautismo ritual como una analogía adecuada, para explicar alguna verdad respecto a Cristo y a
Su obra redentora, pues era una costumbre muy conocida tanto para el pueblo judío como el
gentil.
6. Para el apóstol sólo hay un bautismo que guarda estrecha relación con la unidad del hombre con
Dios: el bautismo de Jesucristo con el Espíritu Santo; es muy importante e irremplazable por su
ministerio en la administración del plan de redención, y por sus frutos en la vida del creyente.
C. ANÁLISIS DE OTRAS ENSEÑANZAS APOSTÓLICAS EN QUE TAMBIÉN SE USA EL
VERBO “BAPTIZO”
Según las diferentes concordancias y léxicos griego-español, después de los pasajes ya
analizados en los Evangelios, en los Hechos de los Apóstoles y en los escritos paulinos, en el resto del
Nuevo Testamento sólo existen unos pocos pasajes más, como Hebreos 6:2, 9:10; y I Corintios 19:13,
en los que se usan las formas verbales de “baptízo”, o de algún término que tiene la misma raíz
verbal.67
Para aprobar estos versículos como enseñanza del bautismo ritual, se tiene que tomar en cuenta
el contexto mediato e inmediato en el análisis del texto.
1. Hebreos 6:1-2
Se empezará observando el texto con base a su contexto:
a. Uno de los objetivos centrales del autor de la Epístola a los Hebreos es mostrar
enfáticamente cómo el culto levítico y el sacerdocio aarónico, con todos sus ritos y ceremonias,
tuvieron cumplimiento pleno en Jesucristo, el Creador del Nuevo Pacto.
b. El autor, en esta sección de los capítulos 5 y 6, exhorta al pueblo a no abandonar a Jesucristo
para volver al antiguo culto judío, que ya no tiene ningún valor, pues sólo fue sombra del tiempo
presente.
c. Si esto es así, es explicable el objetivo del autor en 5:11 – 6:20, al advertir al pueblo el
peligro de apostatar de la fe en Dios, por mantenerse en un estado espiritual raquítico, como niños
espirituales, después de tanto tiempo de conocer a Cristo.
Así, les sugiere un camino mejor, “el camino de la perfección”, dejando atrás todos aquellos
rudimentos que no conducen a una vida madura y que son expresión de su niñez espiritual.
Si el apóstol hace ese llamado a la perfección, tenemos que analizar el texto para entender lo
que sus lectores deben dejar.
59
d. Según el v. 1, la exhortación es a dejar “los rudimentos de la doctrina de Cristo”, para
alcanzar la perfección. ¿Qué clase de rudimentos señala el autor? La palabra griega que se usa para
“rudimentos” es “ α ρ χ η ̃ς ” , que significa: 1) Principio, rigen, autoridad (Mateo 19:4; Apocalipsis
3:14); 2) reglamento, precepto (Lucas 12:11, 20:20); 3) extremo, en gran peligro, monopolio
(Hechos 10:11).68
En este caso, la palabra usada en la versión inglesa es “principles”, que tiene que ver con
“principios, ley, fundamento”. Entonces, la palabra “ α ρ χ η ̃ς ” en Hebreos 6:1, tiene que ver con las
leyes o principios en que se fundamenta la doctrina de Jesucristo.
Al venir Jesucristo, tales fundamentos o rudimentos se constituyeron en obras muertas, así
como el autor las describe. Por tanto, deben dejarse; ya no se debe obedecer o practicar algo que sólo
era sombra de lo presente.
e. La palabra usada para “bautismos” es “ β α π τ ι σμω ̃ν ” , y su significado principal es
“levadura, lavamientos, bautismos”, y sólo se usa tres veces en el Nuevo Testamento.69
Esta palabra se usa dos veces para indicar “abluciones o lavamientos”, y, en este caso, para
indicar “bautismos”. Entonces, la expresión “doctrina de bautismos”, según la palabra griega usada
tiene que ver con “lavamientos o bautismos levíticos, o judíos”, que sólo apuntaban a la realidad del
Nuevo Pacto.
La palabra griega usada para “doctrina” es “ δ ι δ α χ η ̃ς ” , que tiene que ver con enseñanzas o
instrucciones acerca de tales bautismos o lavamientos. Estos bautismos tenían que cesar porque eran
ya fundamentos muertos.
f. Por tanto, aquí en ningún momento se hace alusión a un bautismo como sacramento
enseñado por Jesucristo, sino a lavamientos judaicos, que el autor les exhorta a “no ponerlos como
fundamentos”, pues son obras muertas.
Trenchard dice que la traducción de este pasaje debe ser:
“Por tanto, habiendo dejado la palabra (mensaje) del principio de Cristo (Mesías), vayamos
adelante a la plena madurez; no echando otra vez el cimiento del arrepentimiento de obras
muertas y de la fe en Dios, la enseñanza de lavamientos y de la imposición de manos, de la
resurrección de los muertos y del juicio eterno…”
Más adelante agrega:
“Se ve que todo eso podía corresponder a la verdad renovada del antiguo régimen, cuando
los hombres tenían que acercarse a Dios por medio de actos rituales como los lavamientos,
la imposición de manos sobre las víctimas, animales, etc.; sin excluir en tales obras la
comprensión de lo que era el arrepentimiento y la fe en Dios”. 70
El Dr. H. Orton Wiley hace un comentario distinto al autor citado, cuando dice:
60
“El bautismo y la imposición de las manos, se refiere a la confesión pública de fe y por tanto
es de naturaleza eclesiástica. Se sigue la secuencia histórica, pues la salvación por el
arrepentimiento y la fe debe confesarse públicamente en la iglesia”. 71
Quizá el Dr. Clarke aclare mejor el desacuerdo de los autores ya citados al declarar:
“Me inclino a creer que todos los términos en este pasaje tanto como en el anterior,
pertenecen a la ley levítica y deben ser explicados sobre su base. Bautismos o inmersión del
cuerpo en el agua, rociamientos y lavacros, muy comunes en los ritos religiosos hebreos,
todos emblemas de esa pureza que un Dios santo requiere de sus adoradores…”. 72
2. Hebreos 9:9,10
En esta cita, no se hace ninguna mención al bautismo cristiano, pues directamente está
hablando sobre diversas abluciones del Antiguo Testamento. Sin embargo, se comenta lo siguiente: al
hablar del culto del Antiguo Pacto, en los vrs. 9,10, el autor dice que consistía en ofrendas y sacrificios,
comunidad y bebidas, diversas abluciones y ordenanzas de la carne.
Todas estas ordenanzas eran símbolo para el tiempo presente; refiriéndose al Nuevo Pacto y a
Jesucristo el gran Mediador. Además, todas estas ordenanzas del culto levítico no pueden hacer
perfecto a quien las practica; por esta razón fueron impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas del
Antiguo Pacto.
Pero estando ya presente Cristo, Él ha provisto eterna redención, v. 12, por medio de Su sangre
que limpia perfectamente al individuo para que sirva a Dios, v. 14, y teniendo como fruto final la vida
eterna.
3. I Pedro 3:21
Uno de los intentos más absurdos es tratar de enseñar lo que los autores apostólicos en ningún
momento pensaron decir. Esto es visible cuando tratamos de enseñar que Pedro en sus epístolas
enseñó a sus lectores que debía observarse la práctica del bautismo en agua como sacramento, ya sea
para la salvación, o para ingresar a la Iglesia. No se niega que él lo administrara al principio de su
ministerio, pues esto es relatado por Lucas en los Hechos.
Sin embargo, Palma dice:
“En Pedro “la profesión de fe debía preceder al bautismo, es decir, que la fe se presupone (I
Pedro 2-3) pero al mismo tiempo está implicada en el mismo acto del bautismo. La verdad
que hay que creer es el misterio salvífico de Cristo (I Pedro 3:18-22), pero insiste más en la
vivencia subjetiva del hombre que cree”. 73
También Ch. F. D. Moule dice que muchos estudiosos consideran que en la Primera Epístola
de Pedro hay un servicio bautismal completo con sus homilías, himnos y oraciones, pero él dice que es
61
más fácil entender una sublime rememoración de los votos y de las promesas bautismales, dirigida a
cristianos quienes necesitaban un aliciente que los confortara, por estar sufriendo persecución.74
Si esto es así, como lo afirman los autores citados, se cree necesario asumir que Pedro está
enseñando el bautismo en agua, como el acto humano que salva por la resurrección de Jesucristo,
según 3:21. Tal enseñanza resulta pésima, porque Pedro ha predicado y enseñado que el único medio
de salvación es Jesucristo.75
Entonces, ¿qué pretende enseñar el apóstol en I Pedro 3:21 cuando habla del bautismo?
a. Según el contexto del versículo, Pedro está aconsejando a los hermanos del Asia Menor a
tener buen testimonio para con los de afuera, pues es preferible que sufran por hacer bien, y no por
hacer mal. Pedro alude al ejemplo de Jesucristo al padecer por los injustos, con el propósito de
estimular a estos hermanos que estaban siendo atribulados.
En los vrs. 19 y 20, Pedro describe la victoria de Jesucristo sobre la muerte y el pecado, la cual
fue pregonada a los espíritus encarcelados, que desobedecieron a la voz de Dios por medio de Noé, por
andar en sus propias concupiscencias e incredulidad.
En ese evento, Noé y su familia fueron salvos por medio del arca que Dios había ordenado a
Noé que construyera; así, el agua sirvió como medio de salvación.
b. Entonces, al decir que “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva… por la
resurrección de Jesucristo”, ¿a qué clase de bautismo se está refiriendo Pedro? La mayoría de
comentaristas arguyen que Pedro, al hablar del bautismo, se refiere al sacramento como un testimonio
externo de nuestra salvación.
Paul S. Rees dice al respecto: “El bautismo testifica, en forma de prenda, de una buena
conciencia hacia Dios”. Luego agrega que: “sólo tiene validez en su relación con el Cristo resucitado y
con la nueva vida que él por el Espíritu Santo imparte, sobre la base de su muerte expiatoria en favor
nuestro”.76
Meyer hablando del bautismo, hace su aporte de la siguiente manera:
“En verdad que el bautismo no tiene ninguna eficiencia sacramental; pero no hay ningunas
cosas triviales en el reino de Dios; y la obediencia a un rito meramente exterior, puede hacer
todo un mundo de diferencia entre la intranquilidad de una conciencia mala y la respuesta de
una buena conciencia”. 77
c. Si este argumento es válido, no se ve razón para aceptarlo, porque Pedro está hablando de “un
bautismo que salva” por la resurrección de Jesucristo, y no de un bautismo que únicamente sea
testimonio de tal salvación.
Según Meyer, Noé pasó del viejo mundo al nuevo por medio del agua, y en este sentido es tipo
de la experiencia espiritual del cristianismo.78 Así también, el bautismo correspondiente a esto (a la
salvación), el de Cristo con su Espíritu, nos salva de la vida antigua a una nueva, por la muerte y
resurrección de Jesucristo. Es un bautismo que quita no las inmundicias de la carne o del cuerpo, sino
las inmundicias pecaminosas y, en consecuencia, resulta una buena conciencia hacia Dios.
62
Paul S. Rees cita al profesor Alan Stibbs, del Oak Hill College, de Londres, sobre el comentario
que hace del bautismo de Pedro.
“La enseñanza en la gracia, figurativamente empeñada en este pasaje y esencialmente
realizada en la experiencia del pecador, no debe fundarse en alguna imaginaria virtud que
pueda atribuirse a la ceremonia o al agua bautismal para lavar las inmundicias de la carne,
sino es una sincera respuesta del corazón a Dios y particularmente en una confesión de fe
personal en Cristo crucificado y resucitado”. 79
Es de lamentar que a cualquier alusión al verbo “baptízo” se le atribuya una enseñanza ritual,
hasta el punto de atribuir verdades o frutos espirituales divinos a actos humanos. Esto ocurre en este
caso; sin embargo, Pedro procura recordar a los hermanos de Asia su experiencia en el Señor, para
afirmar y confirmar la fe de ellos que se hallaban en tribulación.
Para el logro de tal objetivo, Pedro usó el ejemplo de Noé y su familia en el diluvio, como un
caso análogo donde ocho personas fueron salvadas por agua.
CONCLUSIÓN
1. La práctica apostólica es una de las evidencias que podrían tomarse para explicar el mandato de
bautizar como acto ritual. Pero esta práctica, como se ha procurado evidenciar, es resultado de
todos los antecedentes históricos sobre el bautismo ritual.
Tales antecedentes garantizan la familiaridad de los apóstoles con este rito; explican las razones
que ellos pudieran tener para seguirlo practicando; muestran la importancia que pudo tener para
los apóstoles como elemento de iniciación en la fe cristiana y como un testimonio público de fe;
y, además, justifica la continuación de tal práctica. Pero la práctica apostólica, con todos sus
antecedentes, no sustenta una evidencia bíblica para la observación del rito hoy en día, a pesar de
su práctica durante toda la historia del Cristianismo.
Si esta práctica es resultado del mandato de bautizar de labios de Jesús, es de esperar que ellos lo
enseñen como mandamiento de Dios, a pesar de que ya fuese una práctica usual y conocida, pues
ellos siempre enfatizaron las enseñanzas de Jesús en forma muy rigurosa. Pero, en todo el
Nuevo Testamento no encontramos una enseñanza específica en que algún apóstol se haya
tomado la libertad de enseñar la importancia de administrar el bautismo ritual a los nuevos
creyentes, como parte integral e indispensable de la vida cristiana, y como mandamiento de
Jesucristo, a pesar de las múltiples alusiones que se hace del verbo “baptízo”.
La mayoría de las alusiones que los apóstoles hacen de este verbo en sus escritos, tienen que ver
con la enseñanza del bautismo espiritual, el bautismo de Jesucristo con el Espíritu Santo y Su
ministerio en el plan de salvación. O sea que, aparte de su práctica, en sus escritos ellos no
enseñaron el bautismo en agua como una ordenanza de Jesucristo, aunque en alguna ocasión
pudieron hacer alusión al rito como simbolismo de la verdad de Dios.
2. El libro de los Hechos, donde se narra la práctica bautismal apostólica, es también material de
apoyo para explicar la interpretación del mandato de bautizar como un bautismo espiritual.
63
Jesucristo enseñó a sus apóstoles que Su bautismo no es con agua, sino con el Espíritu Santo; y
lo enseñó antes de ascender al cielo. Seguramente Jesús lo dispuso así para aclarar Su mandato
de bautizar en la Gran Comisión, además de ser una promesa que ellos esperaban y necesitaban.
En todo el Libro de los Hechos se observa el poder del bautismo en el Espíritu y sus resultados,
como la predicación del Evangelio en todo el mundo conocido y el crecimiento acelerado de la
Iglesia. Muchos eran bautizados con el Espíritu y sus corazones eran purificados, y, sobre todo,
aquellos que aceptaban el Evangelio y eran bautizados con el Espíritu, eran agregados al Cuerpo
de Cristo. Este bautismo de Jesucristo con su Espíritu fue administrado por los apóstoles como
representantes de Él aquí en la tierra. Lo hicieron en forma simbólica por medio de la
imposición de manos y, sobre todo, por medio de la predicación del Evangelio.
3. Es muy posible que el bautismo ritual trajera bendición para los apóstoles. Pero que ellos
sintieran que tal práctica bautismal fuese parte de la voluntad de Dios como resultado de la
revelación del Espíritu, es un hecho no comprobable, porque el Espíritu Santo hizo recordar a
Pedro todo lo contrario en Cesarea de Filipos.
Es necesario recordar que el objetivo de este trabajo es ubicar la importancia del bautismo, con
base en la enseñanza bíblica y sus antecedentes en la práctica bautismal judía; pero no en
relación con la experiencia externa porque, si para los apóstoles fue de bendición, en la historia
de la Iglesia se ha demostrado lo contrario.
De allí la importancia de este capítulo, que trata de ubicar el bautismo ritual en su lugar bíblico
neotestamentario, como ya ha sido especificado, e identificar el bautismo con el Espíritu Santo,
instituido por Jesucristo como el bautismo legal de la Iglesia.
Este concepto podría constituirse en una alternativa posible para anular las barreras que han
afectado la unión fraternal, problema que ha sido el resultado de las intervenciones humanas en
la práctica bautismal a través de la historia, especialmente por el dogmatismo cerrado en la
administración del rito.
64
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
1. Véase, Hamman, op. cit., pp. 71-173, donde hace un relato breve mostrando que desde los
escritos más antiguos, como la Didakhe, Las Odas de Salomón, la Epístola de Bernabé y
el Pastor de Hermas, se encuentra la enseñanza del bautismo en agua como
mandamiento divino, y así se ha entendido sucesivamente a través de la historia.
2. Hechos 13:1-14. Pablo hizo discípulos en Antioquía de Pisidia, Iconio, Derbe y Listra, durante
su primer viaje misionero, y, sin embargo, Lucas no menciona que Pablo haya
demandado el bautismo en agua.
3. En Hechos 3:11-26, Pedro llama a sus oyentes al arrepentimiento y no menciona el mandato de
que deben bautizarse.
4. En Hechos 2:14-37; 3:11-26; 4:31; 5:42; 6:4-7 y otros pasajes más, se observa la narración que el
autor hace de la predicación del Evangelio. En Hechos 1:5; 2:8-40; 4:31; 8:17;
10:44,45; 11:16; 13:52; y 19:6, se narra el ministerio del Espíritu y su énfasis por parte
de los apóstoles.
5. Silverio Zedda, Para Leer a San Pablo. (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1965). p. 18.
6. Ibid, pp. 18, 19.
7. Wigram-Green, The New Englishman`s Greek Concordance and Lexicon. (Indiana: Asociación
Publishers & Authors, 1982, First Printing). pp. 114, 115.
8. Estill Jones, Hechos: Colaborando en la Misión de Cristo. (El Paso: Casa Bautista de
Publicaciones, 1974). pp. 45, 46. Cp. Hamman, op. cit., pp. 41-46.
9. Dana y Mantey op. cit., p. 186.
10. Esta declaración se sobreentiende, si recordamos que el bautismo de Juan era único, en
representación de su ministerio. Juan no predicó que se siguiera practicando el rito,
antes bien profetizó otro bautismo con el Espíritu Santo.
11. Lohfink, op. cit., p. 228.
12. Mateo 1:1-12; Hechos 2:38.
13. Rodríguez, op. cit., pp. 51,52.
14. Hamman, op. cit., p. 42.
15. Dana y Mantey, op. cit., p. 100.
16. En Hechos 8:13, Lucas está usando el verbo “ β α π τ ι σ θ ε ζ ς ” página 107) en aoristo, en que la
función verbal no se refiere al bautismo ritual, por ser éste un acto inmediato o
65
momentáneo, y el verbo indica una acción indefinida. Quizá tenga que ver con el
propósito del bautismo, o sea que Simón el Mago permanecía entre los que habían
creído el mensaje de Felipe.
17. Gerhard Kittel, Theological Dictionary of the New Testament. (Michigan: W. M. B. Erdmans
Publishing Compay, 1974, sixth printing, Tomo I). pp. 529, 540.
18. Esta hipótesis es sostenida especialmente para explicar la declaración de Pablo en I Corintios
1:17, en el sentido de que él no está contradiciendo el mandado de Jesús en Mateo 28:19,
sino dando énfasis a su misión principal de predicar el Evangelio.
Esta hipótesis tiene como fin mantener el pie que Jesucristo comisionó el mandato de
bautizar en agua, y para explicar que Pablo también administró el bautismo en forma
sistemática.
19. William Barclay, Los Hechos de los Apóstoles. (México: El Faro, S. A., 1968). p. 222.
20. En toda esta sección se ve que el motivo de la práctica apostólica era el ingreso a la fe en
Jesucristo, o de la comunidad cristiana, y como testimonio de dicha fe. Esto es sugerido
por la semejanza de métodos evangelísticos (el de Juan el Bautista y el de Pedro), por el
trasfondo judío del proselitismo, y por el contexto de algunos casos relatados por Lucas.
Si esto es así, es obvio el uso que Lucas hace del tiempo aoristo en todas las ocasiones
en que menciona “baptízo”. Se ha enfatizado que la función verbal en aoristo no
describe el acto ritual, sino el propósito por el cual era administrado.
21. Hechos 8:15-17, 9:17, 18, 19:6.
22. Lohfink, op. cit., p. 228.
23. Juan 14:15-18, 16:7-15.
24. Hechos 1:8.
25. Hechos 4:31.
26. Hechos 5:42.
27. Hechos 5:14.
28. Hechos 6:1-7.
29. Hechos 8:25.
30. Hechos 9:15,16.
31. Hechos 26:16-18.
32. I Corintios 1:14-16.
66
33. Carlos Castro Cubells, El Sentido Religioso de la Liturgia. (Madrid: Ediciones Guadarrama,
1964). p. 364.
34. Guillermo Stanton, op. cit., p. 14.
35. Éxodo 36:25-27.
36. Castro Cubells, op. cit., pp. 279,280.
37. Guillermo Stanton, op. cit., p. 39.
38. Castro Cubells, op. cit., p. 318.
39. Véase, Mckibben Stockwel, Léxico Griego-Español del Nuevo Testamento. (El Paso: Casa
Bautista de Publicaciones, 1963, 2a edición). pp. 54, 55. Cp Wigram-Green, op. cit., pp.
114,115.
40. Kittel, op. cit., pp. 529,530.
41. Anderson, op. cit., pp. 150,151.
42. Ibid, pp. 149,150.
43. Miqueas 7:19.
44. Small, op., cit., p. 164.
45. Véase, G. H. Lacy, Comentario Sobre la Epístola a los Efesios. (El Paso: Casa Bautista de
Publicaciones, 1963, 2a edición). En pp. 104-107, comentando este pasaje, dice que hay
un sólo bautismo “la inmersión de un creyente en el agua”. Cp. Juan A. Mackay, El
orden de Dios y el desorden del hombre. (México: Casa Unida de Publicaciones, 1964).
En pp. 161-163, ve “un bautismo” como el sacramento instituido por Jesucristo.
46. Samall, op., cit., p. 163.
47. Juan 17:17.
48. Al usar la palabra “bautismo” en este caso, se toma en un sentido más amplio, sin limitarse al rito
sacramental.
49. Colosenses 2:10.
50. Véase, Hamman, op. cit., p. 47., donde hace alusión a muchos pasajes paulinos como enseñanza
de Pablo sobre el bautismo sacramental.
51. Kittel, op. cit., pp. 539,540.
52. Berkhof, op. cit., pp. 750,751.
67
53. Isaías Cárdenas, “Exégesis de Romanos 6:3,4”. (Tesis en cumplimiento parcial de los requisitos
para el título de Bachiller en Teología. San José: Seminario Bíblico Latino-Americano,
1970, Monografía). p. 13.
54. Dana Mantey, op. cit., p. 111.
55. Efesios 2:15.
56. Clarke, op. cit., p. 384.
57. Véase, A. B. Rudd, Las Epístolas a los Corintios. (El Paso: Casa Bautista de Publicaciones,
1952, 2a edición). pp. 33, 34. Cp. Eugen Walter, Primera Carta a los Corintios.
(Barcelona: Editorial Herder, 1971). pp. 30-33. y Claude J. Peifer, Cartas 1a. y 2a. a Los
Corintios. (Santander: Editorial “Sal Terral”, 1966). pp. 14-21. Estos autores sostienen
la idea de que Pablo bautizaba por medio de sus compañeros de viaje.
58. Es muy probable que Pablo haya interpretado el mandato de la Gran Comisión como un bautismo
espiritual, debido a la irregularidad con que él practicó el rito, a la falta de enseñanza en
sus epístolas, y al énfasis dado al ministerio del Espíritu Santo. Pero se reconoce que en
ningún momento usó la palabra “baptízo” para referirse directamente al Espíritu. Sin
embargo, él cree en la existencia de “un bautismo”, que sin duda alguna tiene que ver
con el Espíritu santo.
Si no dio énfasis al bautismo de Jesucristo con el Espíritu, era razonable, debido a que
sabía que el Espíritu es dado en el momento de la conversión (Romanos 5:5); pero, su
preocupación como apóstol es que todos sean llenos del Espíritu.
59. Small, op. cit., p. 165.
60. Véase, Hamman, op. cit., p. 51, y cp Vergés, op. cit., p. 55, quien agrega un elemento más:
bautismo, fe y espíritu.
61. R. Barclay, op. cit., p. 9.
62. Ibid, p. 8.
63. Gálatas 3:28, 29.
64. Chafer, op. cit., p. 976.
65. Véase, Ernesto Trenchard, Una exposición de la Epístola a los Gálatas. (Barcelona: Cursos de
Estudio Bíblico, 1964). pp. 118, 119. El autor cree que Pablo se está refiriendo al acto
cuando fueron bautizados en agua y confesaron sus pecados. Cp William Barclay,
Gálatas y Efesios. (Buenos Aires: Editorial la Aurora, 1973). p. 42, quien sostiene la
misma idea.
66. Small, op. cit., p. 168.
68
67. Véase, Mckibben, op. cit., pp. 54,55.
68. Wigram-Green, op. cit., p. 94.
69. Stegenga-Tuggy, op. cit., pp. 110,111.
70. Ernesto Trenchard, Exposición de la Epístola a los Hebreos. (Córdoba: Librería y Editorial “El
Amanecer”, 1958). p. 76.
71. H. Orton Wiley, La Epístola a los Hebreos. (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, S/F). p.
207.
72. Clarke, op. cit., p. 595.
73. Carlos S. J. Palmés, Teología Bautismal y Vida Religiosa. Bogotá: Secretariado General de la
Clar, 1974). p. 46.
74. Ch. F. D. Moule, El Nacimiento del Nuevo Testamento. (España: Editorial Verbo Divino, 1974).
pp. 51-52.
75. Véase, Hechos 4:12; I Pedro 2:9-10.
76. Paul S. Rees, Primera Epístola de Pedro. (Buenos Aires: Junta Bautista de Publicaciones, 1963).
pp. 106, 107.
77. F. B. Meyer, Exposiciones de la Primera Epístola de Pedro. (El Paso: Casa Bautista de
Publicaciones, S/F). pp. 176, 177.
78. Ibid, p. 176.
79. Rees, op. cit., p. 107.
69
CAPÍTULO IV
HACIA UN NUEVO CONCEPTO DEL BAUTISMO
Existe suficiente razón al afirmar que la práctica apostólica es un factor resultante del contexto
religioso judío sobre la práctica del bautismo en agua. Entonces, ¿de dónde se desprende el significado
que éste posee para quienes lo practican? ¿Quién le ha dado tal importancia? ¿Jesucristo al instituirlo
o la Iglesia en su devenir histórico?
Se desea analizar la importancia dada al bautismo, o mejor dicho, la importancia que tiene para
quienes lo practican, con base en la importancia bíblica. En este capítulo se procura concluir el
presente trabajo, por tanto, se parte de las verdades que se han expuesto en los capítulos anteriores,
como una alternativa posible a los puntos tratados, sin excluir otras alternativas que pueden ser
aceptables a los lectores.
A. LA IMPORTANCIA ATRIBUIDA AL BAUTISMO SACRAMENTAL Y SU RELACIÓN
CON LA VERDAD BÍBLICA.
1. Breve reseña conceptual acerca de la importancia atribuida
Después de un estudio cuidadoso sobre el significado y la importancia del bautismo en agua, se
observa una diversidad de conceptos asignados a su importancia. Dependiendo de las principales
interpretaciones, se comenzará por los aspectos más comunes en la importancia dada al bautismo.
a. El bautismo en agua es muy importante por ser un mandamiento de Dios, y todo su florido
significado sustancial depende de esto.
El Dr. Marcel dice:
“El bautismo es, por lo tanto, un deber. Si alguien desea ser discípulo de Cristo, y
considerado como tal, está obligado a hacerse bautizar sometiéndose a la vez, al
mandamiento de Cristo, a la práctica invariable de los apóstoles, y uso constante y universal
de las Iglesias Cristianas de todos los tiempos y de todas las partes del mundo”. 1
Esto lo han sostenido los diversos pensadores cristianos de las distintas épocas. Rodríguez,
hablando del mandato de bautizar en la gran comisión, agrega:
“Por él estamos obligados (si hemos de ser obedientes) a ‘ir por todas las naciones
doctrinando’, a ‘bautizarles’ después que estén doctrinados, y a ‘enseñarles que guarden
todas las cosas que El ha mandado’”. 2
La forma como se concibe este mandato es indispensable: aunque no sea indispensable para la
salvación, es un mandato y debe obedecerse (concepto evangélico).
b. Es un elemento de iniciación o entrada en la Iglesia.
70
La persona que no es bautizada, según las normas que rigen en algunas denominaciones o
iglesias, no puede ser parte activa de la membresía de la misma.
El sacerdote episcopal C. B. Moss, dice:
“El bautismo es el sacramento por medio del cual, somos hechos miembros de la Iglesia; la
confirmación es el sacramento que nos da todos los privilegios de la Iglesia (…) ninguna
persona puede considerarse cristiana, hasta que sea bautizada”. 3
Rodríguez añade:
“O sea que en el bautismo, el creyente muestra su unidad cristiana, así como el creyente es
unido a Cristo, así también a la Iglesia, y éste fue el uso que dio la iglesia primitiva al
practicar el bautismo ‘como condición de membresía’”. 4
Entonces:
“Por mandato expreso de nuestro Señor Jesucristo (Mateo 28:19-20), y por la práctica
apostólica (Actos 2:28, 41; 8:12), entendemos que el bautismo es una obligación universal y
perpetua. Debe observarse solemne y estrictamente. Siendo un rito inicial, debe ser
administrado sólo una vez. Establece un pacto permanente y, en consecuencia, no debe
repetirse”. 5
c. El bautismo como Señal o Sello.
El profesor Lacy, dice:
“Algunos han procurado (…) que el bautismo simbolice la venida del Espíritu. El bautismo
no simboliza la venida del Espíritu, sino la obra del Espíritu en los corazones de los
cristianos”. 6
Marcel resume tres aspectos importantes acerca del bautismo, el cual asume un papel como
“signo y sello”: 1) El bautismo es signo y sello de la remisión de los pecados y de la justificación. 2)
“El bautismo es el signo y sello de la regeneración, de la muerte del viejo hombre y la resurrección del
nuevo, por la comunión en la muerte y resurrección de Cristo”. O sea, que somos incorporados en
Jesucristo en plena comunión, somos revestidos de él y además estando en él somos partícipes de todos
los bienes del Espíritu Santo. 3) El bautismo es el signo y sello de la comunión del creyente, no sólo
con Cristo mismo, sino también con su cuerpo, la Iglesia; o sea, que la persona que se bautiza es hecha
discípula de Jesucristo y, además, es introducida a la Iglesia visible.7
d. El bautismo como testimonio público de la fe.
Este punto se enfatiza especialmente por las diferencias conservadoras, que ven el bautismo una
oportunidad magnífica para testificar de la fe. En el bautismo el nuevo creyente manifiesta su
conversión. Anderson dice:
“Si la conversión del creyente es genuina, y si él verdaderamente ha experimentado un
cambio definitivo en su vida, entonces, habiéndosele impartido una instrucción
71
apropiada en relación con el bautismo, se dará cuenta de que su fuerza de voluntad es
fortalecida tremendamente al dar asentamiento a su nuevo estado, por medio de un acto
físico tan significativo como lo es el bautismo”. 8
Anderson agrega que el bautismo es un factor pertinente en la evangelización, como medio
evangelizador. Su tesis la defiende diciendo que Juan el Bautista, Jesucristo y los apóstoles, usaron el
bautismo como un medio para predicar a Jesucristo.9
e. El bautismo como medio de gracia.
Sobre este punto del significado del bautismo como medio de gracia, difieren mucho los que
así lo conciben. Prácticamente se observan dos posiciones bien marcadas: la primera, que es
conservadora, considera necesario administrarlo como evidencia de haber recibido la gracia de Dios;
afirma que edifica, santifica y purifica, pero que no es necesario para la salvación. La segunda, que es
la posición católica-romana, sustituye la gracia de Jesucristo por la gracia salvadora del bautismo.
Small dice: “Estos sacramentos como medios de gracia, no son necesarios para la salvación;
pero son obligatorios puesto que son establecidos por mandato de Dios”. Y agrega que: “El Espíritu
Santo los usa para comunicar la gracia divina.” 10
Karl Barth dice que la eficacia del bautismo consiste en que la persona bautizada es colocada de
una vez bajo la señal de esperanza, por tanto, ya la muerte no tiene potestad sobre él, sino disfruta de
vida, y en consecuencia brilla para la gloria de Dios, pues ya ha sido perdonado; el bautismo interviene
en la nueva creación, aunque no es gracia en sí, pero significa gracia en todo el sentido del acto.11
Marcel agrega:
“El bautismo, no solamente promueve un nuevo creyente, sino que edifica, santifica,
purifica y glorifica a la Iglesia, como tal y en cada uno de sus miembros a la vez (…), la
eficacia de un bautismo administrado en la Iglesia se extiende a todos los que participan o
asisten al mismo, y por tanto, a toda ella”. O. Cullmann opina así: “El bautismo no afecta
sólo al bautizado como habitualmente se dice, sino a la Iglesia como un todo”. 12
El extremo marcado se puede observar en la posición católica, al atribuir al bautismo un sentido
mágico.13 En el concilio de Trento se hicieron las formulaciones generales sobre la enseñanza de la
Iglesia Católica en cuanto al bautismo.
En referencia a su eficacia:
1. El bautismo es un sacramento de la nueva alianza. De fe (Dz 844).
2. Perdona el pecado original en los niños en los adultos. De fe (Dz 790-792).
3. Perdona todos los pecados actuales. Cierto (Dz 792).
4. Perdona todas las penas debidas al pecado. Probable (Dz 807).
5. El bautismo da al alma la justificación interior. Cierto (Dz 792-799).
6. El bautismo imprime un carácter indeleble. De fe (Dz 852).
7. El bautismo introduce al hombre en la Iglesia. Cierto (Dz 895).
8. El bautismo confiere el derecho condicional a la recompensa del cielo. Cierto (Dz 792).
72
9. El bautismo de Cristo supera al de Juan Bautista. Cierto (Dz 869) (Tomado de Ch. Ruch.
Bapteme, DTC, II 296-328).14
f. El bautismo como medio de Evangelismo.
La eficacia del bautismo como medio evangelístico reside en que simboliza la muerte y la
resurrección de Jesucristo. A. S. Rodríguez al hablar sobre esto dice:
“En el bautismo, el creyente que se sumerge, está como predicando al mundo, ‘que Cristo
fue sepultado por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y
resucitado al tercer día conforme al las Escrituras’”. 15
Por tanto, el bautismo es muy importante porque simboliza la muerte y resurrección de Cristo.
Este concepto tiene mucha resonancia en la Iglesia, aunque no se ha presentado por aparte; es lo que da
importancia al rito como medio evangelístico, según el autor citado.
Anderson dice: “Al darle al bautismo su lugar escritural, aumentamos a los miembros de la
iglesia en sus esfuerzos por ganar almas”.15
g. El bautismo como medio de la revelación de Dios al creyente.
Karl Barth habla al respecto:
“El bautismo es un sacramento de verdad y santidad, y es un sacramento, porque es la
señal que nos dirige a la revelación de dios de la vida eterna y declara, no meramente el
‘mito’ cristiano, sino la Palabra de Dios”. 17
h. Por tanto, como el bautismo es de tanta trascendencia en la vida del nuevo creyente y en la Iglesia,
con un florido contenido de la gracia de Dos, es importantísimo que el bautizado ande en novedad de
vida y observe los mandamientos de Dios; debe dar testimonio de su fe y salvación, y mantener buena
comunión con Dios y su Iglesia, además estar en constante servicio.”18
Nos hemos limitado a mencionar estos aspectos únicamente, por ser los de mayor resonancia en
la Iglesia, admitiendo la posibilidad de que haya otros aspectos no mencionados.
2. Análisis crítico de la importancia atribuida en relación a la enseñanza bíblica
Tenemos que partir, como fundamento básico, de considerar la importancia del bautismo antes
mencionado, con base en la objetividad del mensaje bíblico, para extraer algunas conclusiones que
podrían ser provechosas para alguno interesado en ahondar el asunto.
El bautismo ha sido muy importante en la Iglesia. La permanencia histórica de esta práctica
como un mandamiento de Dios, y la eficacia que se le ha atribuido desde el período intertestamentario
hasta nuestra era, son factores que han contribuido a que el bautismo se constituya en un acto relevante
en la fe cristiana.
73
Esto parece ser respaldado por miles de testimonios que hablan de la gracia recibida en el
momento cuando se someten al acto mismo del bautismo. Esto podría ser una experiencia emocional
únicamente, o un momento oportuno que Dios utilice para permitir alguna experiencia espiritual; pero
esto no indica que el acto, en sí, sea un medio de gracia que Dios necesite para comunicarnos Su gracia
redentora, porque él ha revelado Su gracia y ha transformado vidas humanas por medio de su Espíritu
en ausencia del rito.
Una comparación de la importancia del sacramento con base en las Escrituras, determinará con
mayor claridad la eficacia del bautismo en agua, de acorde al motivo de la práctica bíblica, y a su
trasfondo histórico-geográfico. Ubicando su importancia en el lugar que corresponde de acuerdo a las
condiciones ya señaladas; a saber:
a. Se podría decir que la enseñanza del bautismo en agua, como mandamiento del Señor, presenta sus
razones que parecen lógicas; pero, al mismo tiempo pueden ser ilógicas, si se interpreta la enseñanza
bíblica tomando en cuenta la serie de factores que ya se ha incluido en el transcurso del trabajo.
Presuponiendo que para muchos tales factores sean falacias y argumentos muertos, a la vez se
constituyen en argumentos que evidencian verdades aceptables.
Desmentir el mandato de bautizar en la Gran Comisión sería torcer las Escrituras; pero el
presente capítulo no lleva ese objetivo, sino presentar una posible interpretación adecuada de lo que
Jesús quiso decir en tal mandato.
Los puntos que parecen más fuertes para enfatizar el bautismo como mandamiento del Señor
son, a saber: el mandato de bautizar en la Gran Comisión (Mateo 28:18-20; y Marcos 16:15-18); la
práctica apostólica como resultado inmediato; y, sobre todo, la tradición histórica de los veinte siglos
del cristianismo, que confirma la práctica bautismal del pueblo de Dios como resultado del
mandamiento divino.
Hamman dice:
“El análisis histórico proporciona una percepción más existencial que teórico del bautismo.
El testimonio de la Escritura, la reflexión de la tradición de una catequesis, de una liturgia y,
de una pastoral bautismal, nos ofrecen el patrimonio de La Iglesia”. 19
Apoyar el mandato de bautizar en agua con base en la Gran Comisión y en la práctica bautismal
apostólica, son fundamentos sin una solidez plena, porque tales pasajes escriturales son susceptibles de
diferentes interpretaciones, debido al trasfondo cúltico-religioso del bautismo, y a las distintas
implicaciones que éste ha tenido en la historia judía como gentil.
La incertidumbre del mandato de bautizar en agua es tan visible, que para mostrar la unidad
bíblica sobre esta enseñanza, no ha bastado el mandato en sí, sino que se ha recurrido a los escritos
apostólicos, al Antiguo Testamento, a la tradición histórica, sin importar los ajustes que se hagan para
confirmar lo que se cree. O sea que, se trata de ajustar el mensaje de Dios a nuestras creencias, en
lugar de ajustarse a lo que la Biblia enseña, torciendo así sus enseñanzas en algunas ocasiones.
Pero la mayoría reconoce que, a pesar de esto, en la Palabra de Dios y en especial en el Nuevo
Testamento, no se encuentra desarrollada y revelada una doctrina sistematizada de este sacramento.
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Marcel, hablando sobre la dificultad y complejidad del tema, dice:
“Ciertas doctrinas nos han sido reveladas muy claramente en las Escrituras. Sin embargo,
nadie dejará de reconocer que la Sagrada Escritura no contiene una doctrina sistematizada de
los sacramentos. En ella se habla, sin duda, de la circuncisión y de la pascua, del bautismo y
de la Cena; pero no encontramos ninguna teoría general de los sacramentos del Antiguo
Testamento; ninguna concepción sintética de las diversas instituciones sacramentales no es
presentada…” 20
El mandato de Jesucristo después de la resurrección no se refiere a bautizar en agua, por las
razones ya expuestas en el capítulo 2. Chafer dice que Marcos 16:16 no tiene nada que ver con el
bautismo en agua, sino con el bautismo real con el Espíritu Santo. Y para esto cita al Doctor G.
Campbell, que hace la siguiente declaración:
“El que creyere (esa es la condición humana) y fuere bautizado (ese es el milagro divino)
será salvo. Cuando se afirma el lado negativo, se omite el bautismo, como que es
innecesario; porque el que no cree no puede ser bautizado. Si es el bautismo en agua, se
puede; pero si es el bautismo del Espíritu Santo, no”. (The Spirit of God, Pgs. 181, 182). 21
La práctica apostólica es verídica, pero esto no sustenta que sea resultado de la Gran Comisión,
porque ellos administraron el bautismo en agua como el de Cristo con el Espíritu.”22
En los escritos apostólicos, cuando se menciona alguna forma verbal de “baptízo”, ésta siempre
está conectada con una enseñanza central que el autor desea comunicar; o sea que, nunca se habla del
bautismo como una enseñanza primaria. Sin embargo, la costumbre es hacer resaltar la enseñanza del
rito, sin considerar la enseñanza primaria del autor, para interpretar qué uso se le está dando al verbo.23
Si la tradición de la práctica bautismal durante los veinte siglos, ha sido resultado de interpretar
el mandato de bautizar en la Gran Comisión como un bautismo ritual, no es de extrañar, pues la mente
humana siempre ha estado dispuesta a aceptar como cierto lo que acepta la mayoría; pero esto no
necesariamente indica que el mandato de bautizar sea el sacramento.
La tradición misma ha sido culpable de devaluar el significado que Jesucristo dio a la Gran
Comisión; por ejemplo, la enseñanza del bautismo sacramental como un acto necesario para la
salvación, para participar de la membresía nominal de una iglesia.
Es un resultado antipedagógico el fundamentarse en la tradición bautismal de la Iglesia para
apoyar el rito como mandato del Señor, debido a factores como: las distintas interpretaciones dadas al
rito, o a la discrepancia de conceptos, y, sobre todo, las consecuencias que se han conocido en la
historia como herejías, divisiones y contiendas.
Por tanto, creer que la afirmación de que el bautismo de Jesucristo en la Gran Comisión es con
el Espíritu, es una interpretación factible, y que Él no dio un mandato específico de bautizar en agua.
b. El bautismo, como sacramento de iniciación, tiene su fundamento especialmente en la práctica
apostólica. De esto se origina el argumento de que los apóstoles como Pablo, Pedro y Juan, enseñaron
la necesidad del bautismo para incorporación o adhesión de los fieles a la Iglesia. Así como somos
75
bautizados con el Espíritu en el cuerpo de Cristo (I Corintios 12:13), así también, es necesario ser
bautizados en agua para pertenecer y convivir dentro de la Iglesia visible.
Estas y muchas razones más pueden agregarse para sustentar esta posición, sin embargo, la
Comisión no contempla específicamente este asunto, ni Jesucristo nos dio un ejemplo práctico. Pedro
al dirigirse a los hermanos de Asia, les dice:
“Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios,
para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;
vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro
tiempo no habías alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”. 24
Es Jesucristo quien nos llama y establece las condiciones para ser parte de Su pueblo, y no por
condiciones humanas. Somos parte de la Iglesia visible e invisible, gracias a la misericordia de
Jesucristo.
Se ha señalado ampliamente en el capítulo 3, que la práctica apostólica como elemento de
iniciación o requisito de ingreso a la Iglesia, era resultado de la influencia judía. Lucas no enseña que
el bautismo en agua debía administrarse a los creyentes, como mandamiento de Cristo, para que fuesen
miembros de la Iglesia; pero sí enseña, que es Jesucristo con Su bautismo el que abre las puertas de su
Iglesia a los nuevos creyentes.
Los apóstoles no enseñaron esta práctica porque estaban convencidos de que el bautismo de
Jesús no es ritual sino espiritual. Además, porque era una costumbre conocida para judíos y gentiles
desde antes del nacimiento de Jesucristo.
La práctica apostólica seguía una costumbre difícil de abandonar, pero no como resultado de un
mandamiento; por consiguiente, no se encuentra una enseñanza específica que indique la práctica del
bautismo en agua como un acto de iniciación en la fe cristiana.
Si hoy debe seguirse con esta práctica es asunto de conciencia y de formación religiosa, debido
a la falta de apoyo bíblico.
c. El bautismo como señal y sello.
Es bíblico que Juan usara el bautismo como sello externo de que la persona se arrepentía de sus
pecados y esperaba el cumplimiento de la promesa, o sea que tenía una función especial acorde con el
ministerio preparatorio de Juan; pero la Palabra de Dios no dice que sirviera como sello de gracia que
garantizara el perdón, ya sea en ese momento o después.
No es bíblico el suponer que nosotros debemos seguir con esa práctica, porque Juan reconoció
que al venir Jesucristo ya no era necesario su bautismo, porque Él bautizaría con el Espíritu Santo,
quien nos sellaría con la gracia de Dios.25 Pablo les escribe a los romanos de la siguiente manera: “El
Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.26 Ahora, contamos con
un sello interno que continuamente nos confirma, o testifica, que somos pertenencia de Dios y que él
ha transformado nuestras vidas.
76
La palabra de Dios, al usar la palabra “sello”, lo hace en relación con el Espíritu Santo y con el
nuevo creyente. Según II Corintios 1:22, es Dios quien nos sella como Suyos y nos da las arras del
Espíritu en nuestros corazones; en Efesios 1:13 y 4:30, es el Espíritu quien realiza la acción de sellar al
creyente.
El argumento de que el bautismo vino a substituir la circuncisión como señal del Nuevo Pacto
es superfluo. Pablo les enseña a los hermanos de Colosas que en Jesucristo han sido circuncidados
espiritualmente, y luego resucitados a una nueva vida en el bautismo de Cristo como resultado de su
muerte y resurrección.27 La circuncisión y el bautismo ritual únicamente sirven como símbolos de las
verdades que el apóstol ha enseñando, pero no existe evidencia de que el uno substituya al otro.
Si Pablo al usar “baptízo” en Colosenses 3:12, se estuviera refiriendo al bautismo ritual como
substituto de la circuncisión, hubiese sido fiel en enseñar específicamente que aquél era la señal del
Nuevo Pacto, pero no lo hizo. Así, a los romanos les enseñó que el “verdadero judío no es el que lo es
exteriormente, sino el que lo es en el interior; y la circuncisión verdadera es la del corazón”.28
A los hermanos de Galacia no les habla del bautismo como sello, pero sí les dice que el Espíritu
se recibe por la fe,29 y que renueva al creyente dándole un nuevo carácter como el de Cristo. Además,
los exhorta a permanecer firmes en la libertad recibida de Jesucristo, sin volver a la esclavitud de la ley.
Roberto Barclay dice:
“La circuncisión fue positivamente mandada para ser sello del primer pacto; pero como
ya hemos probado que no hay ninguna palabra en el Nuevo Testamento, la insignia del
Cristianismo o sello del Nuevo Pacto. (…) La fe profesada en Cristo y una vida santa, es
mucha mejor insignia del cristianismo que cualquier lavamiento externo”. 30
Se tiene como objetivo buscar la evidencia bíblica que sustente esta enseñanza; pero, a pesar de
que el simbolismo del “agua” es muy significativo en la Biblia, en referencia a la obra expiatoria de
Cristo, no hay enseñanza concreta del bautismo ritual como sello del Nuevo Pacto.
d. El bautismo como testimonio público de nuestra fe o como medio de evangelismo.
¿Cuál es el testimonio que la Palabra de Dios demanda? ¿Bautizarnos en agua como testimonio
de que Jesucristo nos ha perdonado? ¿Bautizarnos como testimonio de que Jesucristo murió y
resucitó?
La creencia casi universal es que debemos bautizarnos para dar testimonio de nuestra fe a los
creyentes y no creyentes. Sin embargo, la actitud del bautizado puede ser muy positiva o sincera al
bautizarse, y, aunque en ese momento él lo haga en señal de testimonio de su acto de consagración y fe
en Jesucristo, su testimonio tendrá eco si está respaldado por su permanencia en Cristo, viviendo una
vida íntegra diariamente.
No se pretende ser escéptico, sino realista; ni tampoco ignorar algunos posibles testimonios de
personas que se han convertido como resultado de un estímulo externo como el bautismo en agua.
Gracias al Señor por las personas que han recibido testimonio de la gracia de Jesucristo por medio de
este rito.
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La Biblia enseña que el testimonio más importante y que impacta en las personas, es aquél que
se da en la vida diaria. Jesucristo les dijo a sus discípulos: “En eso conocerán todos que sois mis
discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.31 Pablo aconseja a los creyentes de Colosas a
andar sabiamente para con los de afuera;32 y Pedro les enseña los cristianos en Asia que deben tener
buena conciencia para con los del mundo. 33
Una razón bíblica para practicar el bautismo como testimonio de nuestra fe, no existe.
También, la práctica histórica no es una razón suficiente para seguirlo practicando como testimonio a
los perdidos, porque el testimonio de buena parte de la humanidad que lo han practicado, no ha
probado la efectividad del sacramento, ni respaldado la fe profesada en el momento del acto.
Seguramente, la práctica del bautismo como un testimonio es influencia del judaísmo. Los
judíos lo demandaban como requisito para ingresar a la fe judía; en ese acto, el bautizado se
comprometía a vivir una vida acorde con el judaísmo, como testimonio de fe. Juan el Bautista también
lo usó en ese sentido.
e. El bautismo como medio de gracia.
No hay duda de que las deformaciones más extremistas se han dado en esta área, al afirmarse
que el bautismo es un medio de gracia que el Espíritu usa para comunicar la gracia de Dios, y, que por
eso, es indispensable su observancia como un mandamiento de dios. O cuando los católicos afirman
que éste posee gracia salvadora.
El considerar el bautismo como un simbolismo de la obra de Jesucristo en el corazón del
creyente, o que representa tal verdad, no implica que sea un medio de gracia.
A. S. Rodríguez habla del bautismo así:
“La regeneración es el cambio interno que se efectúa, por obra del Espíritu Santo, en el
corazón humano, haciéndolo morir al pecado, para vivir en Cristo, y por la cual es
acepto ante la presencia de Dios. (…) Y esta doctrina tan profundamente misteriosa y
grande es simbolizada en el bautismo, dándole mayor importancia y belleza al acto”. 34
El problema se agrava al enfatizar la necesidad del rito del bautismo, pues sabemos que es
Jesucristo quien ha realizado todo lo concerniente a la salvación. Si es necesario bautizarse, como
símbolo o medio de gracia en obediencia al Señor, para ser un creyente completo, se está implicando
que sólo Jesucristo no es suficiente. O sea que, aunque no se diga que el sacrificio de Jesucristo es
incompleto, en la práctica sí se afirma con la actitud negativa de demandar rigurosamente el rito a
aquellos que no desean bautizarse.
Se tiene la creencia de que toda persona convertida debe bautizarse para ser un cristiano
“normal o completo”; de lo contrario, es un cristiano carnal, no puede participar de los privilegios que
la Iglesia permite a los miembros activos, porque está en desobediencia y en mala relación con Dios.
Estas actitudes se observan hoy en día, cuando el ministro o el diaconado se constituyen en jueces o
soberanos, tratando así de ejecutar el papel de Dios.
78
La Palabra de Dios no enfatiza el bautismo en agua como medio de gracia, en el sentido de que
sea necesario en la vida cristiana como factor activo en el plan de salvación. Tampoco es específica en
enseñar que este rito sea símbolo de las verdades espirituales resultantes del plan de redención.
f. El bautismo como símbolo de la muerte y resurrección de Cristo.
Este concepto es sostenido especialmente por los bautistas, y de esto se origina su enseñanza
rigurosa de que el bautismo bíblico debe ser “por inmersión”. Este concepto es derivado de los pasajes
paulinos, cuando el apóstol habla de la muerte y resurrección de Cristo y del creyente por el
bautismo.35
Ellos interpretan estos pasajes como la enseñanza paulina del bautismo sacramental. Se ha
discutido ampliamente, en el capítulo anterior, que Pablo no está hablando de un bautismo sacramental,
sino del bautismo espiritual. Chafer opina:
“Si admitimos que el bautismo cristiano representa la crucifixión, la muerte, la sepultura y la
resurrección, no hubiera sentido en el hecho de que Cristo hubiera ordenado que los
cristianos cumplieran lo que él iba a cumplir esencialmente”. 36
Aunque la analogía del bautismo por inmersión sea propicia para simbolizar la muerte y
resurrección de Jesucristo, no se tiene ninguna autoridad bíblica para decir que Pablo procuraba
enseñar esta verdad, cuando ni el texto ni el contexto contribuyen a dicha interpretación. Pablo discute
el tema de la soteriología, o doctrina de la salvación efectuada por Cristo para libertar al hombre del
pecado, a fin de que éste viva una vida victoriosa en el Espíritu.
g. El medio prometido por Jesucristo para guiarnos a toda verdad es el Espíritu Santo; Él es quien nos
dirige a la revelación de Dios y nos hace partícipes de tales verdades divinas. Por tanto, Él no necesita
de un acto humano, como el bautismo, para revelarnos a Cristo o Su gracia salvadora; esto no excluye
en ningún momento la participación humana en el compartimiento de la fe.
SUMARIO
Toda la importancia atribuida al bautismo en agua está, aparentemente, sustentada en la Biblia;
pero, después de este breve análisis, y de todo el estudio realizado en los capítulos anteriores, se
observa que tales sustentaciones no toman en cuenta el contexto de los textos, y así se constituyen en
pretextos para seguir manteniendo la importancia del bautismo sacramental.
Entonces, la importancia atribuida al bautismo sacramental no tiene una base bíblica sólida que
dé evidencias de autoridad, ni para su demanda rigurosa, ni para su enseñanza con la gama de
conceptos sobre su importancia, debido a que tales verdades son hechas presentes en el creyente por
medio del Espíritu Santo, y no es necesario seguirlas simbolizando por medios rituales.
De lo contrario, seguimos viviendo bajo las demandas de la ley, donde todos los ritos eran
sombras de lo venidero. Hoy estamos viviendo en la gracia, y lo simbolizado y esperado se ha
cumplido ya con la venida de Jesucristo.
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Todas las enseñanzas utilizadas para sustentar la práctica bautismal en los escritos apostólicos,
aunque podrían hacer referencia análoga sobre el rito, hablan más bien de las verdades espirituales del
plan de salvación, efectuadas en el creyente convertido, como resultado de la muerte y resurrección de
Cristo y el ministerio del Espíritu.
B. HACIA UN CONCEPTO ADECUADO DE LA GRAN COMISIÓN.
Al tratar de inquirir en las Escrituras para proveer un concepto adecuado de la Gran Comisión,
se experimenta el cumplimiento de la promesa de Jesucristo a sus discípulos: “Pero cuando venga el
Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará
todo lo que oyere, y os hará saber todas las cosas que habrán de venir”.37 Se sobreentiende que el
Espíritu cumpliría la función de guiarlos a toda verdad, a medida que ellos se lo permitieran.
En el segundo capítulo se ha discutido, más o menos, el uso de la palabra “baptízo” y las
diferentes implicaciones de la estructura del texto según la función gramatical, lo cual presenta una
posible alternativa para identificar el bautismo que Jesús encomendó. Con base en lo ya expresado, se
procurará analizar la Gran Comisión como un todo, para sacar algunas conclusiones de acuerdo con el
mensaje inherente.
1. Jesucristo fundamenta Su mandato en la autoridad divina.
“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. Sin duda alguna, Cristo proclama su
victoria con un grito de triunfo sobre el pecado, la muerte, Satanás y todas sus potestades, que está
autenticado por Su muerte y resurrección de entre los muertos.
Ahora, Jesucristo tiene en Sus manos la victoria, hay salvación por medio de Su sacrificio
consumado y hay libertad de la esclavitud satánica; por lo tanto, hay entrada en el reino de Dios por
medio de la reconciliación. Por esta poderosa razón, Él comisiona a sus apóstoles de la siguiente
manera:
2. “Vayan y hagan discípulos a todas las naciones”.
Es un mandato que no tiene excusa. El verbo “ π ο ρ ε υ θ έ ν τ ε ς ” , que se traduce “id”, está
conjugado en el modo imperativo, y ejerce su acción en tiempo indefinido. ¿A qué irían?
Según Mateo 28:19, el mandato consiste en hacer discípulos; según Marcos, a predicar el
Evangelio.38 Lucas es más explícito cuando dice: “y que se predicase en su nombre el arrepentimiento
y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, y vosotros sois testigos de
estas cosas”.39 Y Juan dice: “… Como me envió el Padre, así también yo os envío… A quienes
remitiereis los pecados, le son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos”.40
El mandato de predicar el Evangelio incluía ir a todas las naciones, sin distinción de raza, clase
social, ni sexo. Esta misma comisión le fue dada a Pablo, al ser llamado por Jesucristo para ser el
proclamador del Evangelio a los gentiles. Con respecto a su llamado, el apóstol se expresa así:
“apartado para el evangelio de Dios”, y “Ay de mí si no anunciare el evangelio”.41
80
Ningún apóstol dio tanto énfasis a su ministerio, o comisión de predicar el Evangelio, como
Pablo. Su celo por cumplir su ministerio fue incomparable; su ambición por ganar a los perdidos fue
irreemplazable. Pablo tenía suficiente razón para tomar una actitud de poca importancia a cuestiones
externas.
3. ¿Cómo harían discípulos?
Según el contexto, el agente para realizar dicha acción serían los apóstoles. Pero, ¿cuál sería la
técnica o el procedimiento que ellos seguirían? El contexto bíblico de la Gran Comisión lo aclara:
a. Por medio de la predicación del Evangelio de Jesucristo.
No existe otro camino o método para atraer a los perdidos a Jesús y a la reconciliación con
Dios, que no sea la predicación del Evangelio. Por tanto, tenía que ir con el mensaje de las buenas
noticias “ ε υ ά γ γ έ λ ι ο ν ” .
Según el contexto de los Hechos, ellos cumplieron este aspecto, usando distintos métodos para
comunicar el mensaje: por la predicación a las masas, a través del evangelismo personal de casa en
casa, por medio de la enseñanza.
b. Según Mateo, el paso siguiente para hacer discípulos del Señor es: “bautizándolos en el nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
Esta misma idea sugiere el texto usado por Marcos, cuando dice: “El que creyere y fuere
bautizado…”.42 Al analizar estos pasajes nos encontramos con la dificultad de acertar con una
interpretación que sea bien vista por todos los cristianos, por las razones que ya son conocidas.
Sin embargo, la función gramatical del verbo en Mateo 28:19, conjugado en voz activa, indica
que son los discípulos los que deben ejercer la función de bautizar. En Marcos 16:16, la forma del
verbo bautizar está conjugada en voz pasiva, no está indicando un mandato, no como un factor
condicional para los que creen el mensaje del Evangelio, a fin de alcanzar la salvación. O sea que, el
asunto en sí presenta sus complejidades que dan lugar a especulaciones variadas.
Si el mandato de bautizar es humano, entonces los católicos romanos están sostenidos en suelo
firme al creer en la regeneración bautismal; pero esto no es cierto, porque Marcos aclara que el acto de
creer es la condición humana para alcanzar la salvación. Entonces, el bautismo mencionado por
Marcos es un acto divino que está en conexión directa con el acto humano de creer, y que se efectúa
por obra divina como resultado del mismo.
El mandato de bautizar, al ser considerado con base en una serie de factores, puede interpretarse
al menos de tres formas:
1) Si tomamos en cuenta la práctica apostólica del bautismo en agua como resultado de este
mandato, sin considerar su trasfondo religioso, la práctica observada durante los veinte siglos del
cristianismo, y la función del verbo “baptízo” en un sentido literal, diríamos que el mandato se refiere a
bautizar en agua. Esta es la creencia que ha sido aceptada casi generalmente.
81
2) Si consideramos algunas evidencias bíblicas, como Hechos 2:38, donde Pedro exige el
bautismo, aparentemente para recibir la promesa del Espíritu Santo, y Hechos 19:5, 6, donde los
discípulos en Efeso recibieron dos clases de bautismos, uno en el nombre de Cristo y el otro con el
Espíritu Santo, esto ayudaría a interpretar que el mandato indica el bautismo en agua, pero en
conexión directa para recibir el Espíritu Santo. Entonces, ambos bautismos forman uno solo.
Hamman, hablando sobre la teología paulina en cuanto al bautismo, dice: “En el bautismo, el
neófito recibe el Espíritu santo y un espíritu nuevo, que es “un espíritu de vida”, “un espíritu de fe”.
¿Qué relación existe de uno a otro tema? Nadie duda de que el Espíritu Santo es dado en el
bautismo”.43
La Palabra de Dios, hace una distinción plena del bautismo ritual como acto humano y del
bautismo espiritual con el Espíritu.
3) La tercera interpretación resulta obvia al tomar en cuenta: el contexto histórico y religioso de
los judíos sobre la práctica bautismal; el ministerio del Espíritu en el libro de los Hechos; la
administración que los apóstoles hicieron del bautismo de Cristo por medio de la enseñanza y la
imposición de manos; la profecía de Juan el Bautista acerca del bautismo con el Espíritu, la cual fue
confirmada por Jesús a sus discípulos; y la función gramatical del verbo con base en su contexto en la
Gran Comisión.
Al considerar estos aspectos detenidamente, se diría que el mandato de bautizar tiene que ver
con un bautismo nuevo con el Espíritu Santo, el cual fue administrado por los apóstoles, como testigos
y representantes de Jesucristo, por medio de la enseñanza y la imposición de manos. Todos los
aspectos incluidos en la Gran Comisión eran nuevos: hacer discípulos con base en la obra expiatoria de
Jesucristo que ya había sido consumada, la predicación del Evangelio y el mandato de bautizar con el
Espíritu.
Siendo una costumbre ya existente, resultaría ilógico que Jesucristo ordenara algo que los
apóstoles ya habían practicado. Lo que Él traía era un nuevo bautismo.
Si no tomamos la función activa del verbo “baptízo” como un acto humano literalmente, será
posible entender esta nueva interpretación. Jesús dijo a sus discípulos: “a quienes remitiereis los
pecados, le son remitidos; y a quienes se los retuviereis, le son retenidos”. Al interpretar esto
literalmente, indicaría que ellos tendrían todo poder para perdonar pecados y para condenar. Esto no
puede ser así, ellos únicamente serían representantes o administradores del Evangelio que otorga
perdón y salvación.
Así, también, se puede decir que el acto del bautismo en la Comisión no es humano sino divino,
los apóstoles serían representantes y administradores de la “acción divina” por medio del ministerio de
la palabra.
Entonces, los apóstoles debían, en primer lugar, predicar y enseñar el Evangelio de Jesucristo,
que no excluye el bautismo de Jesucristo como parte de la promesa, para que los del pueblo creyeran y
se sometieran a la autoridad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y fuesen incorporados en el
cuerpo de Jesucristo o en la Trinidad, a fin de quedar cubiertos por Su gracia salvadora y renovadora.
Este bautismo es resultado condicional, del acto humano de creer y aceptar el Evangelio, y es realizado
con el Espíritu Santo.
82
En segundo lugar, los discípulos tenían que adherir a los nuevos creyentes al cuerpo visible de
Jesucristo, “la Iglesia”. En este sentido no los dejarían abandonados, sino les proveerían un ambiente de
compañerismo, donde ellos pudieran creer y madurar en la fe cristiana, representando así lo que el
Espíritu ya había realizado en ellos al unirlos con Jesucristo: “Y el Señor añadía cada día a la iglesia
los que habían de ser salvos”.44
Al formar parte de la Iglesia visible de Jesucristo, era necesario que los nuevos creyentes
perseveraran en el conocimiento del Señor por medio de la enseñanza, para andar en la nueva vida en
obediencia a la voluntad de Dios.
Al analizar brevemente la vida de los nuevos convertidos,45 se observará una similitud del
orden seguido en el proceso del discipulado con el orden de la Comisión.
En Hechos 2:13-36, Pedro predica el evangelio; en 2:37 se encuentra la respuesta humana; en el
v. 38, hace el llamado al arrepentimiento; en el v. 41, todas las personas que creyeron fueron
bautizadas, o sometidas bajo la autoridad de la Trinidad (sin excluir el bautismo ritual); y fueron
añadidas a la Iglesia como tres mil personas. Y, por último, en el v. 42, “perseveraban en la doctrina de
los apóstoles”, como resultado de la enseñanza.
Trilling dice que la Comisión debe ejercerse por medio del bautismo y la enseñanza; y agrega:
“Es raro que no se nombre a la inversa estas dos maneras. Para poder bautizarse primero se
tiene que creer. Pero aquí debe decirse que el bautismo sólo no basta, aunque sea
fundamental para la vida del discipulado. El bautismo tiene que acreditarse en la vida según
la enseñanza del Maestro. Las dos cosas juntas producirán discípulos que merezcan este
nombre…”. 46
Según el autor citado, parece que Jesucristo se equivocó al dar a la inversa los pasos a seguir en
el discipulado. Lo importante para ser un buen discípulo es la decisión de seguir a Cristo y su
consagración, como un adiestramiento y capacitación por medio de la enseñanza para el servicio.
CONCLUSIONES
1. La esencia del mandato de la Gran Comisión está sintetizada en la predicación del Evangelio o
de la Palabra. Los apóstoles así lo entendieron y así lo practicaron, como resultado de la guía y
el poder del Espíritu. En un período de menos de treinta y cinco años, el Evangelio había
penetrado en todo el mundo conocido de aquel tiempo.
2. Según las palabras de Jesucristo narradas por Lucas, el meollo de ese Evangelio era “predicar el
arrepentimiento, y el perdón de pecados, como resultado del sacrificio de Jesucristo”. Ambas
cosas debían predicarse en Su nombre.
3. El mandato de hacer discípulos requeriría que los apóstoles, como representantes de Jesucristo
aquí en la tierra, bautizaran en el nombre de la Trinidad. Este acto divino sería posible por medio
de la participación apostólica.
83
Ellos tenían que predicar el Evangelio sin excluir la promesa del bautismo de Jesucristo.
Entonces, cuando el pueblo creyera y aceptara este mensaje, se efectuaría el acto divino de
bautizar, en el sentido de que los creyentes serían atraídos y unidos a la Trinidad, serían
bautizados en la gracia divina y quedarían sometidos o sujetos a su autoridad.
Luego, tenían que incorporarlos a la iglesia visible de Jesús, por medio de un acogimiento
comunal, para ser consolidados en la fe. En este paso, la iglesia primitiva posiblemente asimiló
la costumbre judía del bautismo ritual; pero el acto de “bautizar” ya había sido realizado por
Jesucristo con Su Espíritu. Esta misma costumbre se ha observado durante toda la historia, pero
sin tomar en rigurosa consideración una serie de factores que determinaron la práctica
apostólica.
Y por último, los apóstoles tenían que desempeñar la función pastoral de la enseñanza, para
lograr exitosamente el mandato de “hacer discípulos”.
4. Los apóstoles cumplieron a cabalidad el mandato de la Gran Comisión, como resultado del
bautismo del Espíritu Santo, quien los capacitó con Su poder y los guió a toda la verdad de Dios.
5. La Iglesia, hoy en día, procura cumplir la Gran Comisión, en obediencia al mandamiento del
Señor. Pero es notorio que el espíritu de unidad en que lo hicieron los apóstoles, hoy se ha
malogrado. Esto ha sucedido, en parte, por el celo religioso y sacramental que ha predominado
en algunos grupos, fomentando el separatismo y el etnocentrismo eclesial.
De ahí, la importancia de arribar a un concepto adecuado de la Gran Comisión y del mandato de
bautizar, que motive a discipular para Cristo, sin el obstáculo de las barreras humanas. Tal
concepto podría ser una alternativa que estimulara a abandonar algunas posibles barreras que nos
separan de aquellos que no ven con nuestros ojos el bautismo sacramental. Así podría volverse a
la unidad fraternal en el cumplimiento de la Gran Comisión.
C. HACIA UNA DEFINICIÓN BÍBLICA DEL BAUTISMO DE JESUCRISTO.
Se ha procurado identificar las raíces del bautismo sacramental. Ahora, se procurará hablar
sobre el concepto bíblico en cuanto al bautismo de Jesucristo, sin pasar por alto algunas alusiones ya
mencionadas.
1. Evidencias Bíblicas
Con plena certidumbre de fe, se afirma que la Biblia enseña con claridad el bautismo de
Jesucristo. Cada apóstol se preocupa por enseñar acerca de la persona del Espíritu Santo.
La Biblia, en el Nuevo Testamento, hace alusión directa a dos bautistas, en especial.
Guillermo Stanton, dice al respecto:
“El cielo ha dado al mundo dos grandes BAUTISTAS: uno de ellos, lleno del Espíritu
Santo desde el vientre de su madre; el otro, el Unigénito Hijo de Dios. Los dos ellos
concuerdan que el bautismo de Juan era únicamente una preparación para algo mucho
más grande que traía Jesús, la venida del Espíritu Santo al corazón humano, los dos
84
ellos son los únicos que se atreven a decir que lo que Jesús trajo al mundo es un
bautismo…”. 47
Lo afirmado por el autor es muy cierto, pues la Biblia explícitamente señala a Juan y a Jesús
como bautizadores, cada uno con el bautismo específico que caracterizaría su ministerio en particular.
Pero, también los apóstoles quedaron registrados como bautizadores, pues ellos posiblemente
administraron los dos bautismos.
Al hacer la declaración de que Juan el Bautista profetizó el bautismo de Jesucristo con el
Espíritu, nos vemos confrontados con aquellos que rehúsan creer que Jesucristo bautizara con el
Espíritu Santo, o mejor dicho, que Juan profetizara tal bautismo.
Lohfink cree que Juan no predicó un bautismo con el Espíritu Santo, sino un juicio de fuego.
“Que el Bautista haya predicado un bautismo con fuego -el juicio de la ira ardiente que
caería sobre Israel- encaja perfectamente con su propia predicación en cuyo centro está la
idea del juicio (Lucas 3.7-9)”. 48
Entonces, el bautismo con agua de Juan es el único medio que protege del juicio del fuego.
Además, él cita a R. Eisler y a otros que sostienen que la palabra “santo” es un añadido, y que
originalmente “pneuma” (espíritu, viento) iba unido a fuego. Por tanto, no se puede deducir que hay un
bautismo mencionado por Juan.49
El contexto de toda la Biblia no sustenta tal interpretación. La profecía de Joel acerca del
derramamiento del Espíritu;50 la profecía de Juan el Bautista; la enseñanza de Jesús a sus discípulos
sobre el bautismo con el Espíritu Santo, o mejor dicho, sobre Su Persona;51 y Su promesa antes de
ascender al cielo;52 son todas profecías que evocan el gran evento sucedido en el día de Pentecostés, en
el cual los discípulos que perseveraban unánimes en el Aposento Alto, fueron bautizados con el
Espíritu Santo, como resultado de tal promesa.
Pedro reconoció que este evento era resultado de la profecía anunciada por Dios por labios del
profeta Joel.53 Pedro y Pablo nos enseñan en el libro de los Hechos que el bautismo de Jesucristo es
con el Espíritu Santo.54 También, Jesucristo siguió bautizando visiblemente en Samaria, Cesarea y
Éfeso, derramando el Espíritu Santo en los creyentes.
2. El bautismo de Jesucristo y sus resultados en el creyente según los Hechos Apostólicos 55
En Hechos 1:5-8, el Espíritu Santo revestía de poder a los apóstoles para que fuesen buenos
testigos en cumplir la Gran Comisión.
El testimonio de Pedro ante el Concilio en Jerusalén sobre lo sucedido en Cesarea con los
gentiles, fue:
“… Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los
gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los
corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna
diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones”. 56
85
Según la teología de los Hechos sobre el bautismo con el Espíritu, estos dos aspectos ya
mencionados, son resultados en la vida del convertido que ha sido bautizado con el Espíritu Santo.
También, los apóstoles enseñan sobre la obra del Espíritu en el creyente, lo cual ya ha sido
mencionado, a grandes rasgos, en el capítulo anterior.
Barclay, el teólogo cuáquero, al hablar sobre el “bautismo” que enseña Pablo a los efesios, dice:
“En consecuencia yo afirmo: si el bautismo con agua fuera el “un bautismo”, o sea el
bautismo de Cristo, todos los que se bautizan con agua serían revestidos de Cristo; pero esto
último es falso, y por lo mismo lo primero. Y nuevamente: Ya que todos los que han sido
bautizados con el “un bautismo”, que es el bautismo de Cristo, se han revestido de él,
entonces el bautismo con agua no es el “un bautismo”, el bautismo de Cristo. Pues si lo
primero es verdadero, así también lo último”. 57
3. El agua como símbolo del Espíritu Santo
Se desea concluir el presente capítulo haciendo la observación bíblica sobre la importancia del
agua como símbolo del Espíritu Santo, y su obra en el corazón del hombre. De hecho, al concluir que
la Biblia no enseña con autoridad un bautismo sacramental, no se está tomando una actitud radical
contra aquellos que lo practican, ni mucho menos, contra el elemento del “agua”. Pues en la Biblia ésta
es usada como un símbolo de purificación y limpieza; por lo tanto, se desea enfatizar “el agua” como
símbolo del Espíritu.
En el Antiguo Testamento, vemos al profeta Isaías hablando del agua como símbolo del
Espíritu de Dios:
“…hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo Alto y el desierto se convierta en
campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque. Y habitará el juicio en el desierto, y
en el campo fértil morará la justicia.
Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu
derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos; y brotarán entre hierbas,
como sauces junto a las riberas de las aguas”. 58
En ambos pasajes, el profeta está hablando de una renovación futura. Lo profetizado en Isaías
32:15, 16, tuvo un cumplimiento inmediato, cuando el pueblo de Israel regresó del cautiverio y hubo
un despertar que perduró por muchos años. El otro pasaje, Isaías 44:3,4, tiene que ver con una
restauración escatológica, en el fin de los tiempos.
Pero lo importante es que, así como el agua convierte el desierto en campo fértil, y el sequedal
se convierte en ríos sobre la tierra árida, así también el Espíritu Santo, al ser derramado en el creyente,
trae bendiciones espirituales, transformando una vida seca en una vida de gozo, de paz y, sobre todo,
de victoria, floreciendo como un campo fértil.
El profeta Ezequiel, también relaciona el agua como símbolo del Espíritu Santo, al profetizar
sobre la nueva dispensación de la gracia, que tendría su cumplimiento en Cristo y Su plan de redención
para la humanidad.
86
El profeta dice:
“Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y
de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro
de vosotros; y quitaré de nuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis
preceptos y los pongáis por obra”. 59
A la luz del contexto neotestamentario, nos damos cuenta de que el profeta está hablando del
plan de redención que se cumplió con la muerte y resurrección de Cristo, y del advenimiento del
Espíritu Santo como la promesa del Señor. El agua mencionada por el profeta viene a constituirse en
símbolo análogo del Espíritu Santo, quien limpia y purifica el corazón del hombre.
Habría sido difícil para el profeta encontrar otro elemento más conocido para el pueblo judío
que el agua; y que, además, llenara las cualidades necesarias para representar el ministerio del Espíritu
Santo.
En el Nuevo Testamento, Jesucristo mismo resulta ofreciendo agua a aquellos que creyesen y
viniesen a él. A la mujer samaritana le dice: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
más el que bebiere del agua que yo le daré será a él una fuente de agua que salte para vida eterna”.60
En la fiesta de los Tabernáculos, en el último día, Él hace el mismo ofrecimiento a miles de
judíos y prosélitos que estaban en Jerusalén. A saber:
“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que creyere en mí como dice la Escritura, de su
interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que
creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún
glorificado”. 61
Lo anunciado por el profeta Ezequiel es corroborado por Jesucristo, al ofrecer agua de vida a
todos los sedientos, que según la declaración del apóstol inspirado por Dios, tenía que ver con la
promesa del Espíritu Santo. Es una declaración significativa, pues explica que el agua que Jesucristo
ofrece tiene que ver con la promesa del Su bautismo.
El apóstol Pablo también usa el agua como símbolo de la Palabra y de la obra del Espíritu en el
creyente.62 Las frases “el lavamiento por la palabra” y “el lavamiento de la regeneración”, simbolizan
la obra de redención efectuada por el ministerio del Espíritu Santo, con base en la obra de Cristo en el
Calvario.
Al escribir a los corintios Pablo les dice:
“Y esto erais algunos, más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis
sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”. 63
CONCLUSIÓN
87
En este último capítulo se ha procurado analizar la importancia atribuida al bautismo, con base
en la enseñanza bíblica, y se llega a la conclusión de que tal importancia no tiene sustento sólido en la
Palabra de Dios, sino que más bien es resultado de interpretaciones humanas en el devenir de la historia
del cristianismo. La Palabra de Dios, al utilizar el verbo “baptízo”, casi siempre se refiere a verdades
concretas en relación con la obra del Espíritu Santo en el creyente, y no a que tales verdades sean
simbolizadas por el bautismo.
La orden de bautizar en la Gran Comisión, tiene que ver con el bautismo de Jesucristo con el
Espíritu Santo, que se efectúa en contribución a la participación humana en la predicación del
Evangelio, cuando el pecador acepta el Evangelio y decide seguir a Cristo. Entonces, éste es traído y
sumergido en la Trinidad, es cubierto por la gracia y el poder de Dios, y queda unido a Cristo.
Por tanto, el bautismo de Cristo con el Espíritu Santo, es simbolizado por el agua en toda la
Escritura.
88
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
1. P. Marcel, “El Bautismo, Sacramento del Pacto de Gracia”. (Barcelona: Fundación Editorial de
Literatura Reformada, 1968). p. 63.
2. A. S. Rodríguez, Nuestro Credo Sobre el Bautismo. (El paso: Casa Bautista de Publicaciones,
1928, 2a edición). p. 12.
3. C. B. Moss, Prontuario de la fe. (The Episcopal Book Club, 1961). p. 45.
4. Anderson, op. cit., pp. 71-72.
5. Wiley-Culbertson, Introducción a la Teología Cristiana. (Kansas City: Beacon Hill Press,
1948). p. 434., cp.
Varios autores, Lectura Teológica del tiempo Latino-americano. (San José: Talleres de
Artes Gráficas de C. A., 1979). pp. 82-30. Donde el Señor Tomás Hanks, en su artículo
“El Rebautismo: Problema actual de la evangelización”, plantea el problema de bautizar
a una persona por segunda vez o no, para ingresar a la iglesia.
6. Lacy, Teología (…). pp. 342, 343.
7. Marcell, op. cit., pp. 145-164., cp. Small, op. cit., pp. 92-103., Palmés, op. cit., pp. 46-60.,
quienes afirman este concepto del bautismo como sello de verdades espirituales.
8. Anderson, op. cit., p. 65.
9. Ibid, pp. 87, 88.
10. Small, op. cit., p. 79.
11. Karl Barth, The Teaching of the Church Regarding Baptism. (London: SCM Press, 1963, Sixth
impression). pp. 6, 55.
12. Marcel, op. cit., p. 180.
13. Barth, op. cit., pp. 26, 27.
14. Hamman, op. cit., pp. 172-173.
15. Rodríguez, Mensaje (…). p. 37.
16. Anderson, op. cit., p. 89.
17. Barth, op. cit., pp. 5-7. (Tomado del libro “Commentary Epistle to the Romans” (E. T. p. 192).
cp Hamman, op. cit., pp. 193-198, Vergés, op. cit., pp. 151-163. En los cuales ambos
autores enjuician a Karl Barth, por devaluar o restar valor al bautismo cristiano,
89
especialmente por considerarlo únicamente como medio de revelación, y no como medio
de salvación.
18. Véase, Marcel, op. cit., pp. 183-185. Cp Anderson, op. cit., p. 67.
19. Hamman, op. cit., p. 177.
20. Marcel, op. cit., p. 13.
21. Chafer, op. cit., p. 983.
22. Hechos 8:17, 9:17,18, 19:6.
23. Véase, capítulo tres, en el cual se ha hecho un estudio breve de las enseñanzas apostólicas.
24. I Pedro 2:9,10.
25. En el caso de Juan, es justificable el bautismo como sello externo porque tenía un carácter
profético, en el sentido de que anunciaba su cumplimiento en la venida del Mesías quien
traería el perdón. El bautismo servía como un estímulo a la fe del creyente, en relación
con el cumplimiento de la promesa, y era símbolo de lo que Jesucristo haría en él
esperando tal promesa. Estando ya presente la promesa, ya no era necesario un estímulo
profético, porque lo esperado era ya una realidad.
26. Romanos 8:16.
27. Colosenses 2:10-15.
28. Romanos 2:28-29.
29. Gálatas 3:1-5.
30. Roberto Barclay, op. cit., p. 33.
31. Juan 13:25.
32. Colosenses 4:5.
33. I Pedro 3:16.
34. Rodríguez, Mensaje (…) . pp. 41,42.
35. Romanos 6:3-6; Colosenses 2:11,12.
36. Chafer, op. cit., p. 518.
37. Juan 16:13.
90
38. Marcos 16:15.
39. Lucas 24:47.
40. Juan 20:21,23.
41. Romanos 1:1; I Corintios 9:16.
42. Marcos 16:16.
43. Hamman, op. cit., p. 51.
44. Hechos 2:47.
45. Hechos 2:14-42.
46. Wolfgang Trillig, y otros, El Evangelio Según Mateo. (Barcelona: Editorial Herber, 1970,
Tomo I). p. 352.
47. Stanton, op. cit., p. 21.
48. Lohfink, op. cit., p. 320.
49. Ibid.
50. Joel 2:28-32.
51. Juan 1:5; Lucas 24:49.
52. Hechos 1:5; Lucas 24:49.
53. Hechos 2:16-21.
54. Hechos 11:16-19.
55. Recuerde que este trabajo no tiene como propósito elaborar una teología sobre el bautismo de
Jesucristo con el Espíritu Santo, y su relación con una primera o segunda obra de gracia.
Es necesario aclarar esto al presentar esta sección, para evitar malentendidos.
Únicamente se están tomando las enseñanzas bíblicas según los Hechos.
56. Hechos 15:7-9.
57. Roberto Barclay, op. cit., p. 10.
58. Isaías 32:15-16, 44:3-4.
59. Ezequiel 36:25-27.
91
60. Juan 4:13-14.
61. Juan 7:37-39.
62. Efesios 5:25-26; Tito 3:5-6.
63. I Corintios 6:11.
92
CONCLUSIÓN
1. Desde los tiempos de los patriarcas, jueces, reyes y profetas del Antiguo Testamento, el agua ha
sido un elemento de mucho uso y lleno de contenido simbólico; se utilizó como símbolo de
pureza que apuntaba al plan salvífico de Dios, por medio de Jesucristo. Toda esta importancia se
dio a conocer al pueblo por medio de ritos, ordenanzas ceremoniales y lavamientos, que debían
preparar al pueblo judío para la venida del Mesías.
Al inaugurarse el Nuevo pacto, como cumplimiento de lo anunciado por el culto ceremonial del
Antiguo Pacto, éste fue anulado y reemplazado de inmediato por la substancia misma: Jesucristo.
Así, el agua en el Antiguo Testamento cumplió su importante función simbólica.
2. La historia registra someramente la importancia que el bautismo tuvo para los judíos,
especialmente en el período de la diáspora y, más estrictamente, en los dos últimos siglos A. C.
Sirvió como elemento de iniciación para aquellos que se incorporaban a la fe judía, en el que el
bautizado prometía abandonar su antigua vida y someterse a la Torá como norma de vida.
Ni en el Antiguo Testamento ni en la historia secular, se registran evidencias de que los judíos
hayan practicado este rito en forma legal antes de este tiempo. Entonces, es muy probable que lo
hayan absorbido como un rito de iniciación tomado de las prácticas bautismales mistéricas,
durante su roce con el mundo helénico en el período intertestamentario. Este rito era observado
por las naciones paganas muchos siglos antes de Cristo.
También, para algunas sectas como la de los esenios y los de la comunidad de Qumrán, el
bautismo en agua se llegó a practicar como símbolo de pureza y limpieza en relación con la
conversión.
3. El bautismo de Juan tuvo en sí una importancia única, como señal interna o testimonio de los que
se arrepentían y confesaban sus pecados, en espera de la promesa del Mesías. El ministerio de
Juan tenía un carácter profético, preparatorio y provisional; el fue enviado directamente por Dios
para preparar el camino al Señor Jesucristo.
Juan enseñó que su ministerio y su bautismo, como parte inherente de su ministerio, había
cumplido su misión al venir Jesucristo bautizando con el Espíritu. Esto lo manifestó con sus
palabras: “es necesario que él crezca, y que yo mengüe”, y también, al profetizar el bautismo de
Jesucristo.
4. Los apóstoles practicaron el bautismo en agua como secuencia de una práctica judía. Según
evidencias internas en el texto bíblico, ellos le dieron la misma importancia que le había dado
Juan el Bautista a su bautismo, pero con algunas innovaciones, como administrarlo en el nombre
del Señor. Posiblemente lo practicaron también como influencia del proselitismo efectuado por
los judíos, al usarlo como rito de iniciación.
Por tanto, su práctica no es resultado de haber entendido así el mandato de bautizar, pues dieron
al bautismo con el Espíritu Santo el lugar que le correspondía, y no es posible que entendieran el
mandato como la administración de dos bautismos. Tampoco le dieron la importancia que hoy
día tiene para quienes lo practican, porque en sus enseñanzas no está manifiesto explícitamente;
93
aunque al principio de sus ministerios sí le dieron mucho realce, quizá siguiendo la tradición
judía como rito de iniciación en la fe cristiana, o como un testimonio.
Pedro, después recordó y comprendió que el bautismo de Jesucristo no era en agua, sino con el
Espíritu Santo. Pablo tenía la convicción de que Jesús lo había enviado a predicar el Evangelio
de Jesucristo, el cual incluye automáticamente el bautismo con el Espíritu Santo, por ser parte de
la promesa del Evangelio.
5. 5. Por consiguiente, si las Escrituras no enseñan con claridad la importancia del bautismo en
agua como indispensable en la vida cristiana, y si los apóstoles no lo enseñaron como
mandamiento de Dios, entonces, las sustentaciones para enseñarlo como parte integral en el
proceso de conversión del cristiano, son resultado de la tradición histórica, o más bien, es asunto
de convicciones y atribuciones humanas.
6. Los apóstoles debían administrar el bautismo por medio de la predicación y la enseñanza del
Evangelio a los perdidos, a fin de que éstos fuesen unidos con la Trinidad y ser así bautizados o
cubiertos con Su gracia redentora y renovadora.
Este cambio de relación entre la Trinidad y el pecador arrepentido, es resultado del ministerio del
Espíritu Santo como el administrador del plan de redención, con la participación humana en la
administración del meollo de la Gran Comisión.
Este es el bautismo que todos necesitamos experimentar, pues nos limpia no de las inmundicias
del cuerpo sino de las del corazón, y nos renueva a la imagen de Jesucristo. “Todos los que
habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos”. Este es el bautismo de Cristo.
7. Se reconoce que para muchos el bautismo ritual ha sido un acto de estímulo en sus vidas
cristianas, al menos ése es el testimonio que muchos han expresado. Se agradece a Dios que, a
pesar de ser el bautismo en agua un factor causante de separatismo y discrepancia teológica, por
las interpretaciones y acciones humanas, Él lo ha usado para estimular la fe de muchos que lo
consideran como mandamiento de Jesucristo. Dios no está limitado por un acto humano.
Sin embargo, este trabajo no ha tomado una actitud radical con el fin de erradicar tal práctica;
únicamente se ha intentado poner cada cosa en su lugar, y ubicar la importancia del bautismo de
acuerdo con el contexto histórico y, sobre todo, con el contexto bíblico.
Después de haber presentado nuestras conclusiones, debemos admitir que un gran sector del
pueblo cristiano no está preparado para dejar el bautismo ritual, debido a sus antecedentes a lo
largo de la historia y a las profundas raíces que tal práctica tiene en la Iglesia.
Por tanto, quedan en pie las siguientes alternativas:
a. Seguir practicando el bautismo ritual como siempre se ha hecho, conscientemente de que,
en parte, seguirá fomentando el separatismo y el etnocentrismo religioso, por las actitudes
negativas y el radicalismo que algunos creyentes no están dispuestos a abandonar.
94
b. Dar plena libertad a los creyentes para que ellos opten por practicar o no el rito, pese a lo
relativo de la importancia de este asunto, y a la falta de evidencia bíblica de que se trata de
un mandamiento de Dios.
Esto indica la necesidad de modificar la enseñanza del bautismo sacramental, y de cambiar
la mentalidad dogmática que tenemos sobre el rito.
c. Prescindir de la práctica bautismal en la vida cristiana, pues no es necesaria para la
salvación; y, si se le considera como un estímulo de la fe, debe recordarse que el Espíritu
Santo puede utilizar también otros medios para bendecir a los creyentes.
Por consiguiente, hay que dar mayor importancia al bautismo de Jesucristo en la Iglesia,
como parte integral e indispensable en la vida cristiana, a fin de obtener excelentes
discípulos o seguidores de Cristo.
Entonces, este nuevo enfoque sobre el bautismo se constituye en una alternativa posible
para quienes practican el bautismo sacramental, para quienes están conscientes de la
problemática eclesial y de la degradación doctrinal originada en esta práctica como
consecuencia de las intervenciones de los hombres. El fin es buscar el camino que nos
lleve a acabar con el separatismo y el etnocentrismo eclesial, y a incrementar la “koinonía”
fraternal en el desempeño de la Gran Comisión de “hacer discípulos” para Cristo.
95
BIBLIOGRAFÍA GENERAL
1. Anderson, Stanley Edwin. ¡Su Bautismo es Importante! (Traducido del inglés por Adolfo
Robleto). El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1964. 220 pp.
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Chiquimula: Publicado por la Junta Anual “Amigos” de C. A. 1968. 35. pp.
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MATERIALES COMPLEMENTARIOS
55. Cárdenas, Isaías. “Exégesis de Romanos 6:3,4″. Tesis en cumplimiento parcial para optar el
título de Bachillerato en Teología. San José: Seminario Bíblico Latino-americano, 1970. 3
monografías.
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57. Lohfink, Gerhard. “El origen del bautismo Cristiano”, Selecciones de Teología. (Barcelona,
España). No. 63, julio-septiembre de 1977. pp. 227-236.
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