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BENDIGAMOS A OTROS

Único Dios, Eterno y Poderoso para salvar.

Amor propio

A veces nos falta prestar atención a nuestro derredor, obviamos muchas cosas que nos rodean, pareciera ser que no vemos bien nuestro entorno. Vamos demasiado rápido por esta vida que ni siquiera vemos quien está a nuestro lado. Solamente vivimos para nosotros y no para los demás. Somos demasiado orgullosos y egocéntricos. No es malo ser hedonista. Amarse uno mismo es bueno, si solo lo podemos controlar y mantener un estado emocional estable. El problema estaría si no podemos dominar nuestra manera de amarnos, lo que podría llevarnos al egocentrismo.
Debemos amarnos, cuidarnos, respetarnos y darnos algunas veces nuestros gustos, no es malo; pero hay quienes no pueden controlar sus impulsos, son dominados por los deseos que no pueden controlar y sus deseos los llevan a cometer actos que pueden ser dañinos para su salud y para quienes los rodean.
Amarnos a nosotros mismos debe tener un límite. Todo lo que hagamos debe estar controlado, es difícil hacer algo y no poderlo controlar, nos puede suceder con el amor propio. Podemos llegar al punto en amarnos demasiado que obviaremos las personas que están a nuestro lado, quienes también nos aman, pero a su manera. Todos aman de diferentes maneras, y hay algunos que les es difícil expresar su amor hacia los demás, les es difícil expresar sentimientos de amor, compasión. No es que no pueden querer a alguien, se les hace difícil mostrar afectos de cariño.
Para amar a alguien más. Debemos amarnos a nosotros mismo primero, no podemos amar a alguien si no sentimos amor. Sería ilógico que digamos “te amo” cuando no siento amor por esa persona. Esa frase primero debo sentirla, si la siento en mi corazón, entonces podré decirla libremente. Dios mismo nos dio un nuevo mandamiento, él es el mejor ejemplo para poder amar a alguien, él se dio a si mismo por regalo a nosotros, no merecíamos ese regalo, se ofreció sin esperar nada a cambio. ¿Podemos llegar a ese punto de amor? No podemos. Porque nos falta sentir amor.
Llegaremos a ese punto cuando tengamos una relación cercana a Dios. Al estar cerca de Dios podremos sentir amor, compasión, querer a alguien más se hará lo más fácil.
Un nuevo mandamiento os doy: Que os améis unos a otros. Ese mandamiento podemos cumplirlo, esa orden es sencilla de cumplir y cada uno de nosotros puede hacerla realidad es su vida. Si tenemos a Dios en nuestro corazón, será sencillo. Esta frase no viene sola, viene acompañada de algo más. Así como yo os he amado. Dios nos amó primero. Él fue el primero en amarnos con nuestros defectos, con nuestras infidelidades, con nuestras impiedades; nos regaló su gracia que no merecíamos. Podemos tener su gracia con nosotros, pero algunos aún seguimos siendo infieles. En nuestro trabajo, nuestro hogar, nuestras relaciones. Para ser fieles, debemos hacer cambios constructivos en nuestro ser.
Para que vosotros también os améis unos a otros. Si nos amamos, si somos fieles a Dios, podemos amar a las demás personas y así cumplir la orden de Dios. Podemos amar a alguien más sin esperar nada a cambio, Dios nos dio el mayor ejemplo, nos entregó a su Hijo. ¿Podemos seguir su ejemplo en amarnos unos a otros? Claro que podemos. Pero hay una condición, ser fieles a Dios.

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Miley Cyrus critica a cristianos conservadores por creer en “cuentos de hadas”

La ex estrella de Disney, Miley Cyrus, ha criticado a los cristianos conservadores por creer en “cuentos de hadas” porque no renuncian a sus puntos de vista tradicionales sobre el matrimonio. Además, dijo que no se debe permitir hacer leyes en los Estados Unidos, sobre todo porque ahora los defensores del matrimonio entre personas del mismo sexo están aparentemente ganando terreno.

En una reciente entrevista con Paper Magazine, Cyrus dijo que se considera a sí misma como la “persona menos crítica”, por ello y tiene “un desprecio particular por los legisladores fundamentalistas que se manifestación contra este tipo de cambios progresivos que pueden salvar vidas en la comunidad LGBT”.

Cyrus dijo que está abierta a amar a cualquiera ya sea niño o niña. Cuando tenía sólo 14 años, la cantante admitió que ella comenzó a sentir una atracción hacia las mujeres.

Ella recuerda que le dijo a su madre que ella admiraba a las mujeres de una manera diferente.

“Y ella me preguntó qué significaba eso. Y yo le dije:” Yo las amo. Las amo como amo a los chicos”, le dijo a su madre. “Para ella era tan difícil entender”.

Cyrus dijo que su madre no quería que fuera juzgado y que esto la llevaría al infierno, pero al final, según la cantante “ella cree en mí más de lo que cree en algún Dios”.

La cantante fue criada en un hogar cristiano amoroso y fue bautizado en una iglesia bautista del Sur. Cuando ella estaba empezando su carrera, con el personaje de “Hannah Montana”, ella le dio crédito a la iglesia como su “mayor fuente de fortaleza”.

Pero después de que la serie de televisión sana envolvió a Cyrus, esta ganó más popularidad y ella desarrolló una visión diferente acerca de Dios y la iglesia. Su padre Billy Ray Cyrus incluso le dijo a la revista GQ que se arrepentía de haber puesto a su hija en el centro de atención porque ahora la industria del entretenimiento ha destruido su fe.

“En algún lugar a lo largo de este viaje, tanto la mía y la fe de Miley ha sido sacudida. Eso me entristece más”, dijo.

http://www.noticiacristiana.com/

¿Qué debo cambiar?

¿Acaso soy el único que ve los errores en las personas? Estoy tan siego que no puede darme cuenta de mis propios errores y si fijarme en los que cometen las demás personas, como seres humanos así somos, únicamente percibimos los errores de los demás, menos los nuestros, grave error. Si deseo cambiar debo empezar a ver mis propios errores y debilidades, si los encuentro debo empezar a eliminarlos e ir borrándolos lentamente hasta que un día desaparecerán totalmente. Sé que el camino es largo y muy difícil, a nadie le gusta auto examinarse y mucho menos ver más allá de donde puedo con mis ojos físicos, necesito tener una conciencia dispuesta a cambiar y dejar atrás todo lo que me hace daño.

         Pero no admitimos cuando las demás personas nos dicen la verdad, no nos agrada que nos digan en que nos equivocamos, porque para todo tenemos miles de excusas, excusas que nos hacen más daño cada día que las utilizamos para evitar ver dentro de mí.

         Vivimos en una burbuja que nosotros hemos creado, le dimos la forma y el color que quisimos. Podemos pasar allí el tiempo necesario para protegernos del mundo que nos rodea, nuestro único fin es la auto-protección, ¿pero de qué me protejo? ¿De las personas que me rodean? ¿Del medio ambiente?, o ¿de nosotros mismo? Nos protegemos de nosotros mismos, somos los únicos que podemos hacernos daño, somos una especie muy inteligente pero al mismo tiempo la más dañina, acabamos con todo lo que nos rodea. Podemos llegar a ser tan malvados que acabaríamos suicidándonos, y muchas veces así sucede. Tenemos tanto rencor, tanto odio, tanto maldad en nuestro corazón que es parte de nuestro ser, guardamos rencor por toda la vida, hasta que fallecemos e incluso unos lo llevan consigo a la tumba donde ya no se puede dejar atrás todo lo malo que hicimos en esta tierra. ¿Por qué somos tan malvados con nosotros mismos? No nos amamos, no nos respetamos, no nos damos el valor que Dios nos dio un día cuando Él murió en la cruz, si tan solo nos amaramos un poco, y respetáramos a los demás, viviríamos en paz con nosotros y quienes nos rodean.

Sería una “utopía”, pero podemos volverla realidad si tan solo quisiéramos dar un paso adelante y dejar todo lo malo que tenemos en el pasado. Todo inicia con un cambio de actitud. Nuestra actitud debe ser positiva, no dejarme influenciar por los malos pensamientos que atacarán mi mente y mi corazón, todo cambio empieza en el interior y deja ver su resultado en el exterior. El tiempo de empezar a realizar ese cambio es ahora, no debo postergarlo, esa postergación nos perjudica. Tal vez estamos acostumbrados a dejar las cosas para otro día, pero cuando se trata de nosotros, debemos actuar en el mismo instante que nos sentimos mal, e ir paso a paso, subiendo un escalón a la vez, es ilógico que pueda subir dos escalones al mismo tiempo, si lo llegáramos hacer, lo más probable que sucederá, terminare en el piso.

Después de la caída es más fácil ponernos en pie nuevamente y estar listos para la batalla, ahora sé que es lo que debo hacer para no caer. Mantenerme firme, un profundo deseo de querer cambiar, no un deseo pasajero sino uno permanente, un deseo que puede estar dentro de mí ser por mucho tiempo. Si tengo ese deseo de llevar a cabo un verdadero cambio en mi interior y luego en mi exterior, debo comenzar por auto-examinarme, ver muy dentro de mí, hacer una investigación exhaustiva de lo que afecta mi comportamiento, cuáles son mi actitudes, quedarme con lo bueno y sano, y echar fuera todo aquello que afecta mi conducta, mi relación con quienes me rodean. Nadie más que yo puedo saber que debo sacar de mí, incuso podré llegar a pensar que hay ciertos comportamientos que me gustan, cuando la verdad es otra, me afectan; comportamientos que no me doy cuenta que son parte de mí, pero quienes me rodean si los ven. No ver las reacciones de las demás personas ante mi conducta negativa, me hace ciego; cuando la realidad debe ser otra.

LA MEJOR SALIDA.

Siempre habrá una puerta que me llevará a la salida inmediata, esa puerta que me permite huir de todos mis problemas. Siempre es más fácil escapar, huir que enfrentar el problema de frente, huimos porque tenemos miedo o porque no somos capaces de hacerle frente a lo que tenemos frente a nosotros.

Posiblemente tenemos temor a salir lastimados, y por eso nos damos a la huida, pero huir no aliviará el problema, huir no es la mejor ni la única solución. Porque donde sea que valla siempre me seguirá el problema del que trato escapar. La mejor manera de solucionar mis problemas, es enfrentándome a él; sé que saldré herido, posiblemente llore, pero tendré la certeza que enfrentándome al problema, estaré en completa paz. ¿Enfrentarme solo es la mejor solución? Claro que sí, o mis problemas son de interés colectivo, ¡no! Mis problemas son únicamente míos, yo debo enfrentarme a ellos, debo estar consiente de mis fortalezas y debilidades para poder salir vencedor.

Sí me considero lo suficientemente espiritual, claro que mi ayuda será espiritual, y seré vencedor sin dudarlo, porque Dios es quien me fortalece, pero si no me considero espiritual, mi batalla será más dura, y más cruel,  y mis heridas aún más profundas, tardarán mucho tiempo en sanar. Pero cuando Dios pelea por mí, estoy tranquilo, tengo paz en mi ser, mi alma esta quieta, no tengo ningún temor, porque sé que Dios es quien me ha dado la victoria por completo.

La mejor salida a todos mis problemas, dificultades, es la oración, no aquella oración que no tiene sentido donde mis palabras son vagas y superfluas, Dios conoce lo más profundo de mi corazón y él sabe cuándo mi oración es totalmente sincera, franca. Mi oración delante de Dios siempre será sincera, porque delante de él, estoy expuesto totalmente; delante de Dios no puedo ocultar absolutamente nada, Dios me ve como realmente soy, y muchas veces desconocemos esa parte importante, ser nosotros mismo en la oración y en nuestro caminar diario.

Mi oración debe ser sincera, no debo utilizar palabras o frases complejas, ¿a quién engaño? ¿A quién quiero impresionar?, a nadie, a Dios no lo impresiono con nada, él me conoce y sabe exactamente cuando mi oración es falsa, si es falsa él no me escucha, no me presta atención. Ser sincero conmigo mismo es el secreto para que me presente delante de Dios tal como él me ve, si sincero en la oración, tengo por seguro que Dios presta atención a mis suplicas.  La oración debe ser agradable a Dios, debe ser según Su voluntad. Debemos pedir algo conforme la voluntad de Dios para que podamos tener respuesta a nuestra oración. ¿Pero cómo saber si nuestra oración es conforme a Su voluntad? Cuando estamos en oración, debemos sentir paz, esa paz que solo Dios puede dar. Si tenemos seguridad en que nuestra oración es agradable a Dios y pedimos algo que no es envidioso o para llenar nuestros deseos, seguramente tendremos respuesta a nuestra petición.

Muchas veces, tal vez no llegará una respuesta en el momento que queremos, podremos esperar mucho tiempo, o quizás nunca tendremos respuesta; tener confianza en que Dios sabrá cómo respondernos es ser humildes, la mejor respuesta tal vez sea un no.

Dos pasos adelante…uno atrás.

Dios nos perdona de todo pecado, instantáneamente borra todo lo malo que hagamos, si y solo sí confesamos que somos pecadores y que estamos arrepentidos de haber actuado mal. Pero ese arrepentimiento significa, “no volver hacerlo de nuevo”, es un giro de ciento ochenta grados a mi vida. Pareciera fácil dejar de pecar, pero no lo es. Por el pecado que está en nuestro ser, lo que podemos hacer y debemos es evitar a toda costa pecar, es alejarnos de todo lo malo que pueda hacer que nos desviemos del camino que Dios ha fijado para nosotros. Eso implica fuerza de voluntad que muchas veces no tenemos, o nos cuesta tenerla. Como dice el apóstol Pablo, “lo que no quiero eso es lo que hago, y lo que quiero no hago”.

El apóstol tiene toda la razón cuando en la carta a los Corintios describe esa situación pecaminosa. Lo que nos hace daño es lo que hacemos y es lo que debemos evitar, es lo primero que debemos evitar en nuestra vida, existe una lucha interna entre el cuerpo que es carnal, y el espíritu que es espiritual, es allí donde el ser humano debe dar ese giro de ciento ochenta grados y escapar, huir sin importar que deba de hacer.

Nada es fácil en la vida, nada es regalado ni nada se encuentra estando parado en las esquinas viendo como el tiempo sigue su curso; la vida cristiana es casi igual, únicamente con la diferencia que es Dios quien le da a uno las fuerzas para seguir adelante, sin él nada sería como es realmente. Dios nos ayuda a seguir adelante con nuestra vida, cuando estamos cansados, es nuestra fortaleza y nuestra ayuda.

Pero no todo termina allí, en nuestro caminar siempre estaremos tentados a cometer “pecados”; esos pecados, no los podemos llamar de otra manera, ese es su nombre verdadero, podríamos darle el nombre de errores, pero un error se puede enmendar y buscarle solución o respuesta humano, y error arreglado; en cambio con el pecado el único que puede ayudarnos y quitarnos ese pecado es Dios, nadie más que él lo puede hacer. Para eso necesitamos estar bien delante de él, necesitamos cambiar nuestra manera de vida, si sabemos que estamos actuando mal, debemos cambiar nuestra actitud, eso significa un giro de ciento ochenta grados (180°).

Hay que tomar en cuenta los siguientes factores para poder arreglar nuestra conducta:

  • conocerme realmente como soy (física, mental y emocionalmente).
  • saber qué aspectos de mi vida necesito cambiar.
  • conocer mis habilidades y debilidades.

Tener un pleno conocimiento de mi personalidad, características, emociones, forma de pensamiento me ayudará a saber exactamente a conocerme realmente como soy internamente y físicamente, puede llegar a ser un proceso doloroso, pero si deseo conocerme debo afrontar ese reto que tengo delante de mi camino. El proceso de identificación de mis habilidades será un camino cuesta arriba, posiblemente deba buscar ayuda o ir en oración a Dios y tener un encuentro personal con Dios y que él vaya formando mi perspectiva.

Mi perspectiva puede ser realmente agradable a mis ojos, pero muy dentro de nuestro ser, podemos saber qué aspectos debo ir cambiado, modificando o eliminando, ese proceso de modificación puede llevarme mucho tiempo, en ese examen puedo identificar que elementos de mi personalidad debo cambiar por otros; puede haber una inconformidad en un principio, pero todo cambio requiere esfuerzo y un fuerte deseo de ser mejor persona día a día.

No hay proceso que no sea doloroso y me confronte, claro yo sé que debo cambiar, pero estoy tan acostumbrado a esos hábitos malo que ya no los quiero dejar y mejor opto para que se queden allí por más tiempo, y decir que cuando esté listo puedo dejarlos ir, puede parecer fácil; pero la verdad es otra, si los dejo por más tiempo, se harán parte aún más fuerte de mi vida que será imposible deshacerme de ellos.

No existe lucha más difícil que luchar con uno mismo, ese enfrentamiento con mis malos pensamientos, mis malas costumbres que he ido aprendiendo y adquiriendo en todo el caminar que he tenido en esta tierra. Estamos tan acostumbrados a vivir de manera cómoda y tener los ojos vendados a mi verdadera realidad. Esa lucha interna, ser como dice el apóstol Pablo “carnales”, o sea vivir humanamente, claro que somos humanos, tenemos un sinfín de emociones, pensamientos, acciones, somos temperamentales, podemos ser irracionales alguna vez, somos tan conformistas, tan desamorados que no nos importan las demás personas, mientras estemos bien, todo girará como yo lo deseo, pero la verdad es otra, en el fondo nos estamos muriendo por tener compañía, por estar con alguien, por llegar a tener alguien que esté allí para escucharnos, nos estamos muriendo por ser tan orgullosos, ese bendito orgullo nos llevará a la tumba. Podemos preguntarnos cuantos de nuestros amigos estarán allí cuando los necesitemos, si hemos sido realmente amables, agradables, si hemos tenido empatía, podremos decir un día, he tenido una vida llena de amistades y sé que cuando necesite ayuda, más de alguno estará allí para ayudarme. Realmente podremos llegar a decir así, o solo está en nuestra imaginación.

Es fundamental tener empatía, que llegue a existir esa conexión que pueda sentir las emociones y sentimientos de las demás personas, no es nada fácil sentir lo que las demás pueden sentir en los momentos más tristes de su vida o en los más alegres, pero debo alegrarme por ellos y entristecerme cuando estén tristes; tener ese acompañamiento, tener ese amor al prójimo que hemos ido perdiendo por ser personas que solo pensamos en el bien propio y no en el bien común, o mejor dicho pensar en el bien social, pensar en servir sin esperar nada a cambio, digamos que es amar sin saber que la otra persona nos ama. Es un tiro al blanco, podemos dar en las orillas pero dar en el centro será muy difícil, pero podemos seguir lanzando dardos y más de alguno dará en el blanco, ese dardo que dio en el blanco, debemos mantenerlo y cuidarlo hasta que esté listo para lanzar uno más.

Reconocer nuestras debilidades como seres humanos es esencial para dar un paso hacia delante, estar conscientes de quienes somos, de cuáles son nuestras mayores debilidades y poder cambiar esas debilidades en fortalezas; ¿podemos cambiar las debilidades en fortalezas?, sí podemos sí y solo sí hacemos un esfuerzo mayor para poder reconocer que tengo una fortaleza que puede ocultar mi debilidad, o buscar muy dentro de nosotros, ser autoconscientes de que si no puedo realizar algo, pero soy bueno para alguna otra cosa, debo enfocarme en lo que realmente puedo dominar, allí está mi fortaleza, es saber cambiar mi debilidad por algo que puedo dominar, y ser bueno en ello.

Muchas veces nos quedamos paralizados en algo que no podemos hacer, y decimo que mejor lo haga otra persona, dar esa respuesta es de sabios, si no puedo hacerlo, ¿Por qué he de hacerlo si no puedo?, es mejor admitir que no puedo, que no es mi habilidad y que otra persona lo haga por mí, desde el inicio que admito que no puedo hacer algo, estoy empezando a conocerme, ese conocimiento propio me hará mejor persona, admitir que no puedo hacerlo todo, hará que pueda descansar y estar tranquilo, y decirme “no puedo hacerlo todo”, ese es un gran paso.

Ser capaces de reconocer que somos incapaces de hacer ciertas cosas nos permitirá enfocarnos en lo que realmente podemos hacer, y hacerlo de la mejor forma, así tendremos éxito. Ese proceso de llegar a tener pleno conocimiento de mi personalidad, de mi carácter, de mis habilidades y debilidades, es continuo, debo hacerlo todos los días, debo examinarme diariamente y poco a poco llegaremos a conocernos realmente, examinarnos internamente es la única manera en que nos conoceremos, si es necesario tomarnos un tiempo a solas, hagámoslo, estar a solas nos permitirá conectarnos con nuestro ser y ser críticos nosotros mismos, no hay mejor critica que auto-criticarnos. Auto-criticarnos no es decirnos lo malo que somos, lo malo que actuamos, si no es todo lo contrario, criticarnos pondrá en nuestra mente esos momentos en que hemos fallado y que no hemos hecho nada para enmendar esos fallos, criticarnos conscientemente permitirá que veamos dentro de nosotros esos fallos y poderlos cambiar, borrarlos jamás podremos, porque sin recuerdos es como no haber existido, los seres humanos vivimos por los recuerdos.

Debemos olvidar lo que queda detrás, y enfocarnos en lo que deseamos para nuestro futuro, ver atrás nos ayudará a no cometer los mismos errores. Aprender de los errores cometidos es la mejor lección que podemos tomar para nuestra vida, esos errores han dejado huella en nuestro corazón, en nuestra mente, y probablemente en nuestro cuerpo, con esas marcas en nuestro cuerpo debemos seguir adelante, y cada vez que queremos regresar, veamos esas marcas y tomemos un instante para reflexionar y seguir adelante. Ya pase por un mala relación, porque he de pasar otra vez por otra, ¿acaso no aprendí de la primera? si realmente aprendí del primer error, porque he de cometer una vez más el mismo. O si estoy en un empleo y veo que no me hago bien los procesos que tengo que hacer, entonces es tiempo de reflexionar, respirar profundamente y recordar donde estaba antes, y donde estoy ahora, si no doy marcha atrás podré terminar sin empleo, es allí donde debo estar consiente que puedo mejorar, todo está en mí, yo soy el que elijo cambiar o quedarme como estoy y posiblemente perder un empleo, en mí está realizar ese cambio y seguir adelante, si decido cambiar mi forma de pensar y mis actitudes, ser positivo y ser realista, conocer mi realidad, podrá suceder un cambio en mi vida, pero debo aceptar hacer ese cambio. En mí esta realizar los cambios necesarios para poder mejorar día a día, y no olvidar que soy humano y que Dios siempre estará para ayudarnos y darnos esa fortaleza que necesitamos diariamente.

Perspectivas

 Todas nosotros tenemos tres perspectivas, debemos tomarlas muy en cuenta en nuestro vivir. Dos de ellas son las más importantes, y la tercera no hay que olvidarla, tarde o temprano podemos incluirla, pero debemos tener cuidado como la vamos a aceptar, en un principio puede dañarnos si no estamos preparados, o tal vez no. Todo depende de nuestra propia autoestima, de ese amor propio que debemos profesarnos diariamente. No significa que nos adoremos, que nos rindamos culto diariamente, pero si implica cuidado, respeto, amor, cariño, sinceridad. Como seres humanos dependemos en gran manera de ese amor propio que debemos tener.

La primera perspectiva que debemos tomar en cuenta es la de Dios, siempre nos está viendo, nos observa cuidadosamente, está pendiente de nosotros día a día. Y lo que dice acerca de nosotros debemos tomarlo muy en cuenta, cada palabra o frase que Dios nos dice, debemos aceptarla como tal, él nunca se equivoca y nunca nos dirá algo que no somos en realidad. Es importante conocer lo que Dios ha puesto en nuestro interior. Conociendo nuestro interior podremos saber exactamente lo que Dios dice de nosotros, cada uno se conoce a la perfección, solo basta con ver muy dentro de nuestro ser y ser sinceros con nosotros mismos. La sinceridad juega un papel demasiado importante en nuestro crecimiento personal. La sinceridad hace que diariamente me diga cómo me siento conmigo mismo, con las personas que me rodeo diariamente, con quienes trabajo. Sin sinceridad hace que sea hipócrita. La hipocresía viene a dañar todo nuestro ser, daña nuestro corazón, nuestra mente, pudre todo lo bueno que Dios ha puesto dentro de cada uno de nosotros. Daña lo más importante, nuestra vida.

La perspectiva de Dios, no es externa, no es interna, es divina. Dios es un ser sobrenatural, las leyes de la naturaleza no lo dominan, no le ponen límites, a Dios nadie le puede decir lo que tiene que hacer. La perspectiva divina, afecta todo nuestro ser, no deja una sola célula fuera, todo lo cubre, todo lo llena, Dios está al mando de lo que nosotros creemos acerca de nosotros mismos. La perspectiva divina afecta nuestro interior, afecta nuestro exterior. ¿Quizás me preguntes como afecta nuestro exterior y nuestro interior si Dios es divino? El cambio que Dios obra es nuestro ser primero ocurre interiormente, afecta todo nuestros ser internamente, empezando por nuestro corazón, luego nuestra mente, cada célula la va llenando de su amor y bondad, y esa bondad, ese cariño, ese amor propio que Dios ha puesto dentro de tu ser la muestras en tu exterior. Tu exterior es lo que los demás pueden ver, pueden apreciar, pueden tocar cuando te dan un abrazo, un beso, cuando una lágrima recorre tus mejillas, por felicidad o tristeza. Dios afecta todo tu ser, internamente y externamente. La perspectiva divina obra un cambio radical y sobrenatural en nuestra vida.

No debemos olvidar que nuestros amigos, nuestros seres queridos, juegan un papel importante en cada minuto de nuestra vida, en cada segundo que estemos con ellos afectan nuestro caminar por este mundo. Cuando expresan palabras de ánimo, cuando te felicitan por un logro obtenido, cuando te abrazan por un éxito más, te alaban. Pero al mismo tiempo te pueden destruir. Te lastiman de tal manera que toda la luz que había en ti, se ha esfumado de un instante a otro. Esa luz que tenías en un principio desapareció con el simple hecho de escuchar una palabra, “lo que haces no sirve para nada”, “eres un haragán”, “eres un desconsiderado”. Las palabras hieren, lastiman, crean odio, las palabras quedan grabadas en nuestro cerebro que es casi imposible eliminarlas en el instante. Cuando las recordamos constantemente, nos destruyen todos nuestros sueños. Quedan inmersas en cada acción que emprendamos que tenemos miedo a esforzarnos, tenemos miedo a avanzar.

Nos han lastimado demasiado que palabras de ánimo, ya no quedan en nuestro corazón. Esa perspectiva externa, termina por lastimarnos, termina por destruirnos muy lentamente, y el proceso de sanación lleva tiempo, tiempo que debemos tomarnos para borrar todos esos malos pensamientos que el subconsciente ha guardado por tantos años. Esa perspectiva externa, hace que la imagen que tenemos de nosotros mismos, se vaya destruyendo lentamente, lo que creíamos que éramos. Se ha esfumado en segundos. Las palabras hirientes de nuestra familia, nuestros amigos. Aquellas personas que creíamos ser nuestro apoyo, son quienes más daño han ocasionado.

Estamos acostumbrados a vivir por las palabras de las demás personas. Casi nunca nos auto elogiamos, raras veces nos decimos a nosotros mismos palabras de ánimo, palabras de fortalezas. Siempre estamos esperando que esas palabras vengan de fuera, no de adentro. Que grave error hemos estado cometiendo. Nos han educado de esa forma. Que las palabras de éxito, de fortaleza no debemos decírnoslas nosotros mismos, nos pueden decir que somos orgullos por el simple hecho de felicitarnos a nosotros mismos. Así es el mundo. Así son las personas de egoístas, estamos tan acostumbrados que el elogio venga de fuera no de adentro. ¿Por qué no elogiarnos? ¿Acaso es malo que nos elogiemos, que nos amemos nosotros mismos? Claro que no es malo, es lo mejor que podemos hacer. ¡Bien hecho!, ¡así se hace!,

Nos falta más amor propio. Necesitamos querernos un poco más. Lo que menos deseamos escuchar son palabras hirientes, palabras que nos hagan sentir mal. Palabras hirientes que lastiman nuestros sentimientos. Somos personas llenas de sentimientos y emociones. Cuando nos emocionamos es señal que estamos vivos, cuando lloramos es señal que somos humanos, que tenemos compasión, que tenemos un corazón que palpita segundo a segundo, tenemos vida.

Pero hay quienes se dedican únicamente a lastimarnos de tal forma que lo que pensamos acerca de nosotros, no vale nada. Qué más da lo que ellos digan acerca de nosotros. Lo que importa e interesa realmente es lo que nosotros creemos acerca de nosotros mismos.

Esa tercera perspectiva es lo que yo creo acerca de mí mismo. Esa perspectiva interna y personal debemos tomarla muy en cuenta. Es la más valiosa. Es la que nos hace seguir nuestra meta, es la que nos dice ¡estamos vivos! Como me amo a mi mismo, como me respeto, como soy sincero conmigo mismo, todo lo que los demás digan acerca de mí, sea verdadero o falso. No me afecta en nada. Porque ese amor propio que me profeso, hace que todo lo demás sea una nube que desaparecerá pronto, cuando la luz sale, la nube desaparece.

Siempre nos dicen que debemos respetar a los demás, debemos dar amor, dar cariño a los demás. ¿Pero cómo voy a dar amor, cuando no lo tengo? Para dar algo, primero debo tenerlo. Es irreal e ilógico que me pidan algo que no tengo. Es como si alguien venga a mí y me pida mil dólares porque los necesita para hacer un pago. Mi respuesta posiblemente sean las siguientes: Si tengo mil dólares claro que se los daré. Porque los tengo, puedo darlos, puedo prestarlos a alguien. Lo mismo pasa con el amor, si no tengo ese amor. ¿Cómo lo voy a dar? Pero si tengo los mil dólares conmigo, claro que se los daré, lo mismo sucede con el amor, si tengo amor, claro que lo daré.

La perspectiva interna es la imagen que yo tengo acerca de mí mismo, esa perspectiva divina es lo que yo creo y conozco acerca de mí. Debo ser sincero conmigo, si no existe sinceridad, como voy a ser sincero conmigo. Debo tener amor propio para poder dar amor, debo ser sincero conmigo para poder ser sincero con alguien más. Yo soy el único que puede ponerse límites, nadie puede poner límites a la imagen que tengo acerca de mí mismo. Yo soy el único que puede decidir en mi vida.

Las decisiones son exclusivamente mías. Deben ir de tomadas de la perspectiva divina, la perspectiva divina y la perspectiva interna. Lo que Dios cree acerca de mí, y lo que yo creo acerca de mí, van tomadas de la mano, una depende de la otra, lo que Dios dice de mí, es importante y debo tomarlo en cuenta. Lo que yo creo de mi debo creerlo y hacerlo propio, de tal manera que mi imagen vaya creciendo continuamente. Lo que yo creo de mi es lo que me hace fuerte. El único que puede ponerse límites soy yo, nadie más puede. Así que la decisión de seguir adelante o detenerme es mía. Yo decido, yo elijo cual camino tomar.

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