La Autoestima en la Biblia

Vivimos en un tiempo cuando se predica un evangelio centrado en el hombre: antropocéntrico; en vez de estar centrado en Dios: teocéntrico. Se exalta al hombre y se le incita a elevar su autoestima, lo cual sutilmente lo lleva a caer en la tentación de creer que es un dios; se vuelve autónomo y autosuficiente, que fue el primer pecado en que incurrieron Adán y Eva, cuando Satanás les dijo: “serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” Gén. 3:5.

Dios nos manda a depender de Él siempre: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho.” Juan 15:5-7.

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UNA PERSPECTIVA BÍBLICA DE LA AUTOESTIMA

CON UNA EXPLICACIÓN DE VERSÍCULOS CLAVES

Tomado de Apologetic Index por Internet

Definiciones del Diccionario Webster:

Autoestima: Orgullo indebido acerca de uno mismo

Orgullo: muy alta opinión de uno mismo; arrogancia

Humildad: ausencia de orgullo o ausencia de autosuficiencia

Las explicaciones de los versículos bíblicos del Nuevo y del Antiguo Testamento que se incluyen en este estudio, detallan cómo nos ve Dios y cómo deberíamos vernos a nosotros mismos. Tomados en el contexto apropiado, las referencias bíblicas que se adjuntan, claramente indican que no hay base bíblica para la autoestima, el amor hacia sí mismo, la auto-aceptación, la auto-confianza, el perdón para uno mismo, una adecuada “auto imagen”, auto-apreciación, o cualquiera de los otros conceptos de sí mismo defendidos por el sistema mundano de psicología. La respuesta bíblica para nuestros “problemas” emocionales es volverse del yo a Cristo ( y a Su Palabra que es totalmente suficiente).

Versículos del Nuevo Testamento:

Mat. 22:36-40. Jesús da dos grandes mandamientos:

(1) “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”.

(2) “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

No hay un tercer mandamiento de amarnos a nosotros mismos. Jesús está diciendo: “como tú ya te amas a ti mismo”. La palabra “como” está usada en la misma forma en que se usa en

Ef. 5:25,28,33, indicando un estado que actualmente ya existe, no un mandamiento. Jesús sabe que nosotros ya nos amamos a nosotros mismos y, por lo tanto, nos manda amar a otros con esta misma entrega.

Luc. 10:25-27. Un ejemplo dado por Jesús para ilustrar el mandamiento de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, presenta una historia de sacrificio (no de amor a uno mismo) hacia alguien que era un objeto de odio: ¡un samaritano!

Mat. 16:24,25. Negarse a sí mismo, significa decirse no a sí mismo, al yo; no afirmarse a uno mismo, auto-gratificarse o auto-engrandecerse.

Luc. 9:23. Negarse a sí mismo, quiere decir darle muerte al yo, diariamente; no afirmarse a uno mismo, auto-elevarse o auto-estimarse.

Mat. 20:26,27. Los grandes son los siervos, no los que son servidos.

Mat. 23:11, 12. Los mayores son los que sirven; los humildes serán exaltados.

Luc. 22:24-27. El siervo es el más grande, no el altivo.

Luc. 14:26. Usted no puede ser un discípulo de Jesús, a menos que se niegue a sí mismo.

II Tim. 3:2-5. Los “amadores de sí mismos” se incluyen en la lista con otros pecados “detestables”, cometidos por los calumniadores, los traidores, los abusivos, los engreídos, los soberbios; por lo tanto, la alta auto-estima, o sea el orgullo ¡es un pecado!

Juan 12: 25. El que ama su propia vida (a sí mismo) perderá la vida eterna.

Juan 13:16, 17. El servicio humilde es un mandato.

Juan 15:5. Aparte de Dios, es decir, si usted se ama a sí mismo en vez de amar a Dios, usted no puede hacer nada.

I Cor. 1:18,19. El mensaje de la cruz (la negación de uno mismo), es locura para los que se pierden, es decir para los que siguen la psicología de adorarse a sí mismos.

I Cor 4:3-5. Nosotros podemos hacer juicios objetivos, pero aquellos juicios acerca de nuestro valor o estima pertenecen al Señor.

I Cor. 13:2. Los defensores de la autoestima enseñan que debemos ser de valor a nosotros mismos a fin de poder amar a otros, pero Dios dice que nosotros no somos nada, a menos que y hasta que amemos a otros.

I Cor. 13:4, 5. En la definición de lo que es y lo que no es el amor, dice: “no tiene envidia”, “no es jactancioso”, “no se envanece”, “no busca lo suyo”.

II Cor 3:5. No somos competentes para hacer algo por nosotros mismos (la auto-suficiencia no funciona), sino que “nuestra capacidad proviene de Dios”

II Cor 5:15. Viva para Cristo, a través del servicio humilde, no para usted mismo.

II Cor 10:12,18. Mire a Cristo para compararse, no a usted mismo. Esto significa un rechazo al evangelio de la auto-estima.

Ef. 38; I Tim. 1:15; Rom 7:24. !Suena como si Pablo tuviera un terrible problema de autoestima! Pablo reconoce su condición corrompida, que debe ser resuelta solamente a través del evangelio de la cruz, que es la actitud de un “humilde siervo”.

Ef. 5:21. Sométanse unos a otros por amor a Cristo, es decir, con humilde sumisión, sin orgullo.

Ef. 4:2. Se nos manda a ser completamente humildes y gentiles.

Rom. 12:3b. No piense de usted mismo demasiado alto, sino con juicio sobrio. Note que Pablo no menciona tampoco la posibilidad de una baja valoración de uno mismo.

Gál. 6:3,4. Una sobria evaluación debe hacerse no sobre la base de cómo está usted haciendo en comparación con otros, sino por compararse con las normas bíblicas y, por supuesto, las normas bíblicas enfatizan la humildad y dar muerte al yo (negarse a sí mismo), no inflando su auto-estima.

I Cor 10:24. Nadie debería buscar jamás su propio bien, sino el bien de los demás.

II Cor 11:30. Si uno se gloría, ¡gloríese en su debilidad!

Fil. 2:3. No actúe motivado por intereses personales sino por el interés en otros, y con humildad.

Heb. 13:17. Sométase a sus líderes espirituales y no a sus propios deseos.

I Pe. 5:5b-7. Sea humilde hacia otros, porque Dios resiste a los soberbios.

Col 3:12. Los cristianos deben vestirse de humildad.

Stg. 4:10. La humildad conduce a la estima, la estima que proviene de Dios.

Luc. 6:31. La regla de oro: Jesús podía confiadamente hacer esta declaración porque Él ya sabía que nosotros ya nos amábamos a nosotros mismos, es decir, que si el odiarnos a nosotros mismos fuera nuestra condición natural (como los que se estiman a sí mismos nos dicen), entonces nos haría felices que nos trataran mal (a la vez confirmaría nuestros sentimientos de odio hacia nosotros mismos), y Jesús, por lo tanto, nos diría que tratáramos a otros con el mismo desprecio y odio que tenemos para nosotros mismos.

Luc. 6:32. El hecho de que Jesús se refiere a los “pecadores” (es decir, los enemigos de Dios) como los que practican la filosofía de “Te amaré si tú me amas primero”, y la enseñanza de la auto-estima de que “Tú tienes que amarte a ti mismo antes de poder amar a otros”, debe ser rechazada, por lo tanto, como una doctrina impía.

I Juan 2:16,17. Cuando el hombre se gloría de lo que tiene y hace, (es decir, auto-estima y orgullo) no actúa de acuerdo con la voluntad de Dios, sino “del mundo”.

Fil. 2:5-8. Nuestra actitud debe ser el “sentir que hubo también en Cristo Jesús”, es decir, “que se despojó a sí mismo”, “tomó la forma de siervo”, “se humilló a sí mismo”, “haciéndose obediente hasta la muerte”. En general, uno debería tener la actitud de un siervo humilde, amoroso, listo a sacrificarse, compasivo, sumiso, obediente, valiente y santo, es decir, nada de egoísmos en absoluto, ¡solamente altruismo: interés por otros!.

II Cor 12:6,7. Aunque a Pablo posiblemente podría permitírsele tener una llamada “sana” auto-estima, él rehusó gloriarse; Dios tampoco quería que Pablo tuviera una alta auto-estima, o arrogancia.

Versículos del Antiguo Testamento:

Gén. 18:27. Abraham, quien en este tiempo era ya un creyente, tenía una visión adecuada de sí mismo.

Ex. 3:11,12. Dios no infló la auto-estima de Moisés, sino solamente le prometió estar con él.

Jue. 6:14-16. Dios no infló la auto-estima de Gedeón, sino solamente prometió estar con él.

Jue. 7:2. Dios redujo los soldados de Gedeón a un nivel ridículamente tan bajo, para que cuando obtuvieran la victoria ellos tuvieran que exaltar a Dios y no a sí mismos.

Job 1:8b. La situación de Job, en la cual él podía gloriarse correctamente era el ser: “temeroso de Dios y apartado del mal”

Job 25:5,6. Dios ve al hombre como un gusano, lo cual es difícilmente una enseñanza de alta auto-estima.

Job 42:6. Una apropiada actitud hacia el pecado es despreciarse a sí mismo y arrepentirse.

Prov. 22:4. La humildad y el temor del Señor traen honor y vida.

Prov. 16:5, 18, 19. El orgullo conduce a la destrucción; es mejor ser humilde de espíritu.

Prov. 18:12. La caída del hombre es el orgullo; se necesita humildad para tener estima y honor.

Deut. 10:12. Dios requiere que andemos en humildad, que lo amemos y lo sirvamos.

Deut. 8:17,18. Todo viene del Señor; por lo tanto, no debemos tener orgullo.

Deut. 6:4-9. Tenga una orientación centrada en Dios, no centrada en usted mismo.

Miq. 6:8. Dios requiere que andemos en humildad.

Sal. 62:9. En la balanza de Dios el hombre pesa menos que nada; tiene un peso o valor negativo.

Eze. 6:9; 20:43; 36:31. El pecado trae el engrandecimiento de uno mismo a “su propia vista”, es decir, se exalta la propia imagen. Entonces, la adecuada auto-imagen que debemos tener para no dejarnos llevar por el pecado deberá ser muy baja auto-estima, en vez de una auto-aceptación o amor a nosotros mismos.

Isa. 41:24; 2:22. ¿Cuál es el verdadero valor del hombre? “Menos que nada” “?De qué estima es él digno?”

Isa. 47:8,10,11. El orgullo y una alta autoestima llevan al desatre y a la calamidad.

Jer. 1:6-9. Dios no infló la auto-estima de Jeremías, sino le prometió estar con él y poner palabras en su boca.

Sal. 115:1. No busque la gloria para usted mismo, sino para Dios.

Sal. 36:2. El hombre que se adula a sí mismo, que se estima a sí mismo, es incapaz aun de detectar su propio pecado, mucho menos de desecharlo.

Sal. 34:18. El Señor obra en las vidas de los humildes, no en las vidas de quienes tienen alta auto-estima.

Sal. 51:17. La verdadera adoración se realiza en humildad, no con una buena auto-imagen.

Sal. 101:5b. Dios no tolera a los orgullosos, es decir, a los que tienen alta auto-estima.

Isa. 6:5. Frente a la santidad de Dios, Isaías se rebajó a sí mismo, no se exaltó.

Prov. 15:33. La humildad viene antes de recibir honra.

Prov. 29:23. El orgullo, o sea la auto-estima, solamente rebaja al hombre, mientras que la humildad le da honra.

Prov. 6:16-19. El ojo altivo, o sea una mirada con orgullo, se halla en una lista juntamente con otros pecados que son detestables para el Señor.

Prov. 8:13b. El Señor detesta el orgullo.

Prov. 11:2. Con el orgullo viene la desgracia, mientras que con la humildad viene la sabiduría.

Prov. 13:10. El orgullo alimenta las contiendas.

Prov. 21:4. El orgullo es una característica de los perversos y es un pecado.

Prov. 25:27. No es honorable el buscar el honor de uno mismo.

I Reyes 3:5-9. La humilde petición de Salomón fue tener discernimiento y sabiduría, (no una alta auto-autoestima), la cual Dios honró con sabiduría, riquezas y la estima de parte de Dios.

Prov. 26:12. Hay más esperanza para uno insensate que para un hombre con alta auto-estima, es decir un hombre sabio en su propia apreciación.

Prov. 27:2. No te alabes a ti mismo, es decir, no te estimes altamente. Deja que otros lo hagan.

Prov. 28:26. Los que tiene una buena auto-estima confían en sí mismos y, por lo tanto, son insensatos.

Sal. 31:23. El Señor retribuirá a los altivos plenamente.

Sal. 18:27. El Señor salva al humilde, pero rebaja al orgulloso.

Sal. 138:6. El Señor mira favorablemente a los humildes y desfavorablemente a los orgullosos.

Job 40:4. Job reconoce que él no tiene ningún valor ante los ojos de Dios.

Jer. 9:23,24. No dejes que tus atributos sean la fuente para gloriarte, porque habrás escogido la razón equivocada para jactarte. La razón para que te gloríes !debe ser Dios! Cualquier cosa que tengamos proviene de Dios, no de nuestra propia acción, así que nuestras alabanzas deben ser para Dios. Alaba, pues, a Dios, no a ti mismo.

Jer. 17:7,8. Un hombre feliz y libre de afanes es quien pone su confianza en el Señor, no en sí mismo. Debemos desechar la enseñanza de confiar en uno mismo, para confiar sólo en Dios.

Isa. 66:2. La estima por parte de Dios (la única que cuenta) es para los mansos, los humildes y los que le temen a Él.

Sal. 139:13-15. El salmista usa al hombre, que es la maravillosa creación de Dios, para exaltar al

Creador, no para exaltarse a sí mismo, que es la creación.