Dios nos perdona de todo pecado, instantáneamente borra todo lo malo que hagamos, si y solo sí confesamos que somos pecadores y que estamos arrepentidos de haber actuado mal. Pero ese arrepentimiento significa, “no volver hacerlo de nuevo”, es un giro de ciento ochenta grados a mi vida. Pareciera fácil dejar de pecar, pero no lo es. Por el pecado que está en nuestro ser, lo que podemos hacer y debemos es evitar a toda costa pecar, es alejarnos de todo lo malo que pueda hacer que nos desviemos del camino que Dios ha fijado para nosotros. Eso implica fuerza de voluntad que muchas veces no tenemos, o nos cuesta tenerla. Como dice el apóstol Pablo, “lo que no quiero eso es lo que hago, y lo que quiero no hago”.

El apóstol tiene toda la razón cuando en la carta a los Corintios describe esa situación pecaminosa. Lo que nos hace daño es lo que hacemos y es lo que debemos evitar, es lo primero que debemos evitar en nuestra vida, existe una lucha interna entre el cuerpo que es carnal, y el espíritu que es espiritual, es allí donde el ser humano debe dar ese giro de ciento ochenta grados y escapar, huir sin importar que deba de hacer.

Nada es fácil en la vida, nada es regalado ni nada se encuentra estando parado en las esquinas viendo como el tiempo sigue su curso; la vida cristiana es casi igual, únicamente con la diferencia que es Dios quien le da a uno las fuerzas para seguir adelante, sin él nada sería como es realmente. Dios nos ayuda a seguir adelante con nuestra vida, cuando estamos cansados, es nuestra fortaleza y nuestra ayuda.

Pero no todo termina allí, en nuestro caminar siempre estaremos tentados a cometer “pecados”; esos pecados, no los podemos llamar de otra manera, ese es su nombre verdadero, podríamos darle el nombre de errores, pero un error se puede enmendar y buscarle solución o respuesta humano, y error arreglado; en cambio con el pecado el único que puede ayudarnos y quitarnos ese pecado es Dios, nadie más que él lo puede hacer. Para eso necesitamos estar bien delante de él, necesitamos cambiar nuestra manera de vida, si sabemos que estamos actuando mal, debemos cambiar nuestra actitud, eso significa un giro de ciento ochenta grados (180°).

Hay que tomar en cuenta los siguientes factores para poder arreglar nuestra conducta:

  • conocerme realmente como soy (física, mental y emocionalmente).
  • saber qué aspectos de mi vida necesito cambiar.
  • conocer mis habilidades y debilidades.

Tener un pleno conocimiento de mi personalidad, características, emociones, forma de pensamiento me ayudará a saber exactamente a conocerme realmente como soy internamente y físicamente, puede llegar a ser un proceso doloroso, pero si deseo conocerme debo afrontar ese reto que tengo delante de mi camino. El proceso de identificación de mis habilidades será un camino cuesta arriba, posiblemente deba buscar ayuda o ir en oración a Dios y tener un encuentro personal con Dios y que él vaya formando mi perspectiva.

Mi perspectiva puede ser realmente agradable a mis ojos, pero muy dentro de nuestro ser, podemos saber qué aspectos debo ir cambiado, modificando o eliminando, ese proceso de modificación puede llevarme mucho tiempo, en ese examen puedo identificar que elementos de mi personalidad debo cambiar por otros; puede haber una inconformidad en un principio, pero todo cambio requiere esfuerzo y un fuerte deseo de ser mejor persona día a día.

No hay proceso que no sea doloroso y me confronte, claro yo sé que debo cambiar, pero estoy tan acostumbrado a esos hábitos malo que ya no los quiero dejar y mejor opto para que se queden allí por más tiempo, y decir que cuando esté listo puedo dejarlos ir, puede parecer fácil; pero la verdad es otra, si los dejo por más tiempo, se harán parte aún más fuerte de mi vida que será imposible deshacerme de ellos.

No existe lucha más difícil que luchar con uno mismo, ese enfrentamiento con mis malos pensamientos, mis malas costumbres que he ido aprendiendo y adquiriendo en todo el caminar que he tenido en esta tierra. Estamos tan acostumbrados a vivir de manera cómoda y tener los ojos vendados a mi verdadera realidad. Esa lucha interna, ser como dice el apóstol Pablo “carnales”, o sea vivir humanamente, claro que somos humanos, tenemos un sinfín de emociones, pensamientos, acciones, somos temperamentales, podemos ser irracionales alguna vez, somos tan conformistas, tan desamorados que no nos importan las demás personas, mientras estemos bien, todo girará como yo lo deseo, pero la verdad es otra, en el fondo nos estamos muriendo por tener compañía, por estar con alguien, por llegar a tener alguien que esté allí para escucharnos, nos estamos muriendo por ser tan orgullosos, ese bendito orgullo nos llevará a la tumba. Podemos preguntarnos cuantos de nuestros amigos estarán allí cuando los necesitemos, si hemos sido realmente amables, agradables, si hemos tenido empatía, podremos decir un día, he tenido una vida llena de amistades y sé que cuando necesite ayuda, más de alguno estará allí para ayudarme. Realmente podremos llegar a decir así, o solo está en nuestra imaginación.

Es fundamental tener empatía, que llegue a existir esa conexión que pueda sentir las emociones y sentimientos de las demás personas, no es nada fácil sentir lo que las demás pueden sentir en los momentos más tristes de su vida o en los más alegres, pero debo alegrarme por ellos y entristecerme cuando estén tristes; tener ese acompañamiento, tener ese amor al prójimo que hemos ido perdiendo por ser personas que solo pensamos en el bien propio y no en el bien común, o mejor dicho pensar en el bien social, pensar en servir sin esperar nada a cambio, digamos que es amar sin saber que la otra persona nos ama. Es un tiro al blanco, podemos dar en las orillas pero dar en el centro será muy difícil, pero podemos seguir lanzando dardos y más de alguno dará en el blanco, ese dardo que dio en el blanco, debemos mantenerlo y cuidarlo hasta que esté listo para lanzar uno más.

Reconocer nuestras debilidades como seres humanos es esencial para dar un paso hacia delante, estar conscientes de quienes somos, de cuáles son nuestras mayores debilidades y poder cambiar esas debilidades en fortalezas; ¿podemos cambiar las debilidades en fortalezas?, sí podemos sí y solo sí hacemos un esfuerzo mayor para poder reconocer que tengo una fortaleza que puede ocultar mi debilidad, o buscar muy dentro de nosotros, ser autoconscientes de que si no puedo realizar algo, pero soy bueno para alguna otra cosa, debo enfocarme en lo que realmente puedo dominar, allí está mi fortaleza, es saber cambiar mi debilidad por algo que puedo dominar, y ser bueno en ello.

Muchas veces nos quedamos paralizados en algo que no podemos hacer, y decimo que mejor lo haga otra persona, dar esa respuesta es de sabios, si no puedo hacerlo, ¿Por qué he de hacerlo si no puedo?, es mejor admitir que no puedo, que no es mi habilidad y que otra persona lo haga por mí, desde el inicio que admito que no puedo hacer algo, estoy empezando a conocerme, ese conocimiento propio me hará mejor persona, admitir que no puedo hacerlo todo, hará que pueda descansar y estar tranquilo, y decirme “no puedo hacerlo todo”, ese es un gran paso.

Ser capaces de reconocer que somos incapaces de hacer ciertas cosas nos permitirá enfocarnos en lo que realmente podemos hacer, y hacerlo de la mejor forma, así tendremos éxito. Ese proceso de llegar a tener pleno conocimiento de mi personalidad, de mi carácter, de mis habilidades y debilidades, es continuo, debo hacerlo todos los días, debo examinarme diariamente y poco a poco llegaremos a conocernos realmente, examinarnos internamente es la única manera en que nos conoceremos, si es necesario tomarnos un tiempo a solas, hagámoslo, estar a solas nos permitirá conectarnos con nuestro ser y ser críticos nosotros mismos, no hay mejor critica que auto-criticarnos. Auto-criticarnos no es decirnos lo malo que somos, lo malo que actuamos, si no es todo lo contrario, criticarnos pondrá en nuestra mente esos momentos en que hemos fallado y que no hemos hecho nada para enmendar esos fallos, criticarnos conscientemente permitirá que veamos dentro de nosotros esos fallos y poderlos cambiar, borrarlos jamás podremos, porque sin recuerdos es como no haber existido, los seres humanos vivimos por los recuerdos.

Debemos olvidar lo que queda detrás, y enfocarnos en lo que deseamos para nuestro futuro, ver atrás nos ayudará a no cometer los mismos errores. Aprender de los errores cometidos es la mejor lección que podemos tomar para nuestra vida, esos errores han dejado huella en nuestro corazón, en nuestra mente, y probablemente en nuestro cuerpo, con esas marcas en nuestro cuerpo debemos seguir adelante, y cada vez que queremos regresar, veamos esas marcas y tomemos un instante para reflexionar y seguir adelante. Ya pase por un mala relación, porque he de pasar otra vez por otra, ¿acaso no aprendí de la primera? si realmente aprendí del primer error, porque he de cometer una vez más el mismo. O si estoy en un empleo y veo que no me hago bien los procesos que tengo que hacer, entonces es tiempo de reflexionar, respirar profundamente y recordar donde estaba antes, y donde estoy ahora, si no doy marcha atrás podré terminar sin empleo, es allí donde debo estar consiente que puedo mejorar, todo está en mí, yo soy el que elijo cambiar o quedarme como estoy y posiblemente perder un empleo, en mí está realizar ese cambio y seguir adelante, si decido cambiar mi forma de pensar y mis actitudes, ser positivo y ser realista, conocer mi realidad, podrá suceder un cambio en mi vida, pero debo aceptar hacer ese cambio. En mí esta realizar los cambios necesarios para poder mejorar día a día, y no olvidar que soy humano y que Dios siempre estará para ayudarnos y darnos esa fortaleza que necesitamos diariamente.